Dos historias…..

25 06 2012

Hola pues hoy te envío un artículo que leí en un combativo diario español, narra un par de historias sucedidas simultáneamente en aquel país; cualquier semejanza con nuestra realidad no es mera coincidencia, sino que es causa de de la globalización que provoca que en todos los países sucedan cosas muy similares, como lo que aquí nos ha sucedido a miles (tal vez a millones) de personas y que tanto se parece a lo aquí narrado. En este sistema salvaje de mercado donde los beneficios se privatizan y las perdidas de socializan no es extraño que cosas así sucedan y que, a la mayoría de las personas les parezca muy natural, pero no tiene porqué seguir siempre así…. recordemos una célebre frase de Gandi: Cuando la injusticia de convierte en ley, la rebeldía se convierte en deber, bueno ahí te lo dejo para la reflexión, espero sea de tu agrado, va con un saludo y un fuerte abrazo, Jesús

La economía del Estado es como la economía doméstica

lucha_clases

Paco Bello iniciativa Debate 25/6/2012

¿Habréis oído esta afirmación de algún ministro y varios “tertulianos” en los gallineros de desinformación, verdad?

Bueno, ya publicamos aquí un artículo si no recuerdo mal, de Vicenç Navarro, desvirtuando semejante dislate. Pero vamos, que no era necesario el texto de un catedrático para exponer las diferencias entre una economía familiar y la de un país. Partiendo de que un hogar común no tiene recursos propios, ni puede emitir moneda, todo lo demás que se diga carece ya de relevancia.

Pero al hilo de esta afirmación, y poniendo en marcha nuestra imaginación; vamos a suponer que esto fuera cierto, y así ilustraremos hasta qué punto son difíciles de adjetivar nuestros queridos gobernantes.

Como la casa de cualquiera

De acuerdo. Pepe y Marisa (por ponerle nombre a tantas familias) tienen dos hijos, él trabajaba de celador hasta que por los reajustes de personal fue despedido hace casi tres años, y ella es profesora interina en un centro de enseñanza pública, y aunque no la han despedido, sí le han reducido la jornada, ya que ahora sus compañeros cubren casi todo el horario a base de masificar las aulas y aumentar la jornada (por prescripción gubernamental).

Hasta hace unos años su hogar era uno de tantos. Entraban un par de salarios, y nada hacía sospechar que los grandes poderes económicos estaban jugando a la ruleta rusa con nuestras sienes. Así, que por un impulso natural, decidió esta común pareja adquirir una propiedad en la que para ir al baño no hiciera falta pedir turno, y en la que para ver entera la pantalla de televisión del salón no hiciera falta ponerse unos prismáticos del revés.

Corría el año 2002, y el mercado inmobiliario ofrecía la oportunidad de deshacerse del cuchitril por unos buenos euros que aprovechar para mobiliario, algún acondicionamiento del nuevo hogar y hasta un cambio de coche. Ni cortos ni perezosos se metieron en una hipoteca de 200.000 euros para su nido. 750 € al mes a 30 años (mejor un plazo largo, que ir ahogados). Tampoco parecía demasiado, entrando más de 2.000 euros al mes, y cuando tocaban las pagas, incluso se podía guardar para imprevistos.

Podía nuestra pareja haber pensado en alquilar, pero con hijos, colegios y demás, estar a expensas de un casero que te puede echar o renegociar el contrato según esté el mercado no era una opción práctica, además de que el importe era muy similar, y a fondo perdido. Podía nuestra pareja haber pensado que el auge de la vivienda no era natural, pero todos los expertos y políticos decían que aquello era fruto del despegue de España como potencia europea. Podían haberse quedado como estaban, pero es humano querer mejorar nuestras condiciones de vida, y más cuando el éxito es “tan importante” y se demuestra así. Podían haber leído la letra pequeña (o eso les recriminan los mismos ciudadanos que no lo recriminan a los causantes de la crisis, los bancos)

Podían haberse preguntado muchas cosas, y podían haber hecho o dejado de hacer muchas otras, pero no cometieron ningún crimen. Trabajaban muchas horas, y muchos años ni siquiera coincidían en vacaciones. Veían a sus hijos en las fotografías de la cartera, y los días libres se hacía lo que se podía por estar con ellos además de descansar de una vida monótona y rutinaria. Tampoco se daban muchos lujos, y cumplían con sus obligaciones tributarias y cívicas. No son mala gente. Son el fruto de una sociedad domesticada, pero nada más.

Ahora viven en casa de la madre de ella, porque lo que les ha quedado tras agotar Pepe las prestaciones, es menos de lo que era la letra mensual del piso. Hablando del piso, el banco los desahució, y en subasta se vendió por la nueva tasación de 110.000 €, de los que se cubrieron 60.000. Ahora deben al banco 120.000 € y están registrados en todas las listas de morosos desde Cabo de Hornos hasta Pekín. Y por supuesto, no tienen nada. Y gracias que no hicieron avalar a la madre de Marisa, porque de lo contrario estarían bajo un puente todos juntos.

El caso de esta familia no es de los verdaderamente dramáticos, pero es por aquello que han pasado muchos miles de personas que como ellos creyeron que la sociedad funcionaba por inercia.

Como el Estado de cualquiera

Joselu y Marianín (por ponerle nombre a tantos sinvergüenzas) ¿tienen hijos? Sí/No/Ns/Nc. El uno trabajaba de mamporrero del poder, y el otro de aspirante, y antes viceversa. Como en su profesión no hay reajustes de personal, Joselu se ha retirado con una pensión de un porrón de billetes, y pronto dará conferencias a otro montón de billetes la sesión, y puede que lo compatibilice con el ingreso en algún comité asesor de alguna empresa privada con intereses en el Estado. Marianín acaba de ingresar en la gran cámara de acondicionamiento empresarial y financiero, un grupo que se ocupa de establecer las mejores condiciones para los negocios de sus pasados y futuros jefes (algunos le denominan Congreso). Marianin está ausente (siempre ausente en todos los sentidos) pero cobra una pasta.

Hasta hace unos años medraban, que es lo que siguen haciendo, y preparaban la pistola y las municiones con las que sus jefes jugarían en pellejo ajeno.

Siempre han estado desconectados de la realidad, pero han tenido unos asesores que les preparaban los discursos, aunque a veces se les olvidaba que los de la plebe toman café y lo pagan, y por tanto saben lo que vale.

No se han preguntado nada, y tampoco se lo preguntan ahora. Tanto es así que el año pasado modificaron la Constitución para priorizar el pago de la deuda pública. Una deuda pública que se incrementa día a día a base de emisiones cuya recaudación destinan a cubrir las deudas de aquellos que jugaron a la ruleta rusa con muchos Pepes y Marisas (de la deuda de los bancos de sus amigos los banqueros con otros bancos en los que también a veces esos mismos amigos participan accionarialmente. O dicho de otra forma, vacían las arcas públicas para pagarse deudas que ellos tienen con ellos mismos).

¿Se imagina alguien que “nuestra” familia del relato hubiera antepuesto el pago de la deuda a la alimentación, salud, o educación de sus hijos? ¿Se imagina alguien que estas personas hubieran renegociado algo así sin contrapartidas, o incluso con ellas? ¿No verdad?

Pues Joselu y Marianin sí lo hicieron. En “su casa sin amor”, lo prioritario es el pago de la deuda, aunque sus hijos se mueran de hambre.

No Esperancita, hoy no comes porque hemos firmado un compromiso de pago. No Anita, tu enfermedad puede esperar porque hay unos señores que quieren cobrar. No Nachete, si no sabes leer no importa, porque total, fíjate en mí (y en ti), que soy un necio y he llegado a Presidente (y tú a ministro).

¿Por qué es un problema el comportamiento de Joselu y Marianín? porque Joselu y Marianin son papá y papá. Los papás de todos. Y su puñetera casa, esa que se gestiona igual que la de cualquiera, es al final la que dicta nuestra economía familiar. En eso sí estaban acertados. Pero que le vayan a tomar el pelo a su santa madre, porque ninguno de nosotros sería tan miserable y descerebrado como para (incluso con responsabilidad) poner a nuestra familia por debajo de los intereses bastardos o legítimos de otros, si esto acabara conduciéndonos a una tragedia.

Las cosas son más fáciles de lo que parecen. Aunque podemos seguir matándonos entre nosotros, porque el vecino estiró más el brazo que la manga, en lugar de fijarnos en los verdaderos responsables. Podemos seguir practicando la envidia, apuntando a aquel que pese a la imagen se pasaba todo el día trabajando como un esclavo para aparentar un éxito que era casi una obligación. Podemos seguir creyendo que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. O podemos empezar a pedir prisión para todo el entramado político que nos ha llevado hasta aquí.

Y ahora ¿hacemos uso de la realidad o de los impulsos irracionales?

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