Parecer.

8 08 2014

Escrito por: Loli el 28 Ene 2012 – URL Permanente

Parecer

Parecer a tus ojos como ante aquellos del Mundo ilusoria promesa para Espectro de sangre mi piel corteza enmohecida del árido viento por cuanto esperé Ser tu último instante selectiva esencia de Injurias en un vago silencio.

Codicia

 

Codicia de sobresaltos hacia un fin Espasmo posesa en un desliz atavío como pena de muerte y desnuda ante la Nula de un mísero Cuerpo de cárdeno Sentir que extenúa.Para después decirMeque no soy otra cosamás que un ínfimo trazo de Pluma y tinta secanada más quésempiterno tumulto de Sueños al pie de Tu alba.Parecergolpeándome entre bocas de quienes no sabencomo en la Tuyaabierta al solo placer de engullir mis Besos en fuegocomo en la Míaque muerde su lengua antes que sentir bramar aquelloen lo qué Ser no desea..[Yo... ¿inmune? al Parecer corrompido]. .…/…—Loli-

vía Parecer..





El día que me avergoncé de ser judío

12 07 2014

El día que me avergoncé de ser judío.

EL DÍA QUE ME AVERGONCÉ DE SER JUDÍO

por MIJAEL EVEN DAVID, Rabino.

Hoy nos hemos unido a los fuegos de la Inquisición. Quemamos personas vivas de una fe diferente a la nuestra y dijimos que es nuestro D’s que lo requiere. Hoy nos unimos a las hordas de los cosacos, con odio asesino y salvaje, sin ver al otro, sólo viendo que somos diferentes. Hoy nos unimos a los asesinos nazis, matando a un niño brutalmente por su raza y etnicidad.

Hoy dejamos de ser el Pueblo Elegido, porque para esto no fuimos elegidos. Tal vez necesitemos otros dos mil años de Exilio para recordar quiénes deberíamos ser. Hoy perdimos cualquier superioridad moral que queríamos creer que teníamos. Somos exactamente como ellos. También somos asesinos. Todos nosotros. Los que lo prendieron en llamas, los que gritaron “muerte a los árabes”, los que declararon que la Torá nos pide matar y asesinar y vengarnos. Aquellos que vieron todo esto y no hicieron nada, aquellos que mañana aún no harán nada.

Especialmente aquellos que tratan de encontrar paz para sus consciencias en las comparaciones: “ah, pero nosotros no celebramos asesinatos”, “nosotros no enseñamos a odiar en nuestras escuelas”, “nosotros no consideramos a los terroristas, héroes”. Pero no es sobre ellos, D’s Altísimo, ¡es sobre nosotros! Es sobre perdernos a nosotros mismos, sobre nuestro fracaso como nación. Evidentemente hemos fallado.

En el futuro, cuando estudien las leyendas sobre la destrucción de nuestra sociedad, de nuestro Estado, ellos leerán: “Por el asesinato, la quema, el salvaje homicidio de Muhammad Abu Jdeir, nuestro Templo fue destruido, nuestra Tierra fue desolada y fuimos exiliados entre las Naciones”.

Nunca la paz se vio más lejana. Nunca estuve tan avergonzado de ser israelí. Nunca estuve tan avergonzado de ser Judío.





Cultura Tlaxcalteca II

6 06 2014

La diáspora tlaxcalteca, 418 años después

JOSÉ CARLOS AVENDAÑO/ I DE II

La idea de trasladar a tlaxcaltecas hacia el norte de la Nueva España ya había sido propuesta desde 1560 por el virrey Luis de Velasco / Foto Alejandro Ancona

Después de varios estudios históricos sobre la salida de las 400 familias tlaxcaltecas para conquistar el norte de lo que hoy es la República mexicana, las autoridades estatales anunciaron el cambio de fecha de la conmemoración de la diáspora tlaxcalteca para el próximo 6 de junio en lugar del 6 de julio en las ruinas del ex convento de Santa María de las Nieves.

 

De acuerdo con datos del Colegio de Historia de Tlaxcala, hacia fines del siglo XVI, tras varias décadas de guerras de conquista y un muy accidentado proceso de colonización, el imperio español poco a poco asentaba sus reales en lo que se llamó virreinato de la Nueva España. Éste comprendía una considerable porción de territorio que en términos de la geografía contemporánea abarcaba: al norte de nuestro país, los estados de California, Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada, Florida, Utah y parte de Colorado, Oklahoma, Wyoming y Kansas (en Estados Unidos), el suelo mexicano actual y al sur establecía frontera con el hoy territorio panameño. El lindero oriental lo señalaba el golfo de México y hacia el occidente, la Nueva España limitaba con el océano Pacífico, incluidas las islas Filipinas.

Sin embargo, una difícil y precaria paz establecida con los indios nómadas y seminómadas del norte del virreinato, genéricamente nombrados chichimecas, convirtió en impostergable para las autoridades españolas encontrar una solución al problema del poblamiento y colonización de la vasta geografía septentrional. Sobre el particular, el mismo monarca español Felipe II reconocía que la actitud hostil de los chichimecas hacía y causaba “grandes daños, muertes y robos, destruyendo los pueblos de paz y las estancias de ganado, robando y salteando por los caminos a los españoles y pasajeros.

Tras casi 50 años de guerra (a partir de 1541) entre los colonos españoles –asentados particularmente en la llamada Ruta de la Plata– y las numerosas etnias nativas, la Corona española y sus representantes decidieron invitar a los tlaxcaltecas para que en grupos de familias reforzaran las fundaciones españolas y, al mismo tiempo, con su ejemplo cristiano, difundieran sus virtudes cívicas, el apego al trabajo y animaran a los indios del norte del virreinato a “vivir en policía”, como se decía entonces.

Es oportuno mencionar que aquellas agrestes tierras y la ferocidad de sus pobladores no eran del todo desconocidas en la provincia de Tlaxcala pues, tras concluir la conquista de Tenochtitlán, el capitán Hernán Cortés continuó la tarea de explorar ese vasto territorio que se abría ante sus ojos y lo hizo acompañado de algunos guerreros tlaxcaltecas. Una década después, otros expedicionarios españoles como Nuño de Guzmán y Pedro de Alvarado, también recorrieron tierras de la Gran Chichimeca (o Chichimecatlalli, en náhuatl) flanqueados por tlaxcaltecas. La participación de estos guerreros en esa empresa de conquista quedó plasmada en el documento pictográfico conocido como Lienzo de Tlaxcala.

La idea de trasladar tlaxcaltecas hacia el norte de la Nueva España ya había sido propuesta desde 1560 por el entonces virrey Luis de Velasco El Viejo, nombrado así para distinguirlo de su hijo Luis de Velasco II, quien ocupara el mismo cargo entre 1590 y 1595. En aquella ocasión el cabildo tlaxcalteca se opuso tenazmente y la Corona no consiguió el apoyo de sus antiguos aliados, pero sí de otros indios, los otomíes.

Treinta años después, la habilidad política de los funcionarios del cabildo indio, sumada a la valiosa y pertinente asesoría brindada por los franciscanos Jerónimo de Mendieta, por aquellos días guardián del convento franciscano, acompañado de Jerónimo de Zárate –en el sentido de acceder a la petición real pero obteniendo, por escrito, las mejores condiciones para los potenciales emigrantes–, dio por resultado una provisión del monarca Felipe II que establecía las modalidades de la colonización tlaxcalteca al norte, provisión conocida como “Capitulaciones” que, dicho sea de paso, era el contrato que de ordinario pactaban la Corona española y sus conquistadores o colonizadores, lo que daba al documento y a la empresa pactada un carácter legal.

Tales negociaciones iniciaron a fines de 1590 y culminaron el 14 de marzo del año siguiente, cuando fueron planteadas y dadas a conocer formalmente las “Capitulaciones” entre la Corona española, a través de sus funcionarios en Nueva España, y el cabildo tlaxcalteca.

Para el caso de la historia tlaxcalteca, la negociación y firma de las “Capitulaciones” da cuenta de la naturaleza jurídica y política del proceso de colonización emprendido a partir de 1591; asimismo, debe tenerse en consideración que la presencia tlaxcalteca en el norte novohispano no se limitó a la fundación de las colonias originales de 1591, sino que, como diversos investigadores han demostrado, fue un proceso de expansión que se prolongó a lo largo de los siglos XVI y XVIII y territorialmente abarcó los actuales estados de San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Jalisco, Nuevo León, Coahuila y en territorio estadunidense Texas y Nuevo México.

A través de los siglos, las “Capitulaciones” fueron el documento que legalizó y legitimó la expansión tlaxcalteca, además de servir como vínculo de identidad entre las fundaciones de la Nueva Tlaxcala y la provincia de origen.

Por una práctica tradicional esta celebración, basada en un acontecimiento histórico documental, se festejaba anualmente en julio en el sitio que ocupan los restos virreinales del que fuera el templo dedicado a Santa María de las Nieves y que la tradición ha señalado como punto de partida de las 400 familias tlaxcaltecas.

Sin embargo, para este año las autoridades estatales cambiaron la fecha de esta celebración para el próximo 6 de junio, pues de acuerdo con lo expresado por el director de Cultura, Recreación y Deporte, Jesús Ángel Treviño Rivera, investigaciones realizadas por historiadores en San Luis Potosí, Zacatecas y Querétaro, llegaron a la conclusión de que fue en junio cuando salieron las 400 familias a poblar el norte de lo que hoy es la República mexicana.

Para ello, se ha programado una serie de actividades en la que se espera la asistencia de 10 mil personas en lo que será la edición 28 de la también llamada diáspora tlaxcalteca.

¿SON TRAIDORES LOS TLAXCALTECAS?

Por: Ricardo Cano Bonilla

¿SON TRAIDORES LOS TLAXCALTECAS?

En muchas épocas y contextos es común que la mayoría de los pueblos reproduzca fabulas o leyendas, falsas ideas que siendo infundadas se vuelven supuestas verdades incuestionables. Es común también que los gobiernos de aquellos pueblos arraiguen dogmas sobre los cuales legitiman su versión de la historia y con ello su poder sobre los mismos. Por esto, es necesario que exijamos un proceso de revisión  y de transparencia, un conocimiento más claro, de una historia vista  e interpretada desde diversas perspectivas “contra la historia oficial”.

En razón de los sucesos acaecidos en la época de la llamada “Conquista de México”, en la que la república de Tlaxcala por acuerdo de los ancianos representantes de los cuatro señoríos decide establecer una alianza con el ejército de Hernándo Cortés en contra del imperio Azteca, naturalmente  es necesario tomar en cuenta hechos  y circunstancias que prevalecían en la época referida lejos de los hechos y circunstancias del S. XX. El tlaxcalteca Alfonso Romero en su libro “lo de Tlaxcala” expone que antes de emitir cualquier juicio sobre la mencionada alianza tendríamos que cumplir la respuesta de las siguientes preguntas:

1.- ¿La nación mexicana estaba constituida como tal en aquella época? Falso

2.- ¿El imperio azteca era la república mexicana? En  modo alguno

3.-  ¿La antigua república de Tlaxcala era integrante en alguna forma del imperio azteca? De ninguna manera, el imperio azteca había impuesto un cerco para estrangular  la economía tlaxcalteca, el imperio expansionista y bélico representaba una amenaza para el futuro de la comunidad, imposible la paz perdurable entre tlaxcaltecas y aztecas.

4.- ¿Cuáles eran las relaciones entre los tlaxcaltecas  con los aztecas  y con sus demás vecinos? Simplemente no eran subordinados

5.- Cuando en Cempoala se tomó la decisión de que Hernán Cortés  con sus ejércitos  y sus primeros aliados pasaran por Tlaxcala rumbo a Tenochtitlan en vez de hacerlo por Cholula, ¿Tuvieron los tlaxcaltecas en esto alguna intervención? Fue claro que los tlaxcaltecas no tenían mandos en esos ejércitos de don Hernándo.

6.- ¿Existía algún pacto legal o de hecho con los aztecas y que los tlaxcaltecas hayan violado? Las guerras y el cerco económico de los aztecas no representaban un pacto de lealtad.

7.- ¿El recibimiento que se le hizo a Cortés en Tlaxcala fue graciosamente amistoso al pisar tierra tlaxcalteca a semejanza del que le tributaron los aztecas a su arribo?Las batallas de los ejércitos tlaxcaltecas a cargo de Xicoténcatl Axayacátzin no son  una ligera nota  de los historiadores.

8.- La antigua república de Tlaxcala, en rigor de verdad ¿a quién cometió traición con su alianza? A nadie, no existió ni existe tal traición.

9.- Los demás pueblos y señoríos  que se aliaron a Cortés antes y después del sitio  y toma de Tenochtitlan, ¿qué papel desempeñaron? ¿No respondieron acaso a sus intereses particulares?

En conclusión, es insensato e injusto  seguir cultivando un falso rencor contra los tlaxcaltecas actuales  por la decisión de sus antepasados del S.XVI  sin considerar si tuvieron o no motivos para tales decisiones.

PD. Sea en su gloria guerreros tlaxcaltecas nuestro esfuerzo, trabajo y  nuestra fe…

By radiokao • COLUMNASPolacaRicardo Cano B. •

¿LOS TLAXCALTECAS TRAIDORES? ¿CÓMO ESTUVO LA COSA?

Iconografía de la conquista de México de principios del siglo XX

Reflexiones sobre crónicas de la conquista.

TURISTAMX, 5 febrero, 2013.- Muchas veces no ponemos atención en el hecho de que la huella del pasado también permanece vigorosa en el turismo. Baste decir que la actividad turística permite seguir en estos tiempos la huella de los que nos antecedieron, momentos que moldearon el rostro que ahora tenemos.

Un caso extraordinario para México, pero también cruento, desgarrador, inesperado, pero no modificable, fue la llegada de los españoles a tierras de Mesoamérica. Lo hicieron justamente por la costa al centro del Golfo de México, en lo que ahora son los estados de Veracruz y Tlaxcala, antes incluso de llegar al centro del territorio. Ahí están las huellas de este encuentro.
Es un hecho consumado decir que si no hubiera sido por el apoyo de los pueblos que habitaban el oriente del territorio simplemente no hubiera habido conquista. Un puñado de trescientos o cuatrocientos o seiscientos  hombres  barbados no hubiera podido acabar con miles de guerreros, personas que nacían, se preparaban y morían para el combate. La conquista se dio porque fue la oportunidad de los pueblos indígenas dominados por el imperio Azteca para liberarse del sometimiento. Entonces no sabían que comenzaría un nuevo tiempo en que seguirían siendo explotados.
Los mexicanos de ahora  tenemos la posibilidad de seguir ese encuentro explosivo, mítico, recorriendo los sitios donde se encontraron españoles y mexicanos. Primero desde lo alto del cerro de Quiahuxtlan (frente a la playa de Villa Rica, Veracruz, a una hora de camino desde el puerto hacia el norte por la carretera costera); luego en la ciudad del Rey Gordo, Zempoala (“entre veinte aguas”,  cerca de la costa del centro de Veracruz, a media hora de la conocida playa de Chachalacas); y luego en la meseta de Tlaxcala y Puebla.
Hernán Cortés arribó a costas mexicanas en la primavera de 1519, momento en que  Tlaxcala era un estado militar, algo semejante a una federación, lo que le permitía a sus pueblos luchar  frente a los principales opositores: los  Mexicas. Los habitantes de Tlaxcala fueron el principal factor de apoyo en los hechos de la conquista europea. Miles de guerreros indígenas de la zona pelearon al lado de Cortés, incluso estuvieron en la llamada Noche Triste.
La ayuda que los tlaxcaltecas prestaron fue reconocida oficialmente por la Corona – más de manera formal que real-, y se le otorgó la cédula real del 11 de febrero de 1537. Esto implicaba que el rey Carlos V favorecía todas las condiciones y derechos para gobernarse por sí mismos, atender sus tierras y trabajarlas sin que nadie más interviniese en sus cabildos.
Lo que pasó después lo conocemos: la brecha entre indígenas y conquistadores se abrió profundamente, desgarradoramente, resultando los primeros esclavos de los recién llegados. Pero esa es otra historia.
Sigamos esta huella en nuestras crónicas de la conquista por el ahora territorio mexicano. www.turistamx.com

Los tlaxcaltecas no son traidores: Delfino

 Delfino Carro recopiló información de 32 libros
de historia y de 16 revistas especializadas para
desmentir que los tlaxcaltecas fueron unos
traidores por aliarse con los españoles para
vencer a los aztecas hace 500 años

Por: José Carlos Avendaño

Delfino Carro recopiló información de 32 libros
de historia y de 16 revistas especializadas para
desmentir que los tlaxcaltecas fueron unos
traidores por aliarse con los españoles para
vencer a los aztecas hace 500 años

Una vez en los juegos nacionales que organiza el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) escuchó que en una competencia anunciaban en el carril uno al representante de Morelos, en el carril dos al de Sonora, en el carril tres al de Tlaxcala y a lo lejos se escuchó el grito de traidor, lo cual reforzó su idea de escribir un libro para demostrar a los mexicanos que los tlaxcaltecas no son traidores por haberse aliado con los españoles en la conquista.

A partir de entonces, Delfino Carro Muñoz se dio a la tarea de recopilar información de 32 libros de historia y de 16 revistas especializadas para escribir el texto El estigma de los tlaxcaltecas (Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, 2012), en el cual explica las razones por las que los tlaxcaltecas se aliaron con los españoles para vencer a los aztecas.

Delfino se llevó dos años para recopilar la información porque “conocí a muchas personas de fuera que siguen deshonrando a los tlaxcaltecas por la cuestión  de la alianza entre los tlaxcaltecas y los españoles hace 500 años, pues todavía nos tildan de traidores y eso hay que aclararlo con investigaciones porque lastima a mis paisanos”.

Este hombre originario de Panotla ha escrito poesía y novela romántica, por lo que ahora se ha interesado por los temas históricos, sobre todo los que tienen que ver con Tlaxcala.

Estudió la Licenciatura en Legua y Literatura y una maestría en Pedagogía, por lo que las letras han sido parte de su vida desde los 15 años de edad cuando escribió su primera poesía, luego una novela biográfica e histórica… “a la mejor recibí la influencia de mis maestros de Literatura desde la secundaria”.

Considera que el libro de su autoría con mayor aceptación entre el público ha sido El estigma de los tlaxcaltecas.

En tanto que para él, los escritos que más le gustan son los de Miguel León Portilla porque fue un hombre muy sabio e inteligente, lo mismo que los libros del tlaxcalteca Alfredo Chavero, Diego Muños Camargo, “he leído a varios autores nacionales y tlaxcaltecas que abordan temas históricos”.

Delfino Carro recuerda que como parte de su labor como escritor representó a Tlaxcala en los Juegos Florales Rafael Ramírez Castañeda realizados en Guanajuato –donde ganó la Flor Natural– y en Tabasco que fueron organizados por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

En el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México presentó poemas de su libro Cien sonetos en flor para Tlaxcala y ha impartido conferencias y presentación de su material literario que a la fecha suman 22 títulos de narrativa y poesía.

En su más reciente obra, aclara que la traición que se le atribuye a los tlaxcaltecas en tiempos de la conquista solamente es un mito.

El escritor afirma categórico sobre esta clasificación que es “una gran mentira” que los tlaxcaltecas hayan traicionado a la patria y por ello exhorta a quienes piensan eso a que se adentren a la historia para conocer realmente a este pueblo.

Cita a Diego Muñoz Camargo, quien escribió que los tlaxcaltecas estuvieron sitiados por los aztecas de 1455 – fecha en que iniciaron las guerras floridas– a 1515 (60 años). Además, les prohibieron a los tributarios que les vendieran productos de primera necesidad. También ordenaron a otros pueblos que acabaran con ellos, sin que tuvieran éxito.

También menciona que mientras los aztecas mandaban regalos a los españoles al desembarcar en tierras americanas, con la finalidad de persuadirlos y no avanzaran a Culúa, los tlaxcaltecas les negaron el paso y tuvieron que librar sangrientos combates con ellos. Después decidieron recibirlos amistosamente.

Aclara en su obra que en la época que gobernó Moctezuma II al pueblo azteca no existía división política en México, sino que había señoríos, provincias y territorios, pero los mexicas nunca pudieron someter a los tlaxcaltecas.

Así que concluye: debe aclararse que la república de Tlaxcala no cometió traición a nadie… no era sólo Tlaxcala la que preparaba la venganza contra los mexicas, eran todos los pueblos que habían dado todo su contingente para las aras del dios de la guerra, Huitzilopochtli”.

Manifiesto de la era Tlaxcalteca

Desde Tlaxcala se  Declara el fin  de la era Maya

El devenir de la humanidad manifiesto en los últimos cálculos, de quienes  anunciaron el  fin de un ciclo el 21 de diciembre de este 2012, sin duda  intriga y mueve al pensamiento contemporáneo de los descendientes de diversas culturas en todo el orbe.

Hoy me  refiero  a  unos  en particular: Los tlaxcaltecas.

Para quienes la vida  cambió con la llegada  de Hernán Cortés de la mano de una enigmática dama que pasó a la historia como “La Malinche”.

Muchas increíbles vicisitudes hemos tenido que pasar desde entonces.

Desde reconocer el sabor de la victoria en la lucha contra todo adversario, hasta sufrir el estigma que recae en el vencedor por parte de muchos derrotados.

Los más primeros  llegaron a fundar Cacaxtla y Xochitécatl. Después el cuarteto de los Señoríos dio vida al primer gobierno republicano de toda la  América. Mostraron inteligencia superior en esos tiempos pretéritos, aún y a pesar de los malandros, agresivos e imperialistas mexicas.

Resplandor Perenne

Hoy, en el ingreso a una nueva era trascendente, algunos dirigentes dignos del pueblo tlaxcalteca recibieron la estafeta en este fin del mundo maya, recibiendo las enseñanzas no sólo de los mayas, incluso de otras culturas que desde diversas latitudes observan extrañadas y aún sin comprender del todo a  pesar de la ciencia, estos ceremoniales que siempre incluyeron un misticismo cargado de energías; incluso celestiales.

Hoy de cara al tercer milenio y con casi 600 años de de transitar otro tramo en la línea del tiempo, es menester reconocer que a pesar de vivir en la victoria permanente; el conservar el título de guerreros invencibles, hoy día tendrá  que  costar mucho más sangre, sudor y lágrimas.

El maltrato regional, nacional e internacional que sufre la raza tlaxcalteca por  razones históricas que ya han tratado de explicar voces más doctas o prudentes, ha llegado a un punto de quiebre, en el que el ninguneo a nuestro pueblo culto, inteligente, valeroso, astuto, audaz y trabajador ha agotado nuestra  paciencia.

Por todo ello, hoy declaramos que el pueblo de Tlaxcala encabezado por sus dignos líderes velará y defenderá los derechos de todos sus hijos que se sientan orgullosos de serlo y que vean trastocadas sus garantías que como ciudadanos pobladores de la región, el país y el mundo, se han  ganado.

Y aún hay más: declaramos que no descansaremos hasta que se dignifique el papel de los tlaxcaltecas en la historia más reciente, que hoy afrenta ofende y divide a un pueblo orgulloso de sus raíces, de su filosofía y su visión cosmogónica de cara a un mundo convulsionado por la destructora acción de las demás razas  del mundo.

Hoy declaramos que el  fin de  este ciclo no nos tomará desprevenidos para  comenzar las tareas pendientes a favor de quienes descendiendo de la estirpe tlaxcalteca, viven fuera de  esta Invencible República.

Declaramos también  que la  conciencia que buscamos sacudir, en este tramo que nos toca vivir, resultará en un nuevo amanecer, un despertar de la alegría por vivir verdaderamente, mejor aún que  hasta  este 21 de  diciembre.

A pesar de ser una raza invencible por los hombres, pero a merced del sol y del planeta, tenemos la conciencia tranquila por haber transitado en la historia de la  humanidad con paso firme y gallardo. Sin prisa, pero sin pausa. Una  conciencia verdadera que nos permite seguir andando los caminos que nos quedan por recorrer. Fundando  nuevas ciudades, transmitiendo cultura, regando la esperanza de nuestros más primeros; esperanza más renovada que nos acompaña desde que Camaxtli vive un  especial idilio sincrético con nuestra vírgenes de Ocotlán y la Defensa, quienes  bendicen  a todos los  descendientes guerreros de estas nobles tierras que  nunca  han sido de mujeres y hombres mansos.

Parte  de Guerra del fin de la era Maya

Es por ello que hoy nos complace participar que el 21  de diciembre con toda la solemnidad del caso, en el corazón de esta siempre Heroica Ciudad, en todo lo alto del Portal CHico,  se llevó a cabo la  Ceremonia de la  Entrega del Fuego Resplandeciente de los  Mayas a los Tlaxcaltecas.

Bienvenidos todos a la Nueva Era Tlaxcalteca.

Historia prehispánica de Tlaxcala

Los tlaxcaltecas son un pueblo indígena que habita el estado de Tlaxcala, México.

En 1290 comienza su historia. Estructurados como federación, los tlaxcaltecas elegían a su líder supremo y emprendían las campañas de común acuerdo. El hecho de que jamás fueron sometidos por los mexicas les llevó a estar rodeado de pueblos vasallos de los aztecas, lo que les impedía comerciar con libertad.

Gracias a concertaciones políticas y tratos con los aztecas, lograron preservar su autonomía y llevar a buen término el florecimiento de las artes.

A la llegada de los españoles en 1519, los tlaxcaltecas, al frente de Xicohtencatl, enfrentaron a los conquistadores de Hernán Cortés.

Orígenes

Los primeros moradores

En el centro de México destacaron los grandes valles del altiplano: el de México y el poblano-tlaxcalteca. En el valle poblano-tlaxcalteca aproximadamente en 1800 a. C. había grupos agricultores que trabajaban en forma familiar, cultivando maíz, fríjol, chile y calabaza, tomate que completaban su dieta con los productos de caza y recolección. Habitaban aldeas permanentes formadas por chozas. Tenían comunicación con la gente del valle de Tehuacán y el golfo de México, con la que llegaron a mezclarse.

Años posteriores la población tlaxcalteca aumentó y en consecuencia el número de aldeas, muchas de las cuales al extenderse se convirtieron en villas. Los tlaxcaltecas producían con la cooperación de toda la familia; regaban sus cultivos utilizando canales, tenían hornos para cocer cerámica, pequeñas plataformas para celebrar sus ceremonias religiosas y rendían culto al dios del fuego Huehueteotl.

A medida que el tiempo transcurría la población aumentó hasta que se formaron pueblos. Surgieron construcciones residenciales, se elevaron estelas y sarcófagos de piedra, y cada vez se rendía culto a un mayor número de deidades. Allí los sacerdotes fueron adquiriendo más y más importancia y llegaron a dominar a la población, empezando así a construirse centros ceremoniales.

Se cree que entre los años 200 a. C. y 700, la civilización mesoamericana alcanzo su máximo esplendor, y si antes la gente vivía en comunidades agrícolas y en pueblos sin ninguna planeación, ahora se construían grandes ciudades planificadas. Aumento más la población y se incrementaron el comercio y la actividad agrícola.

Los sacerdotes gobernaban y se encargaban de impulsar la cultura. Fueron ellos quienes lograron que la agricultura, la escultura y la pintura alcanzaran su apogeo y que realizaran notables progresos en escritura figurativa, matemáticas y astronomía, por lo que se ha llamado a esta etapa periodo teocrático.

Vista sobre el Gran Basamento de Cacaxtla.

Teotihuacan estuvo a la cabeza de las ciudades teocráticas mesoamericanas y su caída marco el fin de este periodo. EnTlaxcala son dos las fases que corresponden al periodo teocrático. En la primera, se experimentó un auge cultural. Desaparecieron las aldeas dispersas y la población se concentró en centro urbanos que contaban con plazas, calles, centros ceremoniales, tumbas. No obstante ser una gran cultura local, poco a poco comenzó a decaer por que la mayoría de sus artesanos y muchas personas importantes se fueron a vivir a Teotihuacan, atraídos por la prosperidad y el trabajo que había en esa gran ciudad religiosa y cultural. Hubo entonces, en la siguiente fase, un mayor auge en la agricultura y reinó una relativa paz en el centro de Tlaxcala. En otros puntos de la región no ocurría igual, y sobre todo en la región de Nativitas, donde la invasión de los olmecas-xicalancas ocasionó intranquilidad y luchas por el poder y la tierra. Los olmeca-xicalancas, provenientes de la costa, eran mercaderes que controlaban las mercancías procedentes del Golfo de México y del sureste. Se establecieron en Tlaxcala sin encontrar ninguna resistencia porque la zona que eligieron se hallaba despoblada. Su capital se situó en la fortificación de Cacaxtla, en lo alto de un cerro, donde se han descubierto pirámides muy importantes y pinturas que testimonian sobre las luchas que libraron con otros grupos. También fueron dueños de pequeñas ciudades-fortalezas alrededor de su capital, como Xochitécatl y otras en el área de Calpulalpan, situadas al norte del estado.

Véase también: Cacaxtla

En esa época los olmeca-xicolancas tomaron Cholula y dominaron la altiplanicie poblano-tlaxcalteca. A partir de entonces, sucedieron en la Tlaxcala prehispánica diversos cambios políticos.

Entre los años 700 y 1100, algunos grupos de toltecas integrantes de otra gran cultura de Mesoamérica, cuyo auge fue posterior a la teotihuocana se establecieron en Cholula, en Tlaxcala y en sus alrededores.

Esos grupos toltecas vivieron esclavizados por los olmeca-xicalancas hasta que, con ayuda de los otomíes, no sólo se emanciparon, sino que los vencieron. Como pago o sus servicios, los otomíes recibieron tierras en el sur de la actual ciudad de Puebla, donde fundaron los señoríos de Cuauhtinchan y Totonihuacan a principios del siglo XIV. Parte de estos otomíes llegaron a territorio tlaxcalteca y se establecieron principalmente en AtlangatepecHueyotlipanTecoacHuamantlaAtlihuetzía y Xaltocan. Uno de sus grupos, muy influidos por los huastecos, ocupó el centro-norte del estado, dando origen a la cultura Tlaxco.

Origen de los señoríos de Tlaxcala

De 1290 a 1519 tuvo lugar la invasión del grupo teochichimeca-tlaxcalteca o texcalteca, una de las siete tribus nahuatlacas que había salido de Chicomoztoc, o lugar de las siete cuevas, hacia el valle de México donde, según narran las crónicas, fundaron Poyauhtlán en el año 2 pedernal (1290), a orillas del lago de Texcoco. Llevaban una existencia primitiva y vivieron en cuevas hasta que otros grupos los obligaron a emigrar. Peregrinaron entonces por el Popocatépetl y Huexotzinco y llegaron finalmente a lo región ahora llamada Tlaxcala. Allí se apoderaron de la sierra de Tepeticpac, y con el tiempo la llamaron Tlaxcallan, A esa ciudad en especial se le tomó mucho significado por su importantes avances en la astronomía. Ya que si eran, nomadas en busca de un territorio fértil, con grandes planicies para su asentamiento, rendían culto a las estrellas por considerarlos “entes” divinos. Un asentamiento muy importante fue el de la ciudad de Cacaxtla, que es relevante por sus pinturas rupestres, aun conservadas y muy visitadas.fueron hechas por cazadores que registraban sus hazañas dentro de su actividad, los llamados “Tlachis” o “Tlachiqueros”.

Jeroglífico de Tlaxcallan

En el año 5 pedernal (1348), los teochichimecas, guiados por su dios Camaxtli, y conducidos por su caudillo Culhuatecuhtli (quien expulsó de la región a los últimos olmeca-xicalancas y toltecas), se convirtieron en señores poderosos, hicieron la paz con sus vecinos y se dedicaron tranquilamente a poblar esas tierras. Comenzó entonces la vida social y política de la nación tlaxcalteca y se fundó el primer señorío deTepeticpac, con un solo señor como jefe; el mismo Culhuatecuhtli. Este le cedió a su hermano menor, Teyohualminqui o Teyohuaymiqui, buena parte de la provincia de Tlaxcallan, con lo cual se fundó después de 1384 el segundo señorío de Ocotelulco, mayor y más importante que el primero.

La creación del tercer señorío ocurrió de la siguiente manera: los de Cholula dieron muerte al señor de Ocotelulco y se apoderaron de sus tierras. Algunos de los vencidos huyeron y fundaron Tizatlán, que con el tiempo, llegó a competir en grandeza y prosperidad con los otros dos señoríos.

El cuarto señorío, Quiahuiztlán, se fundó con otro grupo de teochichimecas que llegó al valle de México en el Siglo XIV, pues Culhuatecuhtli les había prometido tierras para que se establecieran en Tlaxcallan.

Cada uno de los cuatro señoríos tenía su propio territorio y su propio gobierno. Aliados, formaron la confederación de Tlaxcala por medio de sus jefes, que los representaban y decidían los asuntos comunes a toda la provincia, en una especie de consejo. Esta confederación presentaba una organización parecida a la “República de Tlaxcallan” porque, aunque no existieran entonces instituciones republicanas, cada señorío era autónomo.

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Cultura Tlaxcalteca

6 06 2014

La cultura Tlaxcalteca fue un pueblo indígena mesoamericano de etnia nahuatl. Los tlaxcaltecas formaron el reino de Tlaxcala ubicado en el actual estado de Tlaxcala, México. El termino Tlaxcala significaría “el lugar de las tortillas de maíz”. La cultura precolombina Tlaxcalteca se desarrolló más o menos al mismo tiempo que otros pueblos nahuas, como los mexicas que iniciaron la construcción del gran imperio azteca con su capital en Tenochtitlan.

Historia de la Cultura Tlaxcalteca

Los tlaxcaltecas eran originalmente un conglomerado de tres distintas étnicos o grupos que hablaban náhuatl, otomí y Pinome . Con el tiempo, los hablantes de náhuatl se convirtieron en el grupo étnico dominante en la cultura Tlaxcalteca.  La nación tlaxcalteca se convertiría en una confederación de cuatro sub-estados llamados Tepectipac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuixtlán.

Los tlaxcaltecas fundaron la ciudad de Tlaxcala alrededor del año 1208 y luego comenzó a someter a los pueblos a su alrededor.

Desde el siglo XIV, los tlaxcaltecas y los aztecas se encontraban en constantes guerras. Sin embargo, a pesar de que los aztecas lograron construir el imperio más grande de Mesoamérica, nunca pudieron conquistar la región de Tlaxcala. A la llegada de los españoles en el siglo XVI, la ciudad de Tlaxcala era un enclave independiente, rodeado casi totalmente por los territorios del Imperio Azteca. Los Tlaxacaltecas se hallaban económicamente aislados. Esto y la guerra constante con los pobladores de la cultura Azteca les darían a los tlaxcaltecas razones para aliarse con los españoles.

Los tlaxcaltecas nunca fueron conquistados por los aztecas. De hecho, los aztecas les permitieron mantener su independencia para que puedan participar con ellos en los rituales de guerra (las guerras floridas, cuyo objetivo era la captura de prisioneros que eran después sacrificados).

Llegada de los españoles a México: Conquista de México

Cuando Hernán Cortés y los españoles desembarcaron en la costa de Veracruz, México fueron recibidos por los habitantes de la cultura Totonaca, que eran un pueblo sometido de los aztecas, estos vieron a los españoles como una forma de liberarse del dominio de Tenochtitlan. Se aliaron con los españoles, y cuando Cortés decidió ir al hacia la capital de los aztecas, Tenochtitlan, los totonacas le ayudaron a entrar en contacto con otros pueblos sometidos que estarían dispuestos a aliarse con ellos, sobre todo con los tlaxcaltecas. Sin embargo, después de entrar en territorio tlaxcalteca, los españoles fueron recibidos por una fuerza hostil de 30.000 indios tlaxcaltecas. Los tlaxcaltecas lucharon contra los españoles y sus aliados indios en una serie de batallas, que causo enormes bajas entre los tlaxcaltecas a pesar de su superioridad numérica. La destreza y superioridad tecnológica de los españoles en la batalla impresionó al rey tlaxcalteca Xicohténcatl Axayacatzin, que entonces no sólo permitió a los españoles pasar por su territorio, sino que también los invitó a la ciudad capital de los tlaxcaltecas, Tlaxcala.

Alianza entre los Tlaxcaltecas y los españoles

Hernán Cortés se quedó en la ciudad de Tlaxcala alrededor de 20 días y forjó una alianza con los tlaxcaltecas para invadir la ciudad capital azteca, Tenochtitlán.  Los tlaxcaltecas se convirtieron en aliados de los europeos, habiendo desempeñado un papel clave en la invasión de la capital del imperio azteca, Tenochtitlan, ayudando a los españoles a llegar al valle de Anahuac y proporcionarle un contingente militar aborigen como fuerza de invasión.

Aliados tlaxcaltecas acompañan a Hernán Cortés durante la conquista española del imperio azteca de 1519, de la Historia de Tlaxcala.

Los españoles añadieron 6.000 guerreros Tlaxcaltecas a su ejército y emprendieron rumbo a la ciudad de Tenochtitlán, llegaron en noviembre de 1519. Fueron recibidos por el emperador azteca, Moctezuma II, quien comprendió el peligro potencial de una alianza española-tlaxcalteca.

Conquista de Tenochtitlán y fin del Imperio Azteca

A pesar del recibimiento cordial, pronto se sembró la intriga y el consiguiente asedio de la capital azteca, el ejército español junto al tlaxcalteca no pudo derrotar al ejército de Moctezuma II debido a la férrea resistencia de sus soldados. El ejército español mal herido de Hernán Cortés regreso al territorio tlaxcalteca. El rey tlaxcalteca dio el refugio español y le prometió más ayuda en la conquista de Tenochtitlan sólo bajo ciertas condiciones como la exención del tributo perpetuo de cualquier tipo, parte del botín de guerra, y el control de dos provincias limítrofes al reino de Tlaxcala. Cortés estuvo de acuerdo.

El ejército conquistador español y los tlaxcaltecas regresaron a la ciudad capital azteca Tenochtitlán, en diciembre de 1520. Después de muchas batallas, incluyendo combates calle por calle en Tenochtitlán, el imperio azteca cayó en agosto del año 1521.

Hernán Cortés en reunión con los mensajeros Tlaxcaltecas. Su conversación es traducida por La Malinche.

Periodo colonial: Situación de los Tlaxcaltecas en el Virreinato de Nueva España

En su mayor parte, los españoles mantuvieron su promesa a los tlaxcaltecas. A diferencia de Tenochtitlán y otras ciudades, Tlaxcala no fue destruida después de la Conquista. También permitió a muchos tlaxcaltecas conservar sus nombres indígenas. Durante 300 años de virreinato colonial de la Nueva España, los españoles en su mayoría mantuvieron las mismas condiciones hacia la cultura tlaxcalteca que prometieron en el año 1520.

Una de las intervenciones culturales más importantes, sin embargo, fue la evangelización de la región de Tlaxcala. Los frailes franciscanos llegaron en el año 1524. Ellos construyeron monasterios e iglesias y renombraron la ciudad de Tlaxcala como “Nuestra Señora de la Asunción”. El primer arzobispado de la Nueva España se estableció aquí. La mayoría de las obras de evangelización se llevaron a cabo entre 1530 y 1535, la ciudad de Tlaxcala recibió su escudo de armas del rey de España.

A diferencia del resto de México, el territorio de la cultura Tlaxcalteca se encontró bajo la protección directa de la corona española, como parte de su recompensa por su apoyo en la conquista de México. Esto protegió a los tlaxcaltecas de las peores opresiones que sufrieron otros pueblos originarios, que alcanzó su punto álgido en la década de 1530. De hecho, la lealtad tlaxcalteca a los españoles se convirtió en una sociedad duradera. Las fuerzas tlaxcaltecas se unieron a las fuerzas españolas para sofocar revueltas, como la rebelión del Mixtón y también acompañaron la conquista de lugares como Guatemala y noroeste de México.

Establecimientos de colonias Tlaxcaltecas en territorio de México

Los tlaxcaltecas fueron utilizados no sólo para combatir sino también para establecer poblaciones en los pueblos nómadas mexicanos. En el siglo XVI, los tlaxcaltecas cristianizados y sedentarios fueron reclutados para asentarse y pacificar a los chichimecas, en lo que hoy es el noreste de México. Por lo tanto, fueron trasladados a las zonas habitadas por tribus guerreras y nómadas (conocidas como chichimecas) para servir de ejemplo para los grupos indígenas locales, como grupo sedentario de súbditos modelos de la corona española, así como para trabajar en minas y haciendas.

Las colonias de la cultura tlaxcalteca
 en la región chichimeca incluyen asentamientos en los actuales estados mexicanos de San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Coahuila y Nuevo León. Además de Nueva Tlaxcala de Nuestra Señora de Guadalupe de Horcasistas, hoy conocida como Guadalupe, y Santiago de las Sabinas, actualmente llamado como Sabinas Hidalgo—and Jalisco (Villa de Nueva Tlaxcala de Quiahuistlán, ahora llamado Colotlán)

Más de 400 familias tlaxcaltecas se movieron hacia el norte, pero solo cuando se negoció y obtuvo concesiones especiales de los españoles. Entre ellos órdenes llamados “mandamientos de amparo” para asegurarse de que los herederos de estas familias no perdieran las tierras que estaban siendo otorgados a ellos. También incluyó la liberación de tributos, impuestos y servicio personalizado a perpetuidad. Estos colonos fueron decisivos en la pacificación de esta parte de México, y aunque estas familias con el tiempo se mezclaron con los chichimecas, nunca perdieron por completo su identidad tlaxcalteca. En 1585, cuando el territorio de Tlaxcala se estableció formalmente, más o menos tenía las mismas fronteras que el antiguo reino de Tlaxcala. La ciudad de Tlaxcala se mantuvo autogobernanda hasta la Independencia de México en 1821.

Los Tlaxcaltecas después de la Independencia de México

Después de la victoria en la Guerra de Independencia de México y el fin del Primer Imperio Mexicano, con la Constitución de 1824 de México, el 24 de noviembre de 1824, Tlaxcala fue declarado territorio federal mexicano, el territorio de Tlaxcala. El estado de Tlaxcala se divide en cinco provincias, pero disminuyo en sus dimensiones. Más tarde, el Estado fue capaz de recuperar parte de ese territorio perdido cuando la región conocida como Calpulalpan se reunió en la década de 1860. Una nota interesante es que el estado era gobernado desde 1885 hasta 1911 por Próspero Cahuantzi, uno de los pocos mexicanos de origen indígena que llego a ser gobernador.

Tlaxcalteca

Los tlaxcaltecas es el gentilicio del estado de Tlaxcala, México.

En los siglos XIV y XV, Tlaxcala floreció como un importante señorío unido por 21 pequeñas Ciudades-Estado. Además, fue uno de los pocos pueblos que el Imperio azteca nunca pudo someter totalmente.

A la llegada de los españoles, se unieron a ellos para poder derrotar al imperio Azteca, el cual mantenía en sitio constantemente a la altépetl de Tlaxcallan.

Su alianza con los españoles para la toma de Tenochtitlan convirtió a los tlaxcaltecas en los principales aliados de los conquistadores, acompañándolos en la mayoría de campañas militares que llevaron a cabo para conquistar a distintos pueblos, por muy diversas regiones de Mesoamérica y Aridoamérica, gracias a lo cual siempre tuvieron buenas relaciones con la corona española.

Por su buena relación con los colonos españoles, los tlaxcaltecas disfrutaron de privilegios y participaron ampliamente en el establecimiento de varias comunidades en el noreste de la Nueva España. Algunas de las misiones y pueblos que ayudaron a fundar los tlaxcaltecas en el actual territorio del Estado de Nuevo León fueron San Miguel de Aguayo (hoy Bustamante), el Pueblo de la Nueva Tlaxcala de Nuestra Señora de Guadalupe de Horcasistas (que previamente se llamaba Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, y hoy es el municipio de Guadalupe), Santiago de las Sabinas (hoy Sabinas Hidalgo), San Pedro de Boca de Leones (hoy Villaldama) y muchas otras, algunas de las cuales no perduraron.

Fue una de las civilizaciones prehispánicas de Mesoamérica (lo que ahora es México, Guatemala y Belice, parte de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica).

Los Nahuas de Tlaxcala, emparentados un poco con los otomíes[cita requerida], han llegado a desarrollarse y mantener su organización en los pueblos de la falda occidental del volcán la Malintzin, primordialmente en las poblaciones de Acxotla del Monte, San Pedro TlalcuapanSan Pedro Muñoztla, San Felipe Cuauhtenco, San Miguel Xaltipan, Guadalupe Tlachco, San Isidro Buensuceso, San Pablo del Monte, San Cosme Mazatecochco, San Bartolomé Cuahuixmatlac y San Rafael Tepatlaxco. Allí existe aún la Identidad de los Nahuas de Tlaxcala, que resistieron el embiste Azteca y fueron fieles compañeros de armas de las tropas de Hernán Cortés, participando en la creación del futuro México.

 

Tlaxcaltecas de Bustamante (Nuevo León). Los Tlaxcalteca

Tlaxcaltecas de Bustamante (Nuevo León). Los Tlaxcaltecas

En Tlaxcala Unijadiel te cuenta la historia de la alianza de los Tlazcaltecas y los españoles, y te explica cómo  las 400 familias Tlaxcaltecas ayudaron a los españoles a conquistar muchos lugares del continente y las tierras del norte, todos los años se hace una representación de esta fecha tan importante.

Ver video:

http://www.cdi.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=1217:tlaxcaltecas-de-bustamante-nuevo-leon-los-tlaxcaltecas&catid=66:ventana-a-mi-comunidad&Itemid=22

Tlaxcaltecas de Bustamante (Nuevo León). De dónde venimos

Tlaxcaltecas de Bustamante (Nuevo León). De dónde venimos

En Bustamante descubre el orgullo de ser tlaxcalteca, de acuerdo a la tradición, hace más de 300 años que llegaron unas 400 familias a San Luis Potosí, Guanajuato y Nuevo León. Cuenta la historia que los tlaxcaltecas eran tan buenos guerreros que inclusive se negaron a pagar tributo a los aztecas, y a la llegada de los españoles se aliaron para combatir al Imperio Azteca, tan buenos guerreros eran que ayudaron a conquistar El Salvador, Cuba, Las Filipinas y parte de Alaska.

Ver video:

http://www.cdi.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=1066:tlaxcaltecas-de-bustamante-nuevo-leon-de-donde-venimos&catid=66:ventana-a-mi-comunidad&Itemid=22

V. LA COLONIZACIÓN CON TLAXCALTECAS

LA OBRA COLONIZADORA EN NUEVO LEÓN fue notablemente impulsada con tlaxcaltecas. Desde su alianza con Hernán Cortés se habían convertido en eficaces colaboradores de los españoles. El virrey Luis de Velasco firmó capitulación con la república de Tlaxcala (14 de marzo de 1591) para que cuatrocientas familias pasaran al norte, concediéndoles iguales privilegios que a los españoles, tales como recibir mercedes de tierras, usar armas, anteponer a sus nombres el tratamiento de don, montar a caballo, etc. Con estas familias fue sistemáticamente establecida una cadena de pueblos: Mezquitic, Venegas, Venado, San Luis Potosí, Guadalcázar y Santa María. En ese mismo año de 1591 fundaron, en los aledaños de Saltillo, el pueblo de San Esteban.

Pronto habrían de pasar los tlaxcaltecas también a Nuevo León. En 1646 el cronista Alonso de León fue comisionado para establecer el pueblo San Juan de Tlaxcala, en jurisdicción de Cadereyta. En ese lugar asentó a los indios principales don Domingo, don Juan, don Miguel y otros. Lamentablemente el pueblo tuvo vida efímera: los chichimecas rebelados lo asaltaron e incendiaron cuatro años más tarde. Casi todas las misiones fueron dotadas de familias tlaxcaltecas, a fin de que sirvieran de madrineras a los indios recién convertidos y los adiestraron en la vida civil, enseñándoles a arar, sembrar, etcétera.

Vida comunal

En Bustamante y en Salinas

La herencia tlaxcalteca

Devociones populares

Vida comunal

En los pueblos y en las misiones los indios vivían en comunidad. Tierras, ganado y herramientas eran de todos y todos tenían obligación igual de su cultivo y su cuidado. La cosecha de maíz, frijol y otros frutos se guardaban en la troje o almacén del templo.

El misionero repartía cada semana conforme al número de integrantes de cada familia.

En el caso de los pueblos, además del misionero, los indios contaban con un ayuntamiento, compuesto de un gobernador, un alcalde y dos o más regidores. El pueblo estaba dividido en barrios, en los cuales vivían separadamente, de acuerdo con los grupos a los cuales pertenecían: alazapas, cadimas, pames, etc. El gobierno les nombraba, además, un “protector” español, a fin de que los representara en sus problemas.

El predio en que tenían su vivienda o en el que sembraban tampoco era suyo. Después de la Independencia les fue hecho el reparto en propiedad. También les fueron asignadas entonces a cada uno las tierras de labor que anteriormente eran comunales, como lo era también agua de riego.

En Bustamante y en Salinas

Los tlaxcaltecas hicieron posible la colonización del norte de Nuevo León, pues el avance septentrional en la primera mitad del siglo XVII apenas si había logrado trasponer el río de las Salinas, llamado entonces de los Cuanaales, por ser habitación del temible grupo de este nombre.

En 1688 los tlaxcaltecas del Saltillo obtuvieron autorización del gobernador de Nuevo León, don Agustín de Echeverz y Subiza, para fundar un pueblo, al cual impusieron el nombre del marquesado o título nobiliario del gobernante: San Miguel de Aguayo (hoy villa de Bustamante). Fueron ellos los que descubrieron los yacimientos mineros en esa región propiciando la fundación del real de San Pedro de Boca de Leones (hoy Villaldama) en 1688 y el de Santiago de las Sabinas (hoy Sabinas Hidalgo) en 1692.

En el mismo año de 1686 fue fundado el pueblo de Nuestra Señora de San Juan de Tlaxcala, en la ribera del río Pesquería, frente al cerro del Camaján, en el actual municipio de Higueras, pero perteneciente entonces al valle de las Salinas. Despoblado a fines del XVIII, fue vuelto a fundar con el nombre de San Antonio de la Nueva Tlaxcala, pueblo que existía aún en 1714.

A inmediaciones de San Miguel de Aguayo les fue dado asiento, también en 1686, a los indios chichimecas de esa región, pero no perduraron. Dos o tres años después se fueron a Coahuila (Monclova), de donde “acogidos por los indios rebelados”, volvieron a San Miguel. El gobernador Mier y Torre, con anuencia de los tlaxcaltecas, les señaló tierras y establecieron el pueblo de San Antonio de los Alazapas, de que les dio posesión el 4 de agosto de 1710, donde ya había estado, “en el mismo paraje en que nos hallamos y trabajando en la propia iglesia que hoy hay”.

La herencia tlaxcalteca

Hubo tlaxcaltecas en Lampazos y los pueblos de Purificación y Concepción fueron provistos también de familias de ese origen por el licenciado Barbadillo. Los de estos dos últimos lugares fueron concentrados en 1756 en Guadalupe, que dejó de ser misión, para convertirse en pueblo, sujeto al curato de Monterrey. Sus vecinos actuales y los de Bustamante son llamados tradicional y festivamente tecos, debido a su procedencia.

Nuevo León y en general el noreste de México conserva mucho de las tradiciones y de las artesanías tlaxcaltecas. En el aspecto étnico, fue el suyo quizá el más frecuente mestizaje con el español; particularmente a partir de 1834, al ser secularizadas las misiones.

Por lo que atañe al lenguaje, todavía a fines del siglo XIX había familias en Bustamante y en Guadalupe que hablaban el náhuatl, y son muy comunes actualmente, en el habla de la región, los nahuatlismos. Se oye todavía con alguna frecuencia, en los pueblos fundados por ellos, llamar tlaxcalcuán a cierto tipo de cucaracha; chimal, a una cabellera despeinada; totache, a un sacerdote; chauixtle, a una enfermedad leve, en particular al resfrío o a la calentura palúdica.

En otras facetas se observa aún la influencia tlaxcalteca: en la construcción, el uso del adobe; en los techos de jacal, la utilización de zacate, palmito u hoja de caña; y el carrizo en las cercas o tachacuales (otro nahuatlismo).

La artesanía popular continúa produciendo ciertas sillas y mecedoras de madera de tenaza; algunos tejidos de palma, particularmente para la fabricación de sombreros, o de esferas o petates; así como cierto tipo de cestería, en la elaboración de colotes o chiquihuites (canastos); o algunas piezas de alfarería —ollas en especial— en Aramberri y Zaragoza, en el sur del estado. En casi todas las casas fueron hasta hace poco muy usuales algunos tejidos como jorongos, fajas y “talegos” con cierre “de jareta”.

En sus pueblos hubo siempre grupos que cultivaban la música. Sabían tañer el arpa y el violín, y, con “buen oído” y singular sensibilidad, formaban pequeñas orquestas y bandas, en las cuales dominaban la flauta, el clarinete, la tambora y el redoblante.

Herencia de este mundo indígena educado por los misioneros, lo son, indudablemente, los coloquios y las pastorelas. De éstas se conocen libretos con marcadísimo sabor colonial, por su lenguaje arcaizante. En este mismo campo folklórico pueden ser incluidas las danzas de matachines, que, aunque mistificadas, han llegado hasta nuestros días.

Imagineros y escultores notables, su huella en este aspecto es digna de ser estudiada con amplitud. Algunas esculturas de Cristo, como las de las parroquias de Villaldama o Hualahuises, tienen su sello inconfundible. A todas, por supuesto, las envuelve invariablemente, además, un ingenuo marco de leyenda que hace difuso su origen histórico.

Devociones populares

Los tlaxcaltecas legaron también a Nuevo León y al norte de México algunas devociones de profundo arraigo popular. El culto a Nuestra Señora del Roble, patrona de la arquidiócesis de Monterrey, es una de éstas. Hallada antes de 1635 en el hueco del tronco de un nogal, su origen tiene notoria similitud con el de Nuestra Señora de Ocotlán, en la ciudad de Tlaxcala, encontrada en el tronco de un ocote.

A una tlaxcalteca, Antonia Teresa, se debe el culto a la Purísima, en el barrio de este nombre, en Monterrey. Desde 1698 residía allí con Antonio Hernández, su marido. Hacia 1719 una gran avenida del río Santa Catarina aterrorizó a los moradores de la ciudad. La india llevó una pequeña escultura mariana a la ribera del río y el oleaje calmó sus ímpetus. El humilde jacal se convirtió en oratorio popular, que la piedad de doña Petra Gómez de Castro sustituyó en 1756, con una sólida y bella capilla de sillar. Doscientos diez años después, en 1946, el refinamiento artístico del arzobispo don Guillermo Tritschler y Córdova erigió en el mismo lugar el templo actual, obra del arquitecto Enrique de la Mora, premio nacional de arquitectura.

Uno de los cristos venerados con particular devoción es el Señor de Tlaxcala, en la parroquia de Bustamante. Esta bella escultura perteneció al bachiller Nicolás de Saldívar, “cura beneficiado de Ramos, Salinas y sus agregados”, en San Luis Potosí. En 1688 la donó a Bernabé García y Ana María, nobles caciques tlaxcaltecas feligreses suyos, mediante documentos que aprobó el doctor Felipe Galindo, obispo de Guadalajara. Establecido en 1692 el real y minas de Santiago de las Sabinas, al norte de Nuevo León, el matrimonio indígena pasó a poblarlo trayendo consigo la imagen. García murió allí; Ana María, su mujer, pasó a residir a San Miguel de Aguayo. Anciana, viuda y pobre, cedió el Cristo a los tlaxcaltecas, a cambio de que la alimentaran hasta su muerte. Hizo la donación en escritura de 19 de diciembre de 1715, otorgada ante el escribano Manuel de la Torre, cuyos protocolos se encuentran en el Archivo General de Notarías, de la ciudad de México. Anualmente, el 6 de agosto coincidiendo con la fiesta del Santo Cristo de la Capilla, de Saltillo el Señor de Tlaxcala es sacado en procesión por las calles de Bustamante. En 1800, el padre Francisco Antonio González de Paredes escribió y publicó una novena, antecedida de sucedidos prodigiosos obrados por la devota efigie.

Otra de las devociones tlaxcaltecas más populares es la del Señor de la Expiración, en ciudad Guadalupe. Refiere la leyenda que un asno, cargado con una gran caja de madera, llegó a la capillita primitiva; y asegura, además, que el mismo jumento hizo tañer la campana, haciendo que acudieran indios y frailes y se maravillaran de visita tan singular. Documentalmente se sabe que la escultura está en la parroquia desde 1715. Anualmente es sacada en procesión por las calles y su fiesta reúne a no menos de 10000 devotos. Hasta 1857 la imagen fue muchas veces conducida a Monterrey a iniciativa del ayuntamiento de la ciudad o del gobierno del estado. Uno de los misioneros, fray Antonio Manuel del Álamo, imprimió en México su novena, en 1827.

Muchas otras devociones populares, como la de Nuestra Señora de los Dolores, en Hualahuises; la de la Santa Cruz, en Villaldama; etc., constituyen la rica herencia tradicional tlaxcalteca en Nuevo León, y que no ha sido suficientemente divulgada ni aprovechada, al menos, como atracción turística.





Me sucede….

19 04 2014

Me Sucede

Escrito por: Loli el 19 Abr 2014 -

Luis Ricardo Falero. (La salida de las brujas, 1878)

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Pensar en determinadas personas que tienen la ‘fortuna’ de vivir, una mejor vida respecto a tantísimas otras.

Imaginar gentes que poseen ese ‘algo’ que no se sabe bien, que no se encuentra y de procedencia desconocida; haciéndoles aparecer ante los demás de manera diversa, interesante, hasta felices. Consideraciones que con frecuencia toman la debida distancia respecto a la realidad empírica y ávida de traiciones.

Personas maravillosas, que son punto de mira por el modo en el que se muestran, de ellas llama la atención poderosamente su excelencia elocuencia. Abducen particularidades, que efectivamente, despertarían curiosidad inclusive al gato más haragán, consagrado a la maestría del sabelotodo.

“Se dice, cuenta, rumorea… que ‘callejea’ el gato y la gata por simple curiosidad al mica/o, siendo además algo que se ha vuelto punto y lugar de encuentro común. Así qué por mi bien, será mejor que me acostumbre a las nuevas revelaciones; de por sí nada creíbles”.

Admito haber creído en sus frases, en sus palabras y recuerdos custodiados en su mente y amparados por su genial memoria, capaces de hacerme soñar como la única protagonista de su infinita fábula.

La vehemencia con la que ha sabido referir a la vida un momento concluido, jamás vivido, ¡ejem! ahora me sorprende. Letras vinculadas a fantasear y no pocas, sirvieron de ayuda en el arduo cometido de hacerme creer, no obstante todo.

Ha sido igualmente y gracias a ellas que he sido capaz de llevarlo a cabo, aún tratándose de ese ‘algo’ que no me pertenecía. La objetividad combinada y las diferentes tomas escogidas, dadas por buenas, fueron recibidas inesperadamente y sin demora para volver a hacerme soñar.

Y soñar, no causa daño más bien al contrario ¿verdad? Deseo creer que todavía existe lugar para continuar.

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Loli





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