Movimiento ¡El Blog de Yenas!


Movimiento.

Recuerdo una vez que bailé con un chavo que me gustaba mucho, y guardo tanto la impresión, que cuando daba talleres platicaba la experiencia para despertar la conciencia de la percepción.

Un asunto totalmente sensorial: Bailábamos salsa y él no era tan bueno. Pero al fin fuimos acoplándonos al paso, y de repente, sin que mirara ya sus pies que podían pisarme -de nuevo- podía mirarle la cara, mirar su sonrisa que indicaba lo mucho que se estaba divirtiendo -por fin-, sentir su mano que apretaba fuerte la mía para hacerme dar una y otra vuelta. La cadencia del ritmo, la respiración, el calor de un cuerpo cercano, y como soy un poco miope, la foto mental continúa mirando su barbilla, en ciertos momentos encontrando sus ojos que sonreían, contando cada lunar de su garganta; con un torrente de luces de colores alrededor, la vibración del bajo de la banda resonando en las bocinas y en la superficie del suelo.Al final, la canción se terminó, nos abrazamos agradeciéndonos el momento y… ya. ¡Jaja!

Nunca pasó nada con ese muchacho, pero hoy lo conservo como un buen amigo y no tengo la remota idea si él recuerda este momento con tanta claridad como yo. Pero a mí me satisface cerrar los ojos y volver a ese momento, siempre que lo hago, al abrir los ojos estoy sonriendo.

El cuerpo tiene memoria, y esta frase la he oído de mi entrenador de fútbol en la prepa, de mi primer maestro de malabares y clown, de mi maestra de yoga, de mi novio cuando salimos a correr. La memoria kinestésica a la que ellos se refieren es la que registra los movimientos del cuerpo para que, por medio de la repetición, éstos se afinan poco a poco y cada vez fluyen mejor, y los músculos y la osamenta adquieren fuerza y elasticidad. Así es como los deportistas son cada vez mejores en cada entrenamiento, y los virtuosos del baile y la acrobacia, cada vez más refinados en su arte.

Pero a mí me gusta pensar en mi cuerpo como un enorme sensor que registra no sólo los movimientos y los perfecciona a medida que se ejercita, sino también las emociones que genera el moverse y al producir tanta energía.

Me encanta la imagen que Herman Hesse, en su novela “Siddharta” cuenta: Cuando Siddharta llega -después de un largo peregrinaje- a la orilla del  mismo río que había cruzado años atrás, se encuentra con que el río es el mismo y no a la vez. Se ha estado moviendo, ha estado fluyendo y transformándose sin haber perdido su esencia.

Así me gusta visualizar mi cuerpo cuando me estoy moviendo, visualizar que fluye una energía dentro de mí que no se puede detener y se renueva a cada momento. Y después de un día de moverme mucho, de haber nadado o saltado mucho, cuando me quedo quieta puedo sentir que me sigo moviendo por dentro. Y cuando sueño, puedo sentir que me muevo dentro del sueño, y que reproduzco las sensaciones que cuando me movía despierta. A veces cuando medito, aunque estoy sentada y solo rozo dos puntas de mis dedos, puedo sentir en mi respiración un incesante vibrar por dentro y mi cuerpo meciéndose casi imperceptiblemente al ritmo de ella.

Es bueno buscar cualquier pretexto para moverse, y por eso bailar es una gran idea. Esta semana haré caso a mi calendario y buscaré bailar… No importa que no lo haga bien, el cuerpo tiene memoria, lo que importa es generar vibración sanadora y memoria emotiva-corporal; divertirse y dejar fluir la energía vital. 

¿Alguien baila conmigo? :D

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