Las elecciones en México: una manera democrática de llegar a la antidemocracia. Juan Villoro.


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30AGO / 2012

Defender la democracia

Defender la democracia

Las elecciones en México: una manera democrática de llegar a la antidemocracia.

Juan Villoro.

He tardado casi dos meses en volver a escribir sobre política. Las palabras se atoran entre los dedos en tiempos dónde el horizonte se torna gris. A unas horas que el Tribunal Electoral decida finalmente el resultado de las elecciones, es momento de respirar profundo de manera que oxigene el pensamiento. No hay nada mejor para eso que la reflexión mediante las letras.

Sostengo que jurídica y éticamente procede la invalidez de la elección presidencial por respeto a nuestra Constitución, aunque tengo claro que esto no ocurrirá.

Antes de dar algún detalle, quisiera reiterar algunas convicciones personales. Siempre he votado por las izquierdas, creo que sus programas acercan más al paradigma de libertad e igualdad que garantizarían los derechos humanos. También creo que la idea, que el voto por las izquierdas tiene un valor moral superior, es de origen autoritario y antidemocrático. Mi voto no es mejor por el sólo hecho de ser de izquierdas, creo que es mejor porque ofrece un camino hacia justicia y de libertad, pero eso lo creo yo. Aunque me parezca indebido, votar por el PRI o por el PAN o anular, no sólo es legítimo, además es un derecho y debemos respetarlo.

Para que la cultura democrática arraigue algún día debemos reconocer que ese voto por el PRI existe. Si nos peleamos con la realidad ya sabemos quién perderá. No hay programas superiores. En el terreno democrático las ideas se debaten y las personas deciden. Es precisamente porque creo que hubo millones de personas que votaron libremente por el PRI, que considero serían las primeras interesadas en separar su voto de aquel comprado. Pasados tantos días, no he escuchado a un solo priísita exigir se aclare la operación de compra de voto de su partido.

La lejanía del ideal democrático fue la regla en el pasado proceso electoral. La construcción de la candidatura de Enrique Peña Nieto mediante una sistemática estrategia de medios masivos, la utilización de las encuestas electorales como propaganda, el desvío de recursos públicos para la operación partidista, los intelectuales del estatus quo a todas horas y por todos por todos los medios intentaron presentar un apabullante ganador antes siquiera de que un voto fuera depositado en las urnas. Mintieron. Fue una contienda cerrada al grado que el PRI recurrió a la burda compra del voto mediante variados esquemas financieros la vista del mundo entero.

Después vino la satanización de los legítimos derechos, como el uso de los recursos jurídicos de impugnación, también, la apuesta al desgaste y a la falta de memoria de un pueblo forjado en lo inmediato. He vivido intensamente estos días, como siempre con una mirada crítica. Las izquierdas electorales no se prepararon bien para defender el voto, algunos de sus recursos jurídicos carecen del mínimo rigor. A pesar de ello, miles de personas han hecho una encomiable labor cívica de defensa de la democracia. Atestigüé el tiempo y la dedicación que empeñaron en el conteo voto por voto (logro por cierto de ellos mismos y que ayuda a transparentar los conteos).

Recogieron evidencia de la compra de votos en todos los rincones del país. Se manifestaron pacíficamente haciendo uso de sus derechos constitucionales. Lograron esgrimir una causa ética poderosa la defensa del voto libre ante la cual la única respuesta del sistema, es el famoso criterio de la “determinancia” es decir, se vale comprar votos si esta acción no afecta sustancialmente el resultado de la elección. Ya veo. Quizá, algún día reconoceremos a estas miles de personas como héroes cívicos, constructores de instituciones y forjadores de democracia.

Desde el punto de vista ciudadano, no es relevante si las trampas fueron o no determinantes. Debemos exigir que quien hace trampa sea descalificado, de otra manera como veremos en adelante, el fraude será calculado, la corrupción como siempre permitida y el doble discurso instaurado.

No se cumplen ni 10 años en los que el TEPJF tiene facultades de tribunal constitucional en materia electoral. En las democracias los tribunales constitucionales operan como garantes de los derechos fundamentales. Por encima de los formalismos de ley, la Constitución nos otorga como derechos la celebración de elecciones periódicas bajo principios de voto libre, equidad en las contiendas y prevalencia del financiamiento público sobre el privado, entre otros. Para hacer cumplir estos principios el tribunal pudo ejercer amplias facultades legales para investigar si las elecciones presidenciales se apegaron a ellos. No lo hizo, ni lo hará.

Las trampas fueron denunciadas, pero como escribe el consejero electoral Rubén Figueroa en el caso de la publicidad encubierta de Televisa, las investigaciones del IFE no cumplieron con la exhaustividad de ley. El TEPJF confirmó la superficialidad y la prisa por encima de la verdad. El TEPJF decidirá sin la información de lo verdaderamente sucedido en el proceso electoral. Validará un proceso plagado de irregularidades. Lo peor es que sus resoluciones fijan un estándar de actuación.

Reconocer o no el fallo, es un falso dilema democrático. A nadie se le puede obligar a creer en algo que en su más profunda convicción considera injusto y corrupto. Ética y políticamente no podemos dar crédito a la trampa. Contrario a lo que se piensa, esa actitud no daña a la democracia, cabe en ella y debe ser protegida. Más allá de “quienes no saben perder”, haríamos bien en centrar nuestra atención en quienes no saben ganar y lo hacen mediante engaños. La diferencia es que estos últimos detentarán el poder.

La tarea de las izquierdas sigue siendo enorme y compleja. Actuar en lo electoral, pero fortalecer lo social. Organizarse permanentemente de mejor manera. Denunciar la corrupción y autoritarismo que anida en sus filas y que es bastante. Desterrar las tentaciones violentas. Defender a capa y espada los derechos y libertades y finalmente documentar puntualmente lo sucedido en esta elección.

Como suele suceder, con el tiempo la verdad jurídica se verá pequeña ante la verdad histórica.

La única elección que hice el 1 de julio y que gané, fue la de comprometerme a practicar la crítica y la acción, a esforzarme por no dejar pasar la simulación y la injusticia venga de donde venga. Tiempos difíciles se avecinan, lo bueno es que no estamos solos, algo cambió en la sociedad. Veamos.

Que Enrique Peña Nieto tome control del gobierno no lo podemos evitar, que le permitamos despliegue libremente la corrupción y la represión como forma de gobierno está por verse.

En esta tarea no cabe la desesperanza. Que no nos quiten la alegría o como dice Juan Villoro “Si al perder tenemos tanto entusiasmo, ¿qué pasará cuando ganemos?”.

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