De niños y androides sujetos de derecho


De niños y androides sujetos de derecho.

Luis Alberto Barquera

¿Alguno de ustedes lo vio? Como nos cuentan Alfonso García Figueroa y Robert Alexy en Star Trek y los derechos humanos, el episodio 35 de la Next Generation, “The meassure of a man” (“La medida de un hombre”) (http://tinyurl.com/d5b2h9k), permite una reflexión estimulante sobre lo que significa ser “titular de derechos”.

El teniente Data es un androide con forma humana al servicio de la Enterprise. Ante la posibilidad de ser destruido, debido a la intención de producir estas máquinas en masa a partir de su modelo, Data se niega a obedecer el procedimiento y deja la flota estelar. Antes de partir recoge tres objetos: el holograma de su fallecida amiga Natasha Tasha Yar, sus medallas por el servicio prestado y un libro con los sonetos de Shakespeare.

¿Puede tener derechos “algo” que puede ser desconectado?

El capitán Picard se hace responsable de la defensa en el juicio. Lo anima su amistad, que Data es “único” y la posibilidad de que su destrucción conlleve a la construcción masiva de esclavos. Asume que Data es una máquina, el argumento principal de la parte acusatoria del caso, pero que lo distinguen algunos rasgos que lo cualifican como persona, lo que demuestra con los objetos que el androide decidió llevar en su maleta.

Picard saca primero las condecoraciones: “Sólo las quería, dice Data, ¿es eso vanidad?”. El libro de Shakespeare, que le regaló el propio Picard, era valioso para Data porque le recordaba el valor de la amistad y la Enterprise. El holograma de Tasha, quizá el objeto más sorprendente para efectos del juicio, tenía sentido para Data porque “Ella era especial para mí. Eramos íntimos”. ¿Demasiado humano?

Sin embargo, para la parte acusadora Data no “era un ser sensible”, sino sólo una máquina. Un “ser sensible”, de acuerdo con la definición de Maddox, debe incluir “inteligencia”, “autopercepción” y “conciencia”.

La defensa comprueba fácilmente que Data es inteligente porque tiene la capacidad de aprender, de comprender y de adaptarse a situaciones diversas. También que es consciente de su situación porque entiende perfectamente que están en juego sus derechos y su vida: “Esto es autopercepción”. Y para finalizar Picard pregunta: ¿qué pasaría si Data cumpliera con el tercero, conciencia, incluso en el menor grado? Picard reconoce que no sabe la respuesta a esta pregunta, que traslada inmediatamente a la parte acusatoria y a la juez.

Para la juez Louvois finalmente de lo que se trata es de si Data tiene alma. Pero confiesa que no sabe si él o ella misma la tienen, por lo que debe darle la libertad y la oportunidad para hallar una respuesta. La sentencia dice que Data no es propiedad de nadie y que tiene el derecho de tomar decisiones con relación a su propia persona. Así, dice Alexy, “se le declara una persona que es titular de derechos. Data queda en libertad”.

El veredicto coloca a Data a la altura de la dignidad humana. Martha Nussbaum reconocería que Data tiene agencia, es decir, la capacidad de plantearse sus propios objetivos de vida. También que puede utilizar el pensamiento y el razonamiento de un modo, curiosamente, “verdaderamente humano”, aunque su “naturaleza” esté definida por una acumulación de redes nerviosas y de algoritmos heurísticos programados por un hombre, gracias a su capacidad de aprender. Puede sentir emociones, es decir, apego por las cosas y por las personas e incluso sentir duelo por su ausencia. Data quiere que se le trate como un ser digno, de igual valía que los demás. No es algo “desechable”. No es humano, pero tiene derechos como persona.

A veces se trata a los niños como le ocurrió a Data: no se les reconoce como sujetos de derecho, en la medida en que se les ubica como “menores”, “menorcitos” o “adultos chiquitos”, como seres inferiores o androides. Pero son seres con dignidad y capacidad de agencia, es decir, de construir sus propios planes de vida, y de participar y de ejercer su autonomía para lograrlo, con los mismos derechos que los adultos, atendiendo que son personas en proceso de crecimiento y desarrollo en todos los ámbitos.

En ese proceso de crecer la educación es fundamental para que los niños estén a la altura de la dignidad humana. La educación, dice Nussbaum, “forma las aptitudes ya existentes en las personas y las transforma en capacidades internas (…) Ejerce asimismo una función capital para el desarrollo y la ejercitación de otras muchas capacidades humanas: es, pues, ‘un funcionamiento fértil’ de suma importancia para abordar los problemas de la desventaja y la desigualdad”. Y, al contrario, su ausencia implica una discapacidad duradera, una privación de bienestar social, económico, intelectual y sicológico para la persona.

Todos los niños, al igual que Data, merecen la oportunidad de encontrar sus propias respuestas. La educación es un elemento indispensable para buscarlas y humanizarnos en el camino. ■

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