Plaza Tlaxcoaque y la memoria en la democracia.


Roblesmaloof’s Blog
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20
NOV / 2012
Plaza Tlaxcoaque y la memoria en la democracia.

Plaza Tlaxcoaque y la memoria en la democracia.

Mi madre, mi padre y yo hacemos a Marcelo Ebrard y a Miguel Ángel Mancera esta exigencia. A la comisión formada para analizar el caso delmonumento a Heydar Aliyev en paseo de la Reforma le propongo este resolutivo:

La construcción de un memorial a las víctimas de la represión política, la desaparición forzada, la ejecución extrajudicial y la tortura durante la guerra sucia en plaza Tlaxcoaque, consultado con sus familiares y organizaciones civiles.

Argumentos.

Tlaxcoaque es un antiguo barrio del centro histórico en cuya plaza se encuentra un pequeño templo del Siglo XVII. Ha estado presente en mi vida. Vivo a escasos 10 minutos y la cruzo todos los días para llegar a mi hogar. Cuando el temblor de 1985 nos sorprendió sin transporte urbano, caminé desde mi escuela secundaria por todo Insurgentes hasta Fray Servando y de ahí hacia el oriente. Recuerdo muchos derrumbes, entre ellos Tlaxcoaque y el edificio de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPD).

En la Balbuena dimos refugio por un mes a vecinos de Pino Suárez y Tlaxocaque. Siendo aún niños, ayudamos en la asistencia a voluntarios y a refugiados. Por esos años iniciaba también mi relación con luchadores sociales. Recuerdo que en sus pláticas hablar de la DFS o la DIPD, era mencionar al demonio mismo, el mal absoluto:

 “Que te llevaran Tlaxcoaque, era lo peor que te podía pasar, por lo menos si llegabas a Lecumberrí sabías que no te matarían, no de inmediato”. Me contó un viejo luchador social por aquellos años.

Las instalaciones de la DIPD en Tlaxcoaque funcionaron como centro de detención, interrogatorio y derivación de detenidos de toda corporación policiaca que operaba en la ciudad en el periodo de 1965 – 1985. (La DIPD fue cerrada por decreto en Septiembre de 1985, pero siguió funcionando clandestinamente hasta el temblor de septiembre). A sus temidas crujías llegaban tanto estudiantes que repartían propaganda, disidentes sindicales, jóvenes “greñudos”, como miembros de las guerrillas urbanas. Ahí trasladaron a cerca de 400 detenidos la noche del 18 de septiembre de 1968 cuando el Ejército entró a Ciudad Universitaria, lo narra Renán Cárdenas:

En Tlaxcoaque Se portaron muy decentes conmigo, no ocurrió lo mismo con otros estudiantes: Vi como recibieron a los del Instituto Politécnico y les dieron una paliza horrorosa.

En 1976 Noé Agudo se dedicaba a lo que ahora hago. Era un activista que promovía la democracia y los derechos humanos, publicaba un periódico estudiantil “El Nieto del Ahuizote” y el miércoles 11 de agosto de ese año acudiría con un sindicalista para repartir propaganda en la vía pública a favor de la democratización del Sindicato de Telmex. Fue detenido y llevado a Tlaxcoaque:

Allí había unas sillas en las que nos sentaron para amarrarnos las manos por detrás y luego nos vendaron… Después de un largo rato comencé a escuchar gritos de dolor, alaridos, lamentos y luego sollozos y quejidos. Sentía la boca seca y a ratos dormitaba, pero despertaba al escuchar otra vez los gritos: ¡Ayy, ya no, ya no! ¡Ya déjenme, por favor! ¡Yo no sé nada, no sé, nooo! Cuando los gritos se aplacaban se oían risas, voces que decían: Bájalo…, trae al otro…, éste todavía aguanta…

Sabemos que muchos activistas entraron, pero no fueron vistas nunca más. Aquí algunas fotografías e historias.

La disidencia sexual también fue torturada en la DIPD, sobre todo quienes se “atrevían” a reunirse públicamente. Max Mejía me contó que cansados de las extorsiones en 1980 cerca de 100 gays caminaron hasta Tlaxcoaque para exigir la liberación de las personas detenidas ilegalmente, lo lograron. Fue quizá el Stonewall mexicano no documentado aún.

Hasta hoy no sabemos cuantas personas fueron detenidas, asesinadas y torturadas en Tlaxcoaque, los archivos de la DIPD están “perdidos”. La transición solo ha garantizado la impunidad a los perpetradores de la guerra sucia. Como recuerda Jean Meyer en el sismo de 1985 fueron encontrados cadáveres de personas en cajuelas de automóviles y esposados en los separos.

En el 2001 la Comisión Nacional de Derechos Humanos recibió quejas de familiares de los desaparecidos, elaboró un informe especial y unarecomendación, dónde entre otras cosas se requerían los archivos de la DIPS. Fruto de la recomendación 26/2001, se creó la  Fiscalía Especial  para Delitos del Pasado. (FEMOSPP). Está fiscalía inició procesos penales que en su totalidad han fracasado. Su “informe histórico” fue desacreditado por el gobierno y lo conocemos dado que losinvestigadores lo publicaron. Los casos se siguen en la PGR pero la justicia no ha llegado. Solo la tenacidad de Tita Radilla ha logrado justiciafuera de nuestra fronteras. La lucha por encontrar a los desaparecidos en México sigue día con día.

El obscuro legado de la DIPD en Tlaxcoaque y las consecuencias de la impunidad se extienden hasta hoy. En esa sede operó el Negro Durazoícono de la corrupción del sistema priísta, ahí se formaron quienes asesinaron al periodista Manuel Buendía en 1984. Los integrantes de la banda de “La Flor” responsables del asesinato de Fernando Martí y Jorge Palma, eran ex agentes de la DIPD. ¿Cuántos más han asesinado y torturado hasta nuestros días con las técnicas que aprendieron en Tlaxcoaque?

El gobierno de Marcelo Ebrard negoció la remodelación de esta plaza a cambio de colocar la estatua de Heydar Aliyev en Reforma. Con dinero de un violador de derechos humanos se remodeló plaza Tlaxcoaque, vaya paradoja. Sergio AguayoDaniel Gershenson y Andres Lajous entre otros, han dado argumentos de fondo. Que se retire la estatua de Aliyev no es un tema extravagante, se trata de los reflejos de los habitantes de ciudad ante los derechos humanos y su violación.  En adelante debemos reformar la ley para que en estos casos, exista una amplia consulta.

Con mi madre y mi padre visité la Plaza de la “Amistad Azerbaiján – México” el sábado pasado. Cerca de la media noche unos jóvenes jugaban con su perro y su pequeño hijo. Mi madre tocó la campana de la capilla ahora remodelada dado que un anuncio invita a hacerlo como símbolo audible de la “paz y democracia entre los pueblos”. Leímos la placa en recuerdo del “genocidio de Jodalí”. Ni una mención a las masacres sufridas por pueblo armenio, nada que nos recuerde lo que ahí sucedía hace 30 años. Lo sentimos como una ofensa.

Un memorial a las víctimas de la guerra sucia en Tlaxcoaque es lo menos que los gobiernos de la ciudad le deben a quienes con su lucha construyeron el contexto de la llegada de las izquierdas y sus valores a la Ciudad de México. La justicia para las víctimas de la guerra sucia es una tarea pendiente que nos recuerda que la impunidad que actualmente lacera nuestra convivencia, tiene un sustento histórico reciente. EnEspaña y Argentina han avanzado mucho más. En México parece que nada se mueve, solo la amnesia.

Ninguna democracia funciona adecuadamente con amplios márgenes de impunidad, ninguna se edifica sobre el olvido.

Vivos les llevaron, vivos les queremos.

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