El líder psicópata

El líder psicópata — Las crónicas del Otro Mundo

“Al principio, sonríe y saluda a todo el que encuentra a su paso, niega ser tirano, promete muchas cosas en público y en privado, libra de deudas y reparte tierras al pueblo y a los que le rodean y se finge benévolo y manso para con todos […] Suscita algunas guerras para que el pueblo […] Y para que, pagando impuestos, se hagan pobres y, por  verse forzados a dedicarse a sus necesidades cotidianas, conspiren menos contra él […] Y también para que, si sospecha de algunos que tienen temple de libertad y no han de dejarle mandar, tenga un pretexto para acabar con ellos entregándoles a los enemigos […] Y así el tirano, si es que ha de gobernar, tiene que quitar de en medio a todos éstos hasta que no deje persona alguna de provecho ni entre los amigos ni entre los enemigos.”

Creo que casi todos podríamos reconocer en esta cita a algunos de los personajes históricos que en algún momento del pasado, condujeron a la humanidad hacia un punto de inflexión terrible, hacia una época de calamidad de la que todavía hoy nos avergonzamos. Quizás, incluso si eres de aquellos que no sesgan su razón por ideas partidistas o sectarias, puedas reconocer en ella a algunos de los políticos que copan hoy en día las primeras planas en los medios de comunicación. Y es que a pesar de que dicha cita pertenece a un escrito de Platón, Politeia, de hace más de 2.500 años, parece que en el fondo, la naturaleza del ser humano no ha cambiado demasiado desde entonces.

Todo aquello en lo que crees, todo aquello que consideras que es justo y necesario, tarde o temprano termina siendo corrompido y radicalizado por un particular tipo de personas, cuyo comportamiento la ciencia todavía no se ha atrevido a catalogar como de patológico. Estos individuos, que por lo general suelen ser bastante hábiles en el manejo de las relaciones humanas, se mimetizan con el entorno social que les rodea tratando de pasar desapercibidos, buscando copiar la actitud de sus semejantes, alineándose con determinadas tendencias o ideas que en un determinado momento, pueden considerar como beneficiosas para sus intereses. Si bien estas ideas nacen con el objetivo del bien común, y en un principio pueden resultar útiles y productivas para la sociedad, con el paso del tiempo, la adhesión de estos individuos a dicha causa hace que esta comience a convertirse en algo tóxico, dañino. Pronto comienza su particular cruzada contra todos aquellos que no se muestran favorables, señalándolos con el índice acusador, haciendo uso de un discurso hiriente y jocoso, tratando con iniquidad y menosprecio a todos los que se atreven a contradecir a esa nueva corriente de pensamiento, dogma o credo que han decidido secuestrar, como si sus palabras —que no tienen más valor que las del insulto— fueran una verdad perentoria, de esas ante la que no caben medias tintas.

Da igual que se trate de una ideología política, un movimiento social o una creencia religiosa, estos individuos se dedicarán a envenenar los preceptos de esta causa hasta convertirla en una aberración. En cuestión de poco tiempo crean su propio ejército de zombis, de lacayos inconscientes que le dan la razón solamente para no verse señalados por el nuevo líder de la causa, pero este no es un líder como cualquier otro, se trata de un líder psicópata, y como tal, tiene su propia idiosincrasia. A pesar de su fervor, de su discurso agresivo, estos individuos no entienden en absoluto la idea que con tanto ímpetu parecen defender en público, incluso, si la experiencia te ha hecho generar una cierta habilidad para reconocerlos, es fácil darse cuenta de su cómica actuación, y que todos esos aspavientos, todas esas blasfemias que vociferan con tanto ahínco no es más que una burda interpretación de sus sentimientos, ya que en realidad, no les importa en absoluto aquello que proclaman con tanta vehemencia. Una vez finaliza su teatrillo, se retiran a una esquina oscura y con el rostro entrecortado por la sombra de su dicotomía moral, puede verse como el frío brillo de sus ojos relampaguea con destellos terribles: el obsesivo reflejo de una ambición desmedida.

“El psicópata  muestra  la  más  absoluta  indiferencia  ante  los  valores  personales y es incapaz  de  comprender  cualquier  asunto  relacionado  con  ellos.  No  es  capaz  de interesarse lo más mínimo por cuestiones que han sido abordadas por la literatura o  el  arte,  tales  como  la  tragedia,  la  alegría  o  el  esfuerzo  de  la  humanidad  en progresar. También le tiene sin cuidado todo esto en la vida diaria. La belleza y la fealdad, excepto  en un  sentido  muy  superficial, la  bondad,  la  maldad, el  amor,  el horror y el humor no tienen un sentido real, no constituyen una motivación para él. También es incapaz de apreciar qué es lo que motiva a otras personas. Es como si fuera ciego a los colores, a pesar de su aguda inteligencia, para estos aspectos de  la  existencia  humana.”

Cleckley, 1941

La mayoría solemos pensar que la psicopatía viene determinada por algún tipo de disfunción cerebral, una tara en los procesos cognitivos que regulan la conducta, pero el psicópata no es ningún enfermo, y sus capacidades mentales no están mermadas en ningún aspecto: simplemente podríamos decir que carecen de todo aquello que nos hace humanos. Para algunos, este comportamiento podría ser solo la manifestación circunstancial de un gen: el gen egoísta, que condiciona al individuo poseedor de dicha mutación, a actuar exclusivamente en beneficio propio. Una ventaja evolutiva que le permitiría progresar sobre una población de individuos altruistas de los que se aprovecharía como un parásito. Por otro lado, para los más  esotéricos, la falta de ese humanismo justifica la existencia de un “alma moral”, una esencia que completa la estancia del cuerpo haciendo que seamos capaces de sentir emociones, empatía, más allá de los procesos químicos y hormonales que condicionan nuestro cuerpo, siendo los psicópatas un claro ejemplo de ese recipiente vacío carente de esencia, de alma.

Y este comportamiento, que algunos pueden pensar que es excepcional, es más común de lo que parece, de hecho, solo en España hay más de un millón de “psicópatas puros” y entre cuatro y cinco millones de “psicópatas normalizados o integrados”, entre narcisistas, trepas, maquiavélicos o malvados, según el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares Iñaki Piñuel. Por lo tanto, por probabilidad, por su agudeza mental y por su gran capacidad para la manipulación, no es de extrañar que muchos de estos individuos tarde o temprano terminen  alcanzando el poder. Una vez en él, haciendo uso de su particular parasitismo, el líder psicópata iría transformando el ejercicio democrático en un ejercicio de auto beneficio,  envenenando todos los órganos de gobierno, fagocitando aquellos elementos que pueda considerar como peligrosos para sus intereses “hasta que no deje persona alguna de provecho ni entre los amigos ni entre los enemigos”.

El nuevo líder se ve finalmente triunfador con nuestra connivencia, instaurado en su particular gobierno psicópata, pero obvia que si bien la selección natural le ha dado el don de la indolencia, este don también resulta ser su maldición, puesto que, a pesar de su éxito, no es más que un cascarón vacío, ahuecado por la laboriosa acción de un ejército de termitas que debieron comenzar a devorarlo desde ese mismo día en que hizo posesión del cetro, quizás aprovechando aquel instante en que subió al atril para dar su falaz discurso, colándose por sus zapatos, abriéndose camino en su interior, ensanchando todavía más todo ese vacío que atesora, todo ese espacio vacuo que siempre estuvo ocupado por la ambición. Mientras, las manos de estos dirigentes se vuelven cada vez más y más pesadas, incapaces de señalar a otra cosa que no sea su propio bolsillo. Un estertor ronco debe escucharse cada vez que tratan de proferir una nueva mentira, hastiados, colmados por la opulencia que han conseguido. Con el tiempo, sentados en su sillón, con los labios agrietados y resecos de tanto mentir, sus cuerpos se vuelven pesados como el plomo. El pecho se debe encoger, mientras miran de soslayo hacia un punto incierto de las tinieblas que ellos mismos han creado, incapaces de comprender todo el dolor que han causado, incapaces de sentir absolutamente nada. Su piel va adquiriendo lentamente un tono metalizado, como si estuvieran bañados en cromo, y sin que se den cuenta, son transmutados en una efigie o una  estatua con la que serán recordados, venerados por algún esbirro que gozó de su protección. Pero para el resto solo será eso: un monumento al horror.

a través de El líder psicópata — Las crónicas del Otro Mundo

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¡”No hay encaje más fino que el que labran los hombres decididos a intrigar” Por José Martí!! ✌️✌️✌️

No hay encaje más fino que el que labran los hombres decididos a intrigar. Por José Martí

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New York, Octubre 19/1889.

Sr. Gonzalo de Quesada.

Mi muy querido Gonzalo:

Por lo pequeño de la letra verá Vd. que el alma anda hoy muy triste, y acaso la causa mayor sea, más que el cielo oscuro o la falta de salud, el pesar de ver cómo por el interés acceden los hombres a falsear la verdad, y a comprometer, so capa de defenderlos, los problemas más sagrados. De estas náuseas quisiera yo que no sufriese V. nunca, porque son más crueles que las otras. Por eso no le he escrito en estos días, porque cuando me cae ese desaliento estoy como ido de mí, y no puedo con la pluma la mano. Y porque quería hablarle largo, como a su buen padre le hablé, sobre el peligro en que está Vd. de que, con el pretexto de amistad, se le acerquen personas interesadas que quieran valerse de la posición de confianza de que goza, cerca de una delegación importante a la que con la astucia se quisiera deslumbrar, o confundir, o convertir, o traer a la estimación de personas que llevan el veneno donde no se les ve. Lo han de querer usar, descaradamente unos, y otros sin que Vd. lo sienta. Y yo quiero que todos le tengan a Vd., y a la persona que confía en Vd., el respeto que les he tenido yo, que me guardé bien, ni de frente ni de soslayo, de inculcar en Vd. mis ideas propias sobre estas cosas delicadas del Congreso, y sobre los hombres que de dentro o de fuera intervienen en él, por más que ni V. ni yo podamostener duda de la pureza de mis intenciones, ni del fervor de mi cariño, y eldesinterés de mi vigilancia, por mi tierra, y por toda nuestra América.

Vd. es discretísimo; pero no me ha de tener a mal que lo ponga en guardia sobre estas asechanzas sutiles. Si entra en las funciones de Vd. ponerdelante al caballero a quien acompaña las opiniones sobre este asunto, póngale por igual las del Tribune y el Avisador, y las del Post, el Herald y el Times. Refrene, en cuanto a las personas, el entusiasmo natural a su gallardo corazón; y estudie los móviles torcidos que a veces se esconden bajo las más deslumbrantes prendas exteriores. No hable mal ni bien de quien oiga hablar bien o mal, hasta saber si hay causa para el elogio o la censura, o si lo que se ha querido es acreditar o desacreditar a una persona, por el medio indirecto e involuntario de Vd. No hay encaje más fino que el que labran los hombres decididos a intrigar, o necesitados de servir.

Es necesario ser hábil y honrado, contra los que son hábiles, y no honrados. Esto se lo digo a Vd., como me lo diría a mí mismo, -porque preveo que no se ha de dejar sin intentar el propósito de llegar por medio de Vd. al ánimo de la delegación, que es de tanto peso y juicio, y de pueblo tan viril, que de nadie busca ni necesita consejo, pero pudiera, sobre todo en cuanto a los hombres, formarse opinión errada y peligrosa de esta persona o aquella, por verlas- en buen predicamento con los que tienen merecida su confianza: Vd. hará, para empezar, un buen oficial de caballería, porque ve de lejos, lo que es igualmente necesario en los tratos con los enemigos, y con los
hombres. ¿Qué más tengo que decirle, sino que me perdone en gracia de que son por su bien, estas vejeces?

Ahora le hablaré de lo que nos toca más de cerca que nuestras mismas personas: de lo de nuestra tierra. Hay marea alta en todas estas cosas de anexión, y se ha llegado a enviar a La Discusión de la Habana, desde Washington, una correspondencia sobre una visita a Blaine, en favor de la anexión, en que la dan por prometida por Blaine, y al calce están mis iniciales: ¡y en Cuba creen los náufragos, que se asen de todo, que es mía la carta, a pesar de que es una especie de anti-vindicación, y que yo estoy en tratos con Blaine, y lo demás que en Cuba puede suponerse de que los revolucionarios de los E. Unidos anden en arreglos con el gobierno norteamericano!: hasta ofertas de agencia he recibido de personas de respeto, como primer resultado de esta superchería. En instantes en que el cansancio es freno de la Isla empieza a producir el espíritu y unión indispensables para intentar el único recurso, es coincidencia infortunada ésta del Congreso, de donde nada práctico puede salir, a no ser lo que convenga a los intereses norteamericanos, que no son, por de contado, los nuestros. Y lo que Vd. me dice, y ha hecho muy bien en decirme, agrava esta situación, con la única ventaja de que el tiempo perdido en estas esperanzas falsas, lo emplearemos, los que estamos en lo real, en organizarnos mejor.

Pero no es por nuestras simpatías por lo que hemos de juzgar este caso. Es, y hay que verlo como es. Creo, en redondo, peligroso para nuestra América, o por lo menos inútil, el Congreso Internacional. Y para Cuba, sólo una ventaja le veo, dadas las relaciones amistosas de casi todas las Repúblicas
con España, en lo oficial, y la reticencia y deseos ocultos o mal reprimidos de este país sobre nuestra tierra: -la de compeler a los Estados Unidos, si se dejan compeler, por una proposición moderada y hábil, a reconocer que “Cuba debe ser independiente”. Por mi propia inclinación, y por el recelo-a
mi juicio justificado-con que veo el Congreso, y todo cuanto tienda a acercar o identificar en lo político a este país y los nuestros, nunca hubiera pensado yo en sentar el precedente de poner a debate nuestra fortuna, en un cuerpo donde, por su influjo de pueblo mayor, y por el aire
del país, han de tener los Estados Unidos parte principal. Pero la predilección personal, que puede venir de las pasiones, debe ceder el paso, en lo que no sea cosa de honor, a la predilección general: y pronto entendí que era inevitable que el asunto de Cuba se presentase ante el Congreso, de un modo o de otro, y en lo que había que pensar era en presentarlo de modo más útil. Para mí no lo es ninguno que no le garantice a Cuba su absoluta independencia.

Para que la isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque, si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. Eso espera este país, y a eso debemos oponernos nosotros. Lo que del Congreso se había de obtener era, pues, una recomendación que llevase aparejado el reconocimiento de nuestro
derecho a la independencia y de nuestra capacidad para ella, de parte del gobierno norteamericano, que, en toda probabilidad, ni esto querrá hacer, ni decir cosa que en lo menor ponga en duda para lo futuro, o comprometa por respetos expresos anteriores, su título al dominio de la Isla. De los
pueblos de Hispano América, ya lo sabemos todo: allí están nuestras cajas y nuestra libertad.
De quien necesitamos saber es de los Estados Unidos; que está a nuestra puerta como un enigma, por lo menos. Y un pueblo en la angustia del nuestro necesita despejar el enigma; -arrancar de quien pudiera desconocerlos, la promesa de respetar los derechos que supiésemos adquirir con nuestro empuje-, saber cuál es la posición de este vecino codicioso, que confesamente nos desea, antes de lanzarnos a una guerra que parece inevitable, y pudiera ser inútil, por la determinación callada del vecino de oponerse a ella otra vez, como medio de dejar la isla en estado de traerla
más tarda a sus manos, ya que sin un crimen político, a que sólo con la intriga se atrevería, no podría echarse sobre ella cuando viviera ya ordenada y libre. Eso tenía pensado, contando con que en el Congreso no nos han de faltar amigos que nos ayudasen a aclarar nuestro problema, por
simpatía o por piedad. Y como pensaba componer la exposición de manera que en ella cupiesen todas las opiniones, en José Ignacio pensé, como pensé en Ponce y en cuantos, con diferencia de métodos, quieren de veras a su país, para que acudiesen al Congreso con sus firmas, en una solicitud que el Congreso no podía dejar de recibir, y a la que los Estados Unidos, por la moderación y habilidad de la súplica, no habría hallado acaso manera decorosa de negar una respuesta definitiva: y así, con este poder, batallar con más autoridad y a campos claros.

Del Congreso, pues, me prometía yo sacar este resultado: la imposibilidad de que, en una nueva guerra de Cuba, volviesen a ser los Estados Unidos, por su propio interés, los aliados de España. Nada, en realidad, espero, porque, en cuestión abierta como ésta, que tiene la anexión de la Isla como uno de sus términos, no es probable que los Estados Unidos den voto que en algún modo
contraríe el término que más les favorece. Pero eso es lo posible, y el deber político de este instante, en la situación revuelta, desesperada, y casi de guerra, de la Isla. Y eso estaba yo decidido a hacer. Y aun no sé si será mi deber hacerlo, acompañado, o solo. En esto me llega su carta de Vd. De los móviles de José Ignacio Rodríguez no hay que hablar. Ama a su patria con tanto fervor como el que más, y la sirve según su entender, que en todo es singularmente claro, pero en estas cosas
de Cuba y el Norte va guiado de la fe, para mí imposible, en que la nación que por geografía, estrategia, hacienda y política necesita de nosotros, nos saque con sus manos de las del gobierno español, y luego nos dé, para conservarla, una libertad que no supimos adquirir, y que podemos usar en daño de quien nos la ha dado. Esta fe es generosa; pero como racional, no la puedo compartir. Lo que en todo el documento, tal como V. me lo pinta, se demuestra, no es tanto la razón de que Cuba sea independiente, sino la necesidad que la nación de más intereses y aspiraciones en América tiene de poseer la isla, el mal que le puede venir de que otro la posea.

Aparte de lo histórico, en cuanto al espantapájaros que mató de una vez Juárez, a la invasión de un poder europeo en América: ¿no está Europa en las Antillas? ¿Francia? ¿Inglaterra?: ¿pudieron, por tener la Isla, reconquistar la América los españoles, ni cuando Barradas, ni cuando Méndez Núñez? De esas alegaciones tomarán los Estados Unidos refuerzo para sus propósitos, confesos o tácitos. La indemnización ¿quién la había de garantizar, sino la única nación americana que puede hacerla efectiva? Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? Ni ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera, -no del pueblo que es, propio y capaz-, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Base más segura quiero para mi pueblo. Ese plan, en sus resultados, sería un modo directo de anexión. Y su simple presentación lo es. Lo anima en Rodríguez, el deseo puro de obtener la libertad de su tierra por la paz. Pero no se obtendrá; o se obtendrá para beneficio ajeno.

El sacrificio oportuno es preferible a la aniquilación definitiva. Es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos, y la existencia de Cuba independiente, sin la pérdida, o una transformación que es como la pérdida, de nuestra nacionalidad. Sírvanos el Congreso, en lo poco que puede, pero sea para el bien de Cuba, y para poner en claro su problema, no para perturbarla, por lo pronto, con esperanzas que han de salir una vez más fallidas, o si no salen, no han de ser para su beneficio.

Y ahora, los hombres. Dos cosas pueden ser, y sólo la parte de Rodríguez me impide creer que sea una de ellas. O los capitalistas y políticos de la costa, con ayuda y simpatía de quienes siempre ayudan estas cosas en Washington, han ido penetrando sutilmente hasta hallar en Rodríguez un
auxiliar desinteresado y valioso, y este plan viene a ser la aparición de un propósito fijo de hombres del Norte, que es lo que me inclino a creer; o por comunidad de las ideas limpias de Rodríguez, la pasión constante del revolucionario González, y el interés confeso y probado de Moreno, se han
venido a producir un modo de pensar, que como todo lo que lleva esperanza a los infelices, y libertad cómoda a los débiles, tendrá muchos adeptos, aquí y en Cuba, pero en el que no quisiera yo ver persona como Rodríguez junto a un hombre del descrédito de Moreno, y de la poca autoridad de Luna. No sé hablar mal de los hombres. Pero Moreno no es buena compañía, aparte de lo ridículo de su persona, que sólo por la idea simpática que le llevaba, y por el respeto de su puesto de representante, pudo parecer bien, como Vd. me dice, al entusiasta González. De González, nada sé, sino lo que se puede saber de la expedición de López, que Vd., recordando o preguntando, lo
sabrá. Y por unas líneas suyas que leí en días pasados, sé que es de los que aman con pasión a este país, y no verían con menos que júbilo la anexión del nuestro. ¿Y si no es anexionista el plan de que me habla, qué hacen en él Moreno y Luna, anexionistas confesos? Eso es lo que pienso. Gonzalo, va al vuelo de la pluma, como quisiera yo ir, y escribir con mi sangre, para que se me viera la verdad. ¿Pero a qué he de ir, caso de que pudiera yo, que por mi tierra todo lo abandono, salir de este banco de la esclavitud? Si fuera útil, yo iría: pero ¿quién, por oírme, va a cejar en sus pasiones de años,
ni a creer que lo que habla en mí no es una pasión opuesta a la suya? Otros me llaman de Washington, y por respetos no voy. Mis ideas no las callo, aunque Vd. sólo hará uso de ellas donde puedan contribuir a la concordia. Sí estas cosas se transformasen, o llegasen a estado que requiriese acción, o pudiera mí presencia allí servir de veras ¿no daría este corto viaje por su
patria, el que se muere de ella?

No eche al cesto estos renglones, para volver a leerlos juntos. Me pidió dos, y vea. Eso le dirá cómo le estima su amigo,

Martí

Tomado de la pág. 373 del tomo II de las OBRAS ESCOGIDAS en tres tomos de José Martí, Ciencias Sociales, 2002

 

 

¡Amor, paz y felicidad para todos los seres vivos que habitamos el universo II!

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¡Amor, paz y felicidad para todos los seres vivos que habitamos el universo!

Sea éste un llamado urgente a tomar conciencia, a cerrar filas, a entender que esta es una larga lucha quijotesca por la supervivencia de la humanidad y la paz mundial, que el odio no se combate con odio, que la violencia engendra violencia y que la diversidad es la mayor fortaleza que tenemos como humanidad: hoy comienza un nuevo día, podemos comenzar de nuevo; por cada mensaje de odio, encono y de miedo que recibamos, vamos a enviar diez mensajes de Amor, de Paz y de Felicidad, inundemos el whatsaap y las redes sociales de Amor, Paz y Felicidad. Dios nos bendiga a todas y a todos!!

Jesús Torres Navarro.

“El razonamiento puede servir para demostrar con alguna apariencia de solidez las tesis más absurdas.”

André Maurois. Emile Hersog.

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¡Hola querida Amiga…, ayer recibí el mensaje que me mandaste por whatsaap y que tiene como título: QUE CARTA!!!.. ya lo había leído anteriormente también en whatsaap y la verdad, aunque no me gustó y hasta me molestó, no le daba mayor importancia, pero ayer decidí prestarle más atención, rápido vi el mensaje subliminal subyacente y la intención perversa de alterar los sentimientos y las emociones de quienes lo leyeran; infundir odio, encono hasta entre vecinos y familiares…no hay que perder de vista nunca que los métodos más efectivos de represión social son aquellos que pasan desapercibidos.

Con mucha pena pero animado por la confianza entre nosotros puedo decirte dos cosas; una, es razonable lo que se dice en el mensaje, en tanto que es producto de un razonamiento, y la otra, es que NO estoy de acuerdo con lo que dice, es absurdo y tendencioso, es un mensaje subliminal peligroso y te voy a explicar porque, desde mi punto de vista:

Evidentemente es uno de los muchos mensajes que filtran en las redes sociales, en whatsaap principalmente, los que controlan las diferentes corrientes de opinión que acaparan un gran porcentaje de las “opiniones” que flotan en el ambiente, su propósito es infundir miedo, odio, encono y confusión en los ciudadanos de a pie que utilizamos todos los días las redes sociales; en la sociedad civil pues.

Nos bombardean lanzándonos humaredas de nubes de confusión que no permiten que veamos y entendamos las diferencias entre lo que son los derechos humanos, los derechos cívicos, el derecho a votar y ser votado por ejemplo, y los derechos civiles o ciudadanos establecidos en el conjunto de leyes que rigen la convivencia en sociedad y que en los estados democráticos obligan a los gobiernos a garantizar la seguridad pública, el bienestar y el patrimonio de todos los ciudadanos y la convivencia armónica del pueblo, anteponiendo siempre los superiores intereses del desarrollo social, el ejercicio pleno y el respeto irrestricto de los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente.

Los Derechos Humanos son universales, es decir son derechos de todos los seres humanos, no es posible excluir a ninguna persona por ninguna razón; todos somos iguales a los ojos de Dios, así como lo somos ante los derechos humanos consagrados en La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, firmada por los países miembros en Diciembre de 1947 y que entró en vigor en 1948, y ante la Constitución de cada País. Es un principio fundamental de la democracia: los mismos derechos para todas las personas. Son derechos personales a los que no se puede renunciar, derechos que no se pueden trasferir…y nadie, ni los estados mismos, puede quitarle a ninguna persona.

“LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

Artículo 1.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.

Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.

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Se trata de mensajes que nadie firma, minuciosamente elaborados por expertos mercadólogos del odio y el encono, programados para impactar en los sentimientos y emociones de la gente; ciudadanos comunes y corrientes como tú y como yo, bueno yo más corriente que común, que generalmente no leemos completos los mensajes que comparten en whatsaap pero que los compartimos con leer tan solo el título y la primera frase. En este caso:

“QUE CARTA”! ¡ ¡……………

LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA LOS HUMANOS DERECHOS.

Contundente razonamiento que postula una tesis aparentemente sólida, pero totalmente absurda, tendenciosa y fascista.

¡Ahora resulta que son sólo para los humanos derechos, los derechos humanos…¿y los jorobados, los chuecos, los encorvados de la tercera edad, los diferentes y…? no para ellos NO SON los derechos humanos! Que se mueran los feos, como quien dice.

Nos quieren dividir, todos hasta los políticos que dicen que nos van a salvar, que son la esperanza…divididos, como ya estamos la sociedad civil en México y en prácticamente en todo el mundo, confundidos, con miedo y enojados, ya sin pensar ayudamos, sin querer queriendo, a quienes nos están jodiendo desde hace muchos años difundiendo los mensajes de odio que nos mandan.

Tendenciosamente nos presentan una historia tipo novela trágica que puede que sea de la vida real, pero con personajes sin nombre, ni especificar lugar ni fecha, que detalladamente describe la madre de un joven asesinado en una carta que le escribe a la madre del joven pandillero que asesinó a su hijo y que se encuentra preso por ello, diciéndole que la vio en televisión parece que encabezando una manifestación exigiendo junto con otras madres de pandilleros, que trasladaran a sus hijos a cárceles más cercanas a donde ellas vivían; reclamando el respeto de los derechos de sus hijos encarcelados como dice la autora de la “carta” diciéndole a fin de cuentas (o cuentos) a la madre del joven asesino preso que no tiene derecho a reclamar derechos para su hijo, ni para ella como madre, que los derechos humanos SON para los humanos derechos.

Por favor queridas y queridos amigas y amigos, amables lectores YA BASTA no sigamos haciéndoles el juego, el trabajo sucio a los fascistas, ese monstro de mil cabezas que se está posicionando cada vez más en nuestro atribulado mundo, pensemos detenidamente sobre el efecto que causan las publicaciones tendenciosas, que aunque razonables y aparentemente sólidas, promueven el odio y la división entre nosotros y nos mortifican tanto a muchos que hasta nos deprimen y enferman.

Vamos a dejar de repudiar la vida que tenemos y aceptar que para cambiar las cosas primero tenemos que cambiar nosotros, que vivimos en un mundo con una gran diversidad, respetemos a los demás, aceptemos que muchos son diferentes que nosotros, procuremos ser cada día mejores, amémonos mucho a nosotros mismos; nos enseñaron a competir con todos, que para lograr el éxito teníamos que pisotear a muchos. Revelémonos en contra de esos falsos “paradigmas” y entendamos, de una vez por todas, que nuestra mayor fortaleza es nuestra diversidad, que si queremos sobrevivir en este convulsivo mundo en el que vivimos tenemos que unirnos a pesar de nuestras diferencias, en una hermandad mutualista y solidaria con los más vulnerables, rechazar la violencia, el odio y el encono y demostrarle a todos y a nosotros mismos que solo con AMOR lograremos la verdadera paz mundial. Vamos juntos a construir un mundo mejor para nosotros, para nuestros hijos, nuestros nietos y nuestra descendencia futura. Él Amor todo lo puede.

Rescatemos los espacios públicos para la poesía, el dialogo y la convivencia armónica en nuestras comunidades reales y virtuales, pensemos muy bien lo que decimos y publicamos y hagámonos dueños de nuestras propias opiniones para dignificar las voces individuales y efectivamente contener el avance de los fascistas señores del odio en todo el planeta.

Un ejemplo muy elocuente de la aseveración anterior es el caso del panzón ex gobernador de Veracruz actualmente, entiendo que, juzgado por lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y uso indebido de recursos públicos, en torno al cual se ha montado una cobertura mediática tipo circo romano cibernético que con cínico sarcasmo se ha encargado sutilmente de dividir en dos grupos las distintas “opiniones ciudadanas”; unos, los que dicen que lo van a dejar libre y los otros, que dicen que lo van a condenar y le van a “bajar” el dinero que se robó. Hay diferentes matices en ambos grupos pero también hay consenso: todos aplauden el hecho de que esté siendo juzgado ¡nunca se había llegado a tanto en la lucha contra la corrupción! Dice el coro de…

Verdaderamente lamentable, absurdo, aberrante y cínico lo que estamos viendo, somos testigos de la efectividad y la eficacia del método mediático utilizado, en este caso, para reprimir la conciencia colectiva a tan mínima expresión que los ciudadanos en general ni caso le hacen a las voces discordantes muy pocas por cierto. Todos están felices o enojados según el caso, pero muy pendientes de lo que pasa en el juicio. Me dueles México. No he leído o escuchado que se manifiesten y exijan que se le juzgue por los asesinatos, los secuestros, las extorciones, los desaparecidos, las torturas, los panteones clandestinos y los demás atroces crímenes cometidos por él u ordenados por él.´

Sea éste un llamado urgente a tomar conciencia, a cerrar filas, a entender que esta es una larga lucha quijotesca por la supervivencia de la humanidad y la paz mundial, que el odio no se combate con odio, que la violencia engendra violencia y que la diversidad es la mayor fortaleza que tenemos como humanidad: hoy comienza un nuevo día, podemos comenzar de nuevo; por cada mensaje de odio, encono y de miedo que recibamos, vamos a enviar diez mensajes de Amor, de Paz y de Felicidad, inundemos el whatsaap y las redes sociales de Amor, Paz y Felicidad. Dios nos bendiga a todas y a todos!!

Jesús Torres Navarro.

¡Amor, paz y felicidad para todos los seres vivos que habitamos el universo!

 “El razonamiento puede servir para demostrar con alguna apariencia de solidez las tesis más absurdas.”

André Maurois

Emile Hersog

¡Amor, paz y felicidad para todos los seres vivos que habitamos el universo!

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¡Hola querida Amiga…, ayer recibí el mensaje que me mandaste por whatsaap y que tiene como título: QUE CARTA!!!.. ya lo había leído anteriormente también en whatsaap y la verdad, aunque no me gustó y hasta me molestó, no le daba mayor importancia, pero ayer decidí prestarle más atención, rápido vi el mensaje subliminal subyacente y la intención perversa de alterar los sentimientos y las emociones de quienes lo leyeran; infundir odio, encono hasta entre vecinos y familiares…no hay que perder de vista nunca que los métodos más efectivos de represión social son aquellos que pasan desapercibidos.

Un paréntesis necesario para la reflexión.

(Un ejemplo muy elocuente de la aseveración anterior es el caso del panzón ex gobernador de Veracruz actualmente, entiendo que, juzgado por lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y uso indebido de recursos públicos, en torno al cual se ha montado una cobertura mediática tipo circo romano cibernético que con cínico sarcasmo se ha encargado sutilmente de dividir en dos grupos las distintas “opiniones ciudadanas”; unos, los que dicen que lo van a dejar libre y los otros, que dicen que lo van a condenar y le van a “bajar” el dinero que se robó. Hay diferentes matices en ambos grupos pero también hay consenso: todos aplauden el hecho de que esté siendo juzgado ¡nunca se había llegado a tanto en la lucha contra la corrupción! Dice el coro de…

Verdaderamente lamentable, absurdo, aberrante y cínico lo que estamos viendo, somos testigos de la efectividad y la eficacia del método mediático utilizado, en este caso, para reprimir la conciencia colectiva a tan mínima expresión que los ciudadanos en general ni caso le hacen a las voces discordantes muy pocas por cierto. Todos están felices o enojados según el caso, pero muy pendientes de lo que pasa en el juicio. Me dueles México. No he leído o escuchado que se manifiesten y exijan que se le juzgue por los asesinatos, los secuestros, las extorciones, los desaparecidos, las torturas, los panteones clandestinos y los demás atroces crímenes cometidos por él u ordenados por él).

Sigue la contestación al mensaje de mi amiga.

Con mucha pena pero animado por la confianza entre nosotros puedo decirte dos cosas; una, es razonable lo que se dice en el mensaje, en tanto que es producto de un razonamiento, y la otra, es que NO estoy de acuerdo con lo que dice, es absurdo y tendencioso, es un mensaje subliminal peligroso y te voy a explicar porque, desde mi punto de vista:

Evidentemente es uno de los muchos mensajes que filtran en las redes sociales, en whatsaap principalmente, los que controlan las diferentes corrientes de opinión que acaparan un gran porcentaje de las “opiniones” que flotan en el ambiente, su propósito es infundir miedo, odio, encono y confusión en los ciudadanos de a pie que utilizamos todos los días las redes sociales; en la sociedad civil pues.

Nos bombardean lanzándonos humaredas de nubes de confusión que no permiten que veamos y entendamos las diferencias entre lo que son los derechos humanos, los derechos cívicos, el derecho a votar y ser votado por ejemplo, y los derechos civiles o ciudadanos establecidos en el conjunto de leyes que rigen la convivencia en sociedad y que en los estados democráticos obligan a los gobiernos a garantizar la seguridad pública, el bienestar y el patrimonio de todos los ciudadanos y la convivencia armónica del pueblo, anteponiendo siempre los superiores intereses del desarrollo social, el ejercicio pleno y el respeto irrestricto de los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente.

Los Derechos Humanos son universales, es decir son derechos de todos los seres humanos, no es posible excluir a ninguna persona por ninguna razón; todos somos iguales a los ojos de Dios, así como lo somos ante los derechos humanos consagrados en La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, firmada por los países miembros en Diciembre de 1947 y que entró en vigor en 1948, y ante la Constitución de cada País. Es un principio fundamental de la democracia: los mismos derechos para todas las personas. Son derechos personales a los que no se puede renunciar, derechos que no se pueden trasferir…y nadie, ni los estados mismos, puede quitarle a ninguna persona.

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“LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

Artículo 1.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.

Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.

Se trata de mensajes que nadie firma, minuciosamente elaborados por expertos mercadólogos del odio y el encono, programados para impactar en los sentimientos y emociones de la gente; ciudadanos comunes y corrientes como tú y como yo, bueno yo más corriente que común, que generalmente no leemos completos los mensajes que comparten en whatsaap pero que los compartimos con leer tan solo el título y la primera frase. En este caso:

“QUE

CARTA”! ¡ ¡……………

LOS DERECHOS HUMANOS SON PARA LOS HUMANOS DERECHOS.

Contundente razonamiento que postula una tesis aparentemente sólida, pero totalmente absurda, tendenciosa y fascista.

¡Ahora resulta que son sólo para los humanos derechos, los derechos humanos…¿y los jorobados, los chuecos, los encorvados de la tercera edad, los diferentes y…? no para ellos NO SON los derechos humanos! Que se mueran los feos, como quien dice.

Nos quieren dividir, todos hasta los políticos que dicen que nos van a salvar, que son la esperanza…divididos, como ya estamos la sociedad civil en México y en prácticamente en todo el mundo, confundidos, con miedo y enojados, ya sin pensar ayudamos, sin querer queriendo, a quienes nos están jodiendo desde hace muchos años difundiendo los mensajes de odio que nos mandan.

Tendenciosamente nos presentan una historia tipo novela trágica que puede que sea de la vida real, pero con personajes sin nombre, ni especificar lugar ni fecha, que detalladamente describe la madre de un joven asesinado en una carta que le escribe a la madre del joven pandillero que asesinó a su hijo y que se encuentra preso por ello, diciéndole que la vio en televisión parece que encabezando una manifestación exigiendo junto con otras madres de pandilleros, que trasladaran a sus hijos a cárceles más cercanas a donde ellas vivían; reclamando el respeto de los derechos de sus hijos encarcelados como dice la autora de la “carta” diciéndole a fin de cuentas (o cuentos) a la madre del joven asesino preso que no tiene derecho a reclamar derechos para su hijo, ni para ella como madre, que los derechos humanos SON para los humanos derechos.

Por favor queridas y queridos amigas y amigos, amables lectores YA BASTA no sigamos haciéndoles el juego, el trabajo sucio a los fascistas, ese monstro de mil cabezas que se está posicionando cada vez más en nuestro atribulado mundo, pensemos detenidamente sobre el efecto que causan las publicaciones tendenciosas, que aunque razonables y aparentemente sólidas, promueven el odio y la división entre nosotros y nos mortifican tanto a muchos que hasta nos deprimen y enferman.

Vamos a dejar de repudiar la vida que tenemos y aceptar que para cambiar las cosas primero tenemos que cambiar nosotros, que vivimos en un mundo con una gran diversidad, respetemos a los demás, aceptemos que muchos son diferentes que nosotros, procuremos ser cada día mejores, amémonos mucho a nosotros mismos; nos enseñaron a competir con todos, que para lograr el éxito teníamos que pisotear a muchos. Revelémonos en contra de esos falsos “paradigmas” y entendamos, de una vez por todas, que nuestra mayor fortaleza es nuestra diversidad, que si queremos sobrevivir en este convulsivo mundo en el que vivimos tenemos que unirnos a pesar de nuestras diferencias, en una hermandad mutualista y solidaria con los más vulnerables, rechazar la violencia, el odio y el encono y demostrarle a todos y a nosotros mismos que solo con AMOR lograremos la verdadera paz mundial. Vamos juntos a construir un mundo mejor para nosotros, para nuestros hijos, nuestros nietos y nuestra descendencia futura. Él Amor todo lo puede.

Rescatemos los espacios públicos para la poesía, el dialogo y la convivencia armónica en nuestras comunidades reales y virtuales, pensemos muy bien lo que decimos y publicamos y hagámonos dueños de nuestras propias opiniones para dignificar las voces individuales y efectivamente contener el avance de los fascistas señores del odio en todo el planeta.

¡Amor, paz y felicidad para todos los seres vivos que habitamos el universo!

Atentamente,

Jesús Torres Navarro.

EL LOBO ESTEPARIO

EL LOBO ESTEPARIO

Hermann Hesse

Sinopsis

INTRODUCCIÓN

Contiene este libro las anotaciones que nos quedan de aquel hombre, al que, con una expresión que él mismo usaba muchas veces, llamábamos el lobo estepario. No hay por qué examinar si su manuscrito requiere un prólogo introductor; a mí me es en todo caso una necesidad agregar a las hojas del lobo estepario algunas, en las que he de procurar estampar mi recuerdo de tal individuo. No es gran cosa lo que sé de él, y especialmente me han quedado desconocidos su pasado y su origen. Pero de su personalidad conservo una impresión fuerte, y como tengo que confesar, a pesar de todo, un recuerdo simpático.

El lobo estepario era un hombre de unos cincuenta años, que hace algunos fue a casa de mi tía buscando una habitación amueblada. Alquiló el cuarto del doblado y la pequeña alcoba contigua, volvió a los pocos días con dos baúles y un cajón grande de libros, y habitó en nuestra casa nueve o diez meses. Vivía muy tranquilamente y para sí, y a no ser por la situación vecina de nuestros dormitorios, que trajo consigo algún encuentro casual en la escalera o en el pasillo, no hubiésemos acaso llegado a conocernos, pues sociable no era este hombre, al contrario, era muy insociable, en una medida no observada por mí en nadie hasta entonces; era realmente, como él se llamaba a veces, un lobo estepario, un ser extraño, salvaje y sombrío, muy sombrío, de otro mundo que mi mundo. Yo no supe, en verdad, hasta que leí éstas sus anotaciones, en qué profundo aislamiento iba él llevando su vida a causa «de su predisposición y de su sino, y cuán conscientemente reconocía él mismo este aislamiento como su propia predestinación. Sin embargo, ya en cierto modo lo había conocido yo antes por algún ligero encuentro y algunas conversaciones, y el retrato que se deducía de sus anotaciones, era en el fondo coincidente con aquel otro, sin duda algo más pálido y defectuoso, que yo me había forjado por nuestro conocimiento personal.

Por casualidad estaba yo presente en el momento en que el lobo estepario entró por vez primera en nuestra casa y alquiló la habitación a mi tía. Llegó a mediodía, los platos estaban aún sobre la Mesa, y yo disponía de media hora antes de tener que volver a mi oficina. No he olvidado la impresión extraña y muy contradictoria que me produjo en el primer encuentro: Entró por la puerta cristalera, después de haber llamado a la campanilla, y la tía le preguntó en el corredor, medio a oscuras, lo que deseaba. Pero él, el lobo estepario, había levantado olfateaste su cabeza afilada y rapada, y, oliendo con su nariz nerviosa en derredor, exclamó, antes de contestar ni de decir su nombre: “¡Oh!, aquí huele bien.” Y al decir esto, sonreía, y mi tía sonreía también, pero a mí se me antojaron más bien cómicas estas palabras de saludo y tuve algo contra él.

—Bien —dijo—; vengo por la habitación que alquila usted

Sólo cuando los tres subimos la escalera hasta el doblado, pude observar más exactamente al hombre. No era muy alto, pero tenía los andares y la posición de cabeza de los hombres corpulentos, llevaba un abrigo de invierno, moderno y cómodo, y, por lo demás, vestía decentemente, pero con descuido, estaba afeitado y llevaba muy corto el cabello, que acá y allá empezaba a adquirir tonalidades grises. Sus andares no me gustaron nada en un principio; tenía algo de penoso e indeciso, que no armonizaba con su perfil agudo y fuerte, ni con el tono y temperamento de su conversación. Sólo más adelante observé y supe que estaba enfermo y que le molestaba andar. Con una sonrisa especial, que entonces también me resultó desagradable, pasó revista a la escalera, a las paredes y ventanas, y a las altas alacenas en el hueco de la escalera; todo ello parecía gustarle y, sin embargo, al mismo tiempo le parecía en cierto modo ridículo. En general, todo el individuo daba la impresión como si llegara a nosotros de un mundo extraño, por ejemplo de países ultramarinos, y encontrara aquí todo muy bonito, sí, pero un tanto cómico. Era, como no puedo menos de decir, cortés, hasta agradable, estuvo en seguida conforme y si objeción alguna con la casa, la habitación y el precio por el alquiler y el desayuno, y, sin embargo, en torno de toda su persona había como una atmósfera extraña y, al parecer, no buena y hostil. Alquiló la habitación, alquiló también la alcoba contigua, se enteró de todo lo concerniente a calefacción, agua, servicio y orden doméstico, escuchó todo atenta y amablemente, estuvo conforme con todo, ofreció en el acto una señal por el precio del alquiler, y, sin embargo, parecía que todo ello no le satisfacía por completo, se hallaba a sí propio ridículo en todo aquel trato y como si no lo tomara en serio, como si le fuera extraño y nuevo alquilar un cuarto y hablar en cristiano con las personas, cuando él estaba ocupado en el fondo en cosas por completo diferentes. Algo así fue mi impresión, y ella hubiera sido desde luego muy mala, a no estar entrecruzada y corregida por toda clase de pequeños rasgos. Ante todo era la cara del individuo lo que primero me agradó. Me gustaba, a pesar de aquella impresión de extrañeza. Era una cara quizá algo particular y hasta triste, pero despierta, muy inteligente y espiritual y con las huellas de profundas cavilaciones. Y a esto se agregaba, para disponerme más a la reconciliación, que su clase de cortesía y amabilidad, aun cuando parecía que le costaba un poco de trabajo, estaba exenta de orgullo, al contrario, había en ello algo casi emotivo, algo como suplicante, cuya explicación encontré más tarde, pero que desde el primer momento me previno un tanto en su favor.

Antes de acabar la inspección de las dos habitaciones y de cerrar el trato, había transcurrido ya el tiempo que yo tenía libre y hube de marcharme a mi despacho. Me despedí y lo dejé con mi tía. Cuando volví por la noche, me contó ésta que el forastero se había quedado con las habitaciones y que uno de aquellos días habría de mudarse, que le habla pedido no dar cuenta de su llegada a la Policía, porque a él, hombre enfermizo, le eran insoportables estas formalidades y el andar de acá para allá en las oficinas de la Policía, con las molestias correspondientes. Aún recuerdo exactamente cómo esto me sorprendió y cómo previne a mi tía de que no debía pasar por esta condición.

Precisamente a lo poco simpático y extraño que tenía el individuo, me pareció que se acomodaba demasiado bien este temor a la Policía, para no ser sospechoso. Expuse a mi tía que no debía acceder de ningún modo y sin más ni más a esta rara pretensión de un hombre totalmente desconocido, cuyo cumplimiento podía tener para ella acaso consecuencias muy desagradables. Pero entonces supe que mi tía le había prometido ya el cumplimiento de su deseo y que ella en suma se habla dejado fascinar y encantar por el forastero; ella no había tomado nunca inquilinos, con los que no hubiera podido establecer una relación amable y cordial, familiar, o mejor dicho, como de madre, de lo cual también habían sabido sacar abundante partido algunos arrendatarios anteriores. Y en las primeras semanas todo continuó así, teniendo yo que objetar más de cuatro cosas al nuevo inquilino, mientras que mi tía lo defendía en todo momento con calor.

Como este asunto de la falta de aviso a la Policía no me gustaba, quise por lo menos enterarme de lo que mi tía supiera del forastero, de su procedencia y de sus planes. Y ella ya sabía no pocas cosas, aunque él, después de irme yo a mediodía, sólo había permanecido en la casa muy poco tiempo. Le había dicho que pensaba pasar algunos meses en nuestra dudad, para estudiar en las bibliotecas y admirar las antigüedades de la población. En realidad, no le gustó a mi tía que alquilase el cuarto sólo por tan poco tiempo, pero evidentemente él la había ganado para sí, a pesar de su aspecto un tanto extraño. En resumen, el departamento estaba alquilado, y mis objeciones llegaran demasiado tarde.

—¿Por qué dijo que olía aquí tan bien? —pregunté.

A esto me contestó mi tía, que algunas veces tiene muy buenas ideas:

—Me lo figuro perfectamente.

En nuestra casa huele a limpieza y orden, a una vida agradable y honrada, y eso le ha gustado. Parece como si ya hubiese perdido la costumbre y lo echara de menos.

—Bien —pensé—: a mí no me importa. Pero —dije— si no está acostumbrado a una vida ordenada y decente, ¿cómo vamos a arreglarnos? ¿Qué vas a hacer tú si es sucio y lo mancha todo, o si vuelve a casa borracho todas las noches?

—Ya lo veremos—dijo ella riendo, y yo lo dejé estar.

Y en efecto, mis temores eran infundados. El inquilino, si bien no llevaba en modo alguno una vida ordenada y razonable, no nos incomodó ni nos perjudicó, aún hoy nos acordamos de él con gusto. Pero en el fondo, en el alma, aquel hombre nos ha molestado y nos ha inquietado mucho a los dos, a mi tía y a mí, y dicho claramente, aún no me deja en paz De noche sueño a veces con él, y en el fondo me siento alterado e inquieto por su causa, por la mero existencia de un ser así, aun cuando llegué a tomarle verdadero afecto.**

Un carrero trajo dos días después las cosas del forastero, cuyo nombre era Harry Haller, Un baúl muy hermoso de piel me hizo una buena impresión, y otro gran baúl aplastado, de camarote, hacía pensar en largos viajes anteriores, por lo menos tenia pegadas etiquetas amarillentas de hoteles y sociedades de transporte de diversos países, hasta transoceánicos

Después llegó él mismo, y empezó la época en que yo conocí poco a poco a este hombre singular. En un principio no hice nada por mi parte para ello. Aun cuando Haller me interesó desde el primer momento en que lo vi, no di durante las primeras semanas paso alguno para encontrarlo o trabar conversación con él. En cambio, y esto tengo que confesarlo, es verdad que desde un principio observé un poco al individuo; a veces durante su ausencia entré en su cuarto, y por natural curiosidad, me dediqué al espionaje.

Ya he consignado algunos detalles del aspecto exterior del lobo estepario. A primera vista daba, desde luego, la impresión de un hombre superior, nada vulgar y de extraordinario talento; su rostro, lleno de espiritualidad, y el juego extremadamente delicado e inquieto de sus rasgos reflejaban una vida anímica interesante, excesivamente agitada, enormemente delicada y sensible. Cuando se hablaba con él y él—lo que no siempre sucedía—traspasaba los límites de lo convencional y, dejándose llevar de su singular naturaleza, decía palabras personales y propias, entonces uno de nosotros no tenía más remedio que subordinársele, él había pensado más que otros hombres, poseía en asuntos del espíritu aquella serena objetividad, aquella segura reflexividad y sabiduría que sólo tienen las personas verdaderamente espirituales, a las que falta toda ambición y nunca desean brillar, ni convencer a los demás, ni siquiera tener razón.

De la última época de su estancia aquí recuerdo una expresión en ese sentido, que ni siquiera llegó a pronunciar, pues consistió simplemente en una mirada. Había por entonces anunciado una conferencia en el salón de fiestas un célebre filósofo de la Historia y crítico cultural, un hombre de fama europea, y yo había logrado convencer al lobo estepario, que en un principio no, tenía gana ninguna, de que fuera a la conferencia. Fuimos juntos y estuvimos sentados el uno al lado del otro. Cuando el orador subió a la tribuna y empezó su discurso, defraudó, por la manera presumida y frívola de su aspecto, a más de cuatro oyentes, que se lo habían figurado como una especie de profeta. Cuando empezó a hablar, diciendo al auditorio algunas lisonjas y agradeciéndole que hubiese acudido en tan gran número, entonces me echó el lobo estepario una mirada instantánea, una mirada de crítica de aquellas palabras y de toda la persona del orador, ¡oh, una mirada inolvidable y terrible, sobre cuya significación podría escribirse un libro entero! La mirada no sólo criticaba a aquel orador y pulverizaba al hombre célebre con su irresistible ironía; eso era en ella lo de menos. La mirada era mucho más triste que irónica, era insondable y amargamente triste; su contenido era una desesperanza callada, en cierto modo irremediable y definitiva, y en cierto modo también convertida ya en forma y en hábito. Con su desolado resplandor iluminaba no sólo la persona del envanecido conferenciante y ridiculizaba y ponía en evidencia la situación del momento, la expectativa. y la disposición del público y el título un tanto pretensioso del discurso anunciado —no, la mirada del lobo estepario atravesaba penetrante todo el mundo de nuestro tiempo, toda la fiebre de actividad y el afán de arrivismo, la vanidad entera y todo el juego superficial de un espiritualismo fementido y sin fondo—. ¡Ay!, y por desgracia la mirada profundizaba aún más; llegaba no sólo a los defectos y a las desesperanzas de nuestro tiempo, de nuestra espiritualidad y de nuestra cultura: llegaba hasta el corazón de toda la humanidad, expresaba elocuentemente en un solo segundo la duda entero de un pensador, de un sabio quizá, en la dignidad y en el sentido general de la vida humana.

Aquella mirada decía: “¡Mira, estos monos somos nosotros! ¡Mira, así es el hombre!” Y toda celebridad; toda discreción, todas las conquistas del espíritu, todos los avances hacia lo grande, lo sublime y lo eterno dentro de lo humano, se vinieron a tierra y eran un juego de monos…

Con esto me he anticipado demasiado y, contra mi propósito y mi deseo realmente, he dicho en el fondo ya lo esencial sobre Hallar, cuando en un principio fue mi idea sólo ir descubriendo poco a poco su imagen, a medida que refería mi paulatino conocimiento con él.

Ya que me he adelantado de este modo, es preciso seguir hablando de la enigmática “extravagancia” de Haller y dar cuenta en detalle de cómo yo presentí y llegué poco a poco a conocer los fundamentos y la significación de esta extravagancia, de este extraordinario y terrible aislamiento. Así es mejor, pues quisiera dejar a mi propia persona todo lo más posible en segundo término. No quiero publicar mis confesiones, ni contar novelas o entregarme a la sicología, sino sencillamente contribuir como testigo presencial con algún detalle al retrato del hombre singular que dejó estos manuscritos del lobo estepario.

Al verlo ya por primera vez, cuando entró por la puerta vidriera de la casa de mi tía con la cabeza levantada como los pájaros y alabando el buen olor de la casa, me llamó en cierto modo la atención lo típico de este hombre, y mi primera e ingenua reacción contra ello fue de aversión. Me daba cuenta (y mi tía, que, en contraposición a mí, no es en absoluto una intelectual, notaba exactamente lo mismo), me daba cuenta de que aquel hombre estaba enfermo, de algún modo enfermo del espíritu, del ánimo o del carácter, y me defendía contra él con el instinto del hombre sano. Esta repulsa fue sustituida en el transcurso del tiempo por simpatía, que tenía por base una gran compasión hacia este grave y perpetuo paciente, de cuyo aislamiento y de cuya muerte interna yo era testigo presencial. En este periodo fui teniendo conciencia cada vez más clara de que la enfermedad de este hombre no dependía de defectos de su naturaleza, sino, por el contrario, únicamente de la gran abundancia de sus dotes y facultades disarmónicas. Pude comprobar que Haller era un genio del sufrimiento, que él, en el sentido de muchos aforismos de Nietzsche, se había forjado dentro de sí una capacidad de sufrimiento ilimitada, genial, terrible. Al mismo tiempo comprendí que la base de su pesimismo no era desprecio del mundo, sino desprecio de sí propio, pues si bien hablaba sin miramientos y con un sentido demoledor de instituciones y de personas, nunca se excluía a sí, siempre era él mismo el primero contra quien dirigía sus flechas, era él mismo el primero a quien odiaba y negaba…

Aquí tengo que intercalar una observación sicológica. A pesar de que sé muy poco acerca de la vida del lobo estepario, tengo, sin embargo, gran fundamento para creer que fue educado por padres y maestros amantes, pero severos y muy religiosos, en aquel sentido que hace del “quebranto de la voluntad” la base de la educación. Ahora bien, esta destrucción de la personalidad y quebranto de la voluntad no dieron resultado en este discípulo; para ello era él demasiado fuerte y duro, demasiado altivo y espiritual. En lugar de destruir su personalidad, sólo se consiguió enseñarlo a odiarse a sí mismo. Contra sí, contra este objeto inocente y noble, dirigió ya toda su vida el Tenia entero de su fantasía, la fuerza toda de su capacidad de pensamiento. Pues en esto, y a pesar de todo, tenía un sentido eminentemente cristiano y de mártir, ya que toda causticidad, toda crítica, toda malicia y odio de que era capaz los desataba ante todo, y en primer término, contra su propia persona. Por lo que se refería a los demás, a cuantos lo rodeaban, no dejaba de hacer constantemente los intentos más heroicos y serios para quererlos, para hacerles justicia, para no causarles daño, pues el “ama a tu prójimo” lo tenía tan hondamente inculcado como el odio a sí mismo. Y de este modo, fue toda su vida una prueba de que sin amor de la propia persona es también imposible el amor al prójimo, de que el odio de uno mismo es exactamente igual, y en fin de cuentas produce el mismo horrible aislamiento y la misma desesperación, que el egoísmo más rabioso.
Pero ya es hora de que deje a un lado mis ideas y hable de realidades. Lo primero, pues, que logré saber del señor Haller, en parte por mi propio espionaje, en parte debido a observaciones de mi tía, se refería a su manera de vivir. Que era un hombre de ideas y de libros y que no ejercía ninguna profesión práctica, se echaba pronto de ver. Estaba en la cama mucho tiempo; a veces se levantaba poco antes de mediodía, y tal y como estaba, con su traje de dormir, salvaba los pocos pasos desde la alcoba al gabinete. Este gabinete, un sotabanco grande y amable, con dos ventanas, tenía ya a los pocos días un aspecto completamente diferente a la época en que había estado habitado por otros inquilinos. Se iba llenando de multitud de cosas, y con el tiempo se llenaba cada vez más. En las paredes aparecían cuadros colgados, o dibujos clavados, a veces imágenes recortadas de revistas, que cambiaban con frecuencia. Un paisaje meridional, fotografías de una pequeña ciudad campesina de Alemania, evidentemente el pueblo natal de Haller, pendían allí, y entre ellas brillantes acuarelas de colores, de las cuales no supimos hasta más tarde él mismo las había pintado. Luego el retrato de una señora joven y guapa, o el de una jovencita. Durante una temporada estuvo colgado en la pared un buda siamés, fue sustituido por una reproducción de la Noche, de Miguel Ángel; luego, por un retrato del mahatma Gandhi. Los libros no sólo llenaban el gran armario—librería, sino que estaban por todas partes, sobre las mesas, en el elegante escritorio antiguo, en el diván, sobre las sillas, en el suelo, libros con señales de papel entre sus hojas, que continuamente iban cambiando. Los libros aumentaban de día en día, pues no sólo se traía grandes cantidades de las bibliotecas, sino que recibía con mucha frecuencia paquetes por correo. El hombre que habitaba este cuarto podía ser un erudito. Con ello venía bien el humo de tabaco que todo lo envolvía, y las puntas de cigarros y los ceniceros que se veían por doquier. Una gran parte de los libros no era, sin embargo, de contenido científico. La inmensa mayoría eran obras de los poetas de todos los tiempos y países. Una temporada estuvieron sobre el diván, donde él pasaba a menudo acostado días enteros, los seis gruesos tomos de una obra titulada Viaje de Sofía, de Memel a Sajonia, de fines del siglo XVIII. Una edición completa de Goethe y otra de Jean Paul eran al parecer muy usadas, lo mismo Novalis, y también Lessing, Jacobi y Lichtenberg. Algunos tomos de Dostoiewski estaban llenos de papeles cuajados de notas. En la mesa grande, entre los numerosos libros y escritas, había con frecuencia un ramo de flores; allí solía hallarse también una caja de pinturas, la cual, sin embargo, estaba siempre llena de polvo; al lado, los ceniceros, y, para no dejar de decirlo tampoco, toda clase de botellas y de bebidas. Había una botella recubierta de una funda de paja, llena generalmente de vino tinto italiano, que él se procuraba en una tienda de la vecindad; a veces se veía también una botella de Borgoña, así como otra de Málaga, y una gruesa botella de kirsch vi vaciarse casi por completo en muy poco tiempo, desaparecer luego en un rincón de la habitación y cubrirse de polvo, sin que el resto del contenido siguiera mermando. No he de justificarme del espionaje a que me dedicaba, y he de confesar también abiertamente que en los primeros tiempos todos estos signos de una vida, aunque llena de inquietudes espirituales, pero muy desordenada y sin freno, me produjeron aversión y desconfianza. No soy sólo un hombre burgués y de vida regular; soy además abstemio y no fumador, y aquellas botellas en el cuarto de Haller me gustaban aún menos que todo el pintoresco desorden restante.

Lo mismo que con el sueño y el trabajo, vivía el forastero también de una manera muy desigual y caprichosa por lo que se refiere a las comidas y bebidas. Muchos días ni siquiera salía a la calle y, fuera del desayuno, no tomaba absolutamente nada; con frecuencia encontraba mi tía como único resto de su comida una corteza de plátano en el suelo. Pero otros días comía en restaurantes, unas veces en buenos y elegantes, otras en pequeñas tabernas de los suburbios. Su salud no debía ser buena; aparte de la dificultad en las piernas, con las que a veces le costaba gran trabajo subir la escalera, parecía sufrir algunos otros achaques, y una vez dijo de pasada que ya desde hacía años ni digería ni dormía bien. Yo lo achacaba principalmente a su bebida. Más adelante, cuando alguna vez lo acompañé a alguno de sus cafetines, fui testigo a menudo de cómo ingería los vinos de prisa y caprichosamente; pero verdaderamente borracho no llegué a verlo jamás, ni nadie tampoco lo ha visto.

Nunca olvidará nuestro primer encuentro personal. No nos conocíamos más que como suelen conocerse vecinos de cuarto en una casa de alquiler. Una tarde volvía yo a casa de mi trabajo y encontré, para mi asombro, al señor Haller sentado en el descansillo de la escalera, entre el primero y el segundo pisos. Se había sentado en el último escalón y se hizo un poco a un lado para dejarme pasar. Le pregunté si se había puesto malo, y me ofrecí a acompañarlo hasta arriba del todo.

Haller me miró, y hube de observar que lo había despertado de una especie de estado letárgico. Lentamente empezó a sonreír, esa su sonrisa bella y lastimosa, con la que me ha atormentado tantas veces; luego me invitó a sentarme a su lado. Le di las gracias y dije que no tenía costumbre de sentarme en la escalera, ante la vivienda de los demás.

—Es verdad —dijo, y sonrió más—; tiene usted razón. Pero espere todavía un momento; no quiero dejar de enseñarle por qué he tenido que quedarme sentado aquí un poco.

Y diciendo esto señalaba al espacio delante del cuarto del primer piso, donde vivía una viuda. En el pequeño espacio con el suelo de parquet, entre la escalera, la ventana y la puerta de cristales, había adosado a la pared un gran armario de caoba, con viejas aplicaciones de metal, y delante del armario, en el suelo, sobre dos pequeños soportes, habla dos plantas en grandes macetas, una azalea 5 una araucaria. Las plantas hacían bonitas y estaban siempre muy limpias y magníficamente cuidadas; esto ya me había llamado a mí la atención agradablemente.

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Los mamíferos que sorprendieron a Darwin finalmente encuentran un hogar

Los mamíferos que sorprendieron a Darwin finalmente encuentran un hogar

Por 11 de julio de 2017.

 Los fósiles de “Macrauchenia patachonica”, como se ilustran en la reconstrucción de este artista, desconcertaron a Darwin. Estos extraños mamíferos desaparecieron hace casi 12.000 años. CreditJorge Blanco.

Enlace a la publicación original del New York Times: https://www.nytimes.com/es/2017/07/11/mamiferos-darwin-macrauchenia-macrauquenia/?mc=adglobal&mcid=facebook&mccr=ES&subid=LALs&subid1=TAFI 

Se parecía a muchos animales distintos y, al mismo tiempo, no lucía como ningún otro.

De lejos, se podría pensar que era un camello grande y sin joroba. Las piernas altas y robustas que terminaban en pies de rinoceronte soportaban un peso corporal similar al de un auto pequeño. Su cuello se estiraba como el de una jirafa antes de dar paso a una cara parecida a la de un antílope Saiga tatarica. De esta cara se extendía una protuberancia carnosa, similar a la nariz de un tapir o la trompa de un elefante miniatura.

Cuando Charles Darwin encontró por primera vez sus fósiles en el sur de la Patagonia durante su viaje en el Beagle, quedó desconcertado. Envió especímenes a Richard Owen, un paleontólogo inglés, quien supuso que el animal era una bestia gigantesca, parecida a una llama, y le puso por nombre macrauquenia, que significa llama grande.

Desde entonces, muchos investigadores han intentado fijar la ubicación de los macrauquenias en el árbol de la vida. Sus especulaciones han diferido muchísimo, pues han agrupado a estas bestias extintas con animales tan variados como los elefantes y los cerdos hormigueros o los camellos y los hipopótamos.

Ahora, 180 años después del descubrimiento de Darwin, los científicos han confirmado que los macrauquenias eran parientes lejanos de los caballos, rinocerontes y tapires, miembros de un grupo conocido como perisodáctilos, o Perissodactyla. En un estudio publicado recientemente en Nature Communications, los investigadores calcularon que los macrauquenias divergieron de los Perissodactylahace 56 a 78 millones de años.

Un grupo que “básicamente no tenía hogar ya encontró su espacio”, dijo Michael Hofreiter, profesor de Ciencias Genómicas de la Universidad de Postdam en Alemania y autor del estudio.

Los macrauquenias eran herbívoros que vagaban por los espacios abiertos y cubiertos de hierba de toda América del Sur antes de desaparecer junto con otras especies de megafauna al final de la última era de hielo, hace casi 12.000 años. A lo largo de los años, paleontólogos y excavadores han encontrado un buen número de fósiles de macrauquenia, pero el estudio de huesos y dientes ha sido engañoso porque los animales tenían una mezcla de rasgos, dijo Ross MacPhee, curador del American Museum of Natural History de Manhattan, otro de los autores del estudio.

Para tener un mejor entendimiento, Hofreiter, MacPhee y sus colegas recurrieron al ADN. El equipo logró encontrar un hueso de dedo del pie que estaba en una cueva en el sur de Chile y tenía suficiente ADN de macrauquenia para poder realizar estudios.

Para reconstruir secuencias de ADN antiguo, los científicos suelen utilizar como andamio el genoma de un pariente vivo y estrechamente relacionado. Pero los macrauquenias no tienen parientes vivos cercanos.

En vez de eso, los investigadores compararon alrededor de 20.000 fragmentos de ADN mitocondrial obtenido de su muestra ósea con los genomas mitocondriales de caballos, rinocerontes, tapires y llamas salvajes.

Hofreiter comparó el proceso con armar un rompecabezas en estas condiciones: no cuentas con la imagen final que se está construyendo, pero tienes varias imágenes que son algo similares para ayudarte a colocar las piezas en su lugar.

Los investigadores reconstruyeron alrededor del 80 por ciento del genoma mitocondrial de los macrauquenias. Hasta ahora, dijo Hofreiter, “nadie había reconstruido una secuencia de ADN antigua en la que el pariente más cercano fuera tan lejano”.

Al comparar este mitogenoma con los de muchos mamíferos, su equipo pudo ubicar a los macrauquenias como hermanos de los Perissodactylaen el árbol evolutivo. Los nuevos hallazgos confirmaron los de un estudio de 2015, en el que un grupo de científicos (incluyendo a Hofreiter y a MacPhee) estudiaron a los macrauquenias a través de proteínas antiguas.

El hecho de que “dos enfoques totalmente diferentes concluyeran lo mismo es muy convincente”, dijo Matthew Collins, un bioarqueólogo de la Universidad de York en el Reino Unido. Collins, uno de los autores del estudio de 2015, no participó en la investigación actual.

En el futuro, conforme las herramientas para estudiar el ADN antiguo sigan mejorando, los científicos podrán desbloquear las secuencias genéticas de más especies extintas que habitaban en climas cálidos, donde el ADN se degrada rápidamente, dijo MacPhee.

“Eso marcará una gran diferencia en la manera en que entendemos el pasado”, dijo.

Venezuela Plebiscito 16 de julio. 

Plebiscito 16 de julio.

Llamado urgente a todos los ciudadanos libres de México, América Latina y del mundo a estar pendientes, apoyar, solidarizarnos y orar por nuestros hermanos venezolanos en esta trascendental jornada de su lucha heroica por la defensa de sus libertades y sus derechos y contra la tiranía que gobierna al país y tiene sumido al pueblo en la peor crisis humanitaria jamás antes sufrida y a una represión brutal que tiene que terminar por el bien de todo el mundo. ¡YA BASTA!

A sólo dos días de celebrarse el plebiscito que organiza la oposición junto a distintos sectores de la sociedad civil. Comparto un artículo del New York Times que analiza, tanto el plebiscito del 16 de Julio, como el del 30 del mismo mes, éste último organizado por el gobierno de Maduro e invito a ustedes mis amables lectoras y lectores a informarse de lo que está sucediendo en Venezuela.

Tomemos conciencia de que vivimos, queramos o no, en un mundo globalizado conformado por regiones históricamente definidas; América latina es nuestro país extendido ¡todos somos latinos! y como hermanos debemos apoyarnos unos a otros, porque nos duelen las injusticias, los crímenes y los atropellos que el mal gobierno comete contra nuestros hermanos venezolanos.

“No preguntes por quien doblan las campanas, doblan por ti y por mí, porque la pérdida de solo uno de nuestros hermanos nos disminuye y nos hiere”

¡Que viva por siempre el heroico Pueblo de Venezuela!

Venezuela se divide aún más ante dos consultas electorales.

https://www.nytimes.com/es/2017/07/12/venezuela-se-divide-aun-mas-ante-dos-consultas-electorales/?em_pos=small&emc=edit_bn_20170713&nl=boletin&nl_art=1&nlid=60379794&ref=headline&te=1 

Por 12 de julio de 2017.

 Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, hizo un llamado el 3 de julio a la unidad e invitó a la oposición a votar en un plebiscito contra Nicolás Maduro este domingo.CreditJuan Barreto/Agence France-Presse — Getty Images.

CARACAS — Germán Morales dice que defenderá la constituyente para elegir un nuevo congreso que impulsa el presidente Nicolás Maduro con su propia vida. “Peleo por la revolución porque esto nos traerá justicia”, comentó este escultor de 57 años que frecuenta “la esquina caliente” de la Plaza Bolívar de Caracas, un sitio en el que se reúnen los simpatizantes del gobierno.

Morales cree que el proceso constituyente, que redactará una nueva constitución, es “muy adecuado a la situación que vive el país; lo ayudará”. Por eso acudirá al llamado del oficialismo y del Consejo Nacional Electoral (CNE) para votar el próximo 30 de julio.

A escasos metros y sentada en un banco de la misma plaza se encontraba Yeiny, una contadora que prefirió no usar su apellido por temor a las represalias. Ella piensa que la constituyente es un proceso ilegítimo: “No sirve, nos traerá una dictadura y es un atraso”. Yeiny también acudirá a las urnas, pero el 16 de julio, cuando se celebrará un plebiscito que organiza la oposición junto a distintos sectores de la sociedad civil. Se trata de una consulta popular, desvinculada del CNE, que busca evidenciar el rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) convocada por el presidente.

Venezuela vuelve a debatirse en las consultas populares, pero esta vez no será en una sola jornada: son dos procesos que dividen al país y una suerte de doble institucionalidad que se rechaza mutuamente.

El 16 de julio se hará un plebiscito popular a petición de la Asamblea Nacional —de mayoría opositora desde diciembre de 2015— y bajo el amparo de la Constitución, para consultar si se está de acuerdo o no con el proceso convocado por el gobierno para elegir a los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente, una consulta que también está prevista en la Constitución y que se inicia a petición de Maduro. Ni la oposición ha presentado candidatos a la constituyente ni el gobierno está dispuesto a reconocer los resultados del referendo del 16.

El mandatario venezolano anunció la convocatoria el pasado 1 de mayo —por iniciativa propia y con fecha fijada por el CNE— con la finalidad de elegir a 540 personas que serán las encargadas de redactar una nueva Carta Magna que sustituirá a la actual, la de 1999 promovida por el entonces presidente Hugo Chávez.

Esta decisión ha causado una gran controversia porque es vista por muchos críticos como una forma de soslayar las elecciones regionales que deberían realizarse este año y las presidenciales del próximo. Hay que recordar que cuando Chávez la convocó en 1999, teniendo todos los poderes controlados por sus partidarios, se tardó casi 10 meses en finalizar la redacción del texto, por lo que este proceso podría tomar hasta dos años sin que se produzca una transición en el poder.

“Es un asunto de extrema gravedad. Es para cambiar el ordenamiento jurídico y transformar el Estado”, explica Blanca Rosa Mármol, exmagistrada del Tribunal Supremo de Justicia.

La respuesta de la oposición ha sido convocar el plebiscito del 16 de julio en el que se harán tres preguntas: la primera, si se está de acuerdo o no con la convocatoria de la ANC; la segunda, sobre el papel de las fuerzas armadas, y, la tercera, para indagar si el ciudadano está dispuesto a la renovación de los poderes públicos.

“Es un proceso totalmente ciudadano, amparado en los artículos 70 y 71 de la constitución y donde podrán votar todos los venezolanos, inscritos o no en el registro electoral, porque los que están en el exterior también lo podrán hacer”, explica Aníbal Sánchez, consultor político y operador electoral de la Mesa de la Unidad Democrática. “Queremos un proceso lo más transparente posible y que los observadores internacionales lo avalen”.

Sánchez afirma que se escogió esa vía “como una forma de activismo que nos permitiera demostrar el rechazo del 82 por ciento que tiene la constituyente. Eso dicen las encuestas, pero queremos llevarlo de un número abstracto a algo real”. Otros analistas lo ven como un acto simbólico que podría incrementar la conflictividad en Venezuela.

“Es político, un modo más de protesta, que no va a resolver el tema de la crisis, pero sí añade un factor de presión”, dice Jesús Seguías, presidente de la encuestadora Datincorp.

Una crisis de institucionalidad se genera en el marco de más de cien días de protestas en Venezuela.

Desde el otro lado del espectro ideológico, el abogado Jesús Silva, especialista en Derecho Constitucional por la Universidad Santa María y la Universidad de Salamanca, afirma que el plebiscito “no tiene base constitucional, es un evento de ellos (la oposición) por cuenta propia, de propaganda para engañar a sus seguidores y justificar más terrorismo en las calles”.

Silva dice que la constituyente “es para promover un gran entendimiento nacional luego de varios meses de confrontación violenta que promovió la oposición. Esto crea nuevas normas que permitirán recuperar la paz y repolitizar al país”.

Esta crisis de institucionalidad se genera en el marco de más de cien días de protestas desde que la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia emitiera dos sentencias en las que eliminaba de facto las competencias de la Asamblea Nacional, decisiones que se tuvieron que revertir parcialmente a petición del propio Maduro ante las protestas nacionales e internacionales.

Desde entonces han fallecido más de 90 personas, en parte por las actuaciones de las fuerzas de seguridad del Estado. Asimismo, se han vivido jornadas de mucha incertidumbre, como el día en que un helicóptero atacó la sede del Tribunal Supremo de Justicia o cuando partidarios del gobierno atacaron la Asamblea Nacional –el tercer asalto en siete meses–, donde resultaron heridos varios diputados.

 Una protesta el 10 de julio en Caracas en contra de la iniciativa del presidente Nicolás Maduro para redactar una nueva Constitución CreditAriana Cubillos/Associated Press.

Para los simpatizantes del gobierno, como el escultor Morales, los objetivos de la constituyente son claros. “La Constitución de 1999 no ha dado la eficacia de solucionar ciertos aspectos políticos y de la vida del venezolano. Como la impunidad. Tiene que haber leyes, darles rango constitucional”. Mientras lo decía, sonaba de fondo la música de “La constituyente va”, el anuncio publicitario que a cada rato pasan en VTV, el canal estatal que siempre sintonizan en la Esquina Caliente.

Sin embargo, varios chavistas prominentes se han declarado en contra del proceso convocado por el gobierno. Los casos más señalados son el de la fiscala Luisa Ortega Díaz, el exministro Miguel Rodríguez Torres y la exdefensora del pueblo Gabriela Ramírez, quienes lo consideran una traición al legado de Chávez.

A unos metros de Morales, un grupo de extrabajadores del Plan Amor a Caracas se quejaba de que los botaron sin previo aviso. “Si no me dan trabajo, no hay voto el 30, que lo tengan claro”, decían varios de ellos.

“Cordura, esto no es un tema político, esto es que nos humillaron y nos sacaron sin dar explicaciones”, clamaba Adayandri, quien ronda la veintena y es una de las cabecillas del grupo. “Sí, pero el 30 igual no voto”, le contestó otra mujer.

En un supermercado del municipio Chacao, otros trabajadores discutían sobre qué tendrá o no la constituyente. “Ahí van a meter que nos toca a todos el CLAP (la bolsa de comida que el gobierno reparte desde hace un año) y van a fijar el salario mínimo”, decía uno.

La crisis política se suma a una cotidianidad difícil, signada por la falta de medicamentos tan esenciales como antibióticos, la escasez de alimentos básicos o, la última versión de la desesperación de los venezolanos: la aparición de algunos artículos pero a precios muy altos para el ciudadano promedio que ve cómo su quincena se convierte en agua y sal ante una inflación de la que no se sabe la cifra real, pero que ha llevado al presidente Maduro a subir tres veces el salario mínimo en lo que va del año.

“No deberían seguir adelante. Son muchos los que no queremos y deberían tomar en cuenta la decisión del pueblo”, dice Yeiny, que estaba en la Plaza Bolívar con una amiga, que ni siquiera quiso dar su nombre, pero que aseguraba que sus suegros “trabajan en un ministerio, no te digo cuál, pero ellos tienen que votar el 30 por obligación”.

Yenifer, una manicurista, apuraba el paso con su hija mientras pasaba frente al Concejo Municipal de Caracas. “Lo del 30 no hará sino empeorar las cosas. Y mira, el 16 no voto porque para qué, una termina decepcionada. Yo no le hago caso a esas cosas”.