El Poeta del Renacimiento — hiiipower

Hace 56 años King decía “I have a dream” y conmovía a todos. Su inspiración fue el gran poeta Langston Hughes.

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Negro

Yo soy un Negro:

Negro como la noche es negra.

Negro como lo profundo de mi África.

He sido esclavo:

César me ordenó mantener limpio su umbral.

Lustré las botas de Washington.

He sido obrero:

De mis manos surgieron la pirámides.

Yo hice la mezcla para el Woolworth Building.

He sido cantante:

Todo el camino, de África a Georgia,

cargué con mis canciones tristes.

Yo inventé el ragtime.

He sido víctima:

Los belgas me cortaron las manos en el Congo.

Me siguen linchando en Mississipi.

Yo soy un Negro:

Negro como la noche es negra.

Negro como lo profundo de mi África.

Hoy voy a escribir del tiempo — El Periscopio

Rosa María Artal Reloj Hoy voy a escribir del tiempo. Se habla del tiempo cuando no se quiere decir nada, ni comprometerse en nada. Así lo dice la costumbre, pero no tiene por qué ser una regla fija. No hay tiempo más muerto en todo el año que la mitad de agosto, aunque esté igual […]

a través de Hoy voy a escribir del tiempo — El Periscopio

Hoy voy a escribir del tiempo. Se habla del tiempo cuando no se quiere decir nada, ni comprometerse en nada. Así lo dice la costumbre, pero no tiene por qué ser una regla fija. No hay tiempo más muerto en todo el año que la mitad de agosto, aunque esté igual de vivo. Y, sin embargo, el reloj hace como que se para en este punto crucial del crucial mes del verano. Las personas ociosas hablan del tiempo, de si hace calor o frío. Eso es clima, no tiempo propiamente dicho. A otras nos consume el tiempo que pasa sin resolverse problemas enquistados.

Más de 150 emigrantes siguen en el barco de la ONG española Open Arms, sin puerto donde atracar. La principal iniciativa ha sido que Bruselas “apela“. A la solidaridad. Esto debería funcionar en términos de justicia y derechos. Otros 356, rescatados en el mar, aguardan en el Ocean Viking de Médicos sin Fronteras (MSF) y SOS Mediterranée. Y el tiempo pasa sin soluciones.

Sorprende, eso sí, el poco tiempo transcurrido entre el día que Pedro Sánchez dijo: “haber salvado la vida a 630 personas me hace pensar que vale la pena dedicarse a la política” y el hoy que cierra puertos y sensibilidad a los actuales náufragos de la justicia varados en los barcos. Lo recuerda Angels Martínez Castells. 14 meses. No es tiempo suficiente para haber borrado el recuerdo de ese renuncio. Ni de otros drásticos cambios de opinión de Sánchez que, más que en tiempos diferentes, parecen haberse dado en estadios de física cuántica.

Hoy tocaría analizar la inexorable elección de Isabel Díaz-Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid. La triple ultraderecha –por sus hechos les conoceréis– sabe hacer una piña como nadie cuando median intereses muy precisos. Sesión de pantomima para darle la silla acordada y que todo siga igual –de mal– en Madrid. Ayuso promete lo que contradice el programa de ultraderecha que ha firmado con las otras dos ídem. Un clásico. Y hace guiños a Vox –guiños dicen las crónicas– para rechazar el machismo diciendo que ella “no quiere enfrentar a hombres y mujeres”. Hablar de la política sucia nos mancha. No perdamos la fuerza por la tecla que tiempo habrá de analizar las consecuencias de esta elección. Pero ¿han reparado en cómo el PP y sus socios acortan los plazos del pringue en sus candidatos? Ayuso viene tiznada de sospechas de corrupción, de evidencias palmarias como pueden leer aquí en detalle, antes siquiera de tomar posesión. Esa aceleración en el tiempo de los fiascos debería hacernos reflexionar hacia dónde nos lleva.

Un agosto atípico con ministros en funciones esparcidos por doquier haciendo declaraciones y proyectos como si fueran a gobernar toda la vida, sin tener cerrada la investidura. Hablando de asombros ante “propuestas irresistibles” que graciosamente dio el PSOE a quien en la moción de censura le ayudó a llegar al trampolín de La Moncloa. Tampoco ha pasado el tiempo mínimo para el olvido de los hechos pero sí para que se agiten en el turbo de las pasiones.

La piscina de pirañas de Twitter que les contaba se encuentra ahora como si los contendientes llevaran una semana sin comer y tuvieran que alimentarse del otro a dentelladas. Bien es verdad que, como vemos, algunos de sus políticos hacen lo mismo y les sirven de inspiración y acicate. Este tipo de política hiede de tal forma que aleja. Salvo a muchos de sus partidarios que acuden al cuadrilátero de las redes a discutir como si fuera un trabajo.

Rata, racista, mierda, delirio, son términos frecuentes. Entre los feroces haters del socio político imprescindible, al que detestan más que a nadie en el mundo. La bazofia mediática contribuye, a niveles inmundos, con vídeos trucados, titulares manipulados y un insultante apoyo a la ultraderecha. Inacción y mentira son fecundos campos de bacterias de la sinrazón. Así, también se han soltado los que llaman barcos negreros a los que salvan personas,y los que presumen de salvajismo y de no respetar ni los Derechos Humanos.

Mientras el tiempo pasa. Y llegará septiembre, y octubre y noviembre y, solo con suerte dejará las cosas igual en política. Eso dicen las encuestas. Es desolador.

Hablemos pues más a fondo del tiempo. La idea me la dio un artículo de mi gran amigo el periodista Juan Tortosa. Rescató la entrevista que hace tres años le hizo Pablo Iglesias a Iván Redondo, el hoy todopoderoso asesor de Pedro Sánchez. “El tiempo en política es lo más importante, porque todo el mundo acaba cadáver. Solo es cuestión de tiempo. El que controla el tiempo gana“, sentenció. ¿Diríamos que Sánchez controla el tiempo o es ya cadáver?

El tiempo. Pasa muy despacio cuando se espera y demasiado rápido en la felicidad. Se habla de minutos eternos cuando todos tienen 60 segundos. Es la pasión lo que lo condiciona. Se dice que el tiempo pone todo en su lugar, cuando queremos referirnos a la distancia. Y a veces la distancia tampoco aclara nada. La mirada de lejos, quizás. Para actuar con la razón descontaminada, cuando en determinadas ocasiones es el corazón el que acierta.

Pero el tiempo no hace nada por sí mismo, si no se llena de argumentos y hechos. Siquiera de relax. O de reflexión. A veces se gana, cuando parece que se pierde. El tiempo es vida, dijo José Luis Sampedro para responder al mercantilismo que hizo furor de “El tiempo es oro”.

El tiempo no deja de ser una muy pragmática magnitud física. Medirlo en los parámetros acordados e iguales, permite ordenar los acontecimientos y establecer un pasado y un futuro. En medio y fugaz está el conjunto de hechos que vivimos y al que llamamos presente. Por eso es tan estúpido perderlo en estupideces.

Estudiado por los filósofos como una de las primeras interrogantes, se suele convenir que el mundo está en permanente transformación y la medida del tiempo va fijando su camino. No se previó que los relojes marcharan hacia atrás y hay momentos en la historia en los que sí lo hacen. Como este. A lo visible aquí y allí, añadimos inquietantes noticias sobre misiles que explotan por error y lanzan radiaciones que habrán de competir con las culebrillas de verano.

Lo cierto es que el tiempo no vuelve, se desparrama ya inaccesible cuando se desperdicia. Habrá otro, si lo hay. MartaEme, la misma que escribe “si son dos días, que sean con quien nos hace sentir vivos (…). Es entonces cuando lo sabemos, aunque suene obvio y manido, que lo único real es el aquí y el ahora“.

Se sabe. Y que solo tenemos tiempo. Si lo tenemos. Y que los problemas esperan soluciones. Y las esperas, respuestas.

 

*Publicado en eldiarioes 

El estrés de los latinos en tiempos de supremacistas blancos.

En mi personal opinión, el gobierno de México debió, como respuesta inmediata, exigir de manera enérgica al presidente Trump que cese sus mensajes de odio contra los mexicanos.

Se siente como ser cazado’: la masacre de El Paso desata temores entre los latinos en Estados Unidos

Por 

Visitantes de un monumento espontáneo en memoria de las víctimas del tiroteo en El Paso, Texas, el martesCreditCalla Kessler/The New York Times

EL PASO — Luego de que veintidós personas fueron asesinadas a tiros en un Walmart de El Paso durante el fin de semana, un jubilado de Florida comenzó a imaginarse cómo podrían matar a sus nietos. Una hija de inmigrantes ecuatorianos lloró sola en su automóvil. Un abogado de Texas compró un arma para defender a su familia.

Para muchos latinos en Estados Unidos, el atentado en El Paso ha sido un punto de inflexión que los ha hecho cuestionarse todo lo que creían saber sobre su lugar en la sociedad estadounidense. Ya sean liberales o conservadores, hablantes de inglés o español, nuevos inmigrantes o descendientes de los pioneros que hace cuatrocientos años apostaron por el suroeste, esta semana muchos latinos dijeron en diversas entrevistas que se sintieron profundamente conmocionados ante la idea de que el nacionalismo blanco radical parecía haberlos convertido, al menos durante el sangriento fin de semana, en un objetivo de ataque.

“Al menos para los latinos, de algún modo es la muerte del sueño americano”, dijo Darío Aguirre, un abogado republicano de origen mexicoestadounidense que vive en Denver, sobre el impacto que los asesinatos han tenido en él y quienes lo rodean.

Aguirre se mudó a San Diego desde Tijuana cuando tenía 5 años y fue criado por su abuela en barrios populares llenos de mexicanos. Se alistó en la Fuerza Aérea y más tarde se convirtió en abogado de inmigración, una clásica historia de éxito estadounidense. “Muchos clientes me dicen: ‘Somos los nuevos judíos, somos tal como los judíos’”, dijo Aguirre. “Es algo nuevo para mi comunidad. Estamos habituados a la oscuridad básica del racismo, no a esto”.

Ahora hay aproximadamente 56,5 millones de latinos en los Estados Unidos, el 18 por ciento de la población estadounidense, casi una de cada cinco personas en el país. Eso es mucho más que los 14,8 millones registrados en 1980, que equivalían a un 6,5 por ciento de la población, según el Centro de Investigación Pew. Casi dos tercios de los latinos nacieron en los Estados Unidos.

Desde Miami hasta Los Ángeles, muchas personas dijeron en entrevistas que las acciones racistas se habían vuelto mucho más frecuentes desde que el presidente Donald Trump fue elegido con la promesa de acabar con lo que calificó como “una invasión” en la frontera sur de personas que a menudo caracteriza como delincuentes violentos. Pero las semillas del sentimiento antihispánico han sido evidentes en el país durante años, dijeron.

Después de la masacre, Zachary Zuñiga, un abogado en El Paso, se inscribió en un curso de tiro y planea comprar su primera arma. «Básicamente, se debe al instinto de no querer ser una víctima», dijo. CreditJim Wilson/The New York Times

Daniel Álvarez, de 66 años, nació en Cuba pero ha vivido en los Estados Unidos desde que tenía 13 años. Álvarez dijo que hablar sobre el tiroteo le recordó cuando estaba en la escuela secundaria y tocó a una joven, otra estudiante, en el hombro. Todavía no había aprendido que algunas personas en los Estados Unidos pueden sentirse incómodas al ser tocadas inesperadamente.

“La mujer se volteó y me dijo: ‘Quítame tu mano sucia, maldito spic‘”, recordó Álvarez, quien ahora enseña estudios religiosos en la Universidad Internacional de Florida.

Se le quebró la voz al hablar, mientras contenía las lágrimas. “Estaba totalmente paralizado porque no podía entender lo que acababa de pasar”, dijo. “No podía entender por qué alguien se refería a mí con un lenguaje tan feo. Tengo 66 años y aunque eso sucedió hace mucho tiempo, todavía me afecta”.

En El Paso, una ciudad fronteriza de aproximadamente 680.000 habitantes, con una población hispana que alcanza el 80 por ciento, la masacre se ha sentido como un hecho excepcionalmente personal. Chris Grant, de 50 años, fue testigo del atentado y fue herido por el atacante. Le dijo a El Paso Times que había visto cómo el hombre permitió que compradores blancos y afroestadounidenses salieran de Walmart, pero le disparaba a los latinos. En una publicación en línea, el tirador de El Paso se quejó de la “invasión hispana de Texas”.

Ahora los residentes hablan de cómo se sienten en peligro al salir a comer o al cine. Las tiendas de armas en la ciudad están llenas de clientes, muchos de ellos latinos.

“Básicamente, se debe al instinto de no querer ser una víctima”, dijo Zachary Zuñiga, de 32 años, un abogado en El Paso que se inscribió en un curso de tiro y planea comprar su primera arma.

“Quiero poder proteger a mi familia si personas como estas van a venir aquí pensando que pueden disparar en lugares a los que van mi familia y amigos”, dijo Zuñiga, quien creció en una casa donde sus padres nunca tuvieron armas.

Una vigilia en El Paso, el domingo. Muchos latinos en Estados Unidos expresaron su preocupación ante la posibilidad de que los nacionalistas blancos los tuvieran en la mira. CreditIvan Pierre Aguirre para The New York Times

G. Cristina Mora, socióloga de la Universidad de California, Berkeley, que se especializa en inmigración y política racial, dijo que el atentado probablemente haya generado una profunda sensación de inquietud entre los hispanoamericanos, sin importar cuánto tiempo hayan vivido en el país.

“Esto tiene un impacto más allá de la primera generación, la generación de inmigrantes”, dijo Mora. “Reverbera. No tienes que ser quien cruzó la frontera. Solo no tienes que ser anglo”.

Suzanna Bobadilla, de 28 años, se enteró del tiroteo mientras estaba de vacaciones en Connecticut con unos amigos de la universidad. Trató de no leer sobre el episodio en detalle durante los primeros días porque era demasiado devastador, pero no pudo evitar la noticia cuando apareció en sus cuentas de redes sociales.

El padre de Bobadilla llegó a los Estados Unidos desde México como estudiante de posgrado en la década de 1980 y se casó con su madre estadounidense, una mujer blanca. Como la hostilidad hacia los latinos se ha vuelto más común en los últimos años, dice que pasa mucho tiempo evitando las noticias para cuidar su propia salud mental.

Ella lee o escucha las declaraciones del presidente, pero evita verlo en la televisión porque le parece molesto e incluso aterrador ver a una multitud de personas coreándolo cuando habla de los migrantes.

“Soy una niña de los años noventa y me enseñaron que si compartimos y nos unimos y colaboramos, tendremos una sociedad armoniosa”, dijo Bobadilla, quien ha trabajado para Google en San Francisco desde que se graduó de la Universidad de Harvard.

Pero admite que, últimamente, mantener esa actitud se ha convertido en “un trabajo realmente duro y agotador”.

En Los Ángeles, Kenia Peralta, de 18 años, estuvo pegada a Twitter y a los medios para leer sobre el tiroteo. Ese suceso ha hecho que se cuestione su identidad como estadounidense.

Suzanna Bobadilla dice que durante los primeros días trató de no leer los detalles del ataque porque fue demasiado devastador. CreditChristie Hemm Klok para The New York Times

“Si esto es lo que se supone que es Estados Unidos, solo blancos, entonces supongo que no soy estadounidense”, dijo Peralta, hija de padres inmigrantes de El Salvador. Ella y su hermano de 15 años viven con sus padres en un apartamento de una habitación cerca del centro de Los Ángeles.

“Siempre me verán primero como hispana, sin importar si nací aquí”, dijo Peralta, quien se inscribirá en la Universidad de California, Irvine, este otoño.

Bertha Rodríguez, una jubilada de 73 años que nació en Cuba y creció en el Medio Oeste estadounidense y en México, donde su padre trabajaba como jinete, dijo que le resulta difícil poder hablar sobre el tiroteo sin llorar.

“Vivo aterrorizada por mis nietos”, dijo Rodríguez, quien ahora vive con su madre en Century Village, una gran comunidad de jubilados en Pembroke Pines, Florida. Dijo que dos de sus nietos estaban en un Walmart en Luisiana cuando sucedió la masacre de El Paso. “Este no es el Estados Unidos donde crecí”, dijo.

En Connecticut, Karla Cornejo Villavicencio, de 30 años, dijo que se sintió físicamente enferma cuando supo que el tirador en El Paso parecía haberles apuntado a los latinos. Cornejo Villavicencio y sus padres llegaron a los Estados Unidos desde Ecuador sin documentos cuando ella tenía 5 años. Ella está temporalmente protegida de la deportación por el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) y está terminando un doctorado en Yale sobre Estudios Americanos. Aunque está solicitando una tarjeta verde a través de su cónyuge, sus padres aún no tienen documentos para estar en el país.

Cornejo Villavicencio había salido a cenar con su pareja cuando escuchó las noticias sobre el ataque en El Paso. Lloró brevemente en el auto, pero luego dejó de hacerlo. El llanto se considera un signo de debilidad en su familia y cuando era niña la regañaban por hacerlo.

Para ella, el tiroteo fue la culminación de una vida de miedo. Antes, su mayor temor solía ser la deportación de sus padres. Pero ahora también existe la posibilidad de que puedan ser víctimas de un atentado terrorista.

“Ahora es realmente difícil vivir como inmigrante y no sentirse enfermo y agotado”, dijo. “Se siente como ser cazado”.

 


 

Simon Romero reportó desde El Paso, Caitlin Dickerson desde Nueva York, Miriam Jordan desde Los Ángeles y Patricia Mazzei desde Miami. Erin Coulehan y Arturo Rubio colaboraron desde El Paso.

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El atentado en El Paso es la violencia que los latinos habíamos temido 6 de agosto de 2019

La pesadilla americana

Ayer publicamos un reportaje sobre los miedos de la comunidad hispana en Estados Unidos después del atentado reciente en El Paso que dejó más de dos decenas de muertos. Esto opinaron nuestros lectores en Facebook:

Juan José Estrada escribió: “El sueño americano también puede ser la pesadilla americana”.

Alesiram Cortés, por su parte, considera: “Como mexicanos debemos sentirnos orgullosos de serlo, ir con la cara en alto, usando nuestra ropa y comida típica. El respeto empieza por uno mismo”.

Geraldine Ángel: “Realmente pienso que como latina y los demás países latinoamericanos hemos ayudado a USA a ser lo que es ahora: la mejor potencia del mundo… siempre este país ha sido de inmigrantes”.
Clau Ma ofreció una propuesta para reducir la violencia: “Se debería prohibir la libre tenencia de armas. Solo los policías y militares deberían tenerlas. Y en el caso de los civiles, deberían poder tramitar la tenencia de armas únicamente los mayores de 30 años que no tengan problemas mentales ni antecedentes criminales”.

 

Las conquistas de la igualdad

Las conquistas de la igualdad

En la sala de operaciones del Instituto Cervantes hay una exposición dedicada a «Los viajes de Ramón Menéndez Pidal». Entre los documentos que muestran las escalas del español en el mundo, la internacionalización de nuestra filología y la obra de don Ramón, se muestra un informe policial que me conmueve. Alude a doña María, doña María Goyri, o mejor a «Menéndez Pidal, señora de». Se trata de una nota escrita por Enrique Súñer, Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza del Gobierno de Burgos, para dar cuenta de la personalidad de la filóloga que en 1900 se había casado con el insigne autor de La España del Cid.

Al informe no le falta precisión: «Menéndez Pidal, señora de: Persona de gran talento, de gran cultura, de una energía extraordinaria, que ha pervertido a su marido y a sus hijos. Muy persuasiva y de las personas más peligrosas de España. Es sin duda una de las raíces más robustas de la revolución».

El modo de presentar a María Goyri, por supuesto, recoge una larga tradición misógina en la que el mal vive encarnado en la presencia femenina. El Arcipreste de Hita compuso su elogio de las mujeres pequeñas porque en un frasco pequeño cabe menos veneno que en uno grande. Las inteligentes son las peores. Pero escrito en medio de una represión cruel, además de lo de siempre, me conmueve sobre todo el aire de vida privada que tiene la delación. Son compañeros de trabajo, aparentes amigos, conocidos de casa, los que vengan sus rencores con palabras que pueden costar la cárcel o la muerte de la persona sobre la que se permiten opinar en relación a su marido y sus hijos.

Cuenta Fernando Rodríguez Lafuente que Fernando Vela, secretario de redacción de la Revista de Occidente, se atemorizó mucho con el golpe de Estado de 1936, sin saber de qué bando iba a llegar el ataque. Ortega y Gasset le aconsejó que se defendiera de los conocidos a los que había rechazado una colaboración. Vestidos de uniforme y con pistola podían ser muy peligrosos. «¡Al suelo, que vienen los nuestros!», dicen que dijo Pío Cabanillas. Es una buena frase para resumir la vida de aparato de los partidos y algunas negociaciones políticas.

María Goyri, que hizo su viaje de novios con Menéndez Pidal por Castilla, realizando trabajos filológicos en aldeas perdidas, se especializó en el Romancero y en Lope de Vega. Pero supongo que la inquina reflejada en las palabras de Enrique Súñer se debe a que fue una de las primeras mujeres decididas a cursar estudios universitarios, algo escandaloso en el curso 1891-1892.

Jesús Antonio Cid, director de la Fundación Menéndez Pidal, publicó el libro María Goyri. Mujer y pedagogía (2016), en el que se ofrecen recuerdos personales de su experiencia pionera. Después de conseguir que cada profesor firmase un documento admitiendo en clase a una mujer, la facultad de Filosofía y Letras aceptó la matrícula. La rutina acordada fue la siguiente: al llegar a la facultad era conducida al Decanato, allí la recogía el profesor, la colocaba en el primer pupitre para vigilar cualquier exceso de sus compañeros y la devolvía al Decanato una vez que el bedel anunciaba el fin de la clase. Allí esperaba al profesor siguiente.

La inteligencia y el buen orgullo conmueven igual que la maldad. Algunos detalles de los recuerdos de María Goyri, defensora de la educación de la mujer y de la emancipación femenina, emocionan. El primero es que comprendió que tanta vigilancia sobre su persona al entrar en las aulas era un insulto a los hombres: «Consideraban al estudiante español insuficientemente civilizado para permanecer correcto ante una muchacha». La voluntad represiva suele ser en el fondo una evidencia de la corrupción de aquello que se pretender defender.

El otro detalle tiene que ver con el orgullo de lo conseguido. Al cabo de los años y al recordar aquellos catedráticos que la llevaban del Decanato al aula, le confesó al periodista Luis González de Linares en 1929: «Yo le aseguro a usted que si hoy quisieran seguir esta costumbre que acabo de referirle, no bastarían los catedráticos de todas las Universidades españolas para acompañar a las estudiantes de la Universidad Central».

Así es. Las transformaciones de lo privado son la única manera de sostener la emancipación pública. Le debemos mucho a hombres y mujeres de gran talento y energía extraordinaria, muy peligrosas por lo visto para España, que son capaces de pervertir lo que tienen al lado y de convertirse en las raíces más robustas de la revolución… Cada vez creo más en eso que en las grandes proclamas sin raíz.

Agosto llama a la puerta y basta con poner hielo a las jarras de agua

Agosto llama a la puerta y basta con poner hielo a las jarras de agua

Publicada el 28/07/2019

Los veranos eran antes más largos. Niños, profesores y familias bien cambiaban de hábitos a finales de junio, se dejaban llevar por los desayunos largos, las comidas en terrazas con toldos, las siestas con sorpresa, los paseos a la orilla del mar o de las cumbres, los galanes de noche y la paciencia del reloj que toda alma lleva dentro. Las familias menos pudientes tenían más difícil salir de sus ciudades. Y la lentitud, también presente, tomaba forma de ventana abierta y calor nocturno.

Los veranos de ahora no son tan largos. Casi nadie y casi nada disfruta de un mes, los recortes afectan al tiempo, los despertadores empiezan a sonar mucho antes de que llegue septiembre. El mes de agosto, sobre todo en la segunda quincena, convive con el tráfico urbano, el rumor de las tazas en las cafeterías, la necesidad de fichar y las reuniones de trabajo. Basta con poner hielo a las jarras de agua.

Pero no todo es tan radical como el vocerío de las redes sociales. Las gaviotas, una vez que los pescadores esconden en la lonja el fruto de sus artes, también acaban por sosegarse. Aunque el tiempo tenga hoy unas sandalias más ligeras, agosto goza de derechos adquiridos ayer, costumbres que permiten defender los buenos usos de la tranquilidad y la lentitud. Ahí está el mundo con su historia de siglos, su memoria encadenada a un rayo de luz, el olor vegetal de la vida, los vagabundeos que nos hacen recobrar un olvidado sabor a nosotros mismos.

Existen los problemas, se mantiene el hermoso conflicto que llamamos vida, pero no todo es tragedia, fusilamiento, abismo, arrecife, naufragio sin retorno. La indolencia bien combinada con el vitalismo llega a conseguir quincenas, espacios intermedios entre el hoy y el mañana, los saludos y las despedidas, las palabras siempre y nunca, las fronteras de lo posible y lo imposible. La parsimonia de agosto llega incluso a imponerse a su nueva brevedad y entra en las reuniones de trabajo para enfrentar los problemas con otro ánimo más pacífico.

Las conversaciones encuentran un decorado amable. Más que la escandalera del claxon en los atascos, domina la silenciosa dignidad de la rosa. Más que la crueldad de los reflectores, se extiende el paulatino violeta de los amaneceres o los atardeceres. Más que el incordio de la sequedad, la piel húmeda sale y entra de las olas para tenderse con protección bajo la paciencia milenaria del sol. Las cosas no están bien, pero el mundo no se acaba hoy, no hace falta lanzarse a las redes sociales para anunciar la catástrofe, para fundar acontecimientos en la puerta de urgencias, para exigir responsabilidades inmediatas. Más que insultos y desprecios, las manos recogen caracolas en las que se escucha un rumor sereno. El mes de agosto puede incluso ayudarnos a recobrar la calma de no tener que opinar de todo, creyendo que los demás están interesados en nuestra opinión, aunque no sepamos nada de lo que estamos opinando.

En fin, ya puestos y con una mañana de domingo en los labios, siempre se puede sacar partido a las situaciones por complicadas que sean. Si los veranos son ahora más cortos, tal vez se deban abordar los problemas de la primavera con la prudencia terrenal y sigilosa de las horas en agosto. La comunicación nunca será perfecta, pero entre la comunicación perfecta y el silencio cabe la posibilidad del entendimiento.

Lo bueno del verano es que hasta las grandes palabras, esas que emplean los héroes de la historia, se acercan a la vida cotidiana de los seres normales. Somos de carne y hueso. Me gusta pasear por la playa, y no sólo por el cuerpo modélico que de vez en cuando sale del mar, sino por los cientos de cuerpos que salen de los barrios y los coches con sus sonrisas de supervivientes, sus bolsas de sandías y sus kilos de más.