El Esoterismo en Fernando Pessoa — José Carlos Fernández Romero


Tú, de quien el Sol es sombra De quien cadáver el mundo Guía mis pasos, ¡como ensombrece El sentirse, yermo y profundo! Presencia anónima y ausente De quien el alma es el velo A mis pasos de inconsciente Da lo consciente que es tuyo! Para que, pasadas ya eras De tiempo o alma o razón, […]

a través de El Esoterismo en Fernando Pessoa — José Carlos Fernández Romero

Tú, de quien el Sol es sombra

De quien cadáver el mundo
Guía mis pasos, ¡como ensombrece
El sentirse, yermo y profundo!

Presencia anónima y ausente
De quien el alma es el velo
A mis pasos de inconsciente
Da lo consciente que es tuyo!

Para que, pasadas ya eras
De tiempo o alma o razón,
Mis sueños sean esferas
Mi pensamiento visión

22- 07- 1934

Esto escribía el poeta portugués más grande del siglo XX un año antes de su prematura muerte. Este poema destila una sabiduría profunda, una profunda visión del alma y es como tantos otros escritos de Fernando Pessoa, una bella flor abierta, nacida en la tierra de un conocimiento hermético y teosófico. Expone, como hace Platón, la existencia de un Sol espiritual, el LOGOS, cristalización radiante, suma y síntesis de todos los arquetipos divinos, fuente de toda vida, forma y ley en la naturaleza. Logos del que el Sol es sombra y símbolo. Así como la luz y energía del Sol es quien mantiene todo dinamismo en la naturaleza, y es quien rige la vida de “nuestro” universo; así el Logos o Sol espiritual es el equivalente al Dios de todas las religiones, la causa, fuente y origen de todo movimiento, de toda estructura, de todo número en el Alma de la Naturaleza, a quien los alquimistas y místicos medievales llamaron Anima Mundi. Este Logos es también la fuente de luz espiritual que alimenta y guía el alma en las sendas de la vida. Y como expresa el poeta “la presencia anónima y ausente de quien el alma es el velo”, es decir, el Ser verdadero de quien toda alma es veste de luz y sombras.

Fernando Pessoa nació en 1888, el mismo año que vio la luz la obra colosal de H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta. Comenzó a escribir a los cuatro años, recibió de la madre una educación esmeradísima y sus conocimientos de literatura eran tales, que dejó la Universidad a poco de entrar, pues sabía, sin duda, mucho más que sus profesores. Lector insaciable y eruditísimo en cuestiones filosóficas y de letras, diría que sus grandes Maestros eran Shakespeare y Whalt Whitmann. El primero es, para Pessoa quasidivino, un Iniciado en los Misterios, una de las poderosas Esfinges que han trazado el devenir humano. En los apuntes de una obra no concluida, cuyo título dice ya el carácter de la misma, “The Way of the Serpent”, afirmaría que “Shakespeare, desde que la Gran Fraternidad le llamó para sí sin necesidad de hablarle, pudo adquirir aquel dominio de su propia alma que lo irguió, como heraldo de sabiduría, por encima de todos los poetas del mundo; y es por ello que este hombre que no persiguió, sino con la sustancia íntima de su ser, entró en la más íntima, aunque inconciente, posesión de los Mayores Secretos que el buscador Flood o el masón Bacon. En “La Tormenta” están dados misterios más íntimos que en todo Flood, y están expresados con suma belleza, porque tienen el sello de Dios en la Materia, sello que es la misma Belleza”…

 

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