El Príncipe de la Paradoja

LITERATURA

¿Sabes quién es el príncipe de la paradoja? Grande en todos los sentidos, desde su vasta y brillante obra literaria, hasta el tamaño de su persona. Entérate de más aquí:

Chesterton

El Príncipe de la Paradoja

  

¡Qué grande es Chesterton! Grande en todos los sentidos, desde su vasta y brillante obra literaria, hasta el tamaño de su persona, superior al del ser humano promedio.

Y es difícil escribir una semblanza que abarque su personalidad, sus acciones y sus palabras. Pero nadie mejor que un enamorado de la literatura chestertoniana —con todo y sus paradojas y exageraciones— para ofrecernos un retrato de este escritor. Con ustedes… ¡el monumental Chesterton!

«Chesterton usa la paradoja con un solo propósito, no para ser gracioso, no para parecer inteligente, no para confundir o ser contradictorio. Él usa la paradoja como un resquicio de verdad. La verdad es siempre paradójica. Leer a Chesterton es lo más divertido, pero lo más serio que puedes hacer.»

Dan Ahlquist

A veces, sueño que viene en auxilio de 
la humanidad el más bizarro de los superhéroes jamás imaginado. Como música de fondo, se escucha a The Beatlescantando «Help!», cuando en el sueño traspasa la bruma el gigante salvador.

Ciento cuarenta kilos de peso no impiden que corra por las calles como si levitara a escasos centímetros del suelo; los casi dos metros de estatura que mide
le permiten ondear con brío la capa que cubre su invariable vestimenta de tres piezas, confeccionadas en elegante tweed escocés.

La corbata anudada sobre un cuello antiguo y almidonado más parece un moño que un triángulo al cuello.

A pesar del vértigo con el que irrumpe en sueños, el Príncipe de la Paradoja no pierde el ceño fruncido y
la insinuación crónica de una sonrisa que se dibuja
feliz bajo los quevedos que pellizcan su nariz, al filo
de un poblado bigote nevado con canas. Es un gordo entrañable y me salva de todos los abismos de la madrugada con una voz tipluda, sus manos invisibles sobre los párrafos con los que receta el más puro sentido común —el menos común de los sentidos— para desenmarañar todo enredo, tribulación o pendencia.

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SuperChesterton

Señor del sarcasmo, maestro de la meditación racional, el Príncipe de la Paradoja nació en Londres, Inglaterra, en 1874 y —al igual que su célebre coterráneo que deambula de whisky en whisky— sigue tan campante. Se llamaba Gilbert Keith Chesterton, aunque gustaba deambular bajo el enigma de sus siglas, subrayar para la posteridad el peso de su apellido y desfacer entuertos y librar honrosas batallas con el apodo de El Príncipe de la Paradoja.

Polígrafo prolífico, polifacético e incansable polemista, Chesterton era al mismo tiempo un corpulento duende capaz de hipnotizar a una legión de niños en medio de un cumpleaños y, al día siguiente, volverse él mismo 
el infante distraído, un entrañable despistado 
que llegó a enviar un telegrama a su esposa, inquiriendo: «Estoy en Market Harborough. ¿En dónde debería estar?», pues nunca llevaba bitácora específica de sus actividades, citas o pendientes.

Tanta liviandad para tan grande peso: era tan serio como su propia risa, incólume y humorista, polémico y querido. Sobre todo, leído.

Superhéroe Chesterton escribió más de cien libros, contribuyó con textos en otras dos centenas de títulos, firmó cientos de poemas, cinco novelas ejemplares
 y doscientos cuentos literarios.

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Además, escribió alrededor de cuatro mil ensayos en periódicos, durante treinta años consecutivos en su columna del Illustrated London News y trece años de columna semanal de la más pura agua del azar en el Daily News.

Es más, editó su propio periódico semanal y muchos de sus mejores párrafos los escribió en andenes de estaciones donde perdía constantemente su tren, o en bancas de apacibles parques por donde SuperChesterton se dejaba perder los rumbos de sus días.

El impacto de sus obras

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Uno de sus libros removió de raíz el ateísmo de 
C. S. Lewis y lo condujo al cristianismo creyente; una de sus novelas inspiró la independencia de Irlanda 
que enarbolara Michael Collins; uno de sus ensayos motivó los empeños de Mahatma Gandhi para su nada violento movimiento por la liberación de la India del dominio colonial británico, y más de uno de sus ensayos han despertado razones e inquietudes en no pocos pensadores de prestigio.

Sus novelas han destilado admiración, filiación y continuidad en prosas de altos vuelos: de Borges a García Márquez, de Hemingway
a Orson Welles, pasando por W. H. Auden y Agatha Christie.

Todos chestertonianos en cuanto quedamos inoculados por su ingenio, imantados por su magia verbal, pues como dijo T. S. Eliot, «Chesterton merece el reclamo permanente de nuestra lealtad». Todos chestertonianos en cuanto el enrevesado paisaje de nuestra realidad incomprensible, nos obliga a soñar 
la llegada milagrosa de un Príncipe Pensador que
 viene al rescate entre el hielo seco que envuelve sus párrafos perfectos.

Dice Alberto Manguel que «al 
leer a Chesterton nos embarga
 una peculiar sensación de 
felicidad», no dejaba de
 destilar en sus lectores una savia 
reconfortante para la reflexión y
 los contrastes.

Este texto tiene como propósito invitarte a su lectura, lo conoceras mejor así, pero antes, termina por cautivarte de su personalidad en este artículo que encontrarás en Algarabía 78.

Fuente:

https://algarabia.com/literatura/el-principe-de-la-paradoja/

 

 

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Antoine de Saint-Exupéry, el aviador soñador

 Antoine de Saint-Exupéry, el aviador soñador

El autor de El Principito nació tal día como hoy de 1900.

 María 

Antoine de Saint-Exupéry

Nacido en una familia aristocrática de la ciudad de Lyon, Antoine de Saint-Exupéry pasó una infancia feliz. No fue un alumno destacado en su juventud. Fracasó en la escuela naval, luego estudió artes y arquitectura, y finalmente se hizo piloto tras realizar el servicio militar en 1921, en Estrasburgo.

Saint-Exupéry solía volar en la ruta postal Toulouse-Dakar. En varias ocasiones, el piloto debió negociar con fuerzas marroquíes que habían tomado a aviadores caídos como prisioneros. Gracias a esta labor, el gobierno francés lo condecoró con la medalla de la Legión de Honor.

Saint-Exupéry inició su carrera como escritor el año que fue enviado a Argentina como piloto. Su primer novela corta se tituló El Aviador y fue publicada en una revista literaria. Alcanzó el reconocimiento público en 1931, cuando escribió Vuelo nocturno, una obra en la que plasmó sus experiencia como piloto y directo de la aerolínea argentina. Con esa novela ganó el Prix Femina, un afamado galardón literario en Francia.

Durante su vida, el piloto francés se estrelló en numerosas ocasiones. La más conocida es la del 30 de diciembre de 1935, cuando cayó en el desierto del Sahara. Él y el mecánico aviador André Prévot sobrevivieron milagrosamente a la colisión, pero se quedaron rápidamente sin agua. Sus suministros les duraron sólo un par de días; debido al intenso calor del desierto, sufrieron alucinaciones y estuvieron al borde de la muerte. Fueron rescatados por un beduino al cuarto día de su desventura.

Le Petit Prince, en español, El principito, fue sin lugar a dudas su libro más famoso. Un narración poética ilustrada –por el propio autor en su primera edición– en el cual relata su infortunio ya que quedó varado en medio del desierto, donde conoce al principito, un niño proveniente de un pequeño asteroide que con el tiempo se vuelven amigos.

Fue escrito durante la estancia de 27 meses de Saint-Exupéry en Estados Unidos, donde se exilia en 1940 con la idea de convencer al gobierno norteamericano de que apoyase a Francia en su lucha contra los nazis, luego del armisticio entre ambos países.

Pocos meses después de la publicación de El Principito en Estados Unidos (en Francia debió ser publicado oficialmente en 1946, después de su liberación de Alemania), Saint-Exupéry fue llamado a una misión militar de las Fuerzas Francesas Libres. Su salud estaba ya muy deteriorada a raíz de los anteriores accidentes aéreos que había sufrido.

nacías, Antoine de Saint-Exupéry, y contigo nació la belleza, la inocencia y la magia. Tu desaparición fue un misterio, pero sabemos que estás en todas las rosas y corazones. Me pregunto si todas las estrellas se iluminan porque tú estás en ellas.

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Diez clásicos infantiles imprescindibles

Desde 1967, cada 2 de abril, la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY) lleva a cabo la celebración del Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, una fecha en la que promocionar la lectura y buenos libros infantiles o clásicos de la literatura es un lugar común al que todos concurrimos.
— Leer en www.elciudadano.cl/cultura-2/diez-libros-clasicos-infantiles-imprescindibles-en-tu-biblioteca/04/

LECTURA PARA NIÑOS Y ADULTOS

Diez clásicos infantiles imprescindibles

Si eres padre, madre o un amante ávido de la literatura y quieres despertar la imaginación y estimular a tus pequeños hacia el infinito mundo de las letras, acá te hacemos algunas recomendaciones en el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil

ABRIL 2, 2018

Desde 1967, cada 2 de abril, la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY) lleva a cabo la celebración del Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, una fecha en la que promocionar la lectura y buenos libros infantiles o clásicos de la literatura es un lugar común al que todos concurrimos.

Como es costumbre, el IBBY selecciona para este evento un escritor representativo y a un reconocido ilustrador de su país para que elaboren el mensaje dirigido a todos los niños del mundo y el cartel que se distribuye por todo el mundo, y se promueva de esta manera la celebración en las bibliotecas, centros escolares, librerías, etc.

Este año le corresponde a la sección de Letonia, que difunde el mensaje de la escritora Inese Zandere (1958) y el cartel del ilustrador Reinis Petersons (1982).

Si eres padre, madre o un amante ávido de la literatura y quieres despertar la imaginación y estimular a tus pequeños hacia el infinito mundo de las letras, acá te hacemos diez recomendaciones:

Como primera sugerencia te traemos El libro de la Selva, de Rudyard Kipling. También conocido como El libro de las tierras vírgenes, fue publicado en 1894. Es una recopilación de relatos de quien fue el primer británico en ganar el Premio Nobel en 1907. En el texto se conjugan de manera admirable su conocimiento de la grandeza y diversidad de la India.

Como segunda opción está El gato con botas, de Charles Perrault. Es un cuento popular publicado en 1697 como parte del libro historias o cuentos del pasado, después conocida como Cuentos de Mamá Oca. La historia trata sobre un hombre que muere y deja como herencia a su hijo Benjamín sólo un gato que se convertirá en el mejor aliado del chico.

Cuento de Navidad, de Charles Dickens, toma la tercera casilla. Se trata de una novela corta del autor británico, publicada originalmente en 1843 y que rápidamente se convirtió en un clásico de la narrativa infantil. Cuenta la historia de un hombre rico y avaro, quien es visitado la víspera de Navidad por tres fantasmas que le muestran la miseria de su vida en un viaje cósmico.

¿Cómo no meterla en esta lista?: Alicia en el país de las Maravillas, de Lewis Carroll. Un cuento perfecto para niños, que se entiende de diferentes formas cuando se es adulto. Se publicó en 1865 y cuenta el frenético viaje de la pequeña Alicia a través de un mundo fantástico que retrata en extravagantes pinceladas la bondad y la maldad.

El príncipe feliz, del afanado Oscar Wilde. Un cuento de hadas escrito por el famoso irlandés. Fue publicado en una recopilación en 1888, luego del nacimiento del último hijo del autor. La historia trata de una estatua dorada de un príncipe, puede ver todo, pero no puede hacer nada para cambiar su realidad, hasta que conoce a una paloma. (Una golondrina).

El jardín secreto, del Frances Hodgson Burnett, es otra de nuestras sugerencias literarias. Publicado en 1911 trata de la vida de Mary, una pequeña que queda huérfana y es enviada al Reino Unido para vivir con su tío, lugar en el que junto a sus amigos, descubre un jardín que se convierte en su refugio, donde comenzará a vivir las mejores aventuras de su niñez.

Mujercitas, de Louisa May Alcott. La trama de este libro cuenta la vida de cuatro pequeñas y cómo van convirtiéndose en mujeres, teniendo la Guerra Civil de Estados Unidos como fondo. Meg, Jo, Beth y Amy son las protagonistas de este clásico de la literatura que ha sido adaptado al cine en varias ocasiones, la última en 1994.

También, Recopilación de Cuentos de Hans Christian Andersen, quien repite en esta lista y que publicó más de 150 cuentos infantiles. Su obra abrió nuevas perspectivas tanto de estilo como de contenido, por su innovador empleo del lenguaje cotidiano y expresiones de los sentimientos e ideas que previamente se pensaba que estaban lejos de la comprensión de un niño.

Por último, y no menos importante, El Principito. Esta novela corta es la obra más famosa del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. Mucho más que un libro infantil, admite muchas lecturas e incluso hay quien señala que no es un libro para niños. Pero si lo leíste de niño, lo recordarás como una aventura llena de imaginación en la que las ilustraciones te atraparon. Y tus hijos querrán volver a este título cuando crezcan para seguir descubriendo nuevas lecturas.

 

 

Seis claves para ser feliz, según la Universidad de Harvard

Ni dinero ni juventud: hoy el tesoro más codiciado es la felicidad, un concepto abstracto y subjetivo, pero en boca de todos. Ahora incluso la Universidad de Harvard enseña a sus alumnos a conseguirla

Seis claves para ser feliz, según la Universidad de Harvard

Existe una asignatura sobre la dicha en el prestigioso centro educativo. “La alegría también se aprende, como el golf o el esquí”

ser feliz Música: ‘Pleasure Palette’, de Flamingosis. Imágenes: fotogramas de las películas ‘Billy Elliot’, ‘Loose screws’, ‘Love bursts’, ‘The Lobster’, ‘Mommy’ y el cortometraje ‘I fotgot my phone’

Cada vez parece más claro que la nueva fiebre del oro no tiene que ver con hacerse millonario ni con encontrar la fuente de la eterna juventud. El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es atesorar felicidad, un concepto abstracto, subjetivo y difícil de definir, pero que está en boca de todos. Incluso es materia de estudio en la prestigiosa Universidad de Harvard.

Durante varios años, algunos de los estudiantes de Psicología de esta universidad americana han sido un poco más felices, no solo por estudiar en una de las mejores facultades del mundo, sino porque, de hecho, han aprendido a través de una asignatura. Su profesor, el doctor israelí Tal Ben-Shahar, es experto en Psicología Positiva, una de las corrientes más extendidas y aceptadas en todo el mundo y que él mismo define como “la ciencia de la felicidad”. De hecho, sostiene que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica.

Aceptar la vida tal y como es te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas

TAL BEN-SHAHAR, PROFESOR DE HARVARD

Con su superventas Being Happy y sus clases magistrales, los principios extraídos de los estudios de Tal Ben Shahar han dado la vuelta al mundo bajo el lema de “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”.

Aunque por su clase de Psicología del Liderazgo (Psychology on Leadership) han pasado más de 1.400 alumnos, aún así cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Alguna vez se tiene suficiente felicidad? “Es precisamente la expectativa de ser perfectamente felices lo que nos hace serlo menos”, explica.

Estos son sus seis consejos principales para sentirse afortunado y contento:

1. Perdone sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”, añade el experto. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad. Ya en el año 1992, Mauger y sus colaboradores estudiaron los efectos del perdón, encontrando que los bajos niveles de este hacia uno mismo se relacionaban con la presencia de trastornos como la depresión, la ansiedad y la baja autoestima.

2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. “Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista”.

3. Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro, que mitigan el dolor y causan placer, según detalla el entrenador de easyrunning y experto corredor Luis Javier González.

4. Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”, propone Tal Ben-Shahar. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio: “Mejor apagar el teléfono y desconectar del trabajo esas dos o tres horas que se pasa con la familia”.

5. Aprenda a meditar. Este sencillo hábito combate el estrés. Miriam Subirana, doctora por la Universidad de Barcelona, escritora y profesora de meditación y mindfulness, asegura que “a largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia”. El profesor de Harvard añade que es también un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo, aunque no hay consenso en que el optimismo llegue a garantizar el éxito, sí le aportará un grato momento de paz.

6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Concretamente, “nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”. Esto se conoce como locus de control o ‘lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos’, un término descubierto y definido por el psicólogo Julian Rotter a mediados del siglo XX y muy investigado en torno al carácter de las personas: los pacientes depresivos atribuyen los fracasos a sí mismos, y el éxito, a situaciones externas a su persona; mientras que la gente positiva tiende a colgarse las medallas, y los problemas, “casi mejor que se los quede otro”. Sin embargo, así perdemos la percepción del fracaso como ‘oportunidad’, que tiene mucho que ver con la resiliencia, un concepto que se ha hecho muy popular con la crisis, y que viene prestado originariamente de la Física y de la Ingeniería, con el que se describe la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. “En las personas, la resiliencia trata de expresar la capacidad de un individuo para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, o situaciones potencialmente traumáticas, y recuperarse saliendo fortalecido y con más recursos”, afirma el médico psiquiatra Roberto Pereira, director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar.

 

¡Charla entre la razon y el corazon – Gabriela Mistral -!

Hola muy buenas tardes queridas y lindas Amigas, estimados Amigos, hoy les comparto con mucho placer éste bellísimo poema de la gran, Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral. Cuando lo volví a escuchar y releer me llegó hondo; además de hermoso, el poema es una verdadera cátedra de filosofía….

Jesús Torres Navarro.

CHARLA ENTRE LA RAZÓN Y EL CORAZÓN

¿Y si en realidad el tiempo no lo pudiese todo?

Si no fuese tan cierto que las cosas con el pasar de los días se van olvidando… o las heridas no se van cerrando;

¿cuántas cosas cambiarían? Porque es muy fácil pensar que con solo dejar pasar los días, meses o años las cosas se solucionan, y lo peor es que uno se auto convence, y se cree un superado, alguien que tuvo la suerte de superar un dolor y sobreponerse, y se vuelve a sentir fuerte…

Sin embargo, un buen día, quizá el menos pensado, todo el castillo que creías tan sólido comienza a temblar, porque te encontrarás de nuevo cara a cara con el dolor, con ese sentimiento tan helado y tan dormido del que ya casi ni te acordabas, y que, muy a pesar de todo, sigue ahí, y comienza a despertarse con todas las fuerzas acumuladas por el tiempo en que estuvo inactivo y quiere salir, quiere gritar que está vivo y que va a dar pelea, y es ahí cuando tu corazón se rebela, y quiere demostrar lo que en realidad siente, eso que tu cabeza le hizo guardar.

Y es ahí cuando comienza una terrible guerra entre la RAZÓN y el SENTIMIENTO, y quién sabe qué es lo que realmente vale más, porque la RAZÓN piensa:

“¡Otra vez no! ¿O acaso no te acuerdas el tiempo que te costó volver a ponerte en pie? ¿O no te acuerdas de esas noches sin dormir, de esos desvelos y angustias, de tus días vacíos, de tus noches sin estrellas? ¿Quieres realmente volver a vivir todo eso, o ahora que ya estás de pie… no sería mejor que anduvieras por otros caminos?

Una vez creíste tocar el cielo con las manos y en un instante descendiste al más profundo de los infiernos. ¿Crees que vale la pena? Haz lo que te digo, no existen los amores eternos, y seguramente todo eso lo único que va a hacer es ilusionarte y volverte a lastimar.” ¡PIENSA!, ¡no te equivoques!

Y se hace un silencio eterno…

El CORAZÓN, aturdido por las palabras de la RAZÓN, se queda sin aliento, pero después de un rato de pensar, donde la RAZÓN ya creía tener ganada la partida, el CORAZÓN replica: “No sé si tus palabras son del todo ciertas, pero sí sé que no son tampoco del todo equivocadas. No es lo mismo pensar que sentir, no es lo mismo razonar que hacer las cosas impulsivamente… Porque los que piensan son aquellos que nunca se arriesgan, y pobre de aquel que no esté dispuesto una vez en su vida a perderlo todo por la persona que ama; pobre de aquel que no está dispuesto a olvidar, porque nunca será perdonado; pobre de aquel que es tan ciego y vacío, que no es capaz de dejar de lado todas las trivialidades de la vida por amor… Pobre de quien teniendo en frente el amor de su vida, no es capaz de quitarse la careta y sentir… Porque el amor no sólo es alegría, no sólo es paz y ternura. El amor es también dolor y lágrimas, es angustia y desvelo, es muchas cosas, pero bueno… la verdad es que no sé qué pesa más, si la RAZÓN o el SENTIMIENTO… Lo que sí sé es que si uno no siente se transforma simplemente en una roca, una cosa que no es capaz de demostrar cariño y confianza: un cuerpo sin alma. Por eso creo que uno debe jugarse por lo que siente… Le puede salir bien o mal, puede equivocarse o vivir el resto de su vida con la persona que ama… Lo que sí es cierto es que jamás perdonaría a alguien que, por rencor o desconsuelo, no sea capaz de tomar a la persona que ama y gritarle a todo el mundo que por ella daría la vida…

Y, por último, otra cosa que tengo bien clara, es que el que se enamora soy yo, y el amor se siente con el CORAZÓN, no con la CABEZA.”

Se hizo el silencio… y, sin mediar palabra, el CORAZÓN decidió tomar el camino correcto… y fue tras el Amor.

A mi me gustan los hombres mayores.

Frases Bonitas Para Todo Momento.

A mi me gustan los hombres mayores.

A mí me gusta que me traten como dama aunque de eso se me olvide cuando estamos en la cama.  A mí me gusta que me digan poesía al oído por la noche cuando hacemos groserías. Me gusta un caballero que sea interesante, que sea un buen amigo, pero más un buen amante. ¿Qué importa unos años de más? A mí me gustan mayores, de esos que llaman señores, de los que te abren la puerta y te mandan flores. A mí me gustan más grandes, que no me quepa en la boca, los besos que quiera darme y que me vuelva loca. Yo no soy viejo pero tengo la cuenta como uno. Si quieres a la cama yo te llevo el desayuno, como yo, ninguno. Un caballero con 21, Yo estoy puesto pa’ todas tus locura’ . Que tú quieres un viejo, ¿está segura? Yo te prometo un millón de aventuras Y en la cama te duro lo que él no dura, yo estoy activo 24/7 . Conmigo no hacen falta los juguetes, yo todavía me hago de paquete.  Pero si te gusta abusar cor otra gente. A mí me gustan mayores. De esos que llaman señores, De los que te abren la puerta y te mandan flores. A mí me gustan más grandes, que no me quepa en la boca  los besos que quiera darme y que me vuelva loca. Yo no quiero un niño que no sepa nada. Yo prefiero un tipo, traje de la talla. Yo no quiero un niño que no sepa nada. Yo prefiero un tipo, traje de la talla. A mí me gustan, me gustan mayores, de esos que llaman señores de los que te abren la puerta  y te mandan flores.

A mí me gustan mayores, 

de esos que llaman señores. 

De los que te abren la puerta 

y te mandan flores.

A mí me gusta que me traten como dama aunque de eso se me olvide cuando estamos en la cama. 
A mí me gusta que me digan poesía al oído por la noche cuando hacemos groserías. Me gusta un caballero que sea interesante, que sea un buen amigo, pero más un buen amante. ¿Qué importa unos años de más? A mí me gustan mayores, de esos que llaman señores, de los que te abren la puerta y te mandan flores. A mí me gustan más grandes, que no me quepa en la boca, los besos que quiera darme y que me vuelva loca. Yo no soy viejo pero tengo la cuenta como uno. Si quieres a la cama yo te llevo el desayuno, como yo, ninguno. Un caballero con 21, Yo estoy puesto pa’ todas tus locura’ . Que tú quieres un viejo, ¿está segura? Yo te prometo un millón de aventuras Y en la cama te duro lo que él no dura, yo estoy activo 24/7 . Conmigo no hacen falta los juguetes, yo todavía me hago de paquete. 
Pero si te gusta abusar cor otra gente. A mí me gustan mayores. De esos que llaman señores, De los que te abren la puerta y te mandan flores. A mí me gustan más grandes, que no me quepa en la boca 
los besos que quiera darme y que me vuelva loca. Yo no quiero un niño que no sepa nada. Yo prefiero un tipo, traje de la talla. Yo no quiero un niño que no sepa nada. Yo prefiero un tipo, traje de la talla. A mí me gustan, me gustan mayores, de esos que llaman señores de los que te abren la puerta 
y te mandan flores.
Me lo mandaron por correo.
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