La Comunidad Autónoma de Catalunya!! ✌✌✌

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El orden constitucional

Escucho y leo últimamente como invocan éste concepto en varios países para justificar medidas o políticas públicas represivas o que violan los derechos humanos universales; desde Maduro en Venezuela, Peña en México, Trump en los EEUU, Putin en Rusia, Rajoy y él rey en España por mencionar solo algunos jefes de gobierno, lo han invocado en sus explicaciones públicas a la prensa. Es patético e inaceptable por cualquier motivo argumentado.

Al invocar al orden constitucional colocan a la Constitución del país por encima incluso de los Derechos Humanos Universales, se les olvida que los Tratados Internacionales son Meta Constitucionales, y de todos los Tratados signados en la ONU La Carta de los Derechos Humanos Universales firmada por todos los países miembros en diciembre de 1947 y que entró en vigor el 1° de enero de 1948 es el más importante. La libertad de expresión; uno de los derechos humanos fundamentales contenidos en la carta no puede impedirse o limitarse por ninguna autoridad ni por ordenamiento jurídico. La consulta pública es una forma de ejercer la libertad de expresión.

Los derechos humanos tienen características peculiares, no implican obligación alguna, no son renunciables, ni transferibles, ni se pueden condicionar, son exclusivos de cada persona, que los adquiere por el solo hecho de ser persona y por ello él qué alguna persona no esté de acuerdo con que otro u otros ejerzan sus derechos humanos resulta irrelevante ya que nada ni nadie puede impedir ni dificultar el ejercicio personal pleno de sus derechos humanos. Es decir que, sin afectar los derechos humanos de terceros, cada uno de nosotros los humanos podemos ser, hacer y expresar lo que nos de nuestra regalada gana.

Reprimir violentamente el referéndum independentista en Cataluña, se esté o no de acuerdo con el propósito del ejercicio público y masivo del 1° de octubre de 2017, es inaceptable, aberrante y fascista.

Jesús Torres Navarro.

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Selección de 7 cuentos breves de sabiduría oriental (para reflexionar)

Buenas madrugadas familia, amigas y amigos, queridas y estimados, continuando con “cada día un Cuento” les comparto un recuerdo de facebbok de hace dos años que compartió conmigo una gran amiga…

Mi muy querida, culta, gran poeta y Amiga Ruth compartió conmigo el 16 de septiembre de 2015; 7 bellos cuentos ideales para la reflexión; siempre es un buen día para reflexionar. La literatura y la poesía permiten que entremos a nuestra Alma donde están las respuestas a todas las disyuntivas que nos plantea la vida ✌️✌

José Saramago decía: ¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para adultos?, ¿seríamos realmente capaces de aprender lo que desde hace tanto tiempo venimos enseñando…?… Desde esa base presento esta selección de 7 cuentos breves de sabiduría oriental para que cada uno extraiga sus propias conclusiones, y para que los adultos reconectemos con la sabiduría y la magia de todo el aprendizaje que nos siguen aportando los cuentos.

Vale la pena leerlos con calma y detenimiento. Se recomienda aparcar la prisa y darse una pausa entre un cuento y el siguiente…

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LA FARMACIA

Nasrudín estaba sin trabajo y preguntó a algunos amigos a qué profesión podía dedicarse. Ellos le dijeron:

-A ver Nasrudín… Tú eres un hombre muy capaz y sabes mucho sobre las propiedades medicinales de las hierbas. Podrías abrir una farmacia..
Nasrudín volvió a su casa, le estuvo dando vueltas a la cuestión durante unos días, y finalmente se dijo: “Sí, es una buena idea, creo que soy capaz de ser farmacéutico”. Claro que Nasrudín estaba pasando por una época en la que deseaba ser muy prominente e importante. “No solo abriré una
farmacia que se ocupe de hierbas. Abriré un establecimiento enorme y produciré un gran impacto…”.

Entonces compró un local, instaló los estantes y vitrinas, y cuando llegó el momento de pintar la fachada colocó un andamio, lo cubrió con sábanas, y se puso a trabajar sin que nadie pudiera ver nada. A nadie le dejó ver cómo estaba pintando la fachada y qué nombre pondría a la farmacia. Después de unos días distribuyo panfletos que decían: “Mañana es el gran día. Inauguración: mañana a las 9”.

Todas las personas del pueblo y de los pueblos de los alrededores vinieron y se concentraron expectantes frente a la farmacia. A las 9 en punto salió Nasrudín y, con gesto teatral, sacó la sábana que cubría la fachada de la tienda. La gente que allí estaba vio un gran cartel que decía:

“FARMACIA CÓSMICA Y GALÁCTICA DE NASRUDÍN”

Debajo, con letras más pequeñas: “Armonizada con influencias planetarias”.

La gran mayoría de personas que asistieron a la inauguración quedaron muy impresionadas. Aquel día hizo mucho negocio, la gente no dejaba de comprar. Por la tarde el maestro de la escuela del pueblo le visitó y le dijo:
-Francamente Nasrudín, estas afirmaciones que usted hace son un poco dudosas…
-¿Dudosas por qué? -respondió Nasrudín-. -Eso de cósmica y galáctica, y armonizada con influencias planetarias, francamente… -No, no, no, no… -dijo Nasrudín- Todas las afirmaciones que yo hago sobre las influencias planetarias son absolutamente ciertas. Cuando sale el sol, abro la farmacia. Cuando el sol se pone, la cierro.

PERLAS DE SABIDURÍA

Había una vez en el lejano Oriente un hombre considerado muy sabio. Un joven viajero decidió visitarle para aprender de él. -Maestro, me gustaría saber cómo llegar a ser tan sabio como usted…

-Es realmente sencillo, -le dijo- yo solo me dedico a descubrir perlas de sabiduría. ¿Ves aquel gran baúl de perlas?-Sí. -Son todas las que he acumulado durante mi vida.

-Sí pero… ¿dónde puedo encontrarlas? -Están en todas partes. Es cuestión de aprender a discernirlas. La sabiduría siempre está preparada para quien esté dispuesto a tomarla. Es como una planta que nace dentro del hombre, evoluciona dentro de él, se nutre de otros hombres y da frutos que alimentan a otros hombres. -Aaahhhhh, ya, ya…. Lo que me está diciendo es que tengo que ir descubriendo lo que hay de sabio en cada persona para crear mi propia sabiduría y compartirla con los demás…

En aquel momento, las palabras de aquel joven parecía como si se fueran formando una pequeña nube de vapor de agua que se condensaba hasta solidificarse en una pequeña perla. Inmediatamente el maestro la recogió para ponerla junto al resto de perlas.

El maestro le dijo:

-Realmente, mi única sabiduría es recopilar estas perlas para después saber utilizarlas en el momento oportuno.

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AFILAR EL HACHA

En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al día siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.
El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día. El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:
-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha? El joven respondió:
-Realmente, no he tenido tiempo… He estado demasiado ocupado cortando árboles…

EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIEN ERA

Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,… Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.

-No sé quién soy… -se lamentaba-. -Te falta concentración… -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas… ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas…

-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!
Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:

-No te preocupes. Tu problema no es tan grave… Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior… ¿Mi voz interior?… ¿Ser yo mismo?… ¿Conocerme?… -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.

Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:

“Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quién eres!, ¡sé quién eres!…”

Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.

Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.

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LAS LLAVES DE LA FELICIDAD

En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra.
Para llevar a cabo la gran broma, antes que nada, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.
-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.

-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.
-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.

-¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.
-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.

-¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.

-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las llaves de la Felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:

-Esconderemos las llaves de la Felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar…
-¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-. -El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar es: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la Felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.

CRUZANDO EL RÍO

Un anciano maestro zen y dos discípulos andaban en paz y silencio por un largo camino. Hacia el mediodía llegaron a un río y vieron a una chica muy guapa sentada tranquilamente con los pies puestos en el agua. La chica contemplaba receptiva y seductora a los tres caminantes.

Los dos discípulos empezaron a mostrarse nerviosos ante tanta belleza. Los dos quedaron embelesados por el atractivo radiante del cuerpo de la chica y por la brillantez de su mirada. Poco a poco se fueron acercando, dejando al maestro en un segundo plano. Ella, con actitud seductora, les miró y les dijo: -¿Quién de los dos podría ayudarme a cruzar el río?… Los dos muchachos se miraron y dirigieron un gesto interrogando al maestro que observaba lo que estaba pasando. El maestro lanzó una mirada profunda a cada uno de ellos sin decir nada. Después de un largo y tenso minuto de dudas, uno de los discípulos avanzó, y cogiendo a la mujer en brazos, la ayudó a cruzar el río entre sonrisas, caricias y mucha complicidad. Una vez llegaron al otro lado del río se dieron un beso tierno y se despidieron sin dejar de mirarse. El joven se dio media vuelta y continuó el camino con el otro discípulo y el maestro.

El discípulo que se había quedado junto al maestro no dejaba de lanzar interrogadoras miradas al silencioso e impasible anciano que solo observaba. Pasaban las horas mientras avanzaban silenciosos por las montañas y valles. El discípulo que no había cruzado el río junto a la muchacha, realmente lo estaba pasando muy mal. Pero no decía nada. Por la noche, cuando llegaron a casa, sus movimientos delataban su estado interno: se quemaba con el fuego que encendía, se le caía el vaso de agua que sostenía entre sus manos, tropezaba con la raíz de un árbol del jardín… Su mirada siempre encontraba el rostro impasible y ecuánime del anciano, que lo observaba sin emitir juicio ni palabra.

Tres días después, la tensión llegó a ser tan dura, que el chico se dirigió hacia el maestro y le dijo con rabia:

 -¿Por qué no le has dicho nada a mi hermano, que rompiendo las reglas de la sobriedad ha encendido el fuego del erotismo con aquella chica del río?, ¡¿por qué?!  ¡¿Por qué no le has dicho nada?!… ¡¡Y no me digas que la respuesta está en mi interior porque ya no puedo escuchar ni ver nada con claridad!! ¡Necesito entender!, dame una respuesta, por favor. El anciano, dedicándole una mirada integral de rigor y benevolencia, le respondió con serenidad y contundencia:

-Tu hermano ha tomada la mano de aquella mujer a un lado del río, y la ha soltado cuando ha llegado al otro lado. Tú has tomado la mano de aquella mujer a un lado del río, y aún no la has soltado.

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EL CIELO Y EL INFIERNO

En un reino lejano de Oriente se encontraban dos amigos que tenían la curiosidad y el deseo de saber sobre el Bien y el Mal. Un día se acercaron a la cabaña del sabio Lang para hacerle algunas preguntas. Una vez dentro le preguntaron:

-Anciano díganos: ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?… El sabio contestó:

-Veo una montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchos hombres y mujeres con mucha hambre. Los palos que utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso cuando cogen el arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la frustración cada vez van a más. Más tarde, el sabio proseguía:

-Veo también otra montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción. Sus palos son también más largos que sus brazos. Aun así, han decidido darse de comer unos a otros.

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El retrato Oval. De Edgar Allan Poe.

Cada día un cuento

Cuento No. 8

El retrato Oval.

    De Edgar Allan Poe.

El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe.

Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco.

Produjerónme profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacia inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada y que trataba de su crítica y su análisis.

Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro. Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera.

Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? no me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.

No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.

El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. Se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo, que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, perdianse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva.

Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros.

Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:

“Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y, se desposó con él.

“El tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso.

“El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día.

“Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él.

Ella no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día. tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; Porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado; pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritando con voz terrible:

“-¡En verdad esta es la vida misma!- Volvióse bruscamente para mirar a su bien amada, … ¡estaba muerta!”. 

http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_retrato.htm

Tomados del blog “Rincón del Poeta” conwhttp://ww.rindelpoeta.com.ar.

Una biblioteca de Cuentos: https://jestoryas.wordpress.com/2017/09/12/una-biblioteca-de-cuentos/

 

Tres cuentos cortos.

Cada día un cuento

Cuentos No. 5, No. 6 y No. 7 

Hoy les comparto tres cuentos cortos

Cuento No. 5

“Los caminos del corazón”

  de Carlos Castaneda

Cada camino es uno entre un millón.

Por ende, no hay que olvidar que un camino no es más que eso.

Si piensas que no debes seguirlo, no te quedes en él bajo ninguna circunstancia.

Un camino no es más que un camino.

Que lo abandones cuando tu corazón así te lo indique no significa ningún desaire a ti mismo ni a los demás.

Pero tu decisión de seguir esa senda o apartarte de ella no debe ser producto del temor ni la ambición.

Te advierto: examina cada camino atentamente. Pruébalo tantas veces como te parezca necesario.

Luego hazte esta pregunta: ¿Tiene corazón este camino?

Todos los caminos son iguales, no llevan a ningún lado. Atraviesan la maleza, se internan o van por debajo de ella.

Si ese camino tiene corazón, entonces es bueno. De lo contrario, no te servirá de nada …

De “Las enseñanzas de Don Juan”, de Carlos Castaneda. 

http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_camino.htm 

Cuento No. 6

Instrucciones para llorar

 Julio Cortazar.

 Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_instrucciones.htm

Cuento No. 7

PUÑADOS DE POLVO

Juana de Ibarborou 

De “El cántaro fresco”

Por la persiana entornada entra al comedor en penumbra, un rayo de sol matinal. Y por la misma rendija sale a la calle, oblicua hacia arriba, una banda ancha y dorada de moléculas. Parece una legión de bailarines, pues, mirando atentamente, veo que cada uno de los puntitos rubios gira de una manera vertiginosa sobre sí mismo. Si yo supiera física, ¡cuantas observaciones podría hacer ahora! Pero no sé nada más que imaginar y soñar. Y miro con envidia a esa banda de átomos que se va a correr el mundo, llevándose quizás el secreto de todas mis intimidades. ¡Oh granitos de polvo que vais a ver lo que yo no he de mirar jamás: bosques, mares, ciudades, templos, auroras boreales, maravillas! De soplo en soplo, de ráfaga en ráfaga, recorréis la tierra, sorprenderéis el secreto de mil mujeres, y cuando el viento os vuelva a traer otra vez a este lugar, quizás haya transcurrido un gran montón de siglos. Yo no seré ya más que un puñadito de polvo amarillo. Y entonces me iré a danzar y a correr por el mundo con vosotros.

http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_punadosdepolvo.htm

Tomados del blog “Rincón del Poeta” conwhttp://ww.rindelpoeta.com.ar.

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Remedios La Bella. Gabriel García Márquez.

Remedios La Bella

Gabriel García Márquez

El rincón del Poeta, enlace a la publicación original:

  http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_remedios.htm

Uno de los personajes más fascinantes de Macondo.

Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Su belleza enciende el deseo de los hombres, pero aquellos que intentan consumarlo mueren de forma inesperada. Veamos el poético final de la historia de tan insólita mujer.

La suposición de que Remedios, la bella, poseía poderes de muerte, estaba entonces sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo. Tal vez, no sólo para rendirla sino también para conjurar sus peligros, habría bastado con un sentimiento tan primitivo y simple como el amor, pero eso fue lo único que no se le ocurrió a nadie. Úrsula no volvió a ocuparse de ella. En otra época, cuando todavía no renunciaba al propósito de salvarla para el mundo, procuró que se interesara por los asuntos elementales de la casa. “Los hombres piden más de lo que tú crees”, le decía enigmáticamente. “Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que crees.” En el fondo se engañaba a sí misma tratando de adiestrarla para la felicidad doméstica, porque estaba convencida de que una vez satisfecha la pasión, no había un hombre sobre la tierra capaz de soportar así fuera por un día una negligencia que estaba más allá de toda comprensión. El nacimiento del último José Arcadio y su inquebrantable voluntad de educarlo para Papa terminaron por hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La abandonó a su suerte, confiando que tarde o temprano ocurriera un milagro, y que en este mundo donde había de todo hubiera también un hombre con suficiente cachaza para cargar con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta había renunciado a toda tentativa de convertirla en una mujer útil. Desde las tardes olvidadas del costurero, cuando la sobrina apenas se interesaba por darle vuelta a la manivela de la máquina de coser, llegó a la conclusión simple de que era boba. “Vamos a tener que rifarte”, le decía, perpleja ante su impermeabilidad a la palabra de los hombres. Más tarde, cuando Úrsula se empeñó en que Remedios, la bella, asistiera a misa con la cara cubierta con una mantilla, Amaranta pensó que aquel recurso misterioso resultaría tan provocador, que muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como para buscar con paciencia el punto débil de su corazón. Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que un príncipe, renunció a toda esperanza. Fernanda no hizo siquiera la tentativa de comprenderla.

Cuando vio a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga.

A pesar de que el coronel Aureliano Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cada momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.

-¿Te sientes mal? -le preguntó.

Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.

-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.

Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerones y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Este mágico y hermoso cuento de “él Gran Gabo” también lo puedes leer, junto con otros excelentes cuentos en “Una biblioteca de Cuentos” publicada en éste Blog, en el enlace:

https://jestoryas.wordpress.com/2017/09/12/una-biblioteca-de-cuentos/

Gabriel García Marquez; Remedios la bella. 

El rincón del Poeta. 

conwhttp://ww.rindelpoeta.com.ar/cuento_remedios.htm 

 

 

Una biblioteca de Cuentos.

¡Hola muy buenas madrugadas amables lectores, familia, queridas y lindas amigas, estimados amigos, tengo el enorme placer de compartirles una joya literaria que estoy seguro les va a gustar, se trata de una magnífica selección de cuentos, hermosos todos y de colección, que espero los disfruten mucho. Sé que no es posible leerlos todos en una sola visita, les transcribo uno muy especial del gran Maestro Mario Benedetti, un enorme abrazo con mucho cariño…disfrútenlos! 
 Mario Benedetti 

El sexo de los ángeles.

Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y las mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.

    Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos ( por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir, con las adecuadas.

  Así, cada vez que ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.

   Y si ángel, para abrir el  fuego dice : “semilla”, Ángela, para atizarlo responde: “surco”. Él dice “alud”, y ella, tiernamente: “abismo”.

  Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.

  Ángel dice : “madero”. Y Ángela: “caverna”.

  Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.

 Él dice “manantial”. Y ella “cuenca”.
   Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y  allá, entre cristales de
nieve, circulan el aire y su expectativa.
 

Ángel dice: “estoque”, y Ángela, radiante: “herida”. Él dice: “tañido”, y
ella: “rebato”.

Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los
cúmulos, los estratos y los nimbos, se estremecen, tremolan,  estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.

Una biblioteca de Cuentos Selecciona Autor y Título, doble click .Se puede leer cada cuento con música .

 

Oscar Wilde 
El Príncipe Feliz<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_elprincipefeliz.htm>

Paulo Coelho

Cuidado con los recuerdos… .<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_cuidadoconlosrecuerdos.htm>
Cuento de Navidad<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_denavidad.htm>
El hombre que perdonaba<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_elhombrequeperdonaba.htm>
Ahuyentar los fantasmas<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_ahuyentarfantasmas.htm>
El llanto del desierto<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_desierto.htm>
Un cuento de Navidad<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_navidad.htm>

Mario Benedetti
 
El otro yo<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_elotroyo.htm>
Los Pocillos<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_lospocillos.htm>
El sexo de los ángeles<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_sexoangeles.htm>
Conciliar el sueño<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_conciliarelsueno.htm>

Jorge Bucay
 
El elefante encadenado<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_elefantencadenado.htm>
Animarse a volar<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_animarseavolar.htm>
La alegoría del carruaje<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_alegoria.htm>
Amarse con los ojos abiertos<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_amarse.htm>
El oso<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_eloso.htm>
Galletitas<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_galletitas..htm>
El buscador<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_elbuscador.htm>
La cobija<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_cobija.htm>
Intentaré ser fresia<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_fresia.htm>

Eduardo Galeano
 
Celebración de la fantasía<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_celebraciondelafantasia.htm>
La función del arte I<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_lafunciondelarte.htm>
La dignidad del arte<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_dignidad.htm>
Para la cátedra de literatura<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_catedradeliteratura.htm>
Los adioses<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_losadioses..htm>
La puerta<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_lapuerta.htm>
El mundo<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_fueguitos.htm>
El diagnóstico y la terapeuta<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_diagnostico.htm>
Palabras<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_palabras.htm>
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La yerba mate<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_yerbamate.htm>
Historia de tres mujeres<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_treshistorias..htm>

Eladio Bulnes Jiménez

Ayer<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_ayer.htm>

Deepak Chopra

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Oliverio Girondo

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Silvina Ocampo
 
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Instrucciones para llorar<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_instrucciones.htm>
Los Parques<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_losparques..htm>
Aplastamiento de las gotas<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_gotas.htm>

Horacio Quiroga
 
El almohadón de plumas<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_almohadon.htm>

Juana de Ibarbourou
 
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Enrique Mariscal
 
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El corcho<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_elcorcho.htm>

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Edgar Allan Poe

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Marcelo Ferrer
 
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Yuri Tabak

Las almas de los hombres cuando mueren<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_lasalmas.htm>
Las llaves únicas<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_lasllaves.htm>

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La travesura<http://www.rincondelpoeta.com.ar/cuento_latravesura.htm>

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Cajitas
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No quisiera morirme sin volver a verte
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Para que el mundo no se quede a oscuras
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La palabra que cure las heridas
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Como se hace un poema
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Buscándonos
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La mitad de un recuerdo cada uno
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Te cantaré amor para que duermas
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Ya vendieron el piano
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Pasarán cosas
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Un agujero en el zapato
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Autores Varios
 
Canción del corazón
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La casa de la soledad
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Estrellas de mar
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El perro Fernando
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Cara de ángel
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Revista Algarabía: El grabado y el imaginario popular en México.

Hace 5 años, el 12 de septiembre de 2012, publiqué aquí mismo un artículo muy interesante de la Revista Algarabía; lo reedito agregando fotos, enlaces y algunos datos biográficos del gran Maestro Don José Guadalupe Posada, el más influyentes grabador mexicano. Nació 99 años antes que yo, el mismo día.

José Guadalupe Posada (Aguascalientes2 de febrero de 1852 – Ciudad de México20 de enero de 1913) fue un grabadorilustrador y caricaturista Mexicano. Célebre por sus dibujos de escenas costumbristas, folclóricas, de crítica socio-política y por sus ilustraciones de «calacas» o calaveras, entre ellas La Catrinahttps://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Guadalupe_Posada.

JG Posada Print shop.JPG Ver biografía de José Guadalupe Posada; https://www.mexicodesconocido.com.mx/jose-guadalupe-posada.html 

El grabado y el imaginario popular de México

Por Igor Ublegott.

El arte popular y las artesanías están llenas de ejemplos de ese supuesto coqueteo que «el mexicano» —así, en abstracto— sostiene con la huesuda y su infatigable guadaña, y el Día de Muertos, con toda su parafernalia, tampoco ayuda mucho. Pero sin duda gran parte de la culpa deben cargarla como pesada losa los artistas plásticos que insuflaron vida a nuestros muertitos, los vistieron y, como para menguar la nostalgia que nos deja su viaje sin retorno, nos los trajeron de vuelta y los hicieron protagonistas de estampas que, aún hoy, siguen dando vueltas en eso que llaman el «inconsciente colectivo».

Pero no sólo de calaveras se trata, sino también de hombres, mujeres y niños de la vida rural y urbana; políticos, magos y santurronas; juegos y diversiones populares; borrachos, asesinos y ladrones; toros y toreros, santos y diablos, milagros y cataclismos. Todo tan a la mano y tan al alcance como podía estarlo un libro de juegos, un refranero o un volante ilustrado por Manuel Manilla o por José Guadalupe Posada.

Manilla, primero lo primero

En 1925, el pintor y crítico francés Jean Charlot afirmó: «[…] se sacó a la luz, últimamente, el nombre de Guadalupe Posada, porque su tremenda personalidad se imponía; quizás también porque ya había muerto. Pero si Posada fue grande, es porque sacudió y rompió la tradición ya establecida del grabado mexicano, y quizás importaría saber quién o quiénes establecieron esta tradición».1

Para hablar de la tradición del grabado, hay que echar un vistazo al México del siglo XVIII, en el que prácticamente todas las hojas impresas que circulaban provenían de España. Existen copias de romances españoles fechados en 1736 que pueden tomarse como precursores del corrido mexicano. Pero el grabado mexicano empezó a hablar con voz propia a principios del siglo XIX y se asentó de manera definitiva en la segunda mitad del mismo siglo, con la aparición de las ediciones de don Antonio Vanegas Arroyo, que mayormente atendían a un mercado popular —es decir, no hablamos de ediciones de libros «serias»— por medio de la publicación de estampas, volantes, panfletos que podrían considerarse la «nota roja» de la época, antologías de canciones y juegos. Entonces el grabado tradicional en madera —o xilografía— permanecía vigente en virtud de su practicidad, ya que permitía montar los grabados junto con el texto, y de su bajo costo, que lo colocaba sobre el grabado en lámina de cobre y de la litografía, al menos en las piezas destinadas al consumo masivo.

El primer dibujante y grabador de Vanegas Arroyo fue Manuel Manilla, cuyos primeros trabajos vieron la luz de las calles en 1882. Poco más se sabe de su vida: nació en la ciudad de México en 1830, él y su hijo eran grabadores, se retiró en 1892 —ante el empuje que ejercían las obras de Posada— y murió de tifo en 1895.

Manilla se especializó en temas religiosos —Cristos, santos y vírgenes— y en estampas para la devoción, cuya demanda era abundante en una ciudad de 185 000 habitantes predominantemente católicos. Además de eso, de los buriles del prolífico grabador emanaron juegos de mesa, carteles para espectáculos —bailes, circo y teatro, corridas de toros, carruseles, títeres y peleas de gallos—, caricaturas para la prensa, adivinanzas, recetarios de cocina, versos, manuales de prestidigitación y de bordado, epistolarios y hojas volantes de colores en los que se plasmaban lo mismo una fiesta que un velorio, fantasías, desgracias, «ejemplos» moralizantes y acontecimientos que iban de lo extraordinario —por ejemplo, la erupción de un volcán— a lo simple —el ataque de una perra brava—. De su obra, vasta y variopinta, se conservan alrededor de 300 placas en manos de los Vanegas Arroyo.

Posada, el señor del inframundo.

El mismo Charlot, quien rescató a los grabadores de Vanegas Arroyo del anonimato y los expuso a las miradas del público, escribió en la Revista de Revistas: «Posada creó el grabado genuinamente mexicano, y lo creó con rasgos tan fuertes, tan raciales, que pueden parangonarse con el sentimiento estético de lo gótico o lo bizantino».
José Guadalupe Posada nació en la ciudad de Aguascalientes en 1852. Desde niño mostró inclinación artística y, de la mano de Trinidad Pedrozo, publicó sus primeras litografías en el periódico dominical El Jicote Ilustrado;desafortunadamente, la postura política de Pedrozo lo obligó a trasladarse a León, Guanajuato. Tras ires y venires, Posada se mudó definitivamente a la ciudad de México, donde se integró a la imprenta de Vanegas Arroyo en 1890.

Al igual que Manilla, Posada incursionó en las hojas volantes y en la sordidez de sus temas: calamidades, hechos sangrientos, profecías y nacimientos monstruosos. También ilustró la vida política del Porfiriato, del que fue un crítico agudo y certero; elaboró numerosas estampas religiosas que entonces eran consideradas como intercesoras ante la misericordia divina; además, dibujó numerosas viñetas acerca del tema del amor y para ilustrar cuentos fantásticos.

Sin embargo, la impronta indeleble de Posada fueron sus calaveras, íntimamente ligadas a esa visión tan mexicana de la muerte de la que se habló al inicio de este artículo, y que difícilmente podría sintetizarse como mero humor. Las alegres calaveritas de Posada representan algo mucho más complejo: «burlonas, irónicas y hermosas, atestiguan el carácter de la vida como algo poco digno de tomarse en serio»;2 son, en apariencia, una sátira del hecho de morir, del destino inexorable de todos —desde el político más encumbrado, el rico hacendado, hasta el soldado o el campesino—: los difuntos se despojan de su carne, se quedan en el puro hueso y bailan, se divierten y se exhiben al mundo que contempla entre risotadas su triste final. Pero esa risa es también una manera de exorcizar el miedo a la muerte, a la oscuridad y al silencio eternos, y hallar una manera, mientras aún está uno vivo, de ver el grave asunto de morirse «por el lado amable». A través de sus litografías, Posada permite, a quienes así lo quieran, compartir una vez más el tiempo y la vida con quienes «se nos adelantaron» en el camino al más allá —o hacia la nada.

En diciembre de 1912, como era su costumbre, Posada celebró el fin de año empinándose él solo un barril de tequila; pero esta vez enfermó y murió de enteritis aguda en enero de 1913. Solo y pobre, fue enterrado en una tumba de sexta clase; su editor, Vanegas Arroyo, se enteró de su muerte tres días después de que el hidrocálido había dado el «sí» a los seductores requiebros de La Catrina, la más famosa de sus imágenes, ante cuya elegancia no queda más que quitarse respetuosamente el sombrero y mirar de reojo a la que habrá de sonreírnos por última vez y para siempre.

 Catrina vestida de China Poblana en homenaje a Posada. Museo de Arte Popular.

 La Catrina originalmente llamada La Calavera Garbancera.

 La Adelita.

Epílogo.

Ayer y hoy estas viñetas de vida y muerte han poblado nuestras mentes y nuestras almas. Nos acompañan en las hojas de papel picado con que decoramos nuestros altares, en la devoción de quien empuña una estampita como intercesora del perdón y la gracia divinas, en los que construyen mentalmente el México de principios del siglo xx a partir de esto que ven, en la playera negra de quien escribe estas líneas, o en otras innumerables herencias que sólo hay que levantarse y mirar. Y usted elige si se ríe o no. *

Igor Übelgott, a pesar de lo que pudiera deducirse de su apellido, es un mexicano de aspecto promedio que, como todos los demás, le teme a la muerte y profesa una fascinación por esa oscura dama, la única a la que le ha permitido —y hasta agradecido— haberlo dejado plantado en el par de citas que ha tenido con ella.

Jean Charlot, «Manuel Manilla, grabador mexicano», en Mercurio López Casillas, Manuel Manilla, grabador mexicano, México: Editorial RM, 2005.
2 Agustín Sánchez González, José Guadalupe Posada, un artista en blanco y negro, México: Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1996.