¿Se lo han contado a sus hijos? — El Periscopio

 

No te quejes, que hemos venido aquí porque es tu cumpleaños.

No, si no me quejo.

La conversación, entre tres chicas adolescentes, se produjo en pasillos surcados de camisetas a 4 euros, bragas a 4 el pack de 3 y similares baratijas cualquier sábado en un templo de la ganga. El gran festejo para conmemorar la llegada de la joven al mundo se iniciaba de compras a bajo precio. Cada cual sabe cómo prefiere celebrarlo.

La incomodidad debía proceder de la aglomeración. Mucha gente se afanaba en la tarea y, entre ella, numerosos niños. Los niños pueblan los centros comerciales aprendiendo desde muy temprana edad la diversión del mundo creado para ellos. Ojean, buscan, opinan, dicen “quiero” esto o lo otro, “me lo pido”.

Filas de camisetas idénticas, en distintos tonos. A 2, 3 y 4 euros. Con su tela, su corte, su ensamblaje, su cosido puntada a puntada, planchado, etiquetado, almacenaje, distribución, colocación. 2, 3, 4 euros. Me dijeron los vendedores que, con prendas algo más caras –8, 10 y 12 euros– pegan otra etiqueta de precio inferior. Los bajos fondos del consumismo. Con niños por doquier.

Niños, adolescentes, como los que en el Instituto Neil Armstrong de Valdemoro (Madrid), han sufrido golpes de calor y crisis de ansiedad porque el centro, sobrecargado, sufre graves deficiencias. Aún andan, siglo XXI, con aulas prefabricadas que se recalientan. La educación física se practica en la calle porque no hay gimnasio. Si enferman por el calor, como esta semana, los llevan al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Los abanicos de papel que les aconsejó el consejero de Sanidad de Cifuentes no bastaron para temperaturas en torno a los 40º.

¿Qué podía salir mal? Votan al PP y a Ciudadanos, derecha. Un par de sus alcaldes, Granados y Boza andan entre rejas por corrupción o saliendo con permiso. Algún otro, investigado. Al IES le pilló de lleno la trama Púnica que se enriquecía con colegios a costa de los escolares. Y Valdemoro siguió votando derecha. Ahora está algo más repartido el voto, pero prevalece la derecha.

Niños. Como los que han caído Bajo el Umbral de la Pobreza y que sitúan a España en el puesto número 28 de los 41 países más ricos que forman la OCDE. Tampoco está tan mal, ¿eh? En Europa incluso nos encontramos en situación algo mejor que Lituania, Rumanía,  Malta y poco más.

Tenemos a más de 2,5 millones de niños pobres, según este informe de UNICEF, organización de la ONU vituperada en particular por el autor de la Amnistía Fiscal a los amigos ricos, que ha considerado inconstitucional el TC. Montoro, aún ministro. El Gobierno confirma la cifra de todos modos. El 30%, 1 de cada 3 que gustan decir para que se entienda mejor. En 2012 nos echábamos las manos a la cabeza porque eran más de 2 millones. El informe señala, además, que España es uno de los países con mayor desigualdad y con menos ganas de acabar con esa lacra. La España de Rajoy invierte casi la mitad de la media europea en la protección social de los niños, destaca el estudio. Entretanto se rescata a los bancos con nuestro dinero y el Banco de España da por perdidos 60.600 millones de euros, hay que saber quién manda y para qué se gobierna.

La noticia del informe sobre pobreza infantil en la Cadena SER comenzaba diciendo “ Tirón de orejas de UNICEF al Gobierno de Rajoy“. El Parlamento se lo estaba dando bien al rechazar la moción de censura de Unidos Podemos planteada básicamente por corrupción y, sin duda, por sus consecuencias. Le dieron tirón con orla y cuatro vueltas al ruedo los socios del PP, mientras la prensa aplaudía a unos niveles de sumisión que enrojecían de vergüenza solo con ojearlos. En el instituto de Valdemoro se ve con claridad la cadena. Se empieza por robar de los centros educativos, se acaba en barracones y de ahí al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Este final no lo hubiera firmado ni Berlanga.

Pero parece que hay gente que piensa que esto lo arreglará el bocazas machista que responde al nombre de Rafael Hernando en la manada. O la vicepresidenta de risa floja cuando insultan a una portavoz “enemiga” que lo está haciendo muy bien. O Rajoy, el dios a preservar por la derecha mediática. O Rivera que ya ha confirmado lo que supimos desde el minuto 1, que él pondrá cuantas trabas sean precisas para que nadie desbanque a Rajoy de la Moncloa. O Cifuentes que lanza también a su jauría para atacar a Lorena Ruiz-Huerta, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, a la que no puede soportar.

Todos estos se lo van a arreglar. Fíense de Susanna Griso, tan presta a lavar lo que tenga Hernando por cara. O a criticar lo que ocurre lejos de España para que veamos la suerte de contar aquí con el PP. O de Inda y Marhuenda. O de Caño y Cebrián. En TVE también hay unos cuantos que les van a sacar las castañas del fuego. Todos estos lo van a solucionar. Porque la culpa de todo la tiene el 15M, y Podemos, Iglesias, y sobre todo, ahora, Irene Montero con la que no contaban.

Aquel sábado en el templo de la baratija y la ganga corrían tropezándose con los adultos –que es una nueva costumbre infantil– unos cuantos niños con el aire de suficiencia del primer mundo. Y por un instante sentí que veía aquellos mismos pasillos con las tejedoras en serie y aquellos niños españoles, sentados, cosiendo, encorvados. Se ha denunciado que las fábricas que surten a los grandes comercios occidentales emplean a críos de su edad. Cuánta explotación hace falta para cobrar 2 euros por camiseta, y menos en las próximas rebajas. Cuánto sufrimiento.

El derecho a progresar ha de erigirse sobre condiciones laborales, humanas, más justas. 85 millones de niños en el mundo trabajan a la fuerza. Una de las más grandes explotadoras es Ivanka Trump, a cuyo padre o dinastía han aupado a puestos de decisión estelares unos cuantos millones de seres inanes que no piensan o quieren fastidiar. “Los salarios son tan bajos que algunos no pueden vivir junto a sus hijos, mientras colocan etiquetas con precios que equivalen a semanas de trabajo”. El marido de Ivanka, por cierto,  construyó un edificio de lujo con fondos para barrios pobres. Una familia muy compenetrada en sus objetivos. No es la única.

Lo peor es que explotadores y embaucadores no andan en lejanas montañas. Los escenarios desoladores se construyen trabajando la injusticia y la irreflexión, en cualquier parte. La globalización del abuso es un hecho. Aquel sábado, como este y muchos más, me pregunté si aquellos padres habían contado a sus hijos quiénes y cómo elaboran esos productos. Si les habían advertido que, por el camino que vamos, un día pueden verse igual, en el otro lado de la fortuna. Hacen falta muchas manos para vender a 2 euros; muchas, para saciar la codicia aquí de tanto ladrón. ¿Se lo han contado a sus hijos?

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10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver.

¡Hola muy buenas noches Amigas, Amigos, les comparto la versión editada de una publicación excelente que compartió mi querida Amiga Maty, disfrútenla!

CINE Y TV

10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver.

Por 10/10/16.

https://hipertextual.com/juno/10-peliculas-profundamente-filosoficas-tienes-ver

Las películas profundamente filosóficas nos hacen mirar hacia nuestro propio espíritu y reflexionar acerca de cosas que dábamos por sentadas. Aquí diez ejemplares excelentes.

10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver

Desde el comienzo de los tiempos, el hombre ha usado su capacidad racional para cuestionar y a la vez, aprender de la realidad que lo rodea. Ya sea agrupando fenómenos en conceptos generales o expresando emociones a través de la pintura, la música o la escritura.

La filosofía nació cuando los primeros seres humanos se tomaron un tiempo libre de sus rutinas de supervivencia para preguntarse acerca del porqué de las cosas, de la existencia, de la experiencia. Tuvieron que pasar miles de años para que se inventara la herramienta más efectiva a la hora de ilustrar la condición humana: el cine.

Desde tiempos inmemoriales, las profecías anunciaban la llegada del salvador.  Desde tiempos inmemoriales, las profecías anunciaban la llegada del salvador.

No hay duda de que el séptimo arte es perfecto para exponer ideas filosóficas de manera que sean comprendidas y discutidas por cientos de miles de espectadores. El cine provee una libertad sin precedentes a la hora de contar una historia. Varios genios han aprovechado esto para estructurar cintas excelsas y profundas. A continuación verán diez interesantes filmes que destacan por el inmenso abismo filosófico que representan.

Como efecto dramático, están invitados a escuchar la siguiente canción mientras leen.

de cosas que dábamos por sentadas. Aquí diez ejemplares excelentes.

10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver

10. El Séptimo Sello (1957)

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Ingmar Bergman es conocido por dirigir películas que exploran realidades con las que cualquiera de nosotros se puede identificar. Sus personajes suelen sufrir crisis existenciales; se preguntan si existe una vida después de la muerte, si la moralidad tiene sentido, si en verdad existe un dios, etc.

En el caso de El Séptimo Sello, un soldado que acaba de volver de luchar en las cruzadas se encuentra con la muerte; personificada por un sombrío individuo de capa negra. Viene a llevárselo al más allá, pero accede a jugar una partida de ajedrez con su víctima, en la que se juegan su alma.

La fe del protagonista ha sufrido un duro golpe después de los horrores que presenció en la guerra. En una conmovedora escena, se pregunta por qué Dios se esconde detrás de lejanas promesas y milagros dudosos. No puede librarse de pensar en un ser superior, pero está cansado de creer sin evidencias. Quiere conocer.

9. The Master (2012)

The Weinstein Company

Paul Thomas Anderson trabaja con dos conceptos esenciales en este filme: la introspección, como esta lleva a la sabiduría y a la felicidad, y el poder, como nadie en realidad está exento de ser dominado por algo o alguien.

Para analizar esto, el director cuenta la historia de Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un veterano de la Segunda Guerra Mundial que ha quedado desequilibrado mentalmente y con algunas metas truncadas, producto del conflicto bélico en el que fue obligado a participar. Conoce por accidente a Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), el carismático líder de un culto similar a la cienciología; este usará sus métodos poco ortodoxos para ayudar a Freddie a dominar sus demonios.

Lancaster quiere parecer una especie de Sócrates delante de sus seguidores, pero se asemeja más a un predicador errante al que no le interesa demasiado la verdad, sino que prefiere creer en sus propias divagaciones metafísicas de dudosa lógica. Sin embargo, es capaz de escudriñar el alma de Freddie con sus brutales preguntas sistemáticas.

The Master es una película compleja y, a la vez, divertida. La relación entre Freddie y Lancaster es sumamente interesante. Con ella, el director explora las dinámicas del poder y de las creencias ciegas que pueden llegar a ser peligrosas para la razón, pero beneficiosas para el espíritu.

8. Rashomon (1950)

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¿Cuál es la realidad verdadera? ¿Puede ser percibida objetivamente, es decir, tal como es? Si la respuesta a estas preguntas es negativa, ¿en qué podemos basar la verdad de un enunciado? Los realizadores de Rashomon plantean todas estas interrogantes en su película.

Compuesta por recuentos de distintas perspectivas de un mismo hecho, la estructura de Rashomon fue drásticamente revolucionaria para su tiempo. El nombre del filme incluso ha pasado a denominar la estructura narrativa que adopta, es decir, distintos puntos de vista que se contradicen entre si.

El final del filme es bastante emotivo. Kurosawa aprovecha la oportunidad que le brinda la excelsa historia para intentar determinar la naturaleza humana. Concluye que es cierto que podemos ser egoístas e hipócritas muchas veces, pero la inclinación natural del ser humano es escoger el bien sobre el mal. Tanto las técnicas de iluminación como la manera de contar lo que sucede, no tenían precedentes en mil novecientos cincuenta, por lo que vale la pena echarle un vistazo a la originalidad de Rashomon.

7. Dead Man Walking (1995)

Gramercy Pictures

Existen muchos temas bastante difíciles de discutir; no hay duda que la existencia del libre albedrío es uno de ellos. Dead Man Walking utiliza un escenario comprometedor para exponer varios puntos acerca de este controvertido debate.

Sean Penn interpreta a un prisionero condenado a muerte que le escribe a una monja (Susan Sarandon) para que se apiade de él y lo ayude, declarando que es inocente de todo crimen. Esta es forzada a informarse de todos los aspectos del caso, en un intento determinar si las afirmaciones de Penn son verdaderas.

Todo esto se relaciona con el famoso artículo de filósofo inglés Peter Strawson, “Libertad y Resentimiento“. En él, Strawson afirma que no necesitamos saber si existe o no el libre albedrío para fundamentar nuestras prácticas penales. La racionalidad de estas es evidenciada por una serie de actitudes y sentimientos que los humanos experimentan al confrontar la injusticia, en la película esto es representado por los padres de las víctimas.

El personaje de Sarandon ve estos temas desde una perspectiva religiosa, similar a la de Strawson. Si un criminal quiere volver a ser considerado parte de la sociedad, debe demostrar que reconoce que sus acciones fueron malas; si es incapaz de hacer esto, se le debe mantener al margen, es decir, tras de rejas.

A estas alturas supongo que la canción de efecto dramático habrá terminado, aquí tienen otra.

6. Interstellar (2014)

Allstar/Legendary Pictures

Al igual que Dead Man Walking, Interstellar aborda el problema de la existencia del libre albedrío, pero desde un enfoque totalmente distinto, el de la física teórica. El punto central sucede cuando Cooper entra al agujero negro. Se encuentra en un teseracto, en el cual es capaz de observar cada momento en la vida de su hija. Pasado, presente o futuro, todo es lo mismo desde su perspectiva.

Esto significa que, al menos en el mundo de Interstellar, es claro que no existe el libre albedrío. Si cada instante de la vida de alguien puede ser percibido tan claramente como cualquier otra dimensión común, entonces el futuro ya está escrito. Todo depende de una causalidad ya trazada por las leyes físicas que rigen el universo.

Mind=Blown

Además de ser un incomparable espectáculo visual, Interstellar es también un viaje hacia los orígenes de las decisiones humanas, que desemboca en un deprimente resultado; pero, a la vez, esto hace que la cinta sea mucho más profunda e intrigante. Christopher Nolan hizo un gran trabajo con matices que recuerdan a Kubrick. Su clásica mezcla de viaje espacial con filosofía será difícil de olvidar. Pienso que es algo redundante agregar el trailer de un filme tan conocido; pero quizá algunos de ustedes acaban de despertar de una hibernación interestelar y aún no han visto esta excelente obra.

5. The Tree of Life (2011)

Terrence Malick se graduó de filosofía en la universidad de Harvard. Desde que era joven, el autor que más lo influenció fue Martin Heidegger. Considerado uno de los filósofos más importantes e influyentes del siglo XX, Heidegger propuso una ontología nueva. Menos preocupado por el aspecto cognitivo del conocimiento (a diferencia de Kant y Aristóteles), a este filósofo le interesaba más la existencia como tal. Elucida los misterios del ser a lo largo de su trabajo; concentrándose también en el lugar que ocupa el ser humano en el universo.

The Tree of Life es una cinta única, en donde la relación del hombre con la naturaleza es la base esencial de todo lo que sucede. Desde la creación del mundo hasta el desarrollo de una familia estadounidense, los lazos estrechos entre el individuo con lo que lo rodea son evidentes a lo largo de la cinta. Heidegger afirmaba que, para definir al hombre, es imposible separarlo de su entorno; este determina lo que el hombre es. No se puede entender uno sin el otro.

La ilustración de la crianza del protagonista es sumamente interesante desde un punto de vista epistemológico. Nunca antes se había visto una representación tan honesta y detallada del increíble proceso en el que un infante comienza a adaptarse al ambiente que lo rodea: lentamente va entiendo nuevos conceptos, desarrollando sus habilidades lógicas poco a poco.

Los dos estilos de vida expuestos: el de la madre (Jessica Chastain), camino de la gracia, y el del padre (Brad Pitt), camino de la naturaleza, imitan dos tendencias filosóficas contrarias: el idealismo y el empirismo, respectivamente. Los primeros son propensos a entender el mundo de manera teórica, desprestigiando la experiencia de manera platónica. Los segundos solo creen en el conocimiento proveniente del mundo, palpable y verificable, de manera aristotélica. El profundo trasfondo filosófico de Malick es evidente y admirable.

4. La mirada de Ulises (1995)

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El proyecto más personal del director griego Theo Angelopoulos también fue el más ambicioso. No solo estructuró un profundo drama político, sino que también aprovechó la oportunidad para estudiar la naturaleza del arte, de dónde surge y cuál es su fin.

El protagonista, llamado simplemente “A”, inicia su odisea con el objetivo de encontrar unos rollos de cine históricos que se creían perdidos. Piensa que, al encontrarlos, podrá recuperar su visión de cineasta, la cual se desvaneció luego de un extraño incidente.

A lo largo del filme, Angelopoulos expone la vida interior del protagonista. “A” experimenta una profunda introspección, esta le lleva a disipar sus inseguridades acerca de volver a realizar su arte, aspectos claves de la “terapia” platónica. Confirmando esto, la película comienza con la siguiente cita de Platón: “Y el alma, si debe conocerse a sí misma, tiene que observar el alma”.

3. Synecdoche, New York (2008)

Si han estado leyendo las últimas listas de cine publicadas en Hipertextual, ya deben estar cansados de leer párrafos y párrafos sobre este filme. Desgraciadamente, no puedo evitar agregarla también a esta lista; las implicaciones filosóficas inherentes a la trama son muy profundas para ser ignoradas.

Caden Cotard es un hombre como cualquier otro; batallando con el miedo a la soledad y a la muerte que frecuentemente acompaña la experiencia humana. Sin embargo, Caden está demasiado envuelto en sus propios problemas para darse cuenta de que todas las vidas humanas son similares. A todo individuo le rompen el corazón, o le destruyen los sueños, todos mueren, etc. Esto es, hasta el hermoso final de la cinta, en que Cotard entiende que todos somos representantes de una humanidad que marcha junta hacia la muerte; todos atormentados por problemas similares.

Más específicamente, el protagonista experimenta todos los pesados sentimientos existencialistas que el filósofo, Jean Paul Sartre, describe en sus obras. Su arte es condicionada por estos miedos, inseguridades y preocupaciones. Luego de intensas reflexiones, Caden logra vencer el nocivo solipsismo que nublaba su razón.

Una última canción para las conclusiones.

2. Room (2015)

Elevation Pictures/A24

Para los que conocen, así sea superficialmente, las enseñanzas de Platón, las influencias platónicas en esta cinta les abran parecido más que aparentes. Jack es un niño de cinco años que ha vivido toda su vida en una misma habitación. No está consciente de que existe todo un mundo afuera; su madre lo ha criado para que pensara que lo único que hay está contenido en esas cuatro paredes.

La verdad es que la mamá de Jack fue secuestrada hace años, el padre del niño es el secuestrador que aparece todas las noches para traer suministros y tener sexo con ella. Hasta que un día, el personaje de Brie Larson no lo soporta más y decide contarle todo a su hijo, ambos idean un plan para escapar.

El desarrollo que sigue es particularmente similar a la alegoría de la caverna que Platón expone en su obra maestra, La República. Esta consiste en un grupo de hombres que se encuentran encadenados en una cueva; solo son capaces de observar las sombras de los verdaderos objetos que hay fuera de la caverna. Por consiguiente, creen que esos espectros son todo lo que hay en la realidad. Uno de esos individuos rompe sus cadenas y es capaz de salir a la superficie para darse cuenta de la vastedad de la que se estaban perdiendo. Al principio, la luz del Sol lo ciega pero, poco a poco, se va acostumbrando hasta que logra contemplar la verdadera realidad. Cuando vuelve a su antigua morada a contar las buenas noticias, no es capaz de ver las sombras de la caverna, sus ojos se acostumbraron a los potentes resplandores; sus antiguos compañeros lo toman por tonto.

Según Platón, el filósofo representa el individuo que rompe sus cadenas. Así, debe hacer lo mismo con los necios que no quieren buscar la verdad. El viaje de Jack es extremadamente parecido a esta ingeniosa parábola. Su madre, que ha visto el exterior, le cuenta la verdad, este se rehúsa a creerla, al menos por un tiempo. Luego, cuando al fin logra salir, es cegado por la luz del Sol. Poco a poco va entendiendo que, lo que el conocía en su antigua prisión eran apenas bocetos de la variedad de objetos y experiencias que se encuentran en el mundo de afuera.

1. El Séptimo Continente

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La primera película del genio alemán, Michael Haneke, no es para nada fácil de ver; El Séptimo Continente es una experiencia bizarra que te dejará reflexionando por muchos días sobre su significado.

Trata de una familia austriaca de clase media-alta. Al principio sus vidas parecen normales, incluso banales de a ratos, pero la verdad está muy lejos de estas primeras impresiones. Poco a poco, los personajes van revelando sus verdaderos sentimientos, desembocando con un final que dejará a muchos con la boca abierta.

Michael Haneke estructura un relato moderno sobre los males del consumismo, las rutinas urbanas y el no ejercer (en términos heideggerianos) una “existencia auténtica”. El nivel de alienación que alcanzan los miembros de la familia protagonista es aterrador; tanto que nos hace preguntarnos nosotros estamos cerca de una vida así. Uno de los objetivos de la filosofía es hacernos conscientes de cosas que antes nos eran invisibles; no hay duda que El Séptimo Continente logra esto con espeluznante perfección.

 

El largo y solitario camino de Chelsea Manning

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia”.

El largo y solitario camino de Chelsea Manning

En 2010 fue responsable de la filtración de información clasificada más grande en la historia de Estados Unidos que transformó la relación del poder político y militar con internet. En una entrevista exclusiva al salir de la cárcel, habla del mundo que ayudó a formar y de por qué cree que “hay cosas que deben mantenerse en secreto”.

Por 12 de junio de 2017.

créditoInez & Vinoodh para The New York Times. Estilista: Alex White

Una mañana gris de primavera, Chelsea Manning se subió al asiento trasero de una camioneta de color negro y le pidió a su guardia de seguridad que la llevara al Starbucks más cercano. Se avecinaba una tormenta a Manhattan y Manning estaba preparada: tenía sus botas Dr. Martens negras, un paraguas y un vestido negro ajustado. Sus piernas desnudas, sus ojos azules. No se había maquillado casi nada: un poco de delineador de ojos y brillo de labios rosado.

En Starbucks ordenó un mocha de chocolate blanco y se sentó en un banco. Manning siempre ha sido algo pequeña —mide 1,62— pero durante sus últimos meses en las barracas disciplinarias de Fort Leavenworth, Kansas, comenzó a correr con un afán casi religioso, en el patio de la prisión y en la pista interior del gimnasio, y su cuerpo quedó más definido; era notorio en sus brazos y sus pómulos. Se veía sana y en forma, aunque algo inquieta, como se ven aquellos que han estado mucho tiempo en prisión.

Apenas ocho días antes estaba en la cárcel. Fue liberada tras cumplir siete años de una condena de 35. Su delito fue impresionante: filtró alrededor de 250.000 cables diplomáticos estadounidenses y 480.000 reportes militares de las guerras de Afganistán e Irak a WikiLeaks. Es la filtración más grande de información clasificada en la historia de Estados Unidos; allanó el camino para Edward Snowden y elevó el perfil de Julian Assange, en ese entonces poco conocido fuera de ciertos grupos de hackers.

“Sin Chelsea Manning”, me dijo hace poco P. J. Crowley, subsecretario de Estado de 2009 a 2011, “Julian Assange solo sería otro actor marginal que se resiente con lo que ve como la hegemonía de un Estados Unidos con orgullo desmedido”. Las acciones de Manning representan, en palabras de Denver Nicks, autor de un libro sobre el caso, “el inicio de la implosión de la era de la información”: aquella en la que las filtraciones son un arma, la seguridad de los datos es de suma importancia y la privacidad, una mera ilusión.

En enero de 2017, después de haber estado encerrada en cinco sitios diferentes y de vivir en condiciones que las Naciones Unidas calificaron como “crueles” e “inhumanas”, la condena de Manning fue conmutada de manera sorpresiva por el presidente Barack Obama. Cuatro meses después, Manning estaba libre e intentaba adaptarse otra vez a vivir en el mundo que ayudó a formar.

Al terminar su café sacó su iPhone del bolso y le pidió al guardia de seguridad que la llevara de regreso al departamento en el que se estaba quedando en Manhattan. Un departamento con una habitación y pocos muebles, entre ellos una mesa de cristal y un sofá de color canela, enfrente del cual Manning había puesto una consola de videojuegos Xbox One. La decoración era del estilo de un motel insulso: un cuadro con arte símil de los Viejos Maestros, otro de una cebra enfrente de un bosque. Estábamos en un piso alto, rodeados por nubes de tormenta, y desde la ventana se alcanzaban a ver las agujas de los rascacielos del otro lado del río Hudson.

Manning, de 29 años, me señaló un microondas desconectado al lado de la puerta y me pidió que pusiera ahí mi computadora portátil: actuaría como una jaula de Faraday para bloquear las ondas de radio, me explicó. Pero el microondas ya estaba lleno de otros aparatos, entre ellos los dos controles del Xbox. “Puedes ponerla en el microondas de la cocina”, me dijo Manning. Intuyó lo extraño que me parecía su pedido antes de añadir: “Nunca se pone demasiado cuidado”.

Recordó que la última vez que le había dado una entrevista en persona a un periodista fue en 2008. Durante casi una década, tuvo prohibido comunicarse con el público y se mantuvo en silencio mientras su historia era contada en libros, una ópera, una puesta en escena a las afueras de Broadway y en decenas de artículos de revistas, prácticamente todos escritos antes de que Manning revelara que era transgénero. “No era la historia completa”, me dijo, “mi historia completa”.

Sin que se escuchara su propia voz, surgieron dos narrativas opuestas. Una calificaba a Manning —en palabras del presidente Donald Trump— como una “traidora desagradecida”; la otra la posicionó como un icono trans y una heroína de la transparencia; una “mártir secular” fue como la describió hace poco Chase Madar, exabogado y autor de un libro sobre el caso. Pero frente a Manning, ambas narrativas se quedan cortas, se sienten como una simplificación imposible; empezando por el hecho de que la misma Manning sigue batallando con el significado de lo que hizo hace siete años. Cuando le pregunté qué lecciones había aprendido en el camino, se puso inquieta. “No tengo…”, empezó a decir. “He estado tan ocupada intentado sobrevivir durante los últimos siete años que no me he enfocado para nada en eso”.

Insistí: seguramente debe tener alguna impresión del impacto que tuvo en el mundo. “Desde mi punto de vista”, respondió, “el mundo me formó más a mí que otra cosa. Es un ciclo de retroalimentación”.

 La escuela primaria de Crescent en Oklahoma CreditEllen Nakashima/The Washington Post, vía Getty Images.

Desde que tiene memoria de su infancia en Crescent, en las afueras de la zona metropolitana de la ciudad de Oklahoma, Chelsea Manning ha sufrido un intenso sentimiento de estar desencajada; algo constante y psíquico que no podía definir para sí misma, mucho menos para su hermana mayor, Casey, o para sus padres, Brian y Susan. Durante una de nuestras entrevistas, mencioné que había escuchado a un psicólogo clínico comparar a la disforia de género (el sentir que el género discrepa con el sexo biológico) con un “dolor de muela gigante y cósmico”. Manning se sonrojó. Exactamente eso era, me dijo: “En la mañana, por la tarde, al desayunar, comer, cenar, donde sea que estés. Está ahí a donde vayas”.

A sus cinco años, recordó Manning, le confesó a su padre, un gerente de informática en Hertz, que quería ser una niña “para hacer cosas de niña”. Brian respondió con un discurso largo y torpe sobre las diferencias esenciales en “las tuberías”. Pero Manning me dijo: “No entendí cómo eso tenía que ver con cómo te vestías o te comportabas”. Poco después, comenzó a escabullirse en el cuarto de su hermana para ponerse los jeans y chamarras de Casey. Se sentaba frente al espejo y se ponía labial y rubor, que se quitaba apurada y de manera frenética si escuchaba cualquier ruido en el piso de abajo.

“Quería ser como (Casey) y vivir como ella”, dijo.

“Llegaba llorando a casa algunos días y si mi papá estaba ahí me decía: ‘Deja de llorar y actúa como un hombre’”.

Cuando estaba en la primaria, le dijo a un amigo heterosexual que era gay. El amigo fue comprensivo; los otros niños de la escuela no tanto. Manning intentó retractarse, pero las burlas siguieron. “Llegaba llorando a casa algunos días y si mi papá estaba ahí me decía: ‘Deja de llorar y actúa como un hombre’. Como ‘Regresa ahí y golpea a ese niño en la cara’”. Era el final de los años noventa, cuando el movimiento trans todavía era muy marginal. “Lo más cerca que estuve de saber algo fue por cómo presentaban a personas travesti al estilo drag queeen en la televisión amarillista”, me dijo Manning. Pasaba su tiempo pegada a las computadoras que su padre siempre llevaba a casa, jugando videojuegos o aventurándose a escribir código básico.

Sus padres tenían sus propios problemas. Cuando Manning tenía doce años, Susan se tomó una botella entera de tranquilizantes. Casey llamó al 911; le dijeron que la ambulancia más cercana estaba a media hora. Casey entonces subió a su madre al coche; Brian estaba, según Manning, demasiado alcoholizado como para manejar y se fue en el asiento de copiloto, mientras que Chelsea, aterrorizada, terminó en el asiento trasero, intentando asegurarse de que su mamá todavía respiraba. Me dijo que fue un incidente formativo. “Crecí muy rápido después de eso”, me dijo. (No fue posible hablar con Brian sobre este asunto).

En Gales, país de origen de Susan y a donde Manning se mudó con ella en 2001 después del divorcio, Chelsea dijo que asumió todas las tareas del hogar, como pagar las cuentas y hacer las compras en el súper. Ahí también había libertades: podía comprar su propio maquillaje, usarlo durante unas horas en público y tirarlo en un basurero cuando ya iba de regreso a casa. La mayoría de sus tardes las pasaba en la computadora, en grupos de chat de personas LGBT. Cambió su modo de ver el mundo.

Cuando estaba en Oklahoma, Manning había asumido como propias muchas de las posturas conservadoras de su padre; “No cuestionaba nada”, me dijo. Pero en la escuela en la que estudiaba en Haverfordwest le enseñaron sobre el movimiento de los derechos civiles, el Temor Rojo por el comunismo, los campos de concentración para los japoneses en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En un ensayo para una clase de historia criticó las razones que se usaron para la invasión de Irak.

 Manning en su infanciaCreditVCG Wilson/Corbis vía Getty Images.

Cuando Manning regresó a Estados Unidos en 2005 para vivir con Brian y su nueva esposa en Oklahoma, era otra persona, aunque no transformada por completo: usaba delineador de ojos y se dejó largo el cabello, que había teñido de negro. “Pensé: ‘Igual solo quiero deshacerme de esta cosa del género y ser un género neutro, como andrógino’”, dijo. Encontró trabajo en una empresa emergente de internet y gracias a un sitio web de citas conoció a su primer novio, que vivía en otro poblado, a 110 kilómetros. Su madrastra, según Manning, no le permitía entrar a la cocina: “Ella sentía que yo estaba sucia”.

Manning no le dijo a nadie lo que cada vez veía más claro: no era gay, no era travesti; era una mujer. Su novio y ella terminaron su relación en el verano de 2006 y decidió dejar Oklahoma, con todas sus pertenencias apiladas en su pickup Nissan. Se volvió viajera itinerante por un tiempo: en Tulsa trabajó en una pizzería, en Chicago en una tienda de guitarras y luego vivió con su tía en los suburbios de Washington; con ella se sintió más conectada que con cualquiera de sus padres. Acudió a un psicólogo en cuatro ocasiones, pero no sintió que pudiera desahogarse más de lo que había podido hacerlo con amigos o familiares. “Tenía miedo”, dijo Manning. “No sabía que la vida podía ser mejor”.

Brian Manning le había contado en varias ocasiones a Chelsea de los buenos momentos que había vivido en el ejército; le había dado algo de estructura y rudimentos, dijo. Manning no había escuchado a su padre en ese entonces, pero ahora sí. Alistarse al ejército quizá era lo que necesitaba para “actuar como un hombre”, deshacerse del dolor. Aunque había matizado sus impresiones sobre la política exterior estadounidense, seguía sintiéndose como una patriota, y en el ejército podría usar sus herramientas de análisis para ayudar a su país.

Ese otoño, Manning se reportó en el fuerte Leonard Wood en Misuri para entrenamiento básico. En pocos días ya tenía herido el brazo. “Los sargentos instructores actuaban como si me estuviera haciendo el enfermo o algo”, dijo. “Pero yo estaba como: ‘No, no me quiero salir de esta. Realmente no puedo sentir mi mano derecha’”. Un soldado que estuvo con Manning en Misuri le dijo a The Guardian que a Manning le decían mucho “Marica”. “Le llegaban los golpes de todas partes. No podía satisfacer a nadie. Y lo intentaba, realmente lo hacía”, dijo aquel soldado.

El ejército, que necesitaba más miembros para luchar contra las insurgencias en Afganistán e Irak, le dio otra oportunidad a Manning en el campo de entrenamiento básico. En 2008 se graduó y pasó a la escuela para inteligencia de Fort Huachuca en Arizona. Allí fue entrenada para clasificar lo que en términos militares se conoce como “SigActs”, o acciones significativas: los reportes escritos, fotografías y videos de los combates, explosiones y tiroteos que en conjunto forman un mosaico de la guerra moderna. Manning me dijo que sentía que encajaba bien entre los agentes de inteligencia en Huachuca. “Había más gente que pensaba parecido ahí”, dijo. “No era: ‘Ra, ra, ra, hay que hacer esto’. Nos alentaban a pronunciarnos, a tener opiniones, a tomar nuestras propias decisiones”.

En su primer puesto oficial, Fort Drum, en el estado de Nueva York, a Manning le encargaron participar en la construcción de una herramienta digital que monitorearía y clasificaría de manera automática SigActs de Afganistán. Cada día, durante horas, veía filmaciones de visión nocturna y leía reportes de campos de batalla lejanos. Desde entonces fue expuesta al derramamiento de sangre que la impulsaría a filtrar los documentos. Pero en ese momento todavía manejaba el material con cierta distancia espacial y emocional. Seguía “ansiosa” de ir al frente, me dijo. “Estaba hambrienta”.

Por medio de un sitio web de citas para gays, conoció a un estudiante de la Universidad de Brandeis llamado Tyler Watkins. Comenzó a viajar a la zona de Boston para visitarlo y se volvió cliente regular de Pika, una cooperativa del Instituto de Tecnología de Massachusetts, y visitante frecuente de Builds de la Universidad de Boston, una comunidad local de hackers. En las reuniones en Pika encontró amigos que veían en la codificación lo mismo que ella: un pasatiempo, un válvula de escape, una vocación. Se quedaban hablando hasta la madrugada. Yan Zhu, en ese entonces estudiante de licenciatura en MIT, recuerda a Manning como una persona “obviamente inteligente”, pero “nerviosa”. A Zhu le quedaba claro que Manning parecía tener algo que la acechaba. Nunca pudo averiguar qué era: ese otoño, la unidad de Manning fue enviada a Irak.

En octubre de 2009, Manning se subió a un helicóptero Black Hawk en Bagdad camino a la base Foward Operating Base Hammer, casi 50 kilómetros al este de la ciudad. En la cabina empezó a ponerle nombre a lugares que por mucho tiempo habían sido abstracciones digitales. “Había visto las imágenes durante nueve o diez meses”, recordó Manning, “y conocía tan bien el paisaje desde el aire que reconocía los vecindarios. Ver a la gente caminando y manejando, y los edificios y los árboles debajo, me hizo despertar”.

Cada noche, Manning se levantaba a las 21:00 en su catre, se vestía en camuflaje y agarraba su rifle. Comía algo y caminaba al Sensitive Compartmented Information Facility (dependencia de información sensible y compartimentada), o SCIF. La habitación segura era una “caja de madera” mal ventilada ubicada en la cancha de básquetbol. Se sentaba en una silla reclinable y pasaba la noche viendo tres computadoras. Escondida en el SCIF, trabajaba durante ocho horas seguidas revisando reportes metidos al sistema de manera segura por tropas estadounidenses en el campo y tratando de destilar los datos en bruto para los oficiales de inteligencia de alto nivel. Allí su aislamiento cobró nueva vida: seguía alejada del conflicto verdadero, aunque alcanzaba a escuchar el estallido de coches bomba y, a veces, se topaba con otros soldados empolvados y aturdidos después de regresar de un tiroteo.

“En algún momento dejé de ver archivos y empecé a ver a personas”.

En ese momento, me dijo Manning, estaba demasiado ocupada como para pensar en las implicaciones de lo que veía. “Al hacer mi trabajo ni siquiera podías leer todo en el archivo”, dijo. “Era necesario leer por encima para más o menos encontrar qué era relevante y qué no”. Aun así, tenía una impresión mucho más abarcadora del papel estadounidense en Irak que la infantería en el campo —literalmente, por las imágenes aéreas— y cuando octubre dio paso a noviembre comenzó a sentirse cada vez más consternada de que había poca conciencia pública sobre una guerra que parecía ser inútil e ininterrumpidamente sangrienta. “En algún momento”, me dijo, “dejé de ver archivos y empecé a ver a personas”: los soldados estadounidenses ensangrentados, los civiles iraquíes baleados.

En los pocos momentos que tenía fuera del SCIF, Manning acompañaba a funcionarios de alto nivel a reuniones con el ejército y la policía federal iraquíes, que profundizaron su desilusión. “Eran estas sesiones del té con los policías federales iraquíes en sus uniformes azules y el ejército iraquí en camuflaje que parecía de chispas de chocolate y los estadounidenses en nuestro camuflaje verde manchado”, dijo Manning, y todos hablando diferentes idiomas, con propósitos frecuentemente encontrados. “Entraba pensando que eran temas blanco y negro. No lo eran”.

 inez & Vinoodh para The New York Times. Estilista: Alex White

Manning escuchó el nombre de WikiLeaks por primera vez en 2008, durante un taller de entrenamiento en seguridad informática en Fort Huachuca. Para finales de 2009, había comenzado a meterse a sitios de chat en internet que discutían la plataforma fundada por Assange. (IRC, un protocolo semiseguro, era entonces el método de comunicación preferido por los hackers).

Al principio solo observaba: le intrigaba el trabajo que hacían Assange y su equipo, aunque no estaba lista para respaldar por completo sus argumentos a favor de la transparencia total. Me dijo que creía entonces, como lo hace ahora, que “hay muchas cosas que tienen que mantenerse en secreto”.

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia. No hay que esconder quiénes somos y qué estamos haciendo”.

Cada vez estaba más cerca de actuar, pero no dijo nada a sus amigos en la base Hammer, como no dijo nada sobre su caos interno. Estaba peleando por proteger dos secretos que cambiarían su vida. No podía discutir de manera abierta su identidad: seguía vigente la política de “No preguntes, no digas” (en inglés Don’t ask, don’t tell, según la cual cualquier persona homosexual o bisexual en el ejército no debía revelar sus “tendencias o prácticas” y los superiores no debían preguntar sobre ellas a menos que se exhibiera el comportamiento prohibido) y todavía faltaban algunos años para que permitieran alistarse a personas trans. “Veía de manera obsesiva programas de televisión en internet”, dijo Manning. “Fumaba mucho. Estaba tomando cantidades exageradas de cafeína. Iba al comedor y comía tanto como podía. Buscaba cualquier pequeño escape o manera de sentirme como que ya no estaba ahí”. Su novio no ayudó mucho; Manning sentía que se estaba retirando. “Lo negaba, pero tenía ese sentimiento… de que estaba siendo olvidada”.

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia”.

Se acercaba un periodo de licencia de dos semanas. Planeaba pasar el tiempo en Boston para intentar remediar la relación con Watkins y en los suburbios de Washington con su tía. Soñaba con aprovechar la ocasión para salir del clóset como trans frente a su familia y amigos. “Tenía esta imagen mental constante en la que lo gritaba a todo pulmón”. Pero en su corazón sabía que nunca podría hacerlo.

Antes de dejar la base Hammer, Manning descargó del Combined Information Data Network Exchange del gobierno estadounidense prácticamente todos los reportes SigActs sobre las guerras en Afganistán e Irak e hizo una copia con los datos comprimidos en discos CD-RW; a uno le puso la etiqueta “Lady Gaga”. Lo hizo enfrente de todos los soldados. Pero lo que hizo después fue lo que violó uno de los principales preceptos que le enseñaron en Fort Huachuca, junto con el juramento que tomó al alistarse en 2007: subió el contenido de los discos a la computadora personal que planeaba llevarse consigo a Estados Unidos. Todavía no había decidido qué haría con la información.

Unos días después, Manning se puso una peluca rubia y corrió desde la puerta lateral de la casa de su tía, donde los vecinos no podían verla, a su auto, que manejó hasta la estación ferroviaria. Traía puesto un abrigo oscuro y debajo de este una vestimenta casual para mujeres que había comprado en una tienda departamental cercana; dijo que era para una amiga que necesitaba el atuendo para una entrevista de trabajo. En Washington fue a un Starbucks, comió en un restaurante bullicioso y caminó por los pasillos de una librería; después se volvió a subir al metro y recorrió varias estaciones sin tener un destino fijo. Estaba disfrutando de ser vista como quería serlo, reconfortada por lo fácil que fue hacerlo: prácticamente nadie se volteó a mirarla de reojo.

“Antes de aquel despliegue no tenía las agallas”, dijo Manning, quien entonces se refería a sí misma en privado como Brianna. Pero el tiempo que había pasado en Irak la había cambiado. “Estar expuesta a tanta muerte a diario hace que te enfrentes a tu propia mortalidad”, explicó. Ya no quería esconderse.

Su expedición por Washington fue el mejor momento de una vacación decepcionante. El ejército había adelantado su salida de la base Hammer y su familia no pudo cambiar sus planes: la tía de Manning estaba en un viaje en el extranjero y su hermana Casey acababa de dar a luz a su segundo bebé, por lo que se le complicaba hacer tiempo para Chelsea. Manning tomó el tren para ver a Watkins en Massachusetts, pero sentía como que él realmente no la quería ahí y se quedó tres días menos de lo planeado.

En ese momento, Manning podría haber regresado a Irak sin haber compartido los archivos. Sus acciones habían sido ilegales, pero reversibles. Sin embargo, Manning dijo que estar en Estados Unidos fue lo que la hizo tener una epifanía: en casa, dijo, se dio cuenta de qué tan invisibles se habían vuelto las guerras para la mayoría de los civiles; lo que sabían sobre lo que pasaba en Irak no iba más allá del titular de algún artículo en un periódico o una cápsula de los noticieros de televisión por cable. “Había dos mundos”, dijo. “El de Estados Unidos y el que yo veía (en Irak)”. Continuó: “Quería que la gente viera lo mismo que yo”.

Una tormenta de nieve azotó a Washington. La tía de Manning todavía no regresaba de vacaciones. Sola en la casa, comenzó a transferir parte de los archivos a una tarjeta de memoria y preparó un archivo de texto anónimo que quería que acompañara la información. “Este es posiblemente uno de los documentos más significativos de nuestro tiempo para levantar la niebla de la guerra y revelar la verdadera naturaleza de los conflictos armados desiguales del siglo XX”, escribió. “Buen día”.

Manning me dijo que su decisión de darle la información a WikiLeaks fue por cuestiones prácticas: originalmente, quería entregar los datos a The New York Times o The Washington Post y se movió de teléfono público a teléfono público la semana anterior de su regreso a Irak intentando llamar a las oficinas de ambos periódicos; dejó un mensaje para el editor público del Times y tuvo una conversación frustrante con una reportera del Post, que dijo que tendría que saber más sobre los archivos antes de que su editor aceptara que se hiciera un artículo. Una reunión planeada de último minuto con el sitio web Politico, donde esperaba hablar con los blogueros sobre temas de seguridad, fue descartada por el clima. “Quería establecer un contacto de modo que la información no pudiera ser vinculada conmigo”, dijo Manning. Pero tenía poco tiempo. “Necesitaba hacer algo y no quería que nada me detuviera”.

El 3 de febrero del 2010, Manning se conectó con su computadora portátil y, usando un protocolo para la transmisión segura de datos, envió los archivos a WikiLeaks.

De regreso en la base Hammer, el tiempo parecía acelerarse: todo estaba pasando de golpe. Manning estuvo fuera dos semanas y había mucho trabajo por hacer; “era casi el triple”, dijo. No había indicaciones de que WikiLeaks hubiera recibido los archivos ni de que el ejército supiera que algo no estaba bien. Manning recuerda que sentía una ansiedad aguda todo el tiempo. Dormía menos, fumaba más.

A mediados de febrero, durante un descanso del SCIF, encontró una conversación interesante en el canal de IRC de WikiLeaks, en el que los participantes estaban discutiendo la crisis financiera en Islandia. Era un colapso bancario que Manning —quien había leído parte de los cables diplomáticos a los que tenía acceso como analista— concluyó que avanzaba por la inacción estadounidense y lo que describió como abuso diplomático por parte del Reino Unido y los Países Bajos. “Desde mi punto de vista, parecía que no nos estábamos involucrando por la falta de un beneficio geopolítico a largo plazo”, testificó después. Siguió los mismos pasos que antes y filtró a WikiLeaks algunos de los cables diplomáticos vinculados a la crisis islandesa. Esta vez, en pocas horas, WikiLeaks hizo públicos los documentos. Manning estaba entusiasmada: si los cables llegaron a WikiLeaks, los SigActs también lo habrían hecho.

 Manning en 2013 durante la fase de condena en el tribunal militar CreditMark Wilson/Getty Images.

Para ese momento, Manning había tenido varias conversaciones por IRC con una persona que después identificó en su lista de contactos en línea como “Nathaniel Frank”, en honor al autor del libro Unfriendly Fire: How the Gay Ban Undermines the Military and Weakens America. Es muy probable que Frank fuera Assange, aunque Manning no quiso discutir el tema conmigo; buena parte de esa conversación en línea está clasificada y podría ser usada en acciones legales futuras contra Assange.

A las transmisiones de los SigActs y los cables diplomáticos sobre Islandia le siguieron filtraciones difíciles de ignorar. Publicado por WikiLeaks con el título “Asesinato Colateral”, un video de tres años atrás captado por una cámara montada en un helicóptero estadounidense mostraba a un grupo de hombres y una camioneta en un área donde se registraron disparos. La tripulación del helicóptero pide repetidamente abrir fuego —“¡Déjennos disparar!” se alcanza a escuchar— antes de recibir la orden y hacerlo. Al menos una decena de personas murieron en ese ataque de 2007, incluidos varios civiles y dos empleados de la agencia Reuters. Manning dijo que sabía que Reuters, con una solicitud de información oficial del Freedom of Information Act, había pedido una copia del video, pero nunca la recibió. Y dijo que era un síntoma de los peores impulsos de un gobierno obsesionado con clasificar todo. “Tiene sentido mantener secreta alguna información por unos días, quizá algunos años”, me dijo. “El problema es que cada vez más el estándar es que todo sea secreto”.

“Tiene sentido mantener secreta alguna información por unos días, quizá algunos años. El problema es que cada vez más el estándar es que todo sea secreto”.

La relación de Manning con Nathaniel Frank creció por medio de largas conversaciones en chats. Ella comenzó a acoger su papel de transmisora de “la verdad”. “Vivir una vida tan opaca me obligó a nunca dar por sentada la transparencia, la apertura y la honestidad”, le escribió al antiguo hacker Adrian Lamo, a quien Manning contactaba para confesarse. Sin que ella supiera, Lamo ya trabajaba con investigadores del gobierno estadounidense.

Mientras, en privado, Manning estaba colapsando. Los investigadores del ejército a cargo de su caso después describieron varios episodios de “comportamiento extraño”, como su mirada perdida o un incidente en el que fue hallada en el piso de un cuarto junto a una silla en la que había tallado las palabras “YO QUIERO”. Ella recuerda que toda la unidad estaba “en ascuas”, con varias discusiones y algunas peleas. Estaba por terminar su periodo en Irak “y es entonces cuando la gente empieza a cansarse de los otros y las antipatías personales hacen erupción”.

En abril, Manning le envió un correo a un superior en el ejército en el que adjuntó una foto de ella como Brianna que se había tomado en Washington. “Ahora sabía quién era”, me dijo Manning. “Pero la gente que me rodeaba todavía no”. El asunto del correo decía “Mi problema”. Escribió que la cuestión de su identidad de género “no iba a desaparecer” y que “las consecuencias son graves”. (Manning dice que su capitán le confirmó como recibido el correo, pero que escondió el tema).

Manning me dijo que en mayo ya había decidido hacer público su papel como filtradora, aunque todavía tenía problemas con cómo expresar su identidad de género. No pudo encontrar la manera de hacerlo. A finales de mayo, fue convocada a una sala de conferencias en la que la esperaban dos agentes de la división de investigaciones penales del ejército. Manning estaba aterrorizada, pero no quería mostrarlo: “Estaba enfocada en mí: quién era, cuáles eran mis valores”, dijo. Se retiró “a su cabeza”. Días después estaba esposada y fue llevada al campamento Arfijan en Kuwait, donde la pusieron en una jaula de acero.

Siete años después, es difícil exagerar el impacto que tuvieron los registros de las guerras de Afganistán e Irak o de la publicación de los cables diplomáticos. “El material tocaba prácticamente todas las relaciones que tenía Estados Unidos en el mundo”, dijo Crowley, exsubsecretario del Departamento de Estado. Las repercusiones llegaron de inmediato: Carlos Pascual, el embajador estadounidense en México, tuvo que renunciar por cuestionar la efectividad de la guerra contra el narcotráfico, lo que envenenó la relación que tenía Pascual con el entonces presidente mexicano Felipe Calderón. El embajador Gene Cretz se tuvo que retirar de Libia por los cables que detallaban las andanzas del régimen de Muamar Gadafi, incluido el dato de que tenía un grupo de escoltas ucranianas. Usualmente se asocia la publicación de los cables sobre el hombre fuerte de Libia, Zine el Abidine Ben Ali, con los inicios del levantamiento en ese país, lo que desató la Primavera Árabe.

Los documentos sobre Afganistán e Irak también dejaron claro en casa, como Manning esperaba, el desorden de ambos conflictos. “Estos registros de guerra”, escribió The Guardian en una introducción a la publicación del material, contrastan con la imagen pública “arreglada y saneada que aparece en comunicados oficiales y en las instantáneas necesariamente limitadas de quienes reportan desde ahí”.

Los funcionarios estadounidenses estaban furiosos; las filtraciones los tomaron por sorpresa. El texto completo de los registros de guerra sobre Afganistán fue publicado en el sitio web de WikiLeaks y redactado solo de manera parcial por Julian Assange; se podían ver varios nombres de afganos que habían colaborado con la coalición. En 2010, el representante Mike Rogers, republicano de Michigan, dijo: “Sabemos con certeza que la gente probablemente será asesinada por la revelación de esta información”. Aunque reportes posteriores de The Associated Press y McClatchy determinaron que este riesgo había sido sobredimensionado y los testigos del gobierno dijeron durante el acto de sentencia de Manning que no podían atribuir muertes de estadounidenses a las filtraciones. Pero Crowley señala que la falta de evidencia de esas muertes no significa que no haya causado perjuicios: “Ella ‘quemó’ a una cantidad considerable de fuentes de inteligencia”, dijo. “Ella puso en peligro a afganos que nos decían qué hacía el Talibán en sus pueblos”.

En su jaula en Kuwait, Manning no registró ninguna consecuencia. “Estaba completamente aislada”, dijo. En algún momento concluyó que “había sido olvidada y había desaparecido”. Pensó que Lamo, el hacker, era quien la había identificado ante las autoridades, pero no sabía si su involucramiento con las filtraciones era de conocimiento público. El único contacto humano que tenía era con otros guardias. “Cuando llegué al centro de detención les dije que era trans”, cuenta Manning. “‘Soy mujer’ les dije muy prosaica. Se rieron”. En el aislamiento, Manning quedó consumida por la ira y la tristeza. Los oficiales observaron lo que el abogado de Manning llamó un episodio de “gritos incontrolables, temblores, balbuceo y golpes con la cabeza contra el muro de la celda”.

Manning me dijo: “Tenía miedo de quedar en esa celda o algo parecido por el resto de mi vida. Y que me iban a pasar cosas malas”. Después de una semana usó las sábanas del catre para hacer una horca e hizo lo que calificó como un “intento poco entusiasta” por suicidarse. “Como que sabía que no iba a funcionar”. Llamó la atención del personal penitenciario y, de acuerdo con un reporte médico obtenido después por el equipo legal de Manning, un doctor militar le diagnosticó ansiedad, depresión y “probable desorden de identidad de género”. Le dieron un antidepresivo que hizo sangrar su nariz y le provocó náuseas. No quería comer. Su piel se volvió amarillenta. En julio, cuatro días después de que The Guardian y otros medios publicaran los reportes sobre Afganistán, Manning fue esposada de nuevo y subida a un avión militar. Dijo que los guardias le habían indicado que sería “llevada a un crucero de la Marina” por unos meses; ahora sus escoltas le indicaban que iba a ir a Guantánamo. A la mitad del vuelo, la versión cambió una vez más: iba al calabozo de la base de la Marina en Quantico, Virginia.

Al llegar ahí supo que el mundo la conocía. “¡Así que tú eres Manning!”, le dijo un soldado muy entusiasta. Le contó que estaba en la televisión. El gobierno la había transferido a Quantico para que estuviera en instalaciones más aptas para lidiar con su estado mental. Pero una investigación militar de 2011 reveló lo opuesto: en Quantico pasó 23 horas al día en una celda de 1,8×2,4 metros por casi nueve meses, la mayor parte con el estatus de POI (prevención de heridas autoinflingidas). Las condiciones fueron descritas después por un reportero especial de la ONU como posiblemente tortura. Manning usaba una “bata de suicidio”: una vestimenta blanca de nailon que es imposible torcer o romper para hacer una horca. No tenía ni almohada ni sábanas. Tenía que confirmar verbalmente varias veces al día que estaba “bien”. (Después de la investigación, el ejército ordenó el cierre de la zona de detención preventiva en Quantico).

Cuando le pregunté a Manning que describiera esas condiciones, contestó como si todavía estuviera ahí. “Las emociones son más intensas”, dijo. “No hay cómo liberarlas. Un comentario mal intencionado de un guardia” (como una broma sobre su género) “te saca de quicio. Sé que he estado en mi celda, encerrada y sin tener a dónde ir, dando pasos enojada y frustrada. Solo te hace sentirte más y más molesta y eres impotente”, explicó. “Empiezo a gritarle, a nadie en especial, o a cantar a todo pulmón”.

Pero Manning a veces recibía visitas, como su tía. “Aunque estaba detrás de un vidrio y no podíamos hablar sin que nos grabaran”, me dijo Manning, “fue una de las reuniones más fuertes que he tenido en mi vida”. “Te queremos”, le dijo su tía, “te extrañamos”. Hicieron planes para contratar a un abogado independiente y seleccionaron a David Coombs, un cuarentón que había estado más de una década en el órgano de fiscales del ejército.

Habían empezado a filtrarse rumores sobre el tratamiento que Manning recibió en Kuwait y Quantico, y llegaron a los oídos de destacados activistas y letrados como el constitucionalista de Harvard Laurence Tribe y el teórico y filósofo Kwame Anthony Appiah, quienes firmaron una carta en la que criticaban las condiciones de su cautiverio. En la primavera de 2011, el gobierno transfirió de nuevo a Manning al correccional de Fort Leavenworth. En Kansas pudo estar entre la población general de la prisión; era “un shock al sistema, porque antes había estado esposado adonde fuera que iba o en un cuarto pequeño o en una jaula”.

Los reos no están obligados a trabajar, por lo que ella pasaba su tiempo en la biblioteca ayudando al abogado Coombs y a sus asistentes a preparar el caso. Enfrentaba una cantidad impresionante de cargos, 22 en total, por evadir mecanismos de seguridad para ayudar al enemigo, un delito que tiene como posible condena la cadena perpetua. Durante dos meses, Manning estuvo en una prisión afuera de Maryland mientras Coombs argumentaba en el juicio que había anarquía en la unidad de Manning y pocos protocolos de seguridad en su SCIF. Después argumentó que la disforia de género de Manning y la incapacidad del ejército de ofrecer tratamiento habrían afectado el juicio y la capacidad mental de la soldado. Pocos días después, el juez halló culpable a Manning en 20 de los 22 cargos; se libró de los cargos de ayudar al enemigo y la cadena perpetua. Manning me dijo que sintió alivio, pero no solo por las razones obvias. Temía que el cargo de ayudar al enemigo establecería un precedente tenebroso para la persecución de delatores. “Todavía me preocupa cómo podría aplicarse ese cargo”, dijo.

Ella decidió que no haría pública su identidad de género en el tribunal militar, porque temía que complicara un juicio de por sí complicado. Pero al escuchar el testimonio de Lauren McNamara, una amiga trans que testificó en la audiencia, se dio cuenta de que estaba por quebrarse. “Estaba cansada de fingir”, dijo. Escribió una declaración en la que se identificaba como Chelsea, un nombre que había usado en su niñez cuando jugaba a los Sims. El 22 de agosto, David Coombs apareció en el programa televisivo de NBC “Today” mientras la conductora Savannah Guthrie leía al aire el comunicado: “Conforme hago la transición a la siguiente fase de mi vida, quiero que todos conozcan a mi yo verdadero. Soy Chelsea Manning. Soy mujer”. Manning no supo cuál fue la reacción ni pudo ver el segmento. Estaba en un avión de regreso a Fort Leavenworth.

 Chelsea Manning CreditInez & Vinoodh para The New York Times.

Las barracas disciplinarias están en el extremo norte de Fort Leavenworth. El complejo de máxima seguridad, con 515 camas, está reservado para los prisioneros militares con las sentencias más largas. Durante la mayoría de su tiempo ahí, Manning vivió en el segundo piso. Su celda era angosta y pequeña; tenía un catre, un escusado, un espejo y un lavabo. La única ventana miraba hacia el norte, al paisaje que rodea el fuerte. El clima se volvió su entretenimiento: la nieve que se juntaba en las rejas. La luz de vigilancia que se movía de un lado al otro y hacía que los conejos y los ciervos corrieran para esconderse.

Durante el juicio de Manning, Coombs introdujo como evidencia la foto que su cliente le mandó a su superior en el correo electrónico de 2010. La imagen después fue enviada a los medios y, para otoño de 2013, había aparecido en un sinnúmero de artículos sobre la transición de Manning. Para ella fue doloroso que eso fuera lo que la definía. “Era tan distante de su experiencia en Fort Leavenworth”, dijo Evan Greer, un amigo de ella y activista trans. “Creo que algunas personas vieron esa imagen, con la peluca lustrosa, y pensaron que tenía algo de libertad tras las rejas”.

La realidad es que cada aspecto físico de Manning estaba determinado por las reglas del ejército, desde su ropa hasta el cabello que tenía que usar, según la sección 670-1 del reglamento, en un “estilo conservador y pulcro”. Manning estaba en una posición difícil de entender para quienes no son trans: se había identificado como mujer pero los guardias la trataban como si fuera hombre; a veces de manera enfática. Vincent Ward, uno de los abogados, recuerda que “desde que entrabas al lugar podías percibir la intimidación, las risitas, los comentarios”. Es un tipo de aislamiento que puede inducir a una acción drástica: los psicólogos clínicos que trabajan con prisioneros trans han documentado elevadas tasas de suicido y depresión en los reos que no reciben el tratamiento médico apropiado. En los peores escenarios, los prisioneros han intentado alterar sus propios genitales con lo que tienen a mano.

Manning estaba en una posición difícil de entender para quienes no son trans: se había identificado como mujer pero los guardias la trataban como si fuera hombre; a veces de manera enfática.

Cuando ingresó a las barracas en 2013, Manning pidió tener acceso al tratamiento de estrógeno y antiandrógeno recetados a personas que hacen la transición de hombre a mujer. La rechazaron. El ejército no había sancionado aún el uso de terapias hormonales para los soldados; mucho menos para los prisioneros. En vez de eso, Manning recibió antidepresivos y sesiones de terapia. “Permitirle al señor Manning vivir como mujer, que pueda feminizar su cuerpo, creará retos operacionales a medida que la población carcelaria responda a estos cambios”, escribieron los administradores de Fort Leavenworth en un memorando obtenido después por la Unión de Libertades Civiles Americana, la ACLU.

La prisión no cedió durante casi un año. Mientras, uno de los abogados de Manning –Chase Strangio, también trans– estaba preocupado de que su cliente intentara herirse de nuevo, por lo que presentó una demanda contra el Departamento de Defensa. El ejército aceptó en 2014 enviar ropa interior de mujer a la celda de Manning. Fue una situación inédita en las fuerzas armadas estadounidenses. (Un juez civil del condado de Leavenworth ya había avalado la solicitud de Manning para cambiarse de manera oficial el nombre a Chelsea Elizabeth Manning). Siguió la terapia hormonal a principios de 2015; le entregaban las píldoras en el dispensario médico cerca de la cafetería.

Las primeras fases de la terapia hormonal fueron muy gratificantes para Manning: su piel se sentía más suave, tenía menos vello corporal. Pero también surgieron otros cambios: “Había construido todos estos muros y defensas alrededor de mis emociones desde que era adolescente”, dijo Manning. “Cuando cayeron en picada mis niveles de testosterona de repente me volví más vulnerable, ya no podía esconder mis emociones, tenía que lidiar con ellas, usualmente en ese mismo momento”. Llegaban más rápido de lo que Manning podía procesarlas: “Unas buenas, como la confianza, un sentido de conexión con mis amigos, pero mezcladas con muchas malas, como la incertidumbre, la soledad, la pérdida”. Buscó apoyo en sus amigos trans, que la ayudaron a experimentar con su voz “para ponerla en diferentes tonalidades y encontrar la que pareciera correcta”, me dijo su amiga Annie Danger, activista y artista. “Intenté hablar con ella durante todo ese proceso de evolución que es tan importante. Es, literalmente, encontrar tu voz”.

Los días en las barracas tenían un ritmo casi mundano. Chelsea se despertaba a las 4:30 de la mañana y se ponía el brasier deportivo blanco, el uniforme de la cárcel que le quedaba holgado, casi como si fuera un espantapájaros, y las botas del ejército. “Ok”, se decía a sí misma frente al espejo, “tú puedes con esto”. Desayunaba e iba al taller de la prisión en el que ella y otros reos construían muebles de madera que vendían en el comisariato. Comenzó a jugar Dungeons & Dragons cada semana tras la invitación de otro prisionero; hacía de una mujer de la nobleza llamada Esvele Dundragon. Manning me dijo que nunca se sintió amenazada físicamente por los otros prisioneros, sino por los guardias.

“La gente se desmorona. Las buenas personas se desmoronan”.

En abril de 2014, la solicitud de clemencia de Manning fue rechazada por el ejército. Todavía estaba la posibilidad de un perdón presidencial, pero Manning no tenía por qué esperarlo: la Casa Blanca había condenado las filtraciones. La mejor opción era apelar. Pero estaba cansada. Su cabello estaba corto, como establecen los estándares militares. Los guardias no le daban tregua. “Si intentaba que fueran más neutros respecto al género, se volvían más específicos”, dijo Manning. Una solicitud para poder someterse a la cirugía de reasignación de sexo fue recibida con silencio. (De acuerdo con los abogados de Manning, el ejército la avaló en septiembre pero no estableció cuándo debía llevarse a cabo). Las barracas de Fort Leavenworth estaban “causando, de manera deliberada y a sabiendas, situaciones que causan mucho estrés en muchas personas. La gente se desmorona. Las buenas personas se desmoronan”.

Uno de los amigos más cercanos de Manning en la prisión, Anthony Raby, recuerda que “la idea de que alguien pueda creer que es de un género distinto al que nació era como creer que un pollo es un sombrero. No entendía. Pero, como cristiano, creo en mostrarle compasión a todos, entonces hablamos”, escribió en una carta enviada desde Fort Leavenworth. Raby entendía más que cualquier persona los estragos que le causaban la prisión a Manning. “No es el mejor lugar para alguien que tiene emociones distintas al odio, la ira, la amargura, la apatía o la indiferencia”, escribió.

En julio de 2016, otro reo le pasó una nota: “Es de tu novia” le dijo en tono burlón. Los miedos de Raby estaban por confirmarse: la desdobló y leyó la primera línea: “Chelsea E. Manning, re: Mi última carta”. Manning había escrito que se suicidaría después del espectáculo de fuegos artificiales del 4 de julio, que había terminado a las 22:00. Eran las 00:25.

Raby le avisó a un guardia y le entregó la carta. “Y a eso de la 1:00 escuché en la radio el anuncio de una alerta en la unidad habitacional donde estaba Manning”, contó. “Estaba seguro de que no habían llegado a tiempo”. Pero a las 3:30 se le acercó un investigador del ejército para decirle que Manning estaba viva.

Los oficiales no han querido dar detalles del incidente. Manning me dijo que solo recuerda haberse despertado en la ambulancia.

Pero gente con conocimiento de la situación dice que Manning intentó colgarse y los guardias la encontraron inconsciente, aunque todavía respiraba. Los días antes del intento de suicidio, me dijo Manning, se sintió particularmente sola y triste. Quería aguantar hasta que terminara el fin de semana, cuando su psicólogo regresaría a la base. “No alcancé”, dijo.

En septiembre empezó una huelga de hambre contra lo que calificó “el escrutinio exagerado y constante por parte de los oficiales de la prisión y militares”. Terminó la huelga cuando la cárcel prometió que tendría acceso a la cirugía de reasignación de sexo, algo inédito.

Manning fue enviada después a la unidad de reclusión solitaria por dos semanas más por el delito de amenazar el orden de las barracas… por su intento de suicidio.

Si la prisión la hizo sentirse como fantasma, su tiempo en reclusión solitaria fue como si la hubieran borrado. “Empiezas a olvidar el mundo afuera, ya no es relevante ni te identificas con él. La parte más oscura del confinamiento solitario es que empiezas a olvidar los autos, los trabajos, las familias, el clima y los políticos. Todo lo que hace a una sociedad”.

Intentó suicidarse de nuevo, pero un guardia se dio cuenta antes de que quedara inconsciente. Una semana después regresó de confinamiento solitario. Estaba aterrorizada y enojada. También tenía, según me dijo, estrés postraumático por su tiempo en Irak y en Quantico.

Los abogados de Manning se dieron cuenta de que quedaba muy poco tiempo. “Chelsea necesita ayuda y no la está recibiendo”, me dijo Chase Strangio en el invierno. La solicitud para conmutar la pena, que presentaron en noviembre, era su mejor esperanza. La solicitud fue enviada junto con una carta escrita por Manning. “No soy Bradley Manning. Realmente, nunca lo fui. Soy Chelsea Manning, una orgullosa mujer transgénero quien, a través de este documento, solicita de manera respetuosa tener mi primera oportunidad para vivir”.

“No soy Bradley Manning. Realmente nunca lo fui. Soy Chelsea Manning, una orgullosa mujer transgénero”.

La tarde del 17 de enero, Manning estaba en el taller de la prisión llena de virutas de madera. Recuerda que volteó y había un equipo de seguridad entrando al cuarto. “Dije: ‘Oh Dios, estoy en muchos problemas’”, contó. “Ni siquiera sé qué es lo que hice ahora”. El jefe de seguridad de la prisión le indicó que debía ir con ellos.

“¿Y voy a regresar?”, les preguntó. No, le respondieron.

Agarró sus cosas y los siguió; pensó que iba de nuevo a la unidad de confinamiento solitario, y como reflejo empezó a quitarse las agujetas de las botas para entregarlas. El oficial le indicó que no era necesario: iba a estar en custodia protectora. La televisión de la zona de recreo estaba prendida en CNN: “Conmutan sentencia de Manning”, decía el titular.

Se quedó atónita. Nunca siquiera se permitió pensar en la posibilidad de la conmutación de sentencia para no caer en una oscuridad todavía más profunda. “Fue tan difícil para mí procesarlo y lidiar con ello”, dijo.

Cuatro meses después, el 17 de mayo, Manning fue escoltada a una camioneta negra y dejó atrás Fort Leavenworth. Alrededor de la una de la mañana llegó a un estacionamiento donde la esperaban sus abogados. Manning estaba tan emocionada que al intentar abrazarlos le pegó a uno de ellos en la cara con su codo.

La semana que pasé con Manning en Nueva York fue como un momento suspendido en el tiempo: los días entre todo el caos que era su vida antes y lo que sea que venga ahora. En sus últimos meses en prisión, Manning escribió 300 páginas de una autobiografía y ha pedido que un agente la promueva en casas editoriales. En otoño aparecerá en un documental llamado XY Chelsea, producido por Laura Poitras, quien hizo un documental de Snowden y otro de Assange. Sus abogados todavía trabajan en su apelación: aunque sea exonerada es difícil saber qué tan cómoda será su vida en los años venideros, dado que parte del país —del mundo— quizá nunca logre lidiar con lo que hizo.

Pero no quiere pensar mucho en su reputación. Esa semana en Manhattan se veía feliz de ser libre. Caminamos por calles abarrotadas, comimos en McDonald’s y en restaurantes y cafés, fuimos al cine a ver Alien: Covenant. Camino a la sala, el hombre que recogía los boletos pidió revisar la bolsa de Manning. Me quedé sin aire unos segundos: pensé que la había reconocido. Pero ella solo se hincó y abrió la bolsa para enseñar su computadora. La dejaron pasar. La famosa delatora y exprisionera militar ahora era solo alguien más del público dominical.

Pensé que si Manning ha tenido dificultades en entender el efecto de sus acciones en el mundo, quizá sea en parte resultado del aislamiento extraordinario que vivió, incluso antes de su arresto: durante su infancia en Crescent, cuando buscaba cómo solucionar su “dolor de muelas”; en Kuwait y Quantico, en la unidad de solitario de Fort Leavenworth. Ahora podía vivir en público y de manera abierta siendo quien siempre supo que era y estaba apenas ajustándose a esa idea, como si fuera un lago helado y estuviera metiéndose poco a poco.

Más de una vez, caminando por Nueva York, sentí que estaba en la presencia de alguien que por primera vez se daba cuenta de que estaba viva. Manning me dijo que entendía que su identidad y las acciones que llevaron a su arresto han sido parte del imaginario público desde hace tiempo. No quiso discutir hipotéticos, como si su disforia había contribuido a que quisiera filtrar la información, “pero lo que puedo decirte es que mis valores serían los mismos. Las cosas que me importan serían las mismas”.

Una mañana, al final de una de las rondas de entrevistas, Manning me mostró un sobre blanco. Adentro estaba la nota de un niño transgénero de 14 años. “Solo quería decir que me da gusto que vas a estar libre en unos meses”, decía la carta escrita a mano y con pluma, “y que estoy orgulloso de ti (¿es raro decir eso?). Eres una inspiración”. Manning volvió a guardar la carta en el sobre. Dijo que, honestamente, nunca quiso ser un modelo a seguir. Le pregunté cómo hubiera sido su vida si ella hubiera tenido un modelo. Bajó la mirada. “No sé cómo”, dijo después de un rato, “pero hubiera sido mejor”.

https://www.nytimes.com/es/2017/06/12/chelsea-manning-entrevista/ 

Matthew Shaer es un reportero que contribuye a The New York Times Magazine y está basado en Atlanta. Ha escrito para Wired, Tha Atlantic, Harper’s y la revista Smithsonian, para la cual trabaja como corresponsal.

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Trump: se retirarán los EEUU del acuerdo climático de París.

Buenas noches tengan todas y todos, edito mi publicación con motivo de haber recibido un correo de Organizados para la acción OFA, que me parece muy importante; un llamado a la acción en contra de la absurda decisión de Trump de retirarse del Acuerdo de París, la transcribo traducida al español (no bien pero se entiende):

 Organizar para la acción
Jesús –

La decisión de ayer de retirarse del Acuerdo Climático París era miope y contraria a los mejores intereses de este país, por no hablar de decepcionante y vergonzoso.

No respeta la ciencia sobre el cambio climático. Se abandona la mejor oportunidad que tenemos para proteger la salud y el bienestar de las familias estadounidenses y el futuro de nuestros hijos. Se va en contra de la opinión de cientos de líderes de negocios e inversores que quieren que los EE.UU. a apoyarse en la acción climática – no huir y esconder la cabeza en la arena. Y no tiene en cuenta los deseos de casi el 70 por ciento de la población estadounidense que quieren acciones fuertes para frenar el cambio climático.

Nadie debería querer ceder los beneficios económicos de la inversión en tecnología e innovación a otros países o plantear dudas en la mente de nuestros aliados sobre la disposición de nuestro país para cumplir con nuestros compromisos.

Sin embargo, aunque la decisión de esta administración tiene sentido cero desde una perspectiva de salud pública, económica o diplomática, no se hundirá el Acuerdo de París. Otros países seguirán actuando, y en ausencia de liderazgo por parte de esta administración, le toca a nosotros para estar con ellos.

En este momento, la gente en todo Estados Unidos se está organizando. Ellos saben que en momentos como estos, nuestra democracia necesita ciudadanos activos y comprometidos con energía, entusiasmo, y un renovado sentido de compromiso.

Esta administración no parece conseguirlo – pero no tiene que permanecer en silencio. Haga oír su voz, y unirse al equipo que no renunciar a la lucha contra el cambio climático. 

Jesús, el acuerdo sobre el clima de París representó una clara exposición de nuestro liderazgo moral sobre este tema. Tirando de ella, estamos enviando una señal al resto del mundo que no honramos nuestros compromisos. Es un precedente peligroso para ajustar.

Si queremos llevar al mundo y cosechar los beneficios de ese liderazgo, Estados Unidos debe apoyarse en la acción climática, no fuera de él. Cómo lo hemos estado haciendo como nación antes, y podemos ser ese país de nuevo.

Añada su nombre con OFA, y obtener su apoyo al liderazgo estadounidense sobre el clima en el registro: 

https://my.ofa.us/Defend-Our-Climate-Progress

Gracias,

Gina McCarthy

ex administrador de la EPA

A 2 de junio del 2017.

¡Una noticia trágica para el planeta y todo lo que en él se encuentra, incluidos por supuesto, tú y yo!

“En opinión de Trump, el acuerdo de París representa un ataque a la soberanía de los Estados Unidos y una amenaza a la capacidad de su gobierno para reformar las leyes ambientales del país de forma que beneficien a todos los americanos”.

Quiere recuperar el primer lugar como el mayor contaminador del planeta, lugar que perdió, dice, ¿por las equivocadas políticas de Obama?, siendo que fue quien además de ser el principal impulsor del acuerdo de París, implementó internamente acciones y leyes ambientales que beneficiaron tanto a los EEUU como al planeta. Leyes estrictas para todos los agentes contaminantes en el país y apoyo técnico, económico y financiero para los países en desarrollo en sus programas para combatir los efectos nocivos originados por el cambio climático entre otras acciones y regulaciones para proteger el medio ambiente.

China será ahora, el país líder en el debate global sobre el cambio climático; es el país número uno como nación contaminadora del planeta. Al tiempo que lidera los debates, se enfrascará en una frenética carrera contra los EEUU en busca de mantener su primer lugar como país contaminador. Pero Trump no está dispuesto a que tal cosa suceda, ya decidió que habrá de recuperar para los EEUU, ese sitio de “honor” en el concierto de naciones. Los EEUU son el país que más ha contaminado el planeta en la historia de la humanidad, desde que se tienen registros.

El mundo vive malos tiempos para la política internacional, para la democracia global y para los derechos humanos universales; el beligerante y soberbio nacional socialismo, el fascismo, avanza desafiando amenazante a la política internacional, anulando la democracia global y pisoteando los derechos humanos universales. Se tiene que detener ésta barbaridad.

Los esfuerzos pensantes de las y los activistas honestas(os) que como ciudadanos del mundo realizan y proponen acciones pacíficas y solidarias para enfrentar la resistencia, detener y derrotar de las políticas de Trump en todos los países, tendrán que redoblar esfuerzos y proponer a los ciudadanos del mundo nuevas estrategias para apoyar a la resistencia ciudadana global contra el fascismo, así como mantenernos informados sobre las acciones que se realizan y como se puede ayudar al éxito de éstas. Lo primero es informarse.

Les comparto dos artículos y un ensayo sobre éste tema que seleccioné para ustedes, así como enlaces a videos, ensayos,  noticias y artículos relacionados. Espero que les sean de utilidad. Un fraternal y solidario abrazo para todas y para todos.

The WorldRevolution marcha sin prisa pero sin pausa contra el fascismo en la lucha por la verdadera Democracia Global Real YA!!

Atentamente,

Tú Amigo, Jesús Torres Navarro.

Trump: se retirarán los EE.UU. del acuerdo climático de París.

Enlace al artículo original en inglés del New York Times: https://www.nytimes.com/2017/06/01/climate/trump-paris-climate-agreement.html?emc=edit_th_20170602&nl=todaysheadlines&nlid=60379794&_r=0

Por MICHAEL D. SHEAR  01 de junio 2017

Enlace al video: https://nyti.ms/2sty9Lk

Brad Plumer, un reportero del clima para el New York Times, explica las consecuencias de la decisión del presidente Trump hoy que se retirará del acuerdo de París sobre el calentamiento global.

Por BRAD PLUMER, AJ CHAVAR y SUSAN JOAN ARCHER en Fecha de publicación1 de junio de 2017. Foto por Doug Mills / The New York Times. Ver en Times vídeo »

WASHINGTON – El presidente Trump anunció el jueves que Estados Unidos se retiraría del acuerdo climático de París, debilitando los esfuerzos para combatir el calentamiento global y abrazando voces aislacionistas de la Casa Blanca, que argumentaron que el acuerdo era una amenaza perniciosa para la economía y la soberanía estadounidense.

En un discurso desde el jardín de las rosas, el Sr. Trump dijo: el acuerdo de París del 2,015 es un pacto que impone normas ambientales tremendamente injustas sobre las empresas y los trabajadores estadounidenses. Se comprometió a apoyar al pueblo de los Estados Unidos en contra de lo que él llama un “draconiano” acuerdo internacional.

“Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París”, dijo el presidente, contó con el apoyo de los miembros de su Partido Republicano, pero con la condena generalizada de los líderes políticos, empresarios y ambientalistas de todo el mundo.

La decisión del señor Trump de abandonar el acuerdo para la acción ambiental firmado por 195 naciones es una notable reproche a jefes de estado, activistas por el clima, ejecutivos corporativos y miembros del propio personal del presidente,  todo eso no pudo cambiar su mentalidad intensa, la última declaración –en el  lobby- hace unos minutos. “El acuerdo de París tenía la intención de obligar a la comunidad mundial en la lucha contra el aumento de temperaturas en concierto, es un gran golpe que obliga a la salida del segundo mayor contaminador de la Tierra”.

Trump dijo que quería negociar un mejor trato para los Estados Unidos, y la administración dijo que había realizado llamadas a los líderes de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Canadá para explicar personalmente su decisión. Un comunicado de la secretaria de prensa de la Casa Blanca dijo que el presidente “aseguró a los líderes que Estados Unidos que mantiene su compromiso con la alianza transatlántica y robustece sus esfuerzos para proteger el medio ambiente.”

Sin embargo, a pocos minutos de las declaraciones del presidente, los líderes de Francia, Alemania e Italia emitieron una declaración conjunta diciendo que el acuerdo climático París era “irreversible” y no podía ser renegociado.

La decisión fue una victoria para Stephen K. Bannon, jefe de estrategia de Trump, y Scott Pruitt, el administrador de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, que pasó meses haciendo, en silencio, caso al presidente sobre los peligros del acuerdo. En el interior del ala oeste, el par se sobrepuso a una intensa oposición de otros ayudantes principales, incluyendo Gary D. Cohn, el director del Consejo Económico Nacional, la hija del presidente Ivanka Trump, y su secretario de Estado, Rex Tillerson.

Trump, en particular, luchó para asegurarse de que su padre escuchó de personas de apoyo del acuerdo, el establecimiento de llamadas y reuniones con líderes mundiales, ejecutivos corporativos y otros. Pero el jueves, los ayudantes que empujaron a seguir formando parte del acuerdo fueron desconsolados, y fue Pruitt quien el presidente hizo subir por las declaraciones de victoria en el evento Rose Garden.

El discurso del presidente fue su más audaz y radical afirmación de una doctrina de política exterior “Estados Unidos primero” desde que asumió el cargo hace cuatro meses. Se comprometió a convertir la empatía hacia el interior del país, rechazando la ayuda financiera para los controles de contaminación en las naciones en desarrollo a favor de proporcionar ayuda a las ciudades estadounidenses que luchan por contratar a los agentes de policía.

“Que una vez hubiera sido impensable que un acuerdo internacional podría evitar que los Estados Unidos de llevar a cabo sus propios asuntos internos”, dijo Trump.

En opinión del Sr. Trump, el acuerdo de París representa un ataque a la soberanía de los Estados Unidos y una amenaza a la capacidad de su gobierno para reformar las leyes ambientales del país en formas que beneficien a todos los americanos.

¿Qué es el Acuerdo de París?

Por BRAD PLUMER  1 de junio de 2017.

01PARISQandA-videoLarge En noviembre de 2016, el Arco del Triunfo fue iluminado con la leyenda “El Acuerdo de París es un hecho” para celebrar la ratificación del pacto. CreditPatrick Kovarik/Agence France-Presse — Getty Images.

Enlace al artículo original: https://www.nytimes.com/es/2017/06/01/que-es-el-acuerdo-de-paris/?em_pos=large&emc=edit_bn_20170601&nl=boletin&nlid=60379794&ref=headline&te=1

En diciembre de 2015, prácticamente todos los países del mundo —195 en total; Siria y Nicaragua son los únicos que no son parte— se sumaron al primer pacto global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que contribuyen a aumentar la temperatura global. Fue un logro diplomático histórico.

Los estudios científicos indican que si las emisiones de los gases de efecto invernadero continúan al paso actual, las temperaturas atmosféricas seguirán aumentando y podrían pasar el umbral de dos grados Celsius más respecto a la temperatura preindustrial. Eso significa que el mundo será más caliente, que los niveles del mar incrementarán, las tormentas e inundaciones serán más fuertes, al igual que las sequías, y que habrá escasez alimentaria y más condiciones extremas.

No hay que olvidar que las temperaturas globales ya rompieron récords en 2016, el año más caluroso desde que hay registro. Antes también lo hicieron 2015 y 2014.

La idea del Acuerdo de París es que cada país, desarrollado o no y sin importar su PIB, establezca metas para reducir las emisiones de dióxido de carbono para prevenir esos efectos.

El presidente Donald Trump ahora anunció que Estados Unidos se retirará del acuerdo.

Esto no necesariamente acabará con el pacto, pero podría socavar los esfuerzos globales para reducir el calentamiento global y prevenir un cambio climático más drástico.

Aquí te explicamos cómo funciona el acuerdo y qué pasaría con la salida de Estados Unidos.

¿Qué hace el Acuerdo de París?

Con el pacto, todos los países que firmaron y lo han ratificado presentaron un plan individual para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y acordaron reunirse de manera regular para revisar el progreso e impulsar a los demás a que aumentaran sus esfuerzos.

A diferencia del tratado anterior (el Protocolo de Kioto), el Acuerdo de París no es vinculante; así, los países pueden cambiar sus planes según la situación interna. No hay multas por quedar por debajo de las metas declaradas. La expectativa era que las políticas y las metas fueran reforzadas con el tiempo por medio de la diplomacia y de la presión social.

Estados Unidos, durante el gobierno de Barack Obama, prometió recortar para 2025 los gases de efecto invernadero en 26 a 28 por ciento en comparación a los niveles de 2005, así como repartir, para 2020, tres mil millones de dólares en ayuda para que los países menos desarrollados puedan reducir su dependencia de los combustibles fósiles. (Hasta la fecha ha repartido mil millones de dólares).

China prometió que para 2030 obtendría una quinta parte de su electricidad con fuentes libres de carbón e India que reduciría su intensidad de carbono, o la cantidad de emisiones de CO2 por unidad de actividad económica.

Aunque las promesas actuales no prevendrían que las temperaturas aumenten menos de dos grados Celsius sobre el nivel preindustrial –el umbral considerado altamente peligroso– hay evidencia de que la diplomacia suave del Acuerdo de París ha movilizado a algunos países a tomar acciones más completas. Un estudio del Instituto de Investigaciones Grantham halló que la existencia misma del acuerdo ya había llevado a decenas de países a emitir leyes para la utilización de energías limpias.

¿Cómo sería el retiro estadounidense del acuerdo?

Dado que no es vinculante, no hay penalizaciones para Estados Unidos por salirse.

El gobierno de Donald Trump invocaría el mecanismo formal de retiro, que tarda cuatro años, aunque las autoridades estadounidenses pueden dejar de participar en cumbres climáticas vinculadas al acuerdo desde este mismo momento. Claro que, si así lo quisiera, un futuro gobierno estadounidense podría volver a sumarse.

La administración de Trump todavía podría tomar un paso más radical: retirarse de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con lo que dejaría de ser parte de cualquier cumbre o discusión al respecto patrocinada por la ONU.

Estados Unidos podría enfrentar represalias diplomáticas por salirse. Europa, China y otros países pueden amenazar con dejar de cooperar en otros temas que son de importancia para el gobierno de Trump. En un caso más extremo, otros países podrían imponer aranceles contra Estados Unidos por emisiones de carbono.

¿Qué implicaciones tiene la salida?

Los efectos domésticos en Estados Unidos no se frenarían por completo: estados como California y Nueva York seguirán impulsando programas como aumentar el uso de vehículos híbridos o eléctricos, mientras que el sector privado ya se ha movido hacia la energía limpia como el gas natural.

Sin embargo, Estados Unidos estaría haciendo mucho menos respecto al calentamiento global de lo que haría de otro modo. Un análisis del Rhodium Group estima que las emisiones del país con Trump caerán entre 15 y 19 por ciento para 2025 respecto a los niveles de 2005, en vez de entre 26 y 28 por ciento como prometió el gobierno de Obama.

La retirada estadounidense también podría afectar los esfuerzos globales para combatir el cambio climático; esto dependerá de cómo reaccionen los otros países.

Líderes de Europa, China e India han dicho que mantendrán sus promesas, aunque el futuro de las conversaciones mundiales sobre cambio climático no es claro.

Es posible que la salida del segundo mayor emisor de gases de invernadero del mundo del Acuerdo de París lleve a otras naciones a relajar sus planes. “Incluso en lugares como Europa, hay grupos industriales preocupados por su competitividad”, dijo David G. Victor, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de California en San Diego. Una salida estadounidense “vuelve más difíciles las políticas en otros países”.

India, Indonesia, Filipinas y otros países en desarrollo podrían ser más recelosos sobre reducir las emisiones, en particular si ya no recibirían la ayuda financiera estadounidense para ajustarse a los efectos del cambio climático y paliar los costos de moverse hacia energías más limpias.

Aunque no todos son tan pesimistas. El experto en política climática Luke Kemp, de la Universidad Nacional de Australia, sugiere que otros países podrían más bien elegir redoblar sus esfuerzos. “A corto plazo, habría un efecto galvanizador”, dijo.

China probablemente asumirá el papel dominante en cualquier cumbre o negociación futura. Ya ha hecho fuertes inversiones en energías eólica, solar y nuclear para reducir su consumo antes insaciable de carbón. Sin embargo, no queda claro qué tanto vaya a presionar Pekín a los demás gobiernos a que sean más ambiciosos con sus metas.

Indistinto, el mundo enfrenta una lucha aún más desafiante: las promesas actuales de todas las demás naciones sumadas encaminan al planeta a un aumento de tres grados Celsius en la temperatura global respecto de los niveles industriales. Eso implica un riesgo de desestabilización climática mucho mayor, con el aumento de los niveles del mar, el deshielo en Groenlandia y la Antártida, olas de calor y sequías más destructivas y la pérdida de ecosistemas clave como los arrecifes de coral.

Aunque siempre está la salvaguardia de que un gobierno estadounidense futuro se vuelva a sumar al acuerdo.

“Si parece que este gobierno solo durará cuatro años”, dijo Victor, de la Universidad de California en San Diego, “es posible que otros países mantengan sus promesas en materia climática y no pierdan aún la esperanza en Estados Unidos”.

El mundo ante la amnesia ambiental

Por 24 de abril de 2017.

23cover-master1050 CreditIlustración de Christoph Niemann

Enlace a la publicación original del ensayo:

https://www.nytimes.com/es/2017/04/24/el-mundo-ante-la-amnesia-ambiental-generacional/?em_pos=small&emc=edit_bn_20170601&nl=boletin&nl_art=0&nlid=60379794&ref=headline&te=1

El futuro sobre el cual nos han advertido está comenzando a sentirse en el presente. Tendemos a imaginar el cambio climático como la destrucción. Sin embargo, también se disfraza de alteración y caos: tormentas y sequías cada vez más frecuentes y poderosas; inundaciones más intensas; extensas variedades de pestes que convierten bosques en yesca de incendios sin control, o temporadas en las que el calor es insoportable. Tantas facetas de nuestra existencia —la agricultura, el transporte, las ciudades y la arquitectura que estas engendraron, por ejemplo— fueron diseñadas para entornos específicos y ahora, poco a poco, están siendo remplazadas por otras distintas, más volátiles, sin mudarse o cambiar.

Estamos acostumbrados a escuchar sobre casos trágicos de naciones insulares que sencillamente desaparecerán; países como Tuvalú y Kiribati que enfrentan la posibilidad de tener que negociar la reubicación de todos sus ciudadanos a otros países. Sin embargo, también debe haber, en algún rincón del planeta, y para cada uno de sus habitantes, un umbral en el que un lugar familiar se convierte en uno desconocido: una atmósfera alterada, inundada de extrañeza y rareza, en la que, de un modo u otro, viviremos, aunque en el exilio. El filósofo australiano Glenn Albrecht describe este sentimiento como “solastalgia”, un desconsuelo en respuesta a cambios negativos en el medioambiente o “la añoranza que nos aqueja sin que nos hayamos ido del lugar que llamamos ‘hogar’”.

Algunas comunidades enfrentarán nuevos problemas y variantes climáticas; en otras, los ya existentes se intensificarán. Las sociedades que ya son vulnerables —los pobres, los mal gobernados— podrían llegar a puntos críticos muy sombríos. Pensemos en el hambre generalizada que azota a Sudán del Sur, Nigeria, Yemen y Somalia, donde se prevé que un total de casi medio millón y medio de niños muera este año y se espera que el cambio climático empeore el tipo de sequías que ha ocasionado. También pensemos en un informe de 2015 del Departamento de Defensa de Estados Unidos que enmarca el cambio climático como un “multiplicador de amenazas” geopolíticas que “amenazarán la estabilidad interna en diversos países”, y cita un estudio que demuestra cómo una sequía de cinco años en Siria contribuyó con el estallido del conflicto actual en esa zona. No obstante, la negación está otra vez de moda entre los más poderosos. En Estados Unidos hay un presidente que ha dicho que el cambio climático es un invento, por ejemplo.

 23essay3-master315 También nos alejamos de la desorientación y de la alarma de otras formas más nocivas. Parecemos capaces de normalizar las catástrofes a medida que las vivimos, un fenómeno que hace referencia a lo que Peter Kahn, profesor de Psicología de la Universidad de Washington, llama “amnesia ambiental generacional”. Cada generación, argumenta Kahn, puede reconocer solo los cambios ecológicos de los que sus miembros son testigos durante su vida. En una charla reciente, Kahn puso como ejemplo las condiciones de vida en una megalópolis como Calcuta, o en las áreas tan empobrecidas y contaminadas de Houston que se han visto afectadas por las refinerías de petróleo. En Houston, donde llevó a cabo su primera investigación a principios de los 90, Kahn descubrió que dos terceras partes de los niños a los que entrevistó entendían que la contaminación del aire y del agua eran problemas ambientales, pero solo una tercera parte creía que su propio barrio estaba contaminado. “La gente nace en estas condiciones de vida”, me explicó Kahn, “y piensa que es lo normal”.

ACUERDO DE PARÍSCALENTAMIENTO GLOBALCAMBIO CLIMÁTICO

Se puede ignorar algo no solo mirando hacia otro lado, sino si se le mira tan de cerca que se pierde perspectiva.

Daniel Pauly, científico que estudia al sector pesquero en la Universidad de Columbia Británica, llegó casi a la misma conclusión, pues reconoció que, a medida que colapsaban las poblaciones de peces de gran tamaño, la humanidad –ignorante– había cambiado a la pesca de especies relativamente más pequeñas. En consecuencia, escribió Pauly, se da de manera generalizada la “desaparición progresiva” de esa parte de la fauna a partir de “puntos de referencia inadecuados”. Denominó a esta visión defectuosa “síndrome de cambio en el punto de referencia”.

Sin embargo, existen muchos cambios más sutiles en nuestra conciencia que no se pueden delimitar de forma tan precisa. Escenarios que sonarían distópicos o satíricos como proyecciones futuras que se materializan modestamente en la realidad.

El año pasado por el derretimiento del permafrost en Siberia se liberó una cepa de ántrax que había quedado encapsulada en el cadáver de un reno congelado, misma que enfermó a cien personas y mató a un niño. En julio de 2015, durante el mes más caluroso que se haya registrado en la Tierra (hasta que el siguiente año superó el récord) y el día más caluroso que se haya registrado en Inglaterra (hasta el siguiente verano), el diario The Guardian tuvo que cerrar su blog con actualizaciones en vivo sobre la ola de calor cuando los servidores se sobrecalentaron. Las ciudades que se encuentran a altitudes bajas en todo el mundo están experimentando más casos de “inundaciones sin lluvia”, en las que calles o barrios enteros quedan inundados temporalmente por la marea alta y las marejadas ciclónicas. Sin embargo, los científicos y los planificadores urbanos han conjurado un tecnicismo que suaviza esa sorprendente realidad: nuisance flooding, las inundaciones molestia.

23mag-23essay-t_CA0-master315 Ilustración de Christoph Niemann

Kahn afirma que nuestra amnesia ambiental generacional es “uno de los problemas psicológicos centrales de nuestra época”, debido a que oculta la magnitud demuchos problemas muy concretos. Se puede ignorar algo no solo mirando hacia otro lado, sino si se le mira tan de cerca que se pierde perspectiva. No obstante, la marea siempre está en aumento en el horizonte, engullendo algo. Cuanto más vivimos, más angustiosamente atrapados nos sentimos entre las pérdidas que ya nos tocó vivir y las que vemos venir.

Nos las arreglaremos de algún modo, en el exilio.

Estos puntos de referencia cambiantes también confunden la idea de una adaptación al cambio climático. Adaptación, señala Kahn, puede significar cualquier cosa, desde el ojo humano que se ajusta a un entorno con menos luz en unos cuantos milisegundos hasta los lobos que se transformaron en perros en el transcurso de miles de años. No siempre significa progreso, me explicó: “Es posible adaptarse y reducir la calidad de la vida humana”. Adaptarse para evitar a o para lidiar con el sufrimiento ocasionado por el cambio climático podría ocasionar paulatinamente más sufrimiento y, a causa de la amnesia ambiental generacional, incluso podríamos no reconocer hasta dónde llega. Trae a mi mente El árbol generoso de Shel Silverstein: por intentar cumplir los deseos del niño, queda reducido a un tocón.

En el nivel más básico, argumenta Kahn, ya nos estamos adaptando al cambio climático a través de una especie de consentimiento tácito, como la forma en la que la gente en una ciudad como Pekín acepta que pueden enfermarse por tan solo respirar el aire de la calle. “La gente lo sabe, tose y respira con dificultad”, me dijo, “pero no están organizando revoluciones políticas”. Nosotros tampoco. Kahn continuó diciendo que corremos el riesgo de quedarnos atrapados, a través de la adaptación gradual, en una condición de “prosperidad frustrada”.

Claro, le dije, pero en algún momento todo será demasiado. Posiblemente, me contestó Kahn. No obstante, los supuestos sobre el futuro, sin importar lo obvios que nos puedan parecer, no se hacen realidad de manera automática.

“Lo sorprendente es que nada de esto parece funcionar de la forma en que pensamos que debería hacerlo. Cuando crecí alrededor de San Francisco en la década de 1970, el tráfico ya era muy malo. Y pensé, si empeora un poco más, esto estremecerá nuestra conciencia de una manera importante. Pero cada cinco años, empeoraba”. Guardó silencio unos segundos, y dijo: “Me he quedado pensando en cuántos periodos de cinco años he vivido”.

Jon Mooallem escribe para The New York Times Magazine y es autor del libro “Wild Ones”.

GRÁFICO

Cómo las ciudades y de los Estados reaccionaron a la Decisión de Trump para salir del Paris acuerdo climático

La decisión del presidente Trump retirarse del acuerdo sobre el clima Paris dibujó una reacción inmediata de alcaldes de grandes ciudades, gobernadores y miembros del Congreso.

https://www.nytimes.com/interactive/2017/06/02/climate/trump-paris-mayors.html

“¿En qué momento la nación obtener degradado? ¿En qué momento empiezan a reírse de nosotros como país?”, Dijo Trump. “No queremos que otros líderes y otros países que se ríen de nosotros más. Y no van a ser “.

Pero los líderes de negocios como Elon Musk de Tesla, Jeffrey R. Immelt de General Electric y Lloyd C. Blankfein, de Goldman Sachs dijeron que la decisión en última instancia, perjudicar a la economía mediante la cesión de los empleos del futuro en energía limpia y la tecnología a los competidores en el extranjero.

El señor de almizcle, que había aceptado ser un miembro de un Dos consejos relacionados con la empresa que el Sr. Trump estableció este año,escribió en Twitter que iba a salir de esos paneles .

“El cambio climático es real. Salida de París no es bueno para Estados Unidos o del mundo “, dijo.

Según el acuerdo, los Estados Unidos se había comprometido a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero del 26 al 28 por ciento por debajo de los niveles de 2005 en 2025 y comprometer hasta $ 3 mil millones en ayuda a los países más pobres para el año 2020 .

Dando un paso lejos del acuerdo de París, el presidente cumplió una promesa de campaña de “cancelar” un acuerdo se burló repetidamente en las reuniones. Como presidente, se ha movido rápidamente para revertir las políticas de la era Obama destinadas a permitir que los Estados Unidos para cumplir con sus objetivos de reducción de la contaminación como se establece en el marco del acuerdo.

“Estamos recibiendo a cabo”, dijo el jueves el Sr. Trump. “Pero vamos a empezar a negociar, y vamos a ver si podemos llegar a un acuerdo que sea justo. Y si podemos, eso es genial “.

Presidente Trump criticó a China, India y otros contaminadores internacionales en una dirección en la que anunció la retirada de los Estados Unidos desde el acuerdo climático París.

Por The Associated Press. Foto por Doug Mills / The New York Times.Ver en Times vídeo »

En su discurso, el Sr. Trump aparece sectores de la economía de Estados Unidos, que perdería ingresos y puestos de trabajo si el país seguía siendo parte del acuerdo, citando un estudio – disputada vigorosamente por los grupos ecologistas – afirmando que el acuerdo costaría 2,7 millones de puestos de trabajo en 2025 .

Pero él se pegará al proceso de supresión contenidas en el acuerdo de París, que el presidente Barack Obama se unió y la mayor parte del mundo ya ha ratificado. Eso podría llevar casi cuatro años en completarse, lo que significa una decisión final sería hasta los votantes estadounidenses en la próxima elección presidencial.

Los legisladores republicanos aplaudieron la decisión del señor Trump, llamándolo un antídoto necesario a la extralimitación de las políticas de Obama para reducir las emisiones de carbono del planeta-calentamiento.

“Aplaudo al Presidente Trump y su administración para tratar otro golpe significativo para el asalto de la administración Obama sobre la producción de energía doméstica y el empleo”, dijo el senador Mitch McConnell, líder de la mayoría.

Pero el llamado de Trump para las nuevas negociaciones globales sobre el clima del planeta atrajo la burla de los demócratas en los Estados Unidos y otros jefes de estado.

Presidente Emmanuel Macron de Francia y el primer ministro de Canadá Justin Trudeau cada emitieron reproches a Trump. “Hacer de nuestro planeta grande otra vez”, dijo Macron.

Los EE.UU. es el contaminador de carbono grande en la historia. Sólo se alejó del acuerdo climático París.

En Twitter, Miguel Arias Cañete, comisionado de la Unión Europea para el clima, dijo que “el anuncio de hoy nos ha galvanizado en lugar de nosotros debilitado, y este vacío será llenado por el nuevo amplio liderazgo comprometido.”

Obama, en una afirmación poco común de sus puntos de vista políticos como un ex presidente, dijo: “Las naciones que permanecen en el acuerdo de París serán las naciones que logren los beneficios en empleos e industrias creadas.”

“Incluso en la ausencia de liderazgo de Estados Unidos; aun cuando esta administración se une a un pequeño puñado de naciones que rechazan el futuro; Estoy seguro de que nuestros estados, ciudades, y las empresas un paso adelante y hacer aún más para el camino, y ayudar a proteger a las generaciones futuras un planeta que tenemos “, dijo Obama.

En los últimos días, el Sr. Trump resistió fulminante críticas por parte de sus homólogos europeos que lo acusaron de eludir papel de Estados Unidos como líder mundial y la responsabilidad de Estados Unidos como el mayor emisor de gases de efecto invernadero historia planetaria calentamiento.

Después de un intenso debate dentro de la administración, la Casa Blanca el jueves asumió la parafernalia de una celebración. El Jardín de las Rosas estaba lleno de periodistas, activistas y miembros de la administración del Sr. Trump. Decenas de miembros del personal se alinearon los lados de la Rosaleda como una banda militar tocaba jazz suave.

Los partidarios de los acuerdos de París reaccionaron con alarma acumulada, que condena a la administración por falta de visión sobre el planeta y la voluntad imprudente para romper relaciones diplomáticas desde hace mucho tiempo.

GRÁFICO INTERACTIVO 

Las apuestas en el acuerdo climático París: lo que podría Otros países?

Presidente Trump retirará los Estados Unidos desde el primer acuerdo mundial para abordar el calentamiento global. ¿Dónde están los demás países en el acuerdo?

“Extracción de los Estados Unidos desde el acuerdo de París es una acción imprudente e insostenible”, dijo Al Gore, ex vicepresidente que se ha convertido en un evangelista de la lucha contra el cambio climático. “Mina la posición de Estados Unidos en el mundo y amenaza con dañar la capacidad de la humanidad para resolver la crisis climática en el tiempo.”

Los líderes empresariales también condenaron la acción del Sr. Trump.

En su página web, IBM reafirmó su apoyo al acuerdo de París y en desacuerdo con la afirmación del presidente de que era un mal negocio para los trabajadores estadounidenses y la economía de Estados Unidos.

“Este acuerdo requiere que todos los países participantes a presentar sus mejores esfuerzos en el cambio climático según lo determinado por cada país”, dijo la compañía. “IBM cree que es más fácil para liderar resultados por estar en la mesa, como participante en el acuerdo, más que desde fuera de ella.”

Immelt, presidente y director ejecutivo de General Electric, llevó a Twitter para decir que estaba “decepcionado” con la decisión. “El cambio climático es real”, dijo. “La industria ahora debe conducir y no depender de gobierno”.

Pero el señor Trump fue resuelta.

“Es hora de poner Youngstown, Ohio; Detroit, Mich .; y Pittsburgh, Pa., junto con muchos, muchos otros lugares dentro de nuestro gran país, antes de París, Francia,”dijo. “Es hora de que Estados Unidos sea grande otra vez.”

El alcalde de Pittsburgh, Bill Peduto, respondió en Twitter : “Te puedo asegurar que vamos a seguir las directrices del Convenio de París para nuestra gente, nuestra economía y futuras.”

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¿Los milenials solo quieren amas de casa? y; Los emprendedores “millennials” están renovando el espíritu de Montevideo.

¡Buenas noches a todas y a todos, les dejo un par de artículos relacionados muy interesantes y actuales, con análisis profundos sobre la generación de los “milenials ó millennials” y sus posturas en el tema de la igualdad de género.

 Disfruten y sorpréndanse con la lectura, encontrarán revelaciones apoyadas en datos estadísticos confiables y serios, que creo muy pocos nos imaginábamos.

 Tengan un maravilloso día lleno de realizaciones y felicidad, un enorme abrazo!!

The New York TimesES

https://www.nytimes.com/es/2017/04/03/los-millennials-solo-quieren-amas-de-casa/ 

¿Los milenials solo quieren amas de casa?

Por STEPHANIE COONTZ   3 de abril de 2017.

Se suponía que los milenials, generalmente definidos como personas nacidas entre 1982 y 2000, eran la generación que forjaría lo que hemos llamado “un nuevo consenso” a favor de la igualdad de género. En febrero, Jeffrey Sachs, el escritor y profesor de la Universidad de Columbia, calificó las elecciones de 2016, donde una candidata femenina extremadamente calificada perdió contra un hombre con un historial de falta de respeto a las mujeres, como “un tropiezo” en el camino a una sociedad igualitaria en Estados Unidos, la cual se alcanzaría una vez que los votantes milenials superen en número a los ancianos conservadores.

Sin embargo, la categoría milenial agrupa a todas las personas de 17 a 34 años, un grupo con variedad de raza, etnia, religión, ingresos, educación y experiencia de vida. No creas ni por un segundo que están unidos. Como revela una serie de informes publicados el viernes por el Council on Contemporary Families (consejo de familias contemporáneas), hay menos milenials jóvenes —de entre 18 y 25 años— que apoyan los modelos familiares igualitarios en contraste con el mismo grupo de edad hace veinte años.

Utilizando un sondeo que ha monitoreado las actitudes de los estudiantes del último año de la preparatoria durante casi 40 años, los sociólogos Joanna Pepin y David Cotter encontraron que la proporción de jóvenes que mantienen opiniones igualitarias sobre las relaciones de género aumentó en Estados Unidos desde 1977 hasta mediados de los noventa, pero desde entonces ha disminuido.

En 1994, solo el 42 por ciento de los estudiantes del último año de preparatoria estaban de acuerdo en que la mejor familia era aquella en la que el hombre era la principal fuente de ingresos y la mujer se ocupaba de la casa. No obstante, en 2014, el 58 por ciento de los estudiantes del último año de la preparatoria dijeron que preferían ese arreglo. En 1994, menos del 30 por ciento de los estudiantes de ese mismo nivel educativo pensaron que “el esposo debe tomar todas las decisiones importantes en la familia”. Para 2014, casi el 40 por ciento se había adherido a esa premisa.

Otro sondeo encontró una tendencia similar, en este caso concentrada principalmente entre los hombres. En 1994, el 83 por ciento de los varones jóvenes rechazó la superioridad de las familias en las que el varón sirve de sustento. Para 2014, la cifra de rechazo había caído al 55 por ciento. El desacuerdo de las mujeres disminuyó mucho menos, pues pasó del 85 por ciento en 1994 al 72 por ciento en 2014. Desde 1994, la confianza de las mujeres jóvenes en que aquellas con empleo son tan buenas madres como las que se quedan en casa ha seguido aumentando. De hecho, para 2014, los hombres de 18 a 25 años eran más tradicionales que sus mayores.

Este retroceso en el apoyo a la igualdad de género pudo haber sido un factor en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016, a pesar de que los votantes de 18 a 30 años eran más propensos que cualquier otro grupo de edad a votar por Hillary Clinton.

No solo son los milenials más jóvenes quienes parecen resistirse a continuar con la revolución de género. En general, los estadounidenses de entre 18 y 34 años se sienten menos cómodos que sus mayores con la idea de que las mujeres desempeñen papeles que históricamente tienen los hombres. Además, los hombres milenials son significativamente más propensos que los hombres de la generación X o los baby boomers a decir que la sociedad ya ha hecho todos los cambios necesarios para crear la igualdad en el lugar de trabajo.

¿Acaso estamos enfrentando un estancamiento o incluso un giro en el cambio hacia la igualdad de género? Esa es una posibilidad, especialmente si continuamos fijando nuestras esperanzas en un proceso evolutivo de liberalización generacional. Sin embargo, existen pruebas considerables de que la disminución del apoyo a los modelos domésticos “no tradicionales” se debe a que los jóvenes son testigos de las dificultades experimentadas por los padres en las familias donde hay dos fuentes de sustento. Un estudio reciente de 22 países europeos y de habla inglesa encontró que los padres estadounidenses reportan los niveles más altos de infelicidad en comparación con quienes no son padres, una diferencia que según los investigadores “se explica totalmente” mediante la ausencia de políticas que respalden el equilibrio laboral y familiar.

No es de extrañar que algunos jóvenes piensen que los modelos familiares más tradicionales podrían hacer la vida menos estresante. De manera reveladora, el apoyo a la igualdad de género ha seguido aumentando entre todos los grupos de edad en Europa, donde la norma son las inversiones públicas sustanciales en servicios asequibles y de alta calidad de cuidado de niños, así como las vacaciones pagadas para padres y madres.

La disponibilidad de esas opciones pesa cada vez más por encima del apoyo cultural a los modelos tradicionales de género. Cuando a los jóvenes estadounidenses se les pregunta acerca de sus aspiraciones familiares, la gran mayoría elige compartir el sustento familiar y el cuidado de los hijos si se menciona la opción de políticas de trabajo compatibles con la familia.

Además, las ventajas financieras de las parejas donde ambos son asalariados en comparación con las familias donde solo los hombres sirven de sustento familiar han aumentado considerablemente en los últimos años, y una división desigual del trabajo doméstico se ha vuelto cada vez más dañina para las relaciones. La minoría de parejas que logran dividir las tareas domésticas y la crianza de los hijos también reportan mayores niveles de satisfacción sexual y matrimonial, así como sexo más frecuente, en comparación con los hombres y las mujeres de hogares donde la esposa realiza la mayor parte de los quehaceres domésticos y de crianza de los niños.

Sin embargo, la mayoría de los padres jóvenes no podrán mantener valores y prácticas igualitarias sin mejores políticas laborales y familiares. Debe ser posible alcanzarlas, pues más del 80 por ciento de los estadounidenses —y una fuerte mayoría de ambos sexos— apoya el permiso de maternidad remunerado y el 70 por ciento también está a favor de que se otorgue a los padres. Entre las personas de 18 a 29 años de edad, la cifra se eleva al 91 por ciento para quienes están a favor del permiso pagado para las madres y el 82 por ciento que está a favor del permiso para los padres.

Solo si obtenemos esas reformas podríamos darnos cuenta de un fenómeno: en lugar de que los jóvenes abandonen su idealismo igualitario, lo cual podría suceder según la percepción popular, en realidad más jóvenes podrían adoptar esa mentalidad. Eso crearía la mayor cantidad de modelos familiares igualitarios hasta el momento.

Stephanie Coontz, profesora de Historia y Estudios Familiares en Evergreen State College de Olympia, Washington, es directora de investigación del Council on Contemporary Families y autora de “The Way We Never Were: American Families and the Nostalgia Trap”.

Los emprendedores “millennials” están renovando el espíritu de Montevideo

Por PAOLA SINGER   18 de marzo de 2017.

https://www.nytimes.com/es/2017/03/18/los-emprendedores-millennials-estan-renovando-el-espiritu-de-montevideo/ 

 Uno de los restaurantes de moda es Jacinto, comercial y retrochic, dirigido por Lucía Soria, una alumna del famoso chef argentino Francis Mallmann. CreditTali Kimelman para The New York Times.

Una tarde hace poco en Montevideo, una joven pareja se acercó al mostrador de Futuro Refuerzos, una acogedora tienda que vende pan artesanal y cortes de carne. La mujer llevaba puesto un sombrero de fieltro de ala ancha y cargaba un bolso clásico de piel; el hombre tenía rizos alborotados, tatuajes en los brazos y jeans entallados. No había nada extraordinario en la escena —jóvenes a la moda que ordenaban emparedados gourmet en un espacio deliberadamente rústico—, excepto que se desarrollaba en un destino que hasta ahora parecía inmune a la moda hípster.

 En el distrito residencial y comercial de Pocitos, Tienda, un moderno almacén multimarcas, vende productos de nuevas empresas como Pastiche, que se especializa en mezclilla de alta calidad, y Mutma, un fabricante de vistosos zapatos y bolsos de cuero. CreditTali Kimelman para The New York Times.

Montevideo, la capital de Uruguay, es descrita casi invariablemente como anticuada, nostálgica y lenta. Sin embargo, en los últimos años, un grupo de emprendedores aficionados a las redes sociales y entusiastas de las tendencias mundiales ha comenzado a darle un aire fresco a la ciudad. La mayoría son millennials conocedores del diseño y las tendencias que abren restaurantes y boutiques, organizan festivales callejeros y clubes culinarios; además, se atreven a llamar la atención en una sociedad que usualmente ha recompensado la modestia.

“Gracias en parte a las redes sociales, los jóvenes uruguayos tienen una mentalidad global y están muy motivados”, dijo Mónica Zanocchi, la fundadora del popular blog Couture. “Hay muchos profesionales creativos que están entrando a la fuerza laboral y, puesto que las empresas establecidas no pueden absorber todo este nuevo talento, terminan volviéndose empresarios”.

 La nueva vibra de Montevideo está íntimamente relacionada con la moda y el diseño de interiores; esto se ve en nuevas tiendas de ropa, accesorios y complementos para el hogar. El año pasado, una de las marcas más dinámicas, Rotunda, abrió una elegante boutique de varios pisos. CreditTali Kimelman para The New York Times.

El líder de Futuro Refuerzos es Fermín Solana, un escritor culinario y músico de rock que creció frustrado con la falta de opciones en Montevideo. “No había dónde comer un sandwich decente más allá de los viejos lugares que preparan chivitos”, dijo, refiriéndose a los tradicionales sándwiches de carne que se ofrecen en los comedores de barrio o las cadenas locales de comida rápida. “Veía ciudades como Santiago y Lima, donde los sandwiches son increíbles, y decidí arriesgarme”. Poco después de abrir a finales de 2015, Futuro Refuerzos había ganado seguidores gracias a creaciones como el “Gol”, un pan pita hecho a mano con albóndigas condimentadas, morcilla dulce y col roja.

Solana es parte de un grupo de jóvenes restauranteros y chefs que son el motor del ambiente gastronómico de la ciudad, todavía pequeño pero en crecimiento; actualmente hay más de una decena de restaurantes, cafeterías y tiendas de especialidades (hasta hace poco, los sibaritas montevideanos hablaban de vivir en un desierto gastronómico, así que la mejora es evidente).

 Un sandwich de pescado con una guarnición de papas dulces y limonada de remolacha en Futuro Refuerzos, en el centro de Montevideo CreditTali Kimelman para The New York Times.

También está Estrecho, un pequeño restaurante en la parte histórica con una decoración modesta que contradice al sofisticado menú de almuerzos preparado por Cali Diemarch, un chef que se entrenó en Estados Unidos y que inventa sobre la marcha platillos diarios como un chivito deconstruido hecho con filete miñón, huevo pochado, panceta caramelizada y cebollas fritas. La Pasionaria, una tienda y restaurante en una calle tranquila, hace poco le dio la bienvenida a una nueva chef joven, Luciana Fia, quien hace pasta, helado y otros alimentos de forma casera utilizando ingredientes frescos y locales.

En Sucré Salé Bistro, un lugar casual cerca del centro, en el patio de la Alianza Francesa de Montevideo, Florence Ibarra a menudo incluye platos como conejo en salsa de mostaza con papas panaderas en su menú con influencias galas.

En la lista de restaurantes de moda también se destaca Jacinto, comercial y retrochic, dirigido por Lucía Soria, una alumna del famoso chef argentino Francis Mallmann. Soria aparece frecuentemente en televisión, participa en festivales culinarios como Degusto y en clubes gastronómicos como Mesabrava.

 Una boutique de chocolate en la Vieja Ciudad. CreditTali Kimelman para The New York Times.

“Por fin tenemos buenos lugares para comer, buena música en vivo y una generación que está rompiendo los viejos moldes”, dijo Solana. “Creo que la ciudad se está iluminando”.

El nuevo espíritu de Montevideo está íntimamente relacionado con la moda y el diseño de interiores; esto se ve en un auge de tiendas que venden ropa, accesorios y complementos para el hogar hechos en Uruguay. El año pasado, una de las marcas más dinámicas, Rotunda, abrió una elegante boutique de varios pisos en el barrio Punta Carretas, donde los dueños —Kevin Jakter y Sofía Domínguez—, exhiben su línea de ropa minimalista para mujer, gafas, zapatos y joyería.

 El restaurante Futuro Refuerzos ha ganado seguidores gracias a creaciones como “Gol”, un pan pita hecho a mano y lleno de albóndigas condimentadas, morcilla dulce y col roja. CreditTali Kimelman para The New York Times.

En el distrito residencial y comercial de Pocitos, un moderno almacén multimarcas, Tienda, vende productos de nuevas empresas como Pastiche, que se especializa en mezclilla de alta calidad, y Mutma, un fabricante de zapatos y bolsos de cuero. Casa Banem, una tienda de decoraciones para el hogar establecida en una mansión de estilo colonial en el exclusivo Carrasco, también ofrece una variedad de marcas locales como Don Baez, conocida por sus frazadas y almohadas hechas con lana de merino uruguaya, y Home Touch, que hace iluminación estilo vintage.

Este auge del diseño puede apreciarse en MoWeek, la semana local de la moda que se celebra en abril y octubre; comenzó en 2010 con seis salas de exposición y ahora incluye más de 60. “Todas son marcas independientes que comenzaron gracias a una nueva generación, lo cual es impresionante”, dijo Zanocchi de Couture. “Montevideo aún es silencioso, pero hay algunas alternativas muy interesantes”.