La guerra tlaxcalteca-mexica

La guerra en el valle de Tlaxcala años antes de la llegada de Cortés! Conoce sobre las guerras floridas.

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La guerra tlaxcalteca-mexica

La principal área de conflicto durante el gobierno de Motecuhzoma fue el valle Puebla-Tlaxcala, donde las guerras rituales que ahora conocemos como xochiyaoyotl o floridas incrementaron su intensidad con el pasar de los años hasta transformarse en una guerra total donde el objetivo principal era la conquista de las cuatro principales cabeceras de Tlaxcallan. En otras palabras esta guerra ritual degeneró. Durante el gobierno de Ahuízotl, en el año de 1498, la Triple Alianza realizó un ataque masivo contra el altepetl de Atlixco. Durante esta incursión bélica murieron 3 de los hermanos mayores de Motecuhzoma: Tlacahuepan, Chahuaque y Quetzalcuauh. Parece ser que el resultado no fue lo que se esperaba de la incursión. Tiempo después Huexotzinco, la principal potencia del actual valle de Puebla-Tlaxcala entro en una guerra civil cuando murió su gobernante el Tlahtoani Chiyauhcoatl. Su hijo  Toltécatl asumió el trono sin embargo descubrió malos manejos de los sacerdotes de la ciudad, entraban a las casas a hurtar maíz, a robar las vestimentas de las mujeres, por lo que empezó el conflicto. La Triple Alianza buscó sacar provecho del conflicto y Ahuízotl mandó matar al joven gobernante. Este suceso demerito la capacidad bélica y económica del altepetl con serias consecuencias con su vecina Tlaxcala. El siguiente conflicto, como ya comentamos y tomando en cuenta la crónica de Torquemada, con Atlixco se llevó a cabo en 1502 con resultados propicios para los mexicas, ya que lograron una gran victoria y Motecuhzoma pudo llevar gran cantidad de prisioneros para ser sacrificados durante la ceremonia de entronización.

Para el año de 1504 los huexotzincas presionados por los pocos recursos existentes debido a las hambrunas que habían asolado el valle atacaron a sus vecinos, las cabeceras de Tlaxcallan, sufriendo una grave derrota que los expulsó de sus territorios. Resentidos los tlaxcaltecas se dirigieron a Huexotzinco para saquear los cultivos y destruir parte de la población. Acorralados y hambrientos los huexotzincas pidieron apoyo a Motecuhzoma, quien reaccionó de forma rápida enviando un gran ejército para socorrerlos pero nuevamente con malos resultados. El combate se decantó a favor de los tlaxcaltecas imponiéndoles una fuerte derrota a los chalcas, mexicas, acolhuas, culhuas, xochimilcas de las fuerzas aliadas. Resentido y enfurecido por las continuas derrotas, el Huey Tlahoani mexica mando un ejército aún mayor con auxiliares de Cholula y Huexotzinco, el cual tenía la misión de atacar las 4 cabeceras de Tlaxcallan por el sur, sureste, este y noreste. La mala coordinación de las fuerzas hizo que el ataque fuera repelido con fuertes pérdidas. La mayoría de los hombres cayeron bajo las armas de los otomíes, grupo étnico que estaba asentado alrededor de las principales cabeceras de Tlaxcala: Tizatlán, Ocotelulco, Quiahuiztlan y Tepectípac, como un anillo de seguridad fronterizo. Muchos otomíes fueron premiados con insignias y con hijas de notables tlaxcaltecas, estrechando la relación entre ellos y sus señores nahuas.

  Los señores de las cuatro cabeceras de Tlaxcala desde la visión de Desiderio Xochitiotzin

Estos episodios se repetirán durante todo el reinado de Motecuhzoma hasta la llegada de los europeos. En 1507, un conflicto por la devastación de las milpas de maíz de las poblaciones de Cuauhquechollan y Atzitzinhuacan por parte de los atlixcas y  huexotzincas escaló cuando los mexicas buscan nuevamente sacar provecho. Decidieron apoyar a las poblaciones agraviadas y a su gran ejército se sumaron fuerzas toltecas comandadas por su gobernante Ixtlilcuechahuac. Durante tres días batallaron, con cuantiosas pérdidas para ambos bandos, entre ellos el gobernante tolteca. Finalmente los ejércitos dan por acabado el conflicto sin mayo resultado. Motecuhzoma llora amargamente ante la entrada fúnebre de los contingentes aliados a Tenochtitlán. Manda retirarle a los sobrevivientes sus insignias y les reprocha que el deber de un guerrero es ganar batallas y apresar enemigos. Se entera que los guerreros tlaltelolcas no celebran ninguna exequia y se debe a que prácticamente no entablaron combate y sus bajas fueron mínimas. Por esta razón decide aumentarles el tributo y solicitarles prisioneros que ellos tendrán que conseguir haciendo incursiones completamente solos en el valle Puebla-Tlaxcala. Muchos días, el cielo de Tenochtitlán se obscureció debido al humo denso de las piras funerarias de sus guerreros caídos. En 1508 en otro ataque a los valles de Atlixco terminó en derrota y con la muerte de 2800 guerreros de la Triple Alianza entre ellos otro hermano de Motecuhzoma: Macuilmalinalli.

El último evento de importancia esta guerra fue en el año de 1515, cuando una fuerte sequía se presentó en el valle de Puebla-Tlaxcala, causando una guerra por los recursos entre Huexotzinco y Tlaxcallan, saliendo muy mal parada el primer altepetl. Por esta razón nuevamente los huexotzincas pidieron apoyo a los mexicas, llegando al grado que el mismo Motecuhzoma recibió al Tlahtoani de dicha ciudad en la entrada de Tenochtitlán. Tezcuco, Chalco y Huexotla dieron asilo a gran cantidad de familias que se asentaron en la ribera oriental de los lagos por 3 años mientras los ejércitos de la Triple Alianza seguían acosando a los tlaxcaltecas. Durante estas confrontaciones, los mexicas lograron una victoria moral, aunque no militar al capturar al valeroso guerrero otomí Tlahuicole, quien lograría la hazaña de sobrevivir al sacrificio gladiatorio e incluso comandaría un contingente mexica en una incursión contra los purépechas. Acabaría sus días en la piedra de los sacrificios, solicitando por su propia voluntad la muerte para no vivir en deshonra.

 Guerreros de Huexotzingo y Tlaxcala

Parecía que la relación entre huexotzincas iba a ser duradera con los mexicas, sin embargo cuando Motecuhzoma solicitó el bulto sagrado de su deidad patronal, Camaxtli, con el fin de resguardarla en Tenochtitlán, el conflicto surgió. Los huexotzincas regresaron a su poblado, destruyendo todo a su paso, incluso asesinando a quienes se encontraban en el camino. Al poco tiempo establecieron una alianza con las 4 cabeceras de Tlaxcallan volviéndose peores enemigos de sus antiguos protectores, los mexicas.

Este complejo mosaico de alianzas y enemistades perduró hasta el año de 1519, cuando llegaron los castellanos encabezados por Cortés, quien supo aprovecharla para obtener aliados que serían decisivos para el futuro conflicto con la Triple Alianza.

 Otra ilustración de guerreros tlaxcaltecas de Angus McBride

Enrique Ortiz García
@Cuauhtemoc_1521
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La guerra tlaxcalteca – mexicait.ly/2tggdUc

Biografías: Milcíades Arevalo o la Sociedad de la Imaginaciòn.

Milcíades Arevalo o la Sociedad de la Imaginación.

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Milcíades Arevalo

Por. Antonio Acevedo Linares

El escritor colombiano Milcíades Arévalo nació en Zipaquirá hace ya más de cinco décadas. Su vida como escritor e imaginero ha transcurrido principalmente en Bogotá, ciudad de la que escribe y alimenta su literatura. Ha sido también marinero, empleado bancario, vendedor de libros, publicista, corrector de estilo, periodista, dramaturgo, guionista, fotógrafo y editor, y aunque estudió algún tiempo en la Pedagógica, Español y Literatura y en la Universidad Incca, Filología e Idiomas se considera autodidacta por naturaleza. Escribe cuentos y novelas, crónicas periodísticas, entrevistas y reseña de libros etc., porque le gusta y porque antes que ser escritor vive la vida en todo su esplendor. Fundó en 1973 la revista de la Sociedad de la Imaginación, Puesto de Combate, donde ha dado a conocer a los nuevos escritores y poetas colombianos. Ha publicado cuentos en inglés, portugués, francés e italiano, muchos de los cuales han aparecido publicados en antologías y revistas de Colombia y en el exterior como Casa de las Américas, y a la vez ha sido jurado en concursos de cuento, novela, teatro y poesía. Ha publicado los libros: A la orilla del Trópico (Relatos, l978), Ciudad sin Fábulas (Cuentos, 1981); La sed de los huyentes (Cuentos, 1985), El Oficio de la Adoración (Cuentos, 1988 y 2003); Inventario de Invierno (Novela, 1995) y Cenizas en la Ducha (Novela, 2001). Entre sus libros inéditos se cuentan: El héroe de todas las derrotas (Novela); El caballo del viento y la muchacha desnuda (Cuentos medievales); Galería de la Memoria (Crónicas) La loca poesía (Antología poética en preparación) entrevistas con poetas y escritores, El oficio de la escritura, en preparación y una antología de cuentos de autores que han pasado por la revista a lo largo de 40 años. Esta es una vieja entrevista que se realizó en una de las tantas pasadas Ferias Internacional del Libro en Bogotá en el siglo pasado.

¿Cómo se inicio en la literatura? ¿Qué autores lo fascinaron, cuáles fueron sus primeras lecturas?

Generalmente casi todos los escritores dicen que nacieron con esa gracia divina, o que estudiaron en los Andes, en Harvard y en otras universidades. Cuando me lo preguntan a mí sencillamente digo que no lo soy, porque el que verdadero escritor puede pasarse la vida escribiendo y nunca se dará cuenta de eso. Uno escribe todos los días, aunque no escriba una sola línea. La vida es la página en blanco que hay que llenar. Para mí la literatura ha sido participación de algo que me gusta y que me parece maravilloso hacerlo a través de las páginas de Puesto de Combate, una revista literaria en la que creo más que en mí mismo, así no tenga quien la defienda ni la apoye.

Los primeros libros que leí, cosa rara en un chico, fueron El QuijoteLa BibliaLa Divina ComediaPratoliniMoraviaCamusKafka y una que otra novelita de amor impetuoso. Sucede que cuando yo era chico y estudiaba donde los curas, frecuentemente me sacaban de clase por no tener saco, ni corbata ni mucho menos devocionario. A mí eso me aburrió tanto que en vez de terminar el bachillerato me fui para la finca de mi papá y me dediqué a sembrar flores. Mientras el huerto florecía, yo aprovechaba para leer los libros que mi hermano tenía en su biblioteca. Indudablemente me fascinaron tanto que toda la vida no he hecho otra cosa bien que comprar libros, que muchas veces termino regalándoselos a esos muchachos y muchachas que sueñan llegar a escribir algún día, con la advertencia que tienen que escribir mejor que mis autores favoritos.
¿Cómo ha sido su relación con el periodismo? ¿Qué aporta a la literatura?

He hecho periodismo en varias publicaciones, y también en la revista que dirijo. Le he aportado a la literatura todo lo que sé y he tenido olfato para descubrir entre la multitud a los verdaderos escritores y les he dado alas a cientos de muchachos y muchachas que tienen mucho que decir y no tienen donde hacerlo. Si no hubiese sido así hoy no conoceríamos los poemas eróticos de Orietta Lozano ni tampoco habríamos conocido a Raúl Gómez Jattin a quien encontré en Cereté comiendo mango viche y tirándole piedrecitas al río. En fin…

¿Su obra cuentística y novelística ha estado signada por lo autobiográfico o es sólo imaginación.

Estoy seguro de que todos los escritores, así lo nieguen, toman de su propia vida hechos que les ocurrieron, por la sencilla razón de que quien escribe una obra debe ponerle todo el encanto, toda la magia, toda la vida y la pasión necesaria que vive el hombre cotidiano para hacer creíble la historia, el cuento o la novela que le sucedió a alguien en particular. Por otra parte, para ser escritor hay que tener mucha imaginación y haber vivido la vida en todo su esplendor. Por eso yo siempre estoy diciendo que el que no tenga imaginación ni haya vivido lo suficiente, mejor que se dedique a otra cosa. Yo he vivido en muchas partes, he conocido infinitos rostros, he recorrido muchos caminos, he navegado muchos ríos y mares, pero siempre he estado ligado a la tierra. Solo me sostiene mi imaginación.

¿Se puede vivir de la literatura en Colombia?

¿Qué escritor vive de la literatura en Colombia? Para que los libros no terminen agonizando en la bodega de una editorial colombiana, hay que irse lejos, a otro país para poder triunfar como García MárquezEfraím Medina, etc. Aquí nadie lee ni mucho menos compra libros. Los únicos que viven de la literatura son los académicos y los críticos.

¿Cómo ha sido su relación con la poesía en su escritura y su relación con los poetas en la vida?

He sido tan influido por la poesía que eso se me nota en todo lo que escribo. Los verdaderos poetas significan mucho para mí, pero no me gustaría parecerme a ellos. Más de uno me ha golpeado por decirle que la poesía estaba en todas partes, menos en sus poemas.

¿Cómo evalúa su actividad periodística de dar a conocer a los nuevos escritores en la revista Puesto de Combate?

Sin duda ha sido muy valiosa, de lo contrario no los conocerían ni en su casa.

¿Para qué se escribe?

Para saber lo que no sé, para saber de dónde vengo y para dónde voy, para dejar un testimonio del mundo que viví…

¿La literatura nos salva de qué?

La literatura nos salva de la muerte.

Finalmente, Maestro Milciades, ¿a qué proyectos literarios está dedicado últimamente?

Más que literarios son de vida: ir a tenderme en la playa olvidado del mundo y de mí, editar las últimas entregas de Puesto de Combate, terminar de escribir una novela, una obra de teatro, un libros de crónicas, un guión, unos ensayos; seleccionar unos cuentos, unos poemas, ¿qué se yo?

¿Es usted feliz siendo escritor?

Como soy lo más atípico de un escritor, eso me permite ser feliz.

La actividad más fervorosa de Milciades Arévalo aparte de la de ser escritor es la de activista cultural que durante más de treinta años ha publicado la revista literaria Puesto de Combate, un quijote de nuestro tiempo que ha creído en la literatura colombiana donde muchos poetas y escritores han dado a conocer sus primeros textos literarios, entre los que recuerda a Raúl Gómez Jattìn y Orietta Lozano. Su casa en el barrio La Candelaria ve pasar todos los días un hombre a veces bajo la lluvia con sus libros bajo el brazo que entre sus premios, distinciones y trabajos culturales que ha tenido se destacan: Segundo y Tercer Premio, Concurso de Cuento Gobernación del Quindío, años 1980 y 1981.Segundo y Primer Premio, Fundación Testimonio (Pasto), años 1984 y 1985. Premio de Novela “Ciudad de Pereira”, con el Libro “La Casa del Fuego y de la Lluvia”, 1985. Distinción y Reconocimiento “Por la divulgación de la Literatura Colombiana”. Cámara Colombiana del Libro, Bogotá 1989. Segundo Premio de Novela “Ciudad de Pereira”, con el libro “Inventario de Invierno”, 1991. Beca Ministerio de Cultura. Modalidad Periodismo Cultural, 1994. Beca “Banco de Propuestas Artísticas”. Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1998. Director Editorial Revista Mosaico II del Instituto de Cultura Hispánica de Bogotá, de Febrero de 1982 a Diciembre de 1985.Asesor Cultural de la Casa de la Cultura de Montería, de Junio de 1988 a Junio de 1989. Organizador de los Encuentros Internacionales de Revista de Literatura y Suplementos Culturales. Feria Internacional del Libro de Bogotá, de 1988 a 1991. Director del Taller de Literatura “Libro Vía” de la Alcaldía Mayor de Bogotá durante los años 1991 y 1992. Director de Arte y Creativo de la Agencia de Publicidad Sancho, de Febrero 1992 a Junio de 1996. Asesor Literario de Post Grado. Universidad Sur Colombiana, años 1998 y 1999. Columnista del diario La Prensa de Bogotá, de febrero de 1991 a mayo de 1996.

Fotos de esta entrevista tomadas del facebook personal de Milcíades Arévalo.

Milcíades Arevalo