Derrumbando paradigmas; ¿fueron traidores los tlaxcaltecas?

No creo en soluciones definitivas ni en verdades absolutas, es más, cada vez que creemos que hemos llegado a una solución definitiva se detiene el progreso.

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Un paradigma es una supuesta verdad absoluta que a fuerza de repetirse de generación en generación se convierte en dogma incuestionable, la historia de México, nuestra historia, está plagada de paradigmas muy convenientes para los grupos que detentan el poder, desde la independencia, si no antes, y controlan los medios de comunicación y difusión que se han venido encargando de inculcar en la población la creencia ciega en “los paradigmas de la historia”, dogmas de fe que no se cuestionan sin correr el riesgo de ser excluidos, apestados, blasfemos y traidores a la “patria”.

A través de los medios de comunicación, información y control social utilizados por el poder hegemónico, han difundido desde siempre un catálogo inmenso de paradigmas (hechos irrefutables e incuestionables) que explican lo que ellos quieren que creamos de nuestra historia. Por eso no batallan para dominar políticamente al Pueblo; apoyándose en los paradigmas históricos nos ofrecen hacer realidad los ideales, inventados, de próceres de nuestra historia…y el pueblo les cree…

Un paradigma falso de toda falsedad del que la gran mayoría de los mexicanos considera como un incuestionable dogma de fe es: la afirmación de que los tlaxcaltecas, que ayudaron a Hernán Cortes a derrotar a los aztecas, son traidores a la patria. FALSO. Para mí, pero que cada quien llegue a sus propias conclusiones.

Les comparto material para el análisis y la reflexión y para profundizar en el tema tlaxcalteca, puedes ver: https://jestoryas.wordpress.com/2014/06/06/cultura-tlaxcalteca/ 

Derrumbando paradigmas.

Antecedentes.

Cultura Tlaxcalteca II, re edición 23 de Junio de 2017.

 

¿SON TRAIDORES LOS TLAXCALTECAS?

Por: Ricardo Cano Bonilla

En muchas épocas y contextos es común que la mayoría de los pueblos reproduzca fabulas o leyendas, falsas ideas que siendo infundadas se vuelven supuestas verdades incuestionables. Es común también que los gobiernos de aquellos pueblos arraiguen dogmas sobre los cuales legitiman su versión de la historia y con ello su poder sobre los mismos. Por esto, es necesario que exijamos un proceso de revisión  y de transparencia, un conocimiento más claro, de una historia vista  e interpretada desde diversas perspectivas “contra la historia oficial”.

En razón de los sucesos acaecidos en la época de la llamada “Conquista de México”, en la que la república de Tlaxcala por acuerdo de los ancianos representantes de los cuatro señoríos decide establecer una alianza con el ejército de Hernándo Cortés en contra del imperio Azteca, naturalmente  es necesario tomar en cuenta hechos  y circunstancias que prevalecían en la época referida lejos de los hechos y circunstancias del S. XX. El tlaxcalteca Alfonso Romero en su libro “lo de Tlaxcala” expone que antes de emitir cualquier juicio sobre la mencionada alianza tendríamos que cumplir la respuesta de las siguientes preguntas:

1.- ¿La nación mexicana estaba constituida como tal en aquella época? Falso

2.- ¿El imperio azteca era la república mexicana? En  modo alguno

3.-  ¿La antigua república de Tlaxcala era integrante en alguna forma del imperio azteca? De ninguna manera, el imperio azteca había impuesto un cerco para estrangular  la economía tlaxcalteca, el imperio expansionista y bélico representaba una amenaza para el futuro de la comunidad, imposible la paz perdurable entre tlaxcaltecas y aztecas.

4.- ¿Cuáles eran las relaciones entre los tlaxcaltecas  con los aztecas  y con sus demás vecinos? Simplemente no eran subordinados

5.- Cuando en Cempoala se tomó la decisión de que Hernán Cortés  con sus ejércitos  y sus primeros aliados pasaran por Tlaxcala rumbo a Tenochtitlan en vez de hacerlo por Cholula, ¿Tuvieron los tlaxcaltecas en esto alguna intervención? Fue claro que los tlaxcaltecas no tenían mandos en esos ejércitos de don Hernándo.

6.- ¿Existía algún pacto legal o de hecho con los aztecas y que los tlaxcaltecas hayan violado? Las guerras y el cerco económico de los aztecas no representaban un pacto de lealtad.

7.- ¿El recibimiento que se le hizo a Cortés en Tlaxcala fue graciosamente amistoso al pisar tierra tlaxcalteca a semejanza del que le tributaron los aztecas a su arribo?Las batallas de los ejércitos tlaxcaltecas a cargo de Xicoténcatl Axayacátzin no son  una ligera nota  de los historiadores.

8.- La antigua república de Tlaxcala, en rigor de verdad ¿a quién cometió traición con su alianza? A nadie, no existió ni existe tal traición.

9.- Los demás pueblos y señoríos  que se aliaron a Cortés antes y después del sitio  y toma de Tenochtitlan, ¿qué papel desempeñaron? ¿No respondieron acaso a sus intereses particulares?

En conclusión, es insensato e injusto  seguir cultivando un falso rencor contra los tlaxcaltecas actuales  por la decisión de sus antepasados del S.XVI  sin considerar si tuvieron o no motivos para tales decisiones.

PD. Sea en su gloria guerreros tlaxcaltecas nuestro esfuerzo, trabajo y  nuestra fe…

By radiokao • COLUMNASPolacaRicardo Cano B. •

Manifiesto de la era Tlaxcalteca.

Desde Tlaxcala se  Declara el fin  de la era Maya

El devenir de la humanidad manifiesto en los últimos cálculos, de quienes  anunciaron el  fin de un ciclo el 21 de diciembre de este 2012, sin duda  intriga y mueve al pensamiento contemporáneo de los descendientes de diversas culturas en todo el orbe.

Hoy me  refiero  a  unos  en particular: Los tlaxcaltecas.

Para quienes la vida  cambió con la llegada  de Hernán Cortés de la mano de una enigmática dama que pasó a la historia como “La Malinche”.

Muchas increíbles vicisitudes hemos tenido que pasar desde entonces.

Desde reconocer el sabor de la victoria en la lucha contra todo adversario, hasta sufrir el estigma que recae en el vencedor por parte de muchos derrotados.

Los más primeros  llegaron a fundar Cacaxtla y Xochitécatl. Después el cuarteto de los Señoríos dio vida al primer gobierno republicano de toda la  América. Mostraron inteligencia superior en esos tiempos pretéritos, aún y a pesar de los malandros, agresivos e imperialistas mexicas.

Resplandor Perenne

Hoy, en el ingreso a una nueva era trascendente, algunos dirigentes dignos del pueblo tlaxcalteca recibieron la estafeta en este fin del mundo maya, recibiendo las enseñanzas no sólo de los mayas, incluso de otras culturas que desde diversas latitudes observan extrañadas y aún sin comprender del todo a  pesar de la ciencia, estos ceremoniales que siempre incluyeron un misticismo cargado de energías; incluso celestiales.

Hoy de cara al tercer milenio y con casi 600 años de transitar otro tramo en la línea del tiempo, es menester reconocer que a pesar de vivir en la victoria permanente; el conservar el título de guerreros invencibles, hoy día tendrá  que  costar mucho más sangre, sudor y lágrimas.

El maltrato regional, nacional e internacional que sufre la raza tlaxcalteca por  razones históricas que ya han tratado de explicar voces más doctas o prudentes, ha llegado a un punto de quiebre, en el que el ninguneo a nuestro pueblo culto, inteligente, valeroso, astuto, audaz y trabajador ha agotado nuestra  paciencia.

Por todo ello, hoy declaramos que el pueblo de Tlaxcala encabezado por sus dignos líderes velará y defenderá los derechos de todos sus hijos que se sientan orgullosos de serlo y que vean trastocadas sus garantías que como ciudadanos pobladores de la región, el país y el mundo, se han  ganado.

Y aún hay más: declaramos que no descansaremos hasta que se dignifique el papel de los tlaxcaltecas en la historia más reciente, que hoy afrenta ofende y divide a un pueblo orgulloso de sus raíces, de su filosofía y su visión cosmogónica de cara a un mundo convulsionado por la destructora acción de las demás razas  del mundo.

Hoy declaramos que el  fin de  este ciclo no nos tomará desprevenidos para  comenzar las tareas pendientes a favor de quienes descendiendo de la estirpe tlaxcalteca, viven fuera de  esta Invencible República.

Declaramos también  que la  conciencia que buscamos sacudir, en este tramo que nos toca vivir, resultará en un nuevo amanecer, un despertar de la alegría por vivir verdaderamente, mejor aún que  hasta  este 21 de  diciembre.

A pesar de ser una raza invencible por los hombres, pero a merced del sol y del planeta, tenemos la conciencia tranquila por haber transitado en la historia de la  humanidad con paso firme y gallardo. Sin prisa, pero sin pausa. Una  conciencia verdadera que nos permite seguir andando los caminos que nos quedan por recorrer. Fundando  nuevas ciudades, transmitiendo cultura, regando la esperanza de nuestros más primeros; esperanza más renovada que nos acompaña desde que Camaxtli vive un  especial idilio sincrético con nuestra vírgenes de Ocotlán y la Defensa, quienes  bendicen  a todos los  descendientes guerreros de estas nobles tierras que  nunca  han sido de mujeres y hombres mansos.

Parte  de Guerra del fin de la era Maya

Es por ello que hoy nos complace participar que el 21  de diciembre con toda la solemnidad del caso, en el corazón de esta siempre Heroica Ciudad, en todo lo alto del Portal CHico,  se llevó a cabo la  Ceremonia de la  Entrega del Fuego Resplandeciente de los  Mayas a los Tlaxcaltecas.

Bienvenidos todos a la Nueva Era Tlaxcalteca.

Historia prehispánica de Tlaxcala

Los tlaxcaltecas son un pueblo indígena que habita el estado de Tlaxcala, México.

En 1290 comienza su historia. Estructurados como federación, los tlaxcaltecas elegían a su líder supremo y emprendían las campañas de común acuerdo. El hecho de que jamás fueron sometidos por los mexicas les llevó a estar rodeado de pueblos vasallos de los aztecas, lo que les impedía comerciar con libertad.

Gracias a concertaciones políticas y tratos con los aztecas, lograron preservar su autonomía y llevar a buen término el florecimiento de las artes.

A la llegada de los españoles en 1519, los tlaxcaltecas, al frente de Xicohtencatl, enfrentaron a los conquistadores de Hernán Cortés.

Orígenes

Los primeros moradores

En el centro de México destacaron los grandes valles del altiplano: el de México y el poblano-tlaxcalteca. En el valle poblano-tlaxcalteca aproximadamente en 1800 a. C. había grupos agricultores que trabajaban en forma familiar, cultivando maíz, fríjol, chile y calabaza, tomate que completaban su dieta con los productos de caza y recolección. Habitaban aldeas permanentes formadas por chozas. Tenían comunicación con la gente del valle de Tehuacán y el golfo de México, con la que llegaron a mezclarse.

Años posteriores la población tlaxcalteca aumentó y en consecuencia el número de aldeas, muchas de las cuales al extenderse se convirtieron en villas. Los tlaxcaltecas producían con la cooperación de toda la familia; regaban sus cultivos utilizando canales, tenían hornos para cocer cerámica, pequeñas plataformas para celebrar sus ceremonias religiosas y rendían culto al dios del fuego Huehueteotl.

A medida que el tiempo transcurría la población aumentó hasta que se formaron pueblos. Surgieron construcciones residenciales, se elevaron estelas y sarcófagos de piedra, y cada vez se rendía culto a un mayor número de deidades. Allí los sacerdotes fueron adquiriendo más y más importancia y llegaron a dominar a la población, empezando así a construirse centros ceremoniales.

Se cree que entre los años 200 a. C. y 700, la civilización mesoamericana alcanzo su máximo esplendor, y si antes la gente vivía en comunidades agrícolas y en pueblos sin ninguna planeación, ahora se construían grandes ciudades planificadas. Aumento más la población y se incrementaron el comercio y la actividad agrícola.

Los sacerdotes gobernaban y se encargaban de impulsar la cultura. Fueron ellos quienes lograron que la agricultura, la escultura y la pintura alcanzaran su apogeo y que realizaran notables progresos en escritura figurativa, matemáticas y astronomía, por lo que se ha llamado a esta etapa periodo teocrático.

Vista sobre el Gran Basamento de Cacaxtla.

Teotihuacan estuvo a la cabeza de las ciudades teocráticas mesoamericanas y su caída marco el fin de este periodo. EnTlaxcala son dos las fases que corresponden al periodo teocrático. En la primera, se experimentó un auge cultural. Desaparecieron las aldeas dispersas y la población se concentró en centro urbanos que contaban con plazas, calles, centros ceremoniales, tumbas. No obstante ser una gran cultura local, poco a poco comenzó a decaer por que la mayoría de sus artesanos y muchas personas importantes se fueron a vivir a Teotihuacan, atraídos por la prosperidad y el trabajo que había en esa gran ciudad religiosa y cultural. Hubo entonces, en la siguiente fase, un mayor auge en la agricultura y reinó una relativa paz en el centro de Tlaxcala. En otros puntos de la región no ocurría igual, y sobre todo en la región de Nativitas, donde la invasión de los olmecas-xicalancas ocasionó intranquilidad y luchas por el poder y la tierra. Los olmeca-xicalancas, provenientes de la costa, eran mercaderes que controlaban las mercancías procedentes del Golfo de México y del sureste. Se establecieron en Tlaxcala sin encontrar ninguna resistencia porque la zona que eligieron se hallaba despoblada. Su capital se situó en la fortificación de Cacaxtla, en lo alto de un cerro, donde se han descubierto pirámides muy importantes y pinturas que testimonian sobre las luchas que libraron con otros grupos. También fueron dueños de pequeñas ciudades-fortalezas alrededor de su capital, como Xochitécatl y otras en el área de Calpulalpan, situadas al norte del estado.

Véase también: Cacaxtla

En esa época los olmeca-xicolancas tomaron Cholula y dominaron la altiplanicie poblano-tlaxcalteca. A partir de entonces, sucedieron en la Tlaxcala prehispánica diversos cambios políticos.

Entre los años 700 y 1100, algunos grupos de toltecas integrantes de otra gran cultura de Mesoamérica, cuyo auge fue posterior a la teotihuocana se establecieron en Cholula, en Tlaxcala y en sus alrededores.

Esos grupos toltecas vivieron esclavizados por los olmeca-xicalancas hasta que, con ayuda de los otomíes, no sólo se emanciparon, sino que los vencieron. Como pago o sus servicios, los otomíes recibieron tierras en el sur de la actual ciudad de Puebla, donde fundaron los señoríos de Cuauhtinchan y Totonihuacan a principios del siglo XIV. Parte de estos otomíes llegaron a territorio tlaxcalteca y se establecieron principalmente en AtlangatepecHueyotlipanTecoacHuamantlaAtlihuetzía y Xaltocan. Uno de sus grupos, muy influidos por los huastecos, ocupó el centro-norte del estado, dando origen a la cultura Tlaxco.

Origen de los señoríos de Tlaxcala

De 1290 a 1519 tuvo lugar la invasión del grupo teochichimeca-tlaxcalteca o texcalteca, una de las siete tribus nahuatlacas que había salido de Chicomoztoc, o lugar de las siete cuevas, hacia el valle de México donde, según narran las crónicas, fundaron Poyauhtlán en el año 2 pedernal (1290), a orillas del lago de Texcoco. Llevaban una existencia primitiva y vivieron en cuevas hasta que otros grupos los obligaron a emigrar. Peregrinaron entonces por el Popocatépetl y Huexotzinco y llegaron finalmente a lo región ahora llamada Tlaxcala. Allí se apoderaron de la sierra de Tepeticpac, y con el tiempo la llamaron Tlaxcallan, A esa ciudad en especial se le tomó mucho significado por su importantes avances en la astronomía. Ya que si eran, nomadas en busca de un territorio fértil, con grandes planicies para su asentamiento, rendían culto a las estrellas por considerarlos “entes” divinos. Un asentamiento muy importante fue el de la ciudad de Cacaxtla, que es relevante por sus pinturas rupestres, aun conservadas y muy visitadas.fueron hechas por cazadores que registraban sus hazañas dentro de su actividad, los llamados “Tlachis” o “Tlachiqueros”.

Jeroglífico de Tlaxcallan

En el año 5 pedernal (1348), los teochichimecas, guiados por su dios Camaxtli, y conducidos por su caudillo Culhuatecuhtli (quien expulsó de la región a los últimos olmeca-xicalancas y toltecas), se convirtieron en señores poderosos, hicieron la paz con sus vecinos y se dedicaron tranquilamente a poblar esas tierras. Comenzó entonces la vida social y política de la nación tlaxcalteca y se fundó el primer señorío deTepeticpac, con un solo señor como jefe; el mismo Culhuatecuhtli. Este le cedió a su hermano menor, Teyohualminqui o Teyohuaymiqui, buena parte de la provincia de Tlaxcallan, con lo cual se fundó después de 1384 el segundo señorío de Ocotelulco, mayor y más importante que el primero.

La creación del tercer señorío ocurrió de la siguiente manera: los de Cholula dieron muerte al señor de Ocotelulco y se apoderaron de sus tierras. Algunos de los vencidos huyeron y fundaron Tizatlán, que con el tiempo, llegó a competir en grandeza y prosperidad con los otros dos señoríos.

El cuarto señorío, Quiahuiztlán, se fundó con otro grupo de teochichimecas que llegó al valle de México en el Siglo XIV, pues Culhuatecuhtli les había prometido tierras para que se establecieran en Tlaxcallan.

Cada uno de los cuatro señoríos tenía su propio territorio y su propio gobierno. Aliados, formaron la confederación de Tlaxcala por medio de sus jefes, que los representaban y decidían los asuntos comunes a toda la provincia, en una especie de consejo. Esta confederación presentaba una organización parecida a la “República de Tlaxcallan” porque, aunque no existieran entonces instituciones republicanas, cada señorío era autónomo.

¿LOS TLAXCALTECAS TRAIDORES? ¿CÓMO ESTUVO LA COSA?

TURISTAMX, 5 febrero, 2013.- Muchas veces no ponemos atención en el hecho de que la huella del pasado también permanece vigorosa en el turismo. Baste decir que la actividad turística permite seguir en estos tiempos la huella de los que nos antecedieron, momentos que moldearon el rostro que ahora tenemos.

Un caso extraordinario para México, pero también cruento, desgarrador, inesperado, pero no modificable, fue la llegada de los españoles a tierras de Mesoamérica. Lo hicieron justamente por la costa al centro del Golfo de México, en lo que ahora son los estados de Veracruz y Tlaxcala, antes incluso de llegar al centro del territorio. Ahí están las huellas de este encuentro.
Es un hecho consumado decir que si no hubiera sido por el apoyo de los pueblos que habitaban el oriente del territorio simplemente no hubiera habido conquista. Un puñado de trescientos o cuatrocientos o seiscientos  hombres  barbados no hubiera podido acabar con miles de guerreros, personas que nacían, se preparaban y morían para el combate. La conquista se dio porque fue la oportunidad de los pueblos indígenas dominados por el imperio Azteca para liberarse del sometimiento. Entonces no sabían que comenzaría un nuevo tiempo en que seguirían siendo explotados.
Los mexicanos de ahora  tenemos la posibilidad de seguir ese encuentro explosivo, mítico, recorriendo los sitios donde se encontraron españoles y mexicanos. Primero desde lo alto del cerro de Quiahuxtlan (frente a la playa de Villa Rica, Veracruz, a una hora de camino desde el puerto hacia el norte por la carretera costera); luego en la ciudad del Rey Gordo, Zempoala (“entre veinte aguas”,  cerca de la costa del centro de Veracruz, a media hora de la conocida playa de Chachalacas); y luego en la meseta de Tlaxcala y Puebla.
Hernán Cortés arribó a costas mexicanas en la primavera de 1519, momento en que  Tlaxcala era un estado militar, algo semejante a una federación, lo que le permitía a sus pueblos luchar  frente a los principales opositores: los  Mexicas. Los habitantes de Tlaxcala fueron el principal factor de apoyo en los hechos de la conquista europea. Miles de guerreros indígenas de la zona pelearon al lado de Cortés, incluso estuvieron en la llamada Noche Triste.
La ayuda que los tlaxcaltecas prestaron fue reconocida oficialmente por la Corona – más de manera formal que real-, y se le otorgó la cédula real del 11 de febrero de 1537. Esto implicaba que el rey Carlos V favorecía todas las condiciones y derechos para gobernarse por sí mismos, atender sus tierras y trabajarlas sin que nadie más interviniese en sus cabildos.
Lo que pasó después lo conocemos: la brecha entre indígenas y conquistadores se abrió profundamente, desgarradoramente, resultando los primeros esclavos de los recién llegados. Pero esa es otra historia.
Sigamos esta huella en nuestras crónicas de la conquista por el ahora territorio mexicano.

La diáspora* tlaxcalteca, 418 años después.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Diaspora 

JOSÉ CARLOS AVENDAÑO/ I DE II.

La idea de trasladar a tlaxcaltecas hacia el norte de la Nueva España ya había sido propuesta desde 1560 por el virrey Luis de Velasco / Foto Alejandro Ancona

Después de varios estudios históricos sobre la salida de las 400 familias tlaxcaltecas para conquistar el norte de lo que hoy es la República mexicana, las autoridades estatales anunciaron el cambio de fecha de la conmemoración de la diáspora tlaxcalteca para el próximo 6 de junio en lugar del 6 de julio en las ruinas del ex convento de Santa María de las Nieves.

De acuerdo con datos del Colegio de Historia de Tlaxcala, hacia fines del siglo XVI, tras varias décadas de guerras de conquista y un muy accidentado proceso de colonización, el imperio español poco a poco asentaba sus reales en lo que se llamó virreinato de la Nueva España. Éste comprendía una considerable porción de territorio que en términos de la geografía contemporánea abarcaba: al norte de nuestro país, los estados de California, Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada, Florida, Utah y parte de Colorado, Oklahoma, Wyoming y Kansas (en Estados Unidos), el suelo mexicano actual y al sur establecía frontera con el hoy territorio panameño. El lindero oriental lo señalaba el golfo de México y hacia el occidente, la Nueva España limitaba con el océano Pacífico, incluidas las islas Filipinas.

Sin embargo, una difícil y precaria paz establecida con los indios nómadas y seminómadas del norte del virreinato, genéricamente nombrados chichimecas, convirtió en impostergable para las autoridades españolas encontrar una solución al problema del poblamiento y colonización de la vasta geografía septentrional. Sobre el particular, el mismo monarca español Felipe II reconocía que la actitud hostil de los chichimecas hacía y causaba “grandes daños, muertes y robos, destruyendo los pueblos de paz y las estancias de ganado, robando y salteando por los caminos a los españoles y pasajeros.

Tras casi 50 años de guerra (a partir de 1541) entre los colonos españoles –asentados particularmente en la llamada Ruta de la Plata– y las numerosas etnias nativas, la Corona española y sus representantes decidieron invitar a los tlaxcaltecas para que en grupos de familias reforzaran las fundaciones españolas y, al mismo tiempo, con su ejemplo cristiano, difundieran sus virtudes cívicas, el apego al trabajo y animaran a los indios del norte del virreinato a “vivir en policía”, como se decía entonces.

Es oportuno mencionar que aquellas agrestes tierras y la ferocidad de sus pobladores no eran del todo desconocidas en la provincia de Tlaxcala pues, tras concluir la conquista de Tenochtitlán, el capitán Hernán Cortés continuó la tarea de explorar ese vasto territorio que se abría ante sus ojos y lo hizo acompañado de algunos guerreros tlaxcaltecas. Una década después, otros expedicionarios españoles como Nuño de Guzmán y Pedro de Alvarado, también recorrieron tierras de la Gran Chichimeca (o Chichimecatlalli, en náhuatl) flanqueados por tlaxcaltecas. La participación de estos guerreros en esa empresa de conquista quedó plasmada en el documento pictográfico conocido como Lienzo de Tlaxcala.

La idea de trasladar tlaxcaltecas hacia el norte de la Nueva España ya había sido propuesta desde 1560 por el entonces virrey Luis de Velasco El Viejo, nombrado así para distinguirlo de su hijo Luis de Velasco II, quien ocupara el mismo cargo entre 1590 y 1595. En aquella ocasión el cabildo tlaxcalteca se opuso tenazmente y la Corona no consiguió el apoyo de sus antiguos aliados, pero sí de otros indios, los otomíes.

Treinta años después, la habilidad política de los funcionarios del cabildo indio, sumada a la valiosa y pertinente asesoría brindada por los franciscanos Jerónimo de Mendieta, por aquellos días guardián del convento franciscano, acompañado de Jerónimo de Zárate –en el sentido de acceder a la petición real pero obteniendo, por escrito, las mejores condiciones para los potenciales emigrantes–, dio por resultado una provisión del monarca Felipe II que establecía las modalidades de la colonización tlaxcalteca al norte, provisión conocida como “Capitulaciones” que, dicho sea de paso, era el contrato que de ordinario pactaban la Corona española y sus conquistadores o colonizadores, lo que daba al documento y a la empresa pactada un carácter legal.

Tales negociaciones iniciaron a fines de 1590 y culminaron el 14 de marzo del año siguiente, cuando fueron planteadas y dadas a conocer formalmente las “Capitulaciones” entre la Corona española, a través de sus funcionarios en Nueva España, y el cabildo tlaxcalteca.

Para el caso de la historia tlaxcalteca, la negociación y firma de las “Capitulaciones” da cuenta de la naturaleza jurídica y política del proceso de colonización emprendido a partir de 1591; asimismo, debe tenerse en consideración que la presencia tlaxcalteca en el norte novohispano no se limitó a la fundación de las colonias originales de 1591, sino que, como diversos investigadores han demostrado, fue un proceso de expansión que se prolongó a lo largo de los siglos XVI y XVIII y territorialmente abarcó los actuales estados de San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Jalisco, Nuevo León, Coahuila y en territorio estadunidense Texas y Nuevo México.

A través de los siglos, las “Capitulaciones” fueron el documento que legalizó y legitimó la expansión tlaxcalteca, además de servir como vínculo de identidad entre las fundaciones de la Nueva Tlaxcala y la provincia de origen.

Por una práctica tradicional esta celebración, basada en un acontecimiento histórico documental, se festejaba anualmente en julio en el sitio que ocupan los restos virreinales del que fuera el templo dedicado a Santa María de las Nieves y que la tradición ha señalado como punto de partida de las 400 familias tlaxcaltecas.

Sin embargo, para este año las autoridades estatales cambiaron la fecha de esta celebración para el próximo 6 de junio, pues de acuerdo con lo expresado por el director de Cultura, Recreación y Deporte, Jesús Ángel Treviño Rivera, investigaciones realizadas por historiadores en San Luis Potosí, Zacatecas y Querétaro, llegaron a la conclusión de que fue en junio cuando salieron las 400 familias a poblar el norte de lo que hoy es la República mexicana.

Para ello, se ha programado una serie de actividades en la que se espera la asistencia de 10 mil personas en lo que será la edición 28 de la también llamada diáspora tlaxcalteca.

 *El término diáspora es una palabra del griego antiguo que significa la dispersión de una comunidad étnica o de personas en todo el mundo . 

Originalmente, este término cubre el fenómeno de dispersión en sí. Hoy en día, por extensión, también significa que el resultado de la dispersión, es decir, todos los miembros de una comunidad dispersa en varios países.

Los tlaxcaltecas no son traidores: Delfino.

 Delfino Carro recopiló información de 32 libros
de historia y de 16 revistas especializadas para
desmentir que los tlaxcaltecas fueron unos
traidores por aliarse con los españoles para
vencer a los aztecas hace 500 años.

Por: José Carlos Avendaño

Una vez en los juegos nacionales que organiza el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) escuchó que en una competencia anunciaban en el carril uno al representante de Morelos, en el carril dos al de Sonora, en el carril tres al de Tlaxcala y a lo lejos se escuchó el grito de traidor, lo cual reforzó su idea de escribir un libro para demostrar a los mexicanos que los tlaxcaltecas no son traidores por haberse aliado con los españoles en la conquista.

A partir de entonces, Delfino Carro Muñoz se dio a la tarea de recopilar información de 32 libros de historia y de 16 revistas especializadas para escribir el texto El estigma de los tlaxcaltecas (Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, 2012), en el cual explica las razones por las que los tlaxcaltecas se aliaron con los españoles para vencer a los aztecas.

Delfino se llevó dos años para recopilar la información porque “conocí a muchas personas de fuera que siguen deshonrando a los tlaxcaltecas por la cuestión  de la alianza entre los tlaxcaltecas y los españoles hace 500 años, pues todavía nos tildan de traidores y eso hay que aclararlo con investigaciones porque lastima a mis paisanos”.

Este hombre originario de Panotla ha escrito poesía y novela romántica, por lo que ahora se ha interesado por los temas históricos, sobre todo los que tienen que ver con Tlaxcala.

Estudió la Licenciatura en Legua y Literatura y una maestría en Pedagogía, por lo que las letras han sido parte de su vida desde los 15 años de edad cuando escribió su primera poesía, luego una novela biográfica e histórica… “a la mejor recibí la influencia de mis maestros de Literatura desde la secundaria”.

Considera que el libro de su autoría con mayor aceptación entre el público ha sido El estigma de los tlaxcaltecas.

En tanto que para él, los escritos que más le gustan son los de Miguel León Portilla porque fue un hombre muy sabio e inteligente, lo mismo que los libros del tlaxcalteca Alfredo Chavero, Diego Muños Camargo, “he leído a varios autores nacionales y tlaxcaltecas que abordan temas históricos”.

Delfino Carro recuerda que como parte de su labor como escritor representó a Tlaxcala en los Juegos Florales Rafael Ramírez Castañeda realizados en Guanajuato –donde ganó la Flor Natural– y en Tabasco que fueron organizados por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

En el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México presentó poemas de su libro Cien sonetos en flor para Tlaxcala y ha impartido conferencias y presentación de su material literario que a la fecha suman 22 títulos de narrativa y poesía.

En su más reciente obra, aclara que la traición que se le atribuye a los tlaxcaltecas en tiempos de la conquista solamente es un mito.

El escritor afirma categórico sobre esta clasificación que es “una gran mentira” que los tlaxcaltecas hayan traicionado a la patria y por ello exhorta a quienes piensan eso a que se adentren a la historia para conocer realmente a este pueblo.

Cita a Diego Muñoz Camargo, quien escribió que los tlaxcaltecas estuvieron sitiados por los aztecas de 1455 – fecha en que iniciaron las guerras floridas– a 1515 (60 años). Además, les prohibieron a los tributarios que les vendieran productos de primera necesidad. También ordenaron a otros pueblos que acabaran con ellos, sin que tuvieran éxito.

También menciona que mientras los aztecas mandaban regalos a los españoles al desembarcar en tierras americanas, con la finalidad de persuadirlos y no avanzaran a Culúa, los tlaxcaltecas les negaron el paso y tuvieron que librar sangrientos combates con ellos. Después decidieron recibirlos amistosamente.

Aclara en su obra que en la época que gobernó Moctezuma II al pueblo azteca no existía división política en México, sino que había señoríos, provincias y territorios, pero los mexicas nunca pudieron someter a los tlaxcaltecas.

Así que concluye: debe aclararse que la república de Tlaxcala no cometió traición a nadie… no era sólo Tlaxcala la que preparaba la venganza contra los mexicas, eran todos los pueblos que habían dado todo su contingente para las aras del dios de la guerra, Huitzilopochtli”.

Enlaces relacionados para profundizar:

http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/estados/libros/tlaxcala/html/sec_35.html

 

 

 

 

SOLDADO (la balada del soldado)

Individuo que se ha alistado, voluntariamente o en cumplimiento de un servicio militar obligatorio, en las fuerzas armadas de un país soberano, recibiendo entrenamiento y equipo para defender a dicho país y sus intereses. En su condición de miembro de dichas fuerzas armadas, se convierte en un militar organizado en el ejército. (Wikipedia) «Cualquiera que […]

a través de SOLDADO (La balada del soldado) — Diccineario

«Cualquiera que sea el tema de la conversación, un viejo soldado hablará siempre de guerra»
Antón Chéjov (1860-1904) Médico, escritor y dramaturgo ruso

LA BALADA DEL SOLDADO (Ballada o soldate) – 1959

“A todos nosotros nos gustaría ir a casa, pero tenemos un trabajo que hacer aquí. Ésto es la guerra y nosotros somos soldados”

Acorde al proceso de humanización por el que atravesaba la cinematografía rusa, Chukhrai optó por desentenderse de los rigurosos parámetros del realismo socialista y, de ese modo, enfocar una situación con trasfondo bélico a través de un sentimiento antimilitarista y desmitificador del heroísmo, culminando un himno a la esperanza de enorme validez y trascendencia. Inspirándose en sus propias vivencias en el frente describió el breve permiso de un joven y azarosamente heroico soldado soviético en plena Segunda Guerra Mundial, así como el fugaz y sensitivo romance inconcluso que vive con una hermosa muchacha, a través de una ostentación de pureza, humanidad y ternura muy poco común, destinada a enaltecer con exorbitado lirismo e integridad moral la sencillez y fragilidad de sus auténticos personajes. Una película de una virtuosa planificación y un depurado gusto por el encuadre y la iluminación, agraciada en su momento con una treintena de premios en distintos certámenes, que forma parte de aquellos perennes e irrepetibles clásicos que nos legaría el cine soviético y perdura como la gran obra maestra en la filmografía de su insigne realizador.

Director Grigori Chukhrai
Guión Grigori Chukhrai y Valentin Ezhov
Fotografía Vladimir Nikolayev y Era Savelyeva
Música Mikhail Ziv
Producción Ministerstvo Kinematografii
Nacionalidad Unión Soviética
Duración 89m. B/N
Reparto Vladimir Ivashov, Zhanna Prokhorenko, Antonina Maksimova, Aleksandr Kuznetsov, Nikolai Kryuchkov, Elza Lezhdey, Lev Borisov.

Otras películas protagonizadas por un SOLDADO

Tiempo de amar, tiempo de morir – Douglas Sirk (1958)
La gran guerra – Mario Monicelli (1959)
El seductor – Don Siegel (1971).

¿Se lo han contado a sus hijos? — El Periscopio

 

No te quejes, que hemos venido aquí porque es tu cumpleaños.

No, si no me quejo.

La conversación, entre tres chicas adolescentes, se produjo en pasillos surcados de camisetas a 4 euros, bragas a 4 el pack de 3 y similares baratijas cualquier sábado en un templo de la ganga. El gran festejo para conmemorar la llegada de la joven al mundo se iniciaba de compras a bajo precio. Cada cual sabe cómo prefiere celebrarlo.

La incomodidad debía proceder de la aglomeración. Mucha gente se afanaba en la tarea y, entre ella, numerosos niños. Los niños pueblan los centros comerciales aprendiendo desde muy temprana edad la diversión del mundo creado para ellos. Ojean, buscan, opinan, dicen “quiero” esto o lo otro, “me lo pido”.

Filas de camisetas idénticas, en distintos tonos. A 2, 3 y 4 euros. Con su tela, su corte, su ensamblaje, su cosido puntada a puntada, planchado, etiquetado, almacenaje, distribución, colocación. 2, 3, 4 euros. Me dijeron los vendedores que, con prendas algo más caras –8, 10 y 12 euros– pegan otra etiqueta de precio inferior. Los bajos fondos del consumismo. Con niños por doquier.

Niños, adolescentes, como los que en el Instituto Neil Armstrong de Valdemoro (Madrid), han sufrido golpes de calor y crisis de ansiedad porque el centro, sobrecargado, sufre graves deficiencias. Aún andan, siglo XXI, con aulas prefabricadas que se recalientan. La educación física se practica en la calle porque no hay gimnasio. Si enferman por el calor, como esta semana, los llevan al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Los abanicos de papel que les aconsejó el consejero de Sanidad de Cifuentes no bastaron para temperaturas en torno a los 40º.

¿Qué podía salir mal? Votan al PP y a Ciudadanos, derecha. Un par de sus alcaldes, Granados y Boza andan entre rejas por corrupción o saliendo con permiso. Algún otro, investigado. Al IES le pilló de lleno la trama Púnica que se enriquecía con colegios a costa de los escolares. Y Valdemoro siguió votando derecha. Ahora está algo más repartido el voto, pero prevalece la derecha.

Niños. Como los que han caído Bajo el Umbral de la Pobreza y que sitúan a España en el puesto número 28 de los 41 países más ricos que forman la OCDE. Tampoco está tan mal, ¿eh? En Europa incluso nos encontramos en situación algo mejor que Lituania, Rumanía,  Malta y poco más.

Tenemos a más de 2,5 millones de niños pobres, según este informe de UNICEF, organización de la ONU vituperada en particular por el autor de la Amnistía Fiscal a los amigos ricos, que ha considerado inconstitucional el TC. Montoro, aún ministro. El Gobierno confirma la cifra de todos modos. El 30%, 1 de cada 3 que gustan decir para que se entienda mejor. En 2012 nos echábamos las manos a la cabeza porque eran más de 2 millones. El informe señala, además, que España es uno de los países con mayor desigualdad y con menos ganas de acabar con esa lacra. La España de Rajoy invierte casi la mitad de la media europea en la protección social de los niños, destaca el estudio. Entretanto se rescata a los bancos con nuestro dinero y el Banco de España da por perdidos 60.600 millones de euros, hay que saber quién manda y para qué se gobierna.

La noticia del informe sobre pobreza infantil en la Cadena SER comenzaba diciendo “ Tirón de orejas de UNICEF al Gobierno de Rajoy“. El Parlamento se lo estaba dando bien al rechazar la moción de censura de Unidos Podemos planteada básicamente por corrupción y, sin duda, por sus consecuencias. Le dieron tirón con orla y cuatro vueltas al ruedo los socios del PP, mientras la prensa aplaudía a unos niveles de sumisión que enrojecían de vergüenza solo con ojearlos. En el instituto de Valdemoro se ve con claridad la cadena. Se empieza por robar de los centros educativos, se acaba en barracones y de ahí al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Este final no lo hubiera firmado ni Berlanga.

Pero parece que hay gente que piensa que esto lo arreglará el bocazas machista que responde al nombre de Rafael Hernando en la manada. O la vicepresidenta de risa floja cuando insultan a una portavoz “enemiga” que lo está haciendo muy bien. O Rajoy, el dios a preservar por la derecha mediática. O Rivera que ya ha confirmado lo que supimos desde el minuto 1, que él pondrá cuantas trabas sean precisas para que nadie desbanque a Rajoy de la Moncloa. O Cifuentes que lanza también a su jauría para atacar a Lorena Ruiz-Huerta, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, a la que no puede soportar.

Todos estos se lo van a arreglar. Fíense de Susanna Griso, tan presta a lavar lo que tenga Hernando por cara. O a criticar lo que ocurre lejos de España para que veamos la suerte de contar aquí con el PP. O de Inda y Marhuenda. O de Caño y Cebrián. En TVE también hay unos cuantos que les van a sacar las castañas del fuego. Todos estos lo van a solucionar. Porque la culpa de todo la tiene el 15M, y Podemos, Iglesias, y sobre todo, ahora, Irene Montero con la que no contaban.

Aquel sábado en el templo de la baratija y la ganga corrían tropezándose con los adultos –que es una nueva costumbre infantil– unos cuantos niños con el aire de suficiencia del primer mundo. Y por un instante sentí que veía aquellos mismos pasillos con las tejedoras en serie y aquellos niños españoles, sentados, cosiendo, encorvados. Se ha denunciado que las fábricas que surten a los grandes comercios occidentales emplean a críos de su edad. Cuánta explotación hace falta para cobrar 2 euros por camiseta, y menos en las próximas rebajas. Cuánto sufrimiento.

El derecho a progresar ha de erigirse sobre condiciones laborales, humanas, más justas. 85 millones de niños en el mundo trabajan a la fuerza. Una de las más grandes explotadoras es Ivanka Trump, a cuyo padre o dinastía han aupado a puestos de decisión estelares unos cuantos millones de seres inanes que no piensan o quieren fastidiar. “Los salarios son tan bajos que algunos no pueden vivir junto a sus hijos, mientras colocan etiquetas con precios que equivalen a semanas de trabajo”. El marido de Ivanka, por cierto,  construyó un edificio de lujo con fondos para barrios pobres. Una familia muy compenetrada en sus objetivos. No es la única.

Lo peor es que explotadores y embaucadores no andan en lejanas montañas. Los escenarios desoladores se construyen trabajando la injusticia y la irreflexión, en cualquier parte. La globalización del abuso es un hecho. Aquel sábado, como este y muchos más, me pregunté si aquellos padres habían contado a sus hijos quiénes y cómo elaboran esos productos. Si les habían advertido que, por el camino que vamos, un día pueden verse igual, en el otro lado de la fortuna. Hacen falta muchas manos para vender a 2 euros; muchas, para saciar la codicia aquí de tanto ladrón. ¿Se lo han contado a sus hijos?

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10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver.

¡Hola muy buenas noches Amigas, Amigos, les comparto la versión editada de una publicación excelente que compartió mi querida Amiga Maty, disfrútenla!

CINE Y TV

10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver.

Por 10/10/16.

https://hipertextual.com/juno/10-peliculas-profundamente-filosoficas-tienes-ver

Las películas profundamente filosóficas nos hacen mirar hacia nuestro propio espíritu y reflexionar acerca de cosas que dábamos por sentadas. Aquí diez ejemplares excelentes.

10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver

Desde el comienzo de los tiempos, el hombre ha usado su capacidad racional para cuestionar y a la vez, aprender de la realidad que lo rodea. Ya sea agrupando fenómenos en conceptos generales o expresando emociones a través de la pintura, la música o la escritura.

La filosofía nació cuando los primeros seres humanos se tomaron un tiempo libre de sus rutinas de supervivencia para preguntarse acerca del porqué de las cosas, de la existencia, de la experiencia. Tuvieron que pasar miles de años para que se inventara la herramienta más efectiva a la hora de ilustrar la condición humana: el cine.

Desde tiempos inmemoriales, las profecías anunciaban la llegada del salvador.  Desde tiempos inmemoriales, las profecías anunciaban la llegada del salvador.

No hay duda de que el séptimo arte es perfecto para exponer ideas filosóficas de manera que sean comprendidas y discutidas por cientos de miles de espectadores. El cine provee una libertad sin precedentes a la hora de contar una historia. Varios genios han aprovechado esto para estructurar cintas excelsas y profundas. A continuación verán diez interesantes filmes que destacan por el inmenso abismo filosófico que representan.

Como efecto dramático, están invitados a escuchar la siguiente canción mientras leen.

de cosas que dábamos por sentadas. Aquí diez ejemplares excelentes.

10 películas profundamente filosóficas que tienes que ver

10. El Séptimo Sello (1957)

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Ingmar Bergman es conocido por dirigir películas que exploran realidades con las que cualquiera de nosotros se puede identificar. Sus personajes suelen sufrir crisis existenciales; se preguntan si existe una vida después de la muerte, si la moralidad tiene sentido, si en verdad existe un dios, etc.

En el caso de El Séptimo Sello, un soldado que acaba de volver de luchar en las cruzadas se encuentra con la muerte; personificada por un sombrío individuo de capa negra. Viene a llevárselo al más allá, pero accede a jugar una partida de ajedrez con su víctima, en la que se juegan su alma.

La fe del protagonista ha sufrido un duro golpe después de los horrores que presenció en la guerra. En una conmovedora escena, se pregunta por qué Dios se esconde detrás de lejanas promesas y milagros dudosos. No puede librarse de pensar en un ser superior, pero está cansado de creer sin evidencias. Quiere conocer.

9. The Master (2012)

The Weinstein Company

Paul Thomas Anderson trabaja con dos conceptos esenciales en este filme: la introspección, como esta lleva a la sabiduría y a la felicidad, y el poder, como nadie en realidad está exento de ser dominado por algo o alguien.

Para analizar esto, el director cuenta la historia de Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un veterano de la Segunda Guerra Mundial que ha quedado desequilibrado mentalmente y con algunas metas truncadas, producto del conflicto bélico en el que fue obligado a participar. Conoce por accidente a Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), el carismático líder de un culto similar a la cienciología; este usará sus métodos poco ortodoxos para ayudar a Freddie a dominar sus demonios.

Lancaster quiere parecer una especie de Sócrates delante de sus seguidores, pero se asemeja más a un predicador errante al que no le interesa demasiado la verdad, sino que prefiere creer en sus propias divagaciones metafísicas de dudosa lógica. Sin embargo, es capaz de escudriñar el alma de Freddie con sus brutales preguntas sistemáticas.

The Master es una película compleja y, a la vez, divertida. La relación entre Freddie y Lancaster es sumamente interesante. Con ella, el director explora las dinámicas del poder y de las creencias ciegas que pueden llegar a ser peligrosas para la razón, pero beneficiosas para el espíritu.

8. Rashomon (1950)

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¿Cuál es la realidad verdadera? ¿Puede ser percibida objetivamente, es decir, tal como es? Si la respuesta a estas preguntas es negativa, ¿en qué podemos basar la verdad de un enunciado? Los realizadores de Rashomon plantean todas estas interrogantes en su película.

Compuesta por recuentos de distintas perspectivas de un mismo hecho, la estructura de Rashomon fue drásticamente revolucionaria para su tiempo. El nombre del filme incluso ha pasado a denominar la estructura narrativa que adopta, es decir, distintos puntos de vista que se contradicen entre si.

El final del filme es bastante emotivo. Kurosawa aprovecha la oportunidad que le brinda la excelsa historia para intentar determinar la naturaleza humana. Concluye que es cierto que podemos ser egoístas e hipócritas muchas veces, pero la inclinación natural del ser humano es escoger el bien sobre el mal. Tanto las técnicas de iluminación como la manera de contar lo que sucede, no tenían precedentes en mil novecientos cincuenta, por lo que vale la pena echarle un vistazo a la originalidad de Rashomon.

7. Dead Man Walking (1995)

Gramercy Pictures

Existen muchos temas bastante difíciles de discutir; no hay duda que la existencia del libre albedrío es uno de ellos. Dead Man Walking utiliza un escenario comprometedor para exponer varios puntos acerca de este controvertido debate.

Sean Penn interpreta a un prisionero condenado a muerte que le escribe a una monja (Susan Sarandon) para que se apiade de él y lo ayude, declarando que es inocente de todo crimen. Esta es forzada a informarse de todos los aspectos del caso, en un intento determinar si las afirmaciones de Penn son verdaderas.

Todo esto se relaciona con el famoso artículo de filósofo inglés Peter Strawson, “Libertad y Resentimiento“. En él, Strawson afirma que no necesitamos saber si existe o no el libre albedrío para fundamentar nuestras prácticas penales. La racionalidad de estas es evidenciada por una serie de actitudes y sentimientos que los humanos experimentan al confrontar la injusticia, en la película esto es representado por los padres de las víctimas.

El personaje de Sarandon ve estos temas desde una perspectiva religiosa, similar a la de Strawson. Si un criminal quiere volver a ser considerado parte de la sociedad, debe demostrar que reconoce que sus acciones fueron malas; si es incapaz de hacer esto, se le debe mantener al margen, es decir, tras de rejas.

A estas alturas supongo que la canción de efecto dramático habrá terminado, aquí tienen otra.

6. Interstellar (2014)

Allstar/Legendary Pictures

Al igual que Dead Man Walking, Interstellar aborda el problema de la existencia del libre albedrío, pero desde un enfoque totalmente distinto, el de la física teórica. El punto central sucede cuando Cooper entra al agujero negro. Se encuentra en un teseracto, en el cual es capaz de observar cada momento en la vida de su hija. Pasado, presente o futuro, todo es lo mismo desde su perspectiva.

Esto significa que, al menos en el mundo de Interstellar, es claro que no existe el libre albedrío. Si cada instante de la vida de alguien puede ser percibido tan claramente como cualquier otra dimensión común, entonces el futuro ya está escrito. Todo depende de una causalidad ya trazada por las leyes físicas que rigen el universo.

Mind=Blown

Además de ser un incomparable espectáculo visual, Interstellar es también un viaje hacia los orígenes de las decisiones humanas, que desemboca en un deprimente resultado; pero, a la vez, esto hace que la cinta sea mucho más profunda e intrigante. Christopher Nolan hizo un gran trabajo con matices que recuerdan a Kubrick. Su clásica mezcla de viaje espacial con filosofía será difícil de olvidar. Pienso que es algo redundante agregar el trailer de un filme tan conocido; pero quizá algunos de ustedes acaban de despertar de una hibernación interestelar y aún no han visto esta excelente obra.

5. The Tree of Life (2011)

Terrence Malick se graduó de filosofía en la universidad de Harvard. Desde que era joven, el autor que más lo influenció fue Martin Heidegger. Considerado uno de los filósofos más importantes e influyentes del siglo XX, Heidegger propuso una ontología nueva. Menos preocupado por el aspecto cognitivo del conocimiento (a diferencia de Kant y Aristóteles), a este filósofo le interesaba más la existencia como tal. Elucida los misterios del ser a lo largo de su trabajo; concentrándose también en el lugar que ocupa el ser humano en el universo.

The Tree of Life es una cinta única, en donde la relación del hombre con la naturaleza es la base esencial de todo lo que sucede. Desde la creación del mundo hasta el desarrollo de una familia estadounidense, los lazos estrechos entre el individuo con lo que lo rodea son evidentes a lo largo de la cinta. Heidegger afirmaba que, para definir al hombre, es imposible separarlo de su entorno; este determina lo que el hombre es. No se puede entender uno sin el otro.

La ilustración de la crianza del protagonista es sumamente interesante desde un punto de vista epistemológico. Nunca antes se había visto una representación tan honesta y detallada del increíble proceso en el que un infante comienza a adaptarse al ambiente que lo rodea: lentamente va entiendo nuevos conceptos, desarrollando sus habilidades lógicas poco a poco.

Los dos estilos de vida expuestos: el de la madre (Jessica Chastain), camino de la gracia, y el del padre (Brad Pitt), camino de la naturaleza, imitan dos tendencias filosóficas contrarias: el idealismo y el empirismo, respectivamente. Los primeros son propensos a entender el mundo de manera teórica, desprestigiando la experiencia de manera platónica. Los segundos solo creen en el conocimiento proveniente del mundo, palpable y verificable, de manera aristotélica. El profundo trasfondo filosófico de Malick es evidente y admirable.

4. La mirada de Ulises (1995)

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El proyecto más personal del director griego Theo Angelopoulos también fue el más ambicioso. No solo estructuró un profundo drama político, sino que también aprovechó la oportunidad para estudiar la naturaleza del arte, de dónde surge y cuál es su fin.

El protagonista, llamado simplemente “A”, inicia su odisea con el objetivo de encontrar unos rollos de cine históricos que se creían perdidos. Piensa que, al encontrarlos, podrá recuperar su visión de cineasta, la cual se desvaneció luego de un extraño incidente.

A lo largo del filme, Angelopoulos expone la vida interior del protagonista. “A” experimenta una profunda introspección, esta le lleva a disipar sus inseguridades acerca de volver a realizar su arte, aspectos claves de la “terapia” platónica. Confirmando esto, la película comienza con la siguiente cita de Platón: “Y el alma, si debe conocerse a sí misma, tiene que observar el alma”.

3. Synecdoche, New York (2008)

Si han estado leyendo las últimas listas de cine publicadas en Hipertextual, ya deben estar cansados de leer párrafos y párrafos sobre este filme. Desgraciadamente, no puedo evitar agregarla también a esta lista; las implicaciones filosóficas inherentes a la trama son muy profundas para ser ignoradas.

Caden Cotard es un hombre como cualquier otro; batallando con el miedo a la soledad y a la muerte que frecuentemente acompaña la experiencia humana. Sin embargo, Caden está demasiado envuelto en sus propios problemas para darse cuenta de que todas las vidas humanas son similares. A todo individuo le rompen el corazón, o le destruyen los sueños, todos mueren, etc. Esto es, hasta el hermoso final de la cinta, en que Cotard entiende que todos somos representantes de una humanidad que marcha junta hacia la muerte; todos atormentados por problemas similares.

Más específicamente, el protagonista experimenta todos los pesados sentimientos existencialistas que el filósofo, Jean Paul Sartre, describe en sus obras. Su arte es condicionada por estos miedos, inseguridades y preocupaciones. Luego de intensas reflexiones, Caden logra vencer el nocivo solipsismo que nublaba su razón.

Una última canción para las conclusiones.

2. Room (2015)

Elevation Pictures/A24

Para los que conocen, así sea superficialmente, las enseñanzas de Platón, las influencias platónicas en esta cinta les abran parecido más que aparentes. Jack es un niño de cinco años que ha vivido toda su vida en una misma habitación. No está consciente de que existe todo un mundo afuera; su madre lo ha criado para que pensara que lo único que hay está contenido en esas cuatro paredes.

La verdad es que la mamá de Jack fue secuestrada hace años, el padre del niño es el secuestrador que aparece todas las noches para traer suministros y tener sexo con ella. Hasta que un día, el personaje de Brie Larson no lo soporta más y decide contarle todo a su hijo, ambos idean un plan para escapar.

El desarrollo que sigue es particularmente similar a la alegoría de la caverna que Platón expone en su obra maestra, La República. Esta consiste en un grupo de hombres que se encuentran encadenados en una cueva; solo son capaces de observar las sombras de los verdaderos objetos que hay fuera de la caverna. Por consiguiente, creen que esos espectros son todo lo que hay en la realidad. Uno de esos individuos rompe sus cadenas y es capaz de salir a la superficie para darse cuenta de la vastedad de la que se estaban perdiendo. Al principio, la luz del Sol lo ciega pero, poco a poco, se va acostumbrando hasta que logra contemplar la verdadera realidad. Cuando vuelve a su antigua morada a contar las buenas noticias, no es capaz de ver las sombras de la caverna, sus ojos se acostumbraron a los potentes resplandores; sus antiguos compañeros lo toman por tonto.

Según Platón, el filósofo representa el individuo que rompe sus cadenas. Así, debe hacer lo mismo con los necios que no quieren buscar la verdad. El viaje de Jack es extremadamente parecido a esta ingeniosa parábola. Su madre, que ha visto el exterior, le cuenta la verdad, este se rehúsa a creerla, al menos por un tiempo. Luego, cuando al fin logra salir, es cegado por la luz del Sol. Poco a poco va entendiendo que, lo que el conocía en su antigua prisión eran apenas bocetos de la variedad de objetos y experiencias que se encuentran en el mundo de afuera.

1. El Séptimo Continente

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La primera película del genio alemán, Michael Haneke, no es para nada fácil de ver; El Séptimo Continente es una experiencia bizarra que te dejará reflexionando por muchos días sobre su significado.

Trata de una familia austriaca de clase media-alta. Al principio sus vidas parecen normales, incluso banales de a ratos, pero la verdad está muy lejos de estas primeras impresiones. Poco a poco, los personajes van revelando sus verdaderos sentimientos, desembocando con un final que dejará a muchos con la boca abierta.

Michael Haneke estructura un relato moderno sobre los males del consumismo, las rutinas urbanas y el no ejercer (en términos heideggerianos) una “existencia auténtica”. El nivel de alienación que alcanzan los miembros de la familia protagonista es aterrador; tanto que nos hace preguntarnos nosotros estamos cerca de una vida así. Uno de los objetivos de la filosofía es hacernos conscientes de cosas que antes nos eran invisibles; no hay duda que El Séptimo Continente logra esto con espeluznante perfección.

 

El largo y solitario camino de Chelsea Manning

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia”.

El largo y solitario camino de Chelsea Manning

En 2010 fue responsable de la filtración de información clasificada más grande en la historia de Estados Unidos que transformó la relación del poder político y militar con internet. En una entrevista exclusiva al salir de la cárcel, habla del mundo que ayudó a formar y de por qué cree que “hay cosas que deben mantenerse en secreto”.

Por 12 de junio de 2017.

créditoInez & Vinoodh para The New York Times. Estilista: Alex White

Una mañana gris de primavera, Chelsea Manning se subió al asiento trasero de una camioneta de color negro y le pidió a su guardia de seguridad que la llevara al Starbucks más cercano. Se avecinaba una tormenta a Manhattan y Manning estaba preparada: tenía sus botas Dr. Martens negras, un paraguas y un vestido negro ajustado. Sus piernas desnudas, sus ojos azules. No se había maquillado casi nada: un poco de delineador de ojos y brillo de labios rosado.

En Starbucks ordenó un mocha de chocolate blanco y se sentó en un banco. Manning siempre ha sido algo pequeña —mide 1,62— pero durante sus últimos meses en las barracas disciplinarias de Fort Leavenworth, Kansas, comenzó a correr con un afán casi religioso, en el patio de la prisión y en la pista interior del gimnasio, y su cuerpo quedó más definido; era notorio en sus brazos y sus pómulos. Se veía sana y en forma, aunque algo inquieta, como se ven aquellos que han estado mucho tiempo en prisión.

Apenas ocho días antes estaba en la cárcel. Fue liberada tras cumplir siete años de una condena de 35. Su delito fue impresionante: filtró alrededor de 250.000 cables diplomáticos estadounidenses y 480.000 reportes militares de las guerras de Afganistán e Irak a WikiLeaks. Es la filtración más grande de información clasificada en la historia de Estados Unidos; allanó el camino para Edward Snowden y elevó el perfil de Julian Assange, en ese entonces poco conocido fuera de ciertos grupos de hackers.

“Sin Chelsea Manning”, me dijo hace poco P. J. Crowley, subsecretario de Estado de 2009 a 2011, “Julian Assange solo sería otro actor marginal que se resiente con lo que ve como la hegemonía de un Estados Unidos con orgullo desmedido”. Las acciones de Manning representan, en palabras de Denver Nicks, autor de un libro sobre el caso, “el inicio de la implosión de la era de la información”: aquella en la que las filtraciones son un arma, la seguridad de los datos es de suma importancia y la privacidad, una mera ilusión.

En enero de 2017, después de haber estado encerrada en cinco sitios diferentes y de vivir en condiciones que las Naciones Unidas calificaron como “crueles” e “inhumanas”, la condena de Manning fue conmutada de manera sorpresiva por el presidente Barack Obama. Cuatro meses después, Manning estaba libre e intentaba adaptarse otra vez a vivir en el mundo que ayudó a formar.

Al terminar su café sacó su iPhone del bolso y le pidió al guardia de seguridad que la llevara de regreso al departamento en el que se estaba quedando en Manhattan. Un departamento con una habitación y pocos muebles, entre ellos una mesa de cristal y un sofá de color canela, enfrente del cual Manning había puesto una consola de videojuegos Xbox One. La decoración era del estilo de un motel insulso: un cuadro con arte símil de los Viejos Maestros, otro de una cebra enfrente de un bosque. Estábamos en un piso alto, rodeados por nubes de tormenta, y desde la ventana se alcanzaban a ver las agujas de los rascacielos del otro lado del río Hudson.

Manning, de 29 años, me señaló un microondas desconectado al lado de la puerta y me pidió que pusiera ahí mi computadora portátil: actuaría como una jaula de Faraday para bloquear las ondas de radio, me explicó. Pero el microondas ya estaba lleno de otros aparatos, entre ellos los dos controles del Xbox. “Puedes ponerla en el microondas de la cocina”, me dijo Manning. Intuyó lo extraño que me parecía su pedido antes de añadir: “Nunca se pone demasiado cuidado”.

Recordó que la última vez que le había dado una entrevista en persona a un periodista fue en 2008. Durante casi una década, tuvo prohibido comunicarse con el público y se mantuvo en silencio mientras su historia era contada en libros, una ópera, una puesta en escena a las afueras de Broadway y en decenas de artículos de revistas, prácticamente todos escritos antes de que Manning revelara que era transgénero. “No era la historia completa”, me dijo, “mi historia completa”.

Sin que se escuchara su propia voz, surgieron dos narrativas opuestas. Una calificaba a Manning —en palabras del presidente Donald Trump— como una “traidora desagradecida”; la otra la posicionó como un icono trans y una heroína de la transparencia; una “mártir secular” fue como la describió hace poco Chase Madar, exabogado y autor de un libro sobre el caso. Pero frente a Manning, ambas narrativas se quedan cortas, se sienten como una simplificación imposible; empezando por el hecho de que la misma Manning sigue batallando con el significado de lo que hizo hace siete años. Cuando le pregunté qué lecciones había aprendido en el camino, se puso inquieta. “No tengo…”, empezó a decir. “He estado tan ocupada intentado sobrevivir durante los últimos siete años que no me he enfocado para nada en eso”.

Insistí: seguramente debe tener alguna impresión del impacto que tuvo en el mundo. “Desde mi punto de vista”, respondió, “el mundo me formó más a mí que otra cosa. Es un ciclo de retroalimentación”.

 La escuela primaria de Crescent en Oklahoma CreditEllen Nakashima/The Washington Post, vía Getty Images.

Desde que tiene memoria de su infancia en Crescent, en las afueras de la zona metropolitana de la ciudad de Oklahoma, Chelsea Manning ha sufrido un intenso sentimiento de estar desencajada; algo constante y psíquico que no podía definir para sí misma, mucho menos para su hermana mayor, Casey, o para sus padres, Brian y Susan. Durante una de nuestras entrevistas, mencioné que había escuchado a un psicólogo clínico comparar a la disforia de género (el sentir que el género discrepa con el sexo biológico) con un “dolor de muela gigante y cósmico”. Manning se sonrojó. Exactamente eso era, me dijo: “En la mañana, por la tarde, al desayunar, comer, cenar, donde sea que estés. Está ahí a donde vayas”.

A sus cinco años, recordó Manning, le confesó a su padre, un gerente de informática en Hertz, que quería ser una niña “para hacer cosas de niña”. Brian respondió con un discurso largo y torpe sobre las diferencias esenciales en “las tuberías”. Pero Manning me dijo: “No entendí cómo eso tenía que ver con cómo te vestías o te comportabas”. Poco después, comenzó a escabullirse en el cuarto de su hermana para ponerse los jeans y chamarras de Casey. Se sentaba frente al espejo y se ponía labial y rubor, que se quitaba apurada y de manera frenética si escuchaba cualquier ruido en el piso de abajo.

“Quería ser como (Casey) y vivir como ella”, dijo.

“Llegaba llorando a casa algunos días y si mi papá estaba ahí me decía: ‘Deja de llorar y actúa como un hombre’”.

Cuando estaba en la primaria, le dijo a un amigo heterosexual que era gay. El amigo fue comprensivo; los otros niños de la escuela no tanto. Manning intentó retractarse, pero las burlas siguieron. “Llegaba llorando a casa algunos días y si mi papá estaba ahí me decía: ‘Deja de llorar y actúa como un hombre’. Como ‘Regresa ahí y golpea a ese niño en la cara’”. Era el final de los años noventa, cuando el movimiento trans todavía era muy marginal. “Lo más cerca que estuve de saber algo fue por cómo presentaban a personas travesti al estilo drag queeen en la televisión amarillista”, me dijo Manning. Pasaba su tiempo pegada a las computadoras que su padre siempre llevaba a casa, jugando videojuegos o aventurándose a escribir código básico.

Sus padres tenían sus propios problemas. Cuando Manning tenía doce años, Susan se tomó una botella entera de tranquilizantes. Casey llamó al 911; le dijeron que la ambulancia más cercana estaba a media hora. Casey entonces subió a su madre al coche; Brian estaba, según Manning, demasiado alcoholizado como para manejar y se fue en el asiento de copiloto, mientras que Chelsea, aterrorizada, terminó en el asiento trasero, intentando asegurarse de que su mamá todavía respiraba. Me dijo que fue un incidente formativo. “Crecí muy rápido después de eso”, me dijo. (No fue posible hablar con Brian sobre este asunto).

En Gales, país de origen de Susan y a donde Manning se mudó con ella en 2001 después del divorcio, Chelsea dijo que asumió todas las tareas del hogar, como pagar las cuentas y hacer las compras en el súper. Ahí también había libertades: podía comprar su propio maquillaje, usarlo durante unas horas en público y tirarlo en un basurero cuando ya iba de regreso a casa. La mayoría de sus tardes las pasaba en la computadora, en grupos de chat de personas LGBT. Cambió su modo de ver el mundo.

Cuando estaba en Oklahoma, Manning había asumido como propias muchas de las posturas conservadoras de su padre; “No cuestionaba nada”, me dijo. Pero en la escuela en la que estudiaba en Haverfordwest le enseñaron sobre el movimiento de los derechos civiles, el Temor Rojo por el comunismo, los campos de concentración para los japoneses en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En un ensayo para una clase de historia criticó las razones que se usaron para la invasión de Irak.

 Manning en su infanciaCreditVCG Wilson/Corbis vía Getty Images.

Cuando Manning regresó a Estados Unidos en 2005 para vivir con Brian y su nueva esposa en Oklahoma, era otra persona, aunque no transformada por completo: usaba delineador de ojos y se dejó largo el cabello, que había teñido de negro. “Pensé: ‘Igual solo quiero deshacerme de esta cosa del género y ser un género neutro, como andrógino’”, dijo. Encontró trabajo en una empresa emergente de internet y gracias a un sitio web de citas conoció a su primer novio, que vivía en otro poblado, a 110 kilómetros. Su madrastra, según Manning, no le permitía entrar a la cocina: “Ella sentía que yo estaba sucia”.

Manning no le dijo a nadie lo que cada vez veía más claro: no era gay, no era travesti; era una mujer. Su novio y ella terminaron su relación en el verano de 2006 y decidió dejar Oklahoma, con todas sus pertenencias apiladas en su pickup Nissan. Se volvió viajera itinerante por un tiempo: en Tulsa trabajó en una pizzería, en Chicago en una tienda de guitarras y luego vivió con su tía en los suburbios de Washington; con ella se sintió más conectada que con cualquiera de sus padres. Acudió a un psicólogo en cuatro ocasiones, pero no sintió que pudiera desahogarse más de lo que había podido hacerlo con amigos o familiares. “Tenía miedo”, dijo Manning. “No sabía que la vida podía ser mejor”.

Brian Manning le había contado en varias ocasiones a Chelsea de los buenos momentos que había vivido en el ejército; le había dado algo de estructura y rudimentos, dijo. Manning no había escuchado a su padre en ese entonces, pero ahora sí. Alistarse al ejército quizá era lo que necesitaba para “actuar como un hombre”, deshacerse del dolor. Aunque había matizado sus impresiones sobre la política exterior estadounidense, seguía sintiéndose como una patriota, y en el ejército podría usar sus herramientas de análisis para ayudar a su país.

Ese otoño, Manning se reportó en el fuerte Leonard Wood en Misuri para entrenamiento básico. En pocos días ya tenía herido el brazo. “Los sargentos instructores actuaban como si me estuviera haciendo el enfermo o algo”, dijo. “Pero yo estaba como: ‘No, no me quiero salir de esta. Realmente no puedo sentir mi mano derecha’”. Un soldado que estuvo con Manning en Misuri le dijo a The Guardian que a Manning le decían mucho “Marica”. “Le llegaban los golpes de todas partes. No podía satisfacer a nadie. Y lo intentaba, realmente lo hacía”, dijo aquel soldado.

El ejército, que necesitaba más miembros para luchar contra las insurgencias en Afganistán e Irak, le dio otra oportunidad a Manning en el campo de entrenamiento básico. En 2008 se graduó y pasó a la escuela para inteligencia de Fort Huachuca en Arizona. Allí fue entrenada para clasificar lo que en términos militares se conoce como “SigActs”, o acciones significativas: los reportes escritos, fotografías y videos de los combates, explosiones y tiroteos que en conjunto forman un mosaico de la guerra moderna. Manning me dijo que sentía que encajaba bien entre los agentes de inteligencia en Huachuca. “Había más gente que pensaba parecido ahí”, dijo. “No era: ‘Ra, ra, ra, hay que hacer esto’. Nos alentaban a pronunciarnos, a tener opiniones, a tomar nuestras propias decisiones”.

En su primer puesto oficial, Fort Drum, en el estado de Nueva York, a Manning le encargaron participar en la construcción de una herramienta digital que monitorearía y clasificaría de manera automática SigActs de Afganistán. Cada día, durante horas, veía filmaciones de visión nocturna y leía reportes de campos de batalla lejanos. Desde entonces fue expuesta al derramamiento de sangre que la impulsaría a filtrar los documentos. Pero en ese momento todavía manejaba el material con cierta distancia espacial y emocional. Seguía “ansiosa” de ir al frente, me dijo. “Estaba hambrienta”.

Por medio de un sitio web de citas para gays, conoció a un estudiante de la Universidad de Brandeis llamado Tyler Watkins. Comenzó a viajar a la zona de Boston para visitarlo y se volvió cliente regular de Pika, una cooperativa del Instituto de Tecnología de Massachusetts, y visitante frecuente de Builds de la Universidad de Boston, una comunidad local de hackers. En las reuniones en Pika encontró amigos que veían en la codificación lo mismo que ella: un pasatiempo, un válvula de escape, una vocación. Se quedaban hablando hasta la madrugada. Yan Zhu, en ese entonces estudiante de licenciatura en MIT, recuerda a Manning como una persona “obviamente inteligente”, pero “nerviosa”. A Zhu le quedaba claro que Manning parecía tener algo que la acechaba. Nunca pudo averiguar qué era: ese otoño, la unidad de Manning fue enviada a Irak.

En octubre de 2009, Manning se subió a un helicóptero Black Hawk en Bagdad camino a la base Foward Operating Base Hammer, casi 50 kilómetros al este de la ciudad. En la cabina empezó a ponerle nombre a lugares que por mucho tiempo habían sido abstracciones digitales. “Había visto las imágenes durante nueve o diez meses”, recordó Manning, “y conocía tan bien el paisaje desde el aire que reconocía los vecindarios. Ver a la gente caminando y manejando, y los edificios y los árboles debajo, me hizo despertar”.

Cada noche, Manning se levantaba a las 21:00 en su catre, se vestía en camuflaje y agarraba su rifle. Comía algo y caminaba al Sensitive Compartmented Information Facility (dependencia de información sensible y compartimentada), o SCIF. La habitación segura era una “caja de madera” mal ventilada ubicada en la cancha de básquetbol. Se sentaba en una silla reclinable y pasaba la noche viendo tres computadoras. Escondida en el SCIF, trabajaba durante ocho horas seguidas revisando reportes metidos al sistema de manera segura por tropas estadounidenses en el campo y tratando de destilar los datos en bruto para los oficiales de inteligencia de alto nivel. Allí su aislamiento cobró nueva vida: seguía alejada del conflicto verdadero, aunque alcanzaba a escuchar el estallido de coches bomba y, a veces, se topaba con otros soldados empolvados y aturdidos después de regresar de un tiroteo.

“En algún momento dejé de ver archivos y empecé a ver a personas”.

En ese momento, me dijo Manning, estaba demasiado ocupada como para pensar en las implicaciones de lo que veía. “Al hacer mi trabajo ni siquiera podías leer todo en el archivo”, dijo. “Era necesario leer por encima para más o menos encontrar qué era relevante y qué no”. Aun así, tenía una impresión mucho más abarcadora del papel estadounidense en Irak que la infantería en el campo —literalmente, por las imágenes aéreas— y cuando octubre dio paso a noviembre comenzó a sentirse cada vez más consternada de que había poca conciencia pública sobre una guerra que parecía ser inútil e ininterrumpidamente sangrienta. “En algún momento”, me dijo, “dejé de ver archivos y empecé a ver a personas”: los soldados estadounidenses ensangrentados, los civiles iraquíes baleados.

En los pocos momentos que tenía fuera del SCIF, Manning acompañaba a funcionarios de alto nivel a reuniones con el ejército y la policía federal iraquíes, que profundizaron su desilusión. “Eran estas sesiones del té con los policías federales iraquíes en sus uniformes azules y el ejército iraquí en camuflaje que parecía de chispas de chocolate y los estadounidenses en nuestro camuflaje verde manchado”, dijo Manning, y todos hablando diferentes idiomas, con propósitos frecuentemente encontrados. “Entraba pensando que eran temas blanco y negro. No lo eran”.

 inez & Vinoodh para The New York Times. Estilista: Alex White

Manning escuchó el nombre de WikiLeaks por primera vez en 2008, durante un taller de entrenamiento en seguridad informática en Fort Huachuca. Para finales de 2009, había comenzado a meterse a sitios de chat en internet que discutían la plataforma fundada por Assange. (IRC, un protocolo semiseguro, era entonces el método de comunicación preferido por los hackers).

Al principio solo observaba: le intrigaba el trabajo que hacían Assange y su equipo, aunque no estaba lista para respaldar por completo sus argumentos a favor de la transparencia total. Me dijo que creía entonces, como lo hace ahora, que “hay muchas cosas que tienen que mantenerse en secreto”.

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia. No hay que esconder quiénes somos y qué estamos haciendo”.

Cada vez estaba más cerca de actuar, pero no dijo nada a sus amigos en la base Hammer, como no dijo nada sobre su caos interno. Estaba peleando por proteger dos secretos que cambiarían su vida. No podía discutir de manera abierta su identidad: seguía vigente la política de “No preguntes, no digas” (en inglés Don’t ask, don’t tell, según la cual cualquier persona homosexual o bisexual en el ejército no debía revelar sus “tendencias o prácticas” y los superiores no debían preguntar sobre ellas a menos que se exhibiera el comportamiento prohibido) y todavía faltaban algunos años para que permitieran alistarse a personas trans. “Veía de manera obsesiva programas de televisión en internet”, dijo Manning. “Fumaba mucho. Estaba tomando cantidades exageradas de cafeína. Iba al comedor y comía tanto como podía. Buscaba cualquier pequeño escape o manera de sentirme como que ya no estaba ahí”. Su novio no ayudó mucho; Manning sentía que se estaba retirando. “Lo negaba, pero tenía ese sentimiento… de que estaba siendo olvidada”.

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia”.

Se acercaba un periodo de licencia de dos semanas. Planeaba pasar el tiempo en Boston para intentar remediar la relación con Watkins y en los suburbios de Washington con su tía. Soñaba con aprovechar la ocasión para salir del clóset como trans frente a su familia y amigos. “Tenía esta imagen mental constante en la que lo gritaba a todo pulmón”. Pero en su corazón sabía que nunca podría hacerlo.

Antes de dejar la base Hammer, Manning descargó del Combined Information Data Network Exchange del gobierno estadounidense prácticamente todos los reportes SigActs sobre las guerras en Afganistán e Irak e hizo una copia con los datos comprimidos en discos CD-RW; a uno le puso la etiqueta “Lady Gaga”. Lo hizo enfrente de todos los soldados. Pero lo que hizo después fue lo que violó uno de los principales preceptos que le enseñaron en Fort Huachuca, junto con el juramento que tomó al alistarse en 2007: subió el contenido de los discos a la computadora personal que planeaba llevarse consigo a Estados Unidos. Todavía no había decidido qué haría con la información.

Unos días después, Manning se puso una peluca rubia y corrió desde la puerta lateral de la casa de su tía, donde los vecinos no podían verla, a su auto, que manejó hasta la estación ferroviaria. Traía puesto un abrigo oscuro y debajo de este una vestimenta casual para mujeres que había comprado en una tienda departamental cercana; dijo que era para una amiga que necesitaba el atuendo para una entrevista de trabajo. En Washington fue a un Starbucks, comió en un restaurante bullicioso y caminó por los pasillos de una librería; después se volvió a subir al metro y recorrió varias estaciones sin tener un destino fijo. Estaba disfrutando de ser vista como quería serlo, reconfortada por lo fácil que fue hacerlo: prácticamente nadie se volteó a mirarla de reojo.

“Antes de aquel despliegue no tenía las agallas”, dijo Manning, quien entonces se refería a sí misma en privado como Brianna. Pero el tiempo que había pasado en Irak la había cambiado. “Estar expuesta a tanta muerte a diario hace que te enfrentes a tu propia mortalidad”, explicó. Ya no quería esconderse.

Su expedición por Washington fue el mejor momento de una vacación decepcionante. El ejército había adelantado su salida de la base Hammer y su familia no pudo cambiar sus planes: la tía de Manning estaba en un viaje en el extranjero y su hermana Casey acababa de dar a luz a su segundo bebé, por lo que se le complicaba hacer tiempo para Chelsea. Manning tomó el tren para ver a Watkins en Massachusetts, pero sentía como que él realmente no la quería ahí y se quedó tres días menos de lo planeado.

En ese momento, Manning podría haber regresado a Irak sin haber compartido los archivos. Sus acciones habían sido ilegales, pero reversibles. Sin embargo, Manning dijo que estar en Estados Unidos fue lo que la hizo tener una epifanía: en casa, dijo, se dio cuenta de qué tan invisibles se habían vuelto las guerras para la mayoría de los civiles; lo que sabían sobre lo que pasaba en Irak no iba más allá del titular de algún artículo en un periódico o una cápsula de los noticieros de televisión por cable. “Había dos mundos”, dijo. “El de Estados Unidos y el que yo veía (en Irak)”. Continuó: “Quería que la gente viera lo mismo que yo”.

Una tormenta de nieve azotó a Washington. La tía de Manning todavía no regresaba de vacaciones. Sola en la casa, comenzó a transferir parte de los archivos a una tarjeta de memoria y preparó un archivo de texto anónimo que quería que acompañara la información. “Este es posiblemente uno de los documentos más significativos de nuestro tiempo para levantar la niebla de la guerra y revelar la verdadera naturaleza de los conflictos armados desiguales del siglo XX”, escribió. “Buen día”.

Manning me dijo que su decisión de darle la información a WikiLeaks fue por cuestiones prácticas: originalmente, quería entregar los datos a The New York Times o The Washington Post y se movió de teléfono público a teléfono público la semana anterior de su regreso a Irak intentando llamar a las oficinas de ambos periódicos; dejó un mensaje para el editor público del Times y tuvo una conversación frustrante con una reportera del Post, que dijo que tendría que saber más sobre los archivos antes de que su editor aceptara que se hiciera un artículo. Una reunión planeada de último minuto con el sitio web Politico, donde esperaba hablar con los blogueros sobre temas de seguridad, fue descartada por el clima. “Quería establecer un contacto de modo que la información no pudiera ser vinculada conmigo”, dijo Manning. Pero tenía poco tiempo. “Necesitaba hacer algo y no quería que nada me detuviera”.

El 3 de febrero del 2010, Manning se conectó con su computadora portátil y, usando un protocolo para la transmisión segura de datos, envió los archivos a WikiLeaks.

De regreso en la base Hammer, el tiempo parecía acelerarse: todo estaba pasando de golpe. Manning estuvo fuera dos semanas y había mucho trabajo por hacer; “era casi el triple”, dijo. No había indicaciones de que WikiLeaks hubiera recibido los archivos ni de que el ejército supiera que algo no estaba bien. Manning recuerda que sentía una ansiedad aguda todo el tiempo. Dormía menos, fumaba más.

A mediados de febrero, durante un descanso del SCIF, encontró una conversación interesante en el canal de IRC de WikiLeaks, en el que los participantes estaban discutiendo la crisis financiera en Islandia. Era un colapso bancario que Manning —quien había leído parte de los cables diplomáticos a los que tenía acceso como analista— concluyó que avanzaba por la inacción estadounidense y lo que describió como abuso diplomático por parte del Reino Unido y los Países Bajos. “Desde mi punto de vista, parecía que no nos estábamos involucrando por la falta de un beneficio geopolítico a largo plazo”, testificó después. Siguió los mismos pasos que antes y filtró a WikiLeaks algunos de los cables diplomáticos vinculados a la crisis islandesa. Esta vez, en pocas horas, WikiLeaks hizo públicos los documentos. Manning estaba entusiasmada: si los cables llegaron a WikiLeaks, los SigActs también lo habrían hecho.

 Manning en 2013 durante la fase de condena en el tribunal militar CreditMark Wilson/Getty Images.

Para ese momento, Manning había tenido varias conversaciones por IRC con una persona que después identificó en su lista de contactos en línea como “Nathaniel Frank”, en honor al autor del libro Unfriendly Fire: How the Gay Ban Undermines the Military and Weakens America. Es muy probable que Frank fuera Assange, aunque Manning no quiso discutir el tema conmigo; buena parte de esa conversación en línea está clasificada y podría ser usada en acciones legales futuras contra Assange.

A las transmisiones de los SigActs y los cables diplomáticos sobre Islandia le siguieron filtraciones difíciles de ignorar. Publicado por WikiLeaks con el título “Asesinato Colateral”, un video de tres años atrás captado por una cámara montada en un helicóptero estadounidense mostraba a un grupo de hombres y una camioneta en un área donde se registraron disparos. La tripulación del helicóptero pide repetidamente abrir fuego —“¡Déjennos disparar!” se alcanza a escuchar— antes de recibir la orden y hacerlo. Al menos una decena de personas murieron en ese ataque de 2007, incluidos varios civiles y dos empleados de la agencia Reuters. Manning dijo que sabía que Reuters, con una solicitud de información oficial del Freedom of Information Act, había pedido una copia del video, pero nunca la recibió. Y dijo que era un síntoma de los peores impulsos de un gobierno obsesionado con clasificar todo. “Tiene sentido mantener secreta alguna información por unos días, quizá algunos años”, me dijo. “El problema es que cada vez más el estándar es que todo sea secreto”.

“Tiene sentido mantener secreta alguna información por unos días, quizá algunos años. El problema es que cada vez más el estándar es que todo sea secreto”.

La relación de Manning con Nathaniel Frank creció por medio de largas conversaciones en chats. Ella comenzó a acoger su papel de transmisora de “la verdad”. “Vivir una vida tan opaca me obligó a nunca dar por sentada la transparencia, la apertura y la honestidad”, le escribió al antiguo hacker Adrian Lamo, a quien Manning contactaba para confesarse. Sin que ella supiera, Lamo ya trabajaba con investigadores del gobierno estadounidense.

Mientras, en privado, Manning estaba colapsando. Los investigadores del ejército a cargo de su caso después describieron varios episodios de “comportamiento extraño”, como su mirada perdida o un incidente en el que fue hallada en el piso de un cuarto junto a una silla en la que había tallado las palabras “YO QUIERO”. Ella recuerda que toda la unidad estaba “en ascuas”, con varias discusiones y algunas peleas. Estaba por terminar su periodo en Irak “y es entonces cuando la gente empieza a cansarse de los otros y las antipatías personales hacen erupción”.

En abril, Manning le envió un correo a un superior en el ejército en el que adjuntó una foto de ella como Brianna que se había tomado en Washington. “Ahora sabía quién era”, me dijo Manning. “Pero la gente que me rodeaba todavía no”. El asunto del correo decía “Mi problema”. Escribió que la cuestión de su identidad de género “no iba a desaparecer” y que “las consecuencias son graves”. (Manning dice que su capitán le confirmó como recibido el correo, pero que escondió el tema).

Manning me dijo que en mayo ya había decidido hacer público su papel como filtradora, aunque todavía tenía problemas con cómo expresar su identidad de género. No pudo encontrar la manera de hacerlo. A finales de mayo, fue convocada a una sala de conferencias en la que la esperaban dos agentes de la división de investigaciones penales del ejército. Manning estaba aterrorizada, pero no quería mostrarlo: “Estaba enfocada en mí: quién era, cuáles eran mis valores”, dijo. Se retiró “a su cabeza”. Días después estaba esposada y fue llevada al campamento Arfijan en Kuwait, donde la pusieron en una jaula de acero.

Siete años después, es difícil exagerar el impacto que tuvieron los registros de las guerras de Afganistán e Irak o de la publicación de los cables diplomáticos. “El material tocaba prácticamente todas las relaciones que tenía Estados Unidos en el mundo”, dijo Crowley, exsubsecretario del Departamento de Estado. Las repercusiones llegaron de inmediato: Carlos Pascual, el embajador estadounidense en México, tuvo que renunciar por cuestionar la efectividad de la guerra contra el narcotráfico, lo que envenenó la relación que tenía Pascual con el entonces presidente mexicano Felipe Calderón. El embajador Gene Cretz se tuvo que retirar de Libia por los cables que detallaban las andanzas del régimen de Muamar Gadafi, incluido el dato de que tenía un grupo de escoltas ucranianas. Usualmente se asocia la publicación de los cables sobre el hombre fuerte de Libia, Zine el Abidine Ben Ali, con los inicios del levantamiento en ese país, lo que desató la Primavera Árabe.

Los documentos sobre Afganistán e Irak también dejaron claro en casa, como Manning esperaba, el desorden de ambos conflictos. “Estos registros de guerra”, escribió The Guardian en una introducción a la publicación del material, contrastan con la imagen pública “arreglada y saneada que aparece en comunicados oficiales y en las instantáneas necesariamente limitadas de quienes reportan desde ahí”.

Los funcionarios estadounidenses estaban furiosos; las filtraciones los tomaron por sorpresa. El texto completo de los registros de guerra sobre Afganistán fue publicado en el sitio web de WikiLeaks y redactado solo de manera parcial por Julian Assange; se podían ver varios nombres de afganos que habían colaborado con la coalición. En 2010, el representante Mike Rogers, republicano de Michigan, dijo: “Sabemos con certeza que la gente probablemente será asesinada por la revelación de esta información”. Aunque reportes posteriores de The Associated Press y McClatchy determinaron que este riesgo había sido sobredimensionado y los testigos del gobierno dijeron durante el acto de sentencia de Manning que no podían atribuir muertes de estadounidenses a las filtraciones. Pero Crowley señala que la falta de evidencia de esas muertes no significa que no haya causado perjuicios: “Ella ‘quemó’ a una cantidad considerable de fuentes de inteligencia”, dijo. “Ella puso en peligro a afganos que nos decían qué hacía el Talibán en sus pueblos”.

En su jaula en Kuwait, Manning no registró ninguna consecuencia. “Estaba completamente aislada”, dijo. En algún momento concluyó que “había sido olvidada y había desaparecido”. Pensó que Lamo, el hacker, era quien la había identificado ante las autoridades, pero no sabía si su involucramiento con las filtraciones era de conocimiento público. El único contacto humano que tenía era con otros guardias. “Cuando llegué al centro de detención les dije que era trans”, cuenta Manning. “‘Soy mujer’ les dije muy prosaica. Se rieron”. En el aislamiento, Manning quedó consumida por la ira y la tristeza. Los oficiales observaron lo que el abogado de Manning llamó un episodio de “gritos incontrolables, temblores, balbuceo y golpes con la cabeza contra el muro de la celda”.

Manning me dijo: “Tenía miedo de quedar en esa celda o algo parecido por el resto de mi vida. Y que me iban a pasar cosas malas”. Después de una semana usó las sábanas del catre para hacer una horca e hizo lo que calificó como un “intento poco entusiasta” por suicidarse. “Como que sabía que no iba a funcionar”. Llamó la atención del personal penitenciario y, de acuerdo con un reporte médico obtenido después por el equipo legal de Manning, un doctor militar le diagnosticó ansiedad, depresión y “probable desorden de identidad de género”. Le dieron un antidepresivo que hizo sangrar su nariz y le provocó náuseas. No quería comer. Su piel se volvió amarillenta. En julio, cuatro días después de que The Guardian y otros medios publicaran los reportes sobre Afganistán, Manning fue esposada de nuevo y subida a un avión militar. Dijo que los guardias le habían indicado que sería “llevada a un crucero de la Marina” por unos meses; ahora sus escoltas le indicaban que iba a ir a Guantánamo. A la mitad del vuelo, la versión cambió una vez más: iba al calabozo de la base de la Marina en Quantico, Virginia.

Al llegar ahí supo que el mundo la conocía. “¡Así que tú eres Manning!”, le dijo un soldado muy entusiasta. Le contó que estaba en la televisión. El gobierno la había transferido a Quantico para que estuviera en instalaciones más aptas para lidiar con su estado mental. Pero una investigación militar de 2011 reveló lo opuesto: en Quantico pasó 23 horas al día en una celda de 1,8×2,4 metros por casi nueve meses, la mayor parte con el estatus de POI (prevención de heridas autoinflingidas). Las condiciones fueron descritas después por un reportero especial de la ONU como posiblemente tortura. Manning usaba una “bata de suicidio”: una vestimenta blanca de nailon que es imposible torcer o romper para hacer una horca. No tenía ni almohada ni sábanas. Tenía que confirmar verbalmente varias veces al día que estaba “bien”. (Después de la investigación, el ejército ordenó el cierre de la zona de detención preventiva en Quantico).

Cuando le pregunté a Manning que describiera esas condiciones, contestó como si todavía estuviera ahí. “Las emociones son más intensas”, dijo. “No hay cómo liberarlas. Un comentario mal intencionado de un guardia” (como una broma sobre su género) “te saca de quicio. Sé que he estado en mi celda, encerrada y sin tener a dónde ir, dando pasos enojada y frustrada. Solo te hace sentirte más y más molesta y eres impotente”, explicó. “Empiezo a gritarle, a nadie en especial, o a cantar a todo pulmón”.

Pero Manning a veces recibía visitas, como su tía. “Aunque estaba detrás de un vidrio y no podíamos hablar sin que nos grabaran”, me dijo Manning, “fue una de las reuniones más fuertes que he tenido en mi vida”. “Te queremos”, le dijo su tía, “te extrañamos”. Hicieron planes para contratar a un abogado independiente y seleccionaron a David Coombs, un cuarentón que había estado más de una década en el órgano de fiscales del ejército.

Habían empezado a filtrarse rumores sobre el tratamiento que Manning recibió en Kuwait y Quantico, y llegaron a los oídos de destacados activistas y letrados como el constitucionalista de Harvard Laurence Tribe y el teórico y filósofo Kwame Anthony Appiah, quienes firmaron una carta en la que criticaban las condiciones de su cautiverio. En la primavera de 2011, el gobierno transfirió de nuevo a Manning al correccional de Fort Leavenworth. En Kansas pudo estar entre la población general de la prisión; era “un shock al sistema, porque antes había estado esposado adonde fuera que iba o en un cuarto pequeño o en una jaula”.

Los reos no están obligados a trabajar, por lo que ella pasaba su tiempo en la biblioteca ayudando al abogado Coombs y a sus asistentes a preparar el caso. Enfrentaba una cantidad impresionante de cargos, 22 en total, por evadir mecanismos de seguridad para ayudar al enemigo, un delito que tiene como posible condena la cadena perpetua. Durante dos meses, Manning estuvo en una prisión afuera de Maryland mientras Coombs argumentaba en el juicio que había anarquía en la unidad de Manning y pocos protocolos de seguridad en su SCIF. Después argumentó que la disforia de género de Manning y la incapacidad del ejército de ofrecer tratamiento habrían afectado el juicio y la capacidad mental de la soldado. Pocos días después, el juez halló culpable a Manning en 20 de los 22 cargos; se libró de los cargos de ayudar al enemigo y la cadena perpetua. Manning me dijo que sintió alivio, pero no solo por las razones obvias. Temía que el cargo de ayudar al enemigo establecería un precedente tenebroso para la persecución de delatores. “Todavía me preocupa cómo podría aplicarse ese cargo”, dijo.

Ella decidió que no haría pública su identidad de género en el tribunal militar, porque temía que complicara un juicio de por sí complicado. Pero al escuchar el testimonio de Lauren McNamara, una amiga trans que testificó en la audiencia, se dio cuenta de que estaba por quebrarse. “Estaba cansada de fingir”, dijo. Escribió una declaración en la que se identificaba como Chelsea, un nombre que había usado en su niñez cuando jugaba a los Sims. El 22 de agosto, David Coombs apareció en el programa televisivo de NBC “Today” mientras la conductora Savannah Guthrie leía al aire el comunicado: “Conforme hago la transición a la siguiente fase de mi vida, quiero que todos conozcan a mi yo verdadero. Soy Chelsea Manning. Soy mujer”. Manning no supo cuál fue la reacción ni pudo ver el segmento. Estaba en un avión de regreso a Fort Leavenworth.

 Chelsea Manning CreditInez & Vinoodh para The New York Times.

Las barracas disciplinarias están en el extremo norte de Fort Leavenworth. El complejo de máxima seguridad, con 515 camas, está reservado para los prisioneros militares con las sentencias más largas. Durante la mayoría de su tiempo ahí, Manning vivió en el segundo piso. Su celda era angosta y pequeña; tenía un catre, un escusado, un espejo y un lavabo. La única ventana miraba hacia el norte, al paisaje que rodea el fuerte. El clima se volvió su entretenimiento: la nieve que se juntaba en las rejas. La luz de vigilancia que se movía de un lado al otro y hacía que los conejos y los ciervos corrieran para esconderse.

Durante el juicio de Manning, Coombs introdujo como evidencia la foto que su cliente le mandó a su superior en el correo electrónico de 2010. La imagen después fue enviada a los medios y, para otoño de 2013, había aparecido en un sinnúmero de artículos sobre la transición de Manning. Para ella fue doloroso que eso fuera lo que la definía. “Era tan distante de su experiencia en Fort Leavenworth”, dijo Evan Greer, un amigo de ella y activista trans. “Creo que algunas personas vieron esa imagen, con la peluca lustrosa, y pensaron que tenía algo de libertad tras las rejas”.

La realidad es que cada aspecto físico de Manning estaba determinado por las reglas del ejército, desde su ropa hasta el cabello que tenía que usar, según la sección 670-1 del reglamento, en un “estilo conservador y pulcro”. Manning estaba en una posición difícil de entender para quienes no son trans: se había identificado como mujer pero los guardias la trataban como si fuera hombre; a veces de manera enfática. Vincent Ward, uno de los abogados, recuerda que “desde que entrabas al lugar podías percibir la intimidación, las risitas, los comentarios”. Es un tipo de aislamiento que puede inducir a una acción drástica: los psicólogos clínicos que trabajan con prisioneros trans han documentado elevadas tasas de suicido y depresión en los reos que no reciben el tratamiento médico apropiado. En los peores escenarios, los prisioneros han intentado alterar sus propios genitales con lo que tienen a mano.

Manning estaba en una posición difícil de entender para quienes no son trans: se había identificado como mujer pero los guardias la trataban como si fuera hombre; a veces de manera enfática.

Cuando ingresó a las barracas en 2013, Manning pidió tener acceso al tratamiento de estrógeno y antiandrógeno recetados a personas que hacen la transición de hombre a mujer. La rechazaron. El ejército no había sancionado aún el uso de terapias hormonales para los soldados; mucho menos para los prisioneros. En vez de eso, Manning recibió antidepresivos y sesiones de terapia. “Permitirle al señor Manning vivir como mujer, que pueda feminizar su cuerpo, creará retos operacionales a medida que la población carcelaria responda a estos cambios”, escribieron los administradores de Fort Leavenworth en un memorando obtenido después por la Unión de Libertades Civiles Americana, la ACLU.

La prisión no cedió durante casi un año. Mientras, uno de los abogados de Manning –Chase Strangio, también trans– estaba preocupado de que su cliente intentara herirse de nuevo, por lo que presentó una demanda contra el Departamento de Defensa. El ejército aceptó en 2014 enviar ropa interior de mujer a la celda de Manning. Fue una situación inédita en las fuerzas armadas estadounidenses. (Un juez civil del condado de Leavenworth ya había avalado la solicitud de Manning para cambiarse de manera oficial el nombre a Chelsea Elizabeth Manning). Siguió la terapia hormonal a principios de 2015; le entregaban las píldoras en el dispensario médico cerca de la cafetería.

Las primeras fases de la terapia hormonal fueron muy gratificantes para Manning: su piel se sentía más suave, tenía menos vello corporal. Pero también surgieron otros cambios: “Había construido todos estos muros y defensas alrededor de mis emociones desde que era adolescente”, dijo Manning. “Cuando cayeron en picada mis niveles de testosterona de repente me volví más vulnerable, ya no podía esconder mis emociones, tenía que lidiar con ellas, usualmente en ese mismo momento”. Llegaban más rápido de lo que Manning podía procesarlas: “Unas buenas, como la confianza, un sentido de conexión con mis amigos, pero mezcladas con muchas malas, como la incertidumbre, la soledad, la pérdida”. Buscó apoyo en sus amigos trans, que la ayudaron a experimentar con su voz “para ponerla en diferentes tonalidades y encontrar la que pareciera correcta”, me dijo su amiga Annie Danger, activista y artista. “Intenté hablar con ella durante todo ese proceso de evolución que es tan importante. Es, literalmente, encontrar tu voz”.

Los días en las barracas tenían un ritmo casi mundano. Chelsea se despertaba a las 4:30 de la mañana y se ponía el brasier deportivo blanco, el uniforme de la cárcel que le quedaba holgado, casi como si fuera un espantapájaros, y las botas del ejército. “Ok”, se decía a sí misma frente al espejo, “tú puedes con esto”. Desayunaba e iba al taller de la prisión en el que ella y otros reos construían muebles de madera que vendían en el comisariato. Comenzó a jugar Dungeons & Dragons cada semana tras la invitación de otro prisionero; hacía de una mujer de la nobleza llamada Esvele Dundragon. Manning me dijo que nunca se sintió amenazada físicamente por los otros prisioneros, sino por los guardias.

“La gente se desmorona. Las buenas personas se desmoronan”.

En abril de 2014, la solicitud de clemencia de Manning fue rechazada por el ejército. Todavía estaba la posibilidad de un perdón presidencial, pero Manning no tenía por qué esperarlo: la Casa Blanca había condenado las filtraciones. La mejor opción era apelar. Pero estaba cansada. Su cabello estaba corto, como establecen los estándares militares. Los guardias no le daban tregua. “Si intentaba que fueran más neutros respecto al género, se volvían más específicos”, dijo Manning. Una solicitud para poder someterse a la cirugía de reasignación de sexo fue recibida con silencio. (De acuerdo con los abogados de Manning, el ejército la avaló en septiembre pero no estableció cuándo debía llevarse a cabo). Las barracas de Fort Leavenworth estaban “causando, de manera deliberada y a sabiendas, situaciones que causan mucho estrés en muchas personas. La gente se desmorona. Las buenas personas se desmoronan”.

Uno de los amigos más cercanos de Manning en la prisión, Anthony Raby, recuerda que “la idea de que alguien pueda creer que es de un género distinto al que nació era como creer que un pollo es un sombrero. No entendía. Pero, como cristiano, creo en mostrarle compasión a todos, entonces hablamos”, escribió en una carta enviada desde Fort Leavenworth. Raby entendía más que cualquier persona los estragos que le causaban la prisión a Manning. “No es el mejor lugar para alguien que tiene emociones distintas al odio, la ira, la amargura, la apatía o la indiferencia”, escribió.

En julio de 2016, otro reo le pasó una nota: “Es de tu novia” le dijo en tono burlón. Los miedos de Raby estaban por confirmarse: la desdobló y leyó la primera línea: “Chelsea E. Manning, re: Mi última carta”. Manning había escrito que se suicidaría después del espectáculo de fuegos artificiales del 4 de julio, que había terminado a las 22:00. Eran las 00:25.

Raby le avisó a un guardia y le entregó la carta. “Y a eso de la 1:00 escuché en la radio el anuncio de una alerta en la unidad habitacional donde estaba Manning”, contó. “Estaba seguro de que no habían llegado a tiempo”. Pero a las 3:30 se le acercó un investigador del ejército para decirle que Manning estaba viva.

Los oficiales no han querido dar detalles del incidente. Manning me dijo que solo recuerda haberse despertado en la ambulancia.

Pero gente con conocimiento de la situación dice que Manning intentó colgarse y los guardias la encontraron inconsciente, aunque todavía respiraba. Los días antes del intento de suicidio, me dijo Manning, se sintió particularmente sola y triste. Quería aguantar hasta que terminara el fin de semana, cuando su psicólogo regresaría a la base. “No alcancé”, dijo.

En septiembre empezó una huelga de hambre contra lo que calificó “el escrutinio exagerado y constante por parte de los oficiales de la prisión y militares”. Terminó la huelga cuando la cárcel prometió que tendría acceso a la cirugía de reasignación de sexo, algo inédito.

Manning fue enviada después a la unidad de reclusión solitaria por dos semanas más por el delito de amenazar el orden de las barracas… por su intento de suicidio.

Si la prisión la hizo sentirse como fantasma, su tiempo en reclusión solitaria fue como si la hubieran borrado. “Empiezas a olvidar el mundo afuera, ya no es relevante ni te identificas con él. La parte más oscura del confinamiento solitario es que empiezas a olvidar los autos, los trabajos, las familias, el clima y los políticos. Todo lo que hace a una sociedad”.

Intentó suicidarse de nuevo, pero un guardia se dio cuenta antes de que quedara inconsciente. Una semana después regresó de confinamiento solitario. Estaba aterrorizada y enojada. También tenía, según me dijo, estrés postraumático por su tiempo en Irak y en Quantico.

Los abogados de Manning se dieron cuenta de que quedaba muy poco tiempo. “Chelsea necesita ayuda y no la está recibiendo”, me dijo Chase Strangio en el invierno. La solicitud para conmutar la pena, que presentaron en noviembre, era su mejor esperanza. La solicitud fue enviada junto con una carta escrita por Manning. “No soy Bradley Manning. Realmente, nunca lo fui. Soy Chelsea Manning, una orgullosa mujer transgénero quien, a través de este documento, solicita de manera respetuosa tener mi primera oportunidad para vivir”.

“No soy Bradley Manning. Realmente nunca lo fui. Soy Chelsea Manning, una orgullosa mujer transgénero”.

La tarde del 17 de enero, Manning estaba en el taller de la prisión llena de virutas de madera. Recuerda que volteó y había un equipo de seguridad entrando al cuarto. “Dije: ‘Oh Dios, estoy en muchos problemas’”, contó. “Ni siquiera sé qué es lo que hice ahora”. El jefe de seguridad de la prisión le indicó que debía ir con ellos.

“¿Y voy a regresar?”, les preguntó. No, le respondieron.

Agarró sus cosas y los siguió; pensó que iba de nuevo a la unidad de confinamiento solitario, y como reflejo empezó a quitarse las agujetas de las botas para entregarlas. El oficial le indicó que no era necesario: iba a estar en custodia protectora. La televisión de la zona de recreo estaba prendida en CNN: “Conmutan sentencia de Manning”, decía el titular.

Se quedó atónita. Nunca siquiera se permitió pensar en la posibilidad de la conmutación de sentencia para no caer en una oscuridad todavía más profunda. “Fue tan difícil para mí procesarlo y lidiar con ello”, dijo.

Cuatro meses después, el 17 de mayo, Manning fue escoltada a una camioneta negra y dejó atrás Fort Leavenworth. Alrededor de la una de la mañana llegó a un estacionamiento donde la esperaban sus abogados. Manning estaba tan emocionada que al intentar abrazarlos le pegó a uno de ellos en la cara con su codo.

La semana que pasé con Manning en Nueva York fue como un momento suspendido en el tiempo: los días entre todo el caos que era su vida antes y lo que sea que venga ahora. En sus últimos meses en prisión, Manning escribió 300 páginas de una autobiografía y ha pedido que un agente la promueva en casas editoriales. En otoño aparecerá en un documental llamado XY Chelsea, producido por Laura Poitras, quien hizo un documental de Snowden y otro de Assange. Sus abogados todavía trabajan en su apelación: aunque sea exonerada es difícil saber qué tan cómoda será su vida en los años venideros, dado que parte del país —del mundo— quizá nunca logre lidiar con lo que hizo.

Pero no quiere pensar mucho en su reputación. Esa semana en Manhattan se veía feliz de ser libre. Caminamos por calles abarrotadas, comimos en McDonald’s y en restaurantes y cafés, fuimos al cine a ver Alien: Covenant. Camino a la sala, el hombre que recogía los boletos pidió revisar la bolsa de Manning. Me quedé sin aire unos segundos: pensé que la había reconocido. Pero ella solo se hincó y abrió la bolsa para enseñar su computadora. La dejaron pasar. La famosa delatora y exprisionera militar ahora era solo alguien más del público dominical.

Pensé que si Manning ha tenido dificultades en entender el efecto de sus acciones en el mundo, quizá sea en parte resultado del aislamiento extraordinario que vivió, incluso antes de su arresto: durante su infancia en Crescent, cuando buscaba cómo solucionar su “dolor de muelas”; en Kuwait y Quantico, en la unidad de solitario de Fort Leavenworth. Ahora podía vivir en público y de manera abierta siendo quien siempre supo que era y estaba apenas ajustándose a esa idea, como si fuera un lago helado y estuviera metiéndose poco a poco.

Más de una vez, caminando por Nueva York, sentí que estaba en la presencia de alguien que por primera vez se daba cuenta de que estaba viva. Manning me dijo que entendía que su identidad y las acciones que llevaron a su arresto han sido parte del imaginario público desde hace tiempo. No quiso discutir hipotéticos, como si su disforia había contribuido a que quisiera filtrar la información, “pero lo que puedo decirte es que mis valores serían los mismos. Las cosas que me importan serían las mismas”.

Una mañana, al final de una de las rondas de entrevistas, Manning me mostró un sobre blanco. Adentro estaba la nota de un niño transgénero de 14 años. “Solo quería decir que me da gusto que vas a estar libre en unos meses”, decía la carta escrita a mano y con pluma, “y que estoy orgulloso de ti (¿es raro decir eso?). Eres una inspiración”. Manning volvió a guardar la carta en el sobre. Dijo que, honestamente, nunca quiso ser un modelo a seguir. Le pregunté cómo hubiera sido su vida si ella hubiera tenido un modelo. Bajó la mirada. “No sé cómo”, dijo después de un rato, “pero hubiera sido mejor”.

https://www.nytimes.com/es/2017/06/12/chelsea-manning-entrevista/ 

Matthew Shaer es un reportero que contribuye a The New York Times Magazine y está basado en Atlanta. Ha escrito para Wired, Tha Atlantic, Harper’s y la revista Smithsonian, para la cual trabaja como corresponsal.

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Desde un lugar sin nombre. Ausencia de poesía, de pensamiento, de persona.

Desde un lugar sin nombre. Ausencia de poesía, de pensamiento, de persona.

by Libros y Letras 

 Por: Álvaro Mata Guillé*

ÁLVARO MATA GUILLÉ ÁLVARO MATA GUILLÉ.

Poeta, ensayista, gestor cultural, dramaturgo. Coordinador general del Corredor cultural Transpoesía. Leermás AQUÍ

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No es extraño que la filosofía, la ciencia, la poesía, estén ausentes, en apariencia, de la vida cotidiana, que no se mencionen –ni se tomen en cuenta– en las campañas electorales, ni aparezcan en los planes de gobierno, como tampoco que perezcan anquilosadas en los sótanos de las academias o banalizándose en la sección de espectáculos de los periódicos y se vacíen, como se ha ido vaciando el lenguaje. Su abandono es congruente con la decadencia cultural que viven las sociedades desde hace mucho tiempo, siendo un ejemplo de ello los sistemas educativos, encargados de saturar las aulas de formalismos e informaciones inútiles, antes que estimular la imaginación, el conocimiento, el balance crítico, sumidas en la burocratización y el sentimentalismo de los parámetros y los tratos, correspondiéndose con los nuevos valores que impone la sociedad de consumo, los que degradan referentes, invisibilizan la memoria y los vínculos, suprimen lo individual y lo transforman en una cosa más del mercado, en frivolidad, en indiferencia, en la monotonía de lo mismo, es decir, vedando el aliento vital de lo particular, que confrontado al entorno y a sí mismo,dio inicio a las culturas, al lenguaje, al ser humano. No vivimos ya en la época en el que ser era la casa del lenguaje y del olvido del ser –del ser en el tiempo– sino su vaciedad, la vaciedad del instante consumiéndose entre el vacío y el ruido.

“No vivimos ya en la época en el que ser era la casa del lenguaje y del olvido del ser –del ser en el tiempo– sino su vaciedad, la vaciedad del instante consumiéndose entre el vacío y el ruido.”

Al censurar lo individual, al vaciarlo o banalizarlo, se cercena –se debilita, se elimina, se sentimentaliza–, el elemento que da sentido a la sociedad plural: lo particular, la manifestación de lo propio, el sentir de cada uno, su intimidad, puesto que es en el individuo descubriéndose así mismo, palpando la interioridad de su cuerpo, el descubrir al otro como reflejo que le impregna, que principia lo plural, la convivencia, la cultura, lo social. Correlación entre sentir, pensar y existencia; entre lo diverso, lo disidente y lo distinto (no la uniformidad, ni lo mismo, tampoco la censura de la otra voz o del extrañamiento) en los que principia tanto la sociedad plural como a la persona, el pensamiento como la poesía: nuestra voz en la otra voz buscando su rostro en el lenguaje, buscándose a sí mismo en lo ausente, buscando su cuerpo y reconociendo su extrañeza ante el entorno, ante el abismo que se abre, en correspondencia también con el no saber que nos embarga, el vínculo con el otro y su misterio.

“No debe sorprendernos, ante estas circunstancias, el ascenso de la barbarie, del fascismo, o que un patán, un inepto, un tirano nos presidan, que se imponga como valor de la convivencia la frivolidad o lo indiferente, si la cultura que producimos emerge del entretenimiento, del consumo, de la nada”

No debe sorprendernos, ante estas circunstancias, el ascenso de la barbarie, del fascismo, o que un patán, un inepto, un tirano nos presidan, que se imponga como valor de la convivencia la frivolidad o lo indiferente, si la cultura que producimos emerge del entretenimiento, del consumo, de la nada. El ascenso del sentimentalismo adolescente, el vaciamiento del lenguaje, hacen, que desde la banalidad como parámetro cultural, se diluya no sólo lo distinto, sino al individuo sumido en lo superfluo. Tampoco es de extrañar, que poesía o pensamiento, en muchos casos, dejen de conversar con lo otro, con la otra voz, con el más allá de las palabras olvidándose de la oscuridad que nos invade e invade al entorno, siendo el reflejo de la frivolidad, de la impostura, de la negación del dolor, de la presunción en la nada, pues al olvidarnos de nosotros ante el abismo, ante el misterio, de nuestro tránsito, no sólo perdemos voz y rostro, perdemos nuestra humanidad.
Poeta, ensayista, gestor cultural, dramaturgo. Coordinador general del Corredor cultural Transpoesía (México, Costa Rica, Argentina, España). Es también uno de los coordinadores del Festival Internacional de poesía Abbapalabra. Director del proyecto Chimalhuacán a la orilla del lago (Estado de México), que busca renovar los vínculos sociales desde la literatura.
Algunos de sus libros: Debajo del viento; Sobre los fragmentos; Un país sin nombre; Más allá de la bruma. Próxima aparición: El individuo en la sombra.

 

 

El valor de enfrentar al odio

The New York TimesES

El valor de enfrentar al odio.

Por NICHOLAS KRISTOF  1 de junio de 2017.

Enlace al artículo original: https://www.nytimes.com/es/2017/06/01/kristof-portland-ataque/?smid=fb-share-es 

 Asha Deliverance, a la izquierda, la madre de Taliesin Namkai-Meche, a quien asesinaron cuando defendió a dos chicas de un ataque en un tren de Portland. CreditBeth Nakamura/The Oregonian.

Podría parecer que Estados Unidos tiene una crisis de liderazgo, con el ascenso de canallas y bravucones, pero lo mejor de ese país se materializó recientemente en un tren suburbano de Portland, Oregon.

El viernes 26 de mayo, un hombre blanco que viajaba en ese tren comenzó a proferir insultos antimusulmanes a una chica negra de 16 años y su amiga musulmana de 17 años, que traía puesto un hiyab. Sería fácil imaginar que la gente preferiría fingir no escuchar lo que sucedía y enfocarse en vez en sus teléfonos celulares. Pero pasó lo contrario: tres valientes pasajeros se interpusieron para proteger a las jóvenes.

Los tres eran muy diferentes. Uno era un recién graduado de la Universidad Reed, de 23 años, tenía cabello largo y trabajaba como consultor. Otro era veterano del ejército, de 53 años, tenía el cabello muy corto y estuvo en servicio en Irak y Afganistán. El tercero es un poeta y estudiante de la Universidad Estatal de Portland, de 21 años, y se dirigía a su trabajo en una pizzería. Los unió la decencia.

micah-David-cole-fletcher.jpg  Micah David Cole-Fletcher, de 21 años, de Portland, se ve en la foto sin fecha proporcionada por su familia. LA FAMILIA FLETCHER.

ricky-y-taliesin.jpg  Ricky John Best, de 53 años, y Taliesin Myrddin Namkai-Meche, de 23 años, víctimas de un ataque con cuchillo en el tren de Portland. KOIN

Cuando intervinieron, el hombre que molestaba a las chicas sacó un cuchillo, los hirió y después escapó. Rick Best, el veterano, murió allí mismo. Taliesin Namkai-Meche, el recién graduado de Reed, estuvo consciente mientras esperaba la ambulancia. Una buena samaritana se quitó la blusa para cubrirlo; contó que sus últimas palabras fueron: “Quiero que todos en el tren sepan que los amo”. Murió poco después de llegar al hospital.

Otro testigo detuvo el sangrado del poeta Micah Fletcher y llamó a su madre para decirle que acudiera al hospital. Fletcher pasó dos horas en cirugía; le retiraron fragmentos óseos de la garganta, y ahora está recuperándose.

La policía arrestó a Jeremy Christian, de 35 años, un supremacista blanco, y lo acusó de los asesinatos. El ataque en el tren no concuerda con el discurso sobre el terrorismo que prevalece en muchos países, pero es un recordatorio de que el terrorismo puede adoptar muchas formas. El año pasado era menos probable que los estadounidenses fueran asesinados por un terrorista musulmán (las probabilidades eran de una en seis millones) que por ser musulmanes (las probabilidades eran de una en un millón), de acuerdo con Charles Kurzman, de la Universidad de Carolina del Norte.

A veces podemos encontrar la inspiración en la tragedia. En ese tren vimos que la valentía y el liderazgo están vivos: no siempre en Washington, pero sí entre los estadounidenses comunes que convergieron en un tren suburbano y enfrentaron una amenaza a nuestra humanidad.

Los sucesos recientes me han decepcionado. El viaje al extranjero del presidente Donald Trump marcó la abdicación del liderazgo estadounidense, cuando la canciller alemana Angela Merkel concluyó que Europa ya no puede confiar en Estados Unidos. El presupuesto de Trump fue intelectualmente deshonesto y moralmente repugnante, con cortes al financiamiento para el combate al sida a nivel mundial que por sí solos podrían resultar en la pérdida de un millón de vidas.

Pareciera que la Casa Blanca no representa nada más que el capitalismo clientelista y el acto de convertir en chivos expiatorios a los refugiados, los musulmanes y los inmigrantes. Creo que los “valores” de Trump se centran sobre todo en el narcisismo, el nepotismo y el nihilismo.

Esto es contagioso: Cass Sustein, de Harvard, cita una investigación psicológica que indica que Trump ha logrado que sea más aceptable que los estadounidenses adopten la xenofobia. El año pasado escribí que “Donald Trump está convirtiendo a Estados Unidos en un lugar más cruel” al promover la intolerancia en Oregon, donde crecí, y en todo el país.

No sabemos si el asesino del tren de Portland se sintió envalentonado para gritarle a la chica musulmana debido a las diatribas contra los musulmanes de Trump, como tampoco podemos estar seguros de que las condenas del presidente contra los reporteros hayan causado que el candidato republicano de Montana, Greg Gianforte, tumbara al suelo a un periodista. Sin embargo, cuando un presidente incita al odio, la civilización se crispa.

Si todo esto es un hilo en el tejido de Estados Unidos, otro sector está representado por los tres hombres que actuaron en ese tren. También está representado por los buenos samaritanos que los ayudaron cuando fueron acuchillados, por las incontables personas que se unieron a los velorios para honrar a las víctimas y que donaron más de un millón de dólares en unos cuantos días para las familias de los asesinados y el sobreviviente.

Es bueno que finalmente la Casa Blanca haya reconocido a estos héroes mediante un tuit. No obstante, habría sido más convincente si el mensaje se hubiera emitido antes y en la cuenta de Trump, @realDonaldTrump, en vez de hacerlo en @Potus, que es manejada por su equipo.

Lo que entendieron los tres hombres de Oregon, a diferencia de la Casa Blanca, es que en una sociedad sana la islamofobia no solo denigra a los musulmanes, el racismo no solo degrada a los negros, la misoginia no solo lastima a las mujeres y la xenofobia no solo insulta a los migrantes. En cambio, nos rebajan a todos, así que todos tenemos un papel en el combate a la intolerancia.

Best, el veterano, tenía tres hijos adolescentes y una hija de 12 años, y espero que todos ellos comprendan que su padre murió retando a la venenosa intolerancia que amenaza nuestro tejido social. Cayó en el campo de batalla de los valores estadounidenses. Merece la oportunidad de ser enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington.

Algo que he aprendido en mi carrera como reportero es que al lado de lo peor de la humanidad, uno encuentra lo mejor. La prueba a la que estamos sometidos todos nosotros es ver si podemos responder con valentía al odio y al nihilismo y, como dijo Namkai-Meche en sus últimas palabras, con amor.

Al salir de la cirugía, débil pero indomable, Fletcher escribió un poema que nos ofrece una guía. Según el Oregonian, parte de este reza así:

“I, am alive.

I spat in the eye of hate and lived.

This is what we must do for one another

We must live for one another”.

“Estoy vivo.

Le escupí al odio a los ojos y sobreviví.

Esto es lo que hemos de hacer los unos por los otros

Hemos de vivir el uno por el otro”.

portland2.jpg  Una corona de flores en forma de corazón cubierto con mensajes positivos cuelga en un poste de semáforo en un monumento a dos transeúntes que fueron apuñalados el viernes al intentar detener a un hombre que gritaba insultos contra los musulmanes y actuó agresivamente hacia dos mujeres jóvenes, incluyendo una vistiendo una con la cabeza cubierta al estilo de los musulmanes, en un tren ligero de Portland, Oregon, el sábado, 27 de mayo de 2017. un monumento que creció durante todo el sábado fuera del centro en Portland, la gente dejó flores, velas, smensajes y rosas pintadas . GILLIAN FLACCUS / AP

Por CRIMESIDER PERSONAL  DE CBS / AP  de mayo de 29 de, 2017.

Apuñalados en el tren de Portland: Testigo recuerda las últimas palabras de una de las víctimas.

PORTLAND, Ore. – Una mujer que trató de ayudar a una de las víctimas acuchilladas en el tren de Portland en sus últimos momentos; contó acerca de sus últimas palabras.

Jeremy Joseph Christian , de 35 años, está acusado de apuñalar a tres hombres que intervinieron cuando presuntamente gritó insultos raciales a dos mujeres jóvenes, una de los cuales llevaba un velo, en un tren de Portland tren el viernes por la noche. 

Ricky John Best, de 53 años, y Taliesin Myrddin Namkai-Meche, de 23 años, fueron  asesinados en el incidente . Micah David Cole-Fletcher, de 21 años, de Portland, también fue apuñalado en el ataque y se encuentra en estado grave en un hospital de Portland, dijo la policía. Sus lesiones no se cree que sea peligrosa para la vida, dijo la policía.

Todos están siendo aclamados como héroes.

“Para que la gente intervenga y haga eso, se necesita valor y coraje”, el jefe de la policía de Portland Mike Marshman  dijo a “CBS This Morning.”

La Testigo Rachel Macy dijo a la filial de la CBS KOIN  que había estado con Meche en sus momentos finales en el tren. Macy y Meche no se conocían entre sí antes del apuñalamiento.

“Yo simplemente no quiero que él esté solo”, dijo Macy. “Me quité la blusa y se la puso a él. Sólo recé, era lo único que podía hacer rezar.”

“Le dije, ‘Eres un hombre hermoso. Lo siento tanto el mundo es tan cruel'”, dijo Macy.

“Me dijo: ‘Diles: Quiero que todos sepan, quiero que todo el mundo en el tren sepa que los quiero’, dijo. “Era un hombre hermoso, eso es lo que quiero que la gente sepa.”

Macy asistió aol sepelio el sábado porque quería compartir las palabras con la familia de Meche, que se reunieron junto con miles de miembros de la comunidad para recordar a su hijo como un hombre con un corazón “tan grande como el mundo”, informó KOIN.

Macy dijo que la policía recogió la mayor parte de los artículos que llevaba consigo como prueba, pero todavía tenía una piedra en forma de corazón pintado de color púrpura que pasó a llevar en el bolsillo durante el ataque. Ella dijo KOIN se la dio a la familia de Meche como recuerdo.

“El amor es de lo que se trata”, dijo la madre de Meche en el sepelio. “Le enseñamos a amar a todos y eso es lo que debemos hacer y eso es lo que todos deberíamos estar haciendo y por eso estamos todos aquí, así nos damos por amor.”

Macy dijo KOIN que ella no está enfadada por el ataque.

“Quería despertar y estar loca y culpar a alguien o algo,” dijo Macy. “Y no puedo. No es lo que [Meche] hubiera querido.”

Jeremy Joseph Christian ha sido acusado de homicidio agravado, tentativa de homicidio, intimidación y ser un delincuente en posesión de un arma. Él está programado para hacer su primera aparición en la corte el martes.

La policía dijo que van a examinar lo que parece ser la ideología extremista de Christian. Las publicaciones en redes sociales de Christian indican una afinidad por los nazis y la violencia política.

Sargento de la policía. Pete Simpson dijo a CBS News que Christian asistió a una marcha libre expresión en abril con un bate de béisbol para hacer frente a los manifestantes, pero el bate fue confiscado rápidamente por los agentes.

El Portland Mercurio , uno de los semanarios alternativos de la ciudad, publicó un artículo con clips de vídeo de un hombre que llevaba una cadena de metal alrededor del cuello y envuelto en una bandera estadounidense. “Despotricaba cómo era un nihilista. Pronto había gritado insultos raciales … y le dio el saludo nazi durante todo el día”, informó el Portland Mercurio.

En lo que parece ser la página de Christian en Facebook, mostró simpatía por los nazis y Timothy McVeigh, quien  bombardeó un edificio federal en Oklahoma City  en 1995. Portland estuvo de duelo el fin de semana en memoria de las víctimas.

Cristiano había previamente gritado insultos racistas en un tren una noche antes del ataque mortal, la policía confirmó que  CBS afiliado KOIN , que obtuvo el video del incidente.

Una de las chicas a la que estaba dirigidos los insultos el viernes Destinee Mangum, de 16 años, dijo que ella y su amiga de 17 años de edad estaban en el tren cuando Christian se acercó a ellas gritando lo que se describe como un discurso de odio. Dijo que su amiga es musulmana, pero no lo es.

“Nos dijo que volviéramos a Arabia Saudita y nos dijo que no deberíamos estar aquí, que debíamos salir de su país”, dijo Mangum. “Él sólo nos estaba diciendo que, básicamente, no eramos nada y que deberíamos matarnos a nosotros mismos.”

Las chicas tenían miedo y se trasladaron a la parte trasera del tren, mientras que un desconocido saltó para ayudarlas.

“Entonces ellos simplemente comenzaron a discutir,” dijo Mangum KOIN. “Él acaba de comenzar apuñalar a la gente, y que era sangre por todas partes, y sólo empezamos a correr por nuestras vidas.”

Mangum agradeció a los hombres que vinieron en su ayuda.

“Ellos perdieron la vida a causa mía y de mi amiga, por la forma en que se veía”, dijo Mangum.

Meche obtuvo una licenciatura en economía en 2016 de Reed College en Portland y consiguió un trabajo con el Grupo de Cadmo, una empresa de consultoría en el área. Había tenido la esperanza de comenzar una familia, KOIN informa.

Ricky John Best, padre de cuatro hijos, era un veterano del ejército y empleado de la ciudad de Portland. Según su familia, que ayudar a los extranjeros estaba en su carácter, CBS News informa Mireya Villarreal. 

Ricky John Best vivia en Happy Valley y tenía tres hijos adolescentes y una hija de 12 años de edad, de acuerdo con David Austin, un portavoz del Comisario de la ciudad de Chloe Eudaly.

Ricky John Best trabajaba para la Oficina de Servicios de Desarrollo como técnico y asendió a una posición en la Comisión del Condado de Clackamas en 2014 después de retirarse del Ejército de Estados Unidos en 2012. Sirvió en Irak y Afganistán en sus 23 años de servicio.

La tercera víctima acuchillada, Fletcher, es un estudiante en la Universidad Estatal de Portland y estaba tomando el tren para ir de las clases a su trabajo en una tienda de pizza cuando se produjo el ataque.

En un tweet lunes por la mañana, el presidente Donald Trump denunciado las puñaladas.

“Los ataques violentos en Portland el viernes son inaceptables”, escribió el Sr. Trump. “Las víctimas estaban de pie hasta el odio y la intolerancia. Nuestras oraciones son w / ellos.”