Un matrimonio perfecto: evangélicos y conservadores en América Latina.

Para reflexionar y cuestionarnos el estado actual de la democracia representativa en el mundo, tan lejos de su esencia. Igualdad, libertad y fraternidad.

El fanatismo religioso de los evangélicos y los católicos más radicales, cada día más pragmático, ha penetrado en la política latinoamericana incrustándose en los partidos, tanto de derecha (principalmente) como de “izquierda”, apuntala el acelerado avance del fascismo en la región con mensajes y consignas de odio y exclusión social, contra la equidad de género, el matrimonio igualitario, los derechos reproductivos de las mujeres, la libertad de creencia, la educación laica y científica…

Un ejemplo en México es la “alianza” del PES, partido conservador y evangélico, con el PT y morena a la cabeza…

El fanatismo pragmático religioso es el opio de los pueblos y el principal enemigo de la verdadera democracia participativa incluyente global.

Se ha perdido por completo la sensatez.

Jesús Torres Navarro.

“Ese modelo se está esparciendo por la región. Con la ayuda de los católicos, los evangélicos también han organizado marchas en contra del movimiento LGBT en Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Perú y México. En Paraguay y Colombia pidieron que los ministerios de educación prohibieran los libros que abordan la sexualidad. En Colombia incluso se movilizaron para que se rechazara el acuerdo de paz con las Farc, el mayor grupo guerrillero en América Latina, con el argumento de que los acuerdos llevaban muy lejos los derechos feministas y de la comunidad LGBT”.

Un matrimonio perfecto: evangélicos y conservadores en América Latina.

Por Javier Corrales 

 Un servicio en una iglesia evangélica en Llamahuasi, Ecuador, en junio de 2015CreditRodrigo Buendia/Agence France-Presse — Getty Images.

AMHERST, Massachusetts — Las iglesias evangélicas protestantes, que por estos días se encuentran en casi cualquier vecindario en América Latina, están transformando la política como ninguna otra fuerza. Le están dando a las causas conservadoras —en especial a los partidos políticos— un nuevo impulso y nuevos votantes.

En América Latina, el cristianismo se asociaba con el catolicismo romano. La Iglesia católica tuvo prácticamente el monopolio de la religión hasta la década de los ochenta. Al catolicismo solo lo desafiaban el anticlericalismo y el ateísmo. Nunca había habido otra religión. Hasta ahora.

Hoy en día los evangélicos constituyen casi el 20 por ciento de la población en América Latina, mucho más que el tres por ciento de hace seis décadas. En algunos cuantos países centroamericanos, están cerca de ser la mayoría.

La ideología de los pastores evangélicos es variada, pero en términos de género y sexualidad por lo general sus valores son conservadores, patriarcales y homofóbicos. Esperan que las mujeres sean totalmente sumisas a sus esposos evangélicos. En todos los países de la región, sus posturas en contra de los derechos de las personas homosexuales han sido las más radicales.

¿Cómo han adquirido tanto poder político los grupos evangélicos?

El ascenso de los grupos evangélicos es políticamente inquietante porque están alimentando una nueva forma de populismo. A los partidos conservadores les están dando votantes que no pertenecen a la élite, lo cual es bueno para la democracia, pero estos electores suelen ser intransigentes en asuntos relacionados con la sexualidad, lo que genera polarización cultural. La inclusión intolerante, que constituye la fórmula populista clásica en América Latina, está siendo reinventada por los pastores protestantes.

Brasil es un buen ejemplo del aumento del poder evangélico en América Latina. La bancada evangélica, los noventa y tantos miembros evangélicos del congreso, han frustrado acciones legislativas a favor de la población LGBT, desempeñaron un papel importante en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y cerraron exposiciones en museos. Un alcalde evangélico fue electo en Río de Janeiro, una de las ciudades del mundo más abiertas con la comunidad homosexual. Sus éxitos han sido tan ambiciosos, que los obispos evangélicos de otros países dicen que quieren imitar el “modelo brasileño”.

Ese modelo se está esparciendo por la región. Con la ayuda de los católicos, los evangélicos también han organizado marchas en contra del movimiento LGBT en Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Perú y México. En Paraguay y Colombia pidieron que los ministerios de educación prohibieran los libros que abordan la sexualidad. En Colombia incluso se movilizaron para que se rechazara el acuerdo de paz con las Farc, el mayor grupo guerrillero en América Latina, con el argumento de que los acuerdos llevaban muy lejos los derechos feministas y de la comunidad LGBT.

¿Cómo es que los grupos evangélicos han adquirido tanto poder político? Después de todo, incluso en Brasil, las personas que se identifican como evangélicos siguen siendo una minoría y en la mayoría de los países el ateísmo va en aumento. La respuesta tiene que ver con sus nuevas tácticas políticas.

Ninguna de esas estrategias ha sido tan transformadora como la decisión de establecer alianzas con partidos políticos de derecha.

Históricamente, los partidos de derecha en América Latina tendían a gravitar hacia la Iglesia católica y a desdeñar el protestantismo, mientras que los evangélicos se mantenían al margen de la política. Ya no es así. Los partidos conservadores y los evangélicos están uniendo fuerzas.

Las elecciones presidenciales de Chile en 2017 ofrecen un ejemplo claro de esta unión entre los obispos evangélicos y los partidos. Dos candidatos de derecha, Sebastián Piñera y José Antonio Kast, buscaron ganarse el favor de los evangélicos. El ganador de las elecciones, Piñera, tenía cuatro pastores evangélicos como asesores de campaña.

Hay una razón por la cual los políticos conservadores están abrazando el evangelicalismo. Los grupos evangélicos están resolviendo la desventaja política más importante que los partidos de derecha tienen en América Latina: su falta de arrastre entre los votantes que no pertenecen a las élites. Tal como señaló el politólogo Ed Gibson, los partidos de derecha obtenían su electorado principal entre las clases sociales altas. Esto los hacía débiles electoralmente.

Los evangélicos están cambiando ese escenario. Están consiguiendo votantes entre gente de todas las clases sociales, pero principalmente entre los menos favorecidos. Están logrando convertir a los partidos de derecha en partidos del pueblo.

Este matrimonio de los pastores con los partidos no es un invento latinoamericano. Desde la década de los ochenta sucede en Estados Unidos, conforme la derecha cristiana poco a poco se convirtió en lo que puede llamarse el electorado más confiable del Partido Republicano. Incluso Donald Trump —a quien muchos consideran la antítesis de los valores bíblicos— hizo su campaña con una plataforma evangélica. Escogió a su compañero de fórmula, Mike Pence, por su evangelicalismo.

No es accidental que Estados Unidos y América Latina tengan experiencias similares en cuanto a la política evangélica. Los evangélicos estadounidenses instruyen a sus contrapartes latinoamericanos sobre cómo coquetear con los partidos, convertirse en cabilderos y combatir el matrimonio igualitario. Hay muy pocos grupos de la sociedad civil que tengan vínculos externos tan sólidos.

Además de establecer alianzas con los partidos, los grupos evangélicos latinoamericanos han aprendido a hacer las paces con su rival histórico, la Iglesia católica. Por lo menos en cuanto al tema de la sexualidad, los pastores y los sacerdotes han encontrado un nuevo terreno común.

El ejemplo más reciente de cooperación ha sido en el enfoque: el lenguaje que los actores políticos utilizan para describir sus causas. Para los sociólogos, mientras más actores logren enfocar un asunto para que resuene entre múltiples electorados, y no solo el principal, más probable es que influyan en la política.

En América Latina, los clérigos tanto católicos como evangélicos han encontrado un enfoque eficaz para su conservadurismo: la oposición a lo que han bautizado como “ideología de género”.

Este término se usa para etiquetar cualquier esfuerzo por promover la aceptación de la diversidad sexual y de género. Cuando los expertos argumentan que la diversidad sexual es real y la identidad de género es un constructo, el clero evangélico y católico dice que no se trata de algo científico, sino de una ideología.

A los evangélicos les gusta enfatizar la palabra “ideología” porque les da el derecho, argumentan, de protegerse a sí mismos —y en especial a sus hijos— de la exposición a esas ideas. La ideología de género les permite encubrir su homofobia con un llamado a proteger a los menores.

La belleza política de la “ideología de género” es que ha dado a los clérigos una forma de replantear su postura religiosa en términos laicos: como derechos de los padres. En América Latina, el nuevo lema cristiano es: “Con mis hijos no te metas”. Es uno de los resultados de esta colaboración entre evangélicos y católicos.

Políticamente, podríamos ser testigos de una tregua histórica entre los protestantes y los católicos en la región: mientras que los evangélicos acordaron adoptar la fuerte condena de la Iglesia católica al aborto, el catolicismo ha adoptado la fuerte condena de los evangélicos a la diversidad sexual y, juntos, pueden confrontar la tendencia en aumento hacia la secularización.

Los grupos evangélicos están resolviendo la desventaja política más importante que los partidos de derecha tienen en América Latina: su falta de arrastre entre los votantes que no pertenecen a las élites.

Esta tregua plantea un dilema para el papa Francisco, que está por terminar una gira por América Latina. Por una parte, ha expresado su rechazo al extremismo y su deseo de conectar con los grupos más modernos y liberales de la Iglesia. Por la otra, este papa ha hecho de los “encuentros cristianos” un sello distintivo de su papado, y él mismo no es del todo alérgico al conservadurismo cultural de los evangélicos.

Como actor político, el papa también se preocupa por la decreciente influencia de la Iglesia en la política, así que una alianza con los evangélicos parece el antídoto perfecto contra su declive político. Una cuestión apremiante que el papa necesita ponderar es si está dispuesto a pagar el precio de un mayor conservadurismo para reavivar el poder cristiano en Latinoamérica.

El evangelicalismo está transformando a los partidos y posiblemente a la Iglesia católica. Los partidos políticos se concebían a sí mismos como el freno esencial de la región en contra del populismo. Ese discurso ya no es creíble. Los partidos están dándose cuenta de que unirse a los pastores genera emoción entre los votantes —incluso si es solo entre quienes asisten a los servicios— y la emoción es equivalente al poder.

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Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas en Amherts College, es coautor, junto con Michael Penfold, de “Dragon in the Tropics: The Legacy of Hugo Chávez in Venezuela”, y es articulista regular del The New York Times en Español.

Enlace al artículo original del New York Times en español: 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/19/opinion-evangelicos-conservadores-america-latina-corrales/

 

 

 

 

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Frankenstein: 200 años, por Maikel Ramírez ~

A través de Frankenstein: 200 años, por Maikel Ramírez ~

Frankenstein: 200 años, por Maikel Ramírez ~

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Las tormentas le gustan, sin embargo, recuerda
los terrores deliciosos que le producían, con la manta tapándole
la cabeza, cuando era una niña; no hace tanto tiempo, es tan joven

Emmanuel Carrére | Bravura

Supongo que ser hijo es buscar una venganza

Juan Carlos Méndez Guédez | Arena Negra

A diferencia de zombis, vampiros y otros espantos del imaginario monstruoso,  la criatura creada por el científico Víctor Frankenstein no ha tenido que contagiarse con un virus ni encontrarse en mitad de una pandemia para actualizarse, pues nació moderno. El mundo de Frankenstein prescinde del acoso de lo sobrenatural, de aquello que desde un lugar inexplicable invade nuestro mundo racional para desintegrarlo. Su horror es muy de este mundo, es humano demasiado humano. Hoy, cuando se cumplen 200 años de su publicación y los monstruos de antaño han pasado al mundo virtual o, en líneas generales, se han asimilado al discurso científico, vale la pena echar un vistazo a algunas de las razones por las que una lectura de la clásica novela de Mary Shelley es inaplazable.

El complejo Frankenstein

Si la ciencia ficción se desarrolla al abrigo de los avances de la ciencia y de la tecnología, no podemos imaginar un mejor escenario para su nacimiento que la Inglaterra industrial del siglo XIX, la misma nación en la que Charles Darwin publicaría en 1859 su demoledor libro El origen de las especies, y cuyo poderío se haría palmario con la Gran Exhibición del Palacio de Cristal en 1851, ambos eventos en plena era victoriana. Según Isaac Asimov, el parto ocurrió mucho antes de las obras de Julio Verne y H.G Wells. Exactamente, se gestó en 1818, con la publicación de Frankenstein o el Prometeo Moderno, cuando su escritora, Mary Shelley, apenas tenía 18 años.

Desde entonces, la novela de Shelley no solo marca una línea que tensa el género literario entre optimistas y pesimistas, sino que instala un mecanismo psicológico que afecta nuestra relación con las máquinas que creamos. Asimov lo acuñó ‘Complejo Frankenstein’, que no es más que el miedo que sentimos a que las máquinas se rebelen y nos destruyan, como le ocurre a Víctor Frankenstein hacia el final de la novela, cuando deambula por los predios glaciales del Polo Norte, como lo narra el Capitán Walton:

“«¡Esta también es víctima mía!», exclamó, «su asesinato es la culminación de mis crímenes; mi vida miserable toca a su fin! ¡Oh, Frankenstein, generoso y entregado! ¿De qué sirve ahora pedirte perdón; a mí, que he destruido irremisiblemente todo lo que amabas?¡Ay! Está frío; no me puede responder»”

Es ese el miedo que sentimos cuando, pongamos, vemos a Hal-9000 en el filme 2001, una odisea espacial o como cuando en el año 2016 un bot de la red social Twitter se convirtió en pronazi.  Con todo y estas derivas, la fe de Asimov en el progreso que se puede alcanzar a través de la ciencia lo obligó a crear un código moral para contrarrestar la antedicha fobia.  De modo que, en vista de que un robot no puede interiorizar la ley como lo hace un humano, Asimov inventó el cerebro positrónico, dispositivo artificial que dota a los robots de conciencia y les permite actuar en conformidad a las tres leyes de la robótica. Las diferentes historias que componen Yo, robot, libro que abarca el surgimiento de las máquinas inteligentes en 1996 y que termina un poco después de mitad del siglo XXI, no son sino variaciones de dichas leyes. Precisémoslas:

1.- Un robot no debe dañar a un ser humano o, por inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

2.- Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera ley.

3.- Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda leyes.

Sin embargo, es notable que las leyes de Asimov gravitan alrededor del ser humano e impiden que un robot se defienda de la agresión infligida por un humano, como, paradójicamente, ocurre en el cuento El hombre bicentenario, donde Andrew se encuentra a punto de ser asesinado por un grupo de muchachos, pero no puede defenderse porque entraría en conflicto con la primera ley.  En cambio, la criatura de Shelley se adelanta a nuestra incipiente época posthumana al ser concebido como un sujeto de derecho. De allí que nada nos resulte más emotivo que la subjetivación del monstruo. Shelley escribió páginas abundantes en las que la empatizamos con la criatura, con su sufrimiento. Casi dos siglos después, el 26 de octubre de 2017, parece que nuestro mundo alcanzó la exigencia de la criatura, y la de Andrew, cuando Arabia Saudita le reconoció completa ciudadanía a la androide Sofía.

La justicia del pueblo

El miedo es el camino al lado oscuro.
el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio
el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro

Yoda en Star Wars

¿Por qué el monstruo mata a la niña
Y luego le matan a él?

La pequeña Ana en el filme El espíritu de la colmena de Víctor Erice

Algunos pensadores, entre ellos Jean-jacques Lecercle y Slavoj Žižek, han llamado la atención sobre el hecho de que la novela, al igual que el monstruo, está compuesta de partes y de que estas, a su vez, son contradictorias. Frankenstein es una actualización del mito griego de Prometeo, que, por contra a la atemporalidad de cualquier mito, intenta ubicarse en coordenadas temporales precisas, como constatamos con la primera carta enviada por Walton a su hermana, fechada el 11 de diciembre de 17-. Otra huella visible de que la autora deseaba ambientar su historia en un contexto histórico, reciente por demás, es que el monstruo lee Las cuitas del joven Werther, novela de Goethe publicada en 1774. La mayor revelación la encontramos en el capítulo XIX, en el que Víctor narra su viaje a Escocia. Leamos:

“Después, seguimos camino de Oxford. Al entrar en aquella ciudad, no pudimos dejar de recordar los acontecimientos que se habían producido allí siglo y medio antes. Allí había juntado sus tropas fieles Carlos I. La ciudad se había mantenido en su obediencia, aunque le hubiese abandonado toda la nación, para seguir la bandera parlamentaria de la libertad. El recuerdo de aquel rey desdichado y de sus compañeros, el amable Falkland, el insolente Goring, la reina y su hijo, daba un interés particular a cada rincón de la ciudad en que cabe suponer que ha vivido y se ha movido”    

Evidentemente, Víctor se refiere al rey inglés Charles I, monarca que fue decapitado durante la Guerra Civil (1642-1651), conflicto que, a la postre, marcaría el ascenso de Oliver Cromwell y los puritanos al poder. ¿En qué fecha, entonces, tiene lugar la intriga de Frankenstein? Sin que quepa la menor duda, la novela transcurre durante la Revolución Francesa, para ser más exactos, en los días, o cuando menos muy cerca, del periodo del Terror.

Desde este ángulo político, el monstruo que Víctor crea en semejanza a una figura humana contiene el realismo suficiente para metaforizar la violencia de la Revolución, la venganza de un pueblo noble por naturaleza, pero que ha sido empujado al límite por su rey. El monstruo encarna al colectivo enfurecido que arrasa con todo lo que se le ponga por delante, que degenera en terror y dictadura, o, si se quiere, que transforma violentamente el estado de cosas, que pulveriza  el mundo conocido hasta entonces, un evento que emerge como un rayo para interrumpir el curso normal del tiempo. En su libro Las mujeres de la revolución francesa, la historiadora Linda Kelly ilustra esta representación monstruosa:

“La marcha de las mujeres sobre Versalles, como la toma de la Bastilla, fue uno de los grandes hechos simbólicos de la Revolución Francesa, inmenso por sus efectos sobre la imaginación europea. La imagen de las mujeres de París, armadas con picas, cabalgando sobre los cañones, cristalizó en la iconografía del periodo. Fue una imagen que no beneficiaría la causa de los derechos femeninos, pues ayudó a caracterizar a las mujeres, cuando llegó la reacción frente a la Revolución, como seres peligrosos y desnaturalizados, y, por lo tanto no aptos para representar un papel en política”

A la par de esta imaginería monstruosa, debemos subrayar que la figura del monstruo en el discurso político inglés, como una metáfora de las multitudes proletarias, ateas y revolucionarias, antecedía a la novela de Mary Shelley. Edmund Burke, por ejemplo, se refirió a la Revolución Francesa como un “monstruoso espectáculo trágico”. Asimismo, tanto Mary Wollstonecraft como William Godwin, padres de la joven Mary, recibieron la metáfora del monstruo debido a su defensa a las ideas libertarias de la época. Thomas de Quincey arguyó que Godwin  provocaba la misma aversión de un demonio o la de un vampiro. En esta línea, Claire Tomalin, escritora de la biografía Vida y muerte de Mary Wollstonecraft, describe así la reacción tras la muerte de la escritora de Vindicación de los derechos de la mujer:

“La fiebre de deserción de ideas revolucionarias de toda índole se extendió por toda Inglaterra hasta acabar con casi todos sus exponentes. Era de esperar quizá que los hombres rechazaran las reivindicaciones de las mujeres y tildaran a Mary Wollstonecraft y a Mary Hays de criaturas torpes y rapaces que habían sermoneado a sus superiores sociales e intelectuales con temas que escapaban de su comprensión”

Esta aproximación a la novela, ya he señalado, recalca su oscilación entre lados opuestos, los que, a fin de cuentas, no son más que las contradicciones propias de un acontecimiento y una época medular para la modernidad, los Estados modernos y los derechos del hombre y del ciudadano. De allí que Frankenstein reformule un mito excluyendo su atemporalidad; que no asuma definitivamente su contexto histórico, a pesar de que el tiempo que vivió Mary Shelley fue el de los nacionalismos inflados y, por consiguiente, el de las guerras de independencia en América y contra las invasiones napoleónicas en Europa, lo que sirvió al surgimiento del género novela histórica; que también sea una obra de horror gótico, pero en el que lo sobrenatural ha claudicado ante el horror de la ciencia y la técnica; que aunque sus padres, su esposo y sus amigos hayan participado en la lucha libertaria tanto en su escritura como en la realidad (Lord Byron murió en Mesolongi, apoyando la causa griega contra los turcos) Mary no haya escrito directamente sobre ideas libertarias, sino que usó un monstruo como metáfora del pueblo enardecido,  colectivo monstruoso que con una violencia irrefrenable aplasta a sus élites corruptas y termina volteando el status quo.

Lo sublime

Tidal waves don’t beg forgiveness
Crashed and on their wave
Father he enjoyed collisions; others walked away
A snowflake falls in May

Pearl Jam | Man of the hour

Father of mine
Tell me where have you been
You know I just closed my eyes
My whole world disappeared

Everclear | Father of mine

Mi edición de Frankenstein tiene en la portada el conocido cuadro El caminante sobre el mar de nubes, del pintor alemán Caspar David Friedrich, realizado también en 1818, y considerado una de las obras maestras del Romanticismo. La metáfora oceánica de su título recoge muy bien el sentimiento que nos arropa ante él: lo sublime. En su ensayo Cosmos: una ontología materialista, el filósofo francés Michel Onfray escribe que lo sublime se experimenta en la resolución de una tensión entre el individuo y el cosmos, a saber, entre nuestra pequeñez y la inmensidad del tiempo y el universo.  Al juicio estético de Onfray, por otra parte, Caspar David Friedrich es el pintor de lo sublime por antonomasia.

Mary Shelley, en cambio,  fue una escritora de lo sublime. Su imaginación la llevó a explorar lugares que hasta entonces  habían sido imposibles de alcanzar por la humanidad. Así pues, aun cuando más tarde Verne conquistará el centro de la Tierra, el fondo del océano y el espacio exterior a través de las obras prístinas de la ciencia ficción, Shelley puso a sus personajes en el recóndito Polo Norte. Conviene no olvidar las palabras de Michel Onfray  y el hecho de que nos encontramos en pleno Romanticismo inglés, lo que implica que debemos calibrar lo sublime junto con los sentimientos de sus personajes. Dicho de una vez, lo sublime de los espacios de Frankenstein son metáforas de la hondura de los sentimientos de Víctor y su criatura o, para expresarlo con los conceptos pertinentes y con el núcleo problemático de la novela, de odio entre el padre y el hijo.

Un caso ilustrativo de esta sublimidad lograda por la pluma de Shelley sucede en el capítulo XV, cuando la criatura, que ya ha aprendido a hablar, pues se ha subjetivado a través de obras literarias, confronta a su padre en las alturas del frío y pálido Montanvert, en los Alpes Suizos. Shelley firma, entonces, uno de los momentos de mayor grandeza y dolor que se hayan escrito, tanto más en cuanto que la criatura compara su soledad con la del Satán de El paraíso perdido, de John Milton:

“«¡Oh, día odioso, aquel que recibí la vida!», exclamé atormentado. «¡Creador maldito! ¿Por qué formaste un monstruo tan horrible que hasta tú mismo te apartabas de mi repugnancia? Un Dios compasivo hizo al hombre hermoso y atractivo, a su imagen y semejanza; pero mi forma es una parodia inmunda de la tuya, más horrorosa por su parecido mismo. Satanás tenía compañeros, otros demonios como él, que lo admiraban y animaban; pero yo estoy solitario y aborrecido»”

Estética del Polo Norte es una crónica de Michel Onfray decididamente anti-Frankenstein por cuanto que es un conmovedor tributo a la figura paterna. El viaje que emprende el filósofo junto a su progenitor se debe a un viejo sueño de este hombre, quien, como cuenta Onfray en uno de los capítulos del libro, llegó a ser un cuerpo expuesto a las precariedades de la vida. A continuación, detengámonos en esta descripción del Polo Norte, que pone de relieve lo sublime:

“Lo vasto coincide con la desmesura, con lo inmenso. Asusta, angustia al hombre, le enfrenta a su condición de partícula impotente, infinitamente más pequeña. Ante la explosión glacial de un iceberg, viendo venir la ola de varios metros de alto, azul y blanca, pero desafiante como un tifón, todo individuo se siente como una brizna de paja, entiende su cuerpo como una cosa pequeña, frágil, efímera, incluso ridícula, llamada a desaparecer, mientras que todo lo que le rodea persiste por tiempo indefinido”

¿Qué forma pudo haber tenido el Lago Ginebra, ubicado a un costado de la villa Diodati, donde en aquel verano lluvioso de 1816, de hecho el más frío en mucho tiempo,  Lord Byron, el Dr. Polidori, Percy Shelley y Mary Shelley apostaron a ver quién escribía la mejor historia de fantasmas? La forma del agua, el último filme del director mexicano Guillermo del Toro, acaso el mejor contador de historias fantásticas de la actualidad, se instala en la Guerra Fría para mostrarnos dos  ideologías opuestas, cada una con la pretensión de ser más moral que la otra, pero que, por igual, son fábricas para la invención de monstruosidades, de cuerpos que son excluidos, abandonados al margen, por no cumplir con la normalidad que imponen. Un hombre anfibio, una mujer muda, una mujer negra y un homosexual son tan víctimas como el hombre acuático. Este hermoso cuento de hadas moderno deslumbra por su plano sublime al término del filme, cuando la inmensidad del agua envuelve a sus protagonistas y los redime, devienen materia que se aleja de las farsas construidas por la sociedad y regresa a las entrañas puras del planeta.

Maikel Ramírez (Maracay, 1976). Docente y escritor venezolano. Profesor e investigador de la Universidad Simón Bolívar, Sede del Litoral. Magister en literatura latinoamericana. Ha publicado artículos de investigación en revistas de circulación nacional e internacional en el área de las metáforas, las metonimias, los marcos, las categorías y los prototipos conceptuales. Obtuve el tercer lugar del premio de Cuentos para Jóvenes Escritores de la Policlínica Metropolitana (2013). Cuentos suyos han sido publicados en El Nacional, El Periodiquito, Letralia, Prodavinci, Sorbo de Letras, Plesiousario (Perú) y el libro Los moradores, compilado por Manuel Cabesa. Escribe artículos sobre literatura, cine, música, el lenguaje y otros productos de la cultura. Colabora también con Letralia, Ficción Breve y Apapacho Gallery. En la USB, es uno de los organizadores de la Semana de la Lectura y dicta los estudios generales Viaje a través del tiempo: literatura y cine de ciencia ficción, Visiones críticas del cine y El cuerpo que somos: de lo íntimo a lo histórico-social.

 

Hello darkness, my old friend…

Me gusta más leer que escribir, mucho más, creo que soy un lector asiduo, y modestia aparte me considero buen lector, desde niño me incliné por los clásicos, mi Mamá me acercó a ellos cuando aún era muy pequeño, aprendí con ello a emocionarme con las buenas lecturas; libros, folletos, artículos, noticias…

Cuando algo especial leo lo disfruto mucho y lo primero que se me viene a la mente es compartirlo, hasta hace relativamente poco incluía en mis publicaciones alguna breve introducción, ya no lo hago, porque sentí que le restaba calidad y calidez al contenido específico de las publicaciones.

Con una disculpa por distraer su atención a éstas letras introductorias que no tienen más que ver con la muy interesante publicación que les comparto que mi consideración de que debo a ustedes mis amables y queridas(os) lectoras(es) una explicación del porque les comparto, como lo hago, mis publicaciones.

Con un muy especial afecto y gratitud,

Jesús Torres Navarro.

Hello Darkness…

EN 

https://lascronicasdelotromundo.wordpress.com/2017/11/21/hello-darkness/

Hello Darkness…

Hace más de medio siglo que el compositor y cantante Paul Simon, uno de los componentes del mítico dueto conocido como Simon and Garfunkel, compuso su famoso tema The Sound of Silence, editado por Columbia Records en 1964. Muchos creyeron que la letra de tan singular canción, hacía referencia al estado de zozobra generalizado que se había apoderado de la sociedad norteamericana tras el atentado a John F. Kennedy, ya que el primer single salió tan solo tres meses después del magnicidio y que, por tanto, tendría que estar relacionado de algún modo con aquel suceso. Sin embargo, sería el propio Paul Simon quien años más tarde, tras ser preguntado sobre qué le había llevado a componer dicha canción, asegurara, en contra de lo que muchos pensaban, que la había compuesto cuando tenía tan solo veintiún años, tiempo antes del atentado, y que la canción la había compuesto principalmente en el baño, ajeno a todo lo que sucedía en aquella convulsa época. Al parecer, en tan singular estudio, habría encontrado la inspiración necesaria para hablar de un mundo distópico que dilucidó mientras dejaba el agua del grifo correr —aquel sonido decía que le relajaba—, y donde, ayudándose del ligero eco que le proporcionaba aquella diminuta caja de resonancia, apagaba la luz quedándose a oscuras para de esa manera dar rienda suelta a su imaginación. Con esta explicación, tal vez se entienda mejor que tras el célebre arpegio que marca la introducción, sus primeras palabras sean:

<< Hello darkness, my old friend… >>.

La canción es todo un poema a la incomunicación, que ya por aquella época comenzaba a percibirse como una oscura mancha que crecía sin control, sobre todo en las grandes ciudades, atomizando a la sociedad de la época en seres solitarios y autosuficientes. En ella se describe un sueño en el que se presenta un lúgubre escenario: un mundo frío donde las personas ya no hablan entre sí, ni siquiera se escuchan, donde todos escriben canciones que jamás nadie compartirá, al parecer, preocupados únicamente en la promoción de su propio ego. Todos ellos viven atemorizados por una poderosa deidad que se les presenta como una gigantesca luz de neón a la que todos adoran, y que les indica con resplandecientes letras, que toda la verdad que necesitan para vivir se encuentra escrita en esas mismas luces que se extienden por toda la ciudad, y que es susurrada una y otra vez sobre el mísero silencio.

neon light

Hoy, más de medio siglo después, si uno mira con detenimiento una fotografía que fue tomada en la Mobile World Congress de Barcelona en 2016, y en la que se ve a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, caminando entre miles de asistentes que ignoran su presencia, absortos completamente en sus gafas de realidad virtual, creería escuchar aquellos acordes en su cabeza recomponiendo la voz de Paul Simon y Arthur Garfunkel, imaginando que esa poderosa luz de neón que en la canción aseguraba contener toda la verdad, podría haber comenzado su adoctrinamiento a través de las gafas de realidad virtual presentadas en aquella feria y que, todos aquellos idólatras de las nuevas tecnologías, llevaban puestas frente a sus ojos en el momento en el que se tomó tan polémica fotografía; mientras Mark Zuckeberg se disponía a subir al estrado para su presentación.

zuck.0.0

¿Quién sabe? Lo cierto es que a veces resulta muy difícil establecer los límites que separan la inspiración del presagio. Seguramente, muchos de vosotros ya habréis visto el vídeo que os dejamos a continuación, muy compartido en las mismas redes sociales que critica, sin embargo, al incorporar a esta sátira animada el tema The Sound of Silence, hace que uno piense hasta qué punto, aquella oscuridad cómplice no terminó revelándole al compositor los reflejos del futuro.

El Nobel de Física para tres científicos que prueban que Einstein tenía razón — LEOPOLDO MENDÍVIL Blog

By: HuffPost Los astrofísicos estadounidenses Barry Barish, Kip Thorne y Rainer Weiss ganaron el Premio Nobel de Física este martes por su contribución a la detección de las ondas gravitacionales, abriendo una nueva ventana para el conocimiento del universo, anunció el jurado del prestigioso galardón sueco. Los tres galardonados, explica el fallo, han contribuido “con […]

a través de El Nobel de Física para tres científicos que prueban que Einstein tenía razón — LEOPOLDO MENDÍVIL Blog

El Nobel de Física para tres científicos que prueban que Einstein tenía razón.

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Los astrofísicos estadounidenses Barry Barish, Kip Thorne y Rainer Weiss ganaron el Premio Nobel de Física este martes por su contribución a la detección de las ondas gravitacionales, abriendo una nueva ventana para el conocimiento del universo, anunció el jurado del prestigioso galardón sueco.

 

Los tres galardonados, explica el fallo, han contribuido “con su entusiasmo y determinación” de forma “inestimable” a poner en marcha el Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO), la iniciativa que detectó por primera vez esas ondas, fenómeno cósmico que Albert Einstein había predicho un siglo antes en su Teoría General de la Relatividad.

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Desde el descubrimiento en septiembre de 2015, el LIGO ha observado dos eventos similares, y el detector franco-italiano VIRGO, localizado cerca de Pisa (Italia) y que se unió al proyecto hace unos meses, otro a finales del mes pasado.

“Asistimos al amanecer de un nuevo campo: la astronomía de las ondas gravitacionales”, anunció a periodistas Nils Martensson, presidente interino del Comité del Nobel para la Física, citado por Reuters. “Esto nos enseñará sobre los procesos más violentos del universo y nos llevará a nuevas percepciones sobre la naturaleza de la gravedad extrema”, añadió.

Desde que Einstein las formuló en su Teoría General de la Relatividad, muchos físicos intentaron detectarlas, aunque incluso el propio científico alemán llegó a creer que nunca se podrían medir o dudó de que no fueran sino una ilusión matemática.

Además, los tres físicos fueron reconocidos este año, junto al proyecto LIGO, con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Weiss, Thorne y Barsih trabajan en la Colaboración Científica LIGO y VIRGO, que une a los detectores del LIGO localizados en Livingston (Louisiana) y Hanford (Washington) y el detector franco-italiano VIRGO, localizado cerca de Pisa (Italia).

Para entender mejor, puedes escuchar al doctor Shahen Hacyan, del Instituto de Física de la UNAM, quien explica la importancia de las investigaciones del trío de científicos.

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Ver imagen en Twitter Weiss, Barish y Thorne suceden en el palmarés del Nobel a los británicos David Thouless, Duncan Haldane y Michael Kosterlitz, galardonados por revelar los secretos de la materia exótica.

El poder revelador de los eclipses – CIENCIA.

CIENCIA.

Un eclipse total de Sol visto sobre el río Nilo en Egipto, en 1900. La observación durante los eclipses solares ha generado una gran riqueza intelectual en infinidad de ámbitos a lo largo de la historia. Un eclipse total de Sol visto sobre el río Nilo en Egipto, en 1900. La observación durante los eclipses solares ha generado una gran riqueza intelectual en infinidad de ámbitos a lo largo de la historia. crédito Science & Society Picture Library/Getty Images.

El poder revelador de los eclipses.

Al cubrir al Sol, los eclipses han impulsado importantes descubrimientos desde hace al menos unos 2000 años no solo de la estrella, sino de diversos planetas de nuestro sistema solar y hasta del universo.

Por Kenneth Chang, 20 de agosto 2017. 

Hiparco, el astrónomo y matemático griego que vivió hace más de 2000 años, utilizó el eclipse solar para resolver un problema de geometría celeste.

Él sabía que en un punto al noroeste de Turquía un eclipse había cubierto por completo al Sol pero en Alejandría, a unos 950 kilómetros, solo lo había cubierto en cuatro quintas partes. Con ese pequeño dato, calculó la distancia entre la Tierra y la Luna con un margen de error del 20 por ciento.

Hiparco fue uno de los primeros eruditos que aprovechó los eclipses para realizar estudios científicos. En siglos más recientes, los investigadores han utilizado estos sucesos como oportunidades para estudiar el sistema solar, en especial el Sol.

Por lo general, el Sol es demasiado brillante para ver cualquier cosa en sus proximidades. Su radiante halo, conocido como corona solar, solamente es visible durante los eclipses.

  Un eclipse total de Sol donde se aprecia la corona solar en Brasil, en 1919. Credit Science & Society Picture Library, vía Getty Images.

En 1605, el astrónomo alemán Johannes Kepler consideró que la corona que se observaba durante un eclipse podría deberse a una atmósfera alrededor de la Luna que dispersaba la luz solar. Con el tiempo, los científicos se dieron cuenta de que la corona rodeaba al Sol y no a la Luna.

Algunos observadores también reportaron arcos gigantes que emanaban del Sol, ahora se sabe que las protuberancias solares se extienden a lo largo de cientos de miles de kilómetros en el espacio.

La invención del espectroscopio, a mediados del siglo XIX, generó nuevos descubrimientos solares. Un prisma de cristal refracta la luz y la descompone en un arcoíris de colores emitidos por átomos y moléculas específicos: en cierta forma, una especie de códigos de barras que identifican los elementos que producen la luz.

En 1868, el científico francés Pierre Janssen viajó a la India para presenciar un eclipse a través de un espectroscopio y concluyó que las protuberancias solares estaban compuestas, en su mayoría, de gas de hidrógeno caliente.

Pero una brillante línea amarilla que se observaba a través del espectroscopio y que, en un principio se creyó que era un identificador de sodio, no correspondía con la longitud de onda del sodio.

Fue así como se descubrió el helio, el segundo elemento más común en el universo. Aunque en la Tierra no se encontró sino hasta trece años más tarde.

 El observatorio de Norman Lockyer en la costa de Kent, Inglaterra, en 1890. Lockyer es uno de los científicos a quienes se atribuye el descubrimiento del helio. CreditScience & Society Picture Library/Getty Images.

 A la izquierda, una fotografía de 1878 de la superficie solar, que fue tomada por el astrónomo francés Pierre Janssen, a la derecha. CreditA la izquierda: Science & Society Picture Library, vía Getty Images; a la derecha: Oxford Science Archive/Print Collector, vía Getty Images.

Durante un eclipse total de Sol en 1869, dos científicos estadounidenses, Charles Augustus Young y William Harkness, observaron de forma independiente una inesperada y débil línea verde en la corona.

La hipótesis de los científicos señalaba que se trataba de la emisión de un nuevo elemento, al cual se le llamó coronio. No fue sino hasta la década de 1930 que los investigadores se dieron cuenta de que el coronio no era un elemento nuevo, sino que se trataba de hierro desprovisto de la mitad de los 26 electrones de cada átomo.

Este descubrimiento confirmaba las temperaturas extremadamente altas del Sol y sugería un nuevo misterio.

Las líneas de color que se perciben en un espectrómetro también pueden utilizarse para medir la temperatura. La superficie solar tiene una temperatura aproximada de 5600 grados Celsius.

No obstante, las mediciones de la corona que comenzaron a realizarse durante el eclipse de 1932, determinaron que la temperatura era mucho más alta: de millones de grados. Desde entonces, los científicos dedicados al estudio del Sol han tratado de averiguar por qué la corona se calienta tanto.

Los eclipses han enseñado bastante sobre el funcionamiento del sistema solar, pero estos sucesos también han echado por tierra algunas ideas asentadas con firmeza.

Hace tiempo, los astrónomos descubrieron que Mercurio, el planeta más interno de nuestro sistema solar, oscilaba dentro de su órbita mucho más de lo que debería conforme a las leyes del movimiento de Newton. En el siglo XIX, muchos pensaban que debía haber un planeta más pequeño dentro de la órbita de Mercurio que lo atraía. Lo llamaron Vulcano.

Varios observadores reportaron haber visto un pequeño punto cruzar frente al Sol y gran parte de ellos estaban convencidos. “Vulcano existe y ya no es posible negar o ignorar su existencia”, publicó The New York Times en septiembre de 1876.

Durante la oscuridad del eclipse solar que sucedió un par de años más tarde, dos astrónomos —uno ubicado en Wyoming y el otro en Colorado— aseguraron, cada uno por su cuenta, haber visto planetas dentro de la órbita de Mercurio.

Pero estaban equivocados; lo que probablemente vieron fueron estrellas bastante conocidas que se vuelven visibles en la oscuridad del eclipse. Hacia finales del siglo, muchos científicos dudaban que Vulcano estuviera ahí y, en 1915, la teoría de la relatividad de Einstein ofreció una explicación plausible para la oscilación de Mercurio: una distorsión en el espacio-tiempo originada por el Sol.

Las ideas de Einstein sentaron las bases para el experimento del eclipse de 1919, el más famoso de todos los tiempos. Durante este suceso, sir Arthur Eddington observó la curvatura de la luz estelar alrededor del Sol. Los descubrimientos confirmaron las premisas de la teoría.

Los eclipses solares no solo se han utilizado para deducir qué es lo que sucede en el sistema solar, sino también para estudiar la Tierra.

En 1695, el astrónomo Edmund Halley descubrió que los cálculos modernos no predecían del todo los eclipses anunciados en épocas ancestrales. Y resulta que eso se debe a que la velocidad de rotación de la Tierra ha disminuido.

 CreditScience & Society Picture Library/Getty Images.

Los registros históricos chinos han proporcionado algunas pistas necesarias para determinar cuánto se ha lentificado. En el siglo IV a. C., el filósofo chino Mozi, en su descripción de una batalla épica que había ocurrido 1500 años atrás, escribió que “el Sol salía de noche”.

Al hojear el texto en la Universidad de California, en Los Ángeles, hace un par de décadas, Kevin D. Pang, en ese momento científico de la NASA, se dio cuenta de que no se trataba de la narración de una cruenta batalla, sino de la descripción de un eclipse total.

El eclipse, que tuvo lugar cerca del atardecer, describía un breve paso hacia la noche para luego volver a ver la salida del Sol y, así, presenciar un amanecer nocturno.

Se sabía tanto el día como el lugar de la batalla. Simuladores en computadora determinaron la lentificación de la velocidad de rotación de la Tierra que era necesaria para hacer que la sombra del eclipse ocurrido aquel día pasara sobre el campo de batalla.

Si en aquel entonces la Tierra giraba más rápido, el día era más corto por 0,07 fracciones de segundo.

Los eclipses también ayudan a poner a prueba modelos climatológicos. “Por lo general no estamos en la posición de apagar un interruptor y ver lo que sucede con la sencillez de los procedimientos de causa y efecto”, señaló Giles Harrison, profesor de Física Atmosférica en la University of Reading en Inglaterra.

Cuando el Sol desaparece, la temperatura desciende y los vientos se calman. Con base en información recopilada por una estación meteorológica del eclipse de 1900 que cruzó Norteamérica, el meteorólogo H. H. Clayton se dio cuenta de que, al parecer, los vientos también cambiaban de dirección.

Durante un eclipse en 2015 en Inglaterra, Harrison y un colega analizaron la información de la estación meteorológica y reunieron observaciones de varios miles de científicos ciudadanos. Descubrieron que la dirección del viento cambiaba entre 20 y 30 grados, dado que el aire caliente había dejado de elevarse desde el suelo.

“Ese hecho confirma ampliamente el pensamiento de Clayton, ideas de hace más de cien años”, apuntó Harrison.

Enlace al artículo original de la sección  CIENCIA  del New York Times en español publicado el 20 de agosto de 2017: https://www.nytimes.com/es/2017/08/20/eclipses-solar-ciencia-hallazgos/?rref=collection%2Fsectioncollection%2Findex .