¿Se lo han contado a sus hijos? — El Periscopio

 

No te quejes, que hemos venido aquí porque es tu cumpleaños.

No, si no me quejo.

La conversación, entre tres chicas adolescentes, se produjo en pasillos surcados de camisetas a 4 euros, bragas a 4 el pack de 3 y similares baratijas cualquier sábado en un templo de la ganga. El gran festejo para conmemorar la llegada de la joven al mundo se iniciaba de compras a bajo precio. Cada cual sabe cómo prefiere celebrarlo.

La incomodidad debía proceder de la aglomeración. Mucha gente se afanaba en la tarea y, entre ella, numerosos niños. Los niños pueblan los centros comerciales aprendiendo desde muy temprana edad la diversión del mundo creado para ellos. Ojean, buscan, opinan, dicen “quiero” esto o lo otro, “me lo pido”.

Filas de camisetas idénticas, en distintos tonos. A 2, 3 y 4 euros. Con su tela, su corte, su ensamblaje, su cosido puntada a puntada, planchado, etiquetado, almacenaje, distribución, colocación. 2, 3, 4 euros. Me dijeron los vendedores que, con prendas algo más caras –8, 10 y 12 euros– pegan otra etiqueta de precio inferior. Los bajos fondos del consumismo. Con niños por doquier.

Niños, adolescentes, como los que en el Instituto Neil Armstrong de Valdemoro (Madrid), han sufrido golpes de calor y crisis de ansiedad porque el centro, sobrecargado, sufre graves deficiencias. Aún andan, siglo XXI, con aulas prefabricadas que se recalientan. La educación física se practica en la calle porque no hay gimnasio. Si enferman por el calor, como esta semana, los llevan al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Los abanicos de papel que les aconsejó el consejero de Sanidad de Cifuentes no bastaron para temperaturas en torno a los 40º.

¿Qué podía salir mal? Votan al PP y a Ciudadanos, derecha. Un par de sus alcaldes, Granados y Boza andan entre rejas por corrupción o saliendo con permiso. Algún otro, investigado. Al IES le pilló de lleno la trama Púnica que se enriquecía con colegios a costa de los escolares. Y Valdemoro siguió votando derecha. Ahora está algo más repartido el voto, pero prevalece la derecha.

Niños. Como los que han caído Bajo el Umbral de la Pobreza y que sitúan a España en el puesto número 28 de los 41 países más ricos que forman la OCDE. Tampoco está tan mal, ¿eh? En Europa incluso nos encontramos en situación algo mejor que Lituania, Rumanía,  Malta y poco más.

Tenemos a más de 2,5 millones de niños pobres, según este informe de UNICEF, organización de la ONU vituperada en particular por el autor de la Amnistía Fiscal a los amigos ricos, que ha considerado inconstitucional el TC. Montoro, aún ministro. El Gobierno confirma la cifra de todos modos. El 30%, 1 de cada 3 que gustan decir para que se entienda mejor. En 2012 nos echábamos las manos a la cabeza porque eran más de 2 millones. El informe señala, además, que España es uno de los países con mayor desigualdad y con menos ganas de acabar con esa lacra. La España de Rajoy invierte casi la mitad de la media europea en la protección social de los niños, destaca el estudio. Entretanto se rescata a los bancos con nuestro dinero y el Banco de España da por perdidos 60.600 millones de euros, hay que saber quién manda y para qué se gobierna.

La noticia del informe sobre pobreza infantil en la Cadena SER comenzaba diciendo “ Tirón de orejas de UNICEF al Gobierno de Rajoy“. El Parlamento se lo estaba dando bien al rechazar la moción de censura de Unidos Podemos planteada básicamente por corrupción y, sin duda, por sus consecuencias. Le dieron tirón con orla y cuatro vueltas al ruedo los socios del PP, mientras la prensa aplaudía a unos niveles de sumisión que enrojecían de vergüenza solo con ojearlos. En el instituto de Valdemoro se ve con claridad la cadena. Se empieza por robar de los centros educativos, se acaba en barracones y de ahí al Tanatorio que es el único centro cercano con aire acondicionado. Este final no lo hubiera firmado ni Berlanga.

Pero parece que hay gente que piensa que esto lo arreglará el bocazas machista que responde al nombre de Rafael Hernando en la manada. O la vicepresidenta de risa floja cuando insultan a una portavoz “enemiga” que lo está haciendo muy bien. O Rajoy, el dios a preservar por la derecha mediática. O Rivera que ya ha confirmado lo que supimos desde el minuto 1, que él pondrá cuantas trabas sean precisas para que nadie desbanque a Rajoy de la Moncloa. O Cifuentes que lanza también a su jauría para atacar a Lorena Ruiz-Huerta, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, a la que no puede soportar.

Todos estos se lo van a arreglar. Fíense de Susanna Griso, tan presta a lavar lo que tenga Hernando por cara. O a criticar lo que ocurre lejos de España para que veamos la suerte de contar aquí con el PP. O de Inda y Marhuenda. O de Caño y Cebrián. En TVE también hay unos cuantos que les van a sacar las castañas del fuego. Todos estos lo van a solucionar. Porque la culpa de todo la tiene el 15M, y Podemos, Iglesias, y sobre todo, ahora, Irene Montero con la que no contaban.

Aquel sábado en el templo de la baratija y la ganga corrían tropezándose con los adultos –que es una nueva costumbre infantil– unos cuantos niños con el aire de suficiencia del primer mundo. Y por un instante sentí que veía aquellos mismos pasillos con las tejedoras en serie y aquellos niños españoles, sentados, cosiendo, encorvados. Se ha denunciado que las fábricas que surten a los grandes comercios occidentales emplean a críos de su edad. Cuánta explotación hace falta para cobrar 2 euros por camiseta, y menos en las próximas rebajas. Cuánto sufrimiento.

El derecho a progresar ha de erigirse sobre condiciones laborales, humanas, más justas. 85 millones de niños en el mundo trabajan a la fuerza. Una de las más grandes explotadoras es Ivanka Trump, a cuyo padre o dinastía han aupado a puestos de decisión estelares unos cuantos millones de seres inanes que no piensan o quieren fastidiar. “Los salarios son tan bajos que algunos no pueden vivir junto a sus hijos, mientras colocan etiquetas con precios que equivalen a semanas de trabajo”. El marido de Ivanka, por cierto,  construyó un edificio de lujo con fondos para barrios pobres. Una familia muy compenetrada en sus objetivos. No es la única.

Lo peor es que explotadores y embaucadores no andan en lejanas montañas. Los escenarios desoladores se construyen trabajando la injusticia y la irreflexión, en cualquier parte. La globalización del abuso es un hecho. Aquel sábado, como este y muchos más, me pregunté si aquellos padres habían contado a sus hijos quiénes y cómo elaboran esos productos. Si les habían advertido que, por el camino que vamos, un día pueden verse igual, en el otro lado de la fortuna. Hacen falta muchas manos para vender a 2 euros; muchas, para saciar la codicia aquí de tanto ladrón. ¿Se lo han contado a sus hijos?

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El largo y solitario camino de Chelsea Manning

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia”.

El largo y solitario camino de Chelsea Manning

En 2010 fue responsable de la filtración de información clasificada más grande en la historia de Estados Unidos que transformó la relación del poder político y militar con internet. En una entrevista exclusiva al salir de la cárcel, habla del mundo que ayudó a formar y de por qué cree que “hay cosas que deben mantenerse en secreto”.

Por 12 de junio de 2017.

créditoInez & Vinoodh para The New York Times. Estilista: Alex White

Una mañana gris de primavera, Chelsea Manning se subió al asiento trasero de una camioneta de color negro y le pidió a su guardia de seguridad que la llevara al Starbucks más cercano. Se avecinaba una tormenta a Manhattan y Manning estaba preparada: tenía sus botas Dr. Martens negras, un paraguas y un vestido negro ajustado. Sus piernas desnudas, sus ojos azules. No se había maquillado casi nada: un poco de delineador de ojos y brillo de labios rosado.

En Starbucks ordenó un mocha de chocolate blanco y se sentó en un banco. Manning siempre ha sido algo pequeña —mide 1,62— pero durante sus últimos meses en las barracas disciplinarias de Fort Leavenworth, Kansas, comenzó a correr con un afán casi religioso, en el patio de la prisión y en la pista interior del gimnasio, y su cuerpo quedó más definido; era notorio en sus brazos y sus pómulos. Se veía sana y en forma, aunque algo inquieta, como se ven aquellos que han estado mucho tiempo en prisión.

Apenas ocho días antes estaba en la cárcel. Fue liberada tras cumplir siete años de una condena de 35. Su delito fue impresionante: filtró alrededor de 250.000 cables diplomáticos estadounidenses y 480.000 reportes militares de las guerras de Afganistán e Irak a WikiLeaks. Es la filtración más grande de información clasificada en la historia de Estados Unidos; allanó el camino para Edward Snowden y elevó el perfil de Julian Assange, en ese entonces poco conocido fuera de ciertos grupos de hackers.

“Sin Chelsea Manning”, me dijo hace poco P. J. Crowley, subsecretario de Estado de 2009 a 2011, “Julian Assange solo sería otro actor marginal que se resiente con lo que ve como la hegemonía de un Estados Unidos con orgullo desmedido”. Las acciones de Manning representan, en palabras de Denver Nicks, autor de un libro sobre el caso, “el inicio de la implosión de la era de la información”: aquella en la que las filtraciones son un arma, la seguridad de los datos es de suma importancia y la privacidad, una mera ilusión.

En enero de 2017, después de haber estado encerrada en cinco sitios diferentes y de vivir en condiciones que las Naciones Unidas calificaron como “crueles” e “inhumanas”, la condena de Manning fue conmutada de manera sorpresiva por el presidente Barack Obama. Cuatro meses después, Manning estaba libre e intentaba adaptarse otra vez a vivir en el mundo que ayudó a formar.

Al terminar su café sacó su iPhone del bolso y le pidió al guardia de seguridad que la llevara de regreso al departamento en el que se estaba quedando en Manhattan. Un departamento con una habitación y pocos muebles, entre ellos una mesa de cristal y un sofá de color canela, enfrente del cual Manning había puesto una consola de videojuegos Xbox One. La decoración era del estilo de un motel insulso: un cuadro con arte símil de los Viejos Maestros, otro de una cebra enfrente de un bosque. Estábamos en un piso alto, rodeados por nubes de tormenta, y desde la ventana se alcanzaban a ver las agujas de los rascacielos del otro lado del río Hudson.

Manning, de 29 años, me señaló un microondas desconectado al lado de la puerta y me pidió que pusiera ahí mi computadora portátil: actuaría como una jaula de Faraday para bloquear las ondas de radio, me explicó. Pero el microondas ya estaba lleno de otros aparatos, entre ellos los dos controles del Xbox. “Puedes ponerla en el microondas de la cocina”, me dijo Manning. Intuyó lo extraño que me parecía su pedido antes de añadir: “Nunca se pone demasiado cuidado”.

Recordó que la última vez que le había dado una entrevista en persona a un periodista fue en 2008. Durante casi una década, tuvo prohibido comunicarse con el público y se mantuvo en silencio mientras su historia era contada en libros, una ópera, una puesta en escena a las afueras de Broadway y en decenas de artículos de revistas, prácticamente todos escritos antes de que Manning revelara que era transgénero. “No era la historia completa”, me dijo, “mi historia completa”.

Sin que se escuchara su propia voz, surgieron dos narrativas opuestas. Una calificaba a Manning —en palabras del presidente Donald Trump— como una “traidora desagradecida”; la otra la posicionó como un icono trans y una heroína de la transparencia; una “mártir secular” fue como la describió hace poco Chase Madar, exabogado y autor de un libro sobre el caso. Pero frente a Manning, ambas narrativas se quedan cortas, se sienten como una simplificación imposible; empezando por el hecho de que la misma Manning sigue batallando con el significado de lo que hizo hace siete años. Cuando le pregunté qué lecciones había aprendido en el camino, se puso inquieta. “No tengo…”, empezó a decir. “He estado tan ocupada intentado sobrevivir durante los últimos siete años que no me he enfocado para nada en eso”.

Insistí: seguramente debe tener alguna impresión del impacto que tuvo en el mundo. “Desde mi punto de vista”, respondió, “el mundo me formó más a mí que otra cosa. Es un ciclo de retroalimentación”.

 La escuela primaria de Crescent en Oklahoma CreditEllen Nakashima/The Washington Post, vía Getty Images.

Desde que tiene memoria de su infancia en Crescent, en las afueras de la zona metropolitana de la ciudad de Oklahoma, Chelsea Manning ha sufrido un intenso sentimiento de estar desencajada; algo constante y psíquico que no podía definir para sí misma, mucho menos para su hermana mayor, Casey, o para sus padres, Brian y Susan. Durante una de nuestras entrevistas, mencioné que había escuchado a un psicólogo clínico comparar a la disforia de género (el sentir que el género discrepa con el sexo biológico) con un “dolor de muela gigante y cósmico”. Manning se sonrojó. Exactamente eso era, me dijo: “En la mañana, por la tarde, al desayunar, comer, cenar, donde sea que estés. Está ahí a donde vayas”.

A sus cinco años, recordó Manning, le confesó a su padre, un gerente de informática en Hertz, que quería ser una niña “para hacer cosas de niña”. Brian respondió con un discurso largo y torpe sobre las diferencias esenciales en “las tuberías”. Pero Manning me dijo: “No entendí cómo eso tenía que ver con cómo te vestías o te comportabas”. Poco después, comenzó a escabullirse en el cuarto de su hermana para ponerse los jeans y chamarras de Casey. Se sentaba frente al espejo y se ponía labial y rubor, que se quitaba apurada y de manera frenética si escuchaba cualquier ruido en el piso de abajo.

“Quería ser como (Casey) y vivir como ella”, dijo.

“Llegaba llorando a casa algunos días y si mi papá estaba ahí me decía: ‘Deja de llorar y actúa como un hombre’”.

Cuando estaba en la primaria, le dijo a un amigo heterosexual que era gay. El amigo fue comprensivo; los otros niños de la escuela no tanto. Manning intentó retractarse, pero las burlas siguieron. “Llegaba llorando a casa algunos días y si mi papá estaba ahí me decía: ‘Deja de llorar y actúa como un hombre’. Como ‘Regresa ahí y golpea a ese niño en la cara’”. Era el final de los años noventa, cuando el movimiento trans todavía era muy marginal. “Lo más cerca que estuve de saber algo fue por cómo presentaban a personas travesti al estilo drag queeen en la televisión amarillista”, me dijo Manning. Pasaba su tiempo pegada a las computadoras que su padre siempre llevaba a casa, jugando videojuegos o aventurándose a escribir código básico.

Sus padres tenían sus propios problemas. Cuando Manning tenía doce años, Susan se tomó una botella entera de tranquilizantes. Casey llamó al 911; le dijeron que la ambulancia más cercana estaba a media hora. Casey entonces subió a su madre al coche; Brian estaba, según Manning, demasiado alcoholizado como para manejar y se fue en el asiento de copiloto, mientras que Chelsea, aterrorizada, terminó en el asiento trasero, intentando asegurarse de que su mamá todavía respiraba. Me dijo que fue un incidente formativo. “Crecí muy rápido después de eso”, me dijo. (No fue posible hablar con Brian sobre este asunto).

En Gales, país de origen de Susan y a donde Manning se mudó con ella en 2001 después del divorcio, Chelsea dijo que asumió todas las tareas del hogar, como pagar las cuentas y hacer las compras en el súper. Ahí también había libertades: podía comprar su propio maquillaje, usarlo durante unas horas en público y tirarlo en un basurero cuando ya iba de regreso a casa. La mayoría de sus tardes las pasaba en la computadora, en grupos de chat de personas LGBT. Cambió su modo de ver el mundo.

Cuando estaba en Oklahoma, Manning había asumido como propias muchas de las posturas conservadoras de su padre; “No cuestionaba nada”, me dijo. Pero en la escuela en la que estudiaba en Haverfordwest le enseñaron sobre el movimiento de los derechos civiles, el Temor Rojo por el comunismo, los campos de concentración para los japoneses en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En un ensayo para una clase de historia criticó las razones que se usaron para la invasión de Irak.

 Manning en su infanciaCreditVCG Wilson/Corbis vía Getty Images.

Cuando Manning regresó a Estados Unidos en 2005 para vivir con Brian y su nueva esposa en Oklahoma, era otra persona, aunque no transformada por completo: usaba delineador de ojos y se dejó largo el cabello, que había teñido de negro. “Pensé: ‘Igual solo quiero deshacerme de esta cosa del género y ser un género neutro, como andrógino’”, dijo. Encontró trabajo en una empresa emergente de internet y gracias a un sitio web de citas conoció a su primer novio, que vivía en otro poblado, a 110 kilómetros. Su madrastra, según Manning, no le permitía entrar a la cocina: “Ella sentía que yo estaba sucia”.

Manning no le dijo a nadie lo que cada vez veía más claro: no era gay, no era travesti; era una mujer. Su novio y ella terminaron su relación en el verano de 2006 y decidió dejar Oklahoma, con todas sus pertenencias apiladas en su pickup Nissan. Se volvió viajera itinerante por un tiempo: en Tulsa trabajó en una pizzería, en Chicago en una tienda de guitarras y luego vivió con su tía en los suburbios de Washington; con ella se sintió más conectada que con cualquiera de sus padres. Acudió a un psicólogo en cuatro ocasiones, pero no sintió que pudiera desahogarse más de lo que había podido hacerlo con amigos o familiares. “Tenía miedo”, dijo Manning. “No sabía que la vida podía ser mejor”.

Brian Manning le había contado en varias ocasiones a Chelsea de los buenos momentos que había vivido en el ejército; le había dado algo de estructura y rudimentos, dijo. Manning no había escuchado a su padre en ese entonces, pero ahora sí. Alistarse al ejército quizá era lo que necesitaba para “actuar como un hombre”, deshacerse del dolor. Aunque había matizado sus impresiones sobre la política exterior estadounidense, seguía sintiéndose como una patriota, y en el ejército podría usar sus herramientas de análisis para ayudar a su país.

Ese otoño, Manning se reportó en el fuerte Leonard Wood en Misuri para entrenamiento básico. En pocos días ya tenía herido el brazo. “Los sargentos instructores actuaban como si me estuviera haciendo el enfermo o algo”, dijo. “Pero yo estaba como: ‘No, no me quiero salir de esta. Realmente no puedo sentir mi mano derecha’”. Un soldado que estuvo con Manning en Misuri le dijo a The Guardian que a Manning le decían mucho “Marica”. “Le llegaban los golpes de todas partes. No podía satisfacer a nadie. Y lo intentaba, realmente lo hacía”, dijo aquel soldado.

El ejército, que necesitaba más miembros para luchar contra las insurgencias en Afganistán e Irak, le dio otra oportunidad a Manning en el campo de entrenamiento básico. En 2008 se graduó y pasó a la escuela para inteligencia de Fort Huachuca en Arizona. Allí fue entrenada para clasificar lo que en términos militares se conoce como “SigActs”, o acciones significativas: los reportes escritos, fotografías y videos de los combates, explosiones y tiroteos que en conjunto forman un mosaico de la guerra moderna. Manning me dijo que sentía que encajaba bien entre los agentes de inteligencia en Huachuca. “Había más gente que pensaba parecido ahí”, dijo. “No era: ‘Ra, ra, ra, hay que hacer esto’. Nos alentaban a pronunciarnos, a tener opiniones, a tomar nuestras propias decisiones”.

En su primer puesto oficial, Fort Drum, en el estado de Nueva York, a Manning le encargaron participar en la construcción de una herramienta digital que monitorearía y clasificaría de manera automática SigActs de Afganistán. Cada día, durante horas, veía filmaciones de visión nocturna y leía reportes de campos de batalla lejanos. Desde entonces fue expuesta al derramamiento de sangre que la impulsaría a filtrar los documentos. Pero en ese momento todavía manejaba el material con cierta distancia espacial y emocional. Seguía “ansiosa” de ir al frente, me dijo. “Estaba hambrienta”.

Por medio de un sitio web de citas para gays, conoció a un estudiante de la Universidad de Brandeis llamado Tyler Watkins. Comenzó a viajar a la zona de Boston para visitarlo y se volvió cliente regular de Pika, una cooperativa del Instituto de Tecnología de Massachusetts, y visitante frecuente de Builds de la Universidad de Boston, una comunidad local de hackers. En las reuniones en Pika encontró amigos que veían en la codificación lo mismo que ella: un pasatiempo, un válvula de escape, una vocación. Se quedaban hablando hasta la madrugada. Yan Zhu, en ese entonces estudiante de licenciatura en MIT, recuerda a Manning como una persona “obviamente inteligente”, pero “nerviosa”. A Zhu le quedaba claro que Manning parecía tener algo que la acechaba. Nunca pudo averiguar qué era: ese otoño, la unidad de Manning fue enviada a Irak.

En octubre de 2009, Manning se subió a un helicóptero Black Hawk en Bagdad camino a la base Foward Operating Base Hammer, casi 50 kilómetros al este de la ciudad. En la cabina empezó a ponerle nombre a lugares que por mucho tiempo habían sido abstracciones digitales. “Había visto las imágenes durante nueve o diez meses”, recordó Manning, “y conocía tan bien el paisaje desde el aire que reconocía los vecindarios. Ver a la gente caminando y manejando, y los edificios y los árboles debajo, me hizo despertar”.

Cada noche, Manning se levantaba a las 21:00 en su catre, se vestía en camuflaje y agarraba su rifle. Comía algo y caminaba al Sensitive Compartmented Information Facility (dependencia de información sensible y compartimentada), o SCIF. La habitación segura era una “caja de madera” mal ventilada ubicada en la cancha de básquetbol. Se sentaba en una silla reclinable y pasaba la noche viendo tres computadoras. Escondida en el SCIF, trabajaba durante ocho horas seguidas revisando reportes metidos al sistema de manera segura por tropas estadounidenses en el campo y tratando de destilar los datos en bruto para los oficiales de inteligencia de alto nivel. Allí su aislamiento cobró nueva vida: seguía alejada del conflicto verdadero, aunque alcanzaba a escuchar el estallido de coches bomba y, a veces, se topaba con otros soldados empolvados y aturdidos después de regresar de un tiroteo.

“En algún momento dejé de ver archivos y empecé a ver a personas”.

En ese momento, me dijo Manning, estaba demasiado ocupada como para pensar en las implicaciones de lo que veía. “Al hacer mi trabajo ni siquiera podías leer todo en el archivo”, dijo. “Era necesario leer por encima para más o menos encontrar qué era relevante y qué no”. Aun así, tenía una impresión mucho más abarcadora del papel estadounidense en Irak que la infantería en el campo —literalmente, por las imágenes aéreas— y cuando octubre dio paso a noviembre comenzó a sentirse cada vez más consternada de que había poca conciencia pública sobre una guerra que parecía ser inútil e ininterrumpidamente sangrienta. “En algún momento”, me dijo, “dejé de ver archivos y empecé a ver a personas”: los soldados estadounidenses ensangrentados, los civiles iraquíes baleados.

En los pocos momentos que tenía fuera del SCIF, Manning acompañaba a funcionarios de alto nivel a reuniones con el ejército y la policía federal iraquíes, que profundizaron su desilusión. “Eran estas sesiones del té con los policías federales iraquíes en sus uniformes azules y el ejército iraquí en camuflaje que parecía de chispas de chocolate y los estadounidenses en nuestro camuflaje verde manchado”, dijo Manning, y todos hablando diferentes idiomas, con propósitos frecuentemente encontrados. “Entraba pensando que eran temas blanco y negro. No lo eran”.

 inez & Vinoodh para The New York Times. Estilista: Alex White

Manning escuchó el nombre de WikiLeaks por primera vez en 2008, durante un taller de entrenamiento en seguridad informática en Fort Huachuca. Para finales de 2009, había comenzado a meterse a sitios de chat en internet que discutían la plataforma fundada por Assange. (IRC, un protocolo semiseguro, era entonces el método de comunicación preferido por los hackers).

Al principio solo observaba: le intrigaba el trabajo que hacían Assange y su equipo, aunque no estaba lista para respaldar por completo sus argumentos a favor de la transparencia total. Me dijo que creía entonces, como lo hace ahora, que “hay muchas cosas que tienen que mantenerse en secreto”.

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia. No hay que esconder quiénes somos y qué estamos haciendo”.

Cada vez estaba más cerca de actuar, pero no dijo nada a sus amigos en la base Hammer, como no dijo nada sobre su caos interno. Estaba peleando por proteger dos secretos que cambiarían su vida. No podía discutir de manera abierta su identidad: seguía vigente la política de “No preguntes, no digas” (en inglés Don’t ask, don’t tell, según la cual cualquier persona homosexual o bisexual en el ejército no debía revelar sus “tendencias o prácticas” y los superiores no debían preguntar sobre ellas a menos que se exhibiera el comportamiento prohibido) y todavía faltaban algunos años para que permitieran alistarse a personas trans. “Veía de manera obsesiva programas de televisión en internet”, dijo Manning. “Fumaba mucho. Estaba tomando cantidades exageradas de cafeína. Iba al comedor y comía tanto como podía. Buscaba cualquier pequeño escape o manera de sentirme como que ya no estaba ahí”. Su novio no ayudó mucho; Manning sentía que se estaba retirando. “Lo negaba, pero tenía ese sentimiento… de que estaba siendo olvidada”.

“Hay que proteger a fuentes sensibles. Hay que proteger los movimientos de tropas. Hay que proteger información nuclear. No hay que esconder los malos pasos, las políticas equivocadas. No hay que esconder la historia”.

Se acercaba un periodo de licencia de dos semanas. Planeaba pasar el tiempo en Boston para intentar remediar la relación con Watkins y en los suburbios de Washington con su tía. Soñaba con aprovechar la ocasión para salir del clóset como trans frente a su familia y amigos. “Tenía esta imagen mental constante en la que lo gritaba a todo pulmón”. Pero en su corazón sabía que nunca podría hacerlo.

Antes de dejar la base Hammer, Manning descargó del Combined Information Data Network Exchange del gobierno estadounidense prácticamente todos los reportes SigActs sobre las guerras en Afganistán e Irak e hizo una copia con los datos comprimidos en discos CD-RW; a uno le puso la etiqueta “Lady Gaga”. Lo hizo enfrente de todos los soldados. Pero lo que hizo después fue lo que violó uno de los principales preceptos que le enseñaron en Fort Huachuca, junto con el juramento que tomó al alistarse en 2007: subió el contenido de los discos a la computadora personal que planeaba llevarse consigo a Estados Unidos. Todavía no había decidido qué haría con la información.

Unos días después, Manning se puso una peluca rubia y corrió desde la puerta lateral de la casa de su tía, donde los vecinos no podían verla, a su auto, que manejó hasta la estación ferroviaria. Traía puesto un abrigo oscuro y debajo de este una vestimenta casual para mujeres que había comprado en una tienda departamental cercana; dijo que era para una amiga que necesitaba el atuendo para una entrevista de trabajo. En Washington fue a un Starbucks, comió en un restaurante bullicioso y caminó por los pasillos de una librería; después se volvió a subir al metro y recorrió varias estaciones sin tener un destino fijo. Estaba disfrutando de ser vista como quería serlo, reconfortada por lo fácil que fue hacerlo: prácticamente nadie se volteó a mirarla de reojo.

“Antes de aquel despliegue no tenía las agallas”, dijo Manning, quien entonces se refería a sí misma en privado como Brianna. Pero el tiempo que había pasado en Irak la había cambiado. “Estar expuesta a tanta muerte a diario hace que te enfrentes a tu propia mortalidad”, explicó. Ya no quería esconderse.

Su expedición por Washington fue el mejor momento de una vacación decepcionante. El ejército había adelantado su salida de la base Hammer y su familia no pudo cambiar sus planes: la tía de Manning estaba en un viaje en el extranjero y su hermana Casey acababa de dar a luz a su segundo bebé, por lo que se le complicaba hacer tiempo para Chelsea. Manning tomó el tren para ver a Watkins en Massachusetts, pero sentía como que él realmente no la quería ahí y se quedó tres días menos de lo planeado.

En ese momento, Manning podría haber regresado a Irak sin haber compartido los archivos. Sus acciones habían sido ilegales, pero reversibles. Sin embargo, Manning dijo que estar en Estados Unidos fue lo que la hizo tener una epifanía: en casa, dijo, se dio cuenta de qué tan invisibles se habían vuelto las guerras para la mayoría de los civiles; lo que sabían sobre lo que pasaba en Irak no iba más allá del titular de algún artículo en un periódico o una cápsula de los noticieros de televisión por cable. “Había dos mundos”, dijo. “El de Estados Unidos y el que yo veía (en Irak)”. Continuó: “Quería que la gente viera lo mismo que yo”.

Una tormenta de nieve azotó a Washington. La tía de Manning todavía no regresaba de vacaciones. Sola en la casa, comenzó a transferir parte de los archivos a una tarjeta de memoria y preparó un archivo de texto anónimo que quería que acompañara la información. “Este es posiblemente uno de los documentos más significativos de nuestro tiempo para levantar la niebla de la guerra y revelar la verdadera naturaleza de los conflictos armados desiguales del siglo XX”, escribió. “Buen día”.

Manning me dijo que su decisión de darle la información a WikiLeaks fue por cuestiones prácticas: originalmente, quería entregar los datos a The New York Times o The Washington Post y se movió de teléfono público a teléfono público la semana anterior de su regreso a Irak intentando llamar a las oficinas de ambos periódicos; dejó un mensaje para el editor público del Times y tuvo una conversación frustrante con una reportera del Post, que dijo que tendría que saber más sobre los archivos antes de que su editor aceptara que se hiciera un artículo. Una reunión planeada de último minuto con el sitio web Politico, donde esperaba hablar con los blogueros sobre temas de seguridad, fue descartada por el clima. “Quería establecer un contacto de modo que la información no pudiera ser vinculada conmigo”, dijo Manning. Pero tenía poco tiempo. “Necesitaba hacer algo y no quería que nada me detuviera”.

El 3 de febrero del 2010, Manning se conectó con su computadora portátil y, usando un protocolo para la transmisión segura de datos, envió los archivos a WikiLeaks.

De regreso en la base Hammer, el tiempo parecía acelerarse: todo estaba pasando de golpe. Manning estuvo fuera dos semanas y había mucho trabajo por hacer; “era casi el triple”, dijo. No había indicaciones de que WikiLeaks hubiera recibido los archivos ni de que el ejército supiera que algo no estaba bien. Manning recuerda que sentía una ansiedad aguda todo el tiempo. Dormía menos, fumaba más.

A mediados de febrero, durante un descanso del SCIF, encontró una conversación interesante en el canal de IRC de WikiLeaks, en el que los participantes estaban discutiendo la crisis financiera en Islandia. Era un colapso bancario que Manning —quien había leído parte de los cables diplomáticos a los que tenía acceso como analista— concluyó que avanzaba por la inacción estadounidense y lo que describió como abuso diplomático por parte del Reino Unido y los Países Bajos. “Desde mi punto de vista, parecía que no nos estábamos involucrando por la falta de un beneficio geopolítico a largo plazo”, testificó después. Siguió los mismos pasos que antes y filtró a WikiLeaks algunos de los cables diplomáticos vinculados a la crisis islandesa. Esta vez, en pocas horas, WikiLeaks hizo públicos los documentos. Manning estaba entusiasmada: si los cables llegaron a WikiLeaks, los SigActs también lo habrían hecho.

 Manning en 2013 durante la fase de condena en el tribunal militar CreditMark Wilson/Getty Images.

Para ese momento, Manning había tenido varias conversaciones por IRC con una persona que después identificó en su lista de contactos en línea como “Nathaniel Frank”, en honor al autor del libro Unfriendly Fire: How the Gay Ban Undermines the Military and Weakens America. Es muy probable que Frank fuera Assange, aunque Manning no quiso discutir el tema conmigo; buena parte de esa conversación en línea está clasificada y podría ser usada en acciones legales futuras contra Assange.

A las transmisiones de los SigActs y los cables diplomáticos sobre Islandia le siguieron filtraciones difíciles de ignorar. Publicado por WikiLeaks con el título “Asesinato Colateral”, un video de tres años atrás captado por una cámara montada en un helicóptero estadounidense mostraba a un grupo de hombres y una camioneta en un área donde se registraron disparos. La tripulación del helicóptero pide repetidamente abrir fuego —“¡Déjennos disparar!” se alcanza a escuchar— antes de recibir la orden y hacerlo. Al menos una decena de personas murieron en ese ataque de 2007, incluidos varios civiles y dos empleados de la agencia Reuters. Manning dijo que sabía que Reuters, con una solicitud de información oficial del Freedom of Information Act, había pedido una copia del video, pero nunca la recibió. Y dijo que era un síntoma de los peores impulsos de un gobierno obsesionado con clasificar todo. “Tiene sentido mantener secreta alguna información por unos días, quizá algunos años”, me dijo. “El problema es que cada vez más el estándar es que todo sea secreto”.

“Tiene sentido mantener secreta alguna información por unos días, quizá algunos años. El problema es que cada vez más el estándar es que todo sea secreto”.

La relación de Manning con Nathaniel Frank creció por medio de largas conversaciones en chats. Ella comenzó a acoger su papel de transmisora de “la verdad”. “Vivir una vida tan opaca me obligó a nunca dar por sentada la transparencia, la apertura y la honestidad”, le escribió al antiguo hacker Adrian Lamo, a quien Manning contactaba para confesarse. Sin que ella supiera, Lamo ya trabajaba con investigadores del gobierno estadounidense.

Mientras, en privado, Manning estaba colapsando. Los investigadores del ejército a cargo de su caso después describieron varios episodios de “comportamiento extraño”, como su mirada perdida o un incidente en el que fue hallada en el piso de un cuarto junto a una silla en la que había tallado las palabras “YO QUIERO”. Ella recuerda que toda la unidad estaba “en ascuas”, con varias discusiones y algunas peleas. Estaba por terminar su periodo en Irak “y es entonces cuando la gente empieza a cansarse de los otros y las antipatías personales hacen erupción”.

En abril, Manning le envió un correo a un superior en el ejército en el que adjuntó una foto de ella como Brianna que se había tomado en Washington. “Ahora sabía quién era”, me dijo Manning. “Pero la gente que me rodeaba todavía no”. El asunto del correo decía “Mi problema”. Escribió que la cuestión de su identidad de género “no iba a desaparecer” y que “las consecuencias son graves”. (Manning dice que su capitán le confirmó como recibido el correo, pero que escondió el tema).

Manning me dijo que en mayo ya había decidido hacer público su papel como filtradora, aunque todavía tenía problemas con cómo expresar su identidad de género. No pudo encontrar la manera de hacerlo. A finales de mayo, fue convocada a una sala de conferencias en la que la esperaban dos agentes de la división de investigaciones penales del ejército. Manning estaba aterrorizada, pero no quería mostrarlo: “Estaba enfocada en mí: quién era, cuáles eran mis valores”, dijo. Se retiró “a su cabeza”. Días después estaba esposada y fue llevada al campamento Arfijan en Kuwait, donde la pusieron en una jaula de acero.

Siete años después, es difícil exagerar el impacto que tuvieron los registros de las guerras de Afganistán e Irak o de la publicación de los cables diplomáticos. “El material tocaba prácticamente todas las relaciones que tenía Estados Unidos en el mundo”, dijo Crowley, exsubsecretario del Departamento de Estado. Las repercusiones llegaron de inmediato: Carlos Pascual, el embajador estadounidense en México, tuvo que renunciar por cuestionar la efectividad de la guerra contra el narcotráfico, lo que envenenó la relación que tenía Pascual con el entonces presidente mexicano Felipe Calderón. El embajador Gene Cretz se tuvo que retirar de Libia por los cables que detallaban las andanzas del régimen de Muamar Gadafi, incluido el dato de que tenía un grupo de escoltas ucranianas. Usualmente se asocia la publicación de los cables sobre el hombre fuerte de Libia, Zine el Abidine Ben Ali, con los inicios del levantamiento en ese país, lo que desató la Primavera Árabe.

Los documentos sobre Afganistán e Irak también dejaron claro en casa, como Manning esperaba, el desorden de ambos conflictos. “Estos registros de guerra”, escribió The Guardian en una introducción a la publicación del material, contrastan con la imagen pública “arreglada y saneada que aparece en comunicados oficiales y en las instantáneas necesariamente limitadas de quienes reportan desde ahí”.

Los funcionarios estadounidenses estaban furiosos; las filtraciones los tomaron por sorpresa. El texto completo de los registros de guerra sobre Afganistán fue publicado en el sitio web de WikiLeaks y redactado solo de manera parcial por Julian Assange; se podían ver varios nombres de afganos que habían colaborado con la coalición. En 2010, el representante Mike Rogers, republicano de Michigan, dijo: “Sabemos con certeza que la gente probablemente será asesinada por la revelación de esta información”. Aunque reportes posteriores de The Associated Press y McClatchy determinaron que este riesgo había sido sobredimensionado y los testigos del gobierno dijeron durante el acto de sentencia de Manning que no podían atribuir muertes de estadounidenses a las filtraciones. Pero Crowley señala que la falta de evidencia de esas muertes no significa que no haya causado perjuicios: “Ella ‘quemó’ a una cantidad considerable de fuentes de inteligencia”, dijo. “Ella puso en peligro a afganos que nos decían qué hacía el Talibán en sus pueblos”.

En su jaula en Kuwait, Manning no registró ninguna consecuencia. “Estaba completamente aislada”, dijo. En algún momento concluyó que “había sido olvidada y había desaparecido”. Pensó que Lamo, el hacker, era quien la había identificado ante las autoridades, pero no sabía si su involucramiento con las filtraciones era de conocimiento público. El único contacto humano que tenía era con otros guardias. “Cuando llegué al centro de detención les dije que era trans”, cuenta Manning. “‘Soy mujer’ les dije muy prosaica. Se rieron”. En el aislamiento, Manning quedó consumida por la ira y la tristeza. Los oficiales observaron lo que el abogado de Manning llamó un episodio de “gritos incontrolables, temblores, balbuceo y golpes con la cabeza contra el muro de la celda”.

Manning me dijo: “Tenía miedo de quedar en esa celda o algo parecido por el resto de mi vida. Y que me iban a pasar cosas malas”. Después de una semana usó las sábanas del catre para hacer una horca e hizo lo que calificó como un “intento poco entusiasta” por suicidarse. “Como que sabía que no iba a funcionar”. Llamó la atención del personal penitenciario y, de acuerdo con un reporte médico obtenido después por el equipo legal de Manning, un doctor militar le diagnosticó ansiedad, depresión y “probable desorden de identidad de género”. Le dieron un antidepresivo que hizo sangrar su nariz y le provocó náuseas. No quería comer. Su piel se volvió amarillenta. En julio, cuatro días después de que The Guardian y otros medios publicaran los reportes sobre Afganistán, Manning fue esposada de nuevo y subida a un avión militar. Dijo que los guardias le habían indicado que sería “llevada a un crucero de la Marina” por unos meses; ahora sus escoltas le indicaban que iba a ir a Guantánamo. A la mitad del vuelo, la versión cambió una vez más: iba al calabozo de la base de la Marina en Quantico, Virginia.

Al llegar ahí supo que el mundo la conocía. “¡Así que tú eres Manning!”, le dijo un soldado muy entusiasta. Le contó que estaba en la televisión. El gobierno la había transferido a Quantico para que estuviera en instalaciones más aptas para lidiar con su estado mental. Pero una investigación militar de 2011 reveló lo opuesto: en Quantico pasó 23 horas al día en una celda de 1,8×2,4 metros por casi nueve meses, la mayor parte con el estatus de POI (prevención de heridas autoinflingidas). Las condiciones fueron descritas después por un reportero especial de la ONU como posiblemente tortura. Manning usaba una “bata de suicidio”: una vestimenta blanca de nailon que es imposible torcer o romper para hacer una horca. No tenía ni almohada ni sábanas. Tenía que confirmar verbalmente varias veces al día que estaba “bien”. (Después de la investigación, el ejército ordenó el cierre de la zona de detención preventiva en Quantico).

Cuando le pregunté a Manning que describiera esas condiciones, contestó como si todavía estuviera ahí. “Las emociones son más intensas”, dijo. “No hay cómo liberarlas. Un comentario mal intencionado de un guardia” (como una broma sobre su género) “te saca de quicio. Sé que he estado en mi celda, encerrada y sin tener a dónde ir, dando pasos enojada y frustrada. Solo te hace sentirte más y más molesta y eres impotente”, explicó. “Empiezo a gritarle, a nadie en especial, o a cantar a todo pulmón”.

Pero Manning a veces recibía visitas, como su tía. “Aunque estaba detrás de un vidrio y no podíamos hablar sin que nos grabaran”, me dijo Manning, “fue una de las reuniones más fuertes que he tenido en mi vida”. “Te queremos”, le dijo su tía, “te extrañamos”. Hicieron planes para contratar a un abogado independiente y seleccionaron a David Coombs, un cuarentón que había estado más de una década en el órgano de fiscales del ejército.

Habían empezado a filtrarse rumores sobre el tratamiento que Manning recibió en Kuwait y Quantico, y llegaron a los oídos de destacados activistas y letrados como el constitucionalista de Harvard Laurence Tribe y el teórico y filósofo Kwame Anthony Appiah, quienes firmaron una carta en la que criticaban las condiciones de su cautiverio. En la primavera de 2011, el gobierno transfirió de nuevo a Manning al correccional de Fort Leavenworth. En Kansas pudo estar entre la población general de la prisión; era “un shock al sistema, porque antes había estado esposado adonde fuera que iba o en un cuarto pequeño o en una jaula”.

Los reos no están obligados a trabajar, por lo que ella pasaba su tiempo en la biblioteca ayudando al abogado Coombs y a sus asistentes a preparar el caso. Enfrentaba una cantidad impresionante de cargos, 22 en total, por evadir mecanismos de seguridad para ayudar al enemigo, un delito que tiene como posible condena la cadena perpetua. Durante dos meses, Manning estuvo en una prisión afuera de Maryland mientras Coombs argumentaba en el juicio que había anarquía en la unidad de Manning y pocos protocolos de seguridad en su SCIF. Después argumentó que la disforia de género de Manning y la incapacidad del ejército de ofrecer tratamiento habrían afectado el juicio y la capacidad mental de la soldado. Pocos días después, el juez halló culpable a Manning en 20 de los 22 cargos; se libró de los cargos de ayudar al enemigo y la cadena perpetua. Manning me dijo que sintió alivio, pero no solo por las razones obvias. Temía que el cargo de ayudar al enemigo establecería un precedente tenebroso para la persecución de delatores. “Todavía me preocupa cómo podría aplicarse ese cargo”, dijo.

Ella decidió que no haría pública su identidad de género en el tribunal militar, porque temía que complicara un juicio de por sí complicado. Pero al escuchar el testimonio de Lauren McNamara, una amiga trans que testificó en la audiencia, se dio cuenta de que estaba por quebrarse. “Estaba cansada de fingir”, dijo. Escribió una declaración en la que se identificaba como Chelsea, un nombre que había usado en su niñez cuando jugaba a los Sims. El 22 de agosto, David Coombs apareció en el programa televisivo de NBC “Today” mientras la conductora Savannah Guthrie leía al aire el comunicado: “Conforme hago la transición a la siguiente fase de mi vida, quiero que todos conozcan a mi yo verdadero. Soy Chelsea Manning. Soy mujer”. Manning no supo cuál fue la reacción ni pudo ver el segmento. Estaba en un avión de regreso a Fort Leavenworth.

 Chelsea Manning CreditInez & Vinoodh para The New York Times.

Las barracas disciplinarias están en el extremo norte de Fort Leavenworth. El complejo de máxima seguridad, con 515 camas, está reservado para los prisioneros militares con las sentencias más largas. Durante la mayoría de su tiempo ahí, Manning vivió en el segundo piso. Su celda era angosta y pequeña; tenía un catre, un escusado, un espejo y un lavabo. La única ventana miraba hacia el norte, al paisaje que rodea el fuerte. El clima se volvió su entretenimiento: la nieve que se juntaba en las rejas. La luz de vigilancia que se movía de un lado al otro y hacía que los conejos y los ciervos corrieran para esconderse.

Durante el juicio de Manning, Coombs introdujo como evidencia la foto que su cliente le mandó a su superior en el correo electrónico de 2010. La imagen después fue enviada a los medios y, para otoño de 2013, había aparecido en un sinnúmero de artículos sobre la transición de Manning. Para ella fue doloroso que eso fuera lo que la definía. “Era tan distante de su experiencia en Fort Leavenworth”, dijo Evan Greer, un amigo de ella y activista trans. “Creo que algunas personas vieron esa imagen, con la peluca lustrosa, y pensaron que tenía algo de libertad tras las rejas”.

La realidad es que cada aspecto físico de Manning estaba determinado por las reglas del ejército, desde su ropa hasta el cabello que tenía que usar, según la sección 670-1 del reglamento, en un “estilo conservador y pulcro”. Manning estaba en una posición difícil de entender para quienes no son trans: se había identificado como mujer pero los guardias la trataban como si fuera hombre; a veces de manera enfática. Vincent Ward, uno de los abogados, recuerda que “desde que entrabas al lugar podías percibir la intimidación, las risitas, los comentarios”. Es un tipo de aislamiento que puede inducir a una acción drástica: los psicólogos clínicos que trabajan con prisioneros trans han documentado elevadas tasas de suicido y depresión en los reos que no reciben el tratamiento médico apropiado. En los peores escenarios, los prisioneros han intentado alterar sus propios genitales con lo que tienen a mano.

Manning estaba en una posición difícil de entender para quienes no son trans: se había identificado como mujer pero los guardias la trataban como si fuera hombre; a veces de manera enfática.

Cuando ingresó a las barracas en 2013, Manning pidió tener acceso al tratamiento de estrógeno y antiandrógeno recetados a personas que hacen la transición de hombre a mujer. La rechazaron. El ejército no había sancionado aún el uso de terapias hormonales para los soldados; mucho menos para los prisioneros. En vez de eso, Manning recibió antidepresivos y sesiones de terapia. “Permitirle al señor Manning vivir como mujer, que pueda feminizar su cuerpo, creará retos operacionales a medida que la población carcelaria responda a estos cambios”, escribieron los administradores de Fort Leavenworth en un memorando obtenido después por la Unión de Libertades Civiles Americana, la ACLU.

La prisión no cedió durante casi un año. Mientras, uno de los abogados de Manning –Chase Strangio, también trans– estaba preocupado de que su cliente intentara herirse de nuevo, por lo que presentó una demanda contra el Departamento de Defensa. El ejército aceptó en 2014 enviar ropa interior de mujer a la celda de Manning. Fue una situación inédita en las fuerzas armadas estadounidenses. (Un juez civil del condado de Leavenworth ya había avalado la solicitud de Manning para cambiarse de manera oficial el nombre a Chelsea Elizabeth Manning). Siguió la terapia hormonal a principios de 2015; le entregaban las píldoras en el dispensario médico cerca de la cafetería.

Las primeras fases de la terapia hormonal fueron muy gratificantes para Manning: su piel se sentía más suave, tenía menos vello corporal. Pero también surgieron otros cambios: “Había construido todos estos muros y defensas alrededor de mis emociones desde que era adolescente”, dijo Manning. “Cuando cayeron en picada mis niveles de testosterona de repente me volví más vulnerable, ya no podía esconder mis emociones, tenía que lidiar con ellas, usualmente en ese mismo momento”. Llegaban más rápido de lo que Manning podía procesarlas: “Unas buenas, como la confianza, un sentido de conexión con mis amigos, pero mezcladas con muchas malas, como la incertidumbre, la soledad, la pérdida”. Buscó apoyo en sus amigos trans, que la ayudaron a experimentar con su voz “para ponerla en diferentes tonalidades y encontrar la que pareciera correcta”, me dijo su amiga Annie Danger, activista y artista. “Intenté hablar con ella durante todo ese proceso de evolución que es tan importante. Es, literalmente, encontrar tu voz”.

Los días en las barracas tenían un ritmo casi mundano. Chelsea se despertaba a las 4:30 de la mañana y se ponía el brasier deportivo blanco, el uniforme de la cárcel que le quedaba holgado, casi como si fuera un espantapájaros, y las botas del ejército. “Ok”, se decía a sí misma frente al espejo, “tú puedes con esto”. Desayunaba e iba al taller de la prisión en el que ella y otros reos construían muebles de madera que vendían en el comisariato. Comenzó a jugar Dungeons & Dragons cada semana tras la invitación de otro prisionero; hacía de una mujer de la nobleza llamada Esvele Dundragon. Manning me dijo que nunca se sintió amenazada físicamente por los otros prisioneros, sino por los guardias.

“La gente se desmorona. Las buenas personas se desmoronan”.

En abril de 2014, la solicitud de clemencia de Manning fue rechazada por el ejército. Todavía estaba la posibilidad de un perdón presidencial, pero Manning no tenía por qué esperarlo: la Casa Blanca había condenado las filtraciones. La mejor opción era apelar. Pero estaba cansada. Su cabello estaba corto, como establecen los estándares militares. Los guardias no le daban tregua. “Si intentaba que fueran más neutros respecto al género, se volvían más específicos”, dijo Manning. Una solicitud para poder someterse a la cirugía de reasignación de sexo fue recibida con silencio. (De acuerdo con los abogados de Manning, el ejército la avaló en septiembre pero no estableció cuándo debía llevarse a cabo). Las barracas de Fort Leavenworth estaban “causando, de manera deliberada y a sabiendas, situaciones que causan mucho estrés en muchas personas. La gente se desmorona. Las buenas personas se desmoronan”.

Uno de los amigos más cercanos de Manning en la prisión, Anthony Raby, recuerda que “la idea de que alguien pueda creer que es de un género distinto al que nació era como creer que un pollo es un sombrero. No entendía. Pero, como cristiano, creo en mostrarle compasión a todos, entonces hablamos”, escribió en una carta enviada desde Fort Leavenworth. Raby entendía más que cualquier persona los estragos que le causaban la prisión a Manning. “No es el mejor lugar para alguien que tiene emociones distintas al odio, la ira, la amargura, la apatía o la indiferencia”, escribió.

En julio de 2016, otro reo le pasó una nota: “Es de tu novia” le dijo en tono burlón. Los miedos de Raby estaban por confirmarse: la desdobló y leyó la primera línea: “Chelsea E. Manning, re: Mi última carta”. Manning había escrito que se suicidaría después del espectáculo de fuegos artificiales del 4 de julio, que había terminado a las 22:00. Eran las 00:25.

Raby le avisó a un guardia y le entregó la carta. “Y a eso de la 1:00 escuché en la radio el anuncio de una alerta en la unidad habitacional donde estaba Manning”, contó. “Estaba seguro de que no habían llegado a tiempo”. Pero a las 3:30 se le acercó un investigador del ejército para decirle que Manning estaba viva.

Los oficiales no han querido dar detalles del incidente. Manning me dijo que solo recuerda haberse despertado en la ambulancia.

Pero gente con conocimiento de la situación dice que Manning intentó colgarse y los guardias la encontraron inconsciente, aunque todavía respiraba. Los días antes del intento de suicidio, me dijo Manning, se sintió particularmente sola y triste. Quería aguantar hasta que terminara el fin de semana, cuando su psicólogo regresaría a la base. “No alcancé”, dijo.

En septiembre empezó una huelga de hambre contra lo que calificó “el escrutinio exagerado y constante por parte de los oficiales de la prisión y militares”. Terminó la huelga cuando la cárcel prometió que tendría acceso a la cirugía de reasignación de sexo, algo inédito.

Manning fue enviada después a la unidad de reclusión solitaria por dos semanas más por el delito de amenazar el orden de las barracas… por su intento de suicidio.

Si la prisión la hizo sentirse como fantasma, su tiempo en reclusión solitaria fue como si la hubieran borrado. “Empiezas a olvidar el mundo afuera, ya no es relevante ni te identificas con él. La parte más oscura del confinamiento solitario es que empiezas a olvidar los autos, los trabajos, las familias, el clima y los políticos. Todo lo que hace a una sociedad”.

Intentó suicidarse de nuevo, pero un guardia se dio cuenta antes de que quedara inconsciente. Una semana después regresó de confinamiento solitario. Estaba aterrorizada y enojada. También tenía, según me dijo, estrés postraumático por su tiempo en Irak y en Quantico.

Los abogados de Manning se dieron cuenta de que quedaba muy poco tiempo. “Chelsea necesita ayuda y no la está recibiendo”, me dijo Chase Strangio en el invierno. La solicitud para conmutar la pena, que presentaron en noviembre, era su mejor esperanza. La solicitud fue enviada junto con una carta escrita por Manning. “No soy Bradley Manning. Realmente, nunca lo fui. Soy Chelsea Manning, una orgullosa mujer transgénero quien, a través de este documento, solicita de manera respetuosa tener mi primera oportunidad para vivir”.

“No soy Bradley Manning. Realmente nunca lo fui. Soy Chelsea Manning, una orgullosa mujer transgénero”.

La tarde del 17 de enero, Manning estaba en el taller de la prisión llena de virutas de madera. Recuerda que volteó y había un equipo de seguridad entrando al cuarto. “Dije: ‘Oh Dios, estoy en muchos problemas’”, contó. “Ni siquiera sé qué es lo que hice ahora”. El jefe de seguridad de la prisión le indicó que debía ir con ellos.

“¿Y voy a regresar?”, les preguntó. No, le respondieron.

Agarró sus cosas y los siguió; pensó que iba de nuevo a la unidad de confinamiento solitario, y como reflejo empezó a quitarse las agujetas de las botas para entregarlas. El oficial le indicó que no era necesario: iba a estar en custodia protectora. La televisión de la zona de recreo estaba prendida en CNN: “Conmutan sentencia de Manning”, decía el titular.

Se quedó atónita. Nunca siquiera se permitió pensar en la posibilidad de la conmutación de sentencia para no caer en una oscuridad todavía más profunda. “Fue tan difícil para mí procesarlo y lidiar con ello”, dijo.

Cuatro meses después, el 17 de mayo, Manning fue escoltada a una camioneta negra y dejó atrás Fort Leavenworth. Alrededor de la una de la mañana llegó a un estacionamiento donde la esperaban sus abogados. Manning estaba tan emocionada que al intentar abrazarlos le pegó a uno de ellos en la cara con su codo.

La semana que pasé con Manning en Nueva York fue como un momento suspendido en el tiempo: los días entre todo el caos que era su vida antes y lo que sea que venga ahora. En sus últimos meses en prisión, Manning escribió 300 páginas de una autobiografía y ha pedido que un agente la promueva en casas editoriales. En otoño aparecerá en un documental llamado XY Chelsea, producido por Laura Poitras, quien hizo un documental de Snowden y otro de Assange. Sus abogados todavía trabajan en su apelación: aunque sea exonerada es difícil saber qué tan cómoda será su vida en los años venideros, dado que parte del país —del mundo— quizá nunca logre lidiar con lo que hizo.

Pero no quiere pensar mucho en su reputación. Esa semana en Manhattan se veía feliz de ser libre. Caminamos por calles abarrotadas, comimos en McDonald’s y en restaurantes y cafés, fuimos al cine a ver Alien: Covenant. Camino a la sala, el hombre que recogía los boletos pidió revisar la bolsa de Manning. Me quedé sin aire unos segundos: pensé que la había reconocido. Pero ella solo se hincó y abrió la bolsa para enseñar su computadora. La dejaron pasar. La famosa delatora y exprisionera militar ahora era solo alguien más del público dominical.

Pensé que si Manning ha tenido dificultades en entender el efecto de sus acciones en el mundo, quizá sea en parte resultado del aislamiento extraordinario que vivió, incluso antes de su arresto: durante su infancia en Crescent, cuando buscaba cómo solucionar su “dolor de muelas”; en Kuwait y Quantico, en la unidad de solitario de Fort Leavenworth. Ahora podía vivir en público y de manera abierta siendo quien siempre supo que era y estaba apenas ajustándose a esa idea, como si fuera un lago helado y estuviera metiéndose poco a poco.

Más de una vez, caminando por Nueva York, sentí que estaba en la presencia de alguien que por primera vez se daba cuenta de que estaba viva. Manning me dijo que entendía que su identidad y las acciones que llevaron a su arresto han sido parte del imaginario público desde hace tiempo. No quiso discutir hipotéticos, como si su disforia había contribuido a que quisiera filtrar la información, “pero lo que puedo decirte es que mis valores serían los mismos. Las cosas que me importan serían las mismas”.

Una mañana, al final de una de las rondas de entrevistas, Manning me mostró un sobre blanco. Adentro estaba la nota de un niño transgénero de 14 años. “Solo quería decir que me da gusto que vas a estar libre en unos meses”, decía la carta escrita a mano y con pluma, “y que estoy orgulloso de ti (¿es raro decir eso?). Eres una inspiración”. Manning volvió a guardar la carta en el sobre. Dijo que, honestamente, nunca quiso ser un modelo a seguir. Le pregunté cómo hubiera sido su vida si ella hubiera tenido un modelo. Bajó la mirada. “No sé cómo”, dijo después de un rato, “pero hubiera sido mejor”.

https://www.nytimes.com/es/2017/06/12/chelsea-manning-entrevista/ 

Matthew Shaer es un reportero que contribuye a The New York Times Magazine y está basado en Atlanta. Ha escrito para Wired, Tha Atlantic, Harper’s y la revista Smithsonian, para la cual trabaja como corresponsal.

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El valor de enfrentar al odio

The New York TimesES

El valor de enfrentar al odio.

Por NICHOLAS KRISTOF  1 de junio de 2017.

Enlace al artículo original: https://www.nytimes.com/es/2017/06/01/kristof-portland-ataque/?smid=fb-share-es 

 Asha Deliverance, a la izquierda, la madre de Taliesin Namkai-Meche, a quien asesinaron cuando defendió a dos chicas de un ataque en un tren de Portland. CreditBeth Nakamura/The Oregonian.

Podría parecer que Estados Unidos tiene una crisis de liderazgo, con el ascenso de canallas y bravucones, pero lo mejor de ese país se materializó recientemente en un tren suburbano de Portland, Oregon.

El viernes 26 de mayo, un hombre blanco que viajaba en ese tren comenzó a proferir insultos antimusulmanes a una chica negra de 16 años y su amiga musulmana de 17 años, que traía puesto un hiyab. Sería fácil imaginar que la gente preferiría fingir no escuchar lo que sucedía y enfocarse en vez en sus teléfonos celulares. Pero pasó lo contrario: tres valientes pasajeros se interpusieron para proteger a las jóvenes.

Los tres eran muy diferentes. Uno era un recién graduado de la Universidad Reed, de 23 años, tenía cabello largo y trabajaba como consultor. Otro era veterano del ejército, de 53 años, tenía el cabello muy corto y estuvo en servicio en Irak y Afganistán. El tercero es un poeta y estudiante de la Universidad Estatal de Portland, de 21 años, y se dirigía a su trabajo en una pizzería. Los unió la decencia.

micah-David-cole-fletcher.jpg  Micah David Cole-Fletcher, de 21 años, de Portland, se ve en la foto sin fecha proporcionada por su familia. LA FAMILIA FLETCHER.

ricky-y-taliesin.jpg  Ricky John Best, de 53 años, y Taliesin Myrddin Namkai-Meche, de 23 años, víctimas de un ataque con cuchillo en el tren de Portland. KOIN

Cuando intervinieron, el hombre que molestaba a las chicas sacó un cuchillo, los hirió y después escapó. Rick Best, el veterano, murió allí mismo. Taliesin Namkai-Meche, el recién graduado de Reed, estuvo consciente mientras esperaba la ambulancia. Una buena samaritana se quitó la blusa para cubrirlo; contó que sus últimas palabras fueron: “Quiero que todos en el tren sepan que los amo”. Murió poco después de llegar al hospital.

Otro testigo detuvo el sangrado del poeta Micah Fletcher y llamó a su madre para decirle que acudiera al hospital. Fletcher pasó dos horas en cirugía; le retiraron fragmentos óseos de la garganta, y ahora está recuperándose.

La policía arrestó a Jeremy Christian, de 35 años, un supremacista blanco, y lo acusó de los asesinatos. El ataque en el tren no concuerda con el discurso sobre el terrorismo que prevalece en muchos países, pero es un recordatorio de que el terrorismo puede adoptar muchas formas. El año pasado era menos probable que los estadounidenses fueran asesinados por un terrorista musulmán (las probabilidades eran de una en seis millones) que por ser musulmanes (las probabilidades eran de una en un millón), de acuerdo con Charles Kurzman, de la Universidad de Carolina del Norte.

A veces podemos encontrar la inspiración en la tragedia. En ese tren vimos que la valentía y el liderazgo están vivos: no siempre en Washington, pero sí entre los estadounidenses comunes que convergieron en un tren suburbano y enfrentaron una amenaza a nuestra humanidad.

Los sucesos recientes me han decepcionado. El viaje al extranjero del presidente Donald Trump marcó la abdicación del liderazgo estadounidense, cuando la canciller alemana Angela Merkel concluyó que Europa ya no puede confiar en Estados Unidos. El presupuesto de Trump fue intelectualmente deshonesto y moralmente repugnante, con cortes al financiamiento para el combate al sida a nivel mundial que por sí solos podrían resultar en la pérdida de un millón de vidas.

Pareciera que la Casa Blanca no representa nada más que el capitalismo clientelista y el acto de convertir en chivos expiatorios a los refugiados, los musulmanes y los inmigrantes. Creo que los “valores” de Trump se centran sobre todo en el narcisismo, el nepotismo y el nihilismo.

Esto es contagioso: Cass Sustein, de Harvard, cita una investigación psicológica que indica que Trump ha logrado que sea más aceptable que los estadounidenses adopten la xenofobia. El año pasado escribí que “Donald Trump está convirtiendo a Estados Unidos en un lugar más cruel” al promover la intolerancia en Oregon, donde crecí, y en todo el país.

No sabemos si el asesino del tren de Portland se sintió envalentonado para gritarle a la chica musulmana debido a las diatribas contra los musulmanes de Trump, como tampoco podemos estar seguros de que las condenas del presidente contra los reporteros hayan causado que el candidato republicano de Montana, Greg Gianforte, tumbara al suelo a un periodista. Sin embargo, cuando un presidente incita al odio, la civilización se crispa.

Si todo esto es un hilo en el tejido de Estados Unidos, otro sector está representado por los tres hombres que actuaron en ese tren. También está representado por los buenos samaritanos que los ayudaron cuando fueron acuchillados, por las incontables personas que se unieron a los velorios para honrar a las víctimas y que donaron más de un millón de dólares en unos cuantos días para las familias de los asesinados y el sobreviviente.

Es bueno que finalmente la Casa Blanca haya reconocido a estos héroes mediante un tuit. No obstante, habría sido más convincente si el mensaje se hubiera emitido antes y en la cuenta de Trump, @realDonaldTrump, en vez de hacerlo en @Potus, que es manejada por su equipo.

Lo que entendieron los tres hombres de Oregon, a diferencia de la Casa Blanca, es que en una sociedad sana la islamofobia no solo denigra a los musulmanes, el racismo no solo degrada a los negros, la misoginia no solo lastima a las mujeres y la xenofobia no solo insulta a los migrantes. En cambio, nos rebajan a todos, así que todos tenemos un papel en el combate a la intolerancia.

Best, el veterano, tenía tres hijos adolescentes y una hija de 12 años, y espero que todos ellos comprendan que su padre murió retando a la venenosa intolerancia que amenaza nuestro tejido social. Cayó en el campo de batalla de los valores estadounidenses. Merece la oportunidad de ser enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington.

Algo que he aprendido en mi carrera como reportero es que al lado de lo peor de la humanidad, uno encuentra lo mejor. La prueba a la que estamos sometidos todos nosotros es ver si podemos responder con valentía al odio y al nihilismo y, como dijo Namkai-Meche en sus últimas palabras, con amor.

Al salir de la cirugía, débil pero indomable, Fletcher escribió un poema que nos ofrece una guía. Según el Oregonian, parte de este reza así:

“I, am alive.

I spat in the eye of hate and lived.

This is what we must do for one another

We must live for one another”.

“Estoy vivo.

Le escupí al odio a los ojos y sobreviví.

Esto es lo que hemos de hacer los unos por los otros

Hemos de vivir el uno por el otro”.

portland2.jpg  Una corona de flores en forma de corazón cubierto con mensajes positivos cuelga en un poste de semáforo en un monumento a dos transeúntes que fueron apuñalados el viernes al intentar detener a un hombre que gritaba insultos contra los musulmanes y actuó agresivamente hacia dos mujeres jóvenes, incluyendo una vistiendo una con la cabeza cubierta al estilo de los musulmanes, en un tren ligero de Portland, Oregon, el sábado, 27 de mayo de 2017. un monumento que creció durante todo el sábado fuera del centro en Portland, la gente dejó flores, velas, smensajes y rosas pintadas . GILLIAN FLACCUS / AP

Por CRIMESIDER PERSONAL  DE CBS / AP  de mayo de 29 de, 2017.

Apuñalados en el tren de Portland: Testigo recuerda las últimas palabras de una de las víctimas.

PORTLAND, Ore. – Una mujer que trató de ayudar a una de las víctimas acuchilladas en el tren de Portland en sus últimos momentos; contó acerca de sus últimas palabras.

Jeremy Joseph Christian , de 35 años, está acusado de apuñalar a tres hombres que intervinieron cuando presuntamente gritó insultos raciales a dos mujeres jóvenes, una de los cuales llevaba un velo, en un tren de Portland tren el viernes por la noche. 

Ricky John Best, de 53 años, y Taliesin Myrddin Namkai-Meche, de 23 años, fueron  asesinados en el incidente . Micah David Cole-Fletcher, de 21 años, de Portland, también fue apuñalado en el ataque y se encuentra en estado grave en un hospital de Portland, dijo la policía. Sus lesiones no se cree que sea peligrosa para la vida, dijo la policía.

Todos están siendo aclamados como héroes.

“Para que la gente intervenga y haga eso, se necesita valor y coraje”, el jefe de la policía de Portland Mike Marshman  dijo a “CBS This Morning.”

La Testigo Rachel Macy dijo a la filial de la CBS KOIN  que había estado con Meche en sus momentos finales en el tren. Macy y Meche no se conocían entre sí antes del apuñalamiento.

“Yo simplemente no quiero que él esté solo”, dijo Macy. “Me quité la blusa y se la puso a él. Sólo recé, era lo único que podía hacer rezar.”

“Le dije, ‘Eres un hombre hermoso. Lo siento tanto el mundo es tan cruel'”, dijo Macy.

“Me dijo: ‘Diles: Quiero que todos sepan, quiero que todo el mundo en el tren sepa que los quiero’, dijo. “Era un hombre hermoso, eso es lo que quiero que la gente sepa.”

Macy asistió aol sepelio el sábado porque quería compartir las palabras con la familia de Meche, que se reunieron junto con miles de miembros de la comunidad para recordar a su hijo como un hombre con un corazón “tan grande como el mundo”, informó KOIN.

Macy dijo que la policía recogió la mayor parte de los artículos que llevaba consigo como prueba, pero todavía tenía una piedra en forma de corazón pintado de color púrpura que pasó a llevar en el bolsillo durante el ataque. Ella dijo KOIN se la dio a la familia de Meche como recuerdo.

“El amor es de lo que se trata”, dijo la madre de Meche en el sepelio. “Le enseñamos a amar a todos y eso es lo que debemos hacer y eso es lo que todos deberíamos estar haciendo y por eso estamos todos aquí, así nos damos por amor.”

Macy dijo KOIN que ella no está enfadada por el ataque.

“Quería despertar y estar loca y culpar a alguien o algo,” dijo Macy. “Y no puedo. No es lo que [Meche] hubiera querido.”

Jeremy Joseph Christian ha sido acusado de homicidio agravado, tentativa de homicidio, intimidación y ser un delincuente en posesión de un arma. Él está programado para hacer su primera aparición en la corte el martes.

La policía dijo que van a examinar lo que parece ser la ideología extremista de Christian. Las publicaciones en redes sociales de Christian indican una afinidad por los nazis y la violencia política.

Sargento de la policía. Pete Simpson dijo a CBS News que Christian asistió a una marcha libre expresión en abril con un bate de béisbol para hacer frente a los manifestantes, pero el bate fue confiscado rápidamente por los agentes.

El Portland Mercurio , uno de los semanarios alternativos de la ciudad, publicó un artículo con clips de vídeo de un hombre que llevaba una cadena de metal alrededor del cuello y envuelto en una bandera estadounidense. “Despotricaba cómo era un nihilista. Pronto había gritado insultos raciales … y le dio el saludo nazi durante todo el día”, informó el Portland Mercurio.

En lo que parece ser la página de Christian en Facebook, mostró simpatía por los nazis y Timothy McVeigh, quien  bombardeó un edificio federal en Oklahoma City  en 1995. Portland estuvo de duelo el fin de semana en memoria de las víctimas.

Cristiano había previamente gritado insultos racistas en un tren una noche antes del ataque mortal, la policía confirmó que  CBS afiliado KOIN , que obtuvo el video del incidente.

Una de las chicas a la que estaba dirigidos los insultos el viernes Destinee Mangum, de 16 años, dijo que ella y su amiga de 17 años de edad estaban en el tren cuando Christian se acercó a ellas gritando lo que se describe como un discurso de odio. Dijo que su amiga es musulmana, pero no lo es.

“Nos dijo que volviéramos a Arabia Saudita y nos dijo que no deberíamos estar aquí, que debíamos salir de su país”, dijo Mangum. “Él sólo nos estaba diciendo que, básicamente, no eramos nada y que deberíamos matarnos a nosotros mismos.”

Las chicas tenían miedo y se trasladaron a la parte trasera del tren, mientras que un desconocido saltó para ayudarlas.

“Entonces ellos simplemente comenzaron a discutir,” dijo Mangum KOIN. “Él acaba de comenzar apuñalar a la gente, y que era sangre por todas partes, y sólo empezamos a correr por nuestras vidas.”

Mangum agradeció a los hombres que vinieron en su ayuda.

“Ellos perdieron la vida a causa mía y de mi amiga, por la forma en que se veía”, dijo Mangum.

Meche obtuvo una licenciatura en economía en 2016 de Reed College en Portland y consiguió un trabajo con el Grupo de Cadmo, una empresa de consultoría en el área. Había tenido la esperanza de comenzar una familia, KOIN informa.

Ricky John Best, padre de cuatro hijos, era un veterano del ejército y empleado de la ciudad de Portland. Según su familia, que ayudar a los extranjeros estaba en su carácter, CBS News informa Mireya Villarreal. 

Ricky John Best vivia en Happy Valley y tenía tres hijos adolescentes y una hija de 12 años de edad, de acuerdo con David Austin, un portavoz del Comisario de la ciudad de Chloe Eudaly.

Ricky John Best trabajaba para la Oficina de Servicios de Desarrollo como técnico y asendió a una posición en la Comisión del Condado de Clackamas en 2014 después de retirarse del Ejército de Estados Unidos en 2012. Sirvió en Irak y Afganistán en sus 23 años de servicio.

La tercera víctima acuchillada, Fletcher, es un estudiante en la Universidad Estatal de Portland y estaba tomando el tren para ir de las clases a su trabajo en una tienda de pizza cuando se produjo el ataque.

En un tweet lunes por la mañana, el presidente Donald Trump denunciado las puñaladas.

“Los ataques violentos en Portland el viernes son inaceptables”, escribió el Sr. Trump. “Las víctimas estaban de pie hasta el odio y la intolerancia. Nuestras oraciones son w / ellos.”

 

Trump: se retirarán los EEUU del acuerdo climático de París.

Buenas noches tengan todas y todos, edito mi publicación con motivo de haber recibido un correo de Organizados para la acción OFA, que me parece muy importante; un llamado a la acción en contra de la absurda decisión de Trump de retirarse del Acuerdo de París, la transcribo traducida al español (no bien pero se entiende):

 Organizar para la acción
Jesús –

La decisión de ayer de retirarse del Acuerdo Climático París era miope y contraria a los mejores intereses de este país, por no hablar de decepcionante y vergonzoso.

No respeta la ciencia sobre el cambio climático. Se abandona la mejor oportunidad que tenemos para proteger la salud y el bienestar de las familias estadounidenses y el futuro de nuestros hijos. Se va en contra de la opinión de cientos de líderes de negocios e inversores que quieren que los EE.UU. a apoyarse en la acción climática – no huir y esconder la cabeza en la arena. Y no tiene en cuenta los deseos de casi el 70 por ciento de la población estadounidense que quieren acciones fuertes para frenar el cambio climático.

Nadie debería querer ceder los beneficios económicos de la inversión en tecnología e innovación a otros países o plantear dudas en la mente de nuestros aliados sobre la disposición de nuestro país para cumplir con nuestros compromisos.

Sin embargo, aunque la decisión de esta administración tiene sentido cero desde una perspectiva de salud pública, económica o diplomática, no se hundirá el Acuerdo de París. Otros países seguirán actuando, y en ausencia de liderazgo por parte de esta administración, le toca a nosotros para estar con ellos.

En este momento, la gente en todo Estados Unidos se está organizando. Ellos saben que en momentos como estos, nuestra democracia necesita ciudadanos activos y comprometidos con energía, entusiasmo, y un renovado sentido de compromiso.

Esta administración no parece conseguirlo – pero no tiene que permanecer en silencio. Haga oír su voz, y unirse al equipo que no renunciar a la lucha contra el cambio climático. 

Jesús, el acuerdo sobre el clima de París representó una clara exposición de nuestro liderazgo moral sobre este tema. Tirando de ella, estamos enviando una señal al resto del mundo que no honramos nuestros compromisos. Es un precedente peligroso para ajustar.

Si queremos llevar al mundo y cosechar los beneficios de ese liderazgo, Estados Unidos debe apoyarse en la acción climática, no fuera de él. Cómo lo hemos estado haciendo como nación antes, y podemos ser ese país de nuevo.

Añada su nombre con OFA, y obtener su apoyo al liderazgo estadounidense sobre el clima en el registro: 

https://my.ofa.us/Defend-Our-Climate-Progress

Gracias,

Gina McCarthy

ex administrador de la EPA

A 2 de junio del 2017.

¡Una noticia trágica para el planeta y todo lo que en él se encuentra, incluidos por supuesto, tú y yo!

“En opinión de Trump, el acuerdo de París representa un ataque a la soberanía de los Estados Unidos y una amenaza a la capacidad de su gobierno para reformar las leyes ambientales del país de forma que beneficien a todos los americanos”.

Quiere recuperar el primer lugar como el mayor contaminador del planeta, lugar que perdió, dice, ¿por las equivocadas políticas de Obama?, siendo que fue quien además de ser el principal impulsor del acuerdo de París, implementó internamente acciones y leyes ambientales que beneficiaron tanto a los EEUU como al planeta. Leyes estrictas para todos los agentes contaminantes en el país y apoyo técnico, económico y financiero para los países en desarrollo en sus programas para combatir los efectos nocivos originados por el cambio climático entre otras acciones y regulaciones para proteger el medio ambiente.

China será ahora, el país líder en el debate global sobre el cambio climático; es el país número uno como nación contaminadora del planeta. Al tiempo que lidera los debates, se enfrascará en una frenética carrera contra los EEUU en busca de mantener su primer lugar como país contaminador. Pero Trump no está dispuesto a que tal cosa suceda, ya decidió que habrá de recuperar para los EEUU, ese sitio de “honor” en el concierto de naciones. Los EEUU son el país que más ha contaminado el planeta en la historia de la humanidad, desde que se tienen registros.

El mundo vive malos tiempos para la política internacional, para la democracia global y para los derechos humanos universales; el beligerante y soberbio nacional socialismo, el fascismo, avanza desafiando amenazante a la política internacional, anulando la democracia global y pisoteando los derechos humanos universales. Se tiene que detener ésta barbaridad.

Los esfuerzos pensantes de las y los activistas honestas(os) que como ciudadanos del mundo realizan y proponen acciones pacíficas y solidarias para enfrentar la resistencia, detener y derrotar de las políticas de Trump en todos los países, tendrán que redoblar esfuerzos y proponer a los ciudadanos del mundo nuevas estrategias para apoyar a la resistencia ciudadana global contra el fascismo, así como mantenernos informados sobre las acciones que se realizan y como se puede ayudar al éxito de éstas. Lo primero es informarse.

Les comparto dos artículos y un ensayo sobre éste tema que seleccioné para ustedes, así como enlaces a videos, ensayos,  noticias y artículos relacionados. Espero que les sean de utilidad. Un fraternal y solidario abrazo para todas y para todos.

The WorldRevolution marcha sin prisa pero sin pausa contra el fascismo en la lucha por la verdadera Democracia Global Real YA!!

Atentamente,

Tú Amigo, Jesús Torres Navarro.

Trump: se retirarán los EE.UU. del acuerdo climático de París.

Enlace al artículo original en inglés del New York Times: https://www.nytimes.com/2017/06/01/climate/trump-paris-climate-agreement.html?emc=edit_th_20170602&nl=todaysheadlines&nlid=60379794&_r=0

Por MICHAEL D. SHEAR  01 de junio 2017

Enlace al video: https://nyti.ms/2sty9Lk

Brad Plumer, un reportero del clima para el New York Times, explica las consecuencias de la decisión del presidente Trump hoy que se retirará del acuerdo de París sobre el calentamiento global.

Por BRAD PLUMER, AJ CHAVAR y SUSAN JOAN ARCHER en Fecha de publicación1 de junio de 2017. Foto por Doug Mills / The New York Times. Ver en Times vídeo »

WASHINGTON – El presidente Trump anunció el jueves que Estados Unidos se retiraría del acuerdo climático de París, debilitando los esfuerzos para combatir el calentamiento global y abrazando voces aislacionistas de la Casa Blanca, que argumentaron que el acuerdo era una amenaza perniciosa para la economía y la soberanía estadounidense.

En un discurso desde el jardín de las rosas, el Sr. Trump dijo: el acuerdo de París del 2,015 es un pacto que impone normas ambientales tremendamente injustas sobre las empresas y los trabajadores estadounidenses. Se comprometió a apoyar al pueblo de los Estados Unidos en contra de lo que él llama un “draconiano” acuerdo internacional.

“Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París”, dijo el presidente, contó con el apoyo de los miembros de su Partido Republicano, pero con la condena generalizada de los líderes políticos, empresarios y ambientalistas de todo el mundo.

La decisión del señor Trump de abandonar el acuerdo para la acción ambiental firmado por 195 naciones es una notable reproche a jefes de estado, activistas por el clima, ejecutivos corporativos y miembros del propio personal del presidente,  todo eso no pudo cambiar su mentalidad intensa, la última declaración –en el  lobby- hace unos minutos. “El acuerdo de París tenía la intención de obligar a la comunidad mundial en la lucha contra el aumento de temperaturas en concierto, es un gran golpe que obliga a la salida del segundo mayor contaminador de la Tierra”.

Trump dijo que quería negociar un mejor trato para los Estados Unidos, y la administración dijo que había realizado llamadas a los líderes de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Canadá para explicar personalmente su decisión. Un comunicado de la secretaria de prensa de la Casa Blanca dijo que el presidente “aseguró a los líderes que Estados Unidos que mantiene su compromiso con la alianza transatlántica y robustece sus esfuerzos para proteger el medio ambiente.”

Sin embargo, a pocos minutos de las declaraciones del presidente, los líderes de Francia, Alemania e Italia emitieron una declaración conjunta diciendo que el acuerdo climático París era “irreversible” y no podía ser renegociado.

La decisión fue una victoria para Stephen K. Bannon, jefe de estrategia de Trump, y Scott Pruitt, el administrador de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, que pasó meses haciendo, en silencio, caso al presidente sobre los peligros del acuerdo. En el interior del ala oeste, el par se sobrepuso a una intensa oposición de otros ayudantes principales, incluyendo Gary D. Cohn, el director del Consejo Económico Nacional, la hija del presidente Ivanka Trump, y su secretario de Estado, Rex Tillerson.

Trump, en particular, luchó para asegurarse de que su padre escuchó de personas de apoyo del acuerdo, el establecimiento de llamadas y reuniones con líderes mundiales, ejecutivos corporativos y otros. Pero el jueves, los ayudantes que empujaron a seguir formando parte del acuerdo fueron desconsolados, y fue Pruitt quien el presidente hizo subir por las declaraciones de victoria en el evento Rose Garden.

El discurso del presidente fue su más audaz y radical afirmación de una doctrina de política exterior “Estados Unidos primero” desde que asumió el cargo hace cuatro meses. Se comprometió a convertir la empatía hacia el interior del país, rechazando la ayuda financiera para los controles de contaminación en las naciones en desarrollo a favor de proporcionar ayuda a las ciudades estadounidenses que luchan por contratar a los agentes de policía.

“Que una vez hubiera sido impensable que un acuerdo internacional podría evitar que los Estados Unidos de llevar a cabo sus propios asuntos internos”, dijo Trump.

En opinión del Sr. Trump, el acuerdo de París representa un ataque a la soberanía de los Estados Unidos y una amenaza a la capacidad de su gobierno para reformar las leyes ambientales del país en formas que beneficien a todos los americanos.

¿Qué es el Acuerdo de París?

Por BRAD PLUMER  1 de junio de 2017.

01PARISQandA-videoLarge En noviembre de 2016, el Arco del Triunfo fue iluminado con la leyenda “El Acuerdo de París es un hecho” para celebrar la ratificación del pacto. CreditPatrick Kovarik/Agence France-Presse — Getty Images.

Enlace al artículo original: https://www.nytimes.com/es/2017/06/01/que-es-el-acuerdo-de-paris/?em_pos=large&emc=edit_bn_20170601&nl=boletin&nlid=60379794&ref=headline&te=1

En diciembre de 2015, prácticamente todos los países del mundo —195 en total; Siria y Nicaragua son los únicos que no son parte— se sumaron al primer pacto global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que contribuyen a aumentar la temperatura global. Fue un logro diplomático histórico.

Los estudios científicos indican que si las emisiones de los gases de efecto invernadero continúan al paso actual, las temperaturas atmosféricas seguirán aumentando y podrían pasar el umbral de dos grados Celsius más respecto a la temperatura preindustrial. Eso significa que el mundo será más caliente, que los niveles del mar incrementarán, las tormentas e inundaciones serán más fuertes, al igual que las sequías, y que habrá escasez alimentaria y más condiciones extremas.

No hay que olvidar que las temperaturas globales ya rompieron récords en 2016, el año más caluroso desde que hay registro. Antes también lo hicieron 2015 y 2014.

La idea del Acuerdo de París es que cada país, desarrollado o no y sin importar su PIB, establezca metas para reducir las emisiones de dióxido de carbono para prevenir esos efectos.

El presidente Donald Trump ahora anunció que Estados Unidos se retirará del acuerdo.

Esto no necesariamente acabará con el pacto, pero podría socavar los esfuerzos globales para reducir el calentamiento global y prevenir un cambio climático más drástico.

Aquí te explicamos cómo funciona el acuerdo y qué pasaría con la salida de Estados Unidos.

¿Qué hace el Acuerdo de París?

Con el pacto, todos los países que firmaron y lo han ratificado presentaron un plan individual para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y acordaron reunirse de manera regular para revisar el progreso e impulsar a los demás a que aumentaran sus esfuerzos.

A diferencia del tratado anterior (el Protocolo de Kioto), el Acuerdo de París no es vinculante; así, los países pueden cambiar sus planes según la situación interna. No hay multas por quedar por debajo de las metas declaradas. La expectativa era que las políticas y las metas fueran reforzadas con el tiempo por medio de la diplomacia y de la presión social.

Estados Unidos, durante el gobierno de Barack Obama, prometió recortar para 2025 los gases de efecto invernadero en 26 a 28 por ciento en comparación a los niveles de 2005, así como repartir, para 2020, tres mil millones de dólares en ayuda para que los países menos desarrollados puedan reducir su dependencia de los combustibles fósiles. (Hasta la fecha ha repartido mil millones de dólares).

China prometió que para 2030 obtendría una quinta parte de su electricidad con fuentes libres de carbón e India que reduciría su intensidad de carbono, o la cantidad de emisiones de CO2 por unidad de actividad económica.

Aunque las promesas actuales no prevendrían que las temperaturas aumenten menos de dos grados Celsius sobre el nivel preindustrial –el umbral considerado altamente peligroso– hay evidencia de que la diplomacia suave del Acuerdo de París ha movilizado a algunos países a tomar acciones más completas. Un estudio del Instituto de Investigaciones Grantham halló que la existencia misma del acuerdo ya había llevado a decenas de países a emitir leyes para la utilización de energías limpias.

¿Cómo sería el retiro estadounidense del acuerdo?

Dado que no es vinculante, no hay penalizaciones para Estados Unidos por salirse.

El gobierno de Donald Trump invocaría el mecanismo formal de retiro, que tarda cuatro años, aunque las autoridades estadounidenses pueden dejar de participar en cumbres climáticas vinculadas al acuerdo desde este mismo momento. Claro que, si así lo quisiera, un futuro gobierno estadounidense podría volver a sumarse.

La administración de Trump todavía podría tomar un paso más radical: retirarse de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con lo que dejaría de ser parte de cualquier cumbre o discusión al respecto patrocinada por la ONU.

Estados Unidos podría enfrentar represalias diplomáticas por salirse. Europa, China y otros países pueden amenazar con dejar de cooperar en otros temas que son de importancia para el gobierno de Trump. En un caso más extremo, otros países podrían imponer aranceles contra Estados Unidos por emisiones de carbono.

¿Qué implicaciones tiene la salida?

Los efectos domésticos en Estados Unidos no se frenarían por completo: estados como California y Nueva York seguirán impulsando programas como aumentar el uso de vehículos híbridos o eléctricos, mientras que el sector privado ya se ha movido hacia la energía limpia como el gas natural.

Sin embargo, Estados Unidos estaría haciendo mucho menos respecto al calentamiento global de lo que haría de otro modo. Un análisis del Rhodium Group estima que las emisiones del país con Trump caerán entre 15 y 19 por ciento para 2025 respecto a los niveles de 2005, en vez de entre 26 y 28 por ciento como prometió el gobierno de Obama.

La retirada estadounidense también podría afectar los esfuerzos globales para combatir el cambio climático; esto dependerá de cómo reaccionen los otros países.

Líderes de Europa, China e India han dicho que mantendrán sus promesas, aunque el futuro de las conversaciones mundiales sobre cambio climático no es claro.

Es posible que la salida del segundo mayor emisor de gases de invernadero del mundo del Acuerdo de París lleve a otras naciones a relajar sus planes. “Incluso en lugares como Europa, hay grupos industriales preocupados por su competitividad”, dijo David G. Victor, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de California en San Diego. Una salida estadounidense “vuelve más difíciles las políticas en otros países”.

India, Indonesia, Filipinas y otros países en desarrollo podrían ser más recelosos sobre reducir las emisiones, en particular si ya no recibirían la ayuda financiera estadounidense para ajustarse a los efectos del cambio climático y paliar los costos de moverse hacia energías más limpias.

Aunque no todos son tan pesimistas. El experto en política climática Luke Kemp, de la Universidad Nacional de Australia, sugiere que otros países podrían más bien elegir redoblar sus esfuerzos. “A corto plazo, habría un efecto galvanizador”, dijo.

China probablemente asumirá el papel dominante en cualquier cumbre o negociación futura. Ya ha hecho fuertes inversiones en energías eólica, solar y nuclear para reducir su consumo antes insaciable de carbón. Sin embargo, no queda claro qué tanto vaya a presionar Pekín a los demás gobiernos a que sean más ambiciosos con sus metas.

Indistinto, el mundo enfrenta una lucha aún más desafiante: las promesas actuales de todas las demás naciones sumadas encaminan al planeta a un aumento de tres grados Celsius en la temperatura global respecto de los niveles industriales. Eso implica un riesgo de desestabilización climática mucho mayor, con el aumento de los niveles del mar, el deshielo en Groenlandia y la Antártida, olas de calor y sequías más destructivas y la pérdida de ecosistemas clave como los arrecifes de coral.

Aunque siempre está la salvaguardia de que un gobierno estadounidense futuro se vuelva a sumar al acuerdo.

“Si parece que este gobierno solo durará cuatro años”, dijo Victor, de la Universidad de California en San Diego, “es posible que otros países mantengan sus promesas en materia climática y no pierdan aún la esperanza en Estados Unidos”.

El mundo ante la amnesia ambiental

Por 24 de abril de 2017.

23cover-master1050 CreditIlustración de Christoph Niemann

Enlace a la publicación original del ensayo:

https://www.nytimes.com/es/2017/04/24/el-mundo-ante-la-amnesia-ambiental-generacional/?em_pos=small&emc=edit_bn_20170601&nl=boletin&nl_art=0&nlid=60379794&ref=headline&te=1

El futuro sobre el cual nos han advertido está comenzando a sentirse en el presente. Tendemos a imaginar el cambio climático como la destrucción. Sin embargo, también se disfraza de alteración y caos: tormentas y sequías cada vez más frecuentes y poderosas; inundaciones más intensas; extensas variedades de pestes que convierten bosques en yesca de incendios sin control, o temporadas en las que el calor es insoportable. Tantas facetas de nuestra existencia —la agricultura, el transporte, las ciudades y la arquitectura que estas engendraron, por ejemplo— fueron diseñadas para entornos específicos y ahora, poco a poco, están siendo remplazadas por otras distintas, más volátiles, sin mudarse o cambiar.

Estamos acostumbrados a escuchar sobre casos trágicos de naciones insulares que sencillamente desaparecerán; países como Tuvalú y Kiribati que enfrentan la posibilidad de tener que negociar la reubicación de todos sus ciudadanos a otros países. Sin embargo, también debe haber, en algún rincón del planeta, y para cada uno de sus habitantes, un umbral en el que un lugar familiar se convierte en uno desconocido: una atmósfera alterada, inundada de extrañeza y rareza, en la que, de un modo u otro, viviremos, aunque en el exilio. El filósofo australiano Glenn Albrecht describe este sentimiento como “solastalgia”, un desconsuelo en respuesta a cambios negativos en el medioambiente o “la añoranza que nos aqueja sin que nos hayamos ido del lugar que llamamos ‘hogar’”.

Algunas comunidades enfrentarán nuevos problemas y variantes climáticas; en otras, los ya existentes se intensificarán. Las sociedades que ya son vulnerables —los pobres, los mal gobernados— podrían llegar a puntos críticos muy sombríos. Pensemos en el hambre generalizada que azota a Sudán del Sur, Nigeria, Yemen y Somalia, donde se prevé que un total de casi medio millón y medio de niños muera este año y se espera que el cambio climático empeore el tipo de sequías que ha ocasionado. También pensemos en un informe de 2015 del Departamento de Defensa de Estados Unidos que enmarca el cambio climático como un “multiplicador de amenazas” geopolíticas que “amenazarán la estabilidad interna en diversos países”, y cita un estudio que demuestra cómo una sequía de cinco años en Siria contribuyó con el estallido del conflicto actual en esa zona. No obstante, la negación está otra vez de moda entre los más poderosos. En Estados Unidos hay un presidente que ha dicho que el cambio climático es un invento, por ejemplo.

 23essay3-master315 También nos alejamos de la desorientación y de la alarma de otras formas más nocivas. Parecemos capaces de normalizar las catástrofes a medida que las vivimos, un fenómeno que hace referencia a lo que Peter Kahn, profesor de Psicología de la Universidad de Washington, llama “amnesia ambiental generacional”. Cada generación, argumenta Kahn, puede reconocer solo los cambios ecológicos de los que sus miembros son testigos durante su vida. En una charla reciente, Kahn puso como ejemplo las condiciones de vida en una megalópolis como Calcuta, o en las áreas tan empobrecidas y contaminadas de Houston que se han visto afectadas por las refinerías de petróleo. En Houston, donde llevó a cabo su primera investigación a principios de los 90, Kahn descubrió que dos terceras partes de los niños a los que entrevistó entendían que la contaminación del aire y del agua eran problemas ambientales, pero solo una tercera parte creía que su propio barrio estaba contaminado. “La gente nace en estas condiciones de vida”, me explicó Kahn, “y piensa que es lo normal”.

ACUERDO DE PARÍSCALENTAMIENTO GLOBALCAMBIO CLIMÁTICO

Se puede ignorar algo no solo mirando hacia otro lado, sino si se le mira tan de cerca que se pierde perspectiva.

Daniel Pauly, científico que estudia al sector pesquero en la Universidad de Columbia Británica, llegó casi a la misma conclusión, pues reconoció que, a medida que colapsaban las poblaciones de peces de gran tamaño, la humanidad –ignorante– había cambiado a la pesca de especies relativamente más pequeñas. En consecuencia, escribió Pauly, se da de manera generalizada la “desaparición progresiva” de esa parte de la fauna a partir de “puntos de referencia inadecuados”. Denominó a esta visión defectuosa “síndrome de cambio en el punto de referencia”.

Sin embargo, existen muchos cambios más sutiles en nuestra conciencia que no se pueden delimitar de forma tan precisa. Escenarios que sonarían distópicos o satíricos como proyecciones futuras que se materializan modestamente en la realidad.

El año pasado por el derretimiento del permafrost en Siberia se liberó una cepa de ántrax que había quedado encapsulada en el cadáver de un reno congelado, misma que enfermó a cien personas y mató a un niño. En julio de 2015, durante el mes más caluroso que se haya registrado en la Tierra (hasta que el siguiente año superó el récord) y el día más caluroso que se haya registrado en Inglaterra (hasta el siguiente verano), el diario The Guardian tuvo que cerrar su blog con actualizaciones en vivo sobre la ola de calor cuando los servidores se sobrecalentaron. Las ciudades que se encuentran a altitudes bajas en todo el mundo están experimentando más casos de “inundaciones sin lluvia”, en las que calles o barrios enteros quedan inundados temporalmente por la marea alta y las marejadas ciclónicas. Sin embargo, los científicos y los planificadores urbanos han conjurado un tecnicismo que suaviza esa sorprendente realidad: nuisance flooding, las inundaciones molestia.

23mag-23essay-t_CA0-master315 Ilustración de Christoph Niemann

Kahn afirma que nuestra amnesia ambiental generacional es “uno de los problemas psicológicos centrales de nuestra época”, debido a que oculta la magnitud demuchos problemas muy concretos. Se puede ignorar algo no solo mirando hacia otro lado, sino si se le mira tan de cerca que se pierde perspectiva. No obstante, la marea siempre está en aumento en el horizonte, engullendo algo. Cuanto más vivimos, más angustiosamente atrapados nos sentimos entre las pérdidas que ya nos tocó vivir y las que vemos venir.

Nos las arreglaremos de algún modo, en el exilio.

Estos puntos de referencia cambiantes también confunden la idea de una adaptación al cambio climático. Adaptación, señala Kahn, puede significar cualquier cosa, desde el ojo humano que se ajusta a un entorno con menos luz en unos cuantos milisegundos hasta los lobos que se transformaron en perros en el transcurso de miles de años. No siempre significa progreso, me explicó: “Es posible adaptarse y reducir la calidad de la vida humana”. Adaptarse para evitar a o para lidiar con el sufrimiento ocasionado por el cambio climático podría ocasionar paulatinamente más sufrimiento y, a causa de la amnesia ambiental generacional, incluso podríamos no reconocer hasta dónde llega. Trae a mi mente El árbol generoso de Shel Silverstein: por intentar cumplir los deseos del niño, queda reducido a un tocón.

En el nivel más básico, argumenta Kahn, ya nos estamos adaptando al cambio climático a través de una especie de consentimiento tácito, como la forma en la que la gente en una ciudad como Pekín acepta que pueden enfermarse por tan solo respirar el aire de la calle. “La gente lo sabe, tose y respira con dificultad”, me dijo, “pero no están organizando revoluciones políticas”. Nosotros tampoco. Kahn continuó diciendo que corremos el riesgo de quedarnos atrapados, a través de la adaptación gradual, en una condición de “prosperidad frustrada”.

Claro, le dije, pero en algún momento todo será demasiado. Posiblemente, me contestó Kahn. No obstante, los supuestos sobre el futuro, sin importar lo obvios que nos puedan parecer, no se hacen realidad de manera automática.

“Lo sorprendente es que nada de esto parece funcionar de la forma en que pensamos que debería hacerlo. Cuando crecí alrededor de San Francisco en la década de 1970, el tráfico ya era muy malo. Y pensé, si empeora un poco más, esto estremecerá nuestra conciencia de una manera importante. Pero cada cinco años, empeoraba”. Guardó silencio unos segundos, y dijo: “Me he quedado pensando en cuántos periodos de cinco años he vivido”.

Jon Mooallem escribe para The New York Times Magazine y es autor del libro “Wild Ones”.

GRÁFICO

Cómo las ciudades y de los Estados reaccionaron a la Decisión de Trump para salir del Paris acuerdo climático

La decisión del presidente Trump retirarse del acuerdo sobre el clima Paris dibujó una reacción inmediata de alcaldes de grandes ciudades, gobernadores y miembros del Congreso.

https://www.nytimes.com/interactive/2017/06/02/climate/trump-paris-mayors.html

“¿En qué momento la nación obtener degradado? ¿En qué momento empiezan a reírse de nosotros como país?”, Dijo Trump. “No queremos que otros líderes y otros países que se ríen de nosotros más. Y no van a ser “.

Pero los líderes de negocios como Elon Musk de Tesla, Jeffrey R. Immelt de General Electric y Lloyd C. Blankfein, de Goldman Sachs dijeron que la decisión en última instancia, perjudicar a la economía mediante la cesión de los empleos del futuro en energía limpia y la tecnología a los competidores en el extranjero.

El señor de almizcle, que había aceptado ser un miembro de un Dos consejos relacionados con la empresa que el Sr. Trump estableció este año,escribió en Twitter que iba a salir de esos paneles .

“El cambio climático es real. Salida de París no es bueno para Estados Unidos o del mundo “, dijo.

Según el acuerdo, los Estados Unidos se había comprometido a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero del 26 al 28 por ciento por debajo de los niveles de 2005 en 2025 y comprometer hasta $ 3 mil millones en ayuda a los países más pobres para el año 2020 .

Dando un paso lejos del acuerdo de París, el presidente cumplió una promesa de campaña de “cancelar” un acuerdo se burló repetidamente en las reuniones. Como presidente, se ha movido rápidamente para revertir las políticas de la era Obama destinadas a permitir que los Estados Unidos para cumplir con sus objetivos de reducción de la contaminación como se establece en el marco del acuerdo.

“Estamos recibiendo a cabo”, dijo el jueves el Sr. Trump. “Pero vamos a empezar a negociar, y vamos a ver si podemos llegar a un acuerdo que sea justo. Y si podemos, eso es genial “.

Presidente Trump criticó a China, India y otros contaminadores internacionales en una dirección en la que anunció la retirada de los Estados Unidos desde el acuerdo climático París.

Por The Associated Press. Foto por Doug Mills / The New York Times.Ver en Times vídeo »

En su discurso, el Sr. Trump aparece sectores de la economía de Estados Unidos, que perdería ingresos y puestos de trabajo si el país seguía siendo parte del acuerdo, citando un estudio – disputada vigorosamente por los grupos ecologistas – afirmando que el acuerdo costaría 2,7 millones de puestos de trabajo en 2025 .

Pero él se pegará al proceso de supresión contenidas en el acuerdo de París, que el presidente Barack Obama se unió y la mayor parte del mundo ya ha ratificado. Eso podría llevar casi cuatro años en completarse, lo que significa una decisión final sería hasta los votantes estadounidenses en la próxima elección presidencial.

Los legisladores republicanos aplaudieron la decisión del señor Trump, llamándolo un antídoto necesario a la extralimitación de las políticas de Obama para reducir las emisiones de carbono del planeta-calentamiento.

“Aplaudo al Presidente Trump y su administración para tratar otro golpe significativo para el asalto de la administración Obama sobre la producción de energía doméstica y el empleo”, dijo el senador Mitch McConnell, líder de la mayoría.

Pero el llamado de Trump para las nuevas negociaciones globales sobre el clima del planeta atrajo la burla de los demócratas en los Estados Unidos y otros jefes de estado.

Presidente Emmanuel Macron de Francia y el primer ministro de Canadá Justin Trudeau cada emitieron reproches a Trump. “Hacer de nuestro planeta grande otra vez”, dijo Macron.

Los EE.UU. es el contaminador de carbono grande en la historia. Sólo se alejó del acuerdo climático París.

En Twitter, Miguel Arias Cañete, comisionado de la Unión Europea para el clima, dijo que “el anuncio de hoy nos ha galvanizado en lugar de nosotros debilitado, y este vacío será llenado por el nuevo amplio liderazgo comprometido.”

Obama, en una afirmación poco común de sus puntos de vista políticos como un ex presidente, dijo: “Las naciones que permanecen en el acuerdo de París serán las naciones que logren los beneficios en empleos e industrias creadas.”

“Incluso en la ausencia de liderazgo de Estados Unidos; aun cuando esta administración se une a un pequeño puñado de naciones que rechazan el futuro; Estoy seguro de que nuestros estados, ciudades, y las empresas un paso adelante y hacer aún más para el camino, y ayudar a proteger a las generaciones futuras un planeta que tenemos “, dijo Obama.

En los últimos días, el Sr. Trump resistió fulminante críticas por parte de sus homólogos europeos que lo acusaron de eludir papel de Estados Unidos como líder mundial y la responsabilidad de Estados Unidos como el mayor emisor de gases de efecto invernadero historia planetaria calentamiento.

Después de un intenso debate dentro de la administración, la Casa Blanca el jueves asumió la parafernalia de una celebración. El Jardín de las Rosas estaba lleno de periodistas, activistas y miembros de la administración del Sr. Trump. Decenas de miembros del personal se alinearon los lados de la Rosaleda como una banda militar tocaba jazz suave.

Los partidarios de los acuerdos de París reaccionaron con alarma acumulada, que condena a la administración por falta de visión sobre el planeta y la voluntad imprudente para romper relaciones diplomáticas desde hace mucho tiempo.

GRÁFICO INTERACTIVO 

Las apuestas en el acuerdo climático París: lo que podría Otros países?

Presidente Trump retirará los Estados Unidos desde el primer acuerdo mundial para abordar el calentamiento global. ¿Dónde están los demás países en el acuerdo?

“Extracción de los Estados Unidos desde el acuerdo de París es una acción imprudente e insostenible”, dijo Al Gore, ex vicepresidente que se ha convertido en un evangelista de la lucha contra el cambio climático. “Mina la posición de Estados Unidos en el mundo y amenaza con dañar la capacidad de la humanidad para resolver la crisis climática en el tiempo.”

Los líderes empresariales también condenaron la acción del Sr. Trump.

En su página web, IBM reafirmó su apoyo al acuerdo de París y en desacuerdo con la afirmación del presidente de que era un mal negocio para los trabajadores estadounidenses y la economía de Estados Unidos.

“Este acuerdo requiere que todos los países participantes a presentar sus mejores esfuerzos en el cambio climático según lo determinado por cada país”, dijo la compañía. “IBM cree que es más fácil para liderar resultados por estar en la mesa, como participante en el acuerdo, más que desde fuera de ella.”

Immelt, presidente y director ejecutivo de General Electric, llevó a Twitter para decir que estaba “decepcionado” con la decisión. “El cambio climático es real”, dijo. “La industria ahora debe conducir y no depender de gobierno”.

Pero el señor Trump fue resuelta.

“Es hora de poner Youngstown, Ohio; Detroit, Mich .; y Pittsburgh, Pa., junto con muchos, muchos otros lugares dentro de nuestro gran país, antes de París, Francia,”dijo. “Es hora de que Estados Unidos sea grande otra vez.”

El alcalde de Pittsburgh, Bill Peduto, respondió en Twitter : “Te puedo asegurar que vamos a seguir las directrices del Convenio de París para nuestra gente, nuestra economía y futuras.”

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Juan Torres López: LA CRISIS FINANCIERA GUÍA PARA ENTENDERLA Y EXPLICARLA.

2017. Cuatro meses y medio transcurridos sumidos en un tremendo torbellino de confusiones y ambivalencias que desatan emociones y sentimientos encontrados inexplicablemente mezclados que nos angustian y nos mortifican a todos. Una mezcla emocional de negación e ira explotó en los opositores al actual estado de cosas que generó acciones de rebeldía espontanea que no fueron muy eficaces. Afortunadamente están madurando los esfuerzos pensantes de muchos activistas en todo el mundo.

No hay que perder de vista que las formas y métodos más eficaces de represión ideológica y política son aquellos que pasan desapercibidos.

malcom

El siglo XXI se caracteriza por la incertidumbre, por la hegemonía del pensamiento a corto plazo y por el convencimiento de que no se necesita adoptar medidas y acciones de prevención. La incertidumbre genera impotencia, el pensamiento a corto plazo recorta el valor de la memoria hasta extremos que pueden dejarnos sin futuro y el desdén por la prevención nos hace irremediablemente fatalistas; es un caldo de cultivo fértil para que los intolerantes y poderosos señores de la guerra y del mal siembren con éxito odio, discordia y exclusión enfrentando a pueblos contra pueblos llevándonos hacia el abismo de nuestra propia destrucción.

Ahora más que nunca es indispensable pensar muy bien todo, pensar tres veces las cosas cuando menos.

Keynes dijo en 1924, entre otras cosas sabias y premonitorias:

“… El siguiente paso adelante debe venir, no de la agitación política o de los experimentos prematuros, sino del pensamiento. Necesitamos aclarar nuestros propios sentimientos mediante un esfuerzo de la mente. En la actualidad, nuestra simpatía y nuestra opinión propenden a estar en lados diferentes, lo que constituye un estado mental angustiado y paralizante. En el campo de la acción, los reformadores no tendrán éxito hasta que puedan perseguir firmemente un objetivo claro y definido, con sus inteligencias y sentimientos en sintonía. No hay ningún partido en el mundo, en el momento actual, que me parezca estar persiguiendo objetivos correctos por medio de métodos correctos. La pobreza material proporciona el incentivo para cambiar precisamente en situaciones en las que hay muy poco margen para la experimentación. La prosperidad material suprime el incentivo precisamente cuando no sería arriesgado probar suerte. Europa carece de medios, América de la voluntad, para dar algún paso. Necesitamos una nueva serie de convicciones que broten naturalmente de un sincero examen de nuestros propios sentimientos íntimos en relación con los hechos exteriores”.

El Dr. Juan Torres López es un distinguido activista pensante que ha aportado amplios conocimientos de economía y su experiencia como militante a favor de la worldrevolution que nos ayudan a todos, a entender y enfrentar la crisis global que hoy por hoy se viene agudizando a pasos acelerados.

Comparto con ustedes, amigas(os), lectores y colegas economistas, además de dos artículos relevantes de él, un resumen de sus datos personales y la dedicatoria, el prólogo, la introducción y un enlace a un libro completo que pueden bajar gratis y que considero es de la mayor utilidad para todos, por lo cual les pido por favor que lo compartan, vale la pena: La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla.

http://www.archivochile.com/Debate/crisis_08_09/crisis00156.pdf

Juan Torres López; Datos personales:  (www.juantorreslopez.com

jtl2015-3-293x300 Nacido en Granada (España) en 1954, donde estudió el bachillerato. Está casado y es padre de tres hijos, María, Juan y Lina.

Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad de Málaga, carrera que estudió siempre como becario.

Doctor en CC. Económicas y Empresariales desde 1981, dos años más tarde obtuvo la plaza de profesor Adjunto de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Granada. En octubre de 1984 se incorporó a la de Málaga como catedrático contratado, plaza que ocupó definitivamente como funcionario en diciembre de 1986 en el área de Economía Aplicada.

Desde octubre de 2008 es catedrático en la Universidad de Sevilla en el Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Durante toda su vida académica ha combinado la actividad docente e investigadora con la gestión de asuntos universitarios como Director de Departamento, Vicedecano, Decano de la Facultad de Derecho y Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad de Málaga. Ha ocupado también el cargo de Secretario General de Universidades e Investigación de la Junta de Andalucía.

Entre los libros de los que es autor destacan los manuales Economía Política (siete ediciones) e Introducción a la Economía. Otros de sus libros son Economía de la Comunicación de masas; La empresa industrial granadinaAnálisis Económico del Derecho. Panorama doctrinal; Tecnologías de la Información. Impactos y usos sociales; Desigualdad y crisis económica. El reparto de la tarta (dos ediciones); Economía del delito y de las penas (con Alberto Montero); La Economía Andaluza; España va bien y el mundo tampoco; Neoliberalismo. Sociedad, trabajo y poder financiero; Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas. También es autor de un manual de Economía y otro de Economía de la Empresa para bachilleres. Ha coordinado y dirigido libros colectivos como La otra cara de la política económica. España 1984-1994; Pensiones Públicas, ¿y mañana qué? y Venezuela a contracorriente. Los orígenes y las claves de la revolución bolivariana.

Sobre la reciente crisis económica ha publicado La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla, con la colaboración de Alberto Garzón, un pequeño texto de divulgación también distribuido gratuitamente por la red en versión pdf, http://www.archivochile.com/Debate/crisis_08_09/crisis00156.pdf del que se han realizado docenas de miles de descargas y que ha llegado a tener cerca de 500.000 referencias en páginas web de todo el mundo. En 2010 publicó Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera, con Lina Gálvez Muñoz. Más tarde, La crisis de las hipotecas basura. ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?, con la colaboración de Alberto Garzón. Participó como coautor en el best seller Reacciona y también en ReaccionaDos. Más recientemente ha publicado con Vicenç Navarro y Alberto Garzón Hay alternativas.

Propuestas para crear empleo y bienestar en España, con prólogo de Noam Chomsky, y Lo que España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP. Y, por último, Contra la crisis otra economía, otro modo de vida.

Más tarde, con Vicenç Navarro ha escrito Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero y Lo que tienes que saber para que no te roben la pensión.

Con Daniel Lacalle y Emilio Ontiveros ha escrito Hablando se entiende la gente. Un debate plural sobre la economía española que es una llamada al entendimiento y la colaboración más plural posible para poder resolver en paz los conflictos y problemas de la economía española.

Su último libro, de momento, es El capitalismo en crisis. Del crac de 1929 a la actualidad.

Además de estos libros, ha escrito capítulos en otros colectivos, numerosos artículos cientificos o ponencias en reuniones y congresos y cientos de artículos de divulgación económica o análisis político, además de haber impartido docencia en diversas universidades y docenas de seminarios y conferencias en todo tipo de foros. Ha dirigido nueve tesis doctorales y diversos proyectos de investigación. Es también colaborador de numerosas organizaciones no gubernamentales, de asociaciones ciudadanas, partidos políticos y de sindicatos. Es miembro del Consejo Científico de ATTAC España.

Mantiene una página web (Ganas de Escribir: www.juantorreslopez.com) y colecciona los grafitis que fotografía en las paredes de las calles y los publica en el blog colecciondegrafitis.blogspot.com.

Dirección de correo electrónico: juantorres@us.es

Dirección postal:
Departamento de Análisis Económico y Economía Política
Facultad de CC. Económicas y Empresariales
Avda. C/ Ramón y Cajal 1
41018 Sevilla (España)

Ficha personal de investigador (Universidad de Sevilla)

Juan Torres López Ganas de escribir http://juantorreslopez.com

La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla: http://www.archivochile.com/Debate/crisis_08_09/crisis00156.pdf

Juan Torres López, con la colaboración de Alberto Garzón Espinosa.

LA CRISIS FINANCIERA

GUÍA PARA ENTENDERLA Y EXPLICARLA

Prólogo de Pascual Serrano

ATTAC 2009

La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla

http://www.archivochile.com/Debate/crisis_08_09/crisis00156.pdf

Dedicado a nuestras amigas y amigos de ATTAC y a todos los que en diferentes organizaciones, partidos, sindicatos o movimientos, con sensibilidades, creencias o militancias diferentes, tienen, sin embargo, la misma convicción y la misma aspiración que nosotros: hacer realidad ese otro mundo más justo que es posible.

PRÓLOGO

Nos dijeron que la economía estaba en crisis debido al alto precio del petróleo que estaba encareciendo la mayoría de la producción, a los dos meses la crisis era porque éste había bajado su precio a la mitad. Contaban que la economía iba bien cuando el precio de la vivienda estaba a unos niveles que ningún joven podía acceder a ella y en cambio se contabilizaban tres millones de casas vacías en España, hasta nos hacían felices porque los que teníamos vivienda ahora éramos ricos debido a la subida de los precios, y en realidad lo que sucedía era que nuestros hijos no podían comprar una. Nos inquietaban con el peligro de que explotara la burbuja inmobiliaria que provocaría la caída de los precios, a pesar de que esa hubiera sido la única forma de que algunos pudiesen comprarse una casa. Durante toda la vida habíamos pensado que un signo de mala situación económica era que subieran los precios de los productos que necesitábamos, pero ahora dicen que con la crisis bajarán y eso es todavía peor. Hace diez años recomendaban que nos hiciéramos un plan de pensiones privado porque el sistema público no estaría en condiciones de garantizar el pago de nuestra jubilación y ha resultado que ha sido el sistema público el que ha tenido que rescatar al privado de la bancarrota.

En nuestra sociedad, los “expertos” en economía vienen a ser como los brujos de las tribus salvajes que advertían de una terrible sequía dos semanas antes de que el poblado se inundara por unas torrenciales lluvias, y a pesar de eso seguían considerados como los sagrados adivinos cuando dejaba de llover.

Muchos hemos llegado a la conclusión de que en este siglo XXI leer buenos –y decentes- libros de economía es tan importante  como los de supervivencia si se va a una isla desierta. Y por eso yo leo a Juan Torres, por supervivencia en esta edad moderna. De forma que llega un catedrático de Economía como él y nos dice que lo que argumentaban los grandes gurús de la economía mediante matemáticas muy sofisticadas era “una tontería sin fundamento científico alguno pero que se divulgaba para que los multimillonarios puedan seguir jugando al casino”. O sea, el brujo de la aldea tomándonos el pelo en el siglo XXI. Y la prueba más clara es que hasta a Emilio Botín y a Alicia Koplowitz les sacó el dinero un estadounidense de nombre Madoff mediante el tocomocho de unas inversiones piramidales dignas de un trilero de la Gran Vía madrileña.

Todo lo que está sucediendo ahora lo advirtió hace cuatro años Juan Torres López en su libro “Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas” (Icaria), pero Torres no tenía el reconocimiento de “brujo de la aldea” que dan los grandes medios y las instituciones financieras porque decía lo que a ellos no les interesaba, y lo silenciaron.

Lo que sí pregonaban pocos meses antes de que se desplomaran las finanzas estadounidenses y europeas, el 5 de abril, eran titulares como este del diario El País: “BBVA y el riesgo venezolano”.

Se hacían eco de que el banco español “BBVA acaba de advertir sobre la situación venezolana en el capítulo de riesgos del informe anual presentado ante la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos”. Seis meses después los gobiernos estadounidenses y europeos dedicaban sus fondos públicos a salvar la banca privada y el venezolano concedía 236,7 millones de dólares para 1.547 proyectos socioproductivos comunitarios.

Esos ejecutivos y banqueros que han provocado la crisis se siguen burlando de los ciudadanos cada día que pasa. Mientras conocemos los multimillonarios rescates bancarios con dineros públicos, en Munich se inauguraba en octubre de 2008, con gran éxito de asistencia, la Feria de Millonarios, donde encontramos un teléfono móvil que se vende por 178.000 euros, una almohada adornada con diamantes por 300.000 euros, cigarros envueltos en oro, el último Ferrari, el mayordomo perfecto, yates, casas de caviar y champán… Esos días se conoció que el dueño de la inmobiliaria española Fadesa se adjudicó a su cuenta personal 139 millones de euros de la empresa antes de declarar la suspensión de pagos, que los ejecutivos de la aseguradora AIG se fueron una semana de vacaciones gastándose un total de más de 440.000 dólares alojándose en un hotel de California que cuesta mil dólares por noche, tras recibir los 85.000 millones de dólares del rescate del gobierno estadounidense. La división aseguradora del desaparecido Fortis, cuyos restos fueron comprados a precio de saldo por BNP Paribas, se gastaron 150.000 euros en una cena en el prestigioso restaurante Louis XV del hotel monegasco de Paris Monte-Carlo, el más caro de todo el Principado.

Aunque la crisis es básicamente financiera y del sector de la construcción, un estudio (1) señalaba que los directivos de las entidades financieras tienen un salario medio de entre 80.000 y 250.000 euros y los de las promotoras o constructoras entre 100.000 y 240.000 euros. Estos sueldos, según el estudio, sólo son superados por los socios de los despachos de abogados. Sirva como ejemplo que durante 2008 la presidenta de Banesto, Ana Patricia Botín, tuvo un aumento de sus emolumentos del 18 % para llegar a ingresar 3,67 millones de euros. A ellos hay que añadir “los 3,8 millones que el banco aportó a su plan de pensiones, que se eleva ya a 21,7 millones” (2). El resto de los miembros del Consejo de Administración percibió durante 2008 un 36,9 % más que el año anterior, y los once miembros de la alta dirección vieron su retribución aumentada un 34,6 %, hasta alcanzar un sueldo medio de 742.000 euros. En Estados Unidos no es diferente. Mientras la financiera Merrill Lynch aprobaba los planes de despidos y recibía ayudas del gobierno, su presidente, John Thain, se gastaba 1,2 millones de euros en amueblar su despacho. Entre sus adquisiciones, alfombras de 67.000 euros y una mesa de 19.200. Así se viven las crisis cuando uno es directivo de una gran empresa o banco. Al final tenía razón Bertolt Brecht cuando afirmaba que el delito no era robar un banco, sino fundarlo.

(1) Público 26-11-2008.

(2) Público 24-1-2009.

En realidad, como me dijo mi amigo Santiago Alba, a estas alturas no deberíamos escandalizarnos, esa gente siempre se dedicó a comer y a beber bien mientras la humanidad se muere de hambre, no hay ninguna novedad.

Y mientras todo eso sucede, y tras destinar el gobierno español millones de euros para la banca privada, el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, se limitaba a declarar: “Yo confío en que las entidades financieras […] tomen la decisión de garantizar crédito a los ciudadanos”3. Y la organización de consumidores OCU y el sindicato CCOO pedían al gobierno que si un banco quiebra se aumente la garantía del fondo de depósitos de los 20.000 euros de ahora a 150.0004. Se trataría de que entre todos los ciudadanos, incluidos los que no tenemos ese dinero, pagásemos los 150.000 que alguien tenía ahorrado en una cuenta bancaria y que los directivos del banco se hubieran encargado de esfumarlos.

3 RNE 11-12-2008.

4 Público 2-10-2008.

Este libro de Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa, “La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla”, nos revela que el dinero que circula por el mundo es falso, puesto que se mueven 5,5 billones de dólares en la economía financiera de los mercados de cambios y en las bolsas mientras que el comercio mundial es cien veces menos, que los préstamos hipotecarios eran los denominados NINJA, acrónimo de “No Income, No Job and No Asset”, es decir a personas sin ingresos, sin trabajo y sin patrimonio que así creían tener algo; y que en Estados Unidos, al igual que en España, el 40 por ciento de las viviendas compradas no estaban destinadas para ser habitadas. El capitalismo ha creado un sistema en que el dinero no es dinero, a los pobres los hipotecan para que crean que no son pobres y las casas no son para vivir. ¿Y cómo puede suceder esto? Por eso comencé diciendo que hay que leer libros de economía como si se tratase de guías de supervivencia.

Nos encontramos en una situación en la que ni los gestores del capitalismo se fían de él. Afirman los autores del libro que no es que faltase liquidez en los mercados sino que los bancos no se fían de ellos mismos y ninguno presta dinero, uno de estos bancos puede iniciar una campaña de rumores sobre la insolvencia de otro y conseguir hundirlo en la Bolsa para comprarlo a precio de saldo. Como consecuencia, el dinero queda aprisionado en la psicosis que ellos han creado y la economía se paraliza. Supimos que el Tesoro de EEUU estaba colocando sus letras a un interés del 0% porque “los inversores parecen sentirse mejor poniendo su dinero en manos del Gobierno que en las de los bancos”5. Al final el estigmatizado Estado, acusado de incapaz por los neoliberales, les merece más confianza que los bancos que ellos han creado y gestionado.

5 El País 11-12-2008.

Y todo esto no sería tan grave si no fuese porque detrás de ello existe la mayor de las crueldades. Algo mucho peor que explotar la fuerza de trabajo de un semejante mientras se le mantiene en la pobreza –que ha sido el principio fundamental del capitalismo histórico-, es lanzarse a la especulación con la compra masiva de productos alimenticios básicos provocando subidas espectaculares de precios y provocando que millones de personas mueran de hambre al no poder ya comprarlos.

Este es un libro de economía que incluye algo que los economistas del poder ya nunca nos recuerdan: la humanidad. La humanidad necesaria para tener en cuenta a quienes pasan hambre o quienes no tienen un trabajo para sobrevivir. Con la economía quieren hacer como con el periodismo, que con su neutralidad y asepsia mantenga la equidistancia entre nazis y víctimas del campo de concentración, o que mantenga el equilibrio informativo entre el “terrorista” palestino de Gaza que resulta que tenía cinco años y el “defensor” de Israel que bombardeaba colegios desde un F-16.

El trabajo de Juan Torres y Alberto Garzón no termina dando recetas económicas milagrosas porque solo hay dos: subvertir la inmoralidad dominante para sustituirla por la ética y la decencia, y levantar la voz para amotinarse contra los miserables que nos han llevado hasta aquí. Los autores tampoco evitan señalar a los últimos responsables: los gobiernos, los bancos centrales y los grandes organismos internacionales que con su pasividad permitieron esta situación puesto que establecieron las normas y las condiciones de juego para el saqueo y el crimen de los bancos. Esto ha sido posible porque los dueños del dinero han tomado el control de la política. Por eso Emilio Botín no rinde cuentas ante los jueces aunque su banco entregase a Hacienda información falsa sobre casi diez mil operaciones bancarias por valor de 145.000 millones de pesetas presentando como titulares a testaferros del tipo de personas fallecidas, ancianos desvalidos, parados o emigrantes que nada sabían de esas operaciones. Las leyes se hacen para los que manejan el dinero, los gobiernos ejecutan las políticas que ellos desean y la justicia está a su servicio y les garantiza la impunidad. Por esto en esta sociedad tiene más derechos una firma comercial que una persona y hasta resulta preferible ser una empresa que un ser humano. Llevábamos años escuchando que no había dinero para luchar contra el hambre en el mundo, para asistir a los enfermos de SIDA o para ofrecer sanidad a toda la población mundial y de la noche a la mañana aparecen billones para salvar a los bancos.

Este libro nos da las claves de la artimaña y la estafa.

Estamos antes un golpe de Estado, o salimos a la calle o se quedarán definitivamente al frente del poder.

Pascual Serrano. Febrero 2009.

La tarea que tienen por delante las izquierdas no es poca ni fácil. Pero si hay algo que está claro es que hay que empezar por analizar con rigor la situación, por denunciar sin descanso lo que está ocurriendo y por ofrecer a la sociedad alternativas que se puedan tocar con la mano, que no solo sean cantinelas ni el recurso al viejo nominalismo que a nada conduce.

Tenemos la seguridad de que la crisis económica que estamos sufriendo es un hito histórico que la izquierda debería aprovechar para mostrar a los ciudadanos que la acumulación que es capaz de generar el capitalismo no es sino un gran fiasco, un fraude, una vía sin retorno, un callejón sin salida, una quimera que lleva justamente a donde estamos, a la debacle financiera y a la crisis global.

INTRODUCCIÓN

La crisis que estamos viviendo es la más seria del último siglo. El capitalismo basura de la especulación financiera generalizada ha hecho saltar por los aires el empleo y la estabilidad macroeconómica, ya de por sí precarios en los últimos años de predominio neoliberal.

Los dirigentes políticos no tienen alternativas, los banqueros (verdaderos y directos causantes de la crisis) tratan de evadir sus responsabilidades mientras utilizan las billonarias ayudas que reciben de los estados para sanear en la medida en que pueden sus balances. Los ciudadanos asisten perplejos al aumento vertiginoso del desempleo, a las quiebras de empresas y al incremento de la deuda.

Y, mientras tanto, las izquierdas permanecen prácticamente ausentes. Unas, silenciosas por torpeza o complicidad. Otras, silenciadas porque no han sido capaces de empoderar a los ciudadanos. Y todas, divididas, confusas y sin ser capaces de tomar con firmeza la iniciativa para informar, formar y movilizar a los millones de personas que cargan los efectos de la crisis sobre sus espaldas.

Esto ocurre en gran parte porque las izquierdas han descuidado en los últimos decenios la práctica unitaria y la formación y el diseño de alternativas capaces de aglutinar a los movimientos sociales, a las organizaciones, sindicatos, partidos y personas individuales en una gran oleada de rebeldía y respuesta al neoliberalismo.

Los perjudicados de todo esto son los millones de trabajadores y desempleados, mujeres y hombres desamparados que, sin representación político social y fragmentados, no pueden enfrentar al dominio neoliberal más que su resignación, frustración y sufrimiento.

La tarea que tienen por delante las izquierdas no es poca ni fácil. Pero si hay algo que está claro es que hay que empezar por analizar con rigor la situación, por denunciar sin descanso lo que está ocurriendo y por ofrecer a la sociedad alternativas que se puedan tocar con la mano, que no solo sean cantinelas ni el recurso al viejo nominalismo que a nada conduce.

Esta última convicción es la que nos ha llevado a participar en docenas de charlas, seminarios de formación y reuniones de todo tipo en los últimos meses.

Tenemos la seguridad de que la crisis económica que estamos sufriendo es un hito histórico que la izquierda debería aprovechar para mostrar a los ciudadanos que la acumulación que es capaz de generar el capitalismo no es sino un gran fiasco, un fraude, una vía sin retorno, un callejón sin salida, una quimera que lleva justamente a donde estamos, a la debacle financiera y a la crisis global.

En estos momentos en que la especulación financiera ha abierto las carnes del capitalismo, las organizaciones de la izquierda, de todas sus sensibilidades y corrientes, deberían convertirse en redes globales de denuncia y sus militantes y afiliados en los granos de arena que fuesen mostrando por doquier lo que está pasando, que enseñaran a los ciudadanos lo que han hecho los bancos con su dinero, el apoyo que los bancos centrales y los gobiernos han prestado a los especuladores multimillonarios que han provocado la crisis y, en fin, que le ofrecieran las medidas alternativas que hay que tomar sin dilación para evitar que todo se vaya derrumbando poco a poco.

Este pequeño libro es una modesta contribución a esta denuncia.

No podemos ir a más sitios a explicar lo que está ocurriendo y creemos que lo oportuno era proporcionar esta guía para entender y explicar la crisis.

El libro resume un texto más amplio y documentado sobre la crisis y sus alternativas de los mismos autores que publicará Editorial Icaria. Esta edición resumida está concebido como una guía sencilla para entender los hechos y principios más importantes y que nos parecen esenciales para explicar la crisis, para hacerla comprensible económica y políticamente.

Pretende ser una especie de prontuario para la acción y la movilización que movimientos sociales como ATTAC tratan de promover contra la injusticia global que lleva consigo el capitalismo financiero.

Es un texto breve que quiere servir para que otras muchas personas puedan seguir la cadena de concienciación y denuncia para prolongarla hacia todas las latitudes, para que no quede ni un vecino, ni un conciudadano de cada uno de nosotros a quien no le hayamos explicado el robo gigantesco que han perpetrado los bancos y los financieros, los costes humanos terribles que tiene la especulación, y la criminal alternativa que consiste en rescatar con billones de euros a los que han causado la crisis mientras que se niega un puñado de miles para evitar que cada día se sigan muriendo de hambre más de 25.000 personas y más de 6.000 por falta de agua en todo el mundo.

Ojalá sea útil y contribuya a generar las olas de rebeldía y denuncia necesarias para hacer posible otro mundo más justo y humano.

Sevilla y Madrid, febrero de 2009.

¿Quién teme a la competencia y quién vive del Estado?

12 de Mayo de 2017. Por Juan Torres López.

Publicado en el diario.es el 8 de mayo de 2017.

Uno de los mitos económicos que con mayor éxito se han difundido siempre es el que vincula la mayor competencia con los intereses de las empresas y su defensa con la práctica de las derechas, mientras que a los trabajadores y a sus representantes, sindicatos o partidos de izquierdas, se les achaca el querer siempre vivir a expensas del Estado y de las rentas que generan los demás.

Parece mentira que después de tantos años de poder comprobar cómo funcionan en realidad las economías capitalistas se pueda decir algo así, pero lo cierto es que se dice a diario y con un extraordinario efecto de convicción.

Parece mentira porque lo cierto es que las grandes empresas no sólo no desean la competencia, que es el principal motor de los mercados eficientes, sino que son, por regla general, la primera causa de que desaparezca. No creo que se pudiera encontrar en todo el planeta una sola gran empresa que se precie y que no tenga un departamento orientado precisamente a combatir la competencia y, más concretamente, a tratar de influir de cualquier modo para que los gobiernos legislen de la manera que les sea más conveniente, concediéndole privilegios y más poder de mercado. Se podrían contar por miles las normas legales, desde las leyes más generales a las directrices más concretas, que han salido directamente de alguno de esos departamentos sin que en los parlamentos se haya podido modificar una coma en beneficio colectivo. Quien ha tenido alguna experiencia legislativa o de gestión lo sabe perfectamente.

La colusión y los acuerdos para acabar con la competencia son la regla precisamente porque ésta es el mayor enemigo de las empresas que solo buscan ganar cada vez más dinero, puesto que allí donde hay más competencia los precios son más bajos y no se disfruta de beneficios extraordinarios. Por eso, las absorciones, las fusiones, los cárteles, los holdings… las diferentes formas de concentración y centralización del capital han sido siempre el hilo conductor del capitalismo y no hay un sector económico consolidado en donde la lógica imperante no sea la de cada vez menos empresas dominando el mercado. Mercado sí, pero sin competencia y bien protegido por las normas que el Estado promulgue al dictado de la gran empresa o de la banca.

El gran Adam Smith se dio cuenta muy pronto de ello y lo expresó con palabras tan sabias como bellas: “Rara vez se verán juntarse los de la misma profesión u oficio, aunque sea con motivo de diversión o de otro accidente extraordinario, que no concluyan sus juntas y sus conversaciones en alguna combinación o concierto contra el beneficio común, conviniéndose en levantar los precios de sus artefactos o mercaderías”.

La competencia suele ser el caldo de cultivo de las innovaciones, del progreso y del lucro, pero la paradoja es que su efecto benéfico desaparece en la misma medida en que el afán de lucro creciente se impone y la destruye. Las empresas y bancos que quieren ser cada día más grandes y aumentar sin descanso sus cifras de resultados saben que es verdad lo que se ponía en boca del Nobel de Economía John Nash en la película Una mente maravillosa: “la competencia siempre produce perdedores”. Por eso no la desean y luchan diariamente por acabar con ella.

A pesar de ello, como decía, el relato dominante es que las empresas y las derechas que defienden sus intereses buscan generalizar la competencia en los mercados mientras que los trabajadores solo quieren vivir de los demás.

Muchos datos reflejan que tampoco esto último es cierto, ni lo es ahora ni lo ha sido a lo largo de la historia.

En mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas menciono, por ejemplo, los resultados de diversas investigaciones realizadas por Anwar Shaikh y Ahmet Tonak que demuestran para Estados Unidos que quienes se “benefician” del Estado de Bienestar (que los liberales consideran como el mayor de los expolios) contribuyen a financiarlo a través de impuestos con cantidades mayores de las que suponen los beneficios que reciben. Y a conclusiones parecidas se ha llegado en otros países. Como en España, donde sabemos que las transferencias monetarias del Estado benefician en mayor medida a los grupos de mayor renta. Por no hablar de las ayudas estatales directas o indirectas de todo tipo que viene recibiendo los bancos y grandes oligopolios o, más sencillamente, las decisiones de gasto que toman los gobiernos sin otro sentido que proporcionarles negocio tras negocio. ¿Qué gran empresa, qué banco, qué gran fortuna existiría como tal en España sin la ayuda del Estado? Posiblemente sobrarían dedos de las manos para poder contarlas.

Afirmar que las clases trabajadoras son los grupos sociales parasitarios que viven de los demás no es solo un mito sin fundamento sino una contradicción en su propio término porque es materialmente imposible que se pueda crear cualquier tipo de riqueza sin el trabajo y lo cierto es que los propietarios del trabajo solo reciben una pequeña parte del valor total que generan con su colaboración de todo tipo en la producción.

Son las grandes empresas, los bancos y las grandes fortunas que se generan en su entorno quienes han asaltado los Estados y conquistado el poder que les permite vivir de rentas y no de la innovación y el riesgo, protegerse con normas y leyes que ellos mismos escriben y apropiarse de la riqueza de otros, limpiamente unas veces y corruptamente las más, como desgraciadamente estamos viendo día a día en nuestro país.

Dicho esto, no puede negarse, sin embargo, que si el mito se ha difundido hasta la saciedad es en cierta medida porque buena parte de las izquierdas y de la representación de las clases trabajadoras han tenido históricamente una evidente confusión sobre la realidad que hay detrás del capitalismo. Lo han vinculado equivocadamente con el mercado y no han sabido apreciar que, aunque parezca una paradoja, la competencia y la eficacia en la generación de riqueza son y deben ser perfectamente compatibles con la solidaridad, con el bienestar colectivo e incluso con la cooperación. Y han creído con demasiada frecuencia que los ingresos y la riqueza son una especie de don o que el progreso y lo revolucionario consiste en creer que todo es gratis.

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Economía para no dejarse engañar por los economistas.

Juan Torres López. Deusto Ediciones. Barcelona 2016.

El título de este libro hace honor a la gran economista británica Joan Robinson, quien decía que el sentido de estudiar economía es «aprender a no dejarse engañar por los economistas». Una advertencia más necesaria que nunca hoy en día, cuando los economistas ocupan cada vez más espacio en los medios de comunicación y palabras como paro, deuda, inflación, recesión, pensiones, prima de riesgo o siglas como PIB, IPC o FMI forman parte de nuestro lenguaje cotidiano.

Los economistas pueden engañarnos cuando hablan de la economía como si ésta fuese una ciencia exacta que proporciona análisis y respuestas únicas, objetivas y ajenas a los valores y a los intereses de cada persona.

Índice

Presentación

  1. ¿La economía es una ciencia y debemos aceptar como verdadero todo lo que proponen los economistas?
  2. ¿Tenemos problemas económicos porque hay escasez o se sufre escasez porque los recursos se distribuyen mal?
  3. ¿Los sujetos humanos somos realmente egoístas, racionales y solo buscamos maximizar la ganancia?
  4. ¿Qué tipo de actividades hemos de llevar a cabo los seres humanos para satisfacer nuestras necesidades?
  5. ¿Qué es el dinero, qué formas tiene hoy día y qué funciones desarrolla en la vida económica actual?
  6. ¿Qué es el capitalismo y qué ventajas e inconvenientes tiene respecto a otros sistemas económicos?
  7. ¿Cómo funciona realmente el mercado en las economías capitalistas?
  8. ¿De dónde vienen los ingresos con los que podemos adquirir los bienes y servicios?
  9. ¿Se puede prescindir de la intervención del Estado en la economía aunque los mercados funcionen a la perfección?
  10. ¿Qué es el PIB, cómo se calcula y qué inconvenientes tiene utilizarlo para medir el éxito o el fracaso de las economías?
  11. ¿Cómo se hacen las grandes previsiones macroeconómicas y por qué suelen ser tan equivocadas?
  12. ¿Por qué la inversión es tan importante en nuestras economías y qué se puede hacer para que aumente?
  13. ¿Qué son los Presupuestos Generales del Estado y por qué tienen tanta importancia para la economía?
  14. ¿Por qué se dice que el gasto público ayuda a mejorar en los malos momentos de la economía y evita que ésta empeore cuando va bien?
  15. ¿Quién y cómo financia los gastos del Estado y qué problemas conlleva esa financiación?
  16. ¿Es bueno o malo que haya impuestos?
  17. ¿El Estado debe comportarse como una familia, no gastando más de lo que ingresa?
  18. ¿Cuándo y por qué es peligroso que la deuda pública sea demasiado alta como sucede en Europa?
  19. ¿Qué es el sistema financiero, qué funciones tiene y qué problemas genera si no actúa adecuadamente?
  20. ¿Qué es el dinero bancario, cómo lo crean los bancos y qué consecuencias tiene que los bancos puedan crearlo de la nada sin apenas límite?
  21. ¿Qué es un banco central, a qué se dedica y qué ventajas e inconvenientes tiene que sea independiente?
  22. ¿Qué cantidad de dinero circula en la economía y qué relación tiene con el volumen de la producción de bienes y servicios?
  23. ¿Cómo se fija el precio del dinero (el tipo de interés) y cómo nos influye que sea más o menos caro?
  24. ¿Qué es la política monetaria, quién la dirige, cómo y para qué?
  25. ¿Cómo influyen las relaciones económicas con el exterior en la economía y qué es mejor para las naciones, proteger sus intereses nacionales o abrirse al exterior sin ningún tipo de trabas?
  26. Si cada país tiene una moneda ¿cómo se pagan los intercambios que hacen entre ellos?
  27. ¿Cómo conviene que esté el tipo de cambio de una moneda, muy alto o muy bajo, y qué se puede hacer para que esté en el nivel que nos convenga?
  28. ¿Qué es la especulación financiera y con qué métodos e instrumentos se especula hoy día en los mercados financieros?
  29. ¿De dónde sale la ingente cantidad de dinero que se utiliza actualmente en la especulación generalizada?
  30. ¿Qué caracteriza al comercio internacional en nuestros días, y quién gobierna las relaciones financieras internacionales?
  31. ¿Cuándo se dice que una economía está en equilibrio, qué pasa si no lo está y qué se puede hacer para corregir el desequilibrio?
  32. ¿Qué se entiende por crecimiento económico, cómo se mide y de qué depende que las economías crezcan más o menos, o de un modo u otro?
  33. ¿La economía funciona con ciclos, siempre con etapas buenas después de las malas?
  34. ¿Es cierto que las crisis son inevitables, que no se pueden predecir y que nadie predijo la actual?
  35. ¿El crecimiento económico es suficiente y deseable en sí mismo o hay que aspirar a algo distinto?
  36. ¿Qué diferentes problemas produce la inestabilidad de los precios y qué consecuencias tienen?
  37. ¿Cuáles son las causas de la inflación según la teoría económica?
  38. ¿Cómo se puede combatir la inflación y qué efectos tiene que se haga de un modo u otro?
  39. ¿Qué se entiende exactamente en economía por empleo y desempleo y qué dice la teoría económica sobre las causas y las soluciones del paro?
  40. ¿Hay que flexibilizar el mercado laboral y bajar salarios para crear empleo?
  41. ¿Hay que bajar salarios para ser más competitivos?
  42. ¿La deuda pública frena el crecimiento económico?
  43. ¿La deuda pública aumenta porque se vive por encima de nuestras posibilidades y porque el Estado derrocha?
  44. ¿Por qué en Europa los déficits públicos no pueden ser superiores al 3% y qué consecuencias tiene que se siga ese criterio?
  45. ¿Lo público es más ineficiente y funciona siempre peor que lo privado?
  46. ¿Las pensiones públicas están en peligro por el envejecimiento de la población?
  47. ¿El Estado de Bienestar es insostenible por falta de recursos y no hay más remedio que acabar con él?
  48. ¿Qué es la globalización y que ventajas e inconvenientes tiene?
  49. ¿Qué provoca la enorme desigualdad que hay en el mundo, por qué se ha convertido en el principal problema económico de nuestro tiempo y cómo se podría combatir?
  50. ¿Hay un solo pensamiento económico válido y es cierto que en economía no hay alternativa?

DATOS DEL LIBRO

Nº de páginas: 432 págs.

Encuadernación: Tapa blanda

Editorial: DEUSTO S.A. EDICIONES

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788423426492.

Las madres mexicanas que excavan la tierra para buscar a sus hijos.

¡Un clamor que estremece, una denuncia que solidariza, una realidad que avergüenza y hiere el alma, una causa heroica a la cual sumarse; crímenes contra la humanidad, genocidio que exige castigo!

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El drama de las Madres mexicanas que excavan la tierra para buscar a sus hijos  desaparecidos en Veracruz y en México.

The New York TimesES

AMÉRICA LATINA  MÉXICO  Por PAULINA VILLEGAS  10 de mayo de 2017  https://www.nytimes.com/es/2017/05/10/las-madres-mexicanas-que-excavan-la-tierra-para-buscar-a-sus-hijos/?em_pos=large&emc=edit_bn_20170511&nl=boletin&nlid=60379794&ref=headline&te=1

Las madres mexicanas que excavan la tierra para buscar a sus hijos

  Martha González Menéndez y Rosario Sáyago Montoya, del colectivo Solecito de Veracruz, clavan una varilla para buscar cuerpos en la fosa clandestina de Colinas de Santa Fe, unos 15 kilómetros afuera de Xalapa, capital del estado de Veracruz. CreditDaniel Berehulak para The New York Times.

Rosario Sáyago saca la varilla de fierro embarrada y la huele de cerca: “Ven, mira, acércate”, le dice a María de Jesús Basón. “Este huele a tierra mojada, para que te vayas acostumbrando. Cuando huele a muerto luego luego te das cuenta”, le explica.

Salvo por las conversaciones, en el lugar solo se oye el sórdido clic-clac del martillo que golpea la varilla en forma de cruz para hundirla dos o tres metros bajo tierra.

Con esta técnica, desde agosto de 2016 hasta hoy, las mujeres que forman el Colectivo Solecito han encontrado y ayudado a exhumar 263 cuerpos en la que hoy se conoce como la fosa más grande de México: un predio de praderas verdes y montículos de tierra que forman una cuneta del tamaño de dos canchas de fútbol, a unos 15 kilómetros de Xalapa, capital del estado de Veracruz.

Cada mañana, de lunes a viernes, entre cinco y diez mujeres se reúnen en un pequeño supermercado en las afueras de la ciudad y compran agua, hielos y refrescos para resistir el sol que las asedia mientras excavan la tierra para buscar los cuerpos de sus hijos y maridos desaparecidos.

Rosario Sáyago tiene 39 años y lleva más de tres buscando a su esposo, Juan Carlos Montero Parra, un policía municipal que desapareció junto con otros siete oficiales mientras realizaban un patrullaje, presuntamente a manos de la policía estatal.

Pero esta mañana de marzo es la primera de María de Jesús Basón, quien se unió al Colectivo Solecito para buscar a su hijo. “Yo no quiero encontrarlo aquí pero, Dios mío, ¿dónde está mi hijo?”, dice entre sollozos.

“Yo no quiero encontrarlo aquí pero, Dios mío, ¿dónde está mi hijo?”.

ROSARIO SÁYAGO, MADRE DE FRANCISCO, DESAPARECIDO EN BOCA DEL RÍO, VERACRUZ, EN 2015.

Su hijo Francisco tenía 23 años cuando desapareció, en julio de 2015. Era estudiante y trabajaba en una zapatería en Boca del Río, Veracruz. Había salido de su casa para ponerle crédito al celular, pero antes le dijo a su madre que quería contarle algo. “Nunca lo volví a ver”, explica María de Jesús.

Para muchas de estas mujeres, golpear y enterrar la varilla una y otra vez se ha convertido en una forma de sobrellevar la angustia y la falta de respuestas. “Escarbar, chapar, me quita un poco la desesperación porque me desquito con ella, le pego con todas las ganas de mi corazón”, dice Celia García, quien busca a su hijo Alfredo Román Arroyo, desaparecido hace seis años.

La técnica de búsqueda de personas con varillas se ha vuelto común entre los familiares de desaparecidos, tanto en Veracruz como en todo el país, por ser relativamente rápida, fácil y económica. Es un síntoma de la situación que viven.

Solo en el estado de Veracruz las cifras oficiales reconocen 2600 desaparecidos y en todo México el registro alcanza casi los 30.000 casos. Estas cifras han sido largamente cuestionadas por organizaciones civiles nacionales e internacionales, que denuncian que los números reales son mucho más elevados, ya que el país no cuenta con una base de datos a nivel nacional que contemple los casos por desaparición sin denuncia, ni un banco de datos de ADN que permita que las búsquedas y análisis en municipios y zonas rurales resulten más efectivas.

La mezcla de negligencia y falta de voluntad política, junto con una arraigada corrupción institucional y la escasez de recursos y capacidades técnicas en policías y fiscalías locales, ha empujado a miles de familias a tomar por cuenta propia la búsqueda de sus desaparecidos.

En febrero de 2017, el Colectivo Solecito acaparó las noticias cuando dio a conocer el hallazgo de los 253 cuerpos encontrados a lo largo de ocho meses en la fosa localizada en las afueras de la ciudad de Veracruz, el puerto más grande de México.

 Martha González huele la varilla de fierro que previamente han hundido dos o tres metros en la tierra para comprobar si tiene olor a restos o solo a tierra. La técnica de búsqueda de cuerpos con varillas se ha vuelto común entre los familiares de desaparecidos, tanto en Veracruz como en todo el país, por ser relativamente rápida, fácil y económica. CreditDaniel Berehulak para The New York Times.

Día de las Madres

El 10 de mayo del 2016, para el Día de las Madres, un grupo de mujeres que vestían camisetas con las fotos de sus hijos desaparecidos se disponía a marchar por las calles de Veracruz para exigir respuestas sobre su paradero.

Eran las cinco de la tarde y estaban reunidas en el centro de la ciudad cuando dos hombres bajaron corriendo de una camioneta y les entregaron un montón de hojas con un mapa: “Ahí encontrarán los cuerpos de todos los desaparecidos en Veracruz, apoyados por el MP y el gobierno de Duarte”, decía la hoja, escrita a mano con tinta negra. La firmaba “El Causante Quinto del C. J. N. G. (Cartel de Jalisco Nueva Generación)”. La ubicación era precisa.

“Quizá se sintieron mal o les remordió la conciencia, porque los asesinos también tienen madre”, dice Lucía de los Ángeles Díaz, fundadora del Colectivo Solecito de Veracruz, que reúne hoy a casi cien madres de desaparecidos en ese estado.

El primer día de búsqueda en el lugar señalado, un grupo de unas 15 mujeres encontró 50 huesos y un cuerpo sin extremidades y con los ojos vendados. Lo que creían que sería un trabajo de un par de semanas se convirtió en ocho meses de hallazgos de hasta diez fosas por día. Un año después, incluso el Día de las Madres de 2017, aún seguían encontrando cuerpos.

“Quizá se sintieron mal o les remordió la conciencia, porque los asesinos también tienen madre”.

LUCÍA DÍAZ, FUNDADORA DEL COLECTIVO SOLECITO, SOBRE EL MAPA QUE LES FUE ENTREGADO POR DOS PRESUNTOS CRIMINALES.

Tres años y medio antes de tener el mapa en sus manos, a fines de junio de 2013, Lucía Díaz conoció la desesperación cuando su hijo Luis Guillermo Lagunes, de 29 años, fue secuestrado en su propia casa. Lo buscó en hospitales, morgues y cárceles. Llamó por teléfono a sus conocidos, amigos y contactos. Acudió a todas las autoridades de Veracruz, municipales y estatales. Nadie sabía explicarle cómo es que su hijo había desaparecido de su casa.

Después de meses de búsqueda, una de las innumerables veces que fue al Ministerio Público para saber el estado de la investigación, conoció a otras madres que, como ella, esperaban que la burocracia mexicana les diera alguna pista, un mínimo consuelo, cualquier información sobre el paradero de sus hijos.

“En ese momento supe que no estaba sola en ese dolor que te quema. Pero que yo tenía la posibilidad, que muchas de esas mujeres no tenían, de buscar a tiempo completo a mi hijo, sin tener que preocuparme por el sustento de mi familia: yo tenía los medios y los contactos. Yo podía ir a un psicólogo, ellas no”, cuenta ahora, una tarde de marzo, en una parroquia donde decenas de familiares se realizan pruebas de sangre.

Entonces decidió articular una red de apoyo con las únicas personas que podían entender su dolor y acompañar su lucha, y un año después fundó el Colectivo Solecito de Veracruz, que empezó como un grupo de chat de Whatsapp y hoy reúne a casi cien mujeres. Lucía contrasta notablemente con las mujeres que ha logrado organizar: tiene un iPhone, una casa en Ciudad de México y habla inglés fluidamente. Su formación y sus medios contribuyeron a su capacidad de liderazgo.

En septiembre de 2014, a meses de fundar el colectivo, otra tragedia sacudió a México: un grupo de 43 estudiantes normalistas en el estado sureño de Guerrero desaparecieron tras ser atacados por la policía local, y presuntamente entregados a miembros de un cartel de droga. Lucía vio en la televisión cómo las madres y los padres de los estudiantes de Guerrero salían a los montes a buscar a sus hijos y excavaban la tierra con palas y con sus propias manos.“Me di cuenta de que teníamos que hacer lo mismo”, dice.

 Una mujer lleva la foto de su hijo desaparecido durante una marcha de familiares de desaparecidos para exigir justicia en el Día de las Madres, en Ciudad de México, el 10 de mayo de 2017. CreditEdgard Garrido/Reuters.

Un doble sufrimiento

Tener un hijo desaparecido significa para las madres un doble sufrimiento: el dolor de la ausencia en sí misma y la agonía de la incertidumbre. “Es una ausencia-presencia que habita todos los lugares, una ausencia que, como no se puede inscribir o representar en nada —los muertos en una tumba, los vivos andan en las calles—, está presente todo el tiempo”, explica la psicóloga Ximena Antillón, integrante de Fundar, un centro de análisis e investigación que acompaña a familiares de personas desaparecidas.

“Todo lo que haces o dejas de hacer, todo tu día es en función de tu hijo. Te conviertes en sus oídos, en su voz, sus ojos”, explica Lucía.

Lucía Díaz tuvo problemas del corazón y de presión. Celia García toma antidepresivos a diario para espantar “las ganas de morirse”. Martha González tuvo una hemorragia en el tubo digestivo por no poder comer ni dormir. María de Jesús Basón llora todos los días a la hora de la comida. Muchas de las mujeres que integran el colectivo han caído en una situación económica más precaria aún que la que tenían antes de comenzar a buscar a sus seres queridos.

Además de tomar cursos con distintos expertos para aprender a recuperar restos, recolectar evidencia y poder llevar adelante una investigación, el año pasado decidieron que necesitaban generar recursos para financiar las búsquedas. Entonces organizaron rifas y ventas de ollas, de ropa usada, de cacahuates asados, para reunir los 10.000 pesos mexicanos (casi 500 dólares) que necesitan semanalmente para poder recorrer predios, escarbar, sacar cuerpos, exigir su identificación.

Después de que iniciaran estas actividades, la comunidad se conmovió ante su iniciativa y, al poco tiempo, empezaron a recibir donaciones voluntarias, desde iPhones hasta bicicletas, para que pudieran rifar.

Las mujeres agrupadas hoy en Solecito, uno de los once colectivos que existen en el estado de Veracruz, se han convertido en un emblema de la lucha de los familiares de desaparecidos. El consuelo de la búsqueda es, para muchas de ellas, el único que queda.

En países como Argentina y Chile, las desapariciones y las exterminaciones sistemáticas tuvieron elementos de ideología política. En México, no.

Según las autoridades responsables de la procuración de justicia, la práctica sistemática de desaparición de personas en México responde a dos factores relacionados con la guerra contra el narcotráfico.

Por una parte, es una herramienta de ejercicio del terror de las bandas criminales en su afán por conquistar nuevos territorios: la desaparición se vuelve una amenaza constante. Por otra, en el enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad y los principales carteles de droga, las bandas criminales adoptaron la lógica de “sin cuerpo no hay delito”. Una lógica que, por supuesto, también funciona para las autoridades y agentes policiales y militares cooptados por el mismo crimen organizado.
Las madres de desaparecidos no solo han hallado restos por su propia cuenta, sino que han obligado a los funcionarios a tomar el problema de los desaparecidos como una prioridad en estados como Veracruz.

 Hasta ahora, las mujeres de Solecito han encontrado 253 cuerpos y más de 20.000 restos en apenas el 30 por ciento del terreno total de Colinas de Santa Fe que han llegado a explorar. CreditDaniel Berehulak para The New York Times.

‘No sé qué hacer’

Una calurosa mañana de sábado de hace algunas semanas, en la iglesia de La Merced, en un barrio pobre de la ciudad de Veracruz, cientos de personas atestaban un pequeño salón a la espera de su turno para que agentes de la policía científica les tomaran una muestra de ADN.

Eran más de 200 personas que acudían a la convocatoria. De las más de 800 muestras que Solecito ha recolectado hasta la fecha, casi 600 son casos que no tienen denuncias ante autoridades; es decir: no hay registro oficial ni investigación en curso sobre ellos.

Según la Fiscalía General del estado son 2600 los desaparecidos registrados en Veracruz, pero colectivos, activistas y organizaciones concuerdan con que la cifra es mínima e irrisoria tomando en cuenta que la mayoría de los casos no son denunciados ante las autoridades porque no confían en que vayan a hacer algo al respecto, o incluso porque sospechan que pueden ser cómplices en los hechos.

En el patio de la iglesia, ajenos a la pesadumbre que flota en el aire, grupos de niños gritan y se corretean. Adentro, una señora se acerca a Lucía Díaz y le dice con desesperación: “Mi hijo desapareció hace un año, no sé qué hacer”.

“Tienes que presentar denuncia, es la única forma,” aconseja Lucía, abrumada y dispersa, mientras contesta llamadas, preguntas, entrevistas y pedidos de orientación al mismo tiempo. En su bolsa lleva un pin con la foto de su hijo, y la muestra a cualquier periodista o autoridad que se interese en su caso.

Parte del precio de su liderazgo es que ahora gran parte de su tiempo lo dedica a coordinar el colectivo, juntar fondos, organizar actividades y articular un movimiento de familiares en el estado que incluye, entre otras cosas, elaborar una especie de base de datos con el número de desaparecidos, aunque “es casi imposible tener una cifra sólida y contundente”, dice.

La mujer que hace unos años era una ama de casa acomodada, ajena a la violencia que azota a miles de familias en México, se ha convertido en una luchadora social de convicciones firmes y una vocera —muchas veces incómoda— del dolor de cientos de familias.

“¿Cómo es posible que en México encontremos 253 cuerpos y la gente no reaccione? Si hay un ataque terrorista o un terremoto en cualquier lugar del mundo y se mueren 30, 40, 50, el mundo entero se moviliza, o por lo menos se petrifica. ¿Por qué aquí no?”, pregunta.

“Si no fuera por ellas, México y el mundo no sabrían de estos crímenes tan terribles que han pasado en Veracruz”.

JORGE WINKLER, FISCAL GENERAL DE VERACRUZ.

Además de los cuerpos, las mujeres de Solecito han encontrado más de 20.000 restos en apenas el 30 por ciento del terreno total de Colinas de Santa Fe que han llegado a explorar.

Según las cifras de la Fiscalía del estado, al menos otros 225 cuerpos fueron exhumados de fosas clandestinas alrededor de Veracruz entre 2010 y 2016, durante el gobierno de Javier Duarte.

Mario Valencia, director de Servicios Periciales de Veracruz, ha señalado que la mayoría de los cuerpos encontrados en Colinas de Santa Fe habrían sido embolsados y depositados en el terreno hace máximo seis años y mínimo un año.

Y el hallazgo que horrorizó al país fue el logro de mujeres como Lucía, quienes hacen el trabajo y la búsqueda que las autoridades locales y estatales no hacían. Del total de cuerpos que han encontrado hasta hoy en la fosa clandestina más grande del país, solo dos han sido identificados.

A pesar de que los funcionarios no siempre estén de acuerdo con la presencia de las mujeres, ni con la búsqueda que hacen en las fosas —en cada brigada hay autoridades presentes que deben encargarse de exhumar los cuerpos e identificarlos después de los hallazgos— el impacto que han generado a nivel nacional ha obligado a los gobiernos a tener que hacerse cargo de este problema.

“Son seres humanos excepcionales que mucho tiempo fueron ignoradas, violentadas, engañadas. Pero eso las unió, lejos de desalentarlas, y hoy son un referente social,” dijo el fiscal general del estado, Jorge Winkler. “Si no fuera por ellas, México y el mundo no sabrían de estos crímenes tan terribles que han pasado en Veracruz y en el resto del país”.

Fue el mismo Winkler quien declaró en febrero a medios locales que Veracruz es “un cementerio” y que aún esperaban encontrar muchas más fosas en el estado.

Durante el gobierno de Javier Duarte, quien estaba prófugo desde hacía seis meses y fue capturado recientemente, se desviaron millones de pesos de recursos públicos, entre ellos los destinados a servicios periciales, análisis e identificación de cuerpos.

Winkler y otras autoridades estatales, incluido el director de Servicios Periciales del estado, reconocen que aún hoy se tienen recursos “ínfimos” para reconocer ADN y para tener un perfil genético, así como para hacer las comparaciones con bases de datos.

El número incierto de desaparecidos en el país es una de las grandes deudas que aún faltan saldar en México, pero hacerlo implicaría que las autoridades reconozcan una complicidad con el crimen a distintos niveles, tal como familiares y organizaciones vienen denunciando hace años. Los responsables de estos crímenes siempre han contado con la la impunidad, pero no han contado con la memoria y la persistencia de las madres.

Cada noche, las mujeres del Solecito pasan lista de cada uno de los familiares desaparecidos a través de su grupo de Whatsapp. Y casi como un ritual, antes de dormir, cada una de ellas escribe: “Él vive, y todos viven”.