Los 7 demonios de Haití

a través de Duele mucho HaitÍ

Publiqué esta muy interesante, didáctica y aleccionadora historia hace 7 años.

Releer él pasado para entender mejor el presente y rescatar la memoria histórica

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Represión en todos los niveles: Franco depuró hasta a los barrenderos.

947D002E-DC92-474A-A31F-92ED43C6A98DRepresión en todos los niveles:

Franco depuró hasta a los barrenderos.

http://www.eldiario.es/sociedad/Barrenderos-represaliados_0_708679623.html

Rescatar la memoria histórica!! ✌️✌️

 

Palestina y la posverdad

Luis García Montero

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2017/11/12/palestina_posverdad_71795_1023.html

Palestina y la posverdad

¡Algunas claves para la reflexión y el mejor entendimiento de los conflictos en la actualidad!! ✌️✌️✌️

El valor silencioso de la mujer – LIBROS y LETRAS | Literatura y Cultura en Colombia y América Latina

http://www.librosyletras.com/2017/11/el-valor-silencioso-de-la-mujer.htmlj

Por Eugenia Castaño B.

 

La razón poética ✌️

Luis García Montero
La razón poética
26/03/2009

La mejor manera de defender los espacios públicos es dignificar las voces individuales. Vivimos malos tiempos para la política. Los ciudadanos han dejado de creer en unas promesas configuradas como simples reclamos electorales, la corrupción se instala en el centro de la vida y se convierte en una noticia cotidiana, y la democracia y el Estado del bienestar dan muestras irremediables de agotamiento. Como no existen ámbitos públicos que permitan la soberanía popular en las nuevas dimensiones de la globalización y los mercados, las personas dejan de ser ciudadanos y se limitan a sentirse votantes (aunque cada vez menos) y, consumidores, clientes o contribuyentes (cada vez más).

No es verdad que vivamos malos tiempos para la lírica, porque la palabra poética adquiere en esta situación un valor simbólico muy alto. Si dignificar las voces individuales supone defender la ética de los espacios públicos, la palabra poética representa una apuesta clara por ciudadanos capaces de matizar, meditar, sentir, romper los dogmas y las corrientes manipuladas de pensamiento, hasta lograr hacerse dueños de sus propias opiniones.

En el poema “1936”, publicado en Desolación de la Quimera, Luis Cernuda contó el encuentro que tuvo, ya en los años 60, con un brigadista norteamericano que se había jugado la vida en su juventud para defender la libertad política de la República española. Aunque Cernuda estaba desilusionado por los acontecimientos y asqueado por la actitud de algunos mandarines, volvió a creer en el sentido de la lucha. Afirmó, incluso, que la dignidad de una sola persona asegura la nobleza de una causa y justifica a todo el género humano.

El poeta que pasa una tarde, un día, un año, buscando el adjetivo preciso, representa a los seres humanos que quieren hacerse dueños de sus propias opiniones. Los buenos poetas suelen pensar las cosas por lo menos tres veces. La gente que dice lo primero que se le ocurre puede creerse muy sincera, muy espontánea, pero se limita a repetir como loro la verdad que flota en el aire, es decir, lo que ya se han encargado de proyectar a la atmósfera los interesados en controlar las corrientes de opinión. Hay quien piensa las cosas dos veces. Suele ser aquel que no dice lo primero que se le ocurre, sino aquello que le conviene para quedar bien, ser simpático, atraer el voto. Pone su vela donde sopla el viento.

Pensar las cosas tres veces significa decir lo que te exige la propia conciencia, hacerte dueño de tu opinión. Antonio Machado comprendió, gracias a hacerse otro y meditar con el ser de Juan de Mairena, que la verdadera libertad no consiste sólo en poder decir lo que pensamos, sino también en ser capaces de pensar lo que decimos. Los buenos poetas acompañan a quién se atreve a decir lo que piensa, pero a cambio le piden que piense bien aquello que va a decir. No hay buena retórica sin pensamiento, ni pensamiento sin buena retórica, sin un vocabulario que permita matizar, distinguir, comprender la realidad. El lenguaje que pide tiempo abre un buen camino hacia la lentitud, algo decisivo para nosotros, porque vivimos en sociedades urgentes, vertiginosas, y los dogmas son la prisa del pensamiento.

Vivimos malos tiempos para la política porque se destruyen los espacios públicos y se homologan las conciencias individuales. No nos queda tiempo para nosotros. Andamos de cabeza y pensamos con los pies. La razón poética reivindica la conciencia individual, salva la libertad ética del individualismo, pero no la lleva a las aguas de la competición agresiva, ni al egoísmo del consumo, sino a un pacto de lectura, al lugar del otro, al texto, que es un espacio público dignificado por la responsabilidad individual.

Vivimos un tiempo de necesaria poesía. O, lo que es lo mismo, la lírica ofrece una buena oportunidad para estos tiempos.

La generación del sismo: más pobres, con menos oportunidades y decepcionados con el Gobierno — LEOPOLDO MENDÍVIL Blog

 La generación del sismo: más pobres, con menos oportunidades y decepcionados con el Gobierno

By: El País Alexis Zamora, Mónica Meltis, Lucia Hidalgo y Diego Vidal. DANIEL VILLA Son los que pusieron los puños en alto para pedir silencio. Las que no lo pensaron dos veces antes de formar la cadena humana y sacar los escombros. Los que hicieron de un chat de WhatsApp un grupo de brigadistas. Las que se dieron cuenta de […]

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LEOPOLDO MENDÍVIL BLOG

La generación del sismo: más pobres, con menos oportunidades y decepcionados con el Gobierno
POR PERIÓDICO EL PAÍS PUBLICADO EN 28 OCTUBRE, 2017
By: El País

terremoto en México
Alexis Zamora, Mónica Meltis, Lucia Hidalgo y Diego Vidal. DANIEL VILLA
Son los que pusieron los puños en alto para pedir silencio. Las que no lo pensaron dos veces antes de formar la cadena humana y sacar los escombros. Los que hicieron de un chat de WhatsApp un grupo de brigadistas. Las que se dieron cuenta de que podían ayudar más con su teléfono que con los pies sobre el terreno. Los que dirigieron el tráfico en medio de la emergencia. Las que nunca habían visto un edificio derrumbarse. El liderazgo de los jóvenes tras el terremoto del pasado 19 de septiembre fue romantizado e invisibilizado, pero pocos se atreven a ponerlo en tela de juicio. “Más que una reivindicación de los millennials, fue una demostración de agallas que nadie esperaba”, explica Diego Vidal, de 27 años, después de todo lo que se dijo de aquella generación heterogénea, pero juzgada por igual como apática, carente de compromiso y enajenada por las redes sociales.

“Compartimos una edad y ya, pero si algo nos une después de todo esto como jóvenes es que estamos muy emputados [enojados]”, afirma Mónica Meltis, de 26 años, en un café frente a un edificio derruido de la avenida Ámsterdam, en la Ciudad de México. “El terremoto me hizo darme cuenta de que los adultos, el Gobierno y las figuras de autoridad no tienen nada bajo control”, agrega Meltis, directora de la organización Data Cívica y parte de la red Verificado 19S, que corroboraba la información que se difundía sobre el saldo de muertos, los daños y la red de ayuda tras el sismo.

Y es que poco más de un mes después de la tragedia, esa generación se mira otra vez en el espejo de los problemas de siempre. El del país en el que más de 5.000 estudiantes dejan las aulas cada día; en el que un político corrupto vive a salto de mata con todo lujo de impunidad; en el que no recibes una oportunidad si no tienes de “dos a cuatro años de experiencia laboral”; en el que te da miedo salir sola de noche, en el que te han discriminado por tu clase social o tu color de piel. “México es un país clasista, en el que el acceso a derechos fundamentales se determina por privilegios, por quién eres, dónde naciste y qué oportunidades tuviste”, señala Lucía Hidalgo, de 28 años, psicóloga social que trabaja para el Fondo Semillas, que tiene un proyecto para que las mujeres lideren la reconstrucción de sus comunidades tras el sismo.

“Ser joven te hace automáticamente más vulnerable dentro del entorno social en el que vives”, reclama Vidal, físico teórico que fue rescatista y coordina una investigación sobre los dictámenes de los edificios que se derrumbaron en la capital. Esa sensación de vulnerabilidad no se queda en las palabras. Se refleja en las estadísticas. En México, uno de cada dos niños y adolescentes es pobre, según datos del Consejo Nacional de la Evaluación de la Política Social (Coneval), encargado de las mediciones de pobreza en el país. Solo una quinta parte de los menores de 18 años vive sin ninguna carencia social ni de ingresos.

“Este porcentaje está por encima del resto de la población [39,9%], lo que significa que los menores de 18 años y sus familias son más pobres que el resto”, señala Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo del Coneval. Esta tendencia se mantiene cuando se analiza la pobreza de los 12 a los 29 años y, aunque se ha reducido entre 2014 y 2016, es probable que haya un repunte por el aumento de la inflación durante este año, apunta Hernández Licona. “Si esos niños tienen problemáticas de alimentación, nutrición o no pueden ir a la escuela, eso va a repercutir el día de mañana en un círculo vicioso”, advierte el titular del Coneval. Cuando los resultados se ven bajo la lupa del origen étnico, esos porcentajes se disparan. Cuatro de cada cinco jóvenes indígenas son pobres y casi el 38% vive en pobreza extrema.

Pobreza México
Parte de la vulnerabilidad de los jóvenes es tautológica. Son pobres porque son jóvenes. Acarrean las dificultades propias y de su entorno social más próximo y no han acumulado suficientes recursos para hacer frente a esos problemas, señalan los especialistas. Otra parte se explica por las desigualdades que prevalecen en la vida diaria, como en la búsqueda de un empleo. “Los jóvenes pagan la novatada de entrar en el mercado laboral, son vistos como inexpertos y menos aptos, por eso existen elementos para pensar que son tratados de forma discriminatoria”, indica Patricio Solís, sociólogo del Colegio de México.

Alexis Zamora, de 23 años, empezó una carrera técnica en un centro público, pero al no estar satisfecho tuvo que trabajar para pagar por una escuela privada y cuando su novia se quedó embarazada tuvo que dejar definitivamente sus estudios. Fue padre a los 19 años. “Si pudiera cambiar algo, seguiría estudiando”, reconoce Zamora, quien participó como brigadista.

Pobreza México
Por años se ha visto la educación como la solución del problema. Pero los datos dan visos de un fenómeno desalentador. Dos de cada cinco universitarios menores de 30 años no tienen empleo o trabajan en la informalidad, sin seguro social ni prestaciones. Y en México, 30% de los desempleados tiene formación superior, el doble que a inicios de la década pasada, según datos oficiales. “Para que la educación funcione tenemos que suprimir la relación entre los orígenes sociales de las personas y las oportunidades educativas que reciben y reforzar la relación entre su desempeño académico y sus destinos sociales y laborales, si no es así no sirve como un mecanismo de movilidad social”, explica Solís.

Las carencias y las diferencias de los sistemas educativos en etapas formativas como la educación media superior, marcadas por los clivajes urbano-rural o público-privado, también explican que la educación falle en la promesa de ofrecer un mejor futuro a los estudiantes y los desalientan a seguir. “El sistema está replicando la desigualdad que había en un inicio, en vez de abatirla”, asevera María Elena Ortega, especialista en Educación por la Universidad de Harvard. “Los jóvenes no dejan de estudiar porque reprueban un examen y ya, tiene que ver, entre muchas otras cosas, con las necesidades económicas, embarazos, adicciones, que te exijan a los 15 años que tomes decisiones que cambiarán tu vida y con la idea de que ‘no te va a servir de nada’… y en algunos casos es cierto”, añade.

El sismo sacudió a una generación que se dio cuenta de que podía tomar las riendas y que mira con desconfianza a una clase política que, en sus palabras, no les ha respondido. “Me parece sumamente violento que el Estado te niegue un futuro y me queda claro que solo habrá un movimiento si lo dirigen los jóvenes, tenemos una prueba muy grande”, reflexiona Vidal. Tanto él como Hidalgo y Meltis continúan trabajando desde sus trincheras en las labores de reconstrucción.

La gran incógnita en la vuelta a la normalidad es si esa articulación puede crecer y mantenerse para incidir en los otros problemas, en los de siempre. “La verdad no creo que esa sinergia citadina siga, pero siempre habrá gente sensibilizada de la sociedad civil que lo va a continuar… ojalá me equivoque”, admite Hidalgo. “No sé si haya un esfuerzo coordinado, pero al menos el temblor fue una oportunidad de reconocerme en jóvenes en los que jamás me había visto reflejada y ha sido difícil porque hubo cosas increíbles y otras absolutamente jodidas, pero definitivamente se ha abierto un canal para nosotros”, remata Meltis.

 

 

 

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