“Identidad” Gente del borde. Reseña.

“Identidad”

Gente del borde

Tony Judt

 Straus Park, Nueva York, 1997; fotografía de Dominique Nabokov.

Sin preámbulos les comparto ésta magistral reseña que conduce pian pianito a reflexionar, a detenernos un momento y replantearnos el momento actual en función de nuestra individual existencia, nuestra verdadera “identidad”.

Jesús Torres Navarro.

“La globalización en sí misma -la tierra “plana” de tantas fantasías irónicas- será una fuente de temor e incertidumbre para miles de millones de personas que acudirán a sus líderes en busca de protección. Las “identidades” crecerán mezquinas y tensas, a medida que los indigentes y los desarraigados golpeen los muros en constante aumento de las comunidades cerradas desde Delhi hasta Dallas”

Reseña:

“Identidad” es una palabra peligrosa. No tiene usos contemporáneos respetables. En Gran Bretaña, los mandarines del Nuevo Laborismo -no satisfechos con la instalación de más cámaras de vigilancia de circuito cerrado que cualquier otra democracia- han intentado (hasta ahora sin éxito) invocar la “guerra contra el terror” como una ocasión para introducir tarjetas de identidad obligatorias. En Francia y los Países Bajos, los “debates nacionales” sobre la identidad estimulados artificialmente son una cubierta endeble para la explotación política del sentimiento antiinmigrante, y una táctica descarada para desviar la ansiedad económica hacia los objetivos minoritarios. En Italia, la política de identidad se redujo en diciembre de 2009 a los registros casa por casa en la región de Brescia para rostros oscuros no deseados, ya que el municipio prometió desvergonzadamente una “Navidad blanca”.

En la vida académica, la palabra tiene usos relativamente maliciosos. Los estudiantes universitarios de hoy en día pueden seleccionar entre una amplia gama de estudios de identidad: “estudios de género”, “estudios de mujeres”, “estudios de Asia-Pacífico-Estados Unidos” y docenas de otros. El inconveniente de todos estos programas para-académicos no es que se concentren en una minoría étnica o geográfica determinada; es que alientan a los miembros de esa minoría a estudiarse a  mismos, negando simultáneamente los objetivos de una educación liberal y reforzando las mentalidades sectarias y del gueto que pretenden socavar. Con demasiada frecuencia, tales programas son esquemas de creación de empleo para sus titulares, y el interés externo se desalienta activamente. Los negros estudian a los negros, los homosexuales estudian a los homosexuales, y así sucesivamente.

Como suele suceder, el gusto académico sigue a la moda. Estos programas son subproductos del solipsismo comunitario: hoy todos tenemos guiones: irlandeses americanos, nativos americanos, afroamericanos y demás. La mayoría de las personas ya no hablan el idioma de sus antepasados ​​ni saben mucho sobre su país de origen, especialmente si su familia comenzó en Europa. Pero a raíz de una generación de victimización jactanciosa, usan lo poco que conocen como una orgullosa insignia de identidad: usted es lo que sufrieron sus abuelos. En esta competencia, los judíos se destacan. Muchos judíos estadounidenses son tristemente ignorantes de su religión, cultura, idiomas tradicionales o historia. Pero sí saben sobre Auschwitz, y eso es suficiente.

Este cálido baño de identidad siempre fue extraño para mí. Crecí en Inglaterra y el inglés es el idioma en el que pienso y escribo. Londres, mi lugar de nacimiento, sigue siendo familiar para mí por todos los muchos cambios que ha visto a lo largo de las décadas. Conozco bien el país; Incluso comparto algunos de sus prejuicios y predilecciones. Pero cuando pienso o hablo del inglés, instintivamente uso la tercera persona: no me identifico con ellos.

En parte, esto puede deberse a que soy judío: cuando era pequeño, los judíos eran la única minoría significativa en la Gran Bretaña cristiana y el objeto de un prejuicio cultural leve pero inconfundible. Por otro lado, mis padres estaban bastante separados de la comunidad judía organizada. No celebramos festividades judías (siempre tuve un árbol de Navidad y huevos de Pascua), no seguí mandatos rabínicos y solo me identifiqué con el judaísmo durante las comidas de los viernes con los abuelos. Gracias a una escuela inglesa, estoy más familiarizado con la liturgia anglicana que con muchos de los ritos y prácticas del judaísmo. Entonces, si crecí siendo judío, era como un judío decididamente no judío.

¿Esta relación tangencial con la inglesa se deriva del lugar de nacimiento de mi padre (Amberes)? Posiblemente, pero también él carecía de una “identidad” convencional: no era ciudadano belga, sino hijo de migrantes apátridas que habían venido a Amberes desde el imperio zarista. Hoy diríamos que sus padres nacieron en lo que aún no se había convertido en Polonia y Lituania. Sin embargo, ninguno de estos países recién formados habría dado la hora del día -mucho menos ciudadanía- a un par de judíos belgas. Y aunque mi madre (como yo) nació en el East End de Londres, y por lo tanto era una auténtica Cockney, sus padres vinieron de Rusia y Rumania: países de los que no sabía nada y en cuyos idiomas no podía hablar. Al igual que cientos de miles de inmigrantes judíos, se comunicaron en yiddish, un idioma que no tenía un servicio discernible para sus hijos.

Yo no era ni inglés ni judío. Y, sin embargo, creo firmemente que estoy, de diferentes maneras y en momentos diferentes, ambos. ¿Tal vez tales identificaciones genéticas son menos consecuentes de lo que suponemos? ¿Qué pasa con las afinidades electivas que adquirí a lo largo de los años? ¿Soy un historiador francés? Ciertamente estudié la historia de Francia y hablo bien el idioma; pero a diferencia de la mayoría de mis compañeros estudiantes anglosajones de Francia, nunca me enamoré de París y siempre me sentí ambivalente al respecto. He sido acusado de pensar e incluso escribir como un intelectual francés, un cumplido de púas. Pero los intelectuales franceses, con excepcionales excepciones, me dejan frío: el suyo es un club del que felizmente me excluirían.

 L’exil, Berlín Occidental, 1977; fotografía de Dominique Nabokov.

¿Qué hay de la identidad política ? Como hijo de judíos autodidactas criados a la sombra de la Revolución Rusa, adquirí desde muy temprana edad una familiaridad superficial con los textos marxistas y la historia socialista, suficiente para inocularme contra las cepas más salvajes del neoizquierdismo de la década de 1960 cuando salía estoy firmemente en el campo socialdemócrata. Hoy, como un “intelectual público” (en sí mismo una etiqueta inútil), estoy asociado con lo que quede de la izquierda.

Pero dentro de la universidad, muchos colegas me consideran un dinosaurio reaccionario. Es comprensible: enseño el legado textual de los europeos muertos hace mucho tiempo; tiene poca tolerancia a la “autoexpresión” como sustituto de la claridad; considerar el esfuerzo como un pobre sustituto del logro; tratar mi disciplina como dependiente en primera instancia de los hechos, no de la “teoría”; y ve con escepticismo mucho de lo que hoy se considera una beca histórica. Por las costumbres académicas prevalecientes, soy incorregiblemente conservador. Entonces, ¿cuál es?

Como un estudiante nacido en Inglaterra de la enseñanza de la historia europea en los Estados Unidos; como un judío algo incómodo con muchas cosas que pasan por “judaísmo” en la América contemporánea; como un socialdemócrata frecuentemente en desacuerdo con mis autodescritos colegas radicales, supongo que debería buscar consuelo en el familiar insulto de “un cosmopolita desarraigado”. Pero eso me parece demasiado impreciso, deliberadamente universal en sus ambiciones. Lejos de ser desarraigado, estoy muy bien enraizado en una variedad de herencias contrastantes.

En cualquier caso, todas esas etiquetas me inquietan. Conocemos suficientes movimientos ideológicos y políticos para desconfiar de la solidaridad exclusiva en todas sus formas. Uno debe mantener la distancia no solo de los obviamente “poco atractivos” -fascismos, jingoísmo, chovinismo- sino también de la variedad más seductora: el comunismo, sin duda, pero el nacionalismo y el sionismo también. Y luego está el orgullo nacional: más de dos siglos después de que Samuel Johnson lo señalara por primera vez, el patriotismo -como cualquiera que haya pasado la última década en Estados Unidos puede testificar- sigue siendo el último refugio del sinvergüenza.

Prefiero el borde: el lugar donde países, comunidades, lealtades, afinidades y raíces chocan incómodamente entre sí, donde el cosmopolitismo no es tanto una identidad como la condición normal de la vida. Tales lugares alguna vez abundaron. Hasta bien entrado el siglo XX, había muchas ciudades que abarcaban múltiples comunidades e idiomas, a menudo mutuamente antagónicas, ocasionalmente enfrentadas, pero que de alguna manera coexistían. Sarajevo fue uno, Alexandria otro. Tánger, Salónica, Odessa, Beirut y Estambul calificaron, al igual que ciudades más pequeñas como Chernovitz y Uzhhorod. Para los estándares del conformismo estadounidense, Nueva York se asemeja a aspectos de estas ciudades cosmopolitas perdidas: es por eso que vivo aquí.

Sin duda, hay algo autoindulgente en la afirmación de que uno siempre está en el borde, en el margen. Tal reclamo solo está disponible para cierto tipo de persona que ejerce privilegios muy particulares. La mayoría de las personas, la mayoría de las veces, prefieren no destacarse: no es seguro. Si todos los demás son chiíes, es mejor ser chiítas. Si todos en Dinamarca son altos y blancos, ¿quién -debido a una elección- optaría por ser bajo y moreno? E incluso en una democracia abierta, se requiere una cierta obstinación de carácter para trabajar deliberadamente contra la propia comunidad, especialmente si es pequeña.

Pero si naces en márgenes que se cruzan y -gracias a la peculiar institución de la tenencia académica- tienes la libertad de permanecer allí, me parece una percha decididamente ventajosa: ¿qué deberían saber de Inglaterra, que solo Inglaterra conoce? Si la identificación con una comunidad de origen fue fundamental para mi sentido del yo, tal vez dudaría antes de criticar a Israel, el “Estado judío”, “mi pueblo”, tan rotundamente. Los intelectuales con un sentido más desarrollado de afiliación orgánica instintivamente autocensuran: piensan dos veces antes de lavar la ropa sucia en público.

A diferencia del difunto Edward Said, creo que puedo entender e incluso empatizar con aquellos que saben lo que significa amar a un país. No considero tales sentimientos como incomprensibles; Simplemente no los comparto. Pero a lo largo de los años, estas feroces lealtades incondicionales-a un país, un Dios, una idea o un hombre-han llegado a aterrorizarme. La delgada capa de la civilización descansa sobre lo que puede ser una fe ilusoria en nuestra humanidad común. Pero ilusorio o no, haríamos bien en aferrarnos a él. Ciertamente, es esa fe -y las limitaciones que impone a la mala conducta humana- la primera en ir en tiempos de guerra o disturbios civiles.

Estamos entrando, sospecho, en un momento de problemas. No solo los terroristas, los banqueros y el clima van a causar estragos en nuestra sensación de seguridad y estabilidad. La globalización en sí misma -la tierra “plana” de tantas fantasías irónicas- será una fuente de temor e incertidumbre para miles de millones de personas que acudirán a sus líderes en busca de protección. Las “identidades” crecerán mezquinas y tensas, a medida que los indigentes y los desarraigados golpeen los muros en constante aumento de las comunidades cerradas desde Delhi hasta Dallas.

Ser “danés” o “italiano”, “estadounidense” o “europeo” no será solo una identidad; será un rechazo y una reprensión para aquellos a quienes excluye. El estado, lejos de desaparecer, puede estar a punto de hacerse suyo: los privilegios de la ciudadanía, las protecciones de los derechos de residencia con tarjeta, se ejercerán como triunfos políticos. Los demagogos intolerantes en las democracias establecidas exigirán “pruebas” -de conocimiento, de lenguaje, de actitud- para determinar si los recién llegados desesperados merecen una “identidad” británica, holandesa o francesa. Ya lo están haciendo. En este valiente siglo nuevo, echaremos de menos a los tolerantes, a los marginales: a las personas del borde. Mi gente.

– “Edge People” es parte de una serie continua de memorias de Tony Judt.

Enlace a la publicación original del New York Times: 

 

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Breve resumen: ideas políticas heterodoxas con visión global. Una atenta invitación a la reflexión existencial.

Alfonso Reyes: “La relectura es uno de los placeres de tener tiempo”.

Manuel Azaña: “Para mí significa tener tiempo para recordar el presente, nada más y nada menos”.

Breve resumen: ideas políticas heterodoxas con visión global. Una atenta invitación a la reflexión existencial.

A través de la lectura de fragmentos seleccionados de una publicación mía de hace un año en JesToryAs blog. La revolución de la inteligencia.

https://jestoryas.wordpress.com/2017/02/03/the-word-revolution-la-revolucion-de-la-inteligencia-jesus-torres-navarro/

Resumen breve con la historia de algunas de las más relevantes ideas políticas heterodoxas con visión global.  

13 de febrero 2018.

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Jesús Cristo predicó “amor y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”, “amaos los unos a los otros”, “ama a tu prójimo como a ti mismo”, en una época similar en muchos aspectos a la actual hace 2000 años. Buda Gautama en la India y Mahoma en el Oriente Medio también hicieron lo propio.

En el siglo XVII Lutero y Calvino sembraron en Alemania la semilla que germinó en las primeras revoluciones campesinas de emancipación de la historia y en la reforma religiosa de Europa, al mismo tiempo que revolucionaron la prosa alemana, una de las más bellas del mundo.

Los llamados socialistas utópicos del siglo XVIII Saint Simon, Fourier y Owen en Europa señalaron que la esencia de un mundo futuro de paz y armonía se centraba en los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, ideas que hicieron suyas los grandes revolucionarios independentistas de América Latina a principios del siglo XIX.

Hegel desarrolló la idea dialécticamente destacando el hecho innegable de que el desarrollo del universo se rige por la ley de las concatenaciones totales, sus escritos fueron y son lectura obligada para los estudiosos del derecho y las ciencias sociales y sentaron las bases para una mejor comprensión del mundo.

Marx y Engels sólo tuvieron que poner de pie las teorías de Hegel que estaban de cabeza para llevarlas a la práctica revolucionaria, en 1847 con la publicación del Manifiesto Comunista se acuñó la consigna “proletarios de todos los países uníos”. El 23 de junio de 1848 fue el fundamento teórico de los protagonistas del primer levantamiento obrero del mundo en Paris, Francia, así como lo fue de la guerra civil de 1871 en Francia donde surgió la memorable “Comuna de París” primer ensayo de un gobierno con democracia participativa ciudadana en la historia; el heroico pueblo de París armado garantizó la seguridad de la población y repelió las agresiones del exterior, los funcionarios de la Comuna tenían de sueldo el salario mínimo y no tomaban decisiones, estás eran potestad exclusiva de la Asamblea Popular. Marx dijo en aquel entonces: gloria por siempre a los valientes obreros de Paris, que tuvieron “la osadía de tomar el cielo por asalto.”

 

Lennin en Rusia fue un ideólogo con visión global que encabezó en octubre de 1917 la revolución para derrocar al gobierno monárquico del país más grande y poderoso del mundo e instaurar el primer estado socialista, en la guerra revolucionaria más corta y con el menor costo de vidas de la historia.

Bertrand Russell en Inglaterra en los años que estaba por estallar la primera guerra mundial, contra la opinión generalizada a favor de la guerra con Alemania alzó su voz y se declaró activista por la paz y contrario a la guerra, por ello fue repudiado por la mayoría de sus compatriotas, lo dejaron solo y aun así no renunció a la lucha por sus ideales pacifistas y contra las absurdas guerras comerciales entre países.

Los hermanos Ricardo y Jesús Flores Magón, en México, fueron de los principales ideólogos y activistas que moldearon la ideología de los precursores de los movimientos revolucionarios populares más importantes e impactantes de principios del siglo XX en México; fundaron La Casa del Obrero Mundial.

Nuestro regiomontano universal, el gran maestro Don Alfonso Reyes Ochoa en su obra titulada Atenea Política de 1932 dejo a la humanidad futura, además de su profunda visión global (cosmopolita como él la llamaba), las herramientas, la estrategia y la ideología para la construcción de un mundo nuevo de paz, solidaridad y armonía destacando la importancia de la lejana cercanía que hermana a la humanidad más allá de las fronteras y de los países. Dijo:

 

“Todos los viajeros lo saben: la manera más segura de marearse es fijar los ojos en el costado del barco, allí donde baten las olas. Y el mejor remedio contra esta atracción del torbellino es levantar siempre la vista y buscar la línea del horizonte. Las lejanías nos curan de las cercanías. La contemplación del rumbo da seguridad a nuestros pasos. Cuando yo hacía mi práctica militar, el sargento instructor solía gritarnos: Para marchar en línea recta no hay que mirarse los pies; hay que mirar de frente.” (Subrayado mío).

 

Siendo presidente del gobierno de la república española, hubo un momento en el que Manuel Azaña sintió la necesidad de escribir: “Me lo recuerda Alfonso Reyes, el gran escritor mexicano, en un ensayo de 1932 que se titula Atenea Política. La relectura es uno de los placeres de tener tiempo. Para mí significa tener tiempo para recordar el presente, nada más y nada menos.”

En el poema “1936”, publicado en Desolación de la Quimera, Luis Cernuda contó el encuentro que tuvo, ya en los años 60, con un brigadista norteamericano que se había jugado la vida en su juventud para defender la libertad política de la república española. Aunque Cernuda estaba desilusionado por los acontecimientos y asqueado por la actitud del gobierno franquista, volvió a creer en el sentido de la lucha. Afirmó, incluso, que la dignidad de una sola persona asegura la nobleza de una causa y justifica a todo el género humano.

 

Luis García Montero acertadamente dijo hace poco tiempo:

“Andamos de cabeza y pensamos con los pies”.

La razón poética reivindica la conciencia individual, salva la libertad ética del individualismo, pero no la lleva a las aguas de la competición agresiva, ni al egoísmo del consumo, sino a un pacto de lectura, al lugar del otro, al texto, que es un espacio público dignificado por la responsabilidad individual.

Vivimos un tiempo de necesaria poesía. O, lo que es lo mismo, la lírica ofrece una buena oportunidad para estos tiempos.”

Hagamos un alto en el camino, releamos y repensemos las sabias ideas políticas del pasado, dejemos de lado las expectativas basadas en promesas políticas, hagámonos dueños de nuestras opiniones, carguemos en un morral a nuestro clásicos favoritos y nada más, levantemos la vista al horizonte, allá donde el sol resplandece, hacia el futuro… y andemos juntos haciendo camino al andar.

Jesús Torres Navarro.

 

 

 

EL KRAKEN

http://algarabianinos.com/ 

EL KRAKEN

Escrito el 

LA MITOLOGÍA NÓRDICA —AQUELLA QUE COMPARTEN LOS PUEBLOS DEL NORTE DE EUROPA, COMO NORUEGA, SUECIA Y DINAMARCA— ESTÁ POBLADA DE EXTRAÑAS CRIATURAS MARINAS, GIGANTESCOS PECES CARNÍVOROS, AMENAZADORES CANGREJOS Y SERPIENTES QUE AL MOVERSE PROVOCAN TERREMOTOS. SIN EMBARGO, LA MÁS MORTÍFERA Y TEMIDA DE TODAS ES EL KRAKEN.

Se trata de un enorme pulpo de largos tentáculos venenosos cuyas ventosas eran tan potentes que podían succionar entero a un hombre. Decían los antiguos marineros que el Kraken tenía un tamaño descomunal, al grado de que cuando se asomaba a la superficie del mar podía ser confundido con ¡una isla de varios kilómetros! Aunque el Kraken era temido por su tamaño, su verdadero peligro estaba en el remolino de agua que provocaba al sumergirse de nuevo en las profundidades, pues la fuerza era tal que arrastraba a las embarcaciones, haciéndolas naufragar. Como cualquier cefalópodo —familia de invertebrados marinos cuyo cuerpo está formado por una enorme cabeza con tentáculos—, se decía que el Kraken era capaz de arrojar tinta para defenderse de sus enemigos. De hecho, durante mucho tiempo se creyó que el oscuro color de las aguas del mar de Noruega se debía a las grandes cantidades de tinta producidas por esta bestia.

Durante mucho tiempo el Kraken fue considerado un animal tan real como los delfines o las ballenas, pues existieron varios naturalistas que juraban haberlo visto. Sin embargo, nunca se ha podido comprobar su existencia y lo más probable es que quienes lo describieron lo hayan confundido con un calamar gigante —que llega a medir más de 10 metros— y exagerado su tamaño. De todos modos, no está de más estar atentos la próxima vez que subamos a un barco.

En noruego antiguo se utilizaba la palabra kraken para referirse a un animal retorcido o enfermizo, mientras que en el alemán moderno kraken significa ‘pulpo’.

Enlace al artículo original de Algarabía niños: 

http://algarabianinos.com/descubre/el-kraken/

 

Donald Trump, la nueva inspiración de Hollywood

Sobre la idea de la solidaridad global y resistencia civil al acelerado avance del fascismo en el mundo preguntemos a la historia…la historia nos contestará con los teorías, es decir: arte y literatura; y con hechos, es decir: política. Apreciamos que el arte y la literatura siempre se adelantan a la política que va atrás y algunas veces como ahora, se queda rezagada, atascada en un pantano sin poder moverse, desconectada de la realidad y del pueblo.

Apreciamos también que son los jóvenes quienes están, a través del arte y la literatura colocándose al frente en esta nueva revolución mundial; ni las izquierdas, ni las derechas, ni los del centro, vaya ninguno de los partidos políticos van a poder detener el avance del racismo. Serán las jóvenes mujeres empoderadas, cultas y preparadas (profesionistas, artistas, escritoras, activistas sin partido, creativas e inivadoras) solidarios con los que sufren, con los agobiados, los excluidos en cuyas manos e inteligencia está el futuro de paz, fraternidad y armonía que anhela la humanidad.

Y para muestra, va el siguiente artículo.

Jesús Torres Navarro.

Donald Trump, la nueva inspiración de Hollywood

Por 

 La actriz Saoirse Ronan aparece en “Lady Bird” CreditMerie Wallace/A24.

En Estados Unidos no hablamos mucho de clase y preferimos fingir que estamos más allá de ese tipo de distinciones. Sin embargo, en 2017 varias películas estadounidenses tuvieron esa conversación de manera franca e inquietante, y si pasaste la temporada de festividades poniéndote al día con los filmes que parecen destinados a los Premios Oscar, entonces visitaste lugares deslucidos y conociste a personas insatisfechas.

Esas películas han hablado de estar atrapado del lado equivocado de las fronteras (Lady Bird) o de estar atrapada en el vestuario equivocado (Yo, Tonya). Intentaron tapar su desesperanza, como si una pintura suficientemente densa o un color pastel con el brillo adecuado pudieran mantener la decepción en la lejanía (The Florida Project). Hicieron cosas creativas e incluso absurdas para que sus voces se escucharan (Tres anuncios por un crimen) o para que pudieran tener la solidez económica que parecía estar fuera de su alcance por siempre (Una vida a lo grande).

 Sebastian Stan interpreta a Jeff Gillooly, a la izquierda, y Margot Robbie interpreta a la patinadora Tonya Harding en “Yo, Tonya” CreditNeon, vía Associated Press.

 Frances McDormand interpreta a la madre de una joven asesinada en “Tres anuncios por un crimen”.CreditMerrick Morton/Fox Searchlight Pictures.

  Kristen Wiig, a la izquierda, y Matt Damon son una pareja en “Una vida a lo grande”.CreditParamount Pictures, vía Associated Press.

 Valeria Cotto, a la izquierda, y Brooklynn Prince actúan en “The Florida Project”, dirigida por Sean Baker.CreditMarc Schmidt/A24.

No se me ocurre una lista de competidores de la temporada de estatuillas tan políticamente pertinente como esta en ediciones anteriores; y se lo adjudico —aunque no es la palabra adecuada— a Donald Trump. Su ascenso al poder y su presidencia han puesto en evidencia muchos de los cánceres de la vida estadounidense, que ya no podemos evitar mirar, y las películas lo reflejan. Trump estará presente en los Globos de Oro y en los premios de la academia no solo como objeto de numerosas de bromas. Estará ahí como inspiración.

Sí, algunas de las películas que están siendo elogiadas ahora se concibieron o comenzaron a filmarse incluso antes de que Trump anunciara su candidatura en junio de 2015. Sin embargo, nacieron de algunos de los mismos descontentos de los que él se aprovechó y de las divisiones que exacerbó.

Los temas de la era de Trump también son los de estos filmes. Para la ansiedad racial, está la pesadilla de Déjame salir, que se lanzó a principios del año pasado, pero ha regresado al radar de los mejores filmes de 2017. Para la relación tensa entre el gobierno federal y los medios, mira Los archivos del PentágonoTodo el dinero del mundo presenta a un plutócrata obsesionado consigo mismo cuya fijación con las riquezas marchita su alma. Su apellido es Getty, pero puede que te recuerde a alguien más.

Si juntamos estas películas, tendremos el temario de una clase sobre Estados Unidos en la actualidad. Todos los desastres y los monstruos están incluidos. Además, Hollywood, gracias al cielo, está listo para honrar algo más que las agonías y los éxtasis de su propio proceso creativo, como antes lo ha hecho en tantas ocasiones de manera vanidosa (El artistaArgoBirdmanLa La Land). La industria está mirando hacia afuera precisamente cuando es más importante hacerlo.

Parte de lo que está viendo es la carga particular con la que lidian las mujeres y lo impotentes que se sienten. Ese es el tema central de The Florida Project, donde hay madres pobres que crían a sus hijos sin la ayuda de los padres y sobreviven económicamente subyugándose sexualmente. En Tres anuncios por un crimen, el personaje de Frances McDormand, que exige justicia para su hija asesinada, no deja que la policía, el sacerdote católico ni otros patriarcas de su pequeño pueblo la ignoren ni la alejen. En Los archivos del Pentágono, la interpretación que Meryl Streep hace de Katharine Graham deja ver su fuerza para reclamar su papel como la líder que toma decisiones, a pesar de estar rodeada por una multitud de hombres insistentes y a menudo condescendientes. Es la historia de un despertar y un signo apropiado para un año en el que tantas mujeres rompieron el silencio.

Lady Bird también explora el género, pero lo que me impresiona aún más es la forma perspicaz en que aborda el tema de clase. Para que quede claro, no se trata de Lady Bird Johnson, la exprimera dama de Estados Unidos, sino de una estudiante del último año de preparatoria en Sacramento que adopta ese apodo extravagante como una manera de rebelarse contra el lugar que tiene en el mundo.

Le da a entender a una compañera, quien tiene una vida más privilegiada, que su casa está llena de lujos y le da una dirección incorrecta. Anhela asistir al tipo de universidad privada en el noroeste del país a la que supuestamente no puede inscribirse ni pagar. A cada momento le recuerdan sus límites pero ella se rehúsa a escuchar, no solo porque tiene el don de la valentía, sino porque tiene la ventaja de ser joven.

 Jordan Peele, el director de “Déjame salir”, da indicaciones en el set.CreditJustin Lubin/Universal Pictures, vía Associated Press.

 Greta Gerwig, la directora de “Lady Bird,” habla con uno de los protagonistas de la película, Lucas Hedges.CreditMerie Wallace/A24.

Dio la casualidad de que vi Yo, Tonya justo después de Lady Bird. Me sorprendió la preocupación que comparten ambas películas respecto de la autoconciencia, incluso la vergüenza, que a veces se ven obligados a sentir los estadounidenses que tienen problemas financieros. Yo, Tonyaexplora las famosas fechorías de la patinadora artística olímpica Tonya Harding y las presenta como una rebelión comprensible contra el esnobismo cruel que tuvo que enfrentar. Si rompió las reglas fue porque estaban amañadas en su contra, o eso insinúa la película, que tiene más en mente que axels triples.

Lady Bird fue escrita y dirigida por una mujer de 34 años (Greta Gerwig) y Déjame salir por un afroamericano de 38 años (Jordan Peele). Como Luz de luna, que con justa razón superó a La La Land y obtuvo el Oscar a la mejor película en la edición pasada de los premios, estos filmes son el resultado de que la línea de distribución no sea tan convencional y de que las oportunidades no sean tan limitadas. Si se diversifican los narradores, se diversifican las historias. Son más fieles a lo que es Estados Unidos, un país en donde realmente se necesita la verdad.

………………………………….

Frank Bruni es columnista de opinión de The New York Times desde 2011. Es autor, entre otros libros, de “Where You Go Is Not Who You’ll Be”.

Enlace al artículo original del New York Times:

https://www.nytimes.com/es/2018/01/06/donald-trump-premios-oscar-globo-de-oro/?mc=adintl&mcid=facebook&mccr=ES&subid=MC18&subid1=TAFI

 

Las crónicas desde el Nuevo Mundo — Las crónicas del Otro Mundo

Originalmente publicado en Paula De Grei: DATOS Título: Las crónicas del Otro Mundo Autores: Carlos Lópes Moreno; Adrián E. Belmonte Editorial: Editorial Amarante (22 de febrero de 2016) Páginas: 782 Género: Ciencia ficción/Fantasía Formato: Físico y electrónico en Amazon Web:

https://lascronicasdelotromundo.wordpress.com/

SINOPSIS Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como…

a través de Las crónicas desde el Nuevo Mundo — Las crónicas del Otro Mundo

Las crónicas desde el Nuevo Mundo

POR LASCRONICASDELOTROMUNDO  EN 

Una persona puede soñar. O dos. Pero no siempre los sueños se cumplen; no obstante, si lo hacen, se pueden ir reproduciendo unos en base a otros.

Por eso, cuando el sueño de publicar nuestra primera novela se convirtió en realidad, nació un pequeño primogénito cuya paternidad correspondía a ese sueño que se había cumplido: que alguien le diera una oportunidad a nuestra opera prima. Parece que va unido el hecho de publicar un libro y de que automáticamente alguien lo lea, pero, y cualquier autor primerizo lo sabe perfectamente, ese hecho que se da por supuesto no resulta tan sencillo. Y eso nos llevó a hacer nuestros primeros pinitos en la blogosfera, con tal de que el mundo conociera la existencia de nuestro Otro Mundo.

Y así cumplimos ese sueño de que LCDOM tuviese testigos de su comparecencia en el planeta Tierra (de momento, porque no descartamos llegar a Marte cuando… bueno, cuando alguien llegue a Marte con un libro), y otro sueño mucho más remoto por mucho que residiera latente en lo más recóndito de nuestro cerebro: el de que algún ejemplar de nuestra criatura se vendiese en un país distinto al nuestro. Cierto es que conseguir esto en la blogosfera resulta más fácil de lo que podíamos esperar cuando nuestro pequeñín (es un decir, porque nuestro “pequeñín” es un tocho inapelable) se presentó en sociedad,pero, de todas formas, significa otro sueño cumplido para un (dos) escritor(es) bisoño(s). Y acumulando sueños cumplidos con paso lentopero seguro llegamos cierto día al de obtener reseñas, sobre todo gracias a la osadía de anunciar al mundo sin avergonzarse (o eso esperamos, claro) su dictamen sobre LCDOM de Francisco Torpeyvago y, hace pocas fechas, de la reseña con la que Sadire nos insufló pura vida.

Lo que ahora acontece nos resulta un tanto incómodo porque, por muy humilde que sea una persona, su vanidad congénita le castiga a la hora de admitir una equivocación cuyo origen sea que sus neuronas son o bastante vagas, o directamente un poco incompetentes. Hoy nos vemos obligados a confesar que, en nuestra ignorancia, habíamos calculado bastante mal el alcance de nuestros sueños. Somos capaces de descifrar sin lugar a dudas en qué momento se produce nuestro error, pero ello no nos exime de la inoperancia a la hora de nuestra previsión. Y el fallo se origina en que nuestros sueños se engendran en el paso previo a la creación del blog, en la aventura que concluyó el día de la publicación. No nos habíamos dado cuenta todavía de que en este cibernético mundo globalizado (o más bien blogalizado, que para este caso es más certero acuñar ese palabro y después la RAE que haga lo que quiera con él)había acontecimientos que podían tornarse en realidad, y que, en caso de que lo hicieran, constituirían un sueño cumplido.

Con esto queremos decir que, por mucha ineptitud que hayamos de aceptar a la hora de efectuar esta revelación, nunca se nos había ocurrido que podíamos soñar con conseguir una reseña de LCDOM procedente de un país foráneo, y, ni muchísimo menos, desde un continente distinto al que denominamos viejo (pero con cariño, que para eso es el nuestro).

Paula de Grei ha tenido que quitarnos la venda de los ojos para demostrarnos que teníamos un sueño, y que desconocíamos este hasta el mismo instante en que ella, a través de la varita mágica que es su teclado, ha conseguido que cumpliéramos. Desde el Nuevo Mundo, desde la capital de la República Oriental de Uruguay nada más y nada menos, nos ha llegado una radiografía pormenorizada de todas y cada una de las células que mantienen viva la novela, y no podíamos estar más orgullosos de LCDOM por haber superado este minucioso examen médico.

Agradeciendo encarecidamente una y otra vez su crítica literaria a Paula desde el Otro Mundo (saltando el charco para no mojarnos, por supuesto), os ofrecemos con orgullo sus palabras sobre nuestro bienamado primogénito literario.

  Paula De Grei

LCDM

DATOS

  • Título: Las crónicas del Otro Mundo
  • Autores: Carlos Lópes Moreno; Adrián E. Belmonte
  • Editorial: Editorial Amarante (22 de febrero de 2016)
  • Páginas: 782
  • Género: Ciencia ficción/Fantasía
  • Formato: Físico y electrónico en Amazon
  • Web: https://lascronicasdelotromundo.wordpress.com/

SINOPSIS

“Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como afirman algunos científicos, existe una consciencia global que nos conecta a todos, una “psicoesfera” en la que habitamos de manera inconsciente, entonces ¿puede ser esta manipulada? Y, si así fuera, ¿con qué intenciones se realizaría dicha manipulación? Un universo habitando en nuestros subconscientes… ¿Qué clase de naturaleza podría albergar ese plano alternativo de la existencia por el cual fluirían nuestros pensamientos sin ni siquiera darnos cuenta? Estas fueron las preguntas que prendieron la chispa para que los autores comenzaran este viaje”.

Frank Hopper ni siquiera tiene ese nombre. En realidad, la vida del sujeto…

Un escándalo sostenido por corruptos y cenutrios

http://rosamariaartal.com/2018/01/20/un-escandalo-sostenido-por-corruptos-y-cenutrios/

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Un escándalo sostenido por corruptos y cenutrios

 por Rosa María Artal  20 enero 2018.

rajoy.camps.rita

Audiencia Nacional. Crespo nombra en Gürtel a Costa, Fabra y Camps. Y, Rajoy, en FITUR, rodeado de periodistas, dice… que 2017 fue un año magnífico para el turismo. Así funciona el tinglado. En los últimos días, varios encausados por corrupción han cantado ante la justicia para confirmar las sospechas largamente avanzadas. En España, miembros del Partido Popular o de los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió contrataron obras, pagadas con dinero público, a cambio de mordidas astronómicas en las que el que pudo metió el cazo para volcarlo a su bolsillo. De estos partidos básicamente y también de otros. Una práctica que se presume habitual, una forma de ejercer la función pública. Pero el problema ni siquiera acaba ahí.

Constatamos que a amplios sectores de la sociedad les da lo mismo que les roben, que nos roben. Que la justicia va por barrios, dejando oasis de intocables y deteniendo con aroma de arbitrariedad por opiniones  o actitudes convertidas en delito. Sabemos que nada sano puede salir de la abismal disparidad de criterios al abordar los problemas. Que el río revuelto viene con víctimas asfixiadas y pescadores que se aprovechan ignorando todo escrúpulo. Comprobamos que las injusticias sociales alcanzan cotas de escándalo. O que un empresario condenado por las tarjetas Black, investigado por otra trama de corrupción, recién denunciado por un compinche como receptor de una comisión millonaria, llamadocompi yogui por los Reyes de España, viaja a Davos en la comitiva que nos representa como país y que encabeza el propio Felipe VI.

Vivimos tiempos complicados que parecen encaminarse a un futuro peor. Hasta la ficción literaria y cinematográfica nos presenta un espejo negro, un Black Mirror, al que avanzamos. Se han aparcado los coches voladores y los trajes fluorescentes, la ciencia ficción nos lleva a un terreno más oscuro. Quizás porque es más realista, más apoyado en datos del presente. Solo que el futuro no está escrito; el espejo no es barrera, es cristal frágil y quebradizo. Detrás puede haber esa sima que auguran o nuevos horizontes para construir, dejando atrás la mugre.

Depende de nosotros, de todos nosotros. En gran medida, de los cómplices de este estado insostenible. Una de las primeras obras que vi representada en un teatro –el Teatro Principal de Zaragoza- fue “A puerta cerrada”, de Jean Paul Sartre. Tan rotunda que, con ella, entendí para siempre que El infierno son los otros.  La mayor de las armonías puede verse alterada por las relaciones personales hasta  crear un clima insostenible. El infierno son los otros, a menudo, del mismo modo que hay personas que, por el contrario,  se convierten en aliados y soporte.

Hoy, en España y en muchos otros lugares del mundo, van ganando los colaboradores necesarios de la sinrazón, el abuso y la tiranía. Un grupo significativo como coautores directos, otros por pura tibieza y una gran mayoría sin ser conscientes siquiera. ¿Cuántos valores tienen que fallar en una sociedad, en cada persona, para que se apueste por dirigentes corruptos, aprovechados, sin preparación ni ética, turbios, falaces, a pesar de que dañan hasta los propios intereses de sus electores?  Los hilos son ya tan gruesos, hay tanto que cargar y es tan innecesario ya disimular, que sin duda cabe hablar de influencias y manipulaciones pero eso no lo explica todo, ni mucho menos lo justifica.

El infierno son los otros, los que enturbian la vida.  Estamos conviviendo en el mismo país donde millones de personas miran a otro lado cuando el gobierno deja sin atención a los dependientes o aplica políticas que aumentan la pobreza mientras favorece la sobreabundancia de las grandes fortunas. Son datos y lo saben por más que sus gurús de baba les mareen con las cifras. Hay 13 millones de personas en España en riesgo de exclusión social, casi 5 no pueden calentar su casa cuando hace frío.  Cada semana  mueren 8 trabajadores durante su jornada laboral.  Según datos del Ministerio, en 2017 hubo 451 accidentes mortales y 3.500 graves.  Las cifras aumentan. Habrá razones.

Y sigue habiendo desahucios. Agustín  Moreno, un profesor que acaba de jubilarse y que venía escribiendo textos imprescindibles sobre educación, empleó su recién estrenado tiempo libre esta semana en acudir a un desahucio. Lo contó en Cuarto Poder. Y previamente escribió en Twitter: ¿Cómo se puede dejar en la calle a una madre con 2 hijos de 16 y de 12 años, uno de ellos con una minusvalía del 41%, y que no se les caiga la cara de vergüenza a todos los que tienen la responsabilidad de evitarlo?  Esto se vota. ¿Cuántas valores han de anularse para llegar a este extremo? ¿Cuánta miseria esconde el silencio cómplice?

Y se vota la privatización de la sanidad y las goteras, una tromba de agua en realidad, en la UCI pediátrica de un hospital público. La Unidad para niños en estado de máxima gravedad. El colapso de las urgencias y las listas de espera. Y se apuesta en las urnas por los empleos de una semana de duración que trajo la reforma laboral, los sueldos precarios, la disminución de los subsidios de desempleo. Y por la subida de casi 500 euros en las tasas universitarias. Y el aumento descomunal de la Deuda Pública, negocio de especuladores. Está en el 99,4%, en 2007 la teníamos en el 35,5%, echen cuentas. Y la politización de la justicia. Y la RTVE manipulada para contar lo contrario de lo que ocurre. Y las subvenciones en forma de publicidad institucional a los medios que terminan siendo concertados con el gobierno, con el poder, con todos los que comen en esa mesa.

Se está privando a políticos de sus derechos civiles sin haberse determinado su culpabilidad en un juicio. Se invirtieron  87 millones de euros en el despliegue policial para enfrentar el referéndum en Catalunya. El Ministro Zoido llamó al operativo Operación Copérnico por, dice, “el giro copernicano” que tendría que darse. Un ministro a juego con sus votantes, sin duda. Se está pervirtiendo el lenguaje con fines precisos como no soñó ni Orwell. O sí, él sí. Se manda, insisto, a Davos a una representación de España que, sin quererlo, es demasiado fidedigna, porque nada trae consecuencias.  Aunque no lo parezca, también todo esto se vota.

Hemos tenido gobiernos que, no solo rescatan con nuestro dinero a bancos y empresas, sino que consintieron el fraude de las preferentes. Y ahí los vemos en comisiones de pasar el rato, echando culpas fuera. Lo hicieron solos y en compañía de otros. Lo hacen aún con tantas cosas. Se vota, esto se vota. Dando la confianza a los partidos responsables de esta gestión y a los partidos que les apoyan. Es cierto que uno no puede asumir todos los errores de aquellos a quienes eligió, pero lo que está pasando en España dista mucho de ser el ejercicio normal de la política. De la justicia y el periodismo también. Demasiadas irregulares y trampas que los tuercen. Nos sentencian a una condena que se da como irremediable y no lo es.

El infierno son los otros. Se ven ejércitos de zombis, tabernios, cuñados, cenutrios, neutrinos, encandilarse con quienes ponen en peligro su propia sanidad, su propia pensión, la educación de todos, el progreso en forma de investigación, la cultura. Apriétense los cinturones los pensionistas que hay que rescatar a las  autopistas privadas y no hay más dinero. España consolidó ese modelo que, además, se cree muy sabio y avispado, exactamente igual que las víctimas del timo de la estampita o el tocomocho. Los que, siguiendo la flecha, condenan a los conductores varados en la nieve y se enfervorizan con el “a por ellos”.  Los que censuran severamente a las víctimas de la codicia y bajan los ojos ante sus verdugos. Parece haber millones de seres que no relacionan sus hechos con las consecuencias que ocasionan. Hijos de esa España eterna que se ocupó a fondo en disuadir el pensamiento crítico y propio.

Son demasiados. Tras el Black Mirror no está el coche fantástico, está el ejército de espectros guiados por los Caminantes Blancos. En este juego de tronos son decisivos. Avanzan sin mirar atrás, pierden brazos, piernas, la cabeza, y siguen andando, abatiendo, sepultando, como enemigos. Cuando hay otra realidad tras el espejo: una puerta, y vías abiertas, y una luz, una sociedad y un país que podría apostar por la decencia y el futuro. Es que por este camino no va a haber ni mañana.

*Publicado en eldiarioes 19/01/2018 –

 

 

Philip Roth ya no escribe, pero aún tiene mucho que decir.

Philip Roth ya no escribe, pero aún tiene mucho que decir.

Por Charles Mcgrath el 20 de enero de 2018.  

En una entrevista exclusiva con The New York Times, el (ex)novelista de 84 años comparte lo que piensa sobre Trump y el movimiento #MeToo, cómo pasa sus días desde que anunció su retiro y qué ha significado envejecer para él.

 Philip Roth, fotografiado en su casa en Upper West Side, Manhattan, en enero de 2018CreditPhilip Montgomery para The New York Times.

Con la muerte de Richard Wilbur en octubre, Philip Roth se convirtió en el miembro más antiguo del departamento de literatura de la Academia Estadounidense de Artes y Letras. Ha sido miembro durante tanto tiempo que puede recordar cuando la academia incluía a figuras ahora casi olvidadas, como Malcolm Cowley y Glenway Wescott: luminarias de cabello blanco de otra era.

Hace poco Roth se unió a William Faulkner, Henry James y Jack London como uno de los poquísimos estadounidenses en ser incluidos en la colección francesa La Pléiade (el modelo para las ediciones estadounidenses Library of America), y la editorial italiana Mondadori también está publicando sus libros en su serie Meridiani, de autores clásicos. Todo este reconocimiento en el otoño de su vida —incluidos el Premio Príncipe de Asturias otorgado por España en 2012 y haber sido nombrado comandante de la Legión de Honor de Francia en 2013— le parece tan gratificante como divertido. “Mira esto”, me dijo el mes pasado, mientras sostenía el volumen de encuadernación decorada de Mondadori, tan grueso como una Biblia, que reúne títulos como Lamento di Portnoy y Zuckerman Scatenanto. “¿Quién lee libros como estos?”

En 2012, al acercarse a sus 80 años, Roth anunció con bombos y platillos que se había retirado de la escritura (de hecho había dejado de escribir dos años antes). Desde entonces, ha pasado cierta cantidad de tiempo aclarando las cosas. Escribió una carta larga y acalorada a Wikipedia, por ejemplo, cuestionando la absurda afirmación de la enciclopedia de que él no era un testigo creíble de su propia vida (finalmente, Wikipedia se retractó y rehízo completamente la entrada sobre Roth).

Roth también mantiene un contacto frecuente con Bake Bailey, a quien nombró su biógrafo oficial y quien ya ha reunido 1900 páginas de notas para un libro que, se espera, tenga la mitad de esa cantidad. Además, hace poco supervisó la publicación de Why Write?, el décimo y último de sus libros en la edición de Library of America de su obra. Como una especie de limpieza final, de pulido a su legado, el libro incluye una selección de ensayos literarios de los años sesenta y setenta; el texto completo de Shop Talk, su colección de 2001 de conversaciones y entrevistas con otros escritores, muchos de ellos europeos, y una sección de discursos y ensayos de despedida, varios publicados allí por primera vez. No es accidental que el libro termine con la oración de tres palabras “Aquí estoy yo”. Es decir: entre las tapas duras.

Pero, principalmente, Philip Roth lleva hoy la vida tranquila de un retirado en el Upper West Side (su casa en Connecticut, donde se recluía a escribir durante largos periodos, ahora la habita solo durante el verano). Visita amigos, asiste a conciertos, revisa su correo, ve películas viejas en FilmStruck. Hace poco lo visitó David Simon, el creador de “The Wire”, quien está haciendo una miniserie de seis capítulos sobre La conjura contra América, y tras el encuentro dijo que se sentía seguro de que su novela estaba en buenas manos. La salud de Roth es buena, aunque se ha sometido a varias cirugías por un problema recurrente de espalda, y se lo ve contento y satisfecho. Es reflexivo pero sigue siendo, cuando quiere, muy divertido.

He entrevistado a Roth en varias ocasiones a lo largo de los años, y el mes pasado le pregunté si podíamos charlar de nuevo. Al igual que muchos de sus lectores, me preguntaba lo que el autor de Pastoral americanaMe casé con un comunista y La conjura contra América piensa del extraño periodo que estamos viviendo. También me daba curiosidad cómo pasa su tiempo. ¿Resolviendo sudokus? ¿Viendo televisión todo el día? Aceptó ser entrevistado pero solo si podía hacerse a través de correo electrónico. Necesitaba tiempo, dijo, para pensar en lo que quería decir.

En unos cuantos meses cumplirás 85 años. ¿Te sientes anciano? ¿Cómo ha sido envejecer?

Sí, en solo unos meses dejaré la ancianidad y entraré en la ancianidad profunda: cada día cayendo aún más hondo en el temible Valle de las Sombras. Ahora es sorprendente estar todavía aquí al final de cada día. Meterme a la cama por la noche, sonreír y pensar: “Viví un día más”. Y luego es sorprendente despertar ocho horas después, ver que es la mañana del día siguiente y que sigo aquí: “Sobreviví otra noche”. Pensarlo me hace sonreír otra vez. Me duermo con una sonrisa y me despierto con otra. Me encanta seguir vivo. Además, cuando esto sucede, como ha sido semana tras semana y mes tras mes desde que comencé a cobrar mi pensión, produce la ilusión de que nunca terminará, aunque por supuesto sé que puede hacerlo en cualquier momento. Es como jugar una partida, todos los días; una partida de apuestas altas que ahora, incluso en contra de las probabilidades, simplemente sigo ganando. Ya veremos cuánto me dura la suerte.

 Philip Roth en su casa en New York City en enero de 2018 CreditPhilip Montgomery para The New York Times.

“Todos los talentos tienen sus límites: su naturaleza, su alcance, su fuerza; y también su final, un periodo, un ciclo de vida… no todos podemos ser fructíferos por siempre”.

PHILIP ROTH

Ahora que te has retirado como novelista, ¿algunas vez extrañas escribir, o piensas en retomarlo?

No. Eso se debe a que las condiciones que me llevaron a dejar de escribir narrativa hace siete años no han cambiado. Como expreso en Why Write?, en 2010 tenía “la fuerte sospecha de que ya había hecho mi mejor trabajo y cualquier cosa más sería inferior. Para entonces ya no poseía la vitalidad mental, la energía verbal ni la condición física necesarias para emprender y sostener un ataque creativo grande de cualquier duración para una estructura compleja tan demandante como una novela… Todos los talentos tienen sus límites: su naturaleza, su alcance, su fuerza; y también su final, un periodo, un ciclo de vida… no todos podemos ser fructíferos por siempre”.

En retrospectiva, ¿cómo recuerdas tus cincuenta y pico de años como escritor?

Euforia y gruñidos. Frustración y libertad. Inspiración e incertidumbre. Abundancia y vacío. Resplandor hacia adelante y confusión en el camino. El repertorio diario de las dicotomías oscilantes que cualquier talento soporta. Y una tremenda soledad, también. Y el silencio: 50 años en una habitación silenciosa como el fondo de una piscina, extendiendo, cuando todo iba bien, mi mínima provisión diaria de prosa utilizable.

En Why Write? republicas tu famoso ensayo “Writing American Fiction”, en el que argumentas que la realidad estadounidense es una locura tal que casi supera la imaginación del escritor. Dijiste eso en 1960. ¿Qué piensas ahora? ¿Alguna vez anticipaste un Estados Unidos como en el que vivimos hoy?

Nadie que conozca se imaginó un Estados Unidos como en el que vivimos ahora. Nadie (excepto quizá el cáustico H. L. Mencken, quien describió la democracia estadounidense como “asnos adorando chacales”) podría haber imaginado la catástrofe del siglo XXI que azotaría a Estados Unidos. El más degradante de los desastres no aparecería, por decirlo de algún modo, en la atemorizante figura de un Gran Hermano orwelliano, sino como la figura ominosamente ridícula del bufón presuntuoso. ¡Qué ingenuo fui en 1960 como para pensar que era un estadounidense que vivía en tiempos absurdos! ¡Qué pintoresco! ¿Pero qué podía saber en 1960 respecto de 1963, 1968, 1974, 2001 o 2016?

Tu novela de 2004, La conjura contra América, hoy eparece escalofriantemente profética. Cuando esa novela se publicó, algunas personas la interpretaron como un tratado sobre el gobierno de Bush, pero de ninguna manera había tantos paralelos entonces como los que parece haber ahora.

“Trump es un fraude masivo, desprovisto de todo excepto de la ideología hueca de un megalómano”

PHILIP ROTH

Por más anticipatoria que La conjura contra América pueda parecerte, hay una enorme diferencia entre las circunstancias políticas que inventé en ella para EE. UU. en 1940 y la calamidad que hoy en día nos causa tanto desaliento. Es la diferencia de estatura entre un presidente Lindbergh y un presidente Trump. Charles Lindbergh, en la vida como en mi novela, pudo haber sido un verdadero racista y antisemita, así como un supremacista blanco a quien le agradaba el fascismo, pero también era —por la extraordinaria proeza de su solitario vuelo trasatlántico a la edad de 25 años— un verdadero héroe estadounidense 13 años antes de que lo describa ganando la presidencia. Históricamente, Lindbergh fue el valeroso joven piloto que, en 1927, sobrevoló sin escalas por primera vez el Atlántico, desde Long Island hasta París. Lo hizo en 33,5 horas, en un monoplano de un solo asiento y un motor, lo que lo convirtió en una especie de Leif Ericson del siglo XX, un Magallanes de la aeronáutica, una de las primeras figuras señeras de la era de la aviación. En comparación, Trump es un fraude masivo, la suma perversa de sus deficiencias, desprovisto de todo excepto de la ideología hueca de un megalómano.

Uno de tus temas recurrentes ha sido el deseo sexual masculino —un deseo perverso, las mayoría de las veces— y sus diversas manifestaciones. ¿Qué piensas del momento en el que parece que estamos ahora, con tantas mujeres denunciando y acusando a tantos hombres con alta visibilidad de acoso y abuso sexual?

Como señalas, en mi papel de novelista no son extrañas las furias eróticas. Los hombres envueltos en la tentación sexual son uno de los aspectos de la vida masculina sobre el que he escrito en algunos de mis libros. Los hombres que responden al insistente llamado del placer sexual, plagados de deseos vergonzantes y de la temeridad de la lujuria obsesiva, maravillados incluso con el señuelo del tabú; durante décadas me he imaginado una pequeña cofradía de hombres perturbados, poseídos por fuerzas enardecedoras con las que deben negociar y a las que deben oponerse. He tratado de no hacer concesiones al retratar a cada uno de estos hombres como son, como se comporta cada uno, excitado, estimulado, hambriento en las garras del fervor carnal y enfrentando la variedad de dilemas éticos y psicológicos que suponen las exigencias del deseo.

En estas obras de ficción no he evitado los duros hechos de por qué, cómo y cuándo los hombres enardecidos hacen lo que hacen, incluso si no han estado en armonía con el retrato que una campaña de relaciones públicas masculina —si existiera tal cosa— podría preferir. Me he adentrado no solo en la mente masculina, sino también en la realidad de esos impulsos, cuya presión obstinada y persistente puede amenazar el raciocinio, esas necesidades a veces tan intensas que incluso pueden experimentarse como una forma de locura. En consecuencia, ninguna de las conductas más extremas sobre las que he leído últimamente en los periódicos me ha sorprendido.

 Philip Roth, photographed at his home on the Upper West Side of Manhattan in January 2018.CreditPhilip Montgomery para The New York Times.

Antes de retirarte, eras famoso por vivir días larguísimos. Ahora que has dejado de escribir, ¿qué haces con todo ese tiempo libre?

Leo. Extraña o no tan extrañamente leo muy poca narrativa. Me pasé toda mi vida productiva leyendo narrativa, enseñando narrativa, estudiando narrativa y escribiendo narrativa. No pensé en casi nada más hasta hace aproximadamente siete años. Desde entonces he pasado buena parte de mis días leyendo historia, sobre todo de Estados Unidos pero también historia moderna europea. Leer ha tomado el lugar de escribir, y constituye la mayor parte, el estímulo, de mi vida pensante.

¿Qué has leído últimamente?

Parece que me he desviado de rumbo últimamente y he leído una colección heterogénea de libros. He leído tres de Ta-Nehisi Coates; el más impactante desde un punto de vista literario, The Beautiful Struggle, que son sus memorias de niño sobre su padre. Leyendo a Coates me enteré sobre el compendio de Nell Irvin Painter, provocativamente titulado The History of White People. Painter me llevó de vuelta a la historia de Estados Unidos, a American Slavery, American Freedom, de Edmund Morgan, una gran historia erudita de lo que Morgan llama “el matrimonio de la esclavitud y la libertad” como existía en las primeras épocas de Virginia. Leer a Morgan me condujo en círculo a releer los ensayos de Teju Cole, aunque no antes de desviarme leyendo The Swerve, de Stephen Greenblatt, que trata sobre las circunstancias del descubrimiento en el siglo XV del manuscrito del subversivo De la naturaleza de las cosas, de Lucrecio. Esto me llevó a abordar algunas partes del largo poema de Lucrecio, escrito en algún momento del siglo I a.C., en una traducción en prosa al inglés de A. E. Stallings. De ahí regresé a leer el libro de Greenblatt sobre “cómo Shakespeare se convirtió en Shakespeare”, titulado Will in the World. No me explico cómo en medio de todo esto me puse a leer y disfruté de la biografía de Bruce Springsteen, Born to Run, excepto por la idea de que parte del placer de tener ahora tanto tiempo a mi disposición para leer lo que se me cruce en el camino invita a sorpresas no premeditadas.

Con regularidad aparecen en mi correo copias de libros previas a su publicación, y así fue como descubrí Pogrom: Kishinev and the Tilt of History, de Steven Zipperstein. Zipperstein identifica el momento a principios del siglo XX cuando la situación de los judíos en Europa se volvió letal de una manera que anticipaba el fin de todo. Pogrom me condujo a encontrar un libro reciente de historia interpretativa, The Jewish Century, de Yuri Slezkine, que sostiene que “la era moderna es la era judía y el siglo XX, en particular, es el siglo judío”. Leí Personal Impressions, de Isaiah Berlin, sus retratos ensayísticos del grupo de figuras influyentes del siglo XX que conoció u observó. Hay una breve aparición de Virginia Woolf en todo su terrorífico genio y unas páginas especialmente cautivadoras sobre la reunión nocturna inicial en el duramente bombardeado Leningrado en 1945 con la magnífica poeta rusa Anna Akhamatova cuando estaba en sus cincuenta, aislada, sola, despreciada y perseguida por el régimen soviético. Berlin escribe: “Después de la guerra, Leningrado no era para ella sino un gran cementerio, la tumba de sus amigos. El relato de la incesante tragedia de su vida iba mucho más allá de lo que cualquiera me hubiera descrito alguna vez con palabras”. Hablaron hasta las tres o cuatro de la mañana. La escena es tan conmovedora como cualquiera de Tolstoi.

La semana pasada leí libros de dos amigos, la breve y sabia biografía de James Joyce de Edna O’Brien y una autobiografía atractivamente excéntrica, Confessions of an Old Jewish Painter, de uno de mis queridos amigos muertos, el gran artista estadounidense R. B. Kitaj. Tengo muchos queridos amigos muertos. Varios eran novelistas. Extraño encontrar sus libros nuevos en el correo.

CULTURA   

LIBROS

Enlace a la publicación original de la entrevista del New York Times: 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/20/philip-roth-ya-no-escribe-pero-aun-tiene-mucho-que-decir/?action=click&clickSource=inicio&contentPlacement=2&module=toppers&region=rank&pgtype=Homepage