“Identidad” Gente del borde. Reseña.

“Identidad”

Gente del borde

Tony Judt

 Straus Park, Nueva York, 1997; fotografía de Dominique Nabokov.

Sin preámbulos les comparto ésta magistral reseña que conduce pian pianito a reflexionar, a detenernos un momento y replantearnos el momento actual en función de nuestra individual existencia, nuestra verdadera “identidad”.

Jesús Torres Navarro.

“La globalización en sí misma -la tierra “plana” de tantas fantasías irónicas- será una fuente de temor e incertidumbre para miles de millones de personas que acudirán a sus líderes en busca de protección. Las “identidades” crecerán mezquinas y tensas, a medida que los indigentes y los desarraigados golpeen los muros en constante aumento de las comunidades cerradas desde Delhi hasta Dallas”

Reseña:

“Identidad” es una palabra peligrosa. No tiene usos contemporáneos respetables. En Gran Bretaña, los mandarines del Nuevo Laborismo -no satisfechos con la instalación de más cámaras de vigilancia de circuito cerrado que cualquier otra democracia- han intentado (hasta ahora sin éxito) invocar la “guerra contra el terror” como una ocasión para introducir tarjetas de identidad obligatorias. En Francia y los Países Bajos, los “debates nacionales” sobre la identidad estimulados artificialmente son una cubierta endeble para la explotación política del sentimiento antiinmigrante, y una táctica descarada para desviar la ansiedad económica hacia los objetivos minoritarios. En Italia, la política de identidad se redujo en diciembre de 2009 a los registros casa por casa en la región de Brescia para rostros oscuros no deseados, ya que el municipio prometió desvergonzadamente una “Navidad blanca”.

En la vida académica, la palabra tiene usos relativamente maliciosos. Los estudiantes universitarios de hoy en día pueden seleccionar entre una amplia gama de estudios de identidad: “estudios de género”, “estudios de mujeres”, “estudios de Asia-Pacífico-Estados Unidos” y docenas de otros. El inconveniente de todos estos programas para-académicos no es que se concentren en una minoría étnica o geográfica determinada; es que alientan a los miembros de esa minoría a estudiarse a  mismos, negando simultáneamente los objetivos de una educación liberal y reforzando las mentalidades sectarias y del gueto que pretenden socavar. Con demasiada frecuencia, tales programas son esquemas de creación de empleo para sus titulares, y el interés externo se desalienta activamente. Los negros estudian a los negros, los homosexuales estudian a los homosexuales, y así sucesivamente.

Como suele suceder, el gusto académico sigue a la moda. Estos programas son subproductos del solipsismo comunitario: hoy todos tenemos guiones: irlandeses americanos, nativos americanos, afroamericanos y demás. La mayoría de las personas ya no hablan el idioma de sus antepasados ​​ni saben mucho sobre su país de origen, especialmente si su familia comenzó en Europa. Pero a raíz de una generación de victimización jactanciosa, usan lo poco que conocen como una orgullosa insignia de identidad: usted es lo que sufrieron sus abuelos. En esta competencia, los judíos se destacan. Muchos judíos estadounidenses son tristemente ignorantes de su religión, cultura, idiomas tradicionales o historia. Pero sí saben sobre Auschwitz, y eso es suficiente.

Este cálido baño de identidad siempre fue extraño para mí. Crecí en Inglaterra y el inglés es el idioma en el que pienso y escribo. Londres, mi lugar de nacimiento, sigue siendo familiar para mí por todos los muchos cambios que ha visto a lo largo de las décadas. Conozco bien el país; Incluso comparto algunos de sus prejuicios y predilecciones. Pero cuando pienso o hablo del inglés, instintivamente uso la tercera persona: no me identifico con ellos.

En parte, esto puede deberse a que soy judío: cuando era pequeño, los judíos eran la única minoría significativa en la Gran Bretaña cristiana y el objeto de un prejuicio cultural leve pero inconfundible. Por otro lado, mis padres estaban bastante separados de la comunidad judía organizada. No celebramos festividades judías (siempre tuve un árbol de Navidad y huevos de Pascua), no seguí mandatos rabínicos y solo me identifiqué con el judaísmo durante las comidas de los viernes con los abuelos. Gracias a una escuela inglesa, estoy más familiarizado con la liturgia anglicana que con muchos de los ritos y prácticas del judaísmo. Entonces, si crecí siendo judío, era como un judío decididamente no judío.

¿Esta relación tangencial con la inglesa se deriva del lugar de nacimiento de mi padre (Amberes)? Posiblemente, pero también él carecía de una “identidad” convencional: no era ciudadano belga, sino hijo de migrantes apátridas que habían venido a Amberes desde el imperio zarista. Hoy diríamos que sus padres nacieron en lo que aún no se había convertido en Polonia y Lituania. Sin embargo, ninguno de estos países recién formados habría dado la hora del día -mucho menos ciudadanía- a un par de judíos belgas. Y aunque mi madre (como yo) nació en el East End de Londres, y por lo tanto era una auténtica Cockney, sus padres vinieron de Rusia y Rumania: países de los que no sabía nada y en cuyos idiomas no podía hablar. Al igual que cientos de miles de inmigrantes judíos, se comunicaron en yiddish, un idioma que no tenía un servicio discernible para sus hijos.

Yo no era ni inglés ni judío. Y, sin embargo, creo firmemente que estoy, de diferentes maneras y en momentos diferentes, ambos. ¿Tal vez tales identificaciones genéticas son menos consecuentes de lo que suponemos? ¿Qué pasa con las afinidades electivas que adquirí a lo largo de los años? ¿Soy un historiador francés? Ciertamente estudié la historia de Francia y hablo bien el idioma; pero a diferencia de la mayoría de mis compañeros estudiantes anglosajones de Francia, nunca me enamoré de París y siempre me sentí ambivalente al respecto. He sido acusado de pensar e incluso escribir como un intelectual francés, un cumplido de púas. Pero los intelectuales franceses, con excepcionales excepciones, me dejan frío: el suyo es un club del que felizmente me excluirían.

 L’exil, Berlín Occidental, 1977; fotografía de Dominique Nabokov.

¿Qué hay de la identidad política ? Como hijo de judíos autodidactas criados a la sombra de la Revolución Rusa, adquirí desde muy temprana edad una familiaridad superficial con los textos marxistas y la historia socialista, suficiente para inocularme contra las cepas más salvajes del neoizquierdismo de la década de 1960 cuando salía estoy firmemente en el campo socialdemócrata. Hoy, como un “intelectual público” (en sí mismo una etiqueta inútil), estoy asociado con lo que quede de la izquierda.

Pero dentro de la universidad, muchos colegas me consideran un dinosaurio reaccionario. Es comprensible: enseño el legado textual de los europeos muertos hace mucho tiempo; tiene poca tolerancia a la “autoexpresión” como sustituto de la claridad; considerar el esfuerzo como un pobre sustituto del logro; tratar mi disciplina como dependiente en primera instancia de los hechos, no de la “teoría”; y ve con escepticismo mucho de lo que hoy se considera una beca histórica. Por las costumbres académicas prevalecientes, soy incorregiblemente conservador. Entonces, ¿cuál es?

Como un estudiante nacido en Inglaterra de la enseñanza de la historia europea en los Estados Unidos; como un judío algo incómodo con muchas cosas que pasan por “judaísmo” en la América contemporánea; como un socialdemócrata frecuentemente en desacuerdo con mis autodescritos colegas radicales, supongo que debería buscar consuelo en el familiar insulto de “un cosmopolita desarraigado”. Pero eso me parece demasiado impreciso, deliberadamente universal en sus ambiciones. Lejos de ser desarraigado, estoy muy bien enraizado en una variedad de herencias contrastantes.

En cualquier caso, todas esas etiquetas me inquietan. Conocemos suficientes movimientos ideológicos y políticos para desconfiar de la solidaridad exclusiva en todas sus formas. Uno debe mantener la distancia no solo de los obviamente “poco atractivos” -fascismos, jingoísmo, chovinismo- sino también de la variedad más seductora: el comunismo, sin duda, pero el nacionalismo y el sionismo también. Y luego está el orgullo nacional: más de dos siglos después de que Samuel Johnson lo señalara por primera vez, el patriotismo -como cualquiera que haya pasado la última década en Estados Unidos puede testificar- sigue siendo el último refugio del sinvergüenza.

Prefiero el borde: el lugar donde países, comunidades, lealtades, afinidades y raíces chocan incómodamente entre sí, donde el cosmopolitismo no es tanto una identidad como la condición normal de la vida. Tales lugares alguna vez abundaron. Hasta bien entrado el siglo XX, había muchas ciudades que abarcaban múltiples comunidades e idiomas, a menudo mutuamente antagónicas, ocasionalmente enfrentadas, pero que de alguna manera coexistían. Sarajevo fue uno, Alexandria otro. Tánger, Salónica, Odessa, Beirut y Estambul calificaron, al igual que ciudades más pequeñas como Chernovitz y Uzhhorod. Para los estándares del conformismo estadounidense, Nueva York se asemeja a aspectos de estas ciudades cosmopolitas perdidas: es por eso que vivo aquí.

Sin duda, hay algo autoindulgente en la afirmación de que uno siempre está en el borde, en el margen. Tal reclamo solo está disponible para cierto tipo de persona que ejerce privilegios muy particulares. La mayoría de las personas, la mayoría de las veces, prefieren no destacarse: no es seguro. Si todos los demás son chiíes, es mejor ser chiítas. Si todos en Dinamarca son altos y blancos, ¿quién -debido a una elección- optaría por ser bajo y moreno? E incluso en una democracia abierta, se requiere una cierta obstinación de carácter para trabajar deliberadamente contra la propia comunidad, especialmente si es pequeña.

Pero si naces en márgenes que se cruzan y -gracias a la peculiar institución de la tenencia académica- tienes la libertad de permanecer allí, me parece una percha decididamente ventajosa: ¿qué deberían saber de Inglaterra, que solo Inglaterra conoce? Si la identificación con una comunidad de origen fue fundamental para mi sentido del yo, tal vez dudaría antes de criticar a Israel, el “Estado judío”, “mi pueblo”, tan rotundamente. Los intelectuales con un sentido más desarrollado de afiliación orgánica instintivamente autocensuran: piensan dos veces antes de lavar la ropa sucia en público.

A diferencia del difunto Edward Said, creo que puedo entender e incluso empatizar con aquellos que saben lo que significa amar a un país. No considero tales sentimientos como incomprensibles; Simplemente no los comparto. Pero a lo largo de los años, estas feroces lealtades incondicionales-a un país, un Dios, una idea o un hombre-han llegado a aterrorizarme. La delgada capa de la civilización descansa sobre lo que puede ser una fe ilusoria en nuestra humanidad común. Pero ilusorio o no, haríamos bien en aferrarnos a él. Ciertamente, es esa fe -y las limitaciones que impone a la mala conducta humana- la primera en ir en tiempos de guerra o disturbios civiles.

Estamos entrando, sospecho, en un momento de problemas. No solo los terroristas, los banqueros y el clima van a causar estragos en nuestra sensación de seguridad y estabilidad. La globalización en sí misma -la tierra “plana” de tantas fantasías irónicas- será una fuente de temor e incertidumbre para miles de millones de personas que acudirán a sus líderes en busca de protección. Las “identidades” crecerán mezquinas y tensas, a medida que los indigentes y los desarraigados golpeen los muros en constante aumento de las comunidades cerradas desde Delhi hasta Dallas.

Ser “danés” o “italiano”, “estadounidense” o “europeo” no será solo una identidad; será un rechazo y una reprensión para aquellos a quienes excluye. El estado, lejos de desaparecer, puede estar a punto de hacerse suyo: los privilegios de la ciudadanía, las protecciones de los derechos de residencia con tarjeta, se ejercerán como triunfos políticos. Los demagogos intolerantes en las democracias establecidas exigirán “pruebas” -de conocimiento, de lenguaje, de actitud- para determinar si los recién llegados desesperados merecen una “identidad” británica, holandesa o francesa. Ya lo están haciendo. En este valiente siglo nuevo, echaremos de menos a los tolerantes, a los marginales: a las personas del borde. Mi gente.

– “Edge People” es parte de una serie continua de memorias de Tony Judt.

Enlace a la publicación original del New York Times: 

 

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Breve resumen: ideas políticas heterodoxas con visión global. Una atenta invitación a la reflexión existencial.

Alfonso Reyes: “La relectura es uno de los placeres de tener tiempo”.

Manuel Azaña: “Para mí significa tener tiempo para recordar el presente, nada más y nada menos”.

Breve resumen: ideas políticas heterodoxas con visión global. Una atenta invitación a la reflexión existencial.

A través de la lectura de fragmentos seleccionados de una publicación mía de hace un año en JesToryAs blog. La revolución de la inteligencia.

https://jestoryas.wordpress.com/2017/02/03/the-word-revolution-la-revolucion-de-la-inteligencia-jesus-torres-navarro/

Resumen breve con la historia de algunas de las más relevantes ideas políticas heterodoxas con visión global.  

13 de febrero 2018.

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Jesús Cristo predicó “amor y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”, “amaos los unos a los otros”, “ama a tu prójimo como a ti mismo”, en una época similar en muchos aspectos a la actual hace 2000 años. Buda Gautama en la India y Mahoma en el Oriente Medio también hicieron lo propio.

En el siglo XVII Lutero y Calvino sembraron en Alemania la semilla que germinó en las primeras revoluciones campesinas de emancipación de la historia y en la reforma religiosa de Europa, al mismo tiempo que revolucionaron la prosa alemana, una de las más bellas del mundo.

Los llamados socialistas utópicos del siglo XVIII Saint Simon, Fourier y Owen en Europa señalaron que la esencia de un mundo futuro de paz y armonía se centraba en los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, ideas que hicieron suyas los grandes revolucionarios independentistas de América Latina a principios del siglo XIX.

Hegel desarrolló la idea dialécticamente destacando el hecho innegable de que el desarrollo del universo se rige por la ley de las concatenaciones totales, sus escritos fueron y son lectura obligada para los estudiosos del derecho y las ciencias sociales y sentaron las bases para una mejor comprensión del mundo.

Marx y Engels sólo tuvieron que poner de pie las teorías de Hegel que estaban de cabeza para llevarlas a la práctica revolucionaria, en 1847 con la publicación del Manifiesto Comunista se acuñó la consigna “proletarios de todos los países uníos”. El 23 de junio de 1848 fue el fundamento teórico de los protagonistas del primer levantamiento obrero del mundo en Paris, Francia, así como lo fue de la guerra civil de 1871 en Francia donde surgió la memorable “Comuna de París” primer ensayo de un gobierno con democracia participativa ciudadana en la historia; el heroico pueblo de París armado garantizó la seguridad de la población y repelió las agresiones del exterior, los funcionarios de la Comuna tenían de sueldo el salario mínimo y no tomaban decisiones, estás eran potestad exclusiva de la Asamblea Popular. Marx dijo en aquel entonces: gloria por siempre a los valientes obreros de Paris, que tuvieron “la osadía de tomar el cielo por asalto.”

 

Lennin en Rusia fue un ideólogo con visión global que encabezó en octubre de 1917 la revolución para derrocar al gobierno monárquico del país más grande y poderoso del mundo e instaurar el primer estado socialista, en la guerra revolucionaria más corta y con el menor costo de vidas de la historia.

Bertrand Russell en Inglaterra en los años que estaba por estallar la primera guerra mundial, contra la opinión generalizada a favor de la guerra con Alemania alzó su voz y se declaró activista por la paz y contrario a la guerra, por ello fue repudiado por la mayoría de sus compatriotas, lo dejaron solo y aun así no renunció a la lucha por sus ideales pacifistas y contra las absurdas guerras comerciales entre países.

Los hermanos Ricardo y Jesús Flores Magón, en México, fueron de los principales ideólogos y activistas que moldearon la ideología de los precursores de los movimientos revolucionarios populares más importantes e impactantes de principios del siglo XX en México; fundaron La Casa del Obrero Mundial.

Nuestro regiomontano universal, el gran maestro Don Alfonso Reyes Ochoa en su obra titulada Atenea Política de 1932 dejo a la humanidad futura, además de su profunda visión global (cosmopolita como él la llamaba), las herramientas, la estrategia y la ideología para la construcción de un mundo nuevo de paz, solidaridad y armonía destacando la importancia de la lejana cercanía que hermana a la humanidad más allá de las fronteras y de los países. Dijo:

 

“Todos los viajeros lo saben: la manera más segura de marearse es fijar los ojos en el costado del barco, allí donde baten las olas. Y el mejor remedio contra esta atracción del torbellino es levantar siempre la vista y buscar la línea del horizonte. Las lejanías nos curan de las cercanías. La contemplación del rumbo da seguridad a nuestros pasos. Cuando yo hacía mi práctica militar, el sargento instructor solía gritarnos: Para marchar en línea recta no hay que mirarse los pies; hay que mirar de frente.” (Subrayado mío).

 

Siendo presidente del gobierno de la república española, hubo un momento en el que Manuel Azaña sintió la necesidad de escribir: “Me lo recuerda Alfonso Reyes, el gran escritor mexicano, en un ensayo de 1932 que se titula Atenea Política. La relectura es uno de los placeres de tener tiempo. Para mí significa tener tiempo para recordar el presente, nada más y nada menos.”

En el poema “1936”, publicado en Desolación de la Quimera, Luis Cernuda contó el encuentro que tuvo, ya en los años 60, con un brigadista norteamericano que se había jugado la vida en su juventud para defender la libertad política de la república española. Aunque Cernuda estaba desilusionado por los acontecimientos y asqueado por la actitud del gobierno franquista, volvió a creer en el sentido de la lucha. Afirmó, incluso, que la dignidad de una sola persona asegura la nobleza de una causa y justifica a todo el género humano.

 

Luis García Montero acertadamente dijo hace poco tiempo:

“Andamos de cabeza y pensamos con los pies”.

La razón poética reivindica la conciencia individual, salva la libertad ética del individualismo, pero no la lleva a las aguas de la competición agresiva, ni al egoísmo del consumo, sino a un pacto de lectura, al lugar del otro, al texto, que es un espacio público dignificado por la responsabilidad individual.

Vivimos un tiempo de necesaria poesía. O, lo que es lo mismo, la lírica ofrece una buena oportunidad para estos tiempos.”

Hagamos un alto en el camino, releamos y repensemos las sabias ideas políticas del pasado, dejemos de lado las expectativas basadas en promesas políticas, hagámonos dueños de nuestras opiniones, carguemos en un morral a nuestro clásicos favoritos y nada más, levantemos la vista al horizonte, allá donde el sol resplandece, hacia el futuro… y andemos juntos haciendo camino al andar.

Jesús Torres Navarro.

 

 

 

Un matrimonio perfecto: evangélicos y conservadores en América Latina.

Para reflexionar y cuestionarnos el estado actual de la democracia representativa en el mundo, tan lejos de su esencia. Igualdad, libertad y fraternidad.

El fanatismo religioso de los evangélicos y los católicos más radicales, cada día más pragmático, ha penetrado en la política latinoamericana incrustándose en los partidos, tanto de derecha (principalmente) como de “izquierda”, apuntala el acelerado avance del fascismo en la región con mensajes y consignas de odio y exclusión social, contra la equidad de género, el matrimonio igualitario, los derechos reproductivos de las mujeres, la libertad de creencia, la educación laica y científica…

Un ejemplo en México es la “alianza” del PES, partido conservador y evangélico, con el PT y morena a la cabeza…

El fanatismo pragmático religioso es el opio de los pueblos y el principal enemigo de la verdadera democracia participativa incluyente global.

Se ha perdido por completo la sensatez.

Jesús Torres Navarro.

“Ese modelo se está esparciendo por la región. Con la ayuda de los católicos, los evangélicos también han organizado marchas en contra del movimiento LGBT en Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Perú y México. En Paraguay y Colombia pidieron que los ministerios de educación prohibieran los libros que abordan la sexualidad. En Colombia incluso se movilizaron para que se rechazara el acuerdo de paz con las Farc, el mayor grupo guerrillero en América Latina, con el argumento de que los acuerdos llevaban muy lejos los derechos feministas y de la comunidad LGBT”.

Un matrimonio perfecto: evangélicos y conservadores en América Latina.

Por Javier Corrales 

 Un servicio en una iglesia evangélica en Llamahuasi, Ecuador, en junio de 2015CreditRodrigo Buendia/Agence France-Presse — Getty Images.

AMHERST, Massachusetts — Las iglesias evangélicas protestantes, que por estos días se encuentran en casi cualquier vecindario en América Latina, están transformando la política como ninguna otra fuerza. Le están dando a las causas conservadoras —en especial a los partidos políticos— un nuevo impulso y nuevos votantes.

En América Latina, el cristianismo se asociaba con el catolicismo romano. La Iglesia católica tuvo prácticamente el monopolio de la religión hasta la década de los ochenta. Al catolicismo solo lo desafiaban el anticlericalismo y el ateísmo. Nunca había habido otra religión. Hasta ahora.

Hoy en día los evangélicos constituyen casi el 20 por ciento de la población en América Latina, mucho más que el tres por ciento de hace seis décadas. En algunos cuantos países centroamericanos, están cerca de ser la mayoría.

La ideología de los pastores evangélicos es variada, pero en términos de género y sexualidad por lo general sus valores son conservadores, patriarcales y homofóbicos. Esperan que las mujeres sean totalmente sumisas a sus esposos evangélicos. En todos los países de la región, sus posturas en contra de los derechos de las personas homosexuales han sido las más radicales.

¿Cómo han adquirido tanto poder político los grupos evangélicos?

El ascenso de los grupos evangélicos es políticamente inquietante porque están alimentando una nueva forma de populismo. A los partidos conservadores les están dando votantes que no pertenecen a la élite, lo cual es bueno para la democracia, pero estos electores suelen ser intransigentes en asuntos relacionados con la sexualidad, lo que genera polarización cultural. La inclusión intolerante, que constituye la fórmula populista clásica en América Latina, está siendo reinventada por los pastores protestantes.

Brasil es un buen ejemplo del aumento del poder evangélico en América Latina. La bancada evangélica, los noventa y tantos miembros evangélicos del congreso, han frustrado acciones legislativas a favor de la población LGBT, desempeñaron un papel importante en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y cerraron exposiciones en museos. Un alcalde evangélico fue electo en Río de Janeiro, una de las ciudades del mundo más abiertas con la comunidad homosexual. Sus éxitos han sido tan ambiciosos, que los obispos evangélicos de otros países dicen que quieren imitar el “modelo brasileño”.

Ese modelo se está esparciendo por la región. Con la ayuda de los católicos, los evangélicos también han organizado marchas en contra del movimiento LGBT en Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Perú y México. En Paraguay y Colombia pidieron que los ministerios de educación prohibieran los libros que abordan la sexualidad. En Colombia incluso se movilizaron para que se rechazara el acuerdo de paz con las Farc, el mayor grupo guerrillero en América Latina, con el argumento de que los acuerdos llevaban muy lejos los derechos feministas y de la comunidad LGBT.

¿Cómo es que los grupos evangélicos han adquirido tanto poder político? Después de todo, incluso en Brasil, las personas que se identifican como evangélicos siguen siendo una minoría y en la mayoría de los países el ateísmo va en aumento. La respuesta tiene que ver con sus nuevas tácticas políticas.

Ninguna de esas estrategias ha sido tan transformadora como la decisión de establecer alianzas con partidos políticos de derecha.

Históricamente, los partidos de derecha en América Latina tendían a gravitar hacia la Iglesia católica y a desdeñar el protestantismo, mientras que los evangélicos se mantenían al margen de la política. Ya no es así. Los partidos conservadores y los evangélicos están uniendo fuerzas.

Las elecciones presidenciales de Chile en 2017 ofrecen un ejemplo claro de esta unión entre los obispos evangélicos y los partidos. Dos candidatos de derecha, Sebastián Piñera y José Antonio Kast, buscaron ganarse el favor de los evangélicos. El ganador de las elecciones, Piñera, tenía cuatro pastores evangélicos como asesores de campaña.

Hay una razón por la cual los políticos conservadores están abrazando el evangelicalismo. Los grupos evangélicos están resolviendo la desventaja política más importante que los partidos de derecha tienen en América Latina: su falta de arrastre entre los votantes que no pertenecen a las élites. Tal como señaló el politólogo Ed Gibson, los partidos de derecha obtenían su electorado principal entre las clases sociales altas. Esto los hacía débiles electoralmente.

Los evangélicos están cambiando ese escenario. Están consiguiendo votantes entre gente de todas las clases sociales, pero principalmente entre los menos favorecidos. Están logrando convertir a los partidos de derecha en partidos del pueblo.

Este matrimonio de los pastores con los partidos no es un invento latinoamericano. Desde la década de los ochenta sucede en Estados Unidos, conforme la derecha cristiana poco a poco se convirtió en lo que puede llamarse el electorado más confiable del Partido Republicano. Incluso Donald Trump —a quien muchos consideran la antítesis de los valores bíblicos— hizo su campaña con una plataforma evangélica. Escogió a su compañero de fórmula, Mike Pence, por su evangelicalismo.

No es accidental que Estados Unidos y América Latina tengan experiencias similares en cuanto a la política evangélica. Los evangélicos estadounidenses instruyen a sus contrapartes latinoamericanos sobre cómo coquetear con los partidos, convertirse en cabilderos y combatir el matrimonio igualitario. Hay muy pocos grupos de la sociedad civil que tengan vínculos externos tan sólidos.

Además de establecer alianzas con los partidos, los grupos evangélicos latinoamericanos han aprendido a hacer las paces con su rival histórico, la Iglesia católica. Por lo menos en cuanto al tema de la sexualidad, los pastores y los sacerdotes han encontrado un nuevo terreno común.

El ejemplo más reciente de cooperación ha sido en el enfoque: el lenguaje que los actores políticos utilizan para describir sus causas. Para los sociólogos, mientras más actores logren enfocar un asunto para que resuene entre múltiples electorados, y no solo el principal, más probable es que influyan en la política.

En América Latina, los clérigos tanto católicos como evangélicos han encontrado un enfoque eficaz para su conservadurismo: la oposición a lo que han bautizado como “ideología de género”.

Este término se usa para etiquetar cualquier esfuerzo por promover la aceptación de la diversidad sexual y de género. Cuando los expertos argumentan que la diversidad sexual es real y la identidad de género es un constructo, el clero evangélico y católico dice que no se trata de algo científico, sino de una ideología.

A los evangélicos les gusta enfatizar la palabra “ideología” porque les da el derecho, argumentan, de protegerse a sí mismos —y en especial a sus hijos— de la exposición a esas ideas. La ideología de género les permite encubrir su homofobia con un llamado a proteger a los menores.

La belleza política de la “ideología de género” es que ha dado a los clérigos una forma de replantear su postura religiosa en términos laicos: como derechos de los padres. En América Latina, el nuevo lema cristiano es: “Con mis hijos no te metas”. Es uno de los resultados de esta colaboración entre evangélicos y católicos.

Políticamente, podríamos ser testigos de una tregua histórica entre los protestantes y los católicos en la región: mientras que los evangélicos acordaron adoptar la fuerte condena de la Iglesia católica al aborto, el catolicismo ha adoptado la fuerte condena de los evangélicos a la diversidad sexual y, juntos, pueden confrontar la tendencia en aumento hacia la secularización.

Los grupos evangélicos están resolviendo la desventaja política más importante que los partidos de derecha tienen en América Latina: su falta de arrastre entre los votantes que no pertenecen a las élites.

Esta tregua plantea un dilema para el papa Francisco, que está por terminar una gira por América Latina. Por una parte, ha expresado su rechazo al extremismo y su deseo de conectar con los grupos más modernos y liberales de la Iglesia. Por la otra, este papa ha hecho de los “encuentros cristianos” un sello distintivo de su papado, y él mismo no es del todo alérgico al conservadurismo cultural de los evangélicos.

Como actor político, el papa también se preocupa por la decreciente influencia de la Iglesia en la política, así que una alianza con los evangélicos parece el antídoto perfecto contra su declive político. Una cuestión apremiante que el papa necesita ponderar es si está dispuesto a pagar el precio de un mayor conservadurismo para reavivar el poder cristiano en Latinoamérica.

El evangelicalismo está transformando a los partidos y posiblemente a la Iglesia católica. Los partidos políticos se concebían a sí mismos como el freno esencial de la región en contra del populismo. Ese discurso ya no es creíble. Los partidos están dándose cuenta de que unirse a los pastores genera emoción entre los votantes —incluso si es solo entre quienes asisten a los servicios— y la emoción es equivalente al poder.

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Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas en Amherts College, es coautor, junto con Michael Penfold, de “Dragon in the Tropics: The Legacy of Hugo Chávez in Venezuela”, y es articulista regular del The New York Times en Español.

Enlace al artículo original del New York Times en español: 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/19/opinion-evangelicos-conservadores-america-latina-corrales/

 

 

 

 

A SUS 70 AÑOS ELTON JOHN ANUNCIA SU RETIRO DE LOS ESCENARIOS — Reporteros en Movimiento

https://youtu.be/qoW4LlOAR5I * Hará su última gira en septiembre. *Tiene en su haber un premio Oscar por Mejor Canción original. Cineadictos. Por. Lina González. Inglaterra/ México, a 24 de enero de 2018.- Este día el famoso cantante Elton John anunció su retiro definitivo de los ecenarios musicales, a sus 70 años de edad, por lo […]

a través de A SUS 70 AÑOS ELTON JOHN ANUNCIA SU RETIRO DE LOS ESCENARIOS — Reporteros en Movimiento

Donald Trump, la nueva inspiración de Hollywood

Sobre la idea de la solidaridad global y resistencia civil al acelerado avance del fascismo en el mundo preguntemos a la historia…la historia nos contestará con los teorías, es decir: arte y literatura; y con hechos, es decir: política. Apreciamos que el arte y la literatura siempre se adelantan a la política que va atrás y algunas veces como ahora, se queda rezagada, atascada en un pantano sin poder moverse, desconectada de la realidad y del pueblo.

Apreciamos también que son los jóvenes quienes están, a través del arte y la literatura colocándose al frente en esta nueva revolución mundial; ni las izquierdas, ni las derechas, ni los del centro, vaya ninguno de los partidos políticos van a poder detener el avance del racismo. Serán las jóvenes mujeres empoderadas, cultas y preparadas (profesionistas, artistas, escritoras, activistas sin partido, creativas e inivadoras) solidarios con los que sufren, con los agobiados, los excluidos en cuyas manos e inteligencia está el futuro de paz, fraternidad y armonía que anhela la humanidad.

Y para muestra, va el siguiente artículo.

Jesús Torres Navarro.

Donald Trump, la nueva inspiración de Hollywood

Por 

 La actriz Saoirse Ronan aparece en “Lady Bird” CreditMerie Wallace/A24.

En Estados Unidos no hablamos mucho de clase y preferimos fingir que estamos más allá de ese tipo de distinciones. Sin embargo, en 2017 varias películas estadounidenses tuvieron esa conversación de manera franca e inquietante, y si pasaste la temporada de festividades poniéndote al día con los filmes que parecen destinados a los Premios Oscar, entonces visitaste lugares deslucidos y conociste a personas insatisfechas.

Esas películas han hablado de estar atrapado del lado equivocado de las fronteras (Lady Bird) o de estar atrapada en el vestuario equivocado (Yo, Tonya). Intentaron tapar su desesperanza, como si una pintura suficientemente densa o un color pastel con el brillo adecuado pudieran mantener la decepción en la lejanía (The Florida Project). Hicieron cosas creativas e incluso absurdas para que sus voces se escucharan (Tres anuncios por un crimen) o para que pudieran tener la solidez económica que parecía estar fuera de su alcance por siempre (Una vida a lo grande).

 Sebastian Stan interpreta a Jeff Gillooly, a la izquierda, y Margot Robbie interpreta a la patinadora Tonya Harding en “Yo, Tonya” CreditNeon, vía Associated Press.

 Frances McDormand interpreta a la madre de una joven asesinada en “Tres anuncios por un crimen”.CreditMerrick Morton/Fox Searchlight Pictures.

  Kristen Wiig, a la izquierda, y Matt Damon son una pareja en “Una vida a lo grande”.CreditParamount Pictures, vía Associated Press.

 Valeria Cotto, a la izquierda, y Brooklynn Prince actúan en “The Florida Project”, dirigida por Sean Baker.CreditMarc Schmidt/A24.

No se me ocurre una lista de competidores de la temporada de estatuillas tan políticamente pertinente como esta en ediciones anteriores; y se lo adjudico —aunque no es la palabra adecuada— a Donald Trump. Su ascenso al poder y su presidencia han puesto en evidencia muchos de los cánceres de la vida estadounidense, que ya no podemos evitar mirar, y las películas lo reflejan. Trump estará presente en los Globos de Oro y en los premios de la academia no solo como objeto de numerosas de bromas. Estará ahí como inspiración.

Sí, algunas de las películas que están siendo elogiadas ahora se concibieron o comenzaron a filmarse incluso antes de que Trump anunciara su candidatura en junio de 2015. Sin embargo, nacieron de algunos de los mismos descontentos de los que él se aprovechó y de las divisiones que exacerbó.

Los temas de la era de Trump también son los de estos filmes. Para la ansiedad racial, está la pesadilla de Déjame salir, que se lanzó a principios del año pasado, pero ha regresado al radar de los mejores filmes de 2017. Para la relación tensa entre el gobierno federal y los medios, mira Los archivos del PentágonoTodo el dinero del mundo presenta a un plutócrata obsesionado consigo mismo cuya fijación con las riquezas marchita su alma. Su apellido es Getty, pero puede que te recuerde a alguien más.

Si juntamos estas películas, tendremos el temario de una clase sobre Estados Unidos en la actualidad. Todos los desastres y los monstruos están incluidos. Además, Hollywood, gracias al cielo, está listo para honrar algo más que las agonías y los éxtasis de su propio proceso creativo, como antes lo ha hecho en tantas ocasiones de manera vanidosa (El artistaArgoBirdmanLa La Land). La industria está mirando hacia afuera precisamente cuando es más importante hacerlo.

Parte de lo que está viendo es la carga particular con la que lidian las mujeres y lo impotentes que se sienten. Ese es el tema central de The Florida Project, donde hay madres pobres que crían a sus hijos sin la ayuda de los padres y sobreviven económicamente subyugándose sexualmente. En Tres anuncios por un crimen, el personaje de Frances McDormand, que exige justicia para su hija asesinada, no deja que la policía, el sacerdote católico ni otros patriarcas de su pequeño pueblo la ignoren ni la alejen. En Los archivos del Pentágono, la interpretación que Meryl Streep hace de Katharine Graham deja ver su fuerza para reclamar su papel como la líder que toma decisiones, a pesar de estar rodeada por una multitud de hombres insistentes y a menudo condescendientes. Es la historia de un despertar y un signo apropiado para un año en el que tantas mujeres rompieron el silencio.

Lady Bird también explora el género, pero lo que me impresiona aún más es la forma perspicaz en que aborda el tema de clase. Para que quede claro, no se trata de Lady Bird Johnson, la exprimera dama de Estados Unidos, sino de una estudiante del último año de preparatoria en Sacramento que adopta ese apodo extravagante como una manera de rebelarse contra el lugar que tiene en el mundo.

Le da a entender a una compañera, quien tiene una vida más privilegiada, que su casa está llena de lujos y le da una dirección incorrecta. Anhela asistir al tipo de universidad privada en el noroeste del país a la que supuestamente no puede inscribirse ni pagar. A cada momento le recuerdan sus límites pero ella se rehúsa a escuchar, no solo porque tiene el don de la valentía, sino porque tiene la ventaja de ser joven.

 Jordan Peele, el director de “Déjame salir”, da indicaciones en el set.CreditJustin Lubin/Universal Pictures, vía Associated Press.

 Greta Gerwig, la directora de “Lady Bird,” habla con uno de los protagonistas de la película, Lucas Hedges.CreditMerie Wallace/A24.

Dio la casualidad de que vi Yo, Tonya justo después de Lady Bird. Me sorprendió la preocupación que comparten ambas películas respecto de la autoconciencia, incluso la vergüenza, que a veces se ven obligados a sentir los estadounidenses que tienen problemas financieros. Yo, Tonyaexplora las famosas fechorías de la patinadora artística olímpica Tonya Harding y las presenta como una rebelión comprensible contra el esnobismo cruel que tuvo que enfrentar. Si rompió las reglas fue porque estaban amañadas en su contra, o eso insinúa la película, que tiene más en mente que axels triples.

Lady Bird fue escrita y dirigida por una mujer de 34 años (Greta Gerwig) y Déjame salir por un afroamericano de 38 años (Jordan Peele). Como Luz de luna, que con justa razón superó a La La Land y obtuvo el Oscar a la mejor película en la edición pasada de los premios, estos filmes son el resultado de que la línea de distribución no sea tan convencional y de que las oportunidades no sean tan limitadas. Si se diversifican los narradores, se diversifican las historias. Son más fieles a lo que es Estados Unidos, un país en donde realmente se necesita la verdad.

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Frank Bruni es columnista de opinión de The New York Times desde 2011. Es autor, entre otros libros, de “Where You Go Is Not Who You’ll Be”.

Enlace al artículo original del New York Times:

https://www.nytimes.com/es/2018/01/06/donald-trump-premios-oscar-globo-de-oro/?mc=adintl&mcid=facebook&mccr=ES&subid=MC18&subid1=TAFI

 

Un escándalo sostenido por corruptos y cenutrios

http://rosamariaartal.com/2018/01/20/un-escandalo-sostenido-por-corruptos-y-cenutrios/

https://wordpress.com/read/blogs/5805997/posts/25760

Un escándalo sostenido por corruptos y cenutrios

 por Rosa María Artal  20 enero 2018.

rajoy.camps.rita

Audiencia Nacional. Crespo nombra en Gürtel a Costa, Fabra y Camps. Y, Rajoy, en FITUR, rodeado de periodistas, dice… que 2017 fue un año magnífico para el turismo. Así funciona el tinglado. En los últimos días, varios encausados por corrupción han cantado ante la justicia para confirmar las sospechas largamente avanzadas. En España, miembros del Partido Popular o de los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió contrataron obras, pagadas con dinero público, a cambio de mordidas astronómicas en las que el que pudo metió el cazo para volcarlo a su bolsillo. De estos partidos básicamente y también de otros. Una práctica que se presume habitual, una forma de ejercer la función pública. Pero el problema ni siquiera acaba ahí.

Constatamos que a amplios sectores de la sociedad les da lo mismo que les roben, que nos roben. Que la justicia va por barrios, dejando oasis de intocables y deteniendo con aroma de arbitrariedad por opiniones  o actitudes convertidas en delito. Sabemos que nada sano puede salir de la abismal disparidad de criterios al abordar los problemas. Que el río revuelto viene con víctimas asfixiadas y pescadores que se aprovechan ignorando todo escrúpulo. Comprobamos que las injusticias sociales alcanzan cotas de escándalo. O que un empresario condenado por las tarjetas Black, investigado por otra trama de corrupción, recién denunciado por un compinche como receptor de una comisión millonaria, llamadocompi yogui por los Reyes de España, viaja a Davos en la comitiva que nos representa como país y que encabeza el propio Felipe VI.

Vivimos tiempos complicados que parecen encaminarse a un futuro peor. Hasta la ficción literaria y cinematográfica nos presenta un espejo negro, un Black Mirror, al que avanzamos. Se han aparcado los coches voladores y los trajes fluorescentes, la ciencia ficción nos lleva a un terreno más oscuro. Quizás porque es más realista, más apoyado en datos del presente. Solo que el futuro no está escrito; el espejo no es barrera, es cristal frágil y quebradizo. Detrás puede haber esa sima que auguran o nuevos horizontes para construir, dejando atrás la mugre.

Depende de nosotros, de todos nosotros. En gran medida, de los cómplices de este estado insostenible. Una de las primeras obras que vi representada en un teatro –el Teatro Principal de Zaragoza- fue “A puerta cerrada”, de Jean Paul Sartre. Tan rotunda que, con ella, entendí para siempre que El infierno son los otros.  La mayor de las armonías puede verse alterada por las relaciones personales hasta  crear un clima insostenible. El infierno son los otros, a menudo, del mismo modo que hay personas que, por el contrario,  se convierten en aliados y soporte.

Hoy, en España y en muchos otros lugares del mundo, van ganando los colaboradores necesarios de la sinrazón, el abuso y la tiranía. Un grupo significativo como coautores directos, otros por pura tibieza y una gran mayoría sin ser conscientes siquiera. ¿Cuántos valores tienen que fallar en una sociedad, en cada persona, para que se apueste por dirigentes corruptos, aprovechados, sin preparación ni ética, turbios, falaces, a pesar de que dañan hasta los propios intereses de sus electores?  Los hilos son ya tan gruesos, hay tanto que cargar y es tan innecesario ya disimular, que sin duda cabe hablar de influencias y manipulaciones pero eso no lo explica todo, ni mucho menos lo justifica.

El infierno son los otros, los que enturbian la vida.  Estamos conviviendo en el mismo país donde millones de personas miran a otro lado cuando el gobierno deja sin atención a los dependientes o aplica políticas que aumentan la pobreza mientras favorece la sobreabundancia de las grandes fortunas. Son datos y lo saben por más que sus gurús de baba les mareen con las cifras. Hay 13 millones de personas en España en riesgo de exclusión social, casi 5 no pueden calentar su casa cuando hace frío.  Cada semana  mueren 8 trabajadores durante su jornada laboral.  Según datos del Ministerio, en 2017 hubo 451 accidentes mortales y 3.500 graves.  Las cifras aumentan. Habrá razones.

Y sigue habiendo desahucios. Agustín  Moreno, un profesor que acaba de jubilarse y que venía escribiendo textos imprescindibles sobre educación, empleó su recién estrenado tiempo libre esta semana en acudir a un desahucio. Lo contó en Cuarto Poder. Y previamente escribió en Twitter: ¿Cómo se puede dejar en la calle a una madre con 2 hijos de 16 y de 12 años, uno de ellos con una minusvalía del 41%, y que no se les caiga la cara de vergüenza a todos los que tienen la responsabilidad de evitarlo?  Esto se vota. ¿Cuántas valores han de anularse para llegar a este extremo? ¿Cuánta miseria esconde el silencio cómplice?

Y se vota la privatización de la sanidad y las goteras, una tromba de agua en realidad, en la UCI pediátrica de un hospital público. La Unidad para niños en estado de máxima gravedad. El colapso de las urgencias y las listas de espera. Y se apuesta en las urnas por los empleos de una semana de duración que trajo la reforma laboral, los sueldos precarios, la disminución de los subsidios de desempleo. Y por la subida de casi 500 euros en las tasas universitarias. Y el aumento descomunal de la Deuda Pública, negocio de especuladores. Está en el 99,4%, en 2007 la teníamos en el 35,5%, echen cuentas. Y la politización de la justicia. Y la RTVE manipulada para contar lo contrario de lo que ocurre. Y las subvenciones en forma de publicidad institucional a los medios que terminan siendo concertados con el gobierno, con el poder, con todos los que comen en esa mesa.

Se está privando a políticos de sus derechos civiles sin haberse determinado su culpabilidad en un juicio. Se invirtieron  87 millones de euros en el despliegue policial para enfrentar el referéndum en Catalunya. El Ministro Zoido llamó al operativo Operación Copérnico por, dice, “el giro copernicano” que tendría que darse. Un ministro a juego con sus votantes, sin duda. Se está pervirtiendo el lenguaje con fines precisos como no soñó ni Orwell. O sí, él sí. Se manda, insisto, a Davos a una representación de España que, sin quererlo, es demasiado fidedigna, porque nada trae consecuencias.  Aunque no lo parezca, también todo esto se vota.

Hemos tenido gobiernos que, no solo rescatan con nuestro dinero a bancos y empresas, sino que consintieron el fraude de las preferentes. Y ahí los vemos en comisiones de pasar el rato, echando culpas fuera. Lo hicieron solos y en compañía de otros. Lo hacen aún con tantas cosas. Se vota, esto se vota. Dando la confianza a los partidos responsables de esta gestión y a los partidos que les apoyan. Es cierto que uno no puede asumir todos los errores de aquellos a quienes eligió, pero lo que está pasando en España dista mucho de ser el ejercicio normal de la política. De la justicia y el periodismo también. Demasiadas irregulares y trampas que los tuercen. Nos sentencian a una condena que se da como irremediable y no lo es.

El infierno son los otros. Se ven ejércitos de zombis, tabernios, cuñados, cenutrios, neutrinos, encandilarse con quienes ponen en peligro su propia sanidad, su propia pensión, la educación de todos, el progreso en forma de investigación, la cultura. Apriétense los cinturones los pensionistas que hay que rescatar a las  autopistas privadas y no hay más dinero. España consolidó ese modelo que, además, se cree muy sabio y avispado, exactamente igual que las víctimas del timo de la estampita o el tocomocho. Los que, siguiendo la flecha, condenan a los conductores varados en la nieve y se enfervorizan con el “a por ellos”.  Los que censuran severamente a las víctimas de la codicia y bajan los ojos ante sus verdugos. Parece haber millones de seres que no relacionan sus hechos con las consecuencias que ocasionan. Hijos de esa España eterna que se ocupó a fondo en disuadir el pensamiento crítico y propio.

Son demasiados. Tras el Black Mirror no está el coche fantástico, está el ejército de espectros guiados por los Caminantes Blancos. En este juego de tronos son decisivos. Avanzan sin mirar atrás, pierden brazos, piernas, la cabeza, y siguen andando, abatiendo, sepultando, como enemigos. Cuando hay otra realidad tras el espejo: una puerta, y vías abiertas, y una luz, una sociedad y un país que podría apostar por la decencia y el futuro. Es que por este camino no va a haber ni mañana.

*Publicado en eldiarioes 19/01/2018 –

 

 

Un año en el ‘s**thole’. El poder detrás de “él emperador”.

Un año en el ‘s**thole’. El poder detrás de “él emperador”.

Por Diego Fonseca  

 El presidente de Estados Unidos Donald Trump en la Casa Blanca el 19 de enero de 2018 CreditCarlos Barria/Reuters.

Jonathan Franzen le llama el “Asociador-Libre-en-Jefe” por su tendencia a atar cualquier barrabasada que vio en la televisión con un bulo que le soplaron al oído o su paranoia peregrina. Un año después de asumir la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha demostrado que puede ostentar el título de Ignorante-en-Jefe sin competencias. El presidente de Estados Unidos trabaja para el enemigo. Ha socavado la influencia del país en el mundo y destruido el delicado tejido de la convivencia interna. Y si bien un payaso nos divierte a todos, no es broma cuando tiene a cargo un arsenal nuclear.

Claro, tal vez todo esto sería un asunto menor si su propio partido rodease los arranques de Donald Trump hasta inhibirlos, pero aquí estamos en problemas todavía más serios, porque la propia incapacidad del presidente ha avivado a los republicanos: en su protoemperador narcisista y mercurial, el Partido Republicano, el “Grand Old Party” (GOP), encontró al tonto útil necesario para llevar adelante la agenda más ferozmente ultraconservadora y plutócrata desde el reinado de los robber barons.

Un año de un emperador desnudo es grave. Uno de un emperador desnudo usado por sus cortesanos mientras toleran sus tonterías y se burlan en privado, es trágico. Trump no ha conseguido nada en su primer año de gobierno. Nada. Apenas nominar a Neil Gorsuch a la Corte Suprema, un asiento que estaba listo para ser ocupado. Todo lo demás no le pertenece. El único mérito de Trump es instrumental: un agujero negro que absorbe energía para que todo se reduzca a él. Trump produce ruido, mensajes sucios, distracciones: mientras él tontea, a sus espaldas el poder real hace.

Ese poder es el GOP. En Fire and Fury, Michael Wolff dice que Trump jamás imaginó ganar la presidencia y, por lo tanto, nunca preparó un plan de gobierno. Solo tenía cuatro o cinco anuncios-globos que podían ser llenados con casi cualquier cosa. Como no esperaba ganar, nada de lo que Trump se proponía, los globos, debía ser contrastado en la realidad. Pero ganó y sin saber muy bien qué hacer decidió pasar la posta al Congreso de Estados Unidos. Así que quien ha llenado de aire los globos de la fiesta electoral del candidato Trump es el GOP.

El Partido Republicano ha completado su curva de aprendizaje después de trastabillar a inicios del gobierno, superado por la desorganización del trumpismo. Como sabe que tiene un presidente inane, puede usarlo —con cuidado— mientras Trump crea que cada proyecto lleva su nombre, su impronta o le hagan creer que se le ocurrió a él en un sueño. Un año atrás, Paul Ryan aparecía en las fotos con Trump exhibiendo el semblante de quien siente la angustia de un infarto inminente. Miren las fotos ahora: mira al presidente con sonrisa sarcástica, como mascullando entre dientes que, tarde o temprano, el monigote dejará de serles útil.

 Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, y Donald Trump en un evento en la Casa Blanca en diciembre de 2017CreditMichael Reynolds/European Pressphoto Agency.

La presidencia de Trump quema etapas como un cohete a la Luna, solo que no sabemos si llegará a la estratósfera. Un mes creíamos que Trump estaba modelando el Partido Republicano a su medida, nada más para descubrir al siguiente que los líderes conservadores en el Congreso estaban moviendo una agenda aún más ortodoxa que la suya. Los planes de Trump han avanzado más lento, mucho más, que los del Partido Republicano. ¿Prohibición de viaje a personas provenientes de naciones predominantemente musulmanas? Bah: desafiada en los tribunales, sin que nadie en el Congreso haga mucho. Tampoco hay ley para construir el muro —que pidió Trump— ni para expulsar a los dreamers —que también empuja Trump—. ¿La reforma fiscal? Es GOP 100 por ciento. ¿La destrucción de Obamacare y la desinversión en Medicare y Medicaid? Lo mismo.

Trump preside pero no gobierna. No es nuevo que sus bravatas y provocaciones tienen a mal traer a todos los liberales —nosotros— y parecen diseñadas a medida para un núcleo duro de amantes de los hombres fuertes. Pero sí es nuevo que el Partido Republicano en el Congreso siga decidido a sostener a un presidente que camina sobre el filo del cuchillo de la obstrucción de justicia y un buen puñado de razones para una destitución. En todo caso, Trump no pasará por las manos de los jueces hasta que los republicanos miren las encuestas y vean si deben sostenerlo aún o miren las leyes aprobadas y crean que pueden mantenerlas por una o dos décadas más.

Dicho simplemente, Trump firmará lo que le pongan delante si antes le han hecho creer que daña a alguien a quien envidie. El GOP tiene en sus manos un juguete peligroso, un abuelo de 71 años que actúa como un niño ansioso de reconocimiento, tan frágil que alardeará de su poder de supermacho, tan infravalorado que sobrestimará su inteligencia con autopromoción. Es un juguete peligroso porque se le puede llevar a hacer muchas cosas equivocadas y peligrosas. Y sin nadie controlando al presidente y una Casa Blanca disfuncional, el resultado puede ser una catástrofe de escala mundial.

El ascenso de la xenofobia y la liberación del racismo no acabarán con la salida de Trump de la Casa Blanca.

No tenemos un problema sino dos. Un partido que perdió toda perspectiva moral y compromiso democrático sostiene en el poder a un emperadorcillo obsesionado con crear acciones de relacionista público para ser alabado como el hombre más grandioso del planeta. La nación más poderosa de la Tierra en manos de lo peor de Roma.

Pero es más grave que podemos tener este problema otra vez. Nuestra sociedad hiperconectada tiene más apego a la propaganda que a la información que contradice sus creencias. Los medios han perdido el cuasimonopolio de la construcción de agenda y los políticos —o las celebridades despreciables— pueden construir una masa de seguidores sin otra intermediación que sus dedos en un tuit.

Trump cumple un año viendo televisión en la Casa Blanca mientras que la unilateralidad abrió el camino para el shutdown de su gobierno.  El GOP tuvo varias oportunidades de buscar acuerdos con el Partido Demócrata en el Congreso, pero eligieron el camino tortuoso. Los Republicanos no dejaron de extorsionar con un acuerdo que diera espacio a los dreamers solo a cambio de obtener financiamiento para el muro de Trump.

La destrucción del tejido social, de normas básicas de convivencia, de la calidad del discurso público; el ascenso de la xenofobia y la liberación del racismo no acabarán con la salida de Trump de la Casa Blanca. El GOP, ya escorado a la sinrazón durante los tiempos del Tea Party, ha dejado ir el barco bajo la línea de flotación de la ignominia. Su filosofía es medievalista, oscura y excluyente. ¿Se puede reconstruir una nación mientras se alimenta un discurso cada vez más alienante?

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Diego Fonseca es un escritor argentino que actualmente vive en Phoenix. Es autor de “Hamsters” y editor de “Sam no es mi tío” y “Crecer a golpes”.

Enlace al original del artículo de opinión del New York Times: 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/20/opinion-trump-un-ano-casa-blanca/?action=click&clickSource=inicio&contentPlacement=1&module=toppers&region=rank&pgtype=Homepage

Artículo relacionado del 18 de enero de 2018: 

Trump y su jefe de personal discrepan sobre muro fronterizo.

Por Eileen Sullivan y Maggie Haberman.  18 de enero de 2018 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/18/muro-fronterizo-trump-kelly-mexico/