Las crónicas desde el Nuevo Mundo — Las crónicas del Otro Mundo

Originalmente publicado en Paula De Grei: DATOS Título: Las crónicas del Otro Mundo Autores: Carlos Lópes Moreno; Adrián E. Belmonte Editorial: Editorial Amarante (22 de febrero de 2016) Páginas: 782 Género: Ciencia ficción/Fantasía Formato: Físico y electrónico en Amazon Web:

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SINOPSIS Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como…

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Las crónicas desde el Nuevo Mundo

POR LASCRONICASDELOTROMUNDO  EN 

Una persona puede soñar. O dos. Pero no siempre los sueños se cumplen; no obstante, si lo hacen, se pueden ir reproduciendo unos en base a otros.

Por eso, cuando el sueño de publicar nuestra primera novela se convirtió en realidad, nació un pequeño primogénito cuya paternidad correspondía a ese sueño que se había cumplido: que alguien le diera una oportunidad a nuestra opera prima. Parece que va unido el hecho de publicar un libro y de que automáticamente alguien lo lea, pero, y cualquier autor primerizo lo sabe perfectamente, ese hecho que se da por supuesto no resulta tan sencillo. Y eso nos llevó a hacer nuestros primeros pinitos en la blogosfera, con tal de que el mundo conociera la existencia de nuestro Otro Mundo.

Y así cumplimos ese sueño de que LCDOM tuviese testigos de su comparecencia en el planeta Tierra (de momento, porque no descartamos llegar a Marte cuando… bueno, cuando alguien llegue a Marte con un libro), y otro sueño mucho más remoto por mucho que residiera latente en lo más recóndito de nuestro cerebro: el de que algún ejemplar de nuestra criatura se vendiese en un país distinto al nuestro. Cierto es que conseguir esto en la blogosfera resulta más fácil de lo que podíamos esperar cuando nuestro pequeñín (es un decir, porque nuestro “pequeñín” es un tocho inapelable) se presentó en sociedad,pero, de todas formas, significa otro sueño cumplido para un (dos) escritor(es) bisoño(s). Y acumulando sueños cumplidos con paso lentopero seguro llegamos cierto día al de obtener reseñas, sobre todo gracias a la osadía de anunciar al mundo sin avergonzarse (o eso esperamos, claro) su dictamen sobre LCDOM de Francisco Torpeyvago y, hace pocas fechas, de la reseña con la que Sadire nos insufló pura vida.

Lo que ahora acontece nos resulta un tanto incómodo porque, por muy humilde que sea una persona, su vanidad congénita le castiga a la hora de admitir una equivocación cuyo origen sea que sus neuronas son o bastante vagas, o directamente un poco incompetentes. Hoy nos vemos obligados a confesar que, en nuestra ignorancia, habíamos calculado bastante mal el alcance de nuestros sueños. Somos capaces de descifrar sin lugar a dudas en qué momento se produce nuestro error, pero ello no nos exime de la inoperancia a la hora de nuestra previsión. Y el fallo se origina en que nuestros sueños se engendran en el paso previo a la creación del blog, en la aventura que concluyó el día de la publicación. No nos habíamos dado cuenta todavía de que en este cibernético mundo globalizado (o más bien blogalizado, que para este caso es más certero acuñar ese palabro y después la RAE que haga lo que quiera con él)había acontecimientos que podían tornarse en realidad, y que, en caso de que lo hicieran, constituirían un sueño cumplido.

Con esto queremos decir que, por mucha ineptitud que hayamos de aceptar a la hora de efectuar esta revelación, nunca se nos había ocurrido que podíamos soñar con conseguir una reseña de LCDOM procedente de un país foráneo, y, ni muchísimo menos, desde un continente distinto al que denominamos viejo (pero con cariño, que para eso es el nuestro).

Paula de Grei ha tenido que quitarnos la venda de los ojos para demostrarnos que teníamos un sueño, y que desconocíamos este hasta el mismo instante en que ella, a través de la varita mágica que es su teclado, ha conseguido que cumpliéramos. Desde el Nuevo Mundo, desde la capital de la República Oriental de Uruguay nada más y nada menos, nos ha llegado una radiografía pormenorizada de todas y cada una de las células que mantienen viva la novela, y no podíamos estar más orgullosos de LCDOM por haber superado este minucioso examen médico.

Agradeciendo encarecidamente una y otra vez su crítica literaria a Paula desde el Otro Mundo (saltando el charco para no mojarnos, por supuesto), os ofrecemos con orgullo sus palabras sobre nuestro bienamado primogénito literario.

  Paula De Grei

LCDM

DATOS

  • Título: Las crónicas del Otro Mundo
  • Autores: Carlos Lópes Moreno; Adrián E. Belmonte
  • Editorial: Editorial Amarante (22 de febrero de 2016)
  • Páginas: 782
  • Género: Ciencia ficción/Fantasía
  • Formato: Físico y electrónico en Amazon
  • Web: https://lascronicasdelotromundo.wordpress.com/

SINOPSIS

“Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como afirman algunos científicos, existe una consciencia global que nos conecta a todos, una “psicoesfera” en la que habitamos de manera inconsciente, entonces ¿puede ser esta manipulada? Y, si así fuera, ¿con qué intenciones se realizaría dicha manipulación? Un universo habitando en nuestros subconscientes… ¿Qué clase de naturaleza podría albergar ese plano alternativo de la existencia por el cual fluirían nuestros pensamientos sin ni siquiera darnos cuenta? Estas fueron las preguntas que prendieron la chispa para que los autores comenzaran este viaje”.

Frank Hopper ni siquiera tiene ese nombre. En realidad, la vida del sujeto…

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Un escándalo sostenido por corruptos y cenutrios

http://rosamariaartal.com/2018/01/20/un-escandalo-sostenido-por-corruptos-y-cenutrios/

https://wordpress.com/read/blogs/5805997/posts/25760

Un escándalo sostenido por corruptos y cenutrios

 por Rosa María Artal  20 enero 2018.

rajoy.camps.rita

Audiencia Nacional. Crespo nombra en Gürtel a Costa, Fabra y Camps. Y, Rajoy, en FITUR, rodeado de periodistas, dice… que 2017 fue un año magnífico para el turismo. Así funciona el tinglado. En los últimos días, varios encausados por corrupción han cantado ante la justicia para confirmar las sospechas largamente avanzadas. En España, miembros del Partido Popular o de los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió contrataron obras, pagadas con dinero público, a cambio de mordidas astronómicas en las que el que pudo metió el cazo para volcarlo a su bolsillo. De estos partidos básicamente y también de otros. Una práctica que se presume habitual, una forma de ejercer la función pública. Pero el problema ni siquiera acaba ahí.

Constatamos que a amplios sectores de la sociedad les da lo mismo que les roben, que nos roben. Que la justicia va por barrios, dejando oasis de intocables y deteniendo con aroma de arbitrariedad por opiniones  o actitudes convertidas en delito. Sabemos que nada sano puede salir de la abismal disparidad de criterios al abordar los problemas. Que el río revuelto viene con víctimas asfixiadas y pescadores que se aprovechan ignorando todo escrúpulo. Comprobamos que las injusticias sociales alcanzan cotas de escándalo. O que un empresario condenado por las tarjetas Black, investigado por otra trama de corrupción, recién denunciado por un compinche como receptor de una comisión millonaria, llamadocompi yogui por los Reyes de España, viaja a Davos en la comitiva que nos representa como país y que encabeza el propio Felipe VI.

Vivimos tiempos complicados que parecen encaminarse a un futuro peor. Hasta la ficción literaria y cinematográfica nos presenta un espejo negro, un Black Mirror, al que avanzamos. Se han aparcado los coches voladores y los trajes fluorescentes, la ciencia ficción nos lleva a un terreno más oscuro. Quizás porque es más realista, más apoyado en datos del presente. Solo que el futuro no está escrito; el espejo no es barrera, es cristal frágil y quebradizo. Detrás puede haber esa sima que auguran o nuevos horizontes para construir, dejando atrás la mugre.

Depende de nosotros, de todos nosotros. En gran medida, de los cómplices de este estado insostenible. Una de las primeras obras que vi representada en un teatro –el Teatro Principal de Zaragoza- fue “A puerta cerrada”, de Jean Paul Sartre. Tan rotunda que, con ella, entendí para siempre que El infierno son los otros.  La mayor de las armonías puede verse alterada por las relaciones personales hasta  crear un clima insostenible. El infierno son los otros, a menudo, del mismo modo que hay personas que, por el contrario,  se convierten en aliados y soporte.

Hoy, en España y en muchos otros lugares del mundo, van ganando los colaboradores necesarios de la sinrazón, el abuso y la tiranía. Un grupo significativo como coautores directos, otros por pura tibieza y una gran mayoría sin ser conscientes siquiera. ¿Cuántos valores tienen que fallar en una sociedad, en cada persona, para que se apueste por dirigentes corruptos, aprovechados, sin preparación ni ética, turbios, falaces, a pesar de que dañan hasta los propios intereses de sus electores?  Los hilos son ya tan gruesos, hay tanto que cargar y es tan innecesario ya disimular, que sin duda cabe hablar de influencias y manipulaciones pero eso no lo explica todo, ni mucho menos lo justifica.

El infierno son los otros, los que enturbian la vida.  Estamos conviviendo en el mismo país donde millones de personas miran a otro lado cuando el gobierno deja sin atención a los dependientes o aplica políticas que aumentan la pobreza mientras favorece la sobreabundancia de las grandes fortunas. Son datos y lo saben por más que sus gurús de baba les mareen con las cifras. Hay 13 millones de personas en España en riesgo de exclusión social, casi 5 no pueden calentar su casa cuando hace frío.  Cada semana  mueren 8 trabajadores durante su jornada laboral.  Según datos del Ministerio, en 2017 hubo 451 accidentes mortales y 3.500 graves.  Las cifras aumentan. Habrá razones.

Y sigue habiendo desahucios. Agustín  Moreno, un profesor que acaba de jubilarse y que venía escribiendo textos imprescindibles sobre educación, empleó su recién estrenado tiempo libre esta semana en acudir a un desahucio. Lo contó en Cuarto Poder. Y previamente escribió en Twitter: ¿Cómo se puede dejar en la calle a una madre con 2 hijos de 16 y de 12 años, uno de ellos con una minusvalía del 41%, y que no se les caiga la cara de vergüenza a todos los que tienen la responsabilidad de evitarlo?  Esto se vota. ¿Cuántas valores han de anularse para llegar a este extremo? ¿Cuánta miseria esconde el silencio cómplice?

Y se vota la privatización de la sanidad y las goteras, una tromba de agua en realidad, en la UCI pediátrica de un hospital público. La Unidad para niños en estado de máxima gravedad. El colapso de las urgencias y las listas de espera. Y se apuesta en las urnas por los empleos de una semana de duración que trajo la reforma laboral, los sueldos precarios, la disminución de los subsidios de desempleo. Y por la subida de casi 500 euros en las tasas universitarias. Y el aumento descomunal de la Deuda Pública, negocio de especuladores. Está en el 99,4%, en 2007 la teníamos en el 35,5%, echen cuentas. Y la politización de la justicia. Y la RTVE manipulada para contar lo contrario de lo que ocurre. Y las subvenciones en forma de publicidad institucional a los medios que terminan siendo concertados con el gobierno, con el poder, con todos los que comen en esa mesa.

Se está privando a políticos de sus derechos civiles sin haberse determinado su culpabilidad en un juicio. Se invirtieron  87 millones de euros en el despliegue policial para enfrentar el referéndum en Catalunya. El Ministro Zoido llamó al operativo Operación Copérnico por, dice, “el giro copernicano” que tendría que darse. Un ministro a juego con sus votantes, sin duda. Se está pervirtiendo el lenguaje con fines precisos como no soñó ni Orwell. O sí, él sí. Se manda, insisto, a Davos a una representación de España que, sin quererlo, es demasiado fidedigna, porque nada trae consecuencias.  Aunque no lo parezca, también todo esto se vota.

Hemos tenido gobiernos que, no solo rescatan con nuestro dinero a bancos y empresas, sino que consintieron el fraude de las preferentes. Y ahí los vemos en comisiones de pasar el rato, echando culpas fuera. Lo hicieron solos y en compañía de otros. Lo hacen aún con tantas cosas. Se vota, esto se vota. Dando la confianza a los partidos responsables de esta gestión y a los partidos que les apoyan. Es cierto que uno no puede asumir todos los errores de aquellos a quienes eligió, pero lo que está pasando en España dista mucho de ser el ejercicio normal de la política. De la justicia y el periodismo también. Demasiadas irregulares y trampas que los tuercen. Nos sentencian a una condena que se da como irremediable y no lo es.

El infierno son los otros. Se ven ejércitos de zombis, tabernios, cuñados, cenutrios, neutrinos, encandilarse con quienes ponen en peligro su propia sanidad, su propia pensión, la educación de todos, el progreso en forma de investigación, la cultura. Apriétense los cinturones los pensionistas que hay que rescatar a las  autopistas privadas y no hay más dinero. España consolidó ese modelo que, además, se cree muy sabio y avispado, exactamente igual que las víctimas del timo de la estampita o el tocomocho. Los que, siguiendo la flecha, condenan a los conductores varados en la nieve y se enfervorizan con el “a por ellos”.  Los que censuran severamente a las víctimas de la codicia y bajan los ojos ante sus verdugos. Parece haber millones de seres que no relacionan sus hechos con las consecuencias que ocasionan. Hijos de esa España eterna que se ocupó a fondo en disuadir el pensamiento crítico y propio.

Son demasiados. Tras el Black Mirror no está el coche fantástico, está el ejército de espectros guiados por los Caminantes Blancos. En este juego de tronos son decisivos. Avanzan sin mirar atrás, pierden brazos, piernas, la cabeza, y siguen andando, abatiendo, sepultando, como enemigos. Cuando hay otra realidad tras el espejo: una puerta, y vías abiertas, y una luz, una sociedad y un país que podría apostar por la decencia y el futuro. Es que por este camino no va a haber ni mañana.

*Publicado en eldiarioes 19/01/2018 –

 

 

Un año en el ‘s**thole’. El poder detrás de “él emperador”.

Un año en el ‘s**thole’. El poder detrás de “él emperador”.

Por Diego Fonseca  

 El presidente de Estados Unidos Donald Trump en la Casa Blanca el 19 de enero de 2018 CreditCarlos Barria/Reuters.

Jonathan Franzen le llama el “Asociador-Libre-en-Jefe” por su tendencia a atar cualquier barrabasada que vio en la televisión con un bulo que le soplaron al oído o su paranoia peregrina. Un año después de asumir la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha demostrado que puede ostentar el título de Ignorante-en-Jefe sin competencias. El presidente de Estados Unidos trabaja para el enemigo. Ha socavado la influencia del país en el mundo y destruido el delicado tejido de la convivencia interna. Y si bien un payaso nos divierte a todos, no es broma cuando tiene a cargo un arsenal nuclear.

Claro, tal vez todo esto sería un asunto menor si su propio partido rodease los arranques de Donald Trump hasta inhibirlos, pero aquí estamos en problemas todavía más serios, porque la propia incapacidad del presidente ha avivado a los republicanos: en su protoemperador narcisista y mercurial, el Partido Republicano, el “Grand Old Party” (GOP), encontró al tonto útil necesario para llevar adelante la agenda más ferozmente ultraconservadora y plutócrata desde el reinado de los robber barons.

Un año de un emperador desnudo es grave. Uno de un emperador desnudo usado por sus cortesanos mientras toleran sus tonterías y se burlan en privado, es trágico. Trump no ha conseguido nada en su primer año de gobierno. Nada. Apenas nominar a Neil Gorsuch a la Corte Suprema, un asiento que estaba listo para ser ocupado. Todo lo demás no le pertenece. El único mérito de Trump es instrumental: un agujero negro que absorbe energía para que todo se reduzca a él. Trump produce ruido, mensajes sucios, distracciones: mientras él tontea, a sus espaldas el poder real hace.

Ese poder es el GOP. En Fire and Fury, Michael Wolff dice que Trump jamás imaginó ganar la presidencia y, por lo tanto, nunca preparó un plan de gobierno. Solo tenía cuatro o cinco anuncios-globos que podían ser llenados con casi cualquier cosa. Como no esperaba ganar, nada de lo que Trump se proponía, los globos, debía ser contrastado en la realidad. Pero ganó y sin saber muy bien qué hacer decidió pasar la posta al Congreso de Estados Unidos. Así que quien ha llenado de aire los globos de la fiesta electoral del candidato Trump es el GOP.

El Partido Republicano ha completado su curva de aprendizaje después de trastabillar a inicios del gobierno, superado por la desorganización del trumpismo. Como sabe que tiene un presidente inane, puede usarlo —con cuidado— mientras Trump crea que cada proyecto lleva su nombre, su impronta o le hagan creer que se le ocurrió a él en un sueño. Un año atrás, Paul Ryan aparecía en las fotos con Trump exhibiendo el semblante de quien siente la angustia de un infarto inminente. Miren las fotos ahora: mira al presidente con sonrisa sarcástica, como mascullando entre dientes que, tarde o temprano, el monigote dejará de serles útil.

 Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, y Donald Trump en un evento en la Casa Blanca en diciembre de 2017CreditMichael Reynolds/European Pressphoto Agency.

La presidencia de Trump quema etapas como un cohete a la Luna, solo que no sabemos si llegará a la estratósfera. Un mes creíamos que Trump estaba modelando el Partido Republicano a su medida, nada más para descubrir al siguiente que los líderes conservadores en el Congreso estaban moviendo una agenda aún más ortodoxa que la suya. Los planes de Trump han avanzado más lento, mucho más, que los del Partido Republicano. ¿Prohibición de viaje a personas provenientes de naciones predominantemente musulmanas? Bah: desafiada en los tribunales, sin que nadie en el Congreso haga mucho. Tampoco hay ley para construir el muro —que pidió Trump— ni para expulsar a los dreamers —que también empuja Trump—. ¿La reforma fiscal? Es GOP 100 por ciento. ¿La destrucción de Obamacare y la desinversión en Medicare y Medicaid? Lo mismo.

Trump preside pero no gobierna. No es nuevo que sus bravatas y provocaciones tienen a mal traer a todos los liberales —nosotros— y parecen diseñadas a medida para un núcleo duro de amantes de los hombres fuertes. Pero sí es nuevo que el Partido Republicano en el Congreso siga decidido a sostener a un presidente que camina sobre el filo del cuchillo de la obstrucción de justicia y un buen puñado de razones para una destitución. En todo caso, Trump no pasará por las manos de los jueces hasta que los republicanos miren las encuestas y vean si deben sostenerlo aún o miren las leyes aprobadas y crean que pueden mantenerlas por una o dos décadas más.

Dicho simplemente, Trump firmará lo que le pongan delante si antes le han hecho creer que daña a alguien a quien envidie. El GOP tiene en sus manos un juguete peligroso, un abuelo de 71 años que actúa como un niño ansioso de reconocimiento, tan frágil que alardeará de su poder de supermacho, tan infravalorado que sobrestimará su inteligencia con autopromoción. Es un juguete peligroso porque se le puede llevar a hacer muchas cosas equivocadas y peligrosas. Y sin nadie controlando al presidente y una Casa Blanca disfuncional, el resultado puede ser una catástrofe de escala mundial.

El ascenso de la xenofobia y la liberación del racismo no acabarán con la salida de Trump de la Casa Blanca.

No tenemos un problema sino dos. Un partido que perdió toda perspectiva moral y compromiso democrático sostiene en el poder a un emperadorcillo obsesionado con crear acciones de relacionista público para ser alabado como el hombre más grandioso del planeta. La nación más poderosa de la Tierra en manos de lo peor de Roma.

Pero es más grave que podemos tener este problema otra vez. Nuestra sociedad hiperconectada tiene más apego a la propaganda que a la información que contradice sus creencias. Los medios han perdido el cuasimonopolio de la construcción de agenda y los políticos —o las celebridades despreciables— pueden construir una masa de seguidores sin otra intermediación que sus dedos en un tuit.

Trump cumple un año viendo televisión en la Casa Blanca mientras que la unilateralidad abrió el camino para el shutdown de su gobierno.  El GOP tuvo varias oportunidades de buscar acuerdos con el Partido Demócrata en el Congreso, pero eligieron el camino tortuoso. Los Republicanos no dejaron de extorsionar con un acuerdo que diera espacio a los dreamers solo a cambio de obtener financiamiento para el muro de Trump.

La destrucción del tejido social, de normas básicas de convivencia, de la calidad del discurso público; el ascenso de la xenofobia y la liberación del racismo no acabarán con la salida de Trump de la Casa Blanca. El GOP, ya escorado a la sinrazón durante los tiempos del Tea Party, ha dejado ir el barco bajo la línea de flotación de la ignominia. Su filosofía es medievalista, oscura y excluyente. ¿Se puede reconstruir una nación mientras se alimenta un discurso cada vez más alienante?

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Diego Fonseca es un escritor argentino que actualmente vive en Phoenix. Es autor de “Hamsters” y editor de “Sam no es mi tío” y “Crecer a golpes”.

Enlace al original del artículo de opinión del New York Times: 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/20/opinion-trump-un-ano-casa-blanca/?action=click&clickSource=inicio&contentPlacement=1&module=toppers&region=rank&pgtype=Homepage

Artículo relacionado del 18 de enero de 2018: 

Trump y su jefe de personal discrepan sobre muro fronterizo.

Por Eileen Sullivan y Maggie Haberman.  18 de enero de 2018 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/18/muro-fronterizo-trump-kelly-mexico/

 

Philip Roth ya no escribe, pero aún tiene mucho que decir.

Philip Roth ya no escribe, pero aún tiene mucho que decir.

Por Charles Mcgrath el 20 de enero de 2018.  

En una entrevista exclusiva con The New York Times, el (ex)novelista de 84 años comparte lo que piensa sobre Trump y el movimiento #MeToo, cómo pasa sus días desde que anunció su retiro y qué ha significado envejecer para él.

 Philip Roth, fotografiado en su casa en Upper West Side, Manhattan, en enero de 2018CreditPhilip Montgomery para The New York Times.

Con la muerte de Richard Wilbur en octubre, Philip Roth se convirtió en el miembro más antiguo del departamento de literatura de la Academia Estadounidense de Artes y Letras. Ha sido miembro durante tanto tiempo que puede recordar cuando la academia incluía a figuras ahora casi olvidadas, como Malcolm Cowley y Glenway Wescott: luminarias de cabello blanco de otra era.

Hace poco Roth se unió a William Faulkner, Henry James y Jack London como uno de los poquísimos estadounidenses en ser incluidos en la colección francesa La Pléiade (el modelo para las ediciones estadounidenses Library of America), y la editorial italiana Mondadori también está publicando sus libros en su serie Meridiani, de autores clásicos. Todo este reconocimiento en el otoño de su vida —incluidos el Premio Príncipe de Asturias otorgado por España en 2012 y haber sido nombrado comandante de la Legión de Honor de Francia en 2013— le parece tan gratificante como divertido. “Mira esto”, me dijo el mes pasado, mientras sostenía el volumen de encuadernación decorada de Mondadori, tan grueso como una Biblia, que reúne títulos como Lamento di Portnoy y Zuckerman Scatenanto. “¿Quién lee libros como estos?”

En 2012, al acercarse a sus 80 años, Roth anunció con bombos y platillos que se había retirado de la escritura (de hecho había dejado de escribir dos años antes). Desde entonces, ha pasado cierta cantidad de tiempo aclarando las cosas. Escribió una carta larga y acalorada a Wikipedia, por ejemplo, cuestionando la absurda afirmación de la enciclopedia de que él no era un testigo creíble de su propia vida (finalmente, Wikipedia se retractó y rehízo completamente la entrada sobre Roth).

Roth también mantiene un contacto frecuente con Bake Bailey, a quien nombró su biógrafo oficial y quien ya ha reunido 1900 páginas de notas para un libro que, se espera, tenga la mitad de esa cantidad. Además, hace poco supervisó la publicación de Why Write?, el décimo y último de sus libros en la edición de Library of America de su obra. Como una especie de limpieza final, de pulido a su legado, el libro incluye una selección de ensayos literarios de los años sesenta y setenta; el texto completo de Shop Talk, su colección de 2001 de conversaciones y entrevistas con otros escritores, muchos de ellos europeos, y una sección de discursos y ensayos de despedida, varios publicados allí por primera vez. No es accidental que el libro termine con la oración de tres palabras “Aquí estoy yo”. Es decir: entre las tapas duras.

Pero, principalmente, Philip Roth lleva hoy la vida tranquila de un retirado en el Upper West Side (su casa en Connecticut, donde se recluía a escribir durante largos periodos, ahora la habita solo durante el verano). Visita amigos, asiste a conciertos, revisa su correo, ve películas viejas en FilmStruck. Hace poco lo visitó David Simon, el creador de “The Wire”, quien está haciendo una miniserie de seis capítulos sobre La conjura contra América, y tras el encuentro dijo que se sentía seguro de que su novela estaba en buenas manos. La salud de Roth es buena, aunque se ha sometido a varias cirugías por un problema recurrente de espalda, y se lo ve contento y satisfecho. Es reflexivo pero sigue siendo, cuando quiere, muy divertido.

He entrevistado a Roth en varias ocasiones a lo largo de los años, y el mes pasado le pregunté si podíamos charlar de nuevo. Al igual que muchos de sus lectores, me preguntaba lo que el autor de Pastoral americanaMe casé con un comunista y La conjura contra América piensa del extraño periodo que estamos viviendo. También me daba curiosidad cómo pasa su tiempo. ¿Resolviendo sudokus? ¿Viendo televisión todo el día? Aceptó ser entrevistado pero solo si podía hacerse a través de correo electrónico. Necesitaba tiempo, dijo, para pensar en lo que quería decir.

En unos cuantos meses cumplirás 85 años. ¿Te sientes anciano? ¿Cómo ha sido envejecer?

Sí, en solo unos meses dejaré la ancianidad y entraré en la ancianidad profunda: cada día cayendo aún más hondo en el temible Valle de las Sombras. Ahora es sorprendente estar todavía aquí al final de cada día. Meterme a la cama por la noche, sonreír y pensar: “Viví un día más”. Y luego es sorprendente despertar ocho horas después, ver que es la mañana del día siguiente y que sigo aquí: “Sobreviví otra noche”. Pensarlo me hace sonreír otra vez. Me duermo con una sonrisa y me despierto con otra. Me encanta seguir vivo. Además, cuando esto sucede, como ha sido semana tras semana y mes tras mes desde que comencé a cobrar mi pensión, produce la ilusión de que nunca terminará, aunque por supuesto sé que puede hacerlo en cualquier momento. Es como jugar una partida, todos los días; una partida de apuestas altas que ahora, incluso en contra de las probabilidades, simplemente sigo ganando. Ya veremos cuánto me dura la suerte.

 Philip Roth en su casa en New York City en enero de 2018 CreditPhilip Montgomery para The New York Times.

“Todos los talentos tienen sus límites: su naturaleza, su alcance, su fuerza; y también su final, un periodo, un ciclo de vida… no todos podemos ser fructíferos por siempre”.

PHILIP ROTH

Ahora que te has retirado como novelista, ¿algunas vez extrañas escribir, o piensas en retomarlo?

No. Eso se debe a que las condiciones que me llevaron a dejar de escribir narrativa hace siete años no han cambiado. Como expreso en Why Write?, en 2010 tenía “la fuerte sospecha de que ya había hecho mi mejor trabajo y cualquier cosa más sería inferior. Para entonces ya no poseía la vitalidad mental, la energía verbal ni la condición física necesarias para emprender y sostener un ataque creativo grande de cualquier duración para una estructura compleja tan demandante como una novela… Todos los talentos tienen sus límites: su naturaleza, su alcance, su fuerza; y también su final, un periodo, un ciclo de vida… no todos podemos ser fructíferos por siempre”.

En retrospectiva, ¿cómo recuerdas tus cincuenta y pico de años como escritor?

Euforia y gruñidos. Frustración y libertad. Inspiración e incertidumbre. Abundancia y vacío. Resplandor hacia adelante y confusión en el camino. El repertorio diario de las dicotomías oscilantes que cualquier talento soporta. Y una tremenda soledad, también. Y el silencio: 50 años en una habitación silenciosa como el fondo de una piscina, extendiendo, cuando todo iba bien, mi mínima provisión diaria de prosa utilizable.

En Why Write? republicas tu famoso ensayo “Writing American Fiction”, en el que argumentas que la realidad estadounidense es una locura tal que casi supera la imaginación del escritor. Dijiste eso en 1960. ¿Qué piensas ahora? ¿Alguna vez anticipaste un Estados Unidos como en el que vivimos hoy?

Nadie que conozca se imaginó un Estados Unidos como en el que vivimos ahora. Nadie (excepto quizá el cáustico H. L. Mencken, quien describió la democracia estadounidense como “asnos adorando chacales”) podría haber imaginado la catástrofe del siglo XXI que azotaría a Estados Unidos. El más degradante de los desastres no aparecería, por decirlo de algún modo, en la atemorizante figura de un Gran Hermano orwelliano, sino como la figura ominosamente ridícula del bufón presuntuoso. ¡Qué ingenuo fui en 1960 como para pensar que era un estadounidense que vivía en tiempos absurdos! ¡Qué pintoresco! ¿Pero qué podía saber en 1960 respecto de 1963, 1968, 1974, 2001 o 2016?

Tu novela de 2004, La conjura contra América, hoy eparece escalofriantemente profética. Cuando esa novela se publicó, algunas personas la interpretaron como un tratado sobre el gobierno de Bush, pero de ninguna manera había tantos paralelos entonces como los que parece haber ahora.

“Trump es un fraude masivo, desprovisto de todo excepto de la ideología hueca de un megalómano”

PHILIP ROTH

Por más anticipatoria que La conjura contra América pueda parecerte, hay una enorme diferencia entre las circunstancias políticas que inventé en ella para EE. UU. en 1940 y la calamidad que hoy en día nos causa tanto desaliento. Es la diferencia de estatura entre un presidente Lindbergh y un presidente Trump. Charles Lindbergh, en la vida como en mi novela, pudo haber sido un verdadero racista y antisemita, así como un supremacista blanco a quien le agradaba el fascismo, pero también era —por la extraordinaria proeza de su solitario vuelo trasatlántico a la edad de 25 años— un verdadero héroe estadounidense 13 años antes de que lo describa ganando la presidencia. Históricamente, Lindbergh fue el valeroso joven piloto que, en 1927, sobrevoló sin escalas por primera vez el Atlántico, desde Long Island hasta París. Lo hizo en 33,5 horas, en un monoplano de un solo asiento y un motor, lo que lo convirtió en una especie de Leif Ericson del siglo XX, un Magallanes de la aeronáutica, una de las primeras figuras señeras de la era de la aviación. En comparación, Trump es un fraude masivo, la suma perversa de sus deficiencias, desprovisto de todo excepto de la ideología hueca de un megalómano.

Uno de tus temas recurrentes ha sido el deseo sexual masculino —un deseo perverso, las mayoría de las veces— y sus diversas manifestaciones. ¿Qué piensas del momento en el que parece que estamos ahora, con tantas mujeres denunciando y acusando a tantos hombres con alta visibilidad de acoso y abuso sexual?

Como señalas, en mi papel de novelista no son extrañas las furias eróticas. Los hombres envueltos en la tentación sexual son uno de los aspectos de la vida masculina sobre el que he escrito en algunos de mis libros. Los hombres que responden al insistente llamado del placer sexual, plagados de deseos vergonzantes y de la temeridad de la lujuria obsesiva, maravillados incluso con el señuelo del tabú; durante décadas me he imaginado una pequeña cofradía de hombres perturbados, poseídos por fuerzas enardecedoras con las que deben negociar y a las que deben oponerse. He tratado de no hacer concesiones al retratar a cada uno de estos hombres como son, como se comporta cada uno, excitado, estimulado, hambriento en las garras del fervor carnal y enfrentando la variedad de dilemas éticos y psicológicos que suponen las exigencias del deseo.

En estas obras de ficción no he evitado los duros hechos de por qué, cómo y cuándo los hombres enardecidos hacen lo que hacen, incluso si no han estado en armonía con el retrato que una campaña de relaciones públicas masculina —si existiera tal cosa— podría preferir. Me he adentrado no solo en la mente masculina, sino también en la realidad de esos impulsos, cuya presión obstinada y persistente puede amenazar el raciocinio, esas necesidades a veces tan intensas que incluso pueden experimentarse como una forma de locura. En consecuencia, ninguna de las conductas más extremas sobre las que he leído últimamente en los periódicos me ha sorprendido.

 Philip Roth, photographed at his home on the Upper West Side of Manhattan in January 2018.CreditPhilip Montgomery para The New York Times.

Antes de retirarte, eras famoso por vivir días larguísimos. Ahora que has dejado de escribir, ¿qué haces con todo ese tiempo libre?

Leo. Extraña o no tan extrañamente leo muy poca narrativa. Me pasé toda mi vida productiva leyendo narrativa, enseñando narrativa, estudiando narrativa y escribiendo narrativa. No pensé en casi nada más hasta hace aproximadamente siete años. Desde entonces he pasado buena parte de mis días leyendo historia, sobre todo de Estados Unidos pero también historia moderna europea. Leer ha tomado el lugar de escribir, y constituye la mayor parte, el estímulo, de mi vida pensante.

¿Qué has leído últimamente?

Parece que me he desviado de rumbo últimamente y he leído una colección heterogénea de libros. He leído tres de Ta-Nehisi Coates; el más impactante desde un punto de vista literario, The Beautiful Struggle, que son sus memorias de niño sobre su padre. Leyendo a Coates me enteré sobre el compendio de Nell Irvin Painter, provocativamente titulado The History of White People. Painter me llevó de vuelta a la historia de Estados Unidos, a American Slavery, American Freedom, de Edmund Morgan, una gran historia erudita de lo que Morgan llama “el matrimonio de la esclavitud y la libertad” como existía en las primeras épocas de Virginia. Leer a Morgan me condujo en círculo a releer los ensayos de Teju Cole, aunque no antes de desviarme leyendo The Swerve, de Stephen Greenblatt, que trata sobre las circunstancias del descubrimiento en el siglo XV del manuscrito del subversivo De la naturaleza de las cosas, de Lucrecio. Esto me llevó a abordar algunas partes del largo poema de Lucrecio, escrito en algún momento del siglo I a.C., en una traducción en prosa al inglés de A. E. Stallings. De ahí regresé a leer el libro de Greenblatt sobre “cómo Shakespeare se convirtió en Shakespeare”, titulado Will in the World. No me explico cómo en medio de todo esto me puse a leer y disfruté de la biografía de Bruce Springsteen, Born to Run, excepto por la idea de que parte del placer de tener ahora tanto tiempo a mi disposición para leer lo que se me cruce en el camino invita a sorpresas no premeditadas.

Con regularidad aparecen en mi correo copias de libros previas a su publicación, y así fue como descubrí Pogrom: Kishinev and the Tilt of History, de Steven Zipperstein. Zipperstein identifica el momento a principios del siglo XX cuando la situación de los judíos en Europa se volvió letal de una manera que anticipaba el fin de todo. Pogrom me condujo a encontrar un libro reciente de historia interpretativa, The Jewish Century, de Yuri Slezkine, que sostiene que “la era moderna es la era judía y el siglo XX, en particular, es el siglo judío”. Leí Personal Impressions, de Isaiah Berlin, sus retratos ensayísticos del grupo de figuras influyentes del siglo XX que conoció u observó. Hay una breve aparición de Virginia Woolf en todo su terrorífico genio y unas páginas especialmente cautivadoras sobre la reunión nocturna inicial en el duramente bombardeado Leningrado en 1945 con la magnífica poeta rusa Anna Akhamatova cuando estaba en sus cincuenta, aislada, sola, despreciada y perseguida por el régimen soviético. Berlin escribe: “Después de la guerra, Leningrado no era para ella sino un gran cementerio, la tumba de sus amigos. El relato de la incesante tragedia de su vida iba mucho más allá de lo que cualquiera me hubiera descrito alguna vez con palabras”. Hablaron hasta las tres o cuatro de la mañana. La escena es tan conmovedora como cualquiera de Tolstoi.

La semana pasada leí libros de dos amigos, la breve y sabia biografía de James Joyce de Edna O’Brien y una autobiografía atractivamente excéntrica, Confessions of an Old Jewish Painter, de uno de mis queridos amigos muertos, el gran artista estadounidense R. B. Kitaj. Tengo muchos queridos amigos muertos. Varios eran novelistas. Extraño encontrar sus libros nuevos en el correo.

CULTURA   

LIBROS

Enlace a la publicación original de la entrevista del New York Times: 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/20/philip-roth-ya-no-escribe-pero-aun-tiene-mucho-que-decir/?action=click&clickSource=inicio&contentPlacement=2&module=toppers&region=rank&pgtype=Homepage

En los estadios sauditas ahora hay un sonido inédito: la voz de las mujeres.

Benditas Mujeres el mundo necesita que se empoderen, que se coloquen al frente de la worldrevolution y encabecen la lucha ciudadana global por la igualdad, la libertad y la democracia participativa global.

Les comparto un interesante artículo del New York Timmes en el que se relatan algunos avances significativo hacia el empoderamiento de las mujeres en Arabia Saiudita, donde hace poco más de dos años prácticamente no tenían ningún derecho…

Jesús Torres Navarro.  

En los estadios sauditas ahora hay un sonido inédito: la voz de las mujeres.

Por 

 Familias en el estadio Rey Abdulá CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

En este partido de fútbol en Arabia Saudita, cuando se anotó el primer gol, un nuevo sonido se unió al alboroto de las porras en las gradas: el de las mujeres.

En el reino islámico, obsesionado con el fútbol, pero ultraconservador, el partido del 12 de enero entre los equipos locales Al Ahli y Al Batin en Yeda fue la primera vez que se permitió a las mujeres asistir a un juego en un estadio público, un nuevo paso en los esfuerzos gubernamentalespor hacer más laxas las restricciones impuestas según el género.

 Seguidoras del equipo Al Ahli se toman selfis antes del partido en Yeda, Arabia Saudita, el 12 de enero.CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

Arabia Saudita ha sido desde hace tiempo uno de los lugares del mundo con más limitantes para las mujeres. Una combinación de religión, costumbres sociales y regulaciones gubernamentales ha dictado qué deben vestir y les ha impedido conducir, ocupar diversos trabajos y viajar sin restricciones.

Sin embargo, estas reglas han comenzado a cambiar durante el gobierno del rey Salmán, quien se convirtió en el monarca saudita en 2015; también han sido impulsadas por su hijo, Mohamed bin Salmán, de 32 años, el príncipe heredero del país.

Bin Salmán le ha retirado algo de autoridad a la policía religiosa, ha puesto a mujeres en cargos prominentes que antes jamás habrían podido ocupar y ha prometido eliminar la prohibición a que las mujeres conduzcan en junio.

  La princesa Reema bint Bandar, encargada de la federación de deportes saudita (tercera de izquierda a derecha), acudió al partido del 12 de enero. CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

Estos esfuerzos son parte de reformas más amplias que ha impulsado con la intención de reestructurar la economía saudita, alejándola de su dependencia del petróleo, atemperando la retórica religiosa del reino y proporcionando nuevas opciones de empleo y capacitación para la cuantiosa población joven del reino, incluyendo a las mujeres.

La decisión de permitir a las mujeres asistir a partidos de fútbol —pese a que es en “secciones familiares” que las mantienen separadas de donde se sientan únicamente hombres— es parte de esos esfuerzos. También busca hacer que las familias sauditas gasten más dinero en formas de entretenimiento domésticas, en lugar de ir al extranjero para divertirse.

Antes del partido de fútbol, hubo otra pequeña señal de cambio: se abrió la primera sala de exhibición de autos dedicada a clientas.

 Los hombres y las mujeres sentados juntos en la sección de familias festejan a su equipo.CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

En el juego, un antiguo periodista deportivo saudita compartió una foto de acomodadoras preparándose para recibir a las fanáticas y a sus familias. Las mujeres vitorearon cuando el locutor leyó los nombres de los jugadores y cuando los equipos se pusieron frente a frente.

El fútbol es muy popular en Arabia Saudita. Hay muchos seguidores de ligas locales e internacionales, pero las entusiastas tenían que contentarse con ver a sus equipos favoritos por televisión.

 Haifa Alharbi, de 30 años, dijo que había ido a otros partidos haciéndose pasar por niño.CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

Muchas mujeres emocionadas por la oportunidad de ver los partidos en vivo —y también hombres que se oponen a ello— inundaron las redes sociales el día del partido, utilizando las etiquetas en árabe

#FamiliasEntrandoAEstadios y #LaGenteDaLaBienvenidaALasMujeresEnlosEstadios.

“Esto es mucho más que derechos de las mujeres”, escribió Fatimah S. Baeshen, vocera de la embajada saudita en Washington, en un tuit, y añadió: “Yo les voy a las mujeres”.

“No veo que dejar que las mujeres entren a los estadios sea incorrecto o prohibido”, tuiteó la usuaria Manayer al Qahtani. “Por el contrario, no va en contra de la religión ni de las costumbres y tradiciones. Muchas chicas siguen el fútbol y nos reunimos a la hora de los partidos. Es un derecho legal que tenemos”.

 La sección de familias no terminó de llenarse pese a que los boletos del partido del 12 de enero solo costaron 20 riales, poco más de 5 dólares. CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

Sin embargo, algunas personas usaron las etiquetas para criticar el suceso y escribieron que el lugar de las mujeres está en su casa, enfocadas en criar a sus hijos y en preservar sus creencias, no en un estadio donde las multitudes de hombres pueden maldecir y agitarse.

El estadio del reino no había sido construido con las fanáticas en mente, así que se hicieron modificaciones para que puedan asistir a los partidos. La Autoridad General Deportiva gubernamental señaló antes del 12 de enero que hasta ese momento había tres estadios para recibir a las mujeres, con la adición de secciones privadas para ellas y para sus familiares hombres, así como baños para mujeres e incluso zonas de oración.

 Los asistentes a la salida del estadio CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

Aunque los boletos costaron solo 20 riales (5,33 dólares), en el partido del viernes la sección familiar no se llenó ni a la mitad. Sin embargo, la anticipación al juego fue alta en redes sociales. La gente compartió fotos de fanáticas preparándose para entrar al estadio.

Fue un gran cambio respecto a lo sucedido en 2015, cuando arrestaron a una saudita que trató de asistir a un partido en Yeda después de que los oficiales de seguridad la detectaron; vestía pantalones, una camisa de mangas largas, sombrero y gafas de sol para evitar ser notada, según reportes de los noticiarios locales.

 Una acomodadora que dirige a quienes llegan al estadio a las gradas correspondientes.CreditTasneem Alsultan para The New York Times.

En el partido del 12 de enero, Al Ahli derrotó a Al Batin 5-0 en el partido de la liga premier, según la Gaceta Saudí.

Reema bint Bandar Al Saud, una integrante de la familia real, asistió al juego y escribió en Twitter: “Hoy, brindaron alegría a todas las familias y mujeres sauditas que asistieron al primer juego. Este es un momento histórico para el reino”.

Enlace al artículo original del New York Times: 

https://www.nytimes.com/es/2018/01/17/futbol-arabia-saudita-mujeres/?em_pos=small&emc=edit_bn_20180118&nl=boletin&nl_art=2&nlid=60379794&ref=headline&te=1

  

One Travel Destination to Rule Them All. Un viaje fantástico a través de fotografías a Hobbiton.

A través de One Travel Destination to Rule Them All

Sigue el enlace de arriba para ver en el Blog “One Travel Destination to Rule Them All” el artículo con magníficas fotografías.

por el amor de nike

Un viaje fantástico a través de fotografías a Hobbiton.

Hobbiton en Matamata Nueva Zelanda puede ser uno de los lugares más mágicos de la tierra. Era el verdadero escenario de las películas de Lord of the Ring, perfectamente ubicado en las colinas únicas de tierras de cultivo de la isla norte. La atención al detalle es irreal: no puedes evitar tener mariposas en el estómago mientras deambulas.

Al final del recorrido, puedes tomar una bebida (y tal vez un pastel de carne) y The Green Dragon Inn. Good George, una compañía cervecera local, ideó las diferentes variedades que ofrecen allí.

Mientras conduce desde y hacia este increíble destino, mantenga los ojos bien abiertos. Es una gran unidad, y no está de más arruinar la banda sonora de LOTR en tu aventura. Tampoco está mal ocultar un poco la emoción de los lugareños. La mayoría de ellos están más de la moda para visitar los sitios LOTR de Nueva Zelanda.

Nikes en Hobbiton / Nueva Zelanda / por el amor de nike

Enlaces:

https://fortheloveofnike.com/2018/01/11/one-travel-destination-to-rule-them-all/

https://fortheloveofnike.com/

 

Alfonso Reyes …la idea de cosmopolitismo. 1932.

his-f02 ALFONSO REYES (1889-1959).

Les comparto un fragmento de una de las grandes obras literarias del Regiomontano Universal, el maestro Alfonso Reyes Ochoa, ATENEA POLÍTICA; fue escrita en 1932 y el mismo maestro le hizo pequeñas actualizaciones, la última por ahí de 1946 o 47.

…la idea de cosmopolitismo

…interroguemos con ella la historia. La historia nos contestará con teorías, es decir: literatura;- y con hechos, es decir: política. Percibiremos entonces que la literatura se adelanta a la política al ir forjando ideales unificadores, y que la política viene caminando detrás con gran retardo,, con incontables tropiezos, y de tiempo en tiempo se atasca como carro en pantano, o se clava de cuatro patas como muía en ladera, y no hay poder que la haga avanzar. No es extraño que así acontezca, ni es humillante para los políticos:

El escritor, que sólo tiene que habérselas con papel y pluma, corre con más libertad en pos de sus creaciones; la transformación social se opera en su cabeza y, desde su mesa de trabajo o en tertulia con sus colegas, arregla alegremente el mundo en un parpadeo. Su acto llega hasta donde alcanza su talento. No es un mero juego: pensar seriamente una utopía política gasta, más o menos, las mismas energías que cuesta levantar una pirámide egipcia o mexicana. Lo que hay es que el pensamiento trabaja aquí con su propia y unificada sustancia, tiene asegurada la circulación, y toda su energía empleada se aprovecha. No es tampoco un dulce pasatiempo: los que escriben utopías políticas suelen pagarlo con su vida. Pero, en todo caso, el político, que maneja la más compleja de las realidades, aquélla en que todas las otras se resumen —la realidad social—, se enreda, da- traspiés, y de cuando en vez se viene abajo con partido y con plataforma: así Palinuro se fue al agua, llevándose consigo el timón y parte de la popa. Sin embargo, como el ideal expresado por el escritor y procurado a veces por el político es un ideal genuino y cierto, estas manifestaciones de la idea cosmopolita, aunque fracasen o se deshagan en el aire, van siendo parcialmente absorbidas por el ambiente. No creo en el progreso necesario: puede ser que el riego en tierra seca resulte escaso y se pierda íntegramente. No importa: lo que importa es la persistencia del impulso unificador, el cual otra vez florece, como la ruda de mi tierra, aunque le pasen las caballerías encima.

La historia, pues, nos presenta dos tipos de empresa cosmopolita:

1° El primer tipo consiste en unificar dominando, y es el imperialismo. Hasta hoy conocemos dos modos de imperialismo: uno de ellos, más guerrero en esencia que el otro, quiere gobernar por gobernar, aun cuando de paso explote y aproveche sus ‘conquistas, y es el imperialismo jurídico de los romanos: “Acuérdate, romano —dice Virgilio—, de que te incumbe regir el imperio de los pueblos.” Este imperialismo nace en las guerras y perece en las guerras.

El otro modo de imperialismo es el económico, el de factorías, protectorados, colonias y mercados amigos, y lo hemos visto desarrollarse en nuestro tiempo. Aun cuando la guerra enseñe aquí su puño de hierro —¡y ya sabemos en qué medida!— es mucho más filosófico asegurar que este imperialismo nace y muere con el sistema económico que le ha servido de vehículo. Sus capitanes, cuando la bolsa empieza a temblar, se suicidan. Hay, por último, casos mixtos: tal fue el imperialismo ibérico, mezcla de codicia y gloria, de religión y de hazaña. Este imperialismo se deshizo por crecimiento y distribución del trabajo, fenómeno ayudado, claro está, con su sazón de revoluciones y su abono de héroes. Murió como muere lo homogéneo al realizarse, al fertilizarse en lo heterogéneo. Y dejó en el corazón de la metrópoli ibérica un desengaño provechoso. A partir de las emancipaciones americanas, comienza en la antigua metrópoli una revisión de valores, una siembra de rejuvenecimiento, cuyos frutos vamos apreciando poco a poco. Ya se entiende que al recorrer así, a grandes pasos, la historia, sólo puedo ver las trayectorias, y me desentiendo de mil trastornos interiores y mil dolores domésticos que son otras tantas vacilaciones a uno y otro lado de la senda. Cualquiera que sea su suerte, los imperios dejan herencia: la dejó el jurídico, la dejará el económico. El imperio ibérico, que podemos llamar místico, considerándolo como una cruzada que se realizó, engendra vida, crea naciones.

El elemento pasajero de dominio político queda eliminado naturalmente, y sólo resta la ganancia obtenida, la novedad histórica: el orbe ibérico. Como se habla de la civilización latina, y en igual sentido de vastedad y magnitud y fecundidad, sólo de la civilización ibérica puede hablarse. Para acabar con la idea imperial, no nos disimulemos que los imperialismos de todo género parecen haber entrado, a estas horas, en franca liquidación.1 ¡Ay! (1938).

2o El segundo tipo de la empresa cosmopolita — perfectamente respetuoso de la libertad y autonomía interiores— sólo quiere facilitar la circulación del hombre dentro del mundo humano, desarrollar el conocimiento y la comprensión entre los pueblos, la coordinación de los intereses complementarios y la lenta disolución de las fricciones, procurar la concordia y estorbar la discordia. Inútil añadir que este cosmopolitismo es el que aquí nos interesa y al que deseamos porvenir. Por su esencia misma, es mucho más fácil seguirlo en sus manifestaciones ideológicas o literarias, aunque se haya acompañado también de concomitancias políticas, que ya son acción que corrobora o ya reacción que contrarresta. Este cosmopolitismo ha hecho cuatro intentos en la historia:

  1. El primer intento es el cosmopolitismo cristiano y caballeresco de la Edad Media, cuando la catolicidad o universalidad se erige como dogma de la Iglesia que llamamos, por antonomasia, Iglesia Católica. La fe religiosa, el ideal de hermandad humana, la herencia de la unidad latina —que todavía queda en estado de “saudade”—, el inmenso fondo común de leyendas pías y tradiciones populares y caballerescas, alimentan una suerte de cosmopolitismo cuyos heraldos son —ya lo sabéis— los clérigos, los intelectuales de entonces, comprendiendo en la palabra “clérigos”, como entonces se hacía, a los sacerdotes y a los letrados. Pero esto, por antítesis, nos hace pensar en los ingenios legos, los “juglares” que, cantando por las ferias y lugares de peregrinación, como el camino de Santiago o camino francés, contribuían también, a su manera, a difundir entre’, la gente extraña las creencias y las tradiciones, los cultos hagiográficos e históricos de su pueblo.

   2. El segundo intento de cosmopolitismo sobreviene con el Renacimiento humanístico.          El siglo xvi predica el retorno a las dos antigüedades clásicas, aviva el interés por el            hombre mismo en cuanto es criatura de la tierra, y nutre un ideal de armonía ya               menos asido a la caridad y más afirmado en la cultura que el de la Edad Media. Sus           heraldos son ya intelectuales a nuestro modo. (¡Ojalá, en otro sentido, nosotros lo              fuéramos al de ellos!)

III. El tercer intento de cosmopolitismo, en el siglo XVIII, es clásico y filosófico. Brota del afinamiento cultural y se establece como un común denominador, sobre la lengua francesa, que sucede al griego y al latín entre los letrados del mundo: —Las luces, la enciclopedia, y la razón, que ya es soberana, y muy pronto —cuando se crea diosa— comenzará a cortar cabezas.

  1. El cuarto intento o intento romántico, en la primera mitad del siglo XIX, es por una parte consecuencia de revoluciones, guerras, emigraciones y destierros. Verdaderos ejércitos de pensadores y escritores franceses, españoles, portugueses, italianos, polacos, acarrean influencias entre este pueblo y aquel pueblo. Por otra parte, favorecen este movimiento las ciencias históricas y filológicas, que buscan la tradición y contaminación de temas folklóricos, de imágenes comunes a la fantasía de todos los hombres. Es la invasión del Romanticismo: ya sabéis lo que esto significa.

Éste sería el sitio de injertar el reflejo que tales movimientos hayan tenido en nuestra América, pero ello merecería una investigación especial. El siglo XIX ve nacer los nuevos Estados americanos. Anímalos una subconsciente aspiración al ser colectivo. Pero esta aspiración no se realiza: la independencia americana resulta, al contrario, un fraccionamiento. La literatura, de un modo general, sigue reflejando aquel sueño de Bolívar: la Grande América. Y se da la bifurcación entre los europeizantes, que insisten en la  conservación de las técnicas europeas, y los autoctonistas, que se aplican sobre todo a la busca de lo criollo y lo indígena. Se esboza una conciliación. Diríase, pues, que para dar ser propio a las Américas, la fuerza se partió en porciones: la tabla rasa del antiguo imperio hispánico se llenó de compartimentos como un tablero de ajedrez. Más tarde, robustecidos ya los retoños americanos, comienza —con el afán de conocernos mejor unos a otros y de entendernos mejor— una maniobra inversa, bien que no aspira ya a la vinculación política en el antiguo sentido, sino a la vinculación espiritual.

Ya vemos, pues, que la idea cosmopolita se rehace cada vez que fracasa, y coincide con las épocas mismas de nuestra historia. A los cuatro intentos de que hablan los tratados, podemos añadir aquel en que ahora vivimos, y que merece el nombre de cosmopolitismo político.

El cosmopolitismo político contemporáneo no borda ya sobre un ideal religioso, humanístico, racionalista o romántico, sino sobre el cañamazo del hombre abreviado en su expresión mínima: el hombre en su primera función, que es la de vecino del hombre. Y el problema de la vecindad entre los hombres es, ni más ni menos, el problema político. De tal nueva especie de cosmopolitismo, las actuales revoluciones económicas son el síntoma aventurero y bravío. Nuestra literatura es su expresión viva: lo sufre y lo alimenta a la vez. La Sociedad de las Naciones es su más alta sanción en el orden de lo institucional y lo admitido. Las conferencias del desarme, aunque a sabiendas sólo esperen realizar sus fines parcialmente, La Sociedad de las Naciones fue fundada en 1920 como una consecuencia del Tratado de Versalles, que dos años antes dio fin a la Primera Guerra Mundial. Tuvo’ sede en Ginebra y se propuso mantener la paz, arbitrar en los conflictos internacionales, impedir las agresiones y fomentar la cooperación entre todos los países. Fracasó desde un principio: no pudo detener al nazifascismo en sus ataques a China (1931), a España y Etiopía (1936) y a Polonia (1939). Aunque prácticamente dejó de funcionar al comienzo de la Segunda Guerra, sólo se acordó su disolución hasta 1946. Sus archivos fueron trasladados a la ONU) representan el ataque orgánico a este problema, el ataque que viene de adentro del propio complejo de la historia, cuyo éxito, por escaso que fuere, será bienvenido. El Instituto Internacional de Cooperación Intelectual descubre, hasta por su nombre, el motor que anima estos empeños: la inteligencia. (Aquí, como en mis palabras del Día Americano, recogidas en Tentativas y orientaciones, sólo cito las instituciones oficiales para que se vea que las nuevas aspiraciones de que vengo tratando de tal modo invaden ya nuestro ambiente, que no sólo se manifiestan en las zonas renovadoras de la oposición, sino que han fundado’ ya cuarteles en el centro mismo de la zona conservadora. El cosmopolitismo, que por un extremo es perseguido por la policía como elemento disolvente, por el otro extremo recibe, en Ginebra, el acatamiento de los Estados).

Notaréis que este cuadro registra tácitamente un paulatino advenimiento al poder de las clases que ahora se llaman clases universitarias. El ideal de unificación ya da más francamente la cara y no se sonroja de sí mismo. Se le llama ideal de paz, y es la más noble conquista de la inteligencia. Porque, aunque, hablando con toda la crueldad de la filosofía, el ser del Estado se confunda en última instancia con el ser del ejército, nadie ha dicho que lo que se engendró en la guerra tiene que seguir siendo bélico. Sobre todo cuando, como en el caso, la necesidad bélica no es su fundamento. Al contrario, en apaciguar y convertir a más altos fines los impulsos atávicos está el sentido de la humanidad. También hay sociólogos que nos demuestren, con metáforas biológicas, que el hombre es originariamente un animal de rapiña: tiene —dicen— los ojos de frente para fascinar a la presa, como todos los seres que se alimentan con la vida de los demás; en tanto que los animales no rapaces viven de plantas y yerbas, y tienen los ojos de costado, a la defensiva, para ver venir la amenaza y escapar a tiempo. Concluir de aquí, como lo hacen estos sociólogos, que el hombre debe procurar desarrollar en sí mismo su rapacidad prehistórica, no pasa de ser una chabacanería lamentable. Yo sé que la biología debe entrar con mucha cautela y pisando de puntillas en el terreno de la sociología. También nos enseña la historia natural que las alas de las aves pueden haber sido, en un principio, meros órganos respiratorios, como las branquias de los peces. Suponed que la mano —me avergüenza decirlo— os haya sido dada para matar. Habéis hecho de ella —sea en buen hora— el menestral de todas las artes y el ministro de la amistad.

Hasta aquí hemos recorrido la vida y fortunas de la inteligencia en su proceso físico y en su proceso espiritual de unificación, cuando trabaja sobre la materia natural o sobre la materia histórica: sobre la tierra o sobre el hombre. Pero la inteligencia trabaja también como agente unificador sobre su propio ser inefable, sobre la inteligencia misma, y entonces se llama cultura. Ya no es el proceso físico —nivelación geográfica—, ya no es el proceso histórico —cosmopolitismo—; ahora es el proceso intelectual de la inteligencia (si se me permite ésta expresión algo alambicada), el cual se desarrolla en el pasado, se recoge en el presente y se orienta hacia el porvenir. La continuidad que así se establece es la cultura, la obra de las musas, hijas de la memoria. Este punto, aparentemente, no necesita mayor desarrollo que su simple enunciado. Todos, en efecto, estamos convencidos de que asegurando el presente afirmamos el porvenir y, en cierto sentido, satisfacemos aquel anhelo de perpetuación y perennidad que está escrito en nuestras almas. Todos debiéramos estar convencidos de que la manera de asegurar el presente es asimilar el pasado. ¿Lo estamos de veras?

Comencemos otra vez por alejar la intrusa sombra que acompaña y a veces esconde a cada pensamiento. Asimilar el pasado no es ser conservador sistemático, ni retrógrado en el sentido vulgar de la palabra. Os habla el ciudadano de una república que no dudó en ponerse a sí misma en tela de juicio para esclarecerse a sus propios ojos, para darse a luz. La transformación mexicana, al disiparse el humo de los combates, descubre frente a sí el espectáculo del ser mexicano, de la tradición nacional, de la cual las vicisitudes históricas nos habían venido alejando insensiblemente al correr del siglo XIX. Hablo aquí de tal transformación como un fenómeno total, superior a los gustos individuales, a los partidos y a las personas, superior a sus directores. Lo que ha salido a flor de patria —la gran preocupación por la educación del pueblo y el desarrollo incalculable de las artes plásticas y la arqueología— son movimientos de perfecta relación histórica, que rectifican un titubeo anterior de descastamiento: se afianzan sobre el pasado vetusto y trascendente, recogiendo cada nota de la melodía que dan los siglos; se inspiran en él, lo aprovechan como resorte del presente y, sobre este resorte, saltan con robusta confianza sobre el mar movible del porvenir.

Recientemente, en un diario madrileño, Azorín comentaba con lucidez las palabras del jefe del gabinete español, don Manuel Azaña: “Soy el español más tradicionalista que hay en la Península”; y hacía ver que, entre los tres órdenes políticos que hoy emplean en España la palabra tradición con singular frecuencia —el carlista partidario del absolutismo, el monarquista constitucional alfonsino, ambos conservadores, y por último el gobierno republicano surgido de la revolución—; es éste, es el revolucionario Azaña, quien abarca, en su visión nacional, mayor cantidad de historia, de pasado, de ser español. Todo esto es para deciros que la idea de continuidad, de cultura, de unificación de la inteligencia en el seno de su propia sustancia, nada tiene de común con lo que la gente llama pasatismo, derechismo, reacción, u otras nociones de este jaez que hemos dejado a media calle antes de llegar a esta sala, porque ellas pueden corresponder a realidades inmediatas, pero no tienen cara filosófica con que presentarse. No se trata aquí de querer traducir el presente hacia el pasado, sino, al contrario, el pasado hacia el presente. El aprovechamiento de una tradición no significa un paso atrás, sino un paso adelante, a condición de que sea un paso orientado en una línea maestra y no al azar. Por lo demás, no todo lo que ha existido funda tradición. Si así fuera, la historia sería una ciencia matemática; un asunto de cómputo cuantitativo y no, como lo es, un asunto de selección cualitativa. Y repito ahora mi pregunta. Aun purificada así la idea, ¿estamos seguros de creer que, tamizando y cerniendo finamente el pasado —porque en todo hay que separar el grano de la paja—, hacemos un servicio al presente? Debiéramos estar seguros, no cabe la menor duda. Pero ello es que no lo estamos. Tal es, y no la crisis exterior, la mayor dolencia de nuestra época. Hablemos con sinceridad: hoy se nos repite mucho que el pasado está en quiebra y que toda la humanidad, antes de nosotros, se ha equivocado. Un placer de la ruptura histórica preside a estas apreciaciones. Ello merece analizarse.

Alfonso Reyes Atenea Política 

Desde que la leí no hace mucho unos 20 años aproximadamente, me impresionó tanto que desde ese momento la Atenea Política se ha convertido en mi libro de cabecera, la releo con mucha frecuencia, la consulto, recurro a ella cuando la incertidumbre y los turbulentos acontecimientos del vertiginoso y bélico presente me perturban y nublan mi entendimiento de la realidad. Cuando repito y no pienso las cosas…

La obra completa la he compartido varias veces en presentaciones editadas con la biografía del maestro, notas relevantes de importantes escritores, enlaces y otras cosas más.

Hoy seleccioné un fragmento en el que desarrolla “la idea de cosmopolitismo” –fenómeno ahora más conocido como globalización- espero les agrade y les sea de utilidad su lectura, saludos fraternales y un abrazo solidario.

Jesús Torres Navarro.

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ALFONSO REYES (1889-1959). “La obra de Alfonso Reyes —señala Carlos Fuentes— es una carga de dinamita a largo plazo. Como todo gran escritor, sembró de señales para el futuro el terreno yermo del presente. Como todo gran mexicano, tendió un puente para el porvenir que él entendió ajeno a esos fatalismos empobrecedores y enajenantes; un porvenir que él quiso radicar en proyectos de la inteligencia y la voluntad.”

Reyes nació en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo. Murió en la ciudad de México, el 27 de diciembre. Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Hizo estudios en las escuelas particulares de su ciudad natal, en el Liceo Francés de México, en el Colegio Civil de Nuevo León, en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Facultad de Derecho de la Universidad de México, donde obtuvo el título de abogado en 1913. En 1909, junto con Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña y otros, funda el Ateneo de la Juventud. En 1911 publica los ensayos Cuestiones estéticas. En 1913 es fundador de la Cátedra de Historia de Lengua y Literatura Españolas en la Escuela Nacional de Altos Estudios. Se le designa segundo secretario de la Legación de México en Fran-cia. Se establece en España desde fines de 1914, consagrándose al periodismo y a la literatura. Trabaja en el Centro de Estudios Históricos de Madrid y en la Revista de Filología Española, que dirige Ramón Menéndez Pidal, y en El Sol, bajo la dirección de José Ortega y Gasset. En 1917 edita Visión de Anáhuac y El suicidio, narraciones, y el ensayo Cartones de Madrid. Traduce del inglés Ortodoxia, de G. K. Chesterton. Se le designa, en 1920, segundo secretario de la Legación en España. Obras: Retratos reales e imaginarios (ensayos) y El plano oblicuo (narraciones). Al año siguiente asciende a primer secretario de la Legación en Madrid. Ese mismo año comienza a publicar los cinco volúmenes de Simpatías y diferencias, ensayos que concluye en 1926. En 1921, también, los ensayos y divagaciones El cazador y la traducción de El candor del Padre Brown, de Chesterton. En 1922 ya es encargado de negocios a. i. en España. Traduce y prologa El hombre que fue jueves, de Chesterton. Escribe los poemas Huellas. En 1924 regresa a México. Se le designa Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Francia, cargo que mantiene hasta 1927. Publica su tragedia en verso Ingenia cruel y los ensayos Calendario. En 1926 sus poemas Pausa. Al terminar su cargo en Francia se le designa, con el mismo carácter, en Argentina, en 1927, hasta 1930. Aparece Cuestiones gongorinas, ensayos. En 1931 5 casi sonetos y Discurso por Virgilio. En 1932 lee Atenea Política en Río de Janeiro, en el Club Reforma, Facultad de Derecho en el Palacio de Tamaraty, que luego apareció en folleto privado. En 1933 aparece publicada en Santiago de Chile, editorial Fax de Carlos Césarman. Aquí se reproduce esta Atenea Política que forma parte de los textos que Reyes escribió en defensa del papel de la cultura en nuestra sociedad.

En 1934 regresa a México y publica sus poesías Golfo de México y Yerbas de Tarahumara. En 1935 reasume su Embajada en el Brasil y edita Minuta, poemas. El año 37 es fecundo: Cantata en la tumba de Federico García Lorca, Tránsito de Amado Nervo, Idea política de Goethe y Las vísperas de España, ensayos. Regresa a México en 1938 y luego se le nombra Comisionado Especial en el Brasil, con categoría de Embajador. Publica Homilía por la cultura y su traducción Mallarmé entre nosotros.

Reyes fue un hombre de ideas políticas y de posición política. Su cultura lo llevó a señalar que “quiero el latín para las izquierdas, porque no veo ventaja de dejar caer conquistas ya alcanzadas”; la tradición cultural, pues, no para el disfrute de unos pocos, sino para el engrandecimiento de los muchos. Su posición política no fue abstracta posición neutra, sino confesada filiación. Tal es el caso de la guerra de España. Perdida ésta en 1939, e iniciada ya la Segunda Guerra Mundial escribe: “Cuando la violencia, la impudicia, la barbarie y la sangre se atreven a embanderarse como filosofías políticas, la duda no es posible un instante. Nuestro brazo para las izquierdas: cualesquiera que sean sus errores en defecto o exceso sobre el lecho de Procusto de la verdad pura, ellas pugnan todavía por salvar el patrimonio de la dignidad humana, hoy tan desmedrado, hoy tan amenazador.

El año 39 regresa definitivamente a México. Preside el patronato de la Casa de México, transformada en 1940 en Colegio de México, cuya Junta de Gobierno .presidió hasta su muerte. Publica la primera parte de Capítulos de literatura española. En 1941 es catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Publica La crítica en la Edad Ateniense y Pasado inmediato. En 1942 las universidades de Tulane, Nueva Orleáns y Harvard, le conceden el título Doctor en letras, Honoris Causa. Libros: La antigua retórica, La experiencia literaria y Última Tule. En 1944 El deslinde, Prolegómenos a la teoría literaria y Tentativas y orientaciones. En 1945 recibe el Premio Nacional de Literatura. Miembro de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México, hasta su muerte. Aparece la segunda serie de Capítulos de literatura española y los ensayos: Tres puntos de exegética literaria y Norte y Sur. La Universidad de La Habana le concede el Doctorado Honoris Causa en 1946. Libros: Los trabajos y los días. 1948 es otro año de gran producción: Cortesía, poemas suyos y ajenos; Letras de la Nueva España, Panorama de la religión griega y traduce la Historia de la literatura griega, de C. M. Bowra.

De 1949 a 1955, fecha esta última en que comienzan a publicarse sus obras completas, aparecen entre otras: Junta de sombras, La X en la frente, la primera y segunda partes de Marginalia, Trayectoria de Goethe, Parentalia y Presentación de Grecia; traduce La Ilíada, tomo I: Aquiles agraviado.

En 1959, fallece a finales de año, culmina sus trabajos con La filosofía helenística y la tercera serie de Marginalia.

Este inmenso escritor, como dice Roberto Fernández Rey amar, “en medio de la violencia, de los cataclismos, del dolor personal, sintió hundirse sus raíces en su pueblo y encontró un idioma universal para decirlo”.

atenea-politica-reyes-alfonso-21335-MLA20209043749_122014-F Enlace a la publicación con la obra completa:

https://jestoryas.wordpress.com/2015/08/16/alfonso-reyes-atenea-politica/

Río de Janeiro, 4, V, 1932. Obras Completas. Tomo XI, pp. 182-203.

México, Fondo de Cultura Económica.