Las edades de Lulú, de Almudena Grandes: Liberación sexual, ¿en serio? — Revista Palabrerías

Cuando una mujer puede elegir participar en las prácticas del sadismo cultural,esta elección no implica ni libertad ni liberación sexual.La liberación personal en un estado de esclavitud es imposible. Kathleen Barry Generalmente una gran parte de la crítica literaria habla de Las edades de Lulú como una novela reivindicadora de la sexualidad femenina, hay quienes […]

a través de Las edades de Lulú, de Almudena Grandes: Liberación sexual, ¿en serio? — Revista Palabrerías

Cuando una mujer puede elegir participar en las prácticas del sadismo cultural,
esta elección no implica ni libertad ni liberación sexual.
La liberación personal en un estado de esclavitud es imposible.

Kathleen Barry

Generalmente una gran parte de la crítica literaria habla de Las edades de Lulú como una novela reivindicadora de la sexualidad femenina, hay quienes incluso la califican de feminista; por ejemplo, Maginn y Bermúdez opinan que el hecho de que Lulú haya salido en busca de su propio placer representa en sí mismo un éxito ante el sistema imperante y, en realidad, es ella quien escoge libremente regresar con Pablo. Sin embargo, me propongo cuestionar esto mediante un análisis feminista (radical) de la relación que sostienen Lulú y Pablo.

Uno de los aspectos más comúnmente criticados de la novela es el componente de incesto (un ejemplo de ello es el texto de Euisik Kim, “La dualidad del personaje masculino en Las edades de Lulú de Almudena un”), presentado en las fantasías de Pablo y Lulú, principalmente cuando ella tiene un sueño en el cual es hija de Pablo y mantienen relaciones sexuales. Esa cuestión, para mí, es la menos preocupante de todo el asunto cuando “en el hogar es donde suceden casi seis de cada 10 agresiones” (Arteta) y, claramente, lo que sucede en el sueño es más una agresión sexual:

. . . empezó a calzarme consoladores . . . al final me metió uno horrible, que me hacía mucho daño. Tú estabas encantado y dijiste, ese, ese, entonces él lo empujó un poco más y se me quedó dentro, todo, y no podía sacármelo, lloré y protesté, no quiero este, te lo dije bien claro, pero tú te fuiste a la caja, pagaste, me ayudaste a levantarme y me sacaste fuera . . . Cuando entramos en el coche el chofer se interesó por mí y tú me levantaste la falda para que lo viera, él me metió la punta de un dedo y exclamó, la talla 56, magnífico . . .

(Grandes 142)

En ese contexto, aunado al hecho de que Pablo fantaseaba y se masturbaba con la imagen de Lulú “desnuda, oliendo el camisón y repitiendo en voz baja, me ha cambiado el olor” (Grandes 116) cuando ella todavía no cumplía ni los doce años, la afirmación de él, “Sería muy feliz si tuviera una hija como tú” (Grandes 143), debería alertarnos de que nos encontramos, cuando menos, frente a un pedófilo.

Incluso, es posible ir más allá y hablar de pederastia. Aunque Pablo alega “claro que te imaginaba más mayor” (Grandes 143) y espera algunos años para hacer algún avance físico, Lulú tenía solamente quince años la primera vez que tienen sexo, mientras que él tenía 27. De hecho, en esa ocasión, él decide afeitar el vello púbico de Lulú, aunque ella no quiere, diciéndole “eres muy morena, demasiado peluda para tener quince años. No tienes coño de niña. Y a mí me gustan las niñas con coño de niña” (Grandes 54-55) y, un poco más adelante, “Eres una niña especial, Lulú, redonda y hambrienta, pero una niña al fin y al cabo” (Grandes 57).

Por otra parte, se retrata claramente, al menos, una violación la segunda vez que Lulú y Pablo “tienen sexo”:

Entonces, cuando menos lo esperaba, me dio la vuelta, me puso la zancadilla con su pie derecho, me derribó encima de la alfombra y se tiró encima de mí. Aprisionó mis muslos entre sus rodillas para bloquear mis piernas y dejó caer todo su peso sobre la mano izquierda, con la que me apretaba contra el suelo, entre mis dos omoplatos . . . Estate quieta, Lulú, no te va a servir de nada, en serio… Lo único que vas a conseguir, si sigues haciendo el imbécil, es llevarte un par de hostias . . . Además, tú tienes la culpa de todo . . . Luego ya no pude hablar, el dolor me dejó muda, ciega, inmóvil, me paralizó por completo. Jamás en mi  vida había experimentado un tormento semejante. Rompí a chillar, chillé como un animal en el matadero, dejando escapar alaridos agudos y profundos, hasta que el llanto ahogó mi garganta y me privó hasta del consuelo del grito, condenándome a proferir intermitentes sollozos débiles y entrecortados que me humillaban todavía más, porque subrayaban mi debilidad, mi rotunda impotencia frente a aquella bestia que se retorcía encima de mí, que jadeaba y suspiraba contra mi nuca, sucumbiendo a un placer esencialmente inicuo, insultante, usándome … me estaba usando, tomaba de mí por la fuerza un placer al que no me permitía ningún acceso . . . Sus embestidas se hicieron cada vez más violentas, se dejaba caer sobre mí, penetrándome con todas sus fuerzas, y luego se alejaba, y yo sentía que la mitad de mis vísceras se iban con él . . . no era capaz de percibir nada más que dolor…

#NoJusticeNoPeace | Patrullas de esclavos

a través de #NoJusticeNoPeace | Patrullas de esclavos

Cuando Trump fue elegido, «Rudy» Giuliandijo: “Esto es como el triunfo de Andrew Jackson. El triunfo del pueblo sobre el poder establecido”. Giuliani persiguió a los «sin techo», agredió a las personas afamadas y/a favor de poderosos intereses financieros, —de los peores crímenes que se pueden cometer. Sobre Jackson y su legado también opinó Trump (en su campaña electoral): “Andrew Jackson tuvo una gran historia”; Trump se negó a remplazar -en el billete de $20 la cara de Jackson, por la de la abolicionista Harry Tubman.

Sin la esclavitud, Estados Unidos no existiría tal como hoy es

La presidencia de Andrew Jackson (1829 – 1837) marcó una descomunal expansión de la esclavitud gracias a su masiva limpieza étnica violenta de los pueblos indígenas, junto al populismo racista más extremo y los indecibles horrores que esto implicó . —El hecho de que individuos como Rudolph Giuliani, desde su propia plataforma fascista y Trump, celebren el legado de Andrew Jackson, prefigura el tipo de sociedad estadounidense construida […] a menudo expresada en términos de “democracia ideal”. Cuando en verdad, es una forma de dictadura de clase que impone y facilita las relaciones de producción capitalistas y todo el sistema capitalista de explotación y opresión.
Adam Goodheart, en su libro 186110, dice: “en el período previo a la Guerra Civil, el valor monetario total de los esclavos en Estados Unidos era mayor que el valor total de todas las fábricas y ferrocarriles”. —Papel crucial que jugó la esclavitud en el desarrollo de la economía estadounidense.

Patrullas de esclavos: una forma temprana de vigilancia estadounidense

“Yo [nombre del patrullero], lo juro, que buscaré armas, espadas y otras armas entre los esclavos en mi distrito, fielmente y de la forma más privada posible, descargaré la confianza depositada en mí como lo indica la ley, a lo mejor de mi poder. Así que ayúdame, Dios.
-Juramento del patrullero esclavo, Carolina del Norte, 1828.

William Shakespeare

https://es.wikipedia.org/wiki/William_Shakespeare?wprov=sfla1

https://es.m.wikipedia.org/wiki/William_Shakespeare 

William Shakespeare (pronunciado [ˈwɪljəm ˈʃeɪkspɪə(ɹ)] ; Stratford-upon-AvonWarwickshireReino de Inglaterrac. 23 de abril de 1564jul. – ib., 23 de abriljul.3 de mayo de 1616greg.) fue un dramaturgopoeta y actor inglés. Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon (o simplemente el Bardo), Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal.Este artículo tiene referencias, pero necesita más para complementar su verificabilidad.«Shakespeare» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Shakespeare (desambiguación).Datos rápidos: Apodo, Nacimiento …

Según la Encyclopædia Britannica, «Shakespeare es generalmente reconocido como el más grande de los escritores de todos los tiempos, figura única en la historia de la literatura. La fama de otros poetas, tales como Homero y Dante Alighieri, o de novelistas tales como León Tolstoy o Charles Dickens, ha trascendido las barreras nacionales, pero ninguno de ellos ha llegado a alcanzar la reputación de Shakespeare, cuyas obras hoy se leen y representan con mayor frecuencia y en más países que nunca. La profecía de uno de sus grandes contemporáneos, Ben Jonson, se ha cumplido por tanto: “Shakespeare no pertenece a una sola época sino a la eternidad”».

El crítico estadounidense Harold Bloom sitúa a Shakespeare junto a Dante Alighieri, en la cúspide de su «canon occidental»: «Ningún otro escritor ha tenido nunca tantos…

Me sucede […]

a través de Me sucede […]
Me Sucede
Escrito por: Loli el 19 Abr 2014 – URL Permanente
Luis Ricardo Falero. (La salida de las brujas, 1878)
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Pensar en determinadas personas que tienen la ‘fortuna’ de vivir, una mejor vida respecto a tantísimas otras.

Imaginar gentes que poseen ese ‘algo’ que no se sabe bien, que no se encuentra y de procedencia desconocida; haciéndoles aparecer ante los demás de manera diversa, interesante, hasta felices. Consideraciones que con frecuencia toman la debida distancia respecto a la realidad empírica y ávida de traiciones.

Personas maravillosas, que son punto de mira por el modo en el que se muestran, de ellas llama la atención poderosamente su excelencia elocuencia. Abducen particularidades, que efectivamente, despertarían curiosidad inclusive al gato más haragán, consagrado a la maestría del sabelotodo.
“Se dice, cuenta, rumorea… que ‘callejea’ el gato y la gata por simple curiosidad al mica/o, siendo además algo que se ha vuelto punto y lugar de encuentro común. Así qué por mi bien, será mejor que me acostumbre a las nuevas revelaciones; de por sí nada creíbles”.

Admito haber creído en sus frases, en sus palabras y recuerdos custodiados en su mente y amparados por su genial memoria, capaces de hacerme soñar como la única protagonista de su infinita fábula.

La vehemencia con la que ha sabido referir a la vida un momento concluido, jamás vivido, ¡ejem! ahora me sorprende. Letras vinculadas a fantasear y no pocas, sirvieron de ayuda en el arduo cometido de hacerme creer, no obstante todo.

Ha sido igualmente y gracias a ellas que he sido capaz de llevarlo a cabo, aún tratándose de ese ‘algo’ que no me pertenecía. La objetividad combinada y las diferentes tomas escogidas, dadas por buenas, fueron recibidas inesperadamente y sin demora para volver a hacerme soñar.

Y soñar, no causa daño más bien al contrario ¿verdad? Deseo creer que todavía existe lugar para continuar.

Loli

Basta con la retórica: todo irá bien; resistiré

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En mi blog […] No estamos en guerra y (lo expuse ya aquí: ¡Estamos en guerra! Coronavirus y sus metáforas) el enemigo es todo menos invisible. Sobre esto, Bertolt Brecht escribió estos versículos memorables: “En el momento de marchar, muchos no saben que el enemigo está marchando a la cabeza. La voz que les ordena es la voz de su enemigo. Y el que habla del enemigo es él mismo el enemigo.”

Vértigo

a través de Vértigo

Dejarme Vislumbrar...

… Perseguir.

Mientras permanezco suspendida en el tiempo que sin avisar me enviste.

Perdiéndome en su transcurrir, sucedáneo de pensamientos...

… Me lancé desde lo más elevado, planeando la caída, divisando atenta el gris cobalto del asfalto, lívido, arañando su más inverosímil textura… propuestas pasadas desde una cúspide improponible, dantesca.

Carente de reflexión en una prisa que aprieta, que desnuda la insensatez, desvelé la invisible nube que un día posó sobre mi piel lluvia ácida a raudales.

El descubrir en mis talones cardenales que el tiempo ha sanado, no sin la presente aflicción que carece, ni conoce dimensiones.

Ahora eludo la premura, rehuyo acurrucarme bajo los brazos del impulso, dejando paso al transcurrir de las horas que marcan la precariedad transitoria del tiempo, espacio, el infinito.

Y espero, atrapada por el presente que me embauca...

… Sortear instantes que aún a errar me instigan.

Loli Lopesinos.

Virginia Woolf – Matar a “El Ángel de la Casa” — Comienzo de 0

En su perseverancia hacia la igualdad, Virginia Woolf mantuvo una misiva profética: «En el futuro las mujeres escribirán menos pero mejores novelas, y no solo novelas, sino también poesía, crítica e historia. (…) La mujer tendrá aquello que le ha sido negado durante tanto tiempo: tiempo libre, dinero y una habitación propia». «Bien poco se […]

a través de Virginia Woolf – Matar a “El Ángel de la Casa” — Comienzo de 0

En su perseverancia hacia la igualdad, Virginia Woolf mantuvo una misiva profética: «En el futuro las mujeres escribirán menos pero mejores novelas, y no solo novelas, sino también poesía, crítica e historia. (…) La mujer tendrá aquello que le ha sido negado durante tanto tiempo: tiempo libre, dinero y una habitación propia». «Bien poco se sabe de las mujeres»… Esta frase, del artículo «Las mujeres y la narrativa», es tan simple, como rotunda. Y totalmente cierta.

El fragmento recogido a continuación pertenece a una conferencia que Woolf dio en Londres, 1931, relativa a “Profesiones para la mujer” y donde evoca el momento en que una joven (ella misma), se dispone a escribir la reseña de un libro escrito por un hombre famoso. Virginia rompió con la retórica dominante del siglo XIX y con la concepción de la mujer siempre abnegada y carente de necesidades propias; misoginia o manera en que las mujeres son representadas y cosificadas:

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… Descubrí que si quería dedicarme a la crítica de libros, tendría que librar una batalla con cierto fantasma. Y este fantasma era una mujer, y, cuando conocí mejor a esta mujer, le di el nombre de la protagonista de una famosa poseía, << El Ángel de la Casa>>. Ella era quien solía obstaculizar mi trabajo, metiéndose entre el papel y yo, cuando escribía reseñas de libros. Ella era quien me estorbaba, quien me hacía perder el tiempo, quien de tal manera me atormentaba que, al fin, la maté. Vosotras, que pertenecéis a una generación más joven y feliz, quizá no hayáis oído hablar de esta mujer, quizá no sepáis el significado de mis palabras cuando me refiero al Ángel de la Casa. La describiré con la mayor brevedad posible. Era intensamente comprensiva. Era intensamente encantadora. Carecía totalmente de egoísmo. Destacaba en las difíciles artes de la vida familiar. Se sacrificaba a diario. Si había pollo para comer, se quedaba con el muslo; si había una corriente de aire, se sentaba en medio de ella; en resumen, estaba constituida de tal manera que jamás tenía una opinión o un deseo propios, sino que prefería siempre adherirse a la opinión y al deseo de los demás.

Huelga decir que, sobre todo, era pura. Se estimaba que su pureza constituía su principal belleza. Su mayor gracia eran sus rubores. En aquellos tiempos, los últimos de la reina Victoria, cada casa tenía su Ángel. Y, cuando comencé a escribir, me tropecé con él, ya a las primeras palabras. Proyectó sobre la página la sombra de sus alas, oí el susurro de sus faldas en el cuarto. Es decir, en el mismo instante en que tomé la pluma en la mano para reseñar la novela escrita por un hombre famoso, el Ángel se deslizó situándose a mi espalda, y murmuró: ‘Querida, eres una muchacha, escribes acerca de un libro escrito por un hombre. Sé comprensiva, sé tierna, halaga, engaña, emplea todas las artes y astucia de nuestro sexo. Jamás permitas que alguien sospeche que tienes ideas propias. Y, sobre todo, sé pura’ y el Ángel intentó guardar mi pluma.

Y ahora os voy a contar el único hecho del que, en cierta medida, me enorgullezco, a pesar de que el mérito corresponde a algunos excelentes antepasados que me dejaron un poco de dinero -¿digamos quinientas libras anuales?-, por lo que no tenía necesidad alguna de depender exclusivamente de mi encanto para vivir. Me volví hacia el Ángel y le eché las manos en el cuello. Hice cuanto pude para matarlo. Mi excusa, en el caso de que me llevaran ante los tribunales de justicia, sería la legítima defensa. Si no lo hubiera matado, él me hubiera matado a mí. Hubiera arrancado el corazón de mis escritos. Sí, por cuanto, en el mismo momento en que puse la pluma sobre el papel, descubrí que ni siquiera la crítica de una novela se puede hacer, sin tener opiniones propias, sin expresar lo que se cree de verdad de las relaciones humanas, de la moral y del sexo.

Y, según el Ángel de la Casa, las mujeres no pueden tratar libre y abiertamente estas cuestiones. Deben servirse del encanto, de la conciliación, deben, dicho sea lisa y llanamente, decir mentiras, si quieren tener éxito. En consecuencia, siempre que me daba cuenta de la sombra de sus alas o de la luz de su aureola sobre el papel, cogía el tintero y lo arrojaba contra el Ángel de la Casa. Tardó en morir. Su naturaleza ficticia lo ayudó en gran manera. Es mucho más difícil matar a un fantasma que matar una realidad. Siempre regresaba furtivamente, cuando yo imaginaba que ya lo había liquidado. Pese a que me envanezco de que por fin lo maté, debo decir que la lucha fue ardua, duró mucho tiempo, tiempo que yo hubiera podido dedicar a aprender gramática griega, o a vagar por el mundo en busca de aventuras. Pero fue una verdadera experiencia, una experiencia que tuvieron que vivir todas las escritoras de aquellos tiempos. Entonces, dar muerte al Ángel de la Casa formaba parte del trabajo de las escritoras.”
— Woolf, Virginia

Que Virginia Woolf es una maravillosa novelista, es conocido por una inmensa mayoría; aunque no siempre somos conscientes de que además de novelista, es también una maravillosa cuentista, diarista, autobiógrafa y ensayista. Ocupó un lugar especial, aquí mismo: Virginia Woolf. “Poetisa del 900. Tenaz y Persistente”.

— Loli Lopesino
Imágenes: Web

La cárcel, los libros y la infancia del Marqués de Sade — Liberoamérica

En sus misivas se refleja el Sade encarcelado como animal de presa, el airado, el melancólico, el violento, pero también el tierno. Con hojas blancas y tinta retrata su decepción, su odio, la injusticia de la que se cree víctima, el deseo de ser libre, los afanes por la familia y las peticiones de libros […]

a través de La cárcel, los libros y la infancia del Marqués de Sade — Liberoamérica

En sus misivas se refleja el Sade encarcelado como animal de presa, el airado, el melancólico, el violento, pero también el tierno. Con hojas blancas y tinta retrata su decepción, su odio, la injusticia de la que se cree víctima, el deseo de ser libre, los afanes por la familia y las peticiones de libros de su agrado.


“Durante once años de cautiverio agoniza un hombre y nace un escritor.”

Simone de Beauvoir

Si el Marqués de Sade en libertad fue el prototipo de hombre libertino, en la cárcel fue enteramente un niño. Una extraña conversión producto del terror y la locura que empezaba a invadirlo debido a su encierro y al roce con los demás condenados. En correspondencia con su esposa, y con tremenda sinceridad afirma:

…pero, hay tantas cosas miserables y pueriles que, al llegar aquí, me creí transportado a la isla de los Liliputienses, donde los hombres, no midiendo más que ocho pulgadas, deben tener maneras de actuar análogas a su estatura. Por último, he acabado figurándome que solo tengo 12 años -es más honesto que si creyera que son los demás quienes los tienen-  y la idea de volver a hallarme entre la infancia disminuye un poco la pena que sentiría un hombre razonable al verse tratado así. ” (Carta a la señora de Sade. 18 de abril de 1777)

Contrario a la posición que de él da cuenta Simone de Beauvoir, la prisión no era en ninguna forma una metáfora en Sade, ya que esta realidad desencarnada, y para nada hecha literatura, no hacía juego con su deseo de tener sábanas nuevas, pañuelos, bombones, chocolates, libros y demás artilugios lúdicos que pedía a su esposa y amigas para escapar al horror de su soledad.

Si Donatien Alphonse François de Sade gusta de la soledad, ese espacio donde crea sus maravillosas obras literarias, lo es al estar entre la gente, entre orgías y bajo la sombra de su libertad y no confinado entre cuatro paredes.  Si sus vicios lo destierran a la soledad, en la cárcel la soledad lo condena a vivir sin vicios, entregado a una pura mentalidad infantil para lograr sobrevivir.

Sabe que, en la ley del más fuerte, él es impotente. Por eso en el presidio es un animal manso que se deja pasar la mano por su melena sin que muestre sus dientes rabiosos. No hay otra alternativa.  Sade es enteramente femenino y como tal debe maquinar intrigas para mantenerse a flote entre criminales, pedófilos, chevaliers de la manchette, terroristas y asesinos de vocación.  Comprende que un simple error puede costarle la vida.  Ama su prestigio como aristócrata como para pretender dominar a otros que son más fuertes que él. En Vincennes no tiene jurisdicción. Si es fuerte, lo es entre los débiles, entre mujeres y jovenzuelos que subyuga en sus orgías y atrocidades sexuales.

Jean Paul Sartre había dicho en su obra Dios y el diablo que una persona mala necesita del mal para existir, y por eso Sade no existe en prisión, es decir, no existe, no porque no sea malo, sabemos que ha causado mal a otros, sino porque no puede hacer el mal. Entre las tinieblas que permanece, la oscuridad no resplandece para él, es homogénea. Para vivir encerrado y escribir desde Vincennes, debe ser un caballo salvaje.

Allí es, entonces, donde en su encierro adquiere nuevas virtudes a fuerza de volverse loco: interpreta a los hombres a quienes llama animales de señales, refiriéndose al lenguaje carcelario de las miradas, las expresiones, los silencios y los gritos, y también a la única forma en que su esposa y amigos se hacían presente: la correspondencia.  

Las bestias feroces que me rodean, inventan cada día una humillación nueva, haciendo mi destino más atroz; infiltran gota a gota en mi corazón el veneno de la adversidad, cuentan mis suspiros con deleite y, antes de cebarse con mi sangre, se bañan con mis lágrimas.” (Palabras de Antonieta en la Conserjería)

En sus misivas se refleja el Sade encarcelado como animal de presa, el airado, el melancólico, el violento, pero también el tierno. Con hojas blancas y tinta retrata su decepción, su odio, la injusticia de la que se cree víctima, el deseo de ser libre, los afanes por la familia y las peticiones de libros de su agrado. Pero no es una correspondencia fluida y pasa largos intervalos sin comunicarse.  Los entreactos de su vida son demasiado largos.

Ante esto, no tiene alternativa en su drama que llorar solo. En su celda tiene varios compañeros, seis ratones con los cuales discute e intenta capturar para lograr conciliar el sueño. Pide al carcelero un gato en la sala para acabar con el problema, pero le afirman que “los animales están prohibidos.” Anonadado contesta: “pero, seréis bestias, si los animales están prohibidos, también deben estarlo las ratas y los ratones”. Con indiferencia le responden: “es diferente”. Asunto terminado…

La literatura me ha producido riqueza. Roberto Bolaño — Los cuadernos de Vieco

¿Para qué le ha servido a usted la literatura? Podría dar una respuesta aparentemente poética: “Para no morirme”. Pero es falso: yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optad… Origen: La literatura me ha producido riqueza, Roberto Bolaño – Calle del Orco

a través de La literatura me ha producido riqueza. Roberto Bolaño — Los cuadernos de Vieco

Para qué le ha servido a usted la literatura?

Podría dar una respuesta aparentemente poética: “Para no morirme”. Pero es falso: yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optado por la literatura. A mí la literatura me ha servido básicamente para leer. En el momento en que decido que voy a ser escritor, me pongo a leer. Y gracias a la literatura he podido leer libros maravillosos, increíbles, como encontrar tesoros. Y en mi vida, que ha sido más bien nómade y de una pobreza extrema en ocasiones, leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y ha sido mi elegancia. Podía estar en cualquier situación y si leía a Horacio, por ejemplo, el dandy, el que estaba viviendo por encima de sus posibilidades era yo, siempre. La literatura me ha producido riqueza. Es riqueza.

Sentipensante ©by mabm — TEJIENDO LAS PALABRAS

Digo las cosas como las pienso. Y las pienso como las siento. Hay quien me recrimina, sin haberles pedido su maldita opinión, que soy demasiado sincera y que no están acostumbrados a tanta sinceridad. Y les respondo que yo no estoy acostumbrada a tanta hipocresía. Quizás sea este maldito encierro secuestro que ya me […]

a través de Sentipensante ©by mabm — TEJIENDO LAS PALABRAS

Digo las cosas como las pienso. Y las pienso como las siento. Hay quien me recrimina, sin haberles pedido su maldita opinión, que soy demasiado sincera y que no están acostumbrados a tanta sinceridad. Y les respondo que yo no estoy acostumbrada a tanta hipocresía.

Quizás sea este maldito encierro secuestro que ya me hace delirar, o tal vez que las musas han regresado guerreras.

MIGUEL HERNÁNDEZ – PACO DE LUCÍA. Concierto de Aranjuez part2

a través de MIGUEL HERNÁNDEZ – PACO DE LUCÍA. Concierto de Aranjuez part2

Salimos precipitadamente de Madrid, de uno de sus cuarteles, al que yo había llegado unas noches antes desde mi pueblo. Me dieron un fusil. Lo cogí como una cosa extraña y me lo eché al hombro. Me avergonzaba confesar que no sabía manejarlo, porque había tenido tiempo de sobra para ello. Vi que unos compañeros se burlaban de otro que estaba en la misma ignorancia que yo, y me volví a avergonzar y me maldije […]

(Publicado en Al ataque. 23 de enero de 1937. Desde http:// www.lainsignia.org)

Miguel Hernández combatiente de la República, utilizó su profesión de poeta y dramaturgo para hacer su guerra al ejército sublevado. Miguel Hernández combate en el 5º Regimiento, milicias del Partido Comunista que fueron el germen de la linea defensiva que hoy se encuentra en el Parque Lineal del Manzanares.

Aunque Miguel Hernández nunca estuvo en el Parque Lineal del Manzanares, sí lo hicieron aquellos que compartían su forma de sentir, desde Rafael Alberti hasta los soldados de ese Ejército Popular de la República “encarnado por el Quinto Regimiento” que confundieron vida y muerte en una brutal forma de sentir que ha llegado escrita en su poesía hasta nuestros días.

Callo después de muerto.
Hablas después de viva.
Pobres conversaciones
desusadas por dichas,
nos llevan a lo mejor
de la muerte y la vida.
,,,,,(Cancionero y Romancero de Ausencias 1938-1941)

Los terribles momentos de la confrontación bélica quedaron grabados en la poesía de Miguel Hernández. Muy probablemente el sentimiento de entrega total , por el ideal republicano de Libertad, le hace ver la muerte en cada faceta de la realidad, casi como parte de la vida misma. Es muy probable que esa sensación no fuera privativa de las trincheras republicanas y que algo muy parecido recorriera las de los soldados del ejército sublevado. Por tanto es un sentir universal, y que dibuja los durísimos trazos de la guerra…

No somos meras espectadoras

a través de No somos meras espectadoras

Los progresos de la ciencia y la técnica han transformado al hombre en un simple engranaje de una máquina de producir y consumir. Esta dramática preocupación por lo económico, la idolatría por la técnica y la explotación del hombre nos han llevado a la masificación, a la globalización, a la clonación —al miedo. Sabato Ferrari, Ernesto…

El valioso tiempo de los maduros

a través de El valioso tiempo de los maduros

Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel chico  que ganó un  paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió  que quedaban pocas,  comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo  para reuniones  interminables,…

La lectura. Schopenhauer — Los cuadernos de Vieco

Cuando leemos, otro piensa por nosotros; repetimos simplemente su proceso mental. Algo así como el alumno que está aprendiendo a escribir y con la pluma copia los caracteres que el maestro ha diseñado antes con lápiz. La lectura nos libera, sentimos un gran alivio cuando dejamos la ocupación con nuestros propios pensamientos para entregarnos a […]

a través de La lectura. Schopenhauer — Los cuadernos de Vieco

Cuando leemos, otro piensa por nosotros; repetimos simplemente su proceso mental. Algo así como el alumno que está aprendiendo a escribir y con la pluma copia los caracteres que el maestro ha diseñado antes con lápiz. La lectura nos libera, sentimos un gran alivio cuando dejamos la ocupación con nuestros propios pensamientos para entregarnos a la lectura. Mientras estamos leyendo, nuestra cabeza es, en realidad, un campo de juego de pensamientos ajenos. Y cuando éstos se retiran, ¿qué es lo que queda? Por esta razón, sucede que quien lee mucho y durante casi todo el día, y en los intervalos se ocupa de actividades que no requieren reflexión, gradualmente pierde la capacidad de pensar por sí mismo –como el individuo que siempre va a caballo se olvida de caminar–. Tal es el caso de muchas personas muy cultas. Acaban siendo incultas de tanto leer.

La constante lectura, que se retoma en cada momento que tenemos libre, paraliza el espíritu más que el trabajo manual continuo, pues, en éste, puede uno dedicarse a sus propios pensamientos. Un muelle, bajo la presión continuada de un cuerpo extraño, acaba perdiendo elasticidad, y el espíritu pierde la suya bajo la imposición constante de pensamientos ajenos. Como el exceso de alimento echa a perder el estómago y daña a todo el organismo, se puede también sobrecargar y sofocar el espíritu por exceso de alimento intelectual. Cuanto más se lee, menos huellas quedan en la mente de lo que se ha leído: la mente es un tablero en el que hay escritas muchas cosas, unas sobre otras. Así no se llega a rumiar, y tan sólo rumiando se asimila lo que se ha leído; del mismo modo que los alimentos nos nutren, no porque los comemos, sino porque los digerimos. Si se lee de continuo, sin pensar después en ello, las cosas leídas no echan raíces y se pierden en gran medida. El proceso de alimentación mental no es distinto del corporal: apenas se asimila la quincuagésima parte de lo que se absorbe. El resto se elimina por evaporación, respiración, etcétera.

A esto hay que añadir que los pensamientos depositados en el papel no son más que las huellas de un caminante sobre la arena: podemos ver la ruta que siguió, pero, para saber lo que vio en su camino, tenemos que usar nuestros propios ojos.

Arthur Schopenhauer  Arthur Schopenhauer.

La poesía no es suficiente ©by mabm — TEJIENDO LAS PALABRAS

Me gustaría escribirte la poesía más bonita del mundo. Hilvanarla con los hilos invisibles del alma. Hallar las palabras mágicas apropiadas para que me quieras como yo te quiero a ti. Pero no las encuentro. Hace tiempo que estas me rehúyen o quizás no las haya o tal vez tu escudo sea demasiado fuerte. […]

a través de La poesía no es suficiente ©by mabm — TEJIENDO LAS PALABRAS

Me gustaría escribirte la poesía más bonita del mundo. Hilvanarla con los hilos invisibles del alma. Hallar las palabras mágicas apropiadas para que me quieras como yo te quiero a ti. Pero no las encuentro. Hace tiempo que estas me rehúyen o quizás no las haya o tal vez tu escudo sea demasiado fuerte.

Porque hace tiempo que la poesía no es suficiente para enamorar(te) ni para derretir corazones de hielo; ya nadie muere de amor.

Palabras, palabras, solo palabras… pensarás. Será que tú te dejaste de palabras y sin pronunciar ninguna te alejaste de mí para no lastimarme, para no cortarme las alas… para dejarme crecer; “a veces el mayor acto de amor hacia una persona es desaparecer de su vida”, quizás sí me quieras quisiste, a tu manera. De esa manera que trasciende a la poesía, de la única manera que saben amar los valientes, como amaban los poetas románticos de antaño… en silencio; ¿ves?, tal vez seas poeta.

Pero lo cierto es que la poesía nunca fue suficiente para deshacer el nudo de tu garganta ni el de la venda que cubría mis ojos.

Febrero 2020

Las mil y una páginas | Literatura distópica: Cuando el futuro puede llegar a ser peor, por Fernando Chelle — Revista Palabrerías

[Este artículo literario forma parte del libro: Las otras realidades de la ficción, del mismo autor] Ficciones que muestran un futuro desesperanzador, alienante, sin libertad y absurdo. Sociedades ficticias gobernadas por estados totalitarios que buscan garantizar la estabilidad social mediante la manipulación psicológica y en algunos casos científica de los individuos. Obras que vienen […]

a través de Las mil y una páginas | Literatura distópica: Cuando el futuro puede llegar a ser peor, por Fernando Chelle — Revista Palabrerías

El camino a la distopía

Este tipo de ficciones, que se empiezan a escribir de manera sistemática a partir del Renacimiento, han tenido una larga vida, de alguna manera hasta en la actualidad encontramos obras que presentan características propias de las utopías tradicionales. De todas maneras, el género utópico a lo largo de la historia ha tenido sus variantes, en el propio Renacimiento se enfocaba a expresar el espíritu del Humanismo, a reelaborar viejas historias de carácter igualitarista, a crear y situar los distintos mundos de ficción en aquellos lugares geográficos recién descubiertos, allí encontramos obras como la propia Utopía (1516) de Tomás Moro, La ciudad del Sol (1602) de Tommaso Campanella y La nueva Atlántida (1623) de Francis Bacon. La Ilustración puso a las utopías al servicio de la razón, continuó con la tradición de los libros de viajes y con la descripción de lugares ideales donde los autores aprovechaban para expresar sus críticas sociales y plasmar en sus sociedades ficticias el progreso que deseaban para las sociedades contemporáneas existentes, allí se destacan obras como El naufragio de las islas flotantes (1753) de Étienne-Gabriel Morelly, El Manifiesto de los Plebeyos (1795) de Graco Babeuf y Aline y Valcour (El Reino de Butua) (1788) del Marqués de Sade. En el siglo XIX distintos pensadores, intelectuales y escritores, pertenecientes a corrientes de pensamientos vinculadas al primer socialismo, utilizaron el género utópico como una vía de expresión de sus ideas. Dentro de estas obras, que formaba parte de un movimiento teórico conocido hoy como socialismo utópico, se destacan Viaje a Icaria (1840) de Étienne Cabet, Teoría de la unidad universal (1841) de Charles Fourier y Noticias de ninguna parte (1890) de William Morris.

Esta presencia del género utópico, con sus características propias, se mantuvo casi de forma invariable hasta comienzos del siglo XX. Claro que las distintas épocas históricas que sucedieron al Renacimiento introdujeron en el género pequeñas variantes, pero siempre fueron obras que se caracterizaron por crear mundos ideales y que apuntaban a proyectar en el imaginario colectivo el pensamiento de que otras formas de relacionamiento social eran posibles, apuntaban a un futuro prometedor, de progreso, perfeccionamiento y justicia social. En las primeras décadas del siglo XX, surgió una utopía de carácter negativo, donde el futuro aparece muy distinto a como lo habían soñado los utopistas clásicos. En los años 20 del siglo pasado, cuando comienzan a escribirse este tipo de obras, la humanidad estaba viviendo un momento histórico muy especial, había terminado la primera guerra mundial, comenzaba el afianzamiento del régimen soviético, comenzaba a surgir el nacismo en Alemania y algunos escritores empiezan a alertar sobre el perjuicio que implicaría el establecimiento definitivo de un régimen totalitario para la libertad de los individuos, ante el peligro de la masificación y la desindividualización. El mundo comenzaba a vivir bajo un potencial tecnológico nunca visto, el peligro nuclear estaba latente, de manera que no es extraño que la utopía diera un viraje y mostrara su peor rostro, el de un futuro alienante, sin libertad, absurdo. Estas obras no van a venir a plantear un modelo ideal de sociedad, sino que van a criticar el orden existente y, a su vez, van a proyectar construcciones sociales que advertirán sobre lo nefasto que podría ser para la sociedad el triunfo de algunos sueños utópicos. Son sociedades dominadas por la ciencia en manos de estados que buscan garantizar la estabilidad social mediante la manipulación psicológica de los individuos. Las distopías son obras que ponen en cuestión los sueños de las clásicas utopías, los sueños de una sociedad perfecta, advierten sobre los peligros de un futuro proyectado con las ideas de un presente. Allí aparecen temas como el del socialismo de estado, el consumismo, el control social (por diferentes ideologías), el hombre en la sociedad y en la individualidad. La forma más clásica de advertencia que utilizan estas obras es mostrar el enfrentamiento que se da entre un personaje y las condiciones sociales con las que le ha tocado vivir, ejemplos como el de John el Salvaje en Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley, Winston Smith en 1984 (1949) de George Orwell o el bombero Montag en Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury son una clara muestra del enfrentamiento del individuo con lo impuesto socialmente. Los ejemplos se podrían multiplicar, pero haré referencia solamente a estas tres obras porque son las que tomaré como ilustrativas del género para compararlas.

Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley. El título recoge unos versos de William Shakespeare, expresados por Miranda en el V acto de La tempestad, la cual es una obra paradigmática dentro de las distopías. La acción transcurre en un futuro extremadamente tecnológico, donde el desarrollo científico está en manos de un Estado que lo utiliza para establecer normas y criterios que apuntan a crear en la sociedad una “felicidad” constante. En este “mundo feliz” los individuos tienen la vida programada desde antes de nacer, sus emociones han sido manipuladas desde muy pequeños con sistemas de enseñanza que no dejan lugar a la individualidad ni a la reflexión. El Estado ha sabido manipular los sentimientos y emociones de las personas como un mecanismo de control social donde cada individuo está feliz con la vida que le ha tocado. Se trata de una sociedad avanzada desde el punto de vista tecnológico donde todas las personas son felices y viven sin conflictos aparentes, no existen la pobreza ni las guerras. La reproducción de los seres humanos se da a través de cultivos artificiales, son educados por medio de la hipnopedia, un sistema que busca grabar en la mente de las personas todos aquellos conceptos utilitarios en esa sociedad. El avance de la ciencia está controlado por el Estado y cada invento tiene que superar en algo a otro invento anterior. No existe el concepto de familia y la sexualidad es libre. Tampoco existe la posibilidad de que un individuo cambie de clase, si es un alfa estará feliz con serlo, lo mismo sucederá con los gamas, deltas y epsilones. Igualmente, el arte y la religión no existen.

En esta obra el enfrentamiento que se da entre un personaje y las condiciones sociales con las que le ha tocado vivir se ven en John el Salvaje, un individuo que es hijo de dos habitantes del mundo civilizado y que permaneció toda su vida en una de las reservas que el Estado Mundial mantenía lejos de la nueva civilización. Las costumbres de John son muy distintas a las del mundo civilizado, comprenden la lectura de Shakespeare, la espiritualidad y el relacionamiento emocional entre las personas. Cuando este personaje visita la sociedad del “Mundo Feliz” se establece un choque cultural, donde las comparaciones con respecto a los valores y costumbres van a ser evidentes: John llega a la conclusión de que la felicidad del mundo civilizado es artificial y que una vida sin dolor ni angustia no tiene sentido.

1984 (1949) de George Orwell también es una obra que transcurre en una sociedad futura con características aterradoras. La sociedad descrita por Orwell está gobernada por un Estado totalitario, dirigido por un único partido que además de imponer su criterio en todos los aspectos de la sociedad se encarga de vigilar permanentemente cada movimiento de los ciudadanos. La imagen del Gran Hermano es la que ostenta el máximo poder social, es la encarnación de los ideales del partido único y al que todos los ciudadanos le deben rendir veneración y respeto. La situación social europea y la presencia de gobiernos de carácter totalitarios fueron aspectos que influyeron en la proyección futura de Orwell, donde se puede ver claramente la pérdida de la individualidad y la manipulación psicológica de la población para que no interfiera en los propósitos del Estado. El protagonista de esta novela, Winston Smith, trabaja en el Ministerio de la Verdad, uno de los cuatro ministerios que tiene el Estado, su función es modificar los datos de la realidad, fundamentalmente los datos históricos, para generar una opinión totalmente direccionada y afín a los intereses del partido único. Con el tiempo Smith toma consciencia de cómo el Estado manipula a su favor a los habitantes y trata de escapar de la constante y permanente vigilancia del Gran Hermano. Se enamora de Julia, una joven también desengañada del sistema y se afilian a La Hermandad, un falso grupo de resistencia con el que tratarán de liberarse, cosa que no lograrán, porque La Hermandad no es más que otro engranaje del sistema represor. Finalmente, tanto el protagonista como su enamorada son sometidos a intensas torturas con lo que el sistema logra revertir sus opiniones disidentes.

Farenheit 451 (1953) de Ray Bradbury es otro ejemplo clásico de distopía, el tema central de la novela gira en torno a la quema de libros y el título de la obra se refiere precisamente a la temperatura a la que se quema el papel. La acción transcurre en un futuro donde la lectura está prohibida porque quienes gobiernan consideran que los libros llevan irremediablemente a la desdicha del hombre. Al igual que en las otras dos obras referidas, en Farenheit 451 el Estado se encarga de la manipulación psicológica e intelectual de los habitantes, en este caso se sostiene que la lectura diferencia a los hombres cuando estos deberían ser iguales, de manera que la prohibición de la lectura y la condena de los libros es una herramienta usada para evitar todo tipo de desviación cultural. Es una sociedad alienada por distintos aparatos de comunicación que prácticamente han sustituido las relaciones entre las personas; de esta forma, la ciencia es utilizada para mantener sumisos a los ciudadanos frente a un sistema que no se cuestiona. El protagonista de esta novela es un bombero llamado Montag, quien se ocupa de quemar los libros, en este mundo los bomberos no se encargan de apagar el fuego sino de provocarlo, claro que de forma controlada. Poco a poco y fundamentalmente a partir del conocimiento de una muchacha llamada Clarisse, Montang comienza a tener curiosidad por la lectura, lo que lo lleva a comenzar a guardar algunos de los libros que decomisa. Con el tiempo este bombero despierta de la ignorancia colectiva y pasa a ser consciente de los condicionamientos sociales en que están insertos los demás ciudadanos. Al final Montag, que se ve perseguido por el régimen, se incorporará a una sociedad secreta encargada de guardar en la memoria el contenido de los libros.

 


chelle

Fernando Chelle. (Mercedes, Uruguay, 1976). Poeta, narrador, ensayista, corrector de estilo y crítico literario uruguayo, radicado en Colombia desde el año 2011. Autor de los libros: Poesía de los pájaros pintados (2013), Curso general de lectoescritura y corrección de estilo (2014), El cuento fantástico en el Río de la Plata (2015), Muelles de la palabra (2015), Las otras realidades de la ficción (2016); El cuento latinoamericano en el siglo XX (2016), SPAM (2017), Las flores del tiempo (2018) y Cadencias que el aire dilata en la sombra (2018). Ha recibido varios premios en poesía, cuento y ensayo literario. Algunas de sus obras, traducidas a diferentes idiomas, forman parte de diversas antologías y se han publicado en numerosos países.

Federico García Lorca; un poeta en Nueva York

En 1929, en plena crisis estética y vital, Federico García Lorca marcha a Nueva York, donde reside un año. Allí, durante una breve estancia en Cuba y a su regreso a España, escribe un conjunto de poemas que constituye una de las cimas más altas, si no la más alta, de su creación literaria. Hasta su muerte en 1936, trabajará en la ordenación de todo este material que, sin embargo, no verá la luz hasta 1940 bajo el título de Poeta en Nueva York. Este poemario supone el punto culminante del estilo de Lorca, del que se sirve para construir una radical protesta social y una intensa búsqueda existencial.

“Así pues, antes de leer en voz alta y delante de muchas criaturas unos poemas, lo primero que hay que hacer es pedir ayuda al duende, que es la única manera de que todos se enteren sin ayuda de inteligencia ni aparato crítico (…). Porque la calidad de una poesía de un poeta no se puede apreciar nunca a la primera lectura, y más esta clase de poemas que voy a leer que, por estar llenos de hechos poéticos dentro exclusivamente de una forma lírica y trabados tupidamente sobre el sentimiento humano y la arquitectura del poema, no son aptos para ser comprendidos rápidamente sin la ayuda cordial del duende.” (F. G. Lorca, Conferencia sobre Poeta en Nueva York)

 

Para hablar de una trayectoria como la de Federico García Lorca, es necesaria más que la ayuda de un duende. Lorca es uno de los más grandes poetas de las letras españolas y representante o epígono, al gusto del crítico, de la prolífica generación del 27. Fue un poeta tanto innovador como conservador. Su gusto por todas las formas heredadas del modernismo y por todos los “ismos” de vanguardia, hace curioso su trabajo con formas tan arcaicas como el romance o las danzas de la muerte.

Lorca desembarca en el Nueva York de 1929 portando una crisis estética y conceptual a sus espaldas. En esta ciudad, y su posterior viaje a Cuba, descubrirá el mundo capitalista desde todos sus puntos de vista. Una ciudad de progreso económica con continúas alegrías por el estado de su bolsa, frente a una sociedad racista y llena de guetos marginales. Con la quiebra de la bolsa con el crack, Nueva York se convierte en una masa más homogénea y oscura. Lorca siempre ha manifestado su gusto por los colectivos marginales y las atrocidades de la sociedad. Su estancia en esta ciudad iba a proveerle, por ello, de material para crear un poemario tan hermoso como duro.

El surrealismo español llega con esta obra de Lorca a una de sus cimas poéticas. El autor es capaz de construir un mundo sensorial, excéntrico y inteligible que no olvida nunca sus elementos reales. Todo ello en una palabra poética tan caótica como organizada, tan poco rimada como musical y tan bella como cruel. Desde un punto de vista ajeno a lo sensible, las imágenes del autor logran ser tan descriptivas e intensas como la propia realidad. La estructura del poemario realza la idea de la importancia de lo urbano y de su materialización más humana, la propia población.

Los críticos siempre han señalado esta obra de Lorca como su mejor producto poético. Sin duda, en el estilo lo es. El autor consigue hacer tangible lo más abstracto, a través de las imágenes y recursos más sensoriales, como representar de una forma tan onírica como distorsionada una época fatídica de la historia de América. Personalmente, disfruto más de la poesía del Romancero gitano, tan accesible y variopinta como preciosista.

Para finalizar, la producción poética del autor granadino siempre será una bandera de la poesía española. Lorca tuvo una producción literaria tan prolífica como positiva su consideración en la historia de la literatura en castellano. Esto no es casualidad, ya que consigue que disfrutemos con su lírica como que reflexionemos sobre la sociedad.

Dejamos a continuación tres poemas de Poeta en Nueva York, obra imprescindible en las letras hispanas:

VUELTA DE PASEO

Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

 

(INTERMEDIO)

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna incomprensible que iluminaba por los rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas.

Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.

Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Allí mis pequeños ojos.

No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!

 

IGLESIA ABANDONADA
(BALADA DE LA GRAN GUERRA)

Yo tenía un hijo que se llamaba Juan.
Yo tenía un hijo.
Se perdió por los arcos un viernes de todos los muertos.
Lo vi jugar en las últimas escaleras de la misa
y echaba un cubito de hojalata en el corazón del sacerdote.
He golpeado los ataúdes. ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Mi hijo!
Saqué una pata de gallina por detrás de la luna y luego
comprendí que mi niña era un pez
por donde se alejan las carretas.
Yo tenía una niña.
Yo tenía un pez muerto bajo la ceniza de los incensarios.
Yo tenía un mar. ¿De qué? ¡Dios mío! ¡Un mar!
Subí a tocar las campanas, pero las frutas tenían gusanos
y las cerillas apagadas
se comían los trigos de la primavera.
Yo vi la transparente cigüeña de alcohol
mondar las negras cabezas de los soldados agonizantes
y vi las cabañas de goma
donde giraban las copas llenas de lágrimas.
En las anémonas del ofertorio te encontraré, ¡corazón mío!,
cuando el sacerdote levante la mula y el buey con sus fuertes brazos
para espantar los sapos nocturnos que rondan los helados paisajes del cáliz.
Yo tenía un hijo que era un gigante,
pero los muertos son más fuertes y saben devorar pedazos de cielo.
Si mi niño hubiera sido un oso,
yo no temería el siglo de los caimanes,
ni hubiese visto el mar amarrado a los árboles
para ser fornicado y herido por el tropel de los regimientos.
¡Si mi niño hubiera sido un oso!
Me envolveré sobre esta lona dura para no sentir el frío de los musgos.
Sé muy bien que me darán una manga o la corbata;
pero en el centro de la misa yo rompere el timón y entonces
vendrá a la piedra la locura de pingüinos y gaviotas
que harán decir a los que duermen y a los que cantan por las esquinas:
él tenía un hijo.
¡Un hijo! ¡Un hijo! ¡Un hijo
que no era más que suyo. porque era su hijo!
¡Su hijo! ¡Su hijo! ¡Su hijo!


Federico García Lorca 

Estudió Letras en la Universidad de Granada y Música con Manuel de Falla. Fue una de las puntas del triángulo  surrealista formado por él, Salvador Dalí y Luis Buñuel, atraídos por el significado del manifiesto surrealista de André Breton. Considerado uno de los grandes poetas del siglo XX, murió asesinado en Granada en 1936

Poemas de amor de Miguel Hernández — pidotiempo

Miguel Hernández fue un poeta español nacido en Orihuela, Alicante el 30 de octubre de 1910. Tuvo especial relevancia en la literatura española del siglo XX.

a través de Poemas de amor de Miguel Hernández — pidotiempo

Miguel Hernández fue un poeta español nacido en Orihuela, Alicante el 30 de octubre de 1910. Tuvo especial relevancia en la literatura española del siglo XX.

Hijo de campesinos, desempeñó entre otros oficios, el de pastor de cabras. Guiado por su amigo Ramón Sijé, se inició en la poesía a los veinte años.

Durante la guerra civil militó muy activamente en el bando republicano como Comisario de Cultura, siendo encarcelado y condenado a muerte al terminar el conflicto. Antes de morir, enfermo y detenido, publicó su última obra, «Cancionero y romancero de ausencias».

Falleció en la enfermería de la prisión alicantina a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942, con 31 años de edad.


En tu angosto silbido está tu quid

En tu angosto silbido está tu quid,

y, cohete, te elevas o te abates;

de la arena, del sol con más quilates,

lógica consecuencia de la vid.

Por mi dicha, a mi madre, con tu ardid,

en humanos hiciste entrar combates.

Dame, aunque se horroricen los gitanos,

veneno activo el más, de los manzanos.


Por de fuera tengo la corteza áspera

… Por de fuera

tengo la corteza áspera,

pero por de dentro tengo

tierna de palmito el alma.

Glorifico lo que toco,

de altura lo animo y gracia;

y el que me lleva, llevando

está la victoria en andas.

Para llegar al Señor,

fabrico eternas escalas

que, sin un arco de dudas,

suben rectas a su estancia,

y allí ya, resultan cálices

y ángeles de bronce y ámbar.

Muchos miran a mi altura,

no por los bienes que guarda,

sino por los que gotea,

maná de mieles y pasta.

¡Bienaventurado aquel

que sin fijarse en mis ramas

ni en mis frutos llegue a mí

sólo por amor, por ansia

de tenerme y de mirarme

con enamorada rabia!


Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo

Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo,

nacida ya para el marero oficio;

ser graciosa y morena tu ejercicio

y tu virtud más ejemplar ser cielo.

¡Niña!, cuando tu pelo va de vuelo,

dando del viento claro un negro indicio,

enmienda de marfil y de artificio

ser de tu capilar borrasca anhelo.

No tienes más quehacer que ser hermosa,

ni tengo más festejo que mirarte,

alrededor girando de tu esfera.

Satélite de ti, no hago otra cosa,

si no es una labor de recordarte.

-¡Date presa de amor, mi carcelera!


A mi gran Josefina adorada

Tus cartas son un vino

que me trastorna y son

el único alimento para mi corazón.

Desde que estoy ausente

no sé sino soñar,

igual que el mar tu cuerpo,

amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento

metido en un rincón

y por redil y hierba

les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra

mi amante cuerpo esté,

escríbeme, paloma,

que yo te escribiré.

Cuando me falte sangre

con zumo de clavel,

y encima de mis huesos

de amor cuando papel.


Primavera celosa

Me cogiste el corazón,

y hoy precipitas su vuelo

con un abril de pasión

y con un mayo de celo.

Vehementes frentes tremendas

de toros de amor vehementes

a volcanes me encomiendas

y me arrojas a torrentes.

Del abril al mayo voy

más celoso que moreno

y más que celoso estoy

en mi corazón ameno.

Como de un fácil vergel,

se apropian de ti y de mí

la vehemencia del clavel

y el vellón del alhelí.

Hay gallos de altanería

alardeando en mis venas

y en la frondosa alma mía

mejoranas y azucenas.

Sin sospechar sus gusanos

llega tu carne a sus plenos,

y se me encrespan las manos

y se te encrespan los senos.

Me desazona la planta

un ansia de enredadera

y de tu cuerpo y de tanta

rosa rosal ser quisiera.

Dando fruto a las abejas,

entre labios y racimos,

muy cerca de tus orejas

y de las mías vivimos.

Si a higuera tu beso huele,

suena y sabe a ruiseñor,

y abril con amor me duele

y mayo con flor y amor.

Beso y quiero, quiero y muero;

si nos parte en dos la ausencia,

pues con vehemencia te quiero,

me moriré con vehemencia.


La pena hace silbar, lo he comprobado

La pena hace silbar, lo he comprobado,

cuando el que pena, pena malherido,

pena de desamparo desabrido,

pena de soledad de enamorado.

¿Qué ruy-señor amante no ha lanzado

pálido, fervoroso y afligido,

desde la ilustre soledad del nido

el amoroso silbo vulnerado?

¿Qué tórtola exquisita se resiste

ante el silencio crudo y favorable

a expresar su quebranto de viuda?

Silbo en mi soledad, pájaro triste,

con una devoción inagotable,

y me atiende la sierra siempre muda.


Mi corazón no puede con la carga

Mi corazón no puede con la carga

de su amorosa y lóbrega tormenta

y hasta mi lengua eleva la sangrienta

especie clamorosa que lo embarga.

Ya es corazón mi lengua lenta y larga,

mi corazón ya es lengua larga y lenta…

¿Quieres contar sus penas? Anda y cuenta

los dulces granos de la arena amarga.

Mi corazón no puede más de triste:

con el flotante espectro de un ahogado

vuela en la sangre y se hunde sin apoyo.

Y ayer, dentro del tuyo, me escribiste

que de nostalgia tienes inclinado

medio cuerpo hacia mí, medio hacia el hoyo.


Tengo estos huesos hechos a las penas

Tengo estos huesos hechos a las penas

y a las cavilaciones estas sienes:

pena que vas, cavilación que vienes

como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,

voy en este naufragio de vaivenes,

por una noche oscura de sartenes

redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio

si no es tu amor, la tabla que procuro,

si no tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio

de que ni en ti siquiera habré seguro,

voy entre pena y pena sonriendo.


Esta publicación es la primera de 14 que realizaremos diariamente desde el 1ro de febrero hasta su culminación el 14 de febrero, el Día de los enamorados o de San Valentín. Para más poemas de amor no dejes de visitar nuestro portal y consultar el timeline. O simplemente poner en el buscador “poemas de amor”.

Para indagar más sobre la obra del poeta español Miguel Hernández te recomendamos su Obra poética completa.

El intelectual y el obrero. -Manuel González Prada

a través de El intelectual y el obrero. -Manuel González Prada

Discurso pronunciado el 1° de Mayo de 1905 en la Federación de Obreros Panaderos de Lima.

I

No sonrían si comenzamos por traducir los versos de un poeta:
“En la tarde de un día cálido, la Naturaleza se adormece a los rayos del Sol, como una mujer extenuada por las caricias de su amante.
“El gañán, bañado de sudor y jadeante, aguijonea los bueyes; mas de súbito se detiene para decir a un joven que llega entonando una canción: “—’¡Dichoso tú! Pasas la vida cantando mientras yo,
desde que nace el sol hasta que se pone,
me canso en abrir el surco y sembrar el trigo.
“—¡Cómo |te engañas, oh labrador!— responde el joven poeta.
Los dos trabajamos lo mismo y podemos decirnos hermanos; porque,
si tú vas sembrando en la tierra, yo voy sembrando en los corazones.
” Tan fecunda tu labor como la mía: los granos de trigo alimentan el cuerpo, las canciones del poeta regocijan y nutren el alma.”

Esta poesía nos enseña que se hace tanto bien al sembrar trigo en los campos como al derramar ideas en los cerebros, que no hay diferencia de jerarquía entre el pensador que labora con la inteligencia y el obrero que trabaja con las manos, que el hombre de bufete y el hombre de taller, en vez (de marchar separados y considerarse enemigos, deben caminar inseparablemente unidos. Pero ¿existe acaso una labor puramente cerebral y un trabajo exclusivamente manual? Piensan y cavilan: el herrero al forjar una cerradura; el albañil al nivelar una pared; el tipógrafo al hacer una compuesta; el carpintero al ajustar un ensamblaje; el barretero al golpear en una veta; hasta el amasador de barro piensa y cavila. Sólo hay un trabajo ciego y material: el de la máquina; donde funciona el brazo de un hombre, ahí se deja sentir el cerebro. Lo contrario sucede en las faenas llamadas intelectuales: a la fatiga nerviosa del cerebro que imagina o piensa, viene a juntarse el cansancio muscular del organismo que ejecuta. Cansan y agobian: al pintor; los pinceles; al escultor el cincel; al músico el instrumento; al escritor la pluma; hasta al orador le cansa y le agobia el uso de la palabra. ¿Qué menos material que la oración y el éxtasis? Pues bien: el místico cede al esfuerzo de hincar las rodillas y poner los brazos en cruz.

Las obras humanas viven por lo que nos roban de fuerza muscular y de energía nerviosa. En algunas líneas férreas, cada durmiente representa la vida de un hombre. Al viajar por ellas, figurémonos que nuestro vagón se desliza por rieles clavados sobre una serie de cadáveres; pero al recorrer museos y bibliotecas, imaginémonos también que atravesamos una especie de cementerio donde cuadros, estatuas y libros encierran no sólo el pensamiento sino la vida de los autores.

Ustedes (nos dirigimos únicamente a los panaderos), ustedes velan amasando la harina, vigilando la fermentación de la masa y templando el calor de los hornos. Al mismo tiempo, muchos que no elaboran pan velan también, aguzando su cerebro, manejando la pluma y luchando con las formidables acometidas del sueño: son los periodistas. Cuando en las primeras horas de la mañana sale de las prensas el diario húmedo y tentador, a la vez que surge de los hornos el pan oloroso y provocativo, debemos demandarnos: ¿quién aprovechó más su noche, el diarista o el panadero? Cierto, el diario contiene la enciclopedia de las muchedumbres, el saber propinado en dosis homeopáticas, la ciencia con el sencillo ropaje de la vulgarización, el libro de los que no tienen biblioteca, la lectura de los que apenas saben o quieren leer. Y ¿el pan?, símbolo de la nutrición o de la vida, no es la felicidad, pero no hay felicidad sin él. Cuando falta en el hogar, produce la noche y la discordia; cuando viene, trae la luz y la tranquilidad: el niño le recibe con gritos de júbilo, el viejo con una sonrisa de satisfacción. El vegetariano que abomina la carne infecta y criminal, le bendice como un alimento sano y reparador.

El millonario que desterró de su mesa el agua pura y cristalina, no ha podido substituirle ni alejarle. Soberanamente se impone en la morada de un Rothschild y en el tugurio de un mendigo. En los lejanos tiempos de la fábula, las reinas cocían el pan y le daban de viático a los peregrinos hambrientos; hoy le amasan los plebeyos, y como signo de hospitalidad, le ofrecen en Rusia a los zares que visitan una población. Nicolás II y toda su progenie de tiranos dicen cómo al ofrecimiento se responde con el látigo, el sable y la bala. Si el periodista blasonara de realizar un trabajo más fecundo, nosotros le contestaríamos: sin el vientre no funciona la cabeza; hay ojos que no leen, no hay estómagos que no coman.

II

Cuando preconizamos la unión o alianza de la inteligencia con el trabajo no pretendemos que a título de una jerarquía ilusoria, el intelectual se erija en tutor o lazarillo del obrero. A la idea de que el cerebro ejerce función más noble que el músculo, debemos el régimen de las castas: desde los grandes imperios de Oriente, figuran hombres que se arrogan el derecho de pensar, reservando para las muchedumbres la obligación de creer y trabajar. Los intelectuales sirven de luz; pero no deben hacer de lazarillos, sobre todo en las tremendas crisis socíales donde el brazo ejecuta lo pensado por la cabeza. Verdad, el soplo ¡de rebeldía que remueve hoy a las multitudes, viene de pensadores o solitarios. Así vino siempre. La justicia nace de la sabiduría, que el ignorante no conoce el derecho propio ni el ajeno y cree que en la fuerza se resume toda la ley del Universo. Animada por esa creencia, la Humanidad suele tener la resignación del bruto: sufre y calla. Más de repente, resuena el eco de una gran palabra, y todos los resignados acuden al verbo salvador, como los insectos van al rayo de sol que penetra en la oscuridad del bosque.

El mayor inconveniente de los pensadores: figurarse que ellos solos poseen el acierto y que el mundo ha de caminar por donde ellos quieran y hasta donde ellos ordenen. Las revoluciones vienen de arriba y se operan desde abajo. Iluminados por la luz de la superficie, los oprimidos del fondo ven la justicia y se lanzan a conquistarla, sin detenerse en los medios ni arredrarse con los resultados. Mientras los moderados y los teóricos se imaginan evoluciones geométricas o se enredan en menudencias y detalles de forma, la multitud simplifica las cuestiones, las baja de las alturas nebulosas y las confina en terreno práctico. Sigue el ejemplo dé Alejandro: no desata el nudo; le corta de un sablazo.

¿Qué persigue un revolucionario? Influir en las multitudes, sacudirlas, despertarlas y arrojarlas a la acción…

La puerta del infierno; de Rodin.

LA PUERTA DEL INFIERNO

1880- en torno a 1890

Bronce

Alt. 635 cm ; Anch. 400 cm ; P. 85 cm

S.1304

Fundición realizada por la fábrica de fundiciones Alexis Rudier en 1928, para las colecciones del museo.

La Porte de l’Enfer [La Puerta del Infierno] ocupa un lugar muy peculiar en la creación de Rodin. Trabajando con fervor durante varios años. Creó más de doscientas figuras y grupos que forman un verdadero vivero del que fue sacando, durante el resto de su carrera. Tras esperar poder presentarla en la Exposición Universal de 1889, el escultor dejó de lado La Puerta a finales de la década de 1880.

En varias ocasiones, ambicionó acabar su obra. En el marco de su gran exposición personal de 1900, se decidió por fin a mostrarla al público. Pero en un estado fragmentario, ya que al final renunció a colocar las figuras más en relieve, independientes de la estructura principal, opinando que producían un contraste demasiado fuerte con el fondo.

En torno a 1907, LaPuerta estuvo cerca de ver el día, en una lujosa versión, que combinaba bronce y mármol, e iba a ser instalada en el museo del Luxembourg, donde se mostraban las obras adquiridas por el Estado acerca de los artistas contemporáneos.

Fue solo en 1917 que Léonce Bénédite, primer conservador del museo Rodin, logró convencer al escultor para que le dejase reconstituir su obra maestra, y realizar una fundición. Rodin murió antes de ver el resultado de todos sus esfuerzos.

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