Días azules, sol de infancia

Días azules, sol de infancia

Antonio Machado tenía una mirada que veía el azul rapsodia de ‘saudade’ y melancolía en la claridad de sus últimos días y apunta que al filo del final renace el mismo sol que iluminó la inocencia

Presencia de Ausencia

JORGE F. HERNÁNDEZ

Poco antes de morir, el poeta va tirando versos sobre el camino. Envejeció con cada paso que lo llevó al exilio. Va con su madre, que pregunta si llegarán a Sevilla, cuando llegan al pueblo francés de Colliure y se cose la postrera bandera de España con franja morada que ondea hoy mismo en un colegio de México y en la memoria viva de ese pueblito al filo de la frontera con Francia por donde salió una parte de España.

Se llamó Antonio Machado y se cumplen 80 años de aquel 22 de febrero. Quizá sin saberlo, su mirada veía el azul rapsodia de saudade y melancolía en la claridad de sus últimos días y apunta –para que nadie olvide—que al filo del final, renace el mismo Sol que iluminó la inocencia en infancia, la mínima sonrisa de un niño que mira de lejos un caramelo o su propio reflejo en el diminuto espejo que lleva en las manos su abuela. Miles de fantasmas cruzando el paisaje con todos los soles de sus vidas encima, en medio de la niebla y la pólvora, blanco y negro de una película que urge volver a filmar con un dron que recorra el camino de Barcelona hasta los campos alambrados que izaron en Francia como cárceles con el mar como muro. Filmar de nuevo el instante en el que se tira sobre la camita de un hotelito en Colliure el fatigado lomo de un hombre hecho libro de su propia poesía cansada y enfocar la lente del dron que sobrevuela ahora en colores el paisaje en sepia de todos los senderos por donde peregrinan las sombras anónimas de todos los exiliados, los que llegan hasta los campos de concentración y los que se enfrentan hoy mismo al muro en Tijuana o los que bogan en el mar como carcelero de su esperanza perdida.

Filmar hoy mismo la hilera de sílabas que murmuran los poetas al filo de la muerte y el susurro de una canción muda de cuna para el niño que va en brazos, la niña que llora desconsolada mientras la migra catea a su madre como sospechosa, los brazos abiertos en cruz de todos los viajeros que son revisados como presuntos pilotos del terrorismo de nuestros tiempos y la mirada vidriosa de una pupila que ya ni llorar el agua salada acumulada bajo los párpados que se parece tanto a la Tierra, planeta como canica de agua azul que flota en medio del infinito terciopelo negro cacarizo de diamantes que son estrellas, que son luz que ya sabemos que en realidad se extinguieron hace ya tanto tiempo… porque “hoy es siempre todavía”.

Fuente:  https://elpais.com/internacional/2019/02/22/mexico/1550868346_152351.html?fbclid=IwAR3P4I4lfL4LUZ4X86S5UR2J1jveG1Gpyv0L-nXUuuZJZ39VIK5rtmi-3Ds 

 

 

Táctica

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[…] Podría contarte el olor que desprende una rosa al caer — cuando su ser acoge el dolor del tórrido asfalto en pleno verano al fundirse con la calina del día y mimetizándose acullá de mugrientas ventanas.

[…] Podría llevarte al fondo de un desván[e]ciente septiembre colmo de expectativas truncadas y cicatrices e imitar la sonrisa perfecta — siguiendo una y otra vez la farsa rutina de hacerte sentir bien.

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[…] Podría llevar a cabo vendaval con cada brazo y explicarte que el sol carece de monomanías — se celebra a sí mismo y mediante alguna gula de lobreguez y vestida piel más allá de ropajes.

Quizás, bien podría hablarte durante horas del fuego y su opuesto mientras apago un cigarrillo — decidida a dar la espalda a cada frontera del mundo y observando la mar; pensando:

.

De la independencia de los individuos, depende la grandeza de los…

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¿Quién debería pedir perdón a quién y por qué?

jtl2015-3  Juan Torres López

27 de marzo de 2019

¿Quién debería pedir perdón a quién y por qué?

Yo soy una persona con muchos defectos como saben bien las personas que me conocen. Pero hay uno que no tengo: pido perdón sin ninguna dificultad e incluso lo he hecho muchas veces en mi vida siendo consciente de que no había muchas razones para hacerlo, pero convencido de que así reconfortaba a otra persona o la dejaba más tranquila.

Por eso no me siento ofendido ni molesto cuando el presidente mexicano López Obrador nos ha reclamado a los españoles que pidamos perdón ahora a su pueblo “por los agravios” de la conquista.

No me parece mal que se pida perdón a quienes sufrieron los inconvenientes y el daño de todo tipo que pudiera haberse producido a lo largo del tiempo como consecuencia de la conquista por los españoles de aquellos territorios. Una conquista, por cierto, que no culminó en colonización, como ocurrió con las de otras potencias en otros lugares y momentos de la historia, sino con la consideración como españoles de quienes allí vivían por entonces.

Pero me pregunto si, al igual que habría que pedir perdón por el agravio y los daños de la conquista, también habría que dar las gracias por el progreso que proporcionó la presencia en aquellas tierras de miles de personas más cultas y preparadas que ayudaron a crear los hospitales o los centros educativos más avanzados de entonces allí donde antes de su llegada no había más que retraso y en muchas ocasiones barbarie y sufrimiento.

También me pregunto quién debe pedir perdón. Da la casualidad que mi segundo apellido es López, el mismo que el primero del presidente mexicano. ¿Debo pedir yo ahora perdón a los mexicanos por lo que hicieron mis antepasados que se quedaron en España? ¿O debería ser el propio López Obrador, descendiente él sí de los conquistadores que cometieron los agravios, quien debería pedir perdón a sus conciudadanos de ahora por la avaricia y los crímenes que cometieron sus antepasados, no los míos que se quedaron aquí?

Estoy seguro de que muchos españoles que se desplazaron a aquellas tierras hace cientos de años cometieron toda clase de tropelías (lo mismo que también sabemos que otros muchos ayudaron, como he dicho, a que aquellas tierras alcanzaran un grado de progreso mucho mayor y con más antelación que si no hubieran ido). Y es justo que se reclame una lectura reparadora de esa historia. Pero ¿sólo esos han sido los hechos por los que hay que pedir perdón? ¿Pesan más sobre los mexicanos de ahora los agravios de hace 500 años que los miles de asesinatos, secuestros, torturas o robos que se cometen hoy día, cada año, sobre las gentes más humildes por los propios mexicanos que disponen, ahora, justo ahora, de un poder criminal y omnímodo?

No me siento ofendido ni mucho menos y pediría perdón con gusto a los mexicanos, a los nicaragüenses, a los hondureños, a los argentinos, a los bolivianos, a los peruanos…. a todos los pueblos de Latinoamérica. No sólo porque soy de fácil querencia por el perdón, como he dicho, sino también porque por mis venas corre (al contrario de lo que le suele pasar a la mayoría de los españoles) sangre auténtica y originariamente latinoamericana. Una rama de la familia de mi abuela paterna estaba directamente emparentada con el dominicano Máximo Gómez, el revolucionario, el liberador de hombres, aquel que cuando le ofrecieron ser presidente de Cuba lo rechazó diciendo que a él lo que le gustaba era “liberar a los hombres, no gobernarlos”, el que se quejaba de que le dolía el cuerpo de los abrazos que le daban sus compatriotas agradecidos, el que murió de una infección de tanto estrechar la mano a las gentes que lo querían.

No me costaría ni me cuesta nada unirme a un perdón colectivo a los mexicanos y a todos los demás pueblos de Latinoamérica por los agravios de antaño, pero me pregunto si el perdón no se lo tienen que dar también a sí mismos muchos latinoamericanos por los crímenes (tantos o quizá más que los cometidos allí por los españoles) que ellos han cometido y cometen contra sus compatriotas. La historia de Latinoamérica no es sólo la historia de los efectos negativos de la conquista por los españoles de sus territorios, hace cinco siglos, sino también la del progreso que eso llevó consigo. Y, sobre todo, es la historia que los mismos latinoamericanos han sido capaces de poner en marcha mucho después y en ella hay muchas luces, desde luego, pero también muchas sombras de las que la humanidad no puede sentirse precisamente orgullosa, y mucho menos los propios latinoamericanos que han sufrido la avaricia y el crimen de sus clases dirigentes que ya nada deben ni tienen mucho que ver con los conquistadores.

Me pregunto sorprendido también por qué ha sido tan torpe el gobierno de España ante la petición de López Obrador. Me ha parecido que su respuesta es la de un machote altivo que se siente herido en su orgullo de ser superior, demostrando, por cierto, que para evitar las conductas masculinas o simplemente machistas no basta con que un gobierno tenga mayoría de mujeres.

Me hubiera gustado que el gobierno progresista de mi país hubiera respondido de otro modo, con comprensión, con humildad, con más respeto y con argumentos, quizá con una oferta de reflexión conjunta y, por qué no, sin rechazar el perdón, el fraternal perdón de todos hacia todos. ¿Por qué no aceptar que en nuestras historias, en las de todos, hay muchas cosas que perdonarnos unos a otros? Los españoles podemos sentirnos orgullosos de gran parte de nuestra historia pero también tenemos mucho de lo que avergonzarnos, y no es coherente luchar por aplicar entre nosotros la memoria histórica, reclamando desagravios para los nuestros, cuando los negamos hacia los demás, para aliviar el daño que nosotros hemos provocado sobre otros. Deberíamos ser más generosos, más inteligentes y más empáticos en ambos lados del charco.

He leído que después de sus primeras declaraciones el presidente mexicano ha matizado reclamando más bien la reflexión y la lectura conjunta de la historia. Me parece mejor, aunque parece olvidarse, en todo caso, que ya hace tiempo (en 1836) España y México suscribieron un “tratado definitivo de paz y amistad sincera” en beneficio mutuo y “para restablecer y asegurar permanentemente dichas relaciones” porque deseaban “vivamente poner término al estado de incomunicación y desavenencia que ha existido entre los dos gobiernos, y entre los ciudadanos y súbditos de uno y otro país, y olvidar para siempre las pasadas diferencias y disensiones, por las cuales desgraciadamente han estado tanto tiempo interrumpidas las relaciones de amistad y buena armonía entre ambos pueblos, aunque llamados naturalmente a mirarse como hermanos por sus antiguos vínculos de union de identidad de origen, y de recíprocos intereses” (aquí).

Releamos la historia cuantas veces haga falta pero no nos creamos ninguno que sólo nosotros tenemos sobre nuestra espalda agravios que necesitan reparación porque, a lo peor, todas las alforjas están llenas de sufrimiento ajeno y de crímenes deleznables.

Tengo la impresión de que lo mejor sería seguir la recomendación del Benjamin Franklin: “escribe los agravios en el polvo, las palabras de bien escríbelas en el marmol”. Si nos empeñamos siempre en hacer lo contrario sólo sembraremos el desafecto y la desconfianza que traen el odio y la enemistad eternos.

Antonio Machado y Miguel Hernández. Poetas luchadores y mentores de conciencias nuevas

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“Porque, no sólo «se asesinan los hombres en el Extremo Este», como cantaba el gran Rubén Darío (mucho más grande que todo cuanto se ha dicho de él), sino que también, en el «Extremo Oeste» se está ensayando con el más vil asesinato de un pueblo que registran los siglos (…) “

  1. Introducción al Tema
  2. Contexto histórico: “Guerra tras guerra”
  3. Generaciones del 98’ y del 27: “Bajo un mismo cielo revolucionario”
  4. Formadores de conciencias
  5. Conclusión
  6. Bibliografía

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Antonio Machado y Miguel Hernández. Poetas luchadores y mentores de conciencias nuevas

INTRODUCCIÓN AL TEMA

Es relevante conocer de qué modo se instaura el pensamiento esperanzado de dos poetas luchadores, Antonio Machado (1875-1939) y Miguel Hernández (1910-1942), en el campo literario y cómo la temática subyacente en sus poemas tienen plena vigencia en el mundo actual.

Este trabajo pondrá en contacto las ideologías de ambos escritores que, mediante sus poemas, gestaron la posibilidad de un mundo diferente durante la Guerra “Civil” Española (¿de qué modo una guerra puede ser “civil”?). La posición ideológica de estos poetas “marcó caminos” y “guió a otros” a través de sus letras, generando “nuevas conciencias” en la sociedad, lo cual no ha sido una empresa menor.

Pero, ¿qué tienen en común estos autores tan dispares en épocas generacionales como en estilos literarios? Pues varias cosas: su entereza, su humanidad admirable, pusieron su intelecto al servicio de la, mal denominada, “Guerra Civil” Española y compartieron el mismo destino trágico debido a sus poemas.

Tradicionalmente, las “literaturas españolas” encasillan la labor machadiana en la Generación del 98’ mientras consideran que la obra de Miguel Hernández posee características de la Generación del 36’; no obstante, surgieron ciertas controversias pues muchos autores (entre ellos, Dámaso Alonso) han comprobado mayor afinidad del escritor alicantino con la Generación del 27’. Si bien en las “literaturas españolas”, estos autores se estudian generalmente por separado, me dispongo a hacer una elipsis temporal puesto que analizaré la unidad de espíritu que encuentro en ambos escritores al enarbolar la bandera de los valores humanos.

Antonio Machado y Miguel Hernández, son dos referentes obligados en la historia de la Literatura Española que estuvieron comprometidos con la historia de su país. Sus poemas perduraron por sus singulares características estilísticas, pero ideológicamente se destaca la búsqueda de un “hombre nuevo“, pues ambos escritores apuestan a un futuro mejor.

Pero ¿cuál ha sido el haz de luz que me llevó a ampliar mis lecturas sobre estos poetas?

La profesora Graciela Ballestrino, en las clases de la cátedra de “Literatura Española” expresó sobre Antonio Machado que “escribió poesías para todos” y sobre la poesía de Miguel Hernández dijo que fue un “arma de guerra” agregando que durante la Guerra Civil Española, la literatura cumplió un “rol social”. Por lo tanto, pretendo rescatar este carácter “colectivo” aderezado con “raíces populares”. En efecto, la obra poética con la cual trabajaré se restringe a los poemas escritos en el marco de la Guerra Civil Española e intentando esbozar algunas características particulares del pensamiento ideológico de ambos poetas, trataré específicamente el punto de vista socio-crítico.

I. CONTEXTO HISTÓRICO: “Guerra tras Guerra”

La Guerra Civil Española comenzó con una sublevación militar en Julio del año 1936, caracterizada por un gran antagonismo ideológico en el que se reflejaban las luchas de clases, y culminó en Abril del año 1939 con la instalación de un régimen ditactorial al mando del General Franco. Sin embargo, España ya venía padeciendo el dolor de tres guerras civiles anteriores, las Guerras Carlistas, desencadenadas a partir de una problemática sucesión al trono luego del reinado de Fernando VII.

Durante la Guerra Civil Española colisionaron, dos Españas que no eran precisamente las “dos Españas” de Antonio Machado, quien solía contraponer la España “del pasado” a la España “del presente”, sino más bien dos modos de pensamientos políticos divididos en “bandos de izquierda” (milicianos o revolucionarios) y de derecha (fuerzas militares fascistas).

Intelectuales de todo el mundo expresaban artísticamente dolor, desgarro y admiración por la sangre española que se derramaba en cruenta lucha diaria. Muchos poetas extranjeros se solidarizaron con la causa española entre los que sobresalieron el cubano Nicolás Guillén, el chileno Pablo Neruda, y el peruano César Vallejo. La edición en España de estos poemas que apoyaban la resistencia española surgiría entre bombardeos, sangre, lucha, vida y muerte:

“(…) Bajo un diluvio de hombres extinguidos

España se defiende (…)”

El incendio, Miguel Hernández

II. GENERACIONES DEL 98’ Y DEL 27’: Bajo un mismo cielo revolucionario”

UN EJE COMÚN: “Conflictos sociales”

Los revolucionarios poetas proponen, bajo sus perspectivas particulares, una “nueva España”.

El marco histórico en el que se desencadena la literatura de la Generación del 27’, así como el contexto general de la Generación del 98’ está relacionado con la esperanza de un futuro mejor.

Para los intelectuales de la Generación del 98’ el mundo merecía cambiar esa mirada desganada y corrompida, que significó el pasado español cuyo mayor pecado fue girar alrededor del tema de la “honra”, por una mirada ampliamente crítica de la sociedad sin adoptar una postura revolucionaria activa. En este sentido Antonio Machado fue la excepción pues mantuvo una postura “de izquierda” hasta su muerte.

Debido a la necesidad de esclarecer los límites que contornean la poesía de Miguel Hernández, debo explicitar que la Generación del 27’ se destaca ante todo por recuperar las “tradiciones populares españolas” (coplas, romances), tanto sus formas musicales como, así también, las poéticas; combinándolas con “recursos vanguardistas” del ultraísmo (imágenes chocantes y asociaciones absurdas) y del surrealismo (intentan expresar la irracionalidad del inconsciente). A los escritores de la Generación del 27’ les interesaba la pureza formal. No obstante, las circunstancias políticasobligaron a Miguel Hernández a tratar temas sociales y en este sentido se asemeja a los escritores de la Generación del 36’ quienes esperaban conseguir un mundo nuevo a través de la lucha, consideraban que junto al sacrificio de miles de españoles surgiría un mundo renovado, con leyes más justas; es lo que se denominó la “poesía social”, correspondiente cronológicamente con el año en que se inició la Guerra Civil.

Los pensamientos de Antonio Machado y de Miguel Hernández están sintonizados por una preocupación fundamental por el hombre y un inconformismo ante el mundo que los rodea.

Hace poco, en mis conversaciones cibernéticas con un amigo español, éste me dijo:

“A los españoles, las guerras civiles nos borraron las ganas de luchar contra la monarquía, nosotros no la consideramos necesaria, sin embargo el más fuerte siempre se impone y tiene armas para callar conciencias.”

Sin embargo, no considero real que “las conciencias se silencien con armas”, las verdaderas armas invencibles son las palabras, son verdaderamente invencibles aquellas palabras que perduran traspasando las barreras temporales y espaciales. Antonio Machado y Miguel Hernández son prueba de ello.

No es extraño que tanto AM como MH abrazaran “la causa revolucionaria” pues la España sublevada era de “población rural” y en este sentido no debemos olvidar que AM en sus poemas se identificaba con la naturaleza y con las historias mínimas de los habitantes de España, mientras que MH, nacido en un contorno social campesino no podía hacer otra cosa más que amar su originaria naturaleza proclamando el “amor social”. Ambos escritores coincidían en mostrar la trama del “ideal humano”. AM resume “el ideal humano” cuando le cede la voz a su heterónimo Juan de Mairena: “Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”.

III. COMPROMETIDOS CON SU TIEMPO

Ambos escritores españoles se identificaron con el pueblo español bajo dos posturas diferentes y sin embargo muy comprometidas:

Antonio Machado, perteneciente a la Generación del 98’, se instaura como un caminante observador de su patria y a partir de sus detallados análisiscontrapone las dos Españas: una España “gloriosa”, perteneciente al pasado; y la otra “decrépita y en ruinas”, perteneciente al presente, destacando en sus descripciones poéticas la importancia no de la “gran historia española” sino más bien de la “historias mínimas del pueblo”, la historia de sus habitantes.

Si AM fijó su perspectiva sobre el pueblo español, entonces, no es raro que en el momento decisivo haya apoyado, fehacientemente, la causa revolucionaria.

AM, antes de morir exiliado, al término de la Guerra Civil, en Collioure, Francia, en el año 1939, escribió Poesías de la guerra denunciando el asesinato o “crimen”, en Granada, de un grande de las letras españolas, el señor Federico García Lorca:

“Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico.
sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
…Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…”

El crimen fue en Granada, Antonio Machado

La vida de AM sintetiza su lucha entre dos dimensiones, pues “en sueños, lucha con Dios” (plano metafísico, intenta lograr el ideal humano) y “despierto con el mar” (el mar aparece aquí como símbolo de la vida) y será ese mar el eje constitutivo de su obra que condensa la lucha del hombre en el plano terrenal:

“Todo hombre tiene dos

batallas que pelear:

en sueños lucha con Dios;

y despierto, con el mar.”

Proverbios y cantares, Antonio machado

Así, mientras AM vivió el dolor y la angustia por su patria desde una perspectiva descriptiva y analítica con la cual intentó develar y solucionar los “males de España”, MH demostró su amor patriótico involucrándose activamente en las luchas civiles junto a su pluma-estandarte-guerrera.

Miguel Hernández, en el marco de lo que significó la guerra civil española, se levantó como el estandarte vivo del pueblo español cuyas letras fueron el mayor “altavoz” contra el fascismo. Así, encarnó la figura del poeta-soldado, pues unió el sentimiento de “vida” con el de “escribir”. Su obra poética ha sido la resultante de esta conjunción conformando un compendio de poemas de lucha que amalgaman la vida, la muerteel amor y la escritura.

Durante la Guerra Civil, la cuestión propagandística fue un “recurso manipulador” utilizado frecuentemente por ambos bandos en pugna.

En septiembre del año 1936, Miguel Hernández se reclutó en el bando republicano, en el Quinto Regimiento, para aliarse “con su pluma” a los intelectuales antifascistas. La presencia de la poesía republicana durante los casi tres años que duró la Guerra Civil fue crucial y MH ejerció como poeta, locutor y periodista, obteniendo el nombramiento de Comisario Cultural.

MH, con un humanismo característico enfrenta la guerra en pos de lograr la anhelada justicia social y su corazón se derrama “de sangre en sangre” en los artículos propagandísticos que suele escribir en periódicos y revistas.

Si AM lucha en sueños con lo divino en su afán por conseguir la “entereza humana”, MH también luchará con los “pies en la tierra“, muy comprometido socialmente, y con su “mirada al cielo” buscando alcanzar al ideal humano.

En este sentido, ambos poetas siguen una misma lógica inspirativa regida por oscilaciones entre las “aspiraciones ideales” y las “realidades terrenales”.

Los poemas de MH lo posicionaron como arquetipo republicano, pues tenían una función clara: servir a la (entonces “posible”) victoria republicana, “alentar a los milicianos” y difundir sus ideales políticos entre los campesinos de España, “exaltando el valor de la bravura, de la valentía y justificando un pueblo levantado en armas“:

“(…) No soy de un pueblo de bueyes,

que soy de un pueblo que embargan

yacimientos de leones (…)”

Vientos del pueblo me llevan, Miguel Hernández

En estos tres versos se contrapone la idea del “pueblo sumiso” con un “pueblo revolucionario” y también se construye una línea jerárquica entre estas dos relaciones metaforizadas con la imagen del “buey” y del “león”, respectivamente, en la que se advierte la significancia positiva del “león” como sinónimo de “valor”.

Los títulos de algunos poemas suyos, lo instauran como un miliciano en plena lucha: “Canción del esposo soldado”“El soldado y la nieve”,“Viento del Pueblo”.

El romancero de mayor importancia fue el militar, pues elevaba la moral de los soldados y los instaban a continuar la lucha revolucionaria. Numerosos poetas convergieron en lo que se denominó la “Poesía de urgencia” y en el mes de Noviembre de 1936 imprimieron el primer Romancero de la guerra civil, que constaba de treinta cinco romances (la métrica española popular octosílaba). Algunos intelectuales de los que colaboraron en estos medios depropaganda, fueron: Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vivanco, Emilio Prados, Vicente Alexaindre, y por supuesto MH, entre otros.

MH murió en plena juventud, a los 31 años, en las mazmorras franquistas las cuales “truncaron la evolución de otra promesa talentosa de las letras españolas”.

IV. FORMADORES DE CONCIENCIAS

Más allá de los malogrados hechos históricos, tanto Antonio Machado como Miguel Hernández trascienden las barreras de la muerte para renacer junto a cada poema leído o cantado. Las palabras lo dicen todo y el arte demuestra, una vez más, que ni siquiera la muerte silencia los pensamientos. Así, se concreta la mística de la “vida infinita” que MH dejaba latir en sus poemas.

AM y MH recurren a formas populares, pues no descartan la idea de influir en toda la sociedad. Así, reflexionan y luchan a través de sus poemas, “removiendo conciencias” a partir de un mundo significativo.

AM, crítico incansable de su sociedad, “denuncia” y podemos observar que la poesía funciona como mediadora de la historia pues, a través de ella, el hombre “dialoga” con su tiempo. Un ejemplo de ello son las siguientes cuartetas en las cuales el yo lírico interpela al pueblo español, responsable pasivo de la decadencia española del 98’, en los siguientes versos:

___ Nuestro español bosteza

___ ¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

___ Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?

___ El vacío es más bien en la cabeza.

Proverbios y cantares, Antonio machado

Los poemas remueven las conciencias y las desestabilizan, pero sin dejar de lado un tono esperanzado. En AM pueden rastrearse las huellas del pensamiento “regeneracionista” propio de la Generación del 98’, mientras que en MH adquieren mayor importancia los “espíritus por nacer”, “mística naturalista” dirá Marie Chevallier, formando una infinita cadena de nacimientos que emulan “la infinidad divina” “perpetuada por la unión corporal”.

En A un olmo seco de AM, los lexemas “rama enverdecida”, “corazón”, “luz“, “vida”, “milagro” y “primavera” refuerzan el campo semántico del “nacimiento”, dotándolo de caracteres positivos que aguardan un futuro mejor:

(…) olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama enverdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.”

A un olmo seco, Antonio Machado

MH sintetiza en Dos canciones la idea de ciclo permanente, asemejándose al recorrido de la cinta de Moebius, como un constante transcurrir aunando las esperanzas del nuevo ser y sintetizando “la fusión amorosa sensible exaltada”, asimismo el “vientre” también tiene otras acepciones, no es sólo el vientre de la mujer amada, pues a la vez simboliza la Patria del poeta en tránsito hacia el “nuevo futuro”, que por supuesto, MH nunca verá concretado.

“Se puso el sol.

Pero tu temprano vientre

de nuevo se levantó

por el oriente”

Dos canciones, Miguel hernández

MH recurre al símbolo del agua para introducir la idea de “espejo interno”, en el cual también se percibe la “regeneración corporal y espiritual” a la que hace referencia Manuel Alvar cuando detalla la simbología de AM, pues en el hombre reposa la voluntad de que el agua sea “clara” o “removida”. Esta simbología apunta a un “hombre ideal”, cuyos cimientos sólo sean el “amor”, sinónimo de agua clara. Asimismo, ambos poetas dejan plasmado el mayor valor, lograr el “ideal humano”:

“En el fondo del hombre

agua removida (…)”

“En el agua más clara

quiero ver la vida (…)”

Cancionero y Romancero de ausencias, Miguel Hernández

“Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente”

Proverbios y Cantares, Antonio machado

Así, aparece la proclama por un “amor social” pues el hombre se salvará mediante el amor hacia otros seres, pues la “capacidad de amar” nos hace verdaderamente libres. Mientras MH hablará de la guerra como el medio para lograr el fin universal “el amor”, AM habla de una “teología del amor”, de la religión del amor:

“Tristes guerras

si no es amor la empresa (…)”

Cancionero y romancero de ausencias, Miguel Hernández

Dante y yo – perdón señores–,

trocamos – perdón Lucía–,

el amor en teología.

Proverbios y cantares, Antonio machado

CONCLUSIÓN

La mirada crítica de Antonio Machado apostando al “ideal humano” y la perspectiva alentadora de Miguel Hernández en busca de una “justicia social” dejan al descubierto las atrocidades histórico-bélicas cometidas en perjuicio de los débiles pobladores de España y de otros países del mundo.

Dirá más tarde Ricardo Gullón: “(…) la guerra puso de manifiesto hasta adónde habían llegado

las aguas de la irracionalidad (…)”

Todas las guerras son inciviles. Podrán existir estas vilezas disfrazadas de guerras “civiles”, más en ninguna guerra cabe “lo civilizado”. Las artes, y entre ellas el rol de la literatura fue fundamental, afortunadamente pudieron ir despojando y revelando, de a poco, aquellas “pautas establecidas y normalizadas” que dañan a la humanidad.

Los pensamientos perennes de artistas memorables, como los de Antonio Machado o Miguel Hernández, víctimas de su tiempo, aún hoy pueden leerse como poemas escritos para esta realidad actual que nos toca vivir. Las guerras no cesaron pero las palabras, sinónimo de lucha silenciosa, instan a remover las conciencias de toda la humanidad.

AM y de MH anhelaron un mundo renovado y justo que está, aún, sin concretarse porque las guerras continúan y la sangre de miles de inocentes sigue derramándose en el mundo entero. El noble deseo de estos grandes escritores españoles es una asignatura pendiente para la humanidad.

BIBLIOGRAFÍA

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  • CALVO CARILLA, José Luis (1998). “Cuando el honor de unpaís permite hacer ciertas cosas que el mismo honor no permite decir…” (O los achaques de “la España con honra” (selección), en La cara oculta del 98. Místicos e intelectuales en la España de fin de siglo (1895-1902) . Madrid. Cátedra, 68-113.
  • CHEVALLIER, Marie (1978). “Los temas poéticos de Miguel Hernández”, en V. García de la Concha, Historia y crítica de laliteratura española . Epoca contemporánea. 1914-1939, Tomo 7. Barcelona, Crítica, 703-707.
  • CHEVALLIER, Marie (1978). “Metáfora hernandiana y experiencia interior en Cancionero y romancero de ausencia y últimos poemas” en AA.VV. En torno a Miguel Hernández. Madrid: Castalia, 142-183.
  • GUILLÉN, Claudio (1980). “Campos de Castilla” en J. C. Mainer, Historia y crítica de la Literatura Española, Modernismo y ’98, Tomo 6.
  • GULLÓN, Ricardo (1980). “La invención del 98” en J. C. Mainer, op. cit. 41-44.
  • MACHADO, Antonio. La Guerra. Escritos: 1936-39. Ed. por Julio Rodríguez Puértolas y Gerardo Pérez Herrero. Madrid: Emiliano Escolar Editor, 1983, pp. 223-25.
  • MACHADO Antonio (1998). “Obras selectas”. Prólogo de Manuel Alvar. Ed.Espasa Calpe. Madrid. Op. cit. 9 – 69.
  • MOLINA, Antonio. (1980). La generación del 98, Juan López Morillas, “Las consecuencias de un desastre”, op. Cit.
  • RAMSDEN, Herbert (1980). “El problema de España” en J. C. Mainer, op. cit. 20-26.
  • MARCO, Joaquín (1993). “Función y ficción del poeta en la poesía de guerra de Miguel Hernández”, en José Carlos Rovira (coord.), Miguel Hernández. 50 años después. Alicante: Comisión de Homenaje a Miguel Hernández, 139-146.

Autor:

Marissel Salomón

Salta, Argentina

LITERATURA ESPAÑOLA

AÑO 2007

Profesores:

Dra. Graciela Balestrino

Dra. Marcela Sosa

Diego R. Maurici

Fuente: https://www.monografias.com/trabajos57/machado-hernandez/machado-hernandez.shtml?news 

 

Los cuadernos de juventud de Unamuno

Los cuadernos de juventud de Unamuno

Unamuno joven

Miguel de Unamuno (1864-1936) fue autor polifacético, prolijo, contundente. Desde muy temprano comenzó a escribir como una forma natural de autoconocimiento y consuelo. Su obra recoge, sin duda, uno de los testimonios más valiosos del turbulento final del siglo XIX en España y Europa y del no menos agitado comienzo del XX. Gracias a la editorial de la Universidad de Salamanca, podemos ahora acceder a sus llamados Cuadernos de juventud, en inmejorable edición de Miguel Ángel Rivero Gómez. Como éste apunta en la completa introducción que acompaña al volumen, estos textos permiten llenar una de las más importantes lagunas en el estudio de Unamuno, “la relativa a sus años de formación, que constituye una de las etapas más desconocidas del pensador vasco“, años en los que “fueron cobrando forma los cimientos de su pensamiento y de su obra de madurez”.

Once es el total de cuadernos que se conservan de esta primerísima etapa unamuniana, aunque se sospecha que llegaron a existir, al menos, treinta y uno. En ellos encontramos a un Unamuno intimista, cercano, peligrosamente sincero consigo mismo, ácido, crítico, directo, poco dado a la teoría más puramente diletante, transparente, carismático: a un hombre que, en definitiva, está cobrando auténtica consciencia de sus fuerzas espirituales e intelectuales. A tales escritos se refiere de este elocuente modo: “Mis hijos hasta hoy han sido estos cuadernillos fríos, […] sin luz ni vida en que he ido enterrando mis ilusiones, mis ideas, mis sentimientos, mis estudios, toda mi alma”. En ellos vierte el producto de su soledad, de sus reflexiones más hondas, de lo inconfesable, lo que hace cobrar al lector una imagen completa del carácter y aspiraciones del joven Unamuno:

“Muchos ponderan mi talento. Lo que yo sé lo saben muchos y muchos más saben más de lo que yo sé; pero ninguno tiene más corazón que yo tengo ni sabe sentir más de lo que yo siento. Yo quiero, quiero mucho y con mucha fuerza y de ahí arrancan como de raíz todas mis alegrías y todas mis tristezas”

La producción del autor bilbaíno esconde una singular dificultad a la hora de ser estudiada, no tanto por el lenguaje que empleó en sus obras –por lo general sencillo y cercano, siempre repleto de patentes guiños e invitaciones a la reflexión del lector–, sino por los diversos avatares vitales que Unamuno hubo de recorrer a lo largo de su existencia; sus experiencias quedan siempre impresas a fuego en cada una de sus líneas, lo que las dota de un marcado carácter autobiográfico. Por ello, cuando el lector se sumerge por vez primera en el estudio de sus escritos, resulta habitual una cierta sensación de desorientación y, sin embargo y a la vez, de gran atracción hacia el contenido que allí se encuentra reflejado. Aunque, como explica García Nuño en su fundamental estudio El problema del sobrenatural en Miguel de Unamuno, “bajo el asistematicismos en la exposición, hay una profunda unidad de pensamiento, aunque ésta se encuentra de manera implícita. Se trata de un pensamiento que, si bien no está presentado de manera sistemática, sin embargo, sí es, al menos en buena medida, sistematizable, porque es un pensamiento sistemático”.

“¡Saber, saber mucho, saber más, cada vez más! Éste ha sido mi sueño, éste es todavía. Pero, ¿qué me dará tanto saber? ¡No! Querer, querer mucho, querer más, cada vez más y saber lo que se quiere. La ciencia más grande es la del querer, y sabe más quien mejor sabe querer”

CuadernosJuventud Unamuno

Unamuno se esfuerza por pensar su presente, ofreciendo no tanto soluciones prácticas (inmediatas) como críticas, que nos conduzcan a redefinir al sujeto propio de su tiempo (y de todo tiempo), lo que nos ayuda a trazar la dirección de las obras unamunianas: hacer frente a los acontecimientos históricos de su época se convierte en una tarea irrenunciable, haciendo suya la misión de brindar una explicación de la acción del hombre en su circunstancia determinada, la que le ha tocado en suerte vivir. Unamuno no se propone dar soluciones definitivas en sus escritos, sino sembrar la conciencia crítica en su lector, de manera que cuente con suficientes elementos para formarse un juicio a la altura de nuestra condición, sin recetas ni dogmas preconcebidos. Estos cuadernos de juventud no son una excepción.

En una de las sinceras conversaciones que Augusto Pérez y su amigo Víctor Goti mantienen en el capítulo XXV de Niebla, ambos concluyen al fin que la condición primordial del pensar auténtico no es otra que la de dudar, “y es la duda lo que de la fe y del conocimiento, que son algo estático, quieto, muerto, hace pensamiento, que es dinámico, inquieto, vivo”. Unamuno considera el pensamiento como un proceso que se desarrolla en y a partir del lenguaje, pero no deja de señalar que el verdadero pensar emerge en las palabras compartidas como expresión de una subjetividad –de un yo– en constante e ineludible conflicto. La característica genuina del ser humano es la existencia en sus entrañas de una terrible lucha, la que mantiene consigo mismo: vida en sincera contradicción.

“No hay estado de ánimo más estable y tranquilo que la alegría de la tristeza, esa tristeza resignada y dulce que ni ríe, ni llora. […] Lo horrible es la desesperación, el deseo vencido. ¡Qué cosa más hermosa que caminar lleno de esperanzas y caminar y más caminar! Sed dichosos, seamos todos dichosos, y comprendamos que para llegar al goce hay que sufrir y subir por la escalera del dolor. Para llenar un deseo hay que sentir un vacío y nada más dulce que este vacío del alma rodeado de risueñas esperanzas”

El diálogo queda así henchido de la tensión que transmite el movimiento mismo de nuestro vivir. Un tipo de diálogo, del que nos habla Unamuno, ahora muerto en esta España “doliente”: las palabras quedan reducidas a instrumento del politiqueo, del combate de los partidos por el poder –corrompido éste casi definitivamente por intereses económicos, y cuya única estrategia ha devenido en la creación de falsos conflictos que aquellos partidos siempre se hallan muy dispuestos a resolver–. No recuerdan que lo que hizo tan digno de admiración y cariño al mártir san Manuel Bueno, el héroe del que Unamuno nos habla en su acaso más concentrada y trágica novela, fueron las acciones y no las palabras: “el pueblo no entiende de palabras; el pueblo no ha entendido más que vuestras obras”, explica Ángela a su hermano Lázaro.

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Unamuno dejó plasmada en estos escritos toda la heterodoxia, toda la libertad creativa y toda la coherencia de pensamiento por las que se le reconoce como uno de los autores fundamentales de la literatura española. Desde la posición estratégica del fin de siglo XX, Unamuno empleó la escritura como instrumento de reflexión y desarrollo de las ideas y observaciones que continuaría en el resto de su obra. Como sugiere Rivero Gómez, estos cuadernos guardan una doble función: “por un lado, recoger aquellas inquietudes, ideas e intuiciones que en la soledad de su habitación pasaban fugaces por su mente, a fin de que no se perdieran, y por otro lado, poner orden a su ya por entonces agitado mundo interno, que se nutría y renovaba constantemente”.

“La ciencia y la ambición y la gloria son compañeras frías, secas, sin alma ni vida, que no saben reír cuando reímos ni enjugarnos las lágrimas cuando lloramos. ¡Cuántas veces en mis paseos he sostenido conmigo mismo esta lucha y he sentido el dolor del peso y el no menor de las ansias de que me broten alas! Alas y ancla no puede ser, me decía a mí mismo; yo quiero llegar al cielo, pero me es triste deja el suelo, aquello será hermosísimo, pero esto, ¡es tan hermoso! ¡Fuerza, Dios mío, fuerza! Sólo quisiera remontar el vuelo y llevar tras de mí el ancla y aún cuando fuera la tierra a que ella está adherida”

Estos cuadernos encierran un testimonio único, imprescindible para acercarse al Unamuno de carne y hueso, al hombre que sufrió hondísimas y diversas crisis de pensamiento y de fe, que ya apuntaba a su creencia en una “inmortalidad fenoménica”, provocada por una insaciable sed de Absoluto. Unos textos en los que él mismo aseguraba que iba consumiéndose “porque me alimento de mí mismo”. Una de las publicaciones más relevantes de 2017.

“Yo voy flotando entre recuerdos y esperanzas, empujado por el deseo de vida que aguijonea con tan dulce calorcillo. En los mayores placeres va envuelto el huevecillo del sufrimiento. ¡Con qué sosegado y tierno movimiento me siento balancear, llevado por los recuerdos, traído por las esperanzas!”

Fuente: https://elvuelodelalechuza.com/2017/06/15/los-cuadernos-de-juventud-de-unamuno/ 

Día Mundial de la Poesía; 21 de Marzo. Compendio de poemas selectos de grandes autores y algo más.

Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo

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Poeta

Un poeta es una persona dedicada a la escritura de poesía. El término vate es una forma literaria de referirse a un poeta o a una poetisa.

Según diversas fuentes la poesía como género literario tiene sus más profundas raíces en la tradición de la literatura oral, llegando más tarde a trasmitirse por escrito cuando en la Antigüedad empezaron a difundirse sistemas de escritura lo suficientemente complejos como para expresar lenguaje poético mediante símbolos escritos. Desde entonces, y de una forma generalizada y mayoritariamente dominante, se ha distinguido al poeta del resto de escritores por componer poesía, pero esta última en el sentido de una literatura ordenada mediante el arte de la métrica. Sin embargo existe ahora una literatura poética que escapa o intenta escapar al recurso de la métrica, el así llamado «verso libre». El poeta estadounidense Walt Whitman fue uno de los primeros en escribir este tipo de poesía, aunque el francés Jules Laforgue y otros varios autores del simbolismo hayan sido las fuentes más directas entre los poetas de lengua española.

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La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación. La poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad. Merced a sus asociaciones y metáforas y a su gramática singular, el lenguaje poético constituye, pues, otra faceta posible del diálogo entre las culturas.

La decisión de proclamar el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía fue aprobada por la UNESCO durante su 30º periodo de sesiones, que se celebró en París en 1999.

De acuerdo con la decisión de la UNESCO, el principal objetivo de esta acción es apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.

Por otra parte, este Día tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.

Organización de las Naciones Unidas

Rubén Darío

Rubén Darío

A un poeta

Nada más triste que un titán que llora,
Hombre-montaña encadenado a un lirio,
Que gime fuerte, que pujante implora:
Víctima propia en su fatal martirio.

Hércules loco que a los pies de Onfalia
La clava deja y el luchar rehusa,
Héroe que calza femenil sandalia,
Vate que olvida a la vibrante musa.

¡Quién desquijara los robustos leones,
Hilando esclavo con la débil rueca;
Sin labor, sin empuje, sin acciones;
Puños de fierro y áspera muñeca!

No es tal poeta para hollar alfombras
Por donde triunfan femeniles danzas:
Que vibre rayos para herir las sombras,
Que escriba versos que parezcan lanzas.

Relampagueando la soberbia estrofa,
Su surco deje de esplendente lumbre,
Y el pantano de escándalo y de mofa
Que no lo vea el águila en su cumbre.

Bravo soldado con su casco de oro
Lance el dardo que quema y que desgarra,
Que embiste rudo como embiste el toro,
Que clave firme, como el león, la garra.

Cante valiente y al cantar trabaje;
Que ofrezca robles si se juzga monte;
Que su idea, en el mal rompa y desgaje
Como en la selva virgen el bisonte.

Que lo que diga la inspirada boca 
Suene en el pueblo con palabra extraña; 
Ruido de oleaje al azotar la roca, 
Voz de caverna y soplo de montaña.

Deje Sansón de Dalila el regazo:
Dalila engaña y corta los cabellos.
No pierda el fuerte el rayo de su brazo
Por ser esclavo de unos ojos bellos.

Foto de Antonio Machado

Machado

De la vida

¡Ay del que llega sediento
a ver el agua correr
y dice: La sed que siento
no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe, y, saciada
la sed, desprecia la vida:
moneda al tahúr prestada,
que sea al azar rendida!

Del iluso que suspira
bajo el orden soberano,
y del que sueña la lira
pitagòrica en su mano.

¡Ay del noble peregrino
que se para a meditar,
después de largo camino,
en el horror de llegar!

¡Ay de la melancolía
que llorando se consuela,
y de la melomanía
de un corazòn de zarzuela!

¡Ay de nuestro ruiseñor,
si en una noche serena
se cura del mal de amor
que llora y canta su pena!

¡De los jardines secretos,
de los pensiles soñados
y de los sueños poblados
de propósitos discretos!

¡Ay del galán sin fortuna
que ronda a la luna bella,
de cuantos caen de la luna,
de cuantos se marchan a ella!

¡De quien el fruto prendido
en la rama no alcanzò,
de quien el fruto ha mordido
y el gusto amargo probò!

¡Y de nuestro amor primero
y de su fe mal pagada,
y, también, del verdadero
amante de nuestra amada!

Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana

Redondillas: Hombres necios que acusáis

Hombres necios que acusáis 
a la mujer sin razón, 
sin ver que sois la ocasión 
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual 
solicitáis su desdén, 
¿por qué queréis que obren bien 
si la incitáis al mal?

Cambatís su resistencia 
y luego, con gravedad, 
decís que fue liviandad 
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo 
de vuestro parecer loco 
el niño que pone el coco 
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia, 
hallar a la que buscáis, 
para pretendida, Thais, 
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro 
que el que, falto de consejo, 
él mismo empaña el espejo, 
y siente que no esté claro?

Con el favor y desdén 
tenéis condición igual, 
quejándoos, si os tratan mal, 
burlándoos, si os quieren bien.

Siempre tan necios andáis 
que, con desigual nivel, 
a una culpáis por crüel 
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada 
la que vuestro amor pretende, 
si la que es ingrata, ofende, 
y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena 
que vuestro gusto refiere, 
bien haya la que no os quiere 
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas 
a sus libertades alas, 
y después de hacerlas malas 
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido 
en una pasión errada: 
la que cae de rogada, 
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar, 
aunque cualquiera mal haga: 
la que peca por la paga, 
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis 
de la culpa que tenéis? 
Queredlas cual las hacéis 
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar, 
y después, con más razón, 
acusaréis la afición 
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo 
que lidia vuestra arrogancia, 
pues en promesa e instancia 
juntáis diablo, carne y mundo.

Foto de Antonio Machado

Machado

Pegasos, lindos pegasos

Pegasos, lindos pegasos, 
caballitos de madera.

Yo conocí siendo niño, 
la alegría de dar vueltas 
sobre un corcel colorado, 
en una noche de fiesta. 
En el aire polvoriento 
chispeaban las candelas, 
y la noche azul ardía 
toda sembrada de estrellas. 
¡Alegrías infantiles 
que cuestan una moneda 
de cobre, lindos pegasos, 
caballitos de madera!

Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

Amo amor

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento, 
late vivo en el sol y se prende al pinar. 
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento: 
¡le tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave, 
ruegos tímidos, imperativos de mar. 
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave: 
¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas. 
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar. 
No te vale decirle que albergarlo rehúsas: 
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina, 
argumentos de sabio, pero en voz de mujer. 
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina: 
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras. 
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir. 
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras 
¡que eso para en morir!

Gustavo Adolfo Bécquer

Bécquer

Amor eterno

Podrá nublarse el sol eternamente; 
Podrá secarse en un instante el mar; 
Podrá romperse el eje de la tierra 
Como un débil cristal, 
¡todo sucederá! Podrá la muerte 
Cubrirme con su fúnebre crespón; 
Pero jamás en mí podrá apagarse 
La llama de tu amor.

Federico García Lorca

García Lorca

Bodas de Sangre: Luna

Cisne redondo en el río,
ojo de las catedrales,
alba fingida en las hojas
soy; ¡no podrán escaparse!
¿Quién se oculta? ¿Quién solloza
por la maleza del valle?
La luna deja un cuchillo
abandonado en el aire,
que siendo acecho de plomo
quiere ser dolor de sangre.
¡Dejadme entrar! ¡Vengo helada
por paredes y cristales!
¡Abrid tejados y pechos
donde pueda calentarme!
¡Tengo frío! Mis cenizas
de soñolientos metales
buscan la cresta del fuego
por los montes y las calles.
Pero me lleva la nieve
sobre su espalda de jaspe,
y me anega, dura y fría,
el agua de los estanques.
Pues esta noche tendrán
mis mejillas roja sangre,
y los juncos agrupados
en los anchos pies del aire.
¡No haya sombra ni emboscada.
que no puedan escaparse!
¡Que quiero entrar en un pecho
para poder calentarme!
¡Un corazón para mí!
¡Caliente!, que se derrame
por los montes de mi pecho;
dejadme entrar, ¡ay, dejadme! (A las ramas.)
No quiero sombras. Mis rayos
han de entrar en todas partes,
y haya en los troncos oscuros
un rumor de claridades,
para que esta noche tengan
mis mejillas dulce sangre,
y los juncos agrupados
en los anchos pies del aire.
¿Quién se oculta? ¡Afuera digo!
¡No! ¡No podrán escaparse!
Yo haré lucir al caballo
una fiebre de diamante.

Borges, Jorge Luis

Borges

1929 (antes la luz)

Antes la luz entraba más temprano
en la pieza que da al último patio;
ahora la vecina casa de altos
le quita el sol, pero en la vaga sombra
su modesto inquilino está despierto
desde el amanecer. Sin hacer ruido,
para no incomodar a los de al lado,
el hombre está mateando y esperando.
Otro día vacío, como todos.
Y siempre los ardores de la úlcera.
Ya no hay mujeres en mi vida, piensa.
Los amigos lo aburren. Adivina
que él también los aburre. Hablan de cosas
que no alcanza, de arqueros y de cuadros.
No ha mirado la hora. Sin apuro
se levanta y se afeita con inútil
prolijidad. Hay que llenar el tiempo.
El rostro que el espejo le devuelve
guarda el aplomo que antes era suyo.
Envejecemos más que nuestra cara,
piensa, pero ahí están las comisuras,
el bigote ya gris, la hundida boca.
Busca el sombrero y sale. En el vestíbulo
ve un diario abierto. Lee las grandes letras,
crisis ministeriales en países
que son apenas nombres. Luego advierte
la fecha de la víspera. Un alivio;
ya no tiene por qué seguir leyendo.
Afuera, la mañana le depara
su ilusión habitual de que algo empieza
y los pregones de los vendedores.
En vano el hombre inútil dobla esquinas
y pasajes y trata de perderse.
Ve con aprobación las casas nuevas,
algo, tal vez el viento sur, lo anima.
Cruza Rivera, que hoy le dicen Córdoba,
y no recuerda que hace muchos años
que sus pasos la eluden. Dos, tres cuadras.
Reconoce una larga balaustrada,
los redondeles de un balcón de fierro,
una tapia erizada de pedazos
de vidrio. Nada más. Todo ha cambiado.
Tropieza en una acera. Oye la burla
de unos muchachos. No los toma en cuenta.
Ahora está caminado más despacio.
De golpe se detiene. Algo ha ocurrido.
ahí donde ahora hay una heladería,
estaba el Almacén de la Figura.
(La historia cuenta casi medio siglo.)
Ahí un desconocido de aire avieso
le ganó un largo truco, quince y quince,
y él malició que el juego no era limpio.
No quiso discutir, pero le dijo:
Ahí le entrego hasta el último centavo,
pero después salgamos a la calle.
el otro contestó que con el fierro
no le iría mejor que con el naipe.
No había ni una estrella. Benavides
le prestó su cuchillo. La pelea
fue dura. En la memoria es un instante,
un solo inmóvil resplandor, un vértigo.
Se tendió en una larga puñalada,
que bastó. Luego en otra, por si acaso.
Oyó el caer del cuerpo y del acero.
Fue entonces que sintió por vez primera
la herida en la muñeca y vio la sangre.
fue entonces que brotó de su garganta
una mala palabra, que juntaba
la exultación, la ira y el alivio.
tantos años y al fin ha rescatado
la dicha de ser hombre y ser valiente
o, por lo menos, la de haberlo sido
alguna vez, en un ayer del tiempo.

Foto del poeta mexicano Luis G. Urbina

Luis G. Urbina

Madrigal efusivo

Déjame amar tus claros ojos. Tienen
Lejanías sin fin, de mar y cielo,
Y sus fulgores apacibles vienen
Hasta mi corazón como un consuelo.

Deja que con tus ojos se iluminen
Mis viejas sombras y se vuelvan flores;
Deja que con tus ojos se fascinen,
Como aves de leyenda, mis dolores.

Que vea en ellos astros errabundos,
Que en ellos sueñe inexplorados mundos
Que en ellos bañe mi melancolía…
Son tristes, luminosos y profundos,
Como puestas de sol, amada mía.

Foto del Poeta español Miguel de Unamuno

Unamuno

En horas de insomnio

Me voy de aquí, no quiero más oírme;
De mi voz toda voz suéname a eco,
Ya falta así de confesor, si peco
Se me escapa el poder arrepentirme.

No hallo fuera de mí en que me afirme
Nada de humano y me resulto hueco;
Si esta cárcel por otra al fin no trueco
En mi vacío acabaré de hundirme.

Oh triste soledad, la del engaño
De creerse en humana compañía
Moviéndose entre espejos, ermitaño.

He ido muriendo hasta llegar al día
En que espejo de espejos, soy me extraño
A mí mismo y descubro no vivía.

Foto de Amado Nervo

Amado Nervo

A quien va a leer

Laudatu si, mi Signore, per sor acqua…San Francisco de Asís.

Un hilo de agua que cae de una llave imperfecta; un hilo de agua, manso y diáfano, que gorjea toda la noche y todas las noches cerca de mi alcoba; que canta a mi soledad y en ella me acompaña; un hilo de agua: ¡qué cosa tan sencilla! Y, sin embargo, estas gotas incesantes y sonoras me han enseñado más que los libros.

El alma del Agua me ha hablado en la sombra —el alma santa del Agua— y yo la he oído, con recogimiento y con amor. Lo que me ha dicho está escrito en páginas que pueden compendiarse así: ser dócil, ser cristalino; esta es la ley y los profetas; y tales páginas han formado un poema.

Yo sé que quien lo lea sentirá el suave placer que yo he sentido al escucharlo de los labios de Sor Acqua; y este será mi galardón en la prueba, hasta que mis huesos se regocijen en la gracia de Dios.

Pablo Neruda

Neruda

España en el corazón. Explico algunas cosas

Preguntaréis: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,

aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo,
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazarla,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallar n un día el sitio
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!

Poeta Mario Benedetti

Benedetti

Ahora todo está claro

Cuando el presidente carter
se preocupa tanto
de los derechos
humanos
parece evidente que en ese caso
derecho
no significa facultad
o atributo
o libre albedrío
sino diestro
o antizurdo
o flanco opuesto al corazón
lado derecho en fin

en consecuencia
¿no sería hora
de que iniciáramos
una amplia campaña internacional
por los izquierdos
humanos?

José de Espronceda

Espronceda

Elegía a la patria

¿Oís?, es el cañón. Mi pecho hirviendo
El cántico de guerra entonará,
Y al eco ronco del cañón venciendo,
La lira del poeta sonará.

El pueblo ved que la orgullosa frente
Levanta ya del polvo en que yacía,
Arrogante en valor, omnipotente,
Terror de la insolente tiranía.
Rumor de voces siento,
Y al aire miro deslumbrar espadas,
Y desplegar banderas;
Y retumban al son las escarpadas
Rocas del Pirineo;
Y retiemblan los muros
De la opulenta Cádiz, y el deseo
Crece en los pechos de vencer lidiando;
Brilla en los rostros* el marcial contento,
Y dondequiera generoso acento
Se alza de patria y libertad tronando.

Al grito de la patria
Volemos, compañeros,
Blandamos los aceros
Que intrépida nos da.
A par en nuestros brazos
Ufanos la ensalcemos
Y al mundo proclamemos:
“España es libre ya”.
¡Mirad, mirad en sangre,
Y lágrimas teñidos
Reír los forajidos,
Gozar en su dolor!
¡Oh!, fin tan sólo ponga
Su muerte a la contienda,
Y cada golpe encienda
Aún más nuestro rencor.
¡Oh siempre dulce patria
Al alma generosa!
¡Oh siempre portentosa
Magia de libertad!
Tus ínclitos pendones
Que el español tremola,
Un rayo tornasola
Del iris de la paz.
En medio del estruendo
Del bronce pavoroso,
Tu grito prodigioso
Se escucha resonar.
Tu grito que las almas
Inunda de alegría,
Tu nombre que a esa impía
Caterva hace temblar.
¿Quién hay, ¡oh compañeros!,
Que al bélico redoble
No sienta el pecho noble
Con júbilo latir?
Mirad centelleantes
Cual nuncios ya de gloria,
Reflejos de victoria
Las armas despedir.

¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas!
Y al mar se lancen con bramido horrendo
De la infiel sangre caudalosos ríos,
Y atónito contemple el océano
Sus olas combatidas
Con la traidora sangre enrojecidas.

Truene el cañón: el cántico de guerra,
Pueblos ya libres, con placer alzad:
Ved, ya desciende a la oprimida tierra,
Los hierros a romper, la libertad.

José Ángel Buesa

Buesa

Amor prohibido

Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente
al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.

Solo tú y yo sabemos porqué mi boca miente,
relatando la historia de un fugaz amorío;
y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío…
y aún nos arde en los labios algún beso reciente.

Solo tú y yo sabemos que existe una simiente
germinando en la sombra de este surco vacío,
porque su flor profunda no se ve, ni se siente.

Y así, las dos orillas, tu corazón y el mío,
pues, aunque las separa la corriente de un río,
por debajo del río se unen secretamente.

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http://www.elhuevodechocolate.com/poesias/poesia4.htm

Antonio Machado; poesías para niños.

Remedios La Bella. Gabriel García Márquez.

Antonio Machado y Miguel Hernández. Poetas luchadores y mentores de conciencias nuevas

https://www.monografias.com/trabajos57/machado-hernandez/machado-hernandez.shtml?news 

 

 

 

Las emociones razonadas

Las emociones razonadas

Luis García Montero

Las emociones nacen en un fondo de verdades y mentiras que se hacen parte de nosotros y que a través de nosotros se convierten en realidad. Lo normal es que salten donde menos se piensa y por eso merece la pena pensarlas mucho, intentar que se hermanen con nuestras razones y con nuestra razón. Las emociones separadas de la razón producen tantos monstruos como la razón distanciada de la responsabilidad ética de las emociones.

La semana pasada tuve la suerte de participar en una visita de respeto y homenaje a las tumbas de Antonio Machado y Manuel Azaña que organizó el presidente del Gobierno de España. Después de más de 40 años de Constitución democrática, era la primera vez que un presidente en ejercicio y en representación de la sociedad española viajaba a Colliure y Montauban para homenajear a dos símbolos decisivos del exilio republicano, es decir, de la legalidad española interrumpida por el golpe militar de 1936.

A lo largo de mi vida he visitado con emoción muchas tumbas de exiliados (escritores, políticos, soldados, niños…). Iba con mis sentimientos, mis colores, mis melancolías, mis sueños particulares. Pero en este viaje sentí la importancia de pasar de la primera persona del singular a la primera persona del plural. No era una melancolía personal, sino un reconocimiento oficial del presente político español lo que se acercaba a la tierra en la que descansan Azaña y Machado. Ese matiz me pareció lo mejor, lo más importante del viaje.

Por eso cobró gran valor el discurso que Pedro Sánchez pronunció en la playa de Argelès-sur-Mer, lugar convertido en campo de concentración por las autoridades francesas en 1939 para recibir a los miles de españoles que escapaban del fascismo. Al pedir perdón a los exiliados españoles y a las víctimas del golpe militar de 1936 por llegar con 40 años de retraso a Montauban, Colliure y Argelès, el presidente de Gobierno consiguió que la democracia española recuperase su puntualidad. Iba a escribir “y también su puntería”, pero ni la memoria del pasado, ni la realidad del presente me permiten jugar de manera metafórica con las armas de fuego.

Las emociones, como digo, saltan de forma inesperada. Junto a las tumbas de Machado y Azaña había mucha gente. Los periodistas, los herederos del exilio, los curiosos, las autoridades locales y los visitantes formaban un pequeño tumulto. Era difícil sentir la emoción que suelen favorecer las soledades.

En medio del tumulto, tampoco me ofendieron –y la ofensa es un tipo de emoción– los gritos de algunos jóvenes independentistas catalanes que se acercaron a boicotear el acto. Resultaba curioso verlos, con una pinta de neonazis emocionados y reafirmados en su identidad, llamar fascistas a Nicolás Sánchez Albornoz, Paco Ibáñez, Ian Gibson, Rosa León y Almudena Grandes. Pero así es la historia con sus emociones y sus fundamentalismos: un joven bien alimentado por una democracia heredada puede considerarse con el derecho de llamar fascista a una persona de 93 años como Nicolás Sánchez Albornoz, detenido en los años 40 por su lucha contra la dictadura, fugitivo del campo de concentración de Cuelgamuros y exiliado durante décadas en Argentina y Estados Unidos.

En medio del tumulto, no me ofendieron los gritos desquiciados que nos llamaban fascistas en Argelès-sur-Mer. Para bien o para mal, he aprendido a elegir y meditar mis emociones, aunque a veces salten donde menos se piensa. De pronto me emocioné al ver a una anciana que, con un acento francés muy perceptible, levantaba la voz para gritar “Viva España”. Aquella voz viva y desconocida me emocionó más que las tumbas admiradas. Un amigo de Toulouse me contó después que la anciana había salido al exilio en 1939 junto a su padre, un militante comunista de Almería que murió en 1940 en Argelès por culpa de una pulmonía. Uno más de los miles de españoles muertos por la dignidad de su país a causa de las heridas de guerra, las ejecuciones, el desamparo, la irracionalidad y el agotamiento. “Viva España”, murmuré al pasar junto a ella, dispuesto a razonar mis emociones y a poner mis sentimientos al servicio de la igualdad y la dignidad humana, de nuevo en peligro por culpa del supremacismo y la extrema derecha populista de Europa.

Como le doy vueltas a todo, considero a veces que la facilidad con la que me emocionan los ancianos es un síntoma de que este tiempo que vivo ya no es el mío. Pero sigo dándole vueltas a las cosas y prefiero llegar a la conclusión de que cualquier tiempo es oportuno para la voluntad cívica de equilibrar las emociones y la razón democrática, o también la razón y las emociones democráticas. No podemos permitir que nada ni nadie nos hiele el corazón o nos queme la razón.