Lectura. ‘El primer hombre’. Albert Camus — Los cuadernos de Vieco

‘El primer hombre’: vuelve la inmortal novela autobiográfica de Camus El manuscrito incompleto fue publicado hace 25 años gracias Catherine, hija del premio Nobel Origen: ‘El primer hombre’: vuelve la inmortal novela autobiográfica de Camus Textos El viento parecía haberse calmado, aplastado por el sol. El barco había perdido su leve balanceo y avanzaba ahora […]

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Textos

El viento parecía haberse calmado, aplastado por el sol. El barco había perdido su leve balanceo y avanzaba ahora como por un camino rectilíneo, las máquinas a toda marcha, la hélice perforando el espesor de las aguas y el ruido de los pistones tan regular que se confundía con el clamor sordo e ininterrumpido del sol en el mar. Jacques estaba semidormido, el alma embargada por una suerte de angustia feliz ante la idea de volver a ver Argel y la casita pobre de los suburbios. Era lo que ocurría cada vez que salía de París para ir a África, un júbilo sordo, el corazón ensanchado, la satisfacción del que acaba de evadirse con éxito y se ríe pensando en la cara de los guardianes. Y cada vez que regresaba en coche o en tren, se le encogía el corazón al ver las primeras casas de los suburbios, a las que se llegaba sin saber cómo, sin fronteras de árboles ni de agua, como un cáncer aciago, exhibiendo sus ganglios de miseria y fealdad y digiriendo poco a poco el cuerpo extraño para llevarlo al corazón de la ciudad, allí donde una decoración espléndida le hacía olvidar a veces la selva de cemento y de hierro que lo aprisionaba día y noche y poblaba incluso sus insomnios. Pero se había evadido, respiraba sobre las anchas espaldas del mar, respiraba a oleadas, bajo el vasto balanceo del sol, por fin podía dormir y volver a la infancia, de la que nunca se había curado, a ese secreto de luz, de cálida pobreza que lo había ayudado a vivir y a vencerlo todo.


Estuvo por decir: «Estás muy bonita» y se detuvo. Siempre lo había pensado de su madre y nunca se había atrevido a decírselo. No porque temiera un rechazo o porque dudara de que ese cumplido le gustase. Sino porque hubiera sido franquear la barrera invisible detrás de la cual siempre la había visto parapetada —dulce, cortés, conciliadora, incluso pasiva, y sin embargo jamás conquistada por nada ni por nadie, aislada en su semisordera, en su dificultad de lenguaje, bella seguramente pero casi inaccesible, tanto más cuanto más sonriente parecía y cuanto más se volcaba hacia ella su corazón—, sí, toda la vida había tenido el mismo aire temeroso y sumiso, y sin embargo distante, los mismos ojos con los que veía, treinta años atrás, sin intervenir, cómo su madre lo castigaba con el látigo, ella, que jamás había tocado, realmente ni siquiera reprendido, a sus hijos, ella, a quien sin duda esos golpes también dolían pero que, inhibida por la fatiga, por la incapacidad de expresión y por respeto a su madre, lo permitía, había aguantado durante días y años los golpes a sus hijos, como aguantaba para ella misma la dura jornada de trabajo al servicio de los demás, los suelos lavados de rodillas, la vida sin hombre y sin consuelo entre los restos engrasados y la ropa sucia de los otros, los largos días de faena acumulados de una existencia que, a fuerza de estar privada de esperanza, había perdido todo resentimiento, una vida ignorante, obstinada, resignada a todos los sufrimientos, tanto los suyos como los ajenos. Nunca la había oído quejarse, salvo para decir que estaba cansada o que le dolían los riñones después de haber lavado mucha ropa. Nunca le había oído hablar mal de nadie, salvo para decir que una hermana o una tía no eran buenas con ella, o eran «orgullosas». Pero rara vez la había oído reírse a carcajadas. Se reía un poco más ahora que no trabajaba, pues sus hijos cubrían todas sus necesidades. Jacques miraba el cuarto que tampoco había cambiado. No había querido abandonar ese apartamento en el que tenía sus costumbres, ese barrio donde todo le era fácil, por otro más cómodo pero en el que todo resultaría más difícil. Sí, era la misma habitación. Habían cambiado los muebles, que eran ahora decentes y menos miserables. Pero seguían estando desnudos, pegados a la pared.


Después venía la clase. Con el señor Bernard era siempre interesante por la sencilla razón de que él amaba apasionadamente su trabajo. Fuera el sol podía aullar en las paredes leonadas mientras el calor crepitaba incluso dentro de la sala, a pesar de que estaba sumida en la sombra de unos estores de gruesas rayas amarillas y blancas. También podía caer la lluvia, como suele ocurrir en Argelia, en cataratas interminables, convirtiendo la calle en un pozo sombrío y húmedo: la clase apenas se distraía. Sólo las moscas, cuando había tormenta, perturbaban a veces la atención de los niños. Capturadas, aterrizaban en los tinteros, donde empezaban a morirse horriblemente, ahogadas en el fango violeta que llenaba los pequeños recipientes de porcelana de tronco cónico encajados en los agujeros del pupitre. Pero el método del señor Bernard, que consistía en no aflojar en materia de conducta y por el contrario en dar a su enseñanza un tono viviente y divertido, triunfaba incluso sobre las moscas. Siempre sabía sacar del armario, en el momento oportuno, los tesoros de la colección de minerales, el herbario, las mariposas y los insectos disecados, los mapas o… que despertaban el interés languideciente de sus alumnos. Era el único de la escuela que había conseguido una linterna mágica y dos veces por mes hacía proyecciones sobre temas de historia natural o de geografía. En aritmética había instituido un concurso de cálculo mental que obligaba al alumno a ejercitar su rapidez intelectual. Lanzaba a la clase, donde todos debían estar de brazos cruzados, los términos de una división, una multiplicación o, a veces, una suma un poco complicada. «¿Cuánto suman 1.267 + 691?» El primero que acertaba con el resultado justo ganaba un punto que se acreditaba en la clasificación mensual.


No, nunca conocería a su padre, que seguiría durmiendo allá, el rostro perdido para siempre en la ceniza. Había un misterio en ese hombre, un misterio que él siempre había querido penetrar. Pero al fin el único misterio era el de la pobreza, que hace de los hombres seres sin nombre y sin pasado, que los devuelve al inmenso tropel de los muertos anónimos que han construido el mundo, desapareciendo para siempre.


Catherine Cormery se inclinaba por encima de su hombro. Miraba el doble rectángulo bajo la luz, la ordenación regular de las líneas; también ella respiraba el olor y a veces pasaba por la página sus dedos entumecidos y arrugados por el agua del lavado como si tratara de conocer mejor lo que era un libro, de acercarse un poco más a esos signos misteriosos, incomprensibles para ella, pero en los que su hijo encontraba, con tanta frecuencia y durante horas, una vida que le era desconocida y de la que volvía con una mirada que posaba en ella como si fuera una extranjera. La mano deformada acariciaba suavemente la cabeza del chico, que no reaccionaba, Catherine Cormery suspiraba e iba a sentarse, lejos de él.


Y si un día él, que hasta entonces había aceptado pacientemente que su abuela le pegara, como si eso formase parte de las obligaciones inevitables de la infancia, le arrancó el vergajo de las manos, súbitamente enloquecido de violencia y de rabia y decidido a golpear la cabeza blanca cuyos ojos claros y fríos lo ponían fuera de sí, y la abuela comprendió, retrocedió y fue a encerrarse en su cuarto, quejándose de la desgracia de haber criado a niños desnaturalizados, pero convencida de que nunca más castigaría a Jacques, a quien nunca más en efecto volvió a castigar, fue porque el niño había muerto en aquel adolescente flaco y musculoso, de pelo revuelto y mirada exaltada, que había trabajado todo el verano para llevar un sueldo a casa, acababa de ser designado portero titular del equipo del liceo y, tres días antes, había gustado por primera vez, desfalleciente, la boca de una muchacha.

Albert CamusEl primer hombre

El Esoterismo en Fernando Pessoa — José Carlos Fernández Romero

Tú, de quien el Sol es sombra De quien cadáver el mundo Guía mis pasos, ¡como ensombrece El sentirse, yermo y profundo! Presencia anónima y ausente De quien el alma es el velo A mis pasos de inconsciente Da lo consciente que es tuyo! Para que, pasadas ya eras De tiempo o alma o razón, […]

a través de El Esoterismo en Fernando Pessoa — José Carlos Fernández Romero

Tú, de quien el Sol es sombra

De quien cadáver el mundo
Guía mis pasos, ¡como ensombrece
El sentirse, yermo y profundo!

Presencia anónima y ausente
De quien el alma es el velo
A mis pasos de inconsciente
Da lo consciente que es tuyo!

Para que, pasadas ya eras
De tiempo o alma o razón,
Mis sueños sean esferas
Mi pensamiento visión

22- 07- 1934

Esto escribía el poeta portugués más grande del siglo XX un año antes de su prematura muerte. Este poema destila una sabiduría profunda, una profunda visión del alma y es como tantos otros escritos de Fernando Pessoa, una bella flor abierta, nacida en la tierra de un conocimiento hermético y teosófico. Expone, como hace Platón, la existencia de un Sol espiritual, el LOGOS, cristalización radiante, suma y síntesis de todos los arquetipos divinos, fuente de toda vida, forma y ley en la naturaleza. Logos del que el Sol es sombra y símbolo. Así como la luz y energía del Sol es quien mantiene todo dinamismo en la naturaleza, y es quien rige la vida de “nuestro” universo; así el Logos o Sol espiritual es el equivalente al Dios de todas las religiones, la causa, fuente y origen de todo movimiento, de toda estructura, de todo número en el Alma de la Naturaleza, a quien los alquimistas y místicos medievales llamaron Anima Mundi. Este Logos es también la fuente de luz espiritual que alimenta y guía el alma en las sendas de la vida. Y como expresa el poeta “la presencia anónima y ausente de quien el alma es el velo”, es decir, el Ser verdadero de quien toda alma es veste de luz y sombras.

Fernando Pessoa nació en 1888, el mismo año que vio la luz la obra colosal de H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta. Comenzó a escribir a los cuatro años, recibió de la madre una educación esmeradísima y sus conocimientos de literatura eran tales, que dejó la Universidad a poco de entrar, pues sabía, sin duda, mucho más que sus profesores. Lector insaciable y eruditísimo en cuestiones filosóficas y de letras, diría que sus grandes Maestros eran Shakespeare y Whalt Whitmann. El primero es, para Pessoa quasidivino, un Iniciado en los Misterios, una de las poderosas Esfinges que han trazado el devenir humano. En los apuntes de una obra no concluida, cuyo título dice ya el carácter de la misma, “The Way of the Serpent”, afirmaría que “Shakespeare, desde que la Gran Fraternidad le llamó para sí sin necesidad de hablarle, pudo adquirir aquel dominio de su propia alma que lo irguió, como heraldo de sabiduría, por encima de todos los poetas del mundo; y es por ello que este hombre que no persiguió, sino con la sustancia íntima de su ser, entró en la más íntima, aunque inconciente, posesión de los Mayores Secretos que el buscador Flood o el masón Bacon. En “La Tormenta” están dados misterios más íntimos que en todo Flood, y están expresados con suma belleza, porque tienen el sello de Dios en la Materia, sello que es la misma Belleza”…

 

Cuatro apuntes sobre Saramago y el periodismo

Cuatro apuntes sobre Saramago y el periodismo

El escritor José Saramago nació un día como hoy de 1922. Su relación con el periodismo era intensa y crítica.

  1. RESPONSABILIDAD. En febrero de 2001, José Saramago inició la lección inaugural del Master de Periodismo UAM-EL PAÍS preguntándose si es necesario reinventar el periodismo. Recordó sus tiempos de editorialista: ‘Escribía sin que nadie me dijera nada. Yo era una persona enfrentada con su propia conciencia‘. El escritor destacó que tuvo privilegio, suerte y, sobre todo, una gran responsabilidad. Imaginen escribir todos los días sin que el director conociera sus opiniones hasta verlas publicadas al día siguiente. Fue entre 1972 y 1974. Él y sus colegas, reseña El País, tenían puestas las esperanzas en el fin del fascismo para poder abordar ‘un periodismo libre y crítico’.
  2. AUTOCRÍTICA. Saramago no era de decir las cosas a medias.”El problema del periodista es que vive en un mundo de apariencia”, dijo a los estudiantes del master. El escritor instó a los profesionales a acercarse a los hechos y a dar ‘la vuelta completa’ a los mismos para poder ver su auténtica dimensión. En esa ocasión, alertó sobre la responsabilidad de los medios, ‘infinitamente más grande de la que los propios medios creen tener’. El escritor portugués cuestionó a los periódicos por no profundizar en las cuestiones que realmente interesan a la gente y por dedicar demasiado espacio a ‘la superficie, a la pequeña espuma que fluctúa en la superficie’ y reprochó a los periodistas por su actuación como ‘prestatarios de contenidos’. Lo dijo en 2001, y, sin duda, sus palabras ameritan hoy mismo una reflexión.
  3. ¿INDEPENDENCIA? Para Saramago, “ningún trabajo es independiente y no se puede hablar de la independencia del periodista”. Así lo dijo en la clausura del curso  “La prensa, cuestionada. Análisis de la aventura informativa”. Era 2004. “Situado entre el jefe y el patrón, el periodista deja la mejor parte de su vida en tratar de saber si está ofreciendo la información que quiere el guía”, señaló.  ¿Qué es el periodista? El autor de “Ensayo sobre la lucidez” fue duro: “Es como un camaleón que tiene que disfrazar lo que piensa por el color del medio donde trabaja. En realidad le gustaría no tener opinión alguna para que fuera menos doloroso tener que cambiar sus ideas por las de otros”. 
  4. LOS COLUMNISTAS. Y esta pregunta lo dice todo respecto a los opinólogos, columnistas: “¿Qué derecho tiene un señor o señora de creer que por escribir una columna tenemos que creer que es verdad lo que dice?”.

Saramago, autor de “Ensayo sobre la ceguera”, ejerció el periodismo tras la Revolución del 25 de abril de 1974, que depuso al régimen luso que encabezaba entonces Marcelo Caetano y había sido iniciado por Antonio de Oliveira Salazar.

Poco antes colabora como periodista en Diário de Notícias, un periódico de alcance nacional. Fue despedido por razones políticas.

Luego colaboró como crítico literario de la revista Seara Nova y fue comentarista cultural. Se desempeñó como subdirector del del Diário de Notícias. Pero desde 1976 se dedicó con exclusividad a su trabajo literario.

Falleció a los 87 años, el día 18 de junio de 2010, en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote, Las Palmas).

Joan Margarit. Premio Cervantes 2019 — Los cuadernos de Vieco

El poeta nunca va a saber realmente si la suya es una gran obra de poesía o no. Se sabe al cabo de una o dos generaciones. El que presume se equivoca. Joan Margarit Autorretrato con mar Aquel niño callado. Juega solo. Permanece detrás de estos ojos de viejo, resiste la embestida brutal del mediodía […]

a través de Joan Margarit. Premio Cervantes 2019 — Los cuadernos de Vieco

El poeta nunca va a saber realmente si la suya es una gran obra de poesía o no. Se sabe al cabo de una o dos generaciones. El que presume se equivoca.

Joan Margarit


Autorretrato con mar

Aquel niño callado. Juega solo.

Permanece detrás de estos ojos de viejo,

resiste la embestida brutal del mediodía

oyendo los confusos versículos del mar

y el grito de los cuerpos desnudos y oxidados

al entrar en las aguas transparentes y frías

de la playa de piedras. Avergonzado, corre

de un escondite a otro de los cuentos.

Duerme dentro de mí, desvalida criatura:

duerme dentro de mí, una noche de reyes,

donde en silencio vuelan las escobas

y los lobos dejaron sus huellas en la nieve.

Afuera brilla un cielo lleno de albaricoques,

y el mar azul oscuro de ciruelas

se deshace en los negros cuchillos de las rocas.

El verano de alcohol frío en los ojos

me hace sentir mi vida como la pulpa oscura

y dorada de un fruto que se pudre

alrededor del hueso del recuerdo.

Dentro de mí ocúltate, desvalida criatura.

Dentro de mí protégete de la cruel claridad.

Recita la leyenda que habla del niño gris

y de la miserable bicicleta

montada por el triste ciclista del suburbio.

Te busca y está cerca. Pedalea hacia aquí.

(De Cálculo de estructuras, 2005)

Un pobre instante

La muerte no es más que esto: el dormitorio,

la luminosa tarde en la ventana,

y este radiocasete en la mesita

-tan apagado como tu corazón-

con todas tus canciones cantadas para siempre.

Tu último suspiro sigue dentro de mí

todavía en suspenso: no dejo que termine.

¿Sabes cuál es, Joana, el próximo concierto?

¿Oyes cómo en el patio de la escuela

están jugando los niños?

¿Sabes, al acabar la tarde,

cómo será esta noche,

noche de primavera? Vendrá gente.

La casa encenderá todas sus luces.

(De Joana, 2002)

Lectura

Penetro en otras vidas.

Llevo días leyendo, pero ahora

alzo los ojos porque me doy cuenta

de que apenas sé nada de quien escribió el libro.

Me avergüenza no conocer

más que su lucidez. Toda supervivencia

es esta especie de conversación

silenciosa y sin tiempo. Es algo aterrador

y ocurre en el abismo de la mente,

un frío cielo azul en el que el amor es

la única forma de posteridad.

(De No estaba lejos, no era difícil, 2010)

Albert Camus; su obra y su legado

El escritor Albert Camus, nacido el 7 de noviembre de 1913 en Argelia fue galardonado como premio Nobel de Literatura en 1957 por “por su importante producción literaria, que con seriedad clarividente ilumina los problemas de la conciencia humana en nuestro tiempo”,…

David Senabre López

En respuesta a

@jestoryas

Hilo especial de 15 tweets sobre Albert Camus, su obra y legado, por si fuera de tu interés, Jesús:

Hilo de 15 tweets. 1913. Hoy, 7 de noviembre, nacía ALBERT CAMUS (f. 1960), novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945.

Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l’absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana.

Camus nació en Mondovi (hoy Drean, Argelia), y estudió en la Universidad de Argel.

Sus estudios se interrumpieron pronto debido a una tuberculosis.

Formó una compañía de teatro de aficionados que representaba obras dirigidas a las clases trabajadoras; también trabajó como periodista en un diario de la capital argelina y viajó mucho por Europa.

En 1939, publicó _Nupcias_, un conjunto de artículos que incluían reflexiones inspiradas por sus lecturas y viajes. En 1940, se trasladó a París y formó parte de la redacción del periódico Paris-Soir.

Empezó a ser conocido en 1942, cuando se publicó su novela corta _El extranjero_, y el ensayo _El mito de Sísifo_, obras que se complementan y que reflejan la influencia que sobre él tuvo el existencialismo.

Le proporcionaron una visión del destino humano como absurdo, y su mejor exponente quizá sea el «extranjero» de su novela, incapaz de participar en las pasiones de los hombres y que vive incluso su propia desgracia desde una indiferencia absoluta, la misma que marca la naturaleza y el mundo.

Durante la segunda guerra mundial fue miembro activo de la Resistencia francesa contra la ocupación alemana y, de 1945 a 1947, director de Combat, una publicación clandestina.

De las obras de teatro que desarrollan temas existencialistas, _Calígula_ (1945) es una de las más conocidas.

Aunque en su novela _La peste_ (1947) Camus todavía se interesa por el absurdo fundamental de la existencia, reconoce el valor de los seres humanos ante los desastres.

La idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo.

Una obra que es, a la vez, realismo y alegoría. Una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes.

Afirma en esta obra que “cada uno lleva dentro de sí la peste” y que desde el mismo momento en que se decidió a no matar y a ponerse siempre del lado de las víctimas, se condenó a un “exilio definitivo”.

Si la concepción del mundo lo emparenta con el existencialismo de Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como «pasión inútil», las relaciones entre ambos estuvieron marcadas por una agria polémica. Mientras Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de esterilidad y de ineficacia, Camus tachaba de inmoral la vinculación política de aquél con el comunismo.

Sus obras posteriores incluyen la novela _La caída: (1956), inspirada en un ensayo precedente; _El hombre rebelde_ (1951); la obra de teatro _Estado de sitio_ (1948); y un conjunto de relatos, _El exilio y el reino (1957).

Tradujo al francés _La devoción de la cruz_, de Calderón de la Barca, y _El caballero de Olmedo_, de Lope de Vega.

Colecciones de sus trabajos periodísticos aparecieron con el título de _Actuelles_ (3 volúmenes, 1950, 1953 y 1958) y _El verano_ (1954).

_Una muerte feliz_ (1971), aunque publicada póstumamente, es su primera novela.

En 1994, se publicó la novela incompleta en la que trabajaba cuando murió, _El primer hombre_.

Sus _Carnets_, que cubren los años 1935 a 1951, también se publicaron póstumamente en dos volúmenes (1962 y 1964).

Camus obtuvo en 1957 el Premio Nobel de Literatura:

“For his important literary production, which with clear-sighted earnestness illuminates the problems of the human conscience in our times.”

Murió en un accidente de coche en Villeblevin (Francia), el 4 de enero de 1960.

Galería fotográfica:

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Crónica sobre la presentación de Derribar los Muros. “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos” — El Periscopio

Rosa María Artal y parte del resto de los autores del libro ‘Derribar los muros’ más INFO ‘Derribar los muros’: el libro coordinado por Rosa María Artal se presenta en Madrid, Barcelona y Zaragoza El día que cambió la historia y los otros días que también lo hicieron La periodista Rosa María Artal estaba en […]

a través de Crónica sobre la presentación de Derribar los Muros. “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos” — El Periscopio

Había más libertad en los años 80, en España y en el mundo, que ahora. Si aceptamos recortes de derechos y libertados, creamos el terreno para los fascismos 2.0, que vienen a decir lo mismo que los de años 30”, ha reflexionado Javier Valenzuela, que en esos años era corresponsal de El País en Oriente Próximo. Para el autor, lo que triunfó en 1989 fueron “el capitalismo salvaje y el neoliberalismo”. “Hoy tenemos un mundo en el que si eres pobre es por tu culpa”, ha destacado y señalado: “Somos pocos divididos, ellos son muchos y unidos. Tenemos que ser listos y empezar a tejer nuestras redes de resistencia”.

El periodista Pedro de Alzaga ha recordado en su intervención que en aquellos años comenzaba a existir la web, “la herramienta más poderosa, un monstruo maravilloso”. “Los medios estaban bastante bien. Pero justo en ese noviembre del 89 había un ingeniero informático en un laboratorio de suiza que estaba creando la web. Nacía esa plataforma y empezaban a producirse una serie de cambios que nos han traídos hasta aquí”, ha explicado de Alzaga.

“En 1989 había 15 muros”, ha apuntado la abogada y editora Lourdes Lucía. “Ahora hay 70”, ha incidido. “El peor muro es el muro de la xenofobia, del igual, del que viene afuera y crees que te puede quitar el puesto de trabajo”, ha explicado. “Creo que la esperanza puede vencer al medio. Esto es una muestra de que algo está cambiando”, ha dicho y señalado al panel, compuesto en su mayoría por mujeres.

“La conquista de derechos que hemos tenido las mujeres en estas tres décadas no se hubiera podido producir sin la lucha de las mujeres que vinieron de todas las partes del mundo”, ha destacado la abogada Violeta Assiego. “De todas las mujeres: pobres, académicas, transexuales, bolleras”, ha precisado. La autora, sin embargo, ha advertido: “El debate sobre nuestros cuerpos y decisiones, con quien queremos tener hijos, si los queremos tener, sigue levantando muros. Es una de las armas usadas por las derechas y fundamentalismos ideológicos y religiosos para dividirnos”. Assiego ha expuesto un desafío para el presente: “Hay que pasar del feminismo a los feminismos. Tenemos que tener en cuenta que la consecución es muy desigual”.

Es uno de los “puentes” que se han tendido más allá de los muros, según ha señalado Artal. Otro tiene que ver con la “conciencia” ante la emergencia climática. Carmen Madorra, que nació después de la caída del muro de Berlín, ha puesto el foco allí. “Sería miope no preguntarse qué ha pasado en estos 30 años para que ahora estemos hablando de emergencia climática”, ha reflexionado. “Algo pasa con el planeta y tiene mucho que ver con nosotros. Hay que buscar formas de modificar nuestra presencia en el planeta. Tenemos que cambiarlo prácticamente todo”, ha zanjado.

“Proverbios y cantantes” por Antonio Machado

1  Nuncaperseguí la gloriani dejar en la memoriade los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles,ingrávidos y gentilescomo pompas de jabón.Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volarb el cielo azul, temblarsúbitamentey quebrarse.

 

2. ¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?…
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar.

3. A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dio a cascar al diente de la sabiduría.

4. Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender.

5. Ni vale nada el fruto
cogido sin sazón…
Ni aunque te elogie un bruto
ha de tener razón.

6. De lo que llaman los hombres
virtud, justicia y bondad,
una mitad es envidia,
y la otra, no es caridad.

7. Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;
conozco grajos mélicos y líricos marranos…
El más truhán se lleva la mano al corazón,
y el bruto más espeso se carga de razón.

8. En preguntar lo que sabes
el tiempo no has de perder..
Y a preguntas sin respuesta
¿quién te podrá responder?

9. El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,
de ingénita malicia y natural astucia,
formó la inteligencia y acaparó la tierra.
¡Y aun la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

10. La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
es lo que se envidia más.

11. La mano del piadoso nos quita siempre honor;
mas nunca ofende al damos su mano el lidiador.
Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;
escudo, espada y maza llevar bajo la frente
porque el valor honrado de todas armas viste:
no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.
Que la piqueta arruine, y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,
y que el buril burile, y que el cincel cincele,
la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.
12. ¡Ojos que a luz se abrieron
un día para, después,
ciegos tornar a la tierra,
hartos de mirar sin ver!

13. Es el mejor de los buenos
quien sabe que en esta vida
todo es cuestión de medida:
un poco más, algo menos…

14. Virtud es la alegría que alivia el corazón
más grave y desarruga el ceño de Catón.
El bueno es el que guarda, cual venta del camino,
para el sediento el agua, para el borracho el vino.

15. Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,
de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos…
Y entre los dos misterios está el enigma grave;
tres arcas cierra una desconocida llave.
La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.
¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

16. El hombre es por natura la bestia paradójica,
un animal absurdo que necesita lógica.
Creó de nada un mundo y, su obra terminada,
«Ya estoy en el secreto -se dijo-, todo es nada.»

17. El hombre sólo es rico en hipocresía.
En sus diez mil disfraces para engañar confía;
y con la doble llave que guarda su mansión
para la ajena hace ganzúa de ladrón.

18. ¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!
Ayax era más fuerte que Diómedes,
Héctor, más fuerte que Ayax,
y Aquiles el más fuerte; porque era
el más fuerte… ¡Inocencias de la infancia!
¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!

19. El casca-nueces-vacías,
Colón de cien vanidades,
vive de supercherías
que vende como verdades.

20. ¡Teresa, alma de fuego,
Juan de la Cruz, espíritu de llama
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros
corazoncitos de Jesús se apagan!

21. Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía…
Después soñé que soñaba.

22. Cosas de hombres y mujeres,
los amoríos de ayer,
casi los tengo olvidados,
si fueron alguna vez.

23. No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.

24. De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea.

25. Las abejas de las flores
sacan miel, y melodía
del amor, los ruiseñores;
Dante y yo -perdón, señores-,
trocamos -perdón, Lucía-,
el amor en Teología.

26. Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa…
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza.

27. ¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad:
vanidad de vanidades.

28. Todo hombre tiene dos
batallas que pelear:
en sueños lucha con Dios;
y despierto, con el mar.

29. Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

30. El que espera desespera,
dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.

31. Corazón, ayer sonoro,
¿ya no suena
tu monedilla de oro?
Tu alcancía,
antes que el tiempo la rompa,
¿se irá quedando vacía?
Confiemos
en que no será verdad
nada de lo que sabemos.

32. ¡Oh fe del meditabundo!
¡Oh fe después del pensar!
Sólo si viene un corazón al mundo
rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

33. Soñé a Dios como una fragua
de fuego, que ablanda el hierro,
como un forjador de espadas,
como un bruñidor de aceros,
que iba firmando en las hojas
de luz: Libertad. -Imperio.

34. Yo amo a Jesús, que nos dijo
Cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad.

35. Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar;
otra, en hacer penitencia
con caña o red, y esperar
el pez, como pescador.
Dime tú. ¿Cuál es mejor?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?

36. Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.

37. ¿Dices que nada se crea?
No te importe, con el barro
de la tierra, haz una copa
para que beba tu hermano.

38. ¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe
si no puedes hacer barro.

39. Dicen que el ave divina
trocada en pobre gallina,
por obra de las tijeras
de aquel sabio profesor
(fue Kant un esquilador
de las aves altaneras;
toda su filosofía,
un sport de cetrería),
dicen que quiere saltar
las tapias del corralón,
y volar
otra vez, hacia Platón.
¡Hurra! ¡Sea!
¡Feliz será quien lo vea!

40. Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:
el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,
por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,
el ómnibus completo de viajeros banales,
y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,
a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino…
Y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero
no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

41. Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.

42. ¿Dices que nada se pierde?
Si esta copa de cristal
se me rompe, nunca en ella
beberé, nunca jamás.

43. Dices que nada se pierde,
y acaso dices verdad;
pero todo lo perdemos
y todo nos perderá.

44. Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

45. Morir… ¿Caer como gota
de mar en el mar inmenso?
¿O ser lo que nunca ha sido:
uno, sin sombra y sin sueño,
un solitario que avanza
sin camino y sin espejo?

46. Anoche soné que oía
a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía,
y yo gritaba: ¡Despierta!

47. Cuatro cosas tiene el hombre
que no sirven en la mar:
ancla, gobernalle y remos,
y miedo de naufragar.

48. Mirando mi calavera
un nuevo Hamlet dirá:
He aquí un lindo fósil de una
careta de carnaval.

49. Ya noto, al paso que me torno viejo,
que en el inmenso espejo,
donde orgulloso me miraba un día,
era el azogue lo que yo ponía.
Al espejo del fondo de mi casa
una mano fatal
ya rayendo el azogue, y todo pasa
por él como la luz por el cristal.

50. -Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
-El vacío es más bien en la cabeza.

51. Luz del alma, luz divina,
faro, antorcha, estrella, sol…
Un hombre a tientas camina;
lleva a la espalda un farol.

52. Discutiendo están dos mozos
si a la fiesta del lugar
irán por la carretera
o campo atraviesa irán.
Discutiendo y disputando
empiezan a pelear.
Ya con las trancas de pino
furiosos golpes se dan;
ya se tiran de las barbas,
que se las quieren pelar.
Ha pasado un carretero,
que va cantando un cantar:
«Romero, para ir a Roma,
lo que importa es caminar;
a Roma por todas partes,
por todas partes se va.»

53. Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado